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Eclipse lunar parcial del próximo 28 de agosto de 2026
El eclipse lunar parcial del próximo viernes 28 de agosto de 2026 se desarrollará durante la madrugada y el amanecer. La fase de máxima cobertura ocurrirá cuando la Luna se encuentre a baja altura sobre el horizonte en dirección Oeste - Suroeste (SSO), por lo que es esencial situarse en zonas con perspectiva despejada hacia esa orientación (tierra adentro).
Horarios del eclipse (madrugada del 28 de agosto)
- 03:24 h – Inicio de la fase penumbral: Sutil oscurecimiento en el brillo lunar.
- 04:34 h – Inicio de la parcialidad: Comienza a ser claramente visible la sombra terrestre en el disco lunar.
- 06:13 h – Máximo del eclipse: La Luna alcanzará un 93% de ocultación, adquiriendo tonos rojizos cerca del horizonte.
- 07:35 h – Puesta de la Luna: La Luna se ocultará por el horizonte mientras se aproxima el amanecer.
Dónde observarlo en Mil Palmeras y alrededores:
Playa de Mil Palmeras. Ofrece una amplia visión del cielo nocturno y un entorno accesible para situarse cómodamente durante la madrugada. Aunque la Luna estará al oeste (hacia el interior de la costa), la amplitud del paseo y de la playa permite encontrar zonas despejadas lejos de obstáculos inmediatos.
Torre de la Horadada. Situada a corta distancia al sur de Mil Palmeras, esta franja litoral cuenta con amplias explanadas abiertas. Sus vías de acceso despejadas facilitan enfocar el horizonte terrestre hacia el oeste sin interferencia de grandes edificios.
Consejos prácticos:
- Orientación: Asegúrate de colocarte en puntos con la vista despejada hacia el Oeste / Suroeste, evitando que las urbanizaciones de primera línea o árboles altos tapen la Luna a partir de las 05:30 h, cuando estará más baja.
- Observación directa: Los eclipses de Luna son 100% seguros a simple vista, sin necesidad de filtros solares.
- Equipo recomendado: Unos prismáticos estándar (7x50 u 8x42) o una cámara con trípode te permitirán apreciar detalles del borde de la sombra y la superficie lunar.
🌕🌑 ¡Madruga para mirar al cielo! El viernes 28 de agosto de 2026, un espectacular eclipse lunar parcial teñirá de tonos rojizos y cobrizos buena parte de la Luna. En España será visible de madrugada: la fase parcial comenzará hacia las 04:34 y el máximo llegará a las 06:12,… pic.twitter.com/qXW2g4gfTw
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) August 26, 2026
Museo Aeronáutico Municipal de Los Alcázares
En el extremo sur de Los Alcázares (Murcia), junto a la histórica Base Aérea que en 1915 se convirtió en la primera base de hidroaviones de España, se levanta un edificio modesto de los años treinta cuya biografía resulta más elocuente que cualquier cartela de museo. El Museo Aeronáutico Municipal de Los Alcázares, inaugurado el 13 de octubre de 1999, no nació para honrar a quienes volaban, sino para cobijar a quienes caminaban: se construyó por suscripción popular, a iniciativa del comandante Burguete y sobre un solar cedido por José Nieto, como Casa del Transeúnte —también llamada Casa del Pueblo—, destinada a acoger a los pobres que atravesaban la localidad.
Esa vocación de refugio se transformó varias veces antes de convertirse en sala de memoria. Terminada la Guerra Civil, un comandante de Ingenieros la convirtió en chalet para los jefes de Aviación destinados al aeródromo vecino; más tarde fue Casa Parroquial, hasta que, a comienzos de los noventa, el Ayuntamiento la adquirió y rehabilitó para albergar la extensa colección fotográfica, documental y material vinculada al aeródromo. Un edificio pensado para quienes no tenían adónde ir acabó custodiando la memoria de quienes se atrevieron a conquistar el aire.
Porque la base vecina no es un aeródromo cualquiera. Fue el coronel Pedro Vives y Vich quien, por encargo del rey Alfonso XIII y tras un periplo aéreo de más de 1.500 kilómetros por la costa española, eligió en 1914 este rincón del Mar Menor como emplazamiento de la primera estación de hidroaviones del país. Con el tiempo, la base se convirtió en Escuela de Combate y Bombardeo Aéreo —conocida como Aeródromo Burguete—, y por su mando pasaron nombres mayores de la aviación española, como Ramón Franco o Kindelán, en los años en que volar sobre el agua era todavía una hazaña casi literaria: el hidroavión, esa máquina que los vascos llamarían con precisión poética itsasontzi hegalari, "barco volador", encarnaba la promesa de moverse a la vez sobre dos elementos que nunca habían sido del hombre. En 1951, con el traslado del 52 Grupo de Hidroaviones a la base mallorquina de Pollensa, Los Alcázares perdió buena parte de su función operativa, y su historia empezó a convertirse, poco a poco, en patrimonio.
Visitarlo no exige más de media hora, pero deja una pregunta flotando: cuántos edificios aparentemente menores guardan, bajo su función actual, una vocación anterior y casi opuesta. La Casa del Transeúnte que hoy exhibe hélices y condecoraciones recuerda que la memoria, como el vuelo, rara vez sigue una línea recta.
El museo abre de lunes a viernes de 9.00 a 14.00 horas —de 10.00 a 13.00 en verano—, y los grupos pueden concertar visita en cultura@losalcazares.es. Se encuentra en la avenida de la Libertad, 37, a pocos minutos del casco urbano y de las aguas templadas del Mar Menor, un destino que combina sin esfuerzo el turismo de costa con una lección de historia aeronáutica que pocos visitantes esperan encontrar.
@agirregabiria Museo Aeronáutico de Los Alcázares 4
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Palacio Museo Barón de Benifayó en San Pedro del Pinatar
Para un museólogo como soy, con un selecto Máster universitario de dos años pero sin demasiada trayectoria profesional, hoy ha sido un lujo completar la visita a dos palacios, de un mismo linaje: Benifayó entre tierra firme (San Pedro del Pinatar) e Isla Mayor o del Barón (Mar Menor). Hoy hemos visitado el Palacio Museo Barón de Benifayó, repleto de historia, arquitectura y memoria colectiva; hace unos días vimos en barco su palacete réplica menor (posts previo). Nos ha recibido su Director, Marcos David Gracia Antolinos, quien muy amablemente nos ha hecho un resumen de esta joya demasiado poco reconocida. Incluso nos ha invitado a una exposición temporal "Cuarenta años de historia viva" que este próximo viernes 8 de mayo se inaugura.
Hay edificios que trascienden su función original para convertirse en depositarios de la memoria de todo un territorio. El Palacio Museo Barón de Benifayó, en San Pedro del Pinatar (Región de Murcia), es uno de esos lugares privilegiados donde la arquitectura, la historia nobiliaria y el patrimonio arqueológico y etnográfico convergen en una visita que sorprende por su densidad cultural.
Un encargo aristocrático con ecos universales. El palacio fue construido en el siglo XIX como residencia de veraneo, en un momento en que San Pedro del Pinatar comenzaba a despuntar como destino estival de la alta burguesía. Su promotor fue Don Julio Falcó d’Adda, perteneciente a la casa italiana de Saboya y emparentado con las más ilustres familias de la nobleza española, quien encargó el proyecto al arquitecto madrileño Lorenzo Álvarez Capra. La construcción se terminó en 1892.
Lo que hace singular a este encargo va más allá de su destinatario: el palacete es una réplica reducida del Pabellón de España en la Exposición Universal de 1873, lo que convierte al edificio en un eco construido de la modernidad internacional del siglo XIX, trasplantado a un enclave costero del Mediterráneo español. Álvarez Capra concibió así una obra que dialoga, desde la periferia levantina, con las grandes corrientes arquitectónicas de su época.
La magia del neomudéjar frente al Mar Menor. Se trata de una residencia rural de carácter palacial, formada por varios cuerpos de edificación que en su aspecto externo toman la forma romántica de una especie de castillo con almenas y torreones, rodeada por un gran parque. El resultado es un ejercicio de eclecticismo romántico que entronca con la corriente neomudéjar: el uso del ladrillo en canto o punta, frecuente en la arquitectura mudéjar, permite marcar los diversos motivos y decoraciones de la fachada.
La relación del edificio con su contexto urbano también merece atención: originalmente disponía de unos extensos terrenos ajardinados que fueron cedidos, a finales del siglo XX, en su mayor parte al municipio por la condesa de Campo Hermoso y Villar de Felices, convertidos en el parque adyacente con su nombre. Una generosidad aristocrática tardía que hoy beneficia a residentes y visitantes por igual.
Un duelo, una isla y un segundo palacete. La historia del Barón no se agota en San Pedro del Pinatar. Detrás de su arraigo murciano hay un episodio de novela: el Barón retó a duelo a un adversario y, casual o intencionadamente, lo mató, por lo que fue procesado y condenado a prisión durante varios años. La cárcel que le correspondió no fue cualquiera: la Isla Mayor pertenecía a la marina española y era prisión militar, y a ella fue enviado Don Julio Falcó a cumplir su condena. Unos seis años pasó rodeado de agua salada pero, posiblemente por ser quien era, recibía visitas y obtenía permisos para visitar los alrededores. El Barón se enamoró de la isla y su entorno.
Cumplida la condena, lejos de alejarse del lugar de su reclusión, el aristócrata lo hizo suyo: adquirió la Isla Mayor para recreo y caza, mandando construir el palacete neomudéjar que todavía existe. El mismo arquitecto Álvarez Capra diseñó ambos edificios siguiendo un esquema común, aunque con diferencias notables: el de San Pedro disponía de dos torres y estaba rodeado de un gran jardín, mientras que el de la isla contaba con una sola torre y escasas plantas por la falta de agua dulce y el tipo salino del terreno. Así, la isla debe su segundo nombre —Isla del Barón— precisamente a quien levantó ese palacio neomudéjar en su cima volcánica.
Hoy la isla es propiedad privada y de acceso muy restringido, lo que confiere al palacete insular una aureola de misterio que contrasta con la accesibilidad del museo de San Pedro. En el recorrido que realizan los turistas por la isla pueden ver por fuera este inmueble, así como otras edificaciones que todavía se mantienen en uso, y subir a la torre para contemplar el paisaje. Dos arquitecturas gemelas, pues, separadas por las aguas del Mar Menor: una abierta al público como museo vivo, la otra custodiada por la distancia y la propiedad privada como reliquia casi inaccesible.
Leyendas y propietarios: La Casa de la Rusa. Todo gran edificio acumula capas de historia y, a menudo, de leyenda. El palacio es también conocido como la «Casa de la Rusa», al ser vivienda de una señora de esa nacionalidad durante unos años. Aunque la historiografía local matiza que no hay constancia documentada de ello, la denominación popular ha persistido con la tenacidad que solo tienen los mitos urbanos bien arraigados. Sus últimos propietarios fueron los Condes de Villar de Felices, quienes finalmente donaron el inmueble al Ayuntamiento, asegurando así su preservación y uso público.
El museo: tres miradas sobre el territorio. Hoy el palacio alberga el Museo Arqueológico y Etnográfico de San Pedro del Pinatar, que organiza su discurso expositivo en tres grandes ejes temáticos de notable interés didáctico. La sección de arqueología ofrece una muestra de los principales hallazgos del municipio, tanto terrestres como submarinos, así como una selección de fósiles y material de culturas prehistóricas del sureste, con piezas que abarcan desde el mundo ibérico y romano hasta el medieval e islámico. La etnografía, por su parte, recorre la vida cotidiana de dos mundos paralelos: la burguesía que se asentó en San Pedro del Pinatar a finales del siglo XIX construyendo sus residencias de verano, y las gentes de a pie que con su trabajo levantaron el municipio, representadas a través de oficios como la pesca, la agricultura, las salazones y la industria salinera.
Y quizás el rincón más entrañable sea la colección de juguetes antiguos: más de 300 juguetes cedidos o donados por colaboradores, que recorren la historia del juguete desde los más antiguos tirachinas, canicas y trompas hasta los primeros videojuegos de ordenador. Un viaje generacional que conecta emocionalmente con visitantes de cualquier edad.
Una visita que merece el desvío. El Palacio Museo Barón de Benifayó es mucho más que una parada turística convencional. Es un lugar donde la ambición estética de un aristócrata decimonónico, la sabiduría popular de una comunidad costera y los estratos arqueológicos de siglos convergen bajo un mismo techo almenado. Y para quien mire desde sus ventanas hacia el horizonte azul del Mar Menor, sabrá que en el centro de esas aguas se alza, inaccesible y silenciosa, la isla que el mismo Barón amó lo suficiente como para hacer de su prisión un hogar.
Álbum de imágenes. Post en elaboración que continuará creciendo.
@agirregabiria Palacio Museo Barón de Benifayó
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Cinco criterios para valorar un restaurante
La evaluación de la calidad en un restaurante (creamos nueva etiqueta e incluimos posts anteriores) requiere criterios que vayan más allá de la intuición o el paladar individual. Como en cualquier empresa cultural que se precie, la gastronomía merece un análisis sistemático que considere múltiples dimensiones: desde lo técnico hasta lo existencial. Hemos barajado factores como el ambiente, el servicio, la carta, la comida, precio, higiene, personalidad del chef,...
Primero: La Carta y su Coherencia Conceptual. Un restaurante de calidad no se define por la cantidad de platos ofertados, sino por su coherencia interna. La carta representa la filosofía del establecimiento. Un menú bien construido revela intención: qué culturas gastronómicas dialogan en esa cocina, cuál es su relación con la tradición local, cómo se posiciona respecto a las tendencias contemporáneas. La mejor carta no es la más extensa, sino la que defiende una posición clara, la que permite al comensal entender qué esperar encontrar. Esta coherencia es, en cierto sentido, una forma de honestidad intelectual aplicada a la gastronomía.
Segundo: La Ejecución Técnica y la Consistencia. La técnica culinaria es al restaurante lo que la gramática al escritor: invisible cuando funciona, evidente cuando falla. Una buena ejecución implica dominio del fuego, comprensión de los ingredientes, respeto por los procesos. Pero más importante aún es la consistencia: un plato debe ser igual de excelente el lunes que el viernes, para el comensal experimentado y para el ocasional. La calidad no puede ser un evento; debe ser un estado permanente.
Tercero: El Servicio como Expresión Cultural. El servicio revela la actitud del restaurante hacia sus comensales. No se trata simplemente de eficiencia, sino de inteligencia emocional aplicada. Un servicio de calidad anticipa necesidades sin resultar invasivo, explica sin condescender, corrige errores con elegancia. El personal bien formado es un mediador cultural que ayuda al comensal a comprender lo que está ocurriendo en su plato. En este sentido, el servicio es parte inseparable de la experiencia gastronómica, no un mero complemento.
Cuarto: El Ambiente y la Experiencia Integral. La calidad de un restaurante es multisensorial. El ambiente —iluminación, acústica, disposición del espacio, temperatura, incluso los aromas— contribuye decisivamente a la experiencia. Un restaurante excelente crea un contexto que potencia, no distrae. La decoración coherente, la música adecuada y el espacio bien diseñado demuestran que el establecimiento ha pensado en cada detalle. La experiencia gastronómica es, en última instancia, una experiencia integral en la que el contexto importa.
Quinto: La Propuesta de Valor y la Sostenibilidad. Un restaurante de calidad debe justificar su precio no solo mediante ingredientes costosos, sino a través de una propuesta clara de valor. ¿Qué aporta que no encuentre en otros espacios? Paralelamente, la sostenibilidad —social, ambiental, económica— es cada vez más un indicador de seriedad institucional. Los restaurantes que se preocupan por sus proveedores, que minimizan desperdicios y que contribuyen positivamente a su comunidad local demuestran una responsabilidad que trasciende lo meramente comercial.
Conclusión: Estos cinco factores —carta coherente, ejecución técnica, servicio inteligente, ambiente integral y propuesta de valor clara— constituyen el andamiaje sobre el cual se construye un restaurante verdaderamente excepcional. No basta con que uno de ellos sea extraordinario; la excelencia requiere armonía entre todos.
¿Sabes si un restaurante es realmente bueno? No te fíes solo de las estrellas ⭐: observa 5 claves infalibles. https://t.co/CA9Kjj0uee Carta breve y coherente 🍽️, producto fresco 🐟, técnica precisa 🔥, servicio profesional 🤝 y ambiente cuidado 🕯️. Los detalles (pan, limpieza,… pic.twitter.com/EyEUVeCS3K
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) April 8, 2026
@ninosotooficial Como saber si un restaurante es bueno?
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73 años tratando de vivir, aprender, compartir y amar

Cumplir 73 años invita, más que a celebrar, a pensar. No en el sentido solemne de quien se siente obligado a justificar su trayectoria, sino en el de quien reconoce que la vida, vista con la distancia que da el tiempo, se parece más a un cuaderno de campo que a una autobiografía ordenada. Hoy, al mirar atrás, descubro que mis pasos —a veces firmes, a veces vacilantes— han estado guiados por una convicción persistente: la educación, la ciencia, la filosofía y la sociología no son disciplinas aisladas, sino formas complementarias de comprender y mejorar el mundo.
He vivido estos 26.663 días entre dos Viernes Santo (el de 1953 y de 2026) como un aspirante a aprendiz constante. La docencia me enseñó que el aula es un laboratorio de humanidad, un espacio donde las ideas se ensayan, se discuten y, con suerte, se transforman. Cada estudiante que he encontrado ha sido una pregunta nueva, una invitación a revisar mis certezas. Quizá por eso nunca he sentido la tentación de convertirme en un profesor que dicta verdades; siempre me he sentido más cómodo como acompañante intelectual, como quien abre puertas y señala caminos sin imponer destinos.
La escritura, por su parte, ha sido mi modo de ordenar el pensamiento. No escribo para dejar un legado, sino para comprender mejor aquello que me inquieta: la aceleración tecnológica, los cambios culturales, las tensiones entre tradición y modernidad, la fragilidad de los vínculos humanos. A veces me pregunto si mis textos han logrado acompañar a otros en sus propias búsquedas. Me basta con saber que, al menos, han sido honestos con mis dudas y mis esperanzas.
A los 73 años, descubro que la sociología me ha enseñado a mirar lo colectivo sin perder de vista lo singular. La filosofía, a preguntar sin prisa. La literatura, a escuchar los matices de la experiencia humana. Y la educación, a confiar en que cada generación trae consigo una forma inédita de interpretar el mundo. Esa confianza es, quizá, mi mayor celebración: seguir creyendo que el futuro merece ser pensado con rigor, pero también con ternura.
No puedo negar que el paso del tiempo deja su huella. Sin embargo, lejos de sentirlo como un límite, lo vivo como una ampliación del horizonte. La edad me ha regalado una perspectiva que no tenía a los treinta ni a los cincuenta: la capacidad de aceptar la complejidad sin necesidad de resolverla del todo. Hoy sé que la vida intelectual no consiste en acumular respuestas, sino en cultivar preguntas que nos mantengan despiertos.
Este cumpleaños no es un cierre, sino un umbral. Me gustaría seguir escribiendo, enseñando, conversando, aprendiendo. Me gustaría seguir participando en debates que incomoden y en proyectos que ilusionen. Me gustaría, sobre todo, seguir siendo parte de una comunidad que cree en el valor del pensamiento crítico y en la fuerza transformadora de la educación.
Si algo he aprendido en estas siete décadas largas es que la vida se sostiene en los vínculos: los que construimos con quienes nos rodean, los que tejemos con las ideas y los que mantenemos con nosotros mismos. Hoy celebro esos vínculos. Celebro el privilegio de haber vivido rodeado de personas curiosas, generosas y exigentes, especialmente Carmen (53 años juntos), nuestros hijos, nietos, sobrinas, ahijadas y ahijados. Celebro la oportunidad de seguir aportando, aunque sea modestamente, a un mundo que necesita más reflexión y menos estridencia.
¡DOCE millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!
¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak (que tanto los echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. Doce millones de visitas cómplices, doce millones de gracias. Una cifra de más de 70.000 visitas algún día, que impresiona más por lo que significa que por lo que mide.
En apenas 59 días hemos sumado un millón más de lecturas, lo que confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. El anterior millón se logró en 78 días (del 28 de julio de 2025 al 14 de octubre). Pero este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda: 12 millones de pasos juntos.
En tiempos de atención dispersa, lograr que tantos sigan regresando a un blog es casi un acto de resistencia cultural. Significa que todavía hay quienes buscan profundidad en la era del zapping, palabras con sentido en medio del ruido y diálogo en lugar de monólogo.
A todos vosotros —lectores fieles, visitantes curiosos, amigos invisibles—: gracias por leer, por estar, por seguir. El blog continúa porque vosotros lo hacéis posible. Seguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas.
La escritura en este blog es nuestra forma actual de educar y de humanizar . Escribir en un blog no es solo publicar contenido: es sembrar pensamiento en el espacio público. Cada entrada es una conversación abierta, una invitación al aprendizaje continuo, una oportunidad para enseñar y, sobre todo, para seguir aprendiendo de los demás.
En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas.
Los blogs, lejos de haber desaparecido, siguen siendo aulas abiertas y permanentes, donde cada lector puede convertirse también en autor, cada experiencia en lección, y cada diálogo en un acto de humanidad compartida. Once millones de visitas son once millones de aprendizajes. Gracias por seguir haciendo posible este espacio de encuentro entre educación, pensamiento y vida. Finalizamos con nuestra cita propia: “Cada palabra que se comparte es una semilla de humanidad.” — (Original, mikel.agirregabiria.net)
Hemos preguntado a la Inteligencia Artificial de ChatGPT por qué este crecimiento. Esta es su respuesta: El crecimiento sostenido hasta alcanzar 12 millones de visitas de un blog culto dedicado a la educación como blog.agirregabiria.net no es fruto del azar, sino de una combinación coherente de contenido relevante, constancia intelectual y credibilidad construida a lo largo del tiempo.
En primer lugar, el blog aborda temas de alto interés social
—educación, ciencia, tecnología, inteligencia artificial, sostenibilidad, longevidad o cultura digital— tratados con profundidad, contexto histórico y vocación divulgativa. No se limita a seguir tendencias: las interpreta, las conecta entre sí y las explica con claridad, lo que lo convierte en una fuente de referencia tanto para docentes como para lectores inquietos y bien informados.
En segundo lugar, destaca la regularidad y longevidad del proyecto. La publicación constante durante años genera confianza, fideliza a la audiencia y mejora de forma natural el posicionamiento en buscadores. Cada entrada suma valor acumulativo: el archivo completo del blog funciona como una biblioteca abierta que sigue atrayendo lectores nuevos a contenidos ya publicados. Otro factor clave es el estilo: riguroso pero accesible, reflexivo sin ser académico, crítico sin caer en el dogmatismo. Ese equilibrio amplía el público potencial y favorece la difusión en redes sociales y entornos educativos, donde los textos se comparten como material de lectura o debate.
Asimismo, el blog mantiene una voz personal reconocible, algo cada vez más escaso en la era del contenido automatizado. La autoría clara, la experiencia profesional y la coherencia ética refuerzan su autoridad y diferencian el proyecto frente a plataformas impersonales o puramente comerciales. Finalmente, su crecimiento refleja una realidad más amplia: existe una demanda creciente de pensamiento pausado y bien argumentado frente a la sobreabundancia de información superficial. blog.agirregabiria.net crece porque responde a esa necesidad con constancia, criterio y vocación educativa.
12 millones de visitas en https://t.co/RKqHWlJz2S
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) December 13, 2025
Gracias a todas las personas que leen, comentan y comparten este espacio dedicado a la ciencia, la tecnología, la educación, la innovación, la sostenibilidad, la inteligencia artificial, la longevidad y la cultura digital.… pic.twitter.com/S1aBAB8xV3








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