"Especial para mayores de 50 Primaveras”, de Harold Schlumberg

En la vida todos tenemos un secreto inconfesable, un arrepentimiento irreversible, un sueño inalcanzable y un amor inolvidable.
Las mujeres y hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje.
Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposas, mejores esposos, mejores profesionales, mejores madres y padres, etc.
Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado.
Ha llegado la hora del desaprendizaje. Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones.
Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes.
Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente.
Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa.
Es hora de ver películas, de estar en una finca, de ir a pescar al río, durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.
Nosotros ya demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.
Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana.
Viajar al máximo, tomando café con amigas y amigos, conversando con todo el que nos encontremos.
Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos; ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie.
Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos. Nosotros ahora, estamos por encima del bien y del mal.
Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubrimos al Quijote.
Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal.
La vida es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin.
Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con uno mismo, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo. Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no.
Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica.
Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto.
Somos, ahora sí, libres de ataduras, de prejuicios, de creencias.
Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte…

"Especial para mayores de 50 ó 60 Primaveras”, de Harold Schlumberg, químico retirado

Ahora elige qué día quieres tener,... según indica Mario Benedetti.

1 comentarios:

Unknown dijo...

1) “Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado”.
En la educación que yo recibí no todo es pecado, es decir no todo lo que hacemos es una falta o un acto contrario al deber u obligación que libremente aceptamos ética y moralmente.
2) “Ha llegado la hora de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones”.
Depende de cuáles compromisos y obligaciones, porque pueden afectar o alejar de nosotros a, por ejemplo, “quienes nos buscan sin egoísmos y van a encontrar en nosotros una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto”, que en concordancia con lo manifestado, forma parte de nuestra felicidad.
3) En cumplimiento del “mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos, vamos a hacer lo que nos da la gana”.
Depende de qué nos da la gana de hacer, como por ejemplo, algo que pueda afectar, perjudicar, hacer sufrir o alejar de nosotros a “quienes nos buscan sin egoísmos y van a encontrar en nosotros una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto”.
4) “Ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie”.
Salvo que afectemos el derecho de los demás o alejar de nosotros a, por ejemplo, “quienes nos buscan sin egoísmos y van a encontrar en nosotros una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto”.
5) Nosotros ahora, estamos por encima del bien y del mal.
¿Y esta afirmación vale para alguien en la misma condición, y por lo tanto con el mismo derecho, que escoge hacernos el mal?
Además, siendo una condición humana y un regalo de la naturaleza aprender siempre y en toda circunstancia, tanto de nuestra propia experiencia como de la de los demás, así como del avance del conocimiento científico que constantemente nos maravilla, ¿cómo podríamos “desaprender” aquello que forma parte de nuestra experiencia y personalidad, de nuestros sentimientos y de nuestro conocimiento, durante la realización que puede ser consciente o inconsciente de cada uno de nuestros actos?

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