Mira las luces, amor mío: leer un supermercado

Imagina a la escritora más laureada de las letras francesas dedicando un año entero, no a un retiro en la campiña normanda, sino a tomar notas entre las cajas registradoras y las estanterías de un hipermercado de la periferia parisina. Eso es justo lo que hizo Annie Ernaux (más posts) entre noviembre de 2012 y octubre de 2013: convertir el Auchan del centro comercial de Les Trois-Fontaines, en Cergy, en su cuaderno de campo. El resultado, apenas setenta páginas, se tituló Regarde les lumières mon amour y llegó al castellano en 2021, de la mano de Cabaret Voltaire y en traducción de Lydia Vázquez Jiménez, como Mira las luces, amor mío.

El libro nació por encargo, dentro de la colección «Raconter la vie», dirigida por Pierre Rosanvallon y Pauline Peretz para el sello Seuil, pensada para dar forma literaria a vidas y espacios ordinarios. Ernaux no tuvo que buscar demasiado lejos: reside en Cergy desde hace décadas, y el hipermercado que frecuenta cada semana le ofrecía el terreno perfecto para su manera de mirar el mundo. Como escribe la propia autora, «voir pour écrire, c'est voir autrement» —ver para escribir es ver de otra manera—, una frase que resume su método: observar sin la anestesia de la costumbre.

Lo que encuentra no es un inventario de la compra semanal. El híper se le revela como un escenario social en miniatura que clasifica a sus visitantes sin que casi nadie lo note: la sección ecológica, frecuentada por los clientes más acomodados, apenas está vigilada, mientras que los pasillos de los productos más baratos concentran la atención de los guardias de seguridad. El pobre, sospechoso por defecto; el rico, honesto por descontado. En la sección de juguetes, Ernaux observa cómo se reproducen los roles de género sin la menor sutileza, hasta el punto de invocar, no sin ironía, a las activistas de Femen. Cajeras, reponedores y familias arrastrando carritos protagonizan, en sus páginas, una coreografía continua que convierte el trámite de comprar en una suerte de plaza pública bajo fluorescentes.

Hay además una coincidencia que el tiempo ha vuelto más incómoda que anecdótica: los meses del diario coinciden casi exactamente con el derrumbe, en abril de 2013, de la fábrica textil Rana Plaza en Bangladés, donde murieron más de mil trabajadoras y trabajadores que cosían ropa para cadenas parecidas a las que llenan los pasillos que Ernaux recorre. El libro no lo menciona de forma explícita, pero esa sombra —el origen invisible de lo que compramos— sobrevuela cada anotación.

El libro tampoco es un experimento aislado: es la tercera entrega de lo que la crítica francesa llama sus diarios «extimos», por oposición a los íntimos. Después de Journal du dehors (1993) y La vie extérieure (2000), Ernaux vuelve a los trenes de cercanías, las salas de espera y ahora el híper de Cergy para seguir cartografiando lo que ocurre fuera del ámbito familiar. Y aquí llega un dato curioso para el lector vasco: la traducción al euskera, Begira zenbat argi, maitea, obra de Xabier Aranburu para la editorial Igela, se publicó en 2015, un año después del original francés y seis años antes que la versión castellana. La consagración internacional llegaría más tarde, con el Nobel de 2022 y, en 2023, la traducción inglesa de Alison L. Strayer para Yale University Press.

Queda flotando una pregunta entre los carritos de la compra: si Ernaux pudo hallar literatura entre las estanterías de un Auchan cualquiera, ¿cuánto de nuestra propia vida se nos escapa, sencillamente, por falta de mirada?

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