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Umberto D. (1952): La dignidad silenciosa del neorrealismo

Umberto D., dirigida por Vittorio De Sica (otros posts) en 1952, cierra con extraña sobriedad el ciclo del neorrealismo italiano que había arrancado con Roma, ciudad abierta y alcanzado su cénit con Ladrón de bicicletas. Según contó en su día el crítico Robert Osborne, ésta fue siempre la película favorita de De Sica dentro de su propia filmografía, la más personal y también la peor recibida por el público de su tiempo. Su ambición no era narrar sucesos extraordinarios, sino revelar la belleza oculta en los gestos mínimos de la vida diaria: contar unas monedas, dar de comer a un perro, fingir fiebre para no ser expulsado de una habitación alquilada. 

El guion, escrito por Cesare Zavattini —teórico principal del neorrealismo y candidato al Óscar por este trabajo—, lleva hasta sus últimas consecuencias la técnica del pedinamento: cada acción se descompone en fragmentos cada vez más pequeños, sin elipsis que alivien el tiempo real de la miseria. Esa dilatación morosa, que a algunos coetáneos les pareció excesiva, es hoy considerada la aportación más radical de la película al lenguaje del cine realista.

Frente a la cámara, Carlo Battisti —catedrático de gramática comparada en la Universidad de Florencia, sin experiencia actoral previa ni posterior— compone un Umberto Domenico Ferrari de contención admirable: un funcionario jubilado que sobrevive con una pensión miserable en la Roma de posguerra. Le acompañan Maria Pia Casilio, en el papel de la joven criada María, embarazada y tan desamparada como él pese a su juventud, y Lina Gennari, como la casera Antonia Belloni, cuya codicia empuja a Umberto hacia el desahucio. El verdadero coprotagonista, sin embargo, es Flike, el pequeño perro que constituye el único afecto incondicional que le queda al anciano.

La trama sigue los últimos y desesperados intentos de Umberto por reunir el dinero del alquiler, su breve estancia hospitalaria, la tentación del suicidio y, en un desenlace que evita cualquier consuelo fácil, su reencuentro con Flike en un parque romano donde ambos, hombre y perro, quedan suspendidos entre la vida y el abandono.

Lo que distingue a Umberto D. de buena parte del melodrama social de su época es precisamente su negativa a la lágrima fácil. De Sica y Zavattini construyen una tragedia contenida, casi pudorosa, que recuerda —salvando las distancias— a aquel sentimiento trágico de la vida del que hablara Unamuno: la conciencia lúcida de la propia finitud sin renunciar por ello a la dignidad. La película fue seleccionada en el Festival de Cannes de 1952, obtuvo el premio a la mejor película en lengua no inglesa del Círculo de Críticos de Nueva York y en 2005 la revista Time la incluyó entre las cien mejores de la historia del cine.

Setenta y tantos años después, su retrato de la vejez solitaria y la precariedad de las pensiones no ha perdido vigencia: sigue siendo, quizá, el examen de conciencia más incómodo que el cine ha dedicado jamás a cómo tratamos a quienes ya no producen.

Puerto de Getxo, donde amarran portaaviones y cruceros


Álbum de imágenes, abajo.
Portaaviones italiano Garibaldi amarrado en Getxo

La borrasca Karlotta que ha azotado Bizkaia en los últimos días ha provocado que dos naves de la armada italiana no hayan podido proseguir su rumbo hacia A Coruña, y hayan tenido que hacer una "escala forzosa" en el Puerto de Getxo. Es especialmente espectacular el portaaviones Giuseppe Garibaldi (C 551). Botado en 1983, fue el buque insignia de la marina militar italiana. Está especializado en lucha antisubmarina y podría clasificarse también como crucero de cubierta corrida. fue el buque insignia de la marina militar italiana. Fue botado en 1983 por la empresa Fincantieri y fue, hasta mayo de 2008.

El portaaviones Giuseppe Garibaldi está especializado en lucha antisubmarina (ASW, siglas en inglés) y fue diseñado para operaciones STOVL (Short Take Off and Vertical Landing- despegue corto y aterrizaje vertical), pero aún así, cuenta con un Ski-Jump. Sus dimensiones: Eslora 180 m; Manga 33.4 m. Puede operar con 12 McDonnell Douglas AV-8B Harrier II, o 12 Lockheed_Martin F-35 Lightning II, o con 18 helicópteros Agusta Bell AB-212

Le acompaña el San Giorgio (L9893), un buque de asalto anfibio y portahelicópteros de la Marina de Italia. Construido por Fincantieri en los astilleros de Riva Trigoso en 1985. Entre 1999 y 2000, esta unidad fue sometida a labores de modernización que significó la retirada del cañón de 76 mm, situado a proa, y un añadido a babor bajo el cual fueron recolocadas dos de las tres lanchas LCVP. Dichas modificaciones aumentaron las dimensiones del puente de vuelo permitiendo operar simultáneamente cuatro helicópteros. El portón de proa fue eliminado y los helicópteros sólo son almacenados en cubierta, reservando la cubierta inferior de transporte de 20 500 m² a los vehículos de tierra. 

Este buque San Giorgio puede transportar un batallón de tropas y hasta 36 vehículos blindados. El muelle inundable de popa puede albergar tres lanchas de desembarco. La Marina italiana tiene en servicio tres buques anfibios de transporte de la clase San Giorgio. Albergan tres helicópteros Sikorsky SH-3 Sea King (como los que se pueden apreciar en las fotos) o cinco helicópteros Agusta Bell AB-212.
Portaaviones en Getxo
No es la primera visita, sino la tercera, de un portaaviones a Getxo. El 22 de marzo de 2019 estuvo el PortaAeronaves 'Juan Carlos I' (L61)Del 1 al 5 de noviembre de 1957, tras pasar bajo el Puente Colgante, estuvo fondeado en la dársena de Portugalete el portaviones HMS Ocean de la marina real inglesa.
Portaviones Ocean de la marina real inglesa, fondeado del 1 al 5 de noviembre de 1957.
En realidad, son los comparativamente gigantescos cruceros de recreo los barcos que muy frecuentemente  amarran en Getxo, Puerto de Bilbao. Como los tres que simultáneamente estuvieron en ocasiones como el 21 de junio de 2021.
Barquitos en Getxo.