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Posición Saavedra: La subpromoción más célebre del ajedrez


A petición de nuestro nieto Mateo, seguimos analizando temas de ajedrez. Hoy nos detendremos en La Posición Saavedra (1895): Un  finl de ajedrez que cambió la teoría. Autores: Georges Barbier y Fernando Saavedra. Por qué es famoso: Contiene la subpromoción (coronar una pieza menor o diferente a la dama) más célebre del ajedrez para evitar un ahogado.

Pocas composiciones ajedrecísticas han alcanzado la celebridad de la Posición Saavedra, un estudio de finales que sigue fascinando tanto a maestros como a aficionados. Su atractivo no reside en una combinación espectacular de muchas piezas, sino precisamente en lo contrario: con apenas dos reyes, una torre y un peón, demuestra que el ajedrez es un universo donde la creatividad puede derrotar a la intuición. 

La posición lleva el nombre del sacerdote español Fernando Saavedra, residente en Glasgow, quien descubrió una victoria allí donde los expertos creían que solo existían tablas. El origen del estudio se remonta a una partida disputada en 1875 entre Richard Fenton y William Potter. Dos décadas después, el periodista y problemista Georges Emile Barbier publicó una versión de aquella posición asegurando que el resultado era un empate. Saavedra encontró entonces un recurso extraordinario que transformó la evaluación por completo.

La clave del estudio es una de las ideas más elegantes del ajedrez: la coronación menor (underpromotion). Cuando el peón blanco alcanza la octava fila, la promoción natural a dama conduce inesperadamente al empate por ahogado tras una secuencia táctica precisa. Sin embargo, la solución correcta consiste en promocionar… ¡a torre!. Este movimiento, aparentemente inferior, evita el recurso defensivo del rival y crea amenazas de mate inevitables. Es uno de los ejemplos más célebres de cómo la pieza más poderosa no siempre es la mejor elección.

Desde el punto de vista educativo, la Posición Saavedra constituye una lección magistral sobre el pensamiento crítico. Enseña que las soluciones convencionales deben cuestionarse y que, en ocasiones, el éxito surge precisamente al apartarse de la respuesta aparentemente obvia. Esta enseñanza trasciende el tablero y resulta aplicable a la ciencia, la tecnología, la educación y la resolución de problemas complejos.

El estudio también ilustra la riqueza de los finales. Mientras muchos jugadores dedican la mayor parte de su tiempo a aperturas y tácticas, Saavedra demuestra que los finales contienen principios profundos de coordinación, cálculo y precisión. Cada movimiento tiene un propósito, y un solo tempo decide entre victoria, empate o derrota.

Más de 130 años después, la Posición Saavedra continúa apareciendo en manuales, cursos y recopilaciones de los mejores finales jamás compuestos. No solo representa una joya artística del ajedrez, sino también una metáfora del conocimiento: las grandes ideas pueden esconderse en los detalles más pequeños, esperando a quien se atreva a mirar más allá de lo evidente.

@sauloajedrez

Posición Saavedra (1895) El estudio tiene una larga historia, se originó de una partida entre Fenton vs Potter en 1875. La cual terminó en tablas. Sin embargo el ajedrecista Johannes Zukertort analizó la posición y llegó a la conclusión que era victoria para las blancas, llegando a un final de Rey y Dama vs Rey y Torre, final que en la teoría es ganado para las blancas. Este estudio fue publicado en el City of London Chess Magazine en 1875. Poco después esta forma de ganar se demostró que era un estudio de Kling y Horwitz publicado en The Chess Player en 1853. Potter falleció en 1895 (20 años después de la partida contra Fenton) tras su muerte G.E Barbier publicó una posición en su columna ajedrecista del Weekly Citizen de Gasglow, Escocia, que refutaba lo que había ocurrido en la partida entre Fenton y Potter. Sin embargo Barbier recordaba mal la posición. Fue publicada como un estudio en donde jugaban las negras y hacían tablas. Esto se lograba al cambiar la posición del rey negro de h6 a a1, avanzando el peón blanco a c7 y dándole el turno a las negras. No obstante nuestro protagonista Fernando Saavedra quien vivía en Gasglow encontró la forma de ganar con las blancas con la jugada “c8=T!!”. Hoy en día la posición moderna se encuentra con Blancas Rb6 peón c7/ Negras Ra1 y Td5 y cambiando el enunciado a “Juegan las blancas y ganan” Fuente: Del canal de YouTube Ajedrez a la Carta (uno de mis canales favoritos de ajedrez en español) y del artículo de la posición Saavedra en Wikipedia.

♬ sonido original - Saulo Hernández

Geometría del ajedrez, con la lección del Estudio de Réti

A petición de nuestro nieto Mateo, estamos analizando temas de ajedrez. En 1921, el maestro checoslovaco Richard Réti publicó un estudio de finales que, con solo cuatro piezas sobre el tablero, sigue asombrando más de un siglo después a jugadores, matemáticos y aficionados a la estética del pensamiento puro. La posición no podía ser más austera: rey blanco en h8, peón blanco en c6; rey negro en a6, peón negro en h5. Le toca mover a las blancas, cuyo rey se encuentra a una distancia aparentemente insalvable tanto de su propio peón, que necesita escolta para coronar, como del peón negro, que corre libre hacia la primera fila. Cualquier ajedrecista razonable diría que las blancas deben elegir: o defienden, o atacan. Réti demostró que esa disyuntiva era una ilusión óptica. 

La solución —1.Kg7 h4 2.Kf6 Kb6 3.Ke5 h3 4.Kd6— revela que el rey blanco, moviéndose en diagonal, no persigue dos objetivos sucesivos sino que los alcanza simultáneamente. Cada casilla diagonal reduce a la vez la distancia hacia el peón negro y hacia el propio peón coronador, de manera que cuando el peón negro corona en h1, el rey blanco ya está lo bastante cerca como para apoyar la coronación del suyo en c8, forzando las tablas. El truco no reside en ningún cálculo profundo de variantes, sino en una propiedad geométrica: en un tablero de casillas cuadradas, la diagonal permite cubrir dos frentes al precio de uno. Es, en cierto sentido, la demostración práctica de que la distancia entre dos puntos puede recorrerse por caminos que el sentido común no anticipa.

No es casual que este estudio surgiera en el mismo año 1921 en que la teoría de la relatividad general empezaba a popularizarse en la cultura europea. Réti pertenecía a la llamada escuela hipermoderna, ese grupo de jugadores —Nimzowitsch, Breyer, Tartakower— que cuestionó los dogmas clásicos sobre el centro y el desarrollo de piezas, proponiendo que el control del espacio podía lograrse desde la distancia, mediante la presión indirecta más que mediante la ocupación física. El estudio de 1921 es la culminación lúdica de esa sensibilidad: una lección sobre cómo la intuición geométrica puede desmentir el cálculo lineal, y sobre cómo un problema que parece exigir omnipresencia se resuelve, en realidad, con el trazado correcto de una sola línea.

Hay algo profundamente pedagógico en este estudio, más allá del ajedrez. Enseña que muchos dilemas que se presentan como elecciones excluyentes —atacar o defender, avanzar o esperar— esconden a menudo una tercera vía que solo aparece cuando se cambia el sistema de referencia. Ortega y Gasset advirtió que las ideas se tienen, pero las creencias se están en ellas; el estudio de Réti obliga a salir de la creencia intuitiva sobre la distancia euclídea del tablero para entrar en una idea más sutil sobre el tiempo compartido de dos amenazas convergentes. No sorprende que este pequeño diagrama se enseñe hoy en escuelas de ajedrez de todo el mundo como ejercicio introductorio a la llamada “regla del cuadrado” y al pensamiento posicional, ni que filósofos del juego lo citen como ejemplo paradigmático de cómo la belleza formal y la utilidad práctica pueden coincidir en un mismo gesto.

Un siglo después, el estudio de Réti conserva intacta su capacidad de sorpresa. Basta con mostrárselo a cualquier persona ajena al ajedrez para comprobar que la reacción es casi siempre la misma: incredulidad primero, y después esa forma particular de placer intelectual que produce comprender, de golpe, que lo imposible solo lo era porque se estaba mirando desde el ángulo equivocado.

Resumen: La diagonal que desafió la lógica ajedrecística. Cómo un rey solitario resolvió dos problemas a la vez. Un diagrama, cien años de asombro: el legado de Réti. La diagonal imposible: lección de geometría en 1921. El rey que estaba en dos sitios a la vez. 

Bonus final, con una variante más del final de Reti: Juegan blancas y hacen tablas.

Zaz: Cantautora que rescató la chanson francesa

Gracias a Mateo, hemos descubierto a Isabelle Geffroy​, conocida por su nombre artístico Zaz, es una cantautora francesa que fusiona la canción francesa con el gypsy jazz. Se hizo famosa con su canción Je veux, segundo tema de su primer álbum, Zaz, que fue lanzado al mercado el 10 de mayo de 2010.​ De las calles de Montmartre a los escenarios del mundo con la herencia de Édith Piaf, reinventada sin traicionarse. Zaz es una voz singular entre el jazz y la canción francesa.

Hay voces que no irrumpen en el panorama musical: lo transforman. Isabelle Geffroy, nacida el 1 de mayo de 1980 en Chambray-lès-Tours, en el corazón del Valle del Loira, es una de esas rarísimas excepciones. Bajo el nombre artístico de Zaz —onomatopeya de energía pura, sin genealogía precisa—, esta cantautora francesa protagonizó en 2010 uno de los debuts más celebrados de la música europea contemporánea, revitalizando un género, la chanson française, que muchos consideraban confinado a los archivos del siglo pasado.

La formación: del conservatorio a la calleLa trayectoria de Zaz es, ante todo, la historia de una educación musical rigurosa que nunca pierde de vista la vida. Desde los cinco años estudió en el Conservatorio de Tours, donde se formó en solfeo, violín, piano, guitarra y canto coral. Más tarde, ya en Burdeos —ciudad a la que se traslada en 1994 tras el divorcio de sus padres—, se matricula en el CIAM (Centre d’Information et d’Activités Musicales), una escuela de música moderna que amplía su horizonte estilístico hacia el blues, el soul y el jazz contemporáneo.

Inspirada por artistas como Ella Fitzgerald, Édith Piaf y Enrico Macías, inició su carrera musical en 2001 con el grupo de blues Fifty Fingers. Cantó en quintetos de jazz en Angoulême y, significativamente para el lector hispanohablante y vascófilo, formó parte de Izar-Adatz —«Estrella fugaz» en euskera—, un grupo de dieciséis integrantes con el que giró dos años por la zona del Mediodía-Pirineos y el País Vasco. Esta experiencia coral y nómada la llevó también a las calles de París, especialmente a Montmartre, donde el contacto directo con el público se convirtió en su mejor escuela escénica.

El estallido de 2010: Je veuxEl 10 de mayo de 2010, Zaz lanzó su primer álbum homónimo con la discográfica Play On. La canción Je veux —«quiero amor, alegría, buena mentalidad, no necesito dinero para ser feliz»— se convirtió en un fenómeno imprevisto: directa, sincopada, grabada con instrumentación acústica y una voz que renunciaba deliberadamente al pulido digital. En noviembre de ese año el álbum alcanzó el doble platino en Francia, y Zaz recibió el Premio European Border Breakers como la artista francesa más escuchada fuera de sus fronteras en 2010. 

Su propuesta fusionaba la chanson clásica con el gypsy jazz de raíz manouche, el soul y elementos acústicos, en una época dominada por la producción electrónica. El gesto era, en cierto modo, político: apostar por la imperfección cálida frente a la perfección fría.

Una carrera en expansión permanente. Hasta la fecha, Zaz ha publicado seis álbumes de estudio: Zaz (2010), Recto Verso (2013), Paris (2014), Effet Miroir (2018), Isa (2021) y Sains et Saufs (2025). Cada entrega revela una artista que se niega a repetirse. Paris (2014) es un homenaje colectivo a la canción urbana francesa, con colaboraciones que incluyen al mítico Charles Aznavour y a Pablo Alborán, con quien interpretó Sous le ciel de Paris. Effet Miroir (2018) explora registros más íntimos y polifónicos. Isa (2021) nace del confinamiento y representa un giro hacia la introspección: la artista global cede paso a «Isa», el diminutivo de Isabelle, la persona. 

La herencia y el presenteLo que hace culturalmente relevante a Zaz no es únicamente su talento vocal —una voz rasgada, cálida e inmediatamente reconocible— sino su posición estética: la defensa de la canción de autor como forma de conocimiento, de la música acústica como resistencia simbólica y del concierto en vivo como acto comunitario. En un mercado saturado de imágenes, ella apuesta por el sonido; en una industria que celebra la instantaneidad, ella practica la profundidad.

Su trayectoria demuestra que la chanson française no es un patrimonio fosilizado, sino un lenguaje vivo, capaz de dialogar con el jazz de Django Reinhardt, las tradiciones musicales del País Vasco, el soul afroamericano y la canción de autor latinoamericana. Isabelle Geffroy, alias Zaz, ha convertido esa síntesis en una voz inconfundible. Y las voces inconfundibles, como las grandes obras literarias, no envejecen: se profundizan.

@cd.azul ZAZ - Que vendrá #music #musicafrancesa #francemusic #letrasdecanciones ♬ sonido original - CD Azul

Disfrutando en San Mamés con Mateo: Athletic vs Arsenal

Lo mejor, aparte de ir con nuestro nieto mediano, el ambiente. Escuchen a ver si no se emocionan,... Ante todo, esto fue posibles gracias a unas invitaciones de Kutxabank, que agradecemos a nuestra asesora. Comenzaremos con unas primeras pero indelebles impresiones,... 
 
Buen ambiente entre ambas aficiones, con una hinchada londinense del Arsenal ("Gooners") educada y amable, así nos parecieron y los tuvimos muy cerca.
 
Post en elaboración. A completar en las próximas horas.
Disfrutando en San Mamés con Mateo: Athletic vs Arsenal
Álbum de imágenes.