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El principio de Bandura: Aprender observando a los demás

Hace tiempo prometimos hablar de Albert Bandura, y hoy cumplimos el compromiso. Nos detendremos en " El Principio de Bandura": Cómo aprendemos observando el mundo que nos rodea.  Cuando Albert Bandura realizó su famoso experimento del muñeco Bobo en 1961, no imaginaba que estaba a punto de revolucionar nuestra comprensión sobre cómo aprenden los seres humanos. 

Hasta ese momento, el conductismo clásico dominaba la psicología, sosteniendo que sólo aprendíamos a través de la experiencia directa: prueba, error y refuerzo. Bandura demostró algo profundamente diferente y perturbador: podemos aprender simplemente observando a otros, sin necesidad de experimentar las consecuencias nosotros mismos.

El experimento que lo cambió todo En su investigación, Bandura expuso a niños pequeños a un modelo adulto que golpeaba agresivamente un muñeco inflable llamado Bobo. Posteriormente, cuando los niños quedaban solos con el muñeco, reproducían con notable precisión las conductas violentas que habían observado, incluso imitando las expresiones verbales del modelo. Este hallazgo simple pero contundente reveló que el aprendizaje humano trasciende la mera asociación estímulo-respuesta: somos criaturas profundamente sociales que aprenden por observación e imitación

Los pilares de la teoría del aprendizaje social El principio de Bandura se sustenta en cuatro procesos cognitivos fundamentales. Primero, la atención : debemos prestar atención al modelo para poder aprender de él. Factores como el atractivo del modelo, su relevancia o nuestra propia capacidad de concentración determinan qué observamos. Segundo, la retención : necesitamos almacenar mentalmente lo observado, codificándolo en imágenes o descripciones verbales que podamos recuperar posteriormente.

El tercer proceso es la reproducción motora : debemos ser capaces de transformar esas representaciones mentales en acciones concretas. Un niño puede observar a un pianista virtuoso, pero sus propias capacidades físicas y cognitivas determinarán cuánto puede reproducir. Finalmente, la motivación resulta crucial: aunque hayamos observado y retenido una conducta, sólo la ejecutaremos si tenemos razones para hacerlo, ya sea por refuerzo externo, vicario o autogenerado. 

Más allá del determinismo: la agencia humana Lo que distingue verdaderamente a Bandura del conductismo tradicional es su concepto de determinismo recíproco. Para él, el comportamiento humano emerge de la interacción continua entre factores personales, conductuales y ambientales. No somos meros receptores pasivos de estímulos externos, ni entidades completamente autónomas desconectadas del contexto. Somos agentes activos que influimos en nuestro entorno tanto como este nos influye a nosotros. 

Esta perspectiva introduce un elemento liberador: la capacidad de autorregulación y autoeficacia . Bandura sostiene que podemos establecer metas, monitorear nuestro progreso y ajustar nuestras estrategias. La autoeficacia, la creencia en nuestra capacidad para ejecutar exitosamente una tarea, se convierte en un predictor fundamental del éxito. No solo importa lo que podemos hacer objetivamente, sino lo que creemos poder hacer.

Implicaciones éticas y educativas Las ramificaciones del principio de Bandura son profundas y a veces inquietantes. Si aprendemos por observación, entonces los modelos que proporcionamos a niños y jóvenes importan enormemente. La violencia en medios de comunicación, el comportamiento de figuras públicas, las dinámicas familiares: todo se convierte en potencial fuente de aprendizaje. Esta responsabilidad colectiva sobre qué modelamos socialmente adquiere dimensiones éticas insoslayables.

En educación, la teoría de Bandura sugiere que los docentes son mucho más que transmisores de información: son modelos vivos de curiosidad, perseverancia, pensamiento crítico y valores. El modelado efectivo requiere demostrar no solo productos finales, sino procesos de pensamiento, estrategias de resolución de problemas y, crucialmente, cómo manejar el error y la frustración. Fortalecer la autoeficacia de los estudiantes se vuelve tan importante como enseñar contenidos específicos.

Un legado vigente Décadas después de sus investigaciones iniciales, el principio de Bandura mantiene extraordinaria vigencia. En la era de las redes sociales y los influencers, donde millones observan e imitan comportamientos de personas a quienes nunca conocerán personalmente, sus ideas sobre el aprendizaje vicario cobran nueva relevancia. Nos recuerdan que somos seres fundamentalmente sociales, espejos imperfectos de un mundo que observamos, interpretamos e imitamos, para bien o para mal.

Comprender esto no solo nos ilumina sobre cómo aprendemos, sino sobre quiénes elegimos ser en un mundo donde, inevitablemente, alguien está observando.

2026, el año en que la Fuerza bruta desnudó al Derecho

2026, está siendo el año del descubrimiento del poder bruto. Vivíamos en un teatrillo mundial de la democracia, manteniendo las apariencias de una legalidad internacional. Pero Ucrania, Gaza y Venezuela han retirado el telón y muestra que solamente la fuerza militar al servicio de la economía de los gigantes manda en el mundo. Descubrimos, incómodos, que el escenario está vacío de normas y lleno de tanques, drones y divisas. Ucrania, Gaza y Venezuela no son solo conflictos regionales; son espejos que devuelven una misma imagen: la fuerza militar al servicio de la economía de los gigantes se ha impuesto al derecho. El poder bruto ha dejado de ser la excepción para convertirse en la regla que nadie se atreve a nombrar.

Hasta hace poco, la comunidad internacional se comportaba como un elenco de teatro clásico: cada actor recitaba su parte —soberanía, derechos humanos, resoluciones de la ONU— mientras el público asentía, satisfecho con la apariencia de orden. Hoy ya una mera observación periodística nos conduce a una comprensión sistémica de por qué el 2026 ha certificado el colapso de la retórica liberal. Es el Retorno a la Tebaida Geopolítica, si leemos las noticias con las perspectivas del realismo estructural de Kenneth Waltz y el realismo ofensivo de John Mearsheimer.

Al analizar el panorama global de 2026, la sensación de "desvelo" ante el poder bruto no es una novedad histórica, sino la reconfirmación de las tesis más severas de la ciencia política. El optimismo antropológico que dominó las instituciones tras la Guerra Fría ha sucumbido ante la anarquía sistémica, un concepto central en la obra de Kenneth Waltz. Según esta visión, al no existir un "gobierno de gobiernos" con capacidad coercitiva real, el sistema internacional obliga a los Estados a actuar bajo la lógica de la autoayuda (self-help).

1. La Distribución de Capacidades (Waltz) y el Dilema de Seguridad. Para Kenneth Waltz, el comportamiento de los Estados no depende de su régimen interno (democracia o autocracia), sino de su posición en la estructura del sistema. En 2026, los conflictos en Ucrania y Gaza ilustran perfectamente lo que Waltz denominó el dilema de seguridad: el esfuerzo de un actor por aumentar su seguridad es percibido por otros como una amenaza existencial, desencadenando una espiral de rearmamento y fuerza.

Desde esta perspectiva neorrealista, la "legalidad internacional" nunca fue un regulador autónomo, sino un epifenómeno de la distribución de capacidades. Mientras el poder estuvo unipolarmente concentrado, las reglas parecían sólidas; al volverse el sistema multipolar y fragmentado en 2026, la estructura obliga a los "gigantes" a ignorar la norma para preservar su seguridad relativa.

2. La Tragedia de las Grandes Potencias (Mearsheimer). Si Waltz nos explica por qué el sistema es inestable, John Mearsheimer nos ofrece la clave de la agresividad actual a través de su realismo ofensivo. Para Mearsheimer, las grandes potencias no son meras buscadoras de seguridad (como sugería Waltz), sino maximizadoras de poder. En su visión, la única forma de garantizar la supervivencia en un mundo anárquico es ser el actor más fuerte del sistema. 

- UcraniaDe la norma al hecho: la aceleración de la «realpolitik». Siguiendo a Mearsheimer, la expansión de esferas de influencia no es una elección moral, sino un imperativo estructural. El conflicto es la consecuencia trágica de grandes potencias compitiendo por un espacio que ambos consideran vital. La invasión rusa a Ucrania en 2022 ya había exhibido la anulación abierta del principio de no agresión. Sin embargo, la guerra de 2026 —más larga, más destructiva— ha trascendido la lógica de ocupación para instalarse en la lógica de aniquilación de la voluntad política del adversario. Occidente responde con sanciones que, paradójicamente, consolidan bloques económicos alternativos: el rublo-yuan se fortalece, el comercio de materias primas se desdolariza y la «legalidad» se reduce a un capítulo de retórica diplomática. El poder bruto ya no necesita justificarse; basta con imponer un fait accompli y esperar que el cansancio lo legitime.

Gaza: la humanitarización del cinismo. En Gaza, el derecho internacional humanitario se ha vuelto un acompañamiento ornamental de los comunicados de prensa. El principio de proporcionalidad se mide en días de titulares, no en vidas salvadas. Cuando los hospitales se convierten en objetivos militares y la ayuda exterior es filtrada por algoritmos de seguridad, la comunidad internacional descubre que el veto en el Consejo de Seguridad funciona como un interruptor de legalidad: basta con pulsarlo para que desaparezca. El poder bruto ya no oculta su rostro; lo transmite en streaming y lo monetiza como contenido.

Venezuelala ilusión contractual rota. El mantenimiento del régimen en Caracas, bajo el paraguas de potencias extrarregionales, responde a la lógica de impedir la hegemonía absoluta de un solo actor en el hemisferio, transformando el derecho a la democracia en una variable secundaria frente al equilibrio de poder material. El caso venezolano cierra el triángulo moral. En 2015-2019 la crisis se presentaba como un problema de gobernanza; en 2026 es un laboratorio de «Estado fallido administrado (ver tuit)». Las multinacionales extraen petróleo bajo licencias que el gobierno de Caracas no puede revocar sin enfrentar demandas millonarias en tribunales arbitrales. La oposición, desarmada y sin recursos, negocia con la misma élite que la reprime. El poder bruto aquí no es bala ni bomba: es deuda soberana, embargo de activos y bloqueo financiero que decide quién come y quién emigra. La lección es brutal: sin capacidad de disuasión militar o económica, la palabra «soberanía» es un suspiro. El asalto postrero es la evidencia de poder militar y del secuestro descarado de una soberanía

El triángulo Ucrania-Gaza-Venezuela revela una arquitectura mundial en la que las normas solo se aplican a quienes no pueden pagar el costo de violarlas. El resultado es una suerte de «vigilantismo» institucional: cada potencia actúa como sheriff en su zona de influencia, imponiendo su interpretación de la seguridad y la economía. La democracia internacional se reduce a una competencia de narrativas en redes sociales, mientras los algoritmos premian la emoción, no la verificación. El poder bruto, lejos de ser anacrónico, se ha digitalizado: se mide en megavatios, terabytes y capacidad de veto en foros multilaterales.

La tarea de la ética política: nombrar lo que sucede. Ante este panorama, la reflexión ética no puede limitarse a condenar o lamentar. Su primer deber es conceptual: nombrar con precisión lo que ocurre. Llamar «guerra» a la invasión, «ocupación» al asedio, «bloqueo» al cerco financiero. El lenguaje neutral no es imparcial; a menudo es cómplice. El segundo deber es educativo: devolver a la ciudadanía —y especialmente a las nuevas generaciones— la capacidad de relacionar causa y efecto más allá del titular de 280 caracteres. La desinformación no se combate solo con fact-checking; se combate con alfabetización política que enseñe a leer intereses tras las normas.

La Economía como Proyección de la Fuerza. En 2026, la distinción entre low politics (economía) y high politics (seguridad) ha desaparecido. Mearsheimer sostiene que el poder económico es solo un medio para obtener poder militar. La formación de bloques económicos cerrados y el uso de sanciones como armas de guerra no son fallos del mercado, sino la demostración de que la riqueza es, ante todo, potencia latente. Los gigantes ya no compiten por el bienestar global, sino por la capacidad de producir los medios de coacción necesarios para dominar la próxima década.

Pedagogía y Ética: El Desafío de la "Realpolitik". Este escenario impone una revisión ética y educativa profunda. Si aceptamos las premisas de Waltz y Mearsheimer, ¿qué espacio queda para la educación en valores?

- Educación Crítica vs. Idealismo: La pedagogía del 2026 debe transitar hacia una "alfabetización en el realismo". No se trata de validar la violencia, sino de entender las leyes de hierro del poder para que la ciudadanía no sea presa de la propaganda. Como advertía Mearsheimer, las potencias a menudo usan un lenguaje liberal para camuflar objetivos realistas.

- Ética de la Responsabilidad: Frente a la ética de la convicción (que se limita a los grandes principios), 2026 exige una ética de la responsabilidad weberiana: actuar comprendiendo las consecuencias y las limitaciones impuestas por la fuerza bruta.

El Fin de la Minoría de Edad Internacional. En definitiva, 2026 ha sido el año en que la comunidad internacional ha alcanzado una amarga madurez. Hemos descubierto que el "teatro de la democracia" era una tregua temporal en la eterna competencia por el poder. Al leer a los clásicos del realismo estructural, comprendemos que el telón no se ha caído por accidente; se ha desgarrado por el peso de la realidad material. El desafío actual de la ética y la educación política es construir un nuevo humanismo que, reconociendo la primacía de la fuerza, sea capaz de encontrar mecanismos de equilibrio que eviten la conflagración total.

Epílogo: El riesgo de acostumbrarnos. El mayor peligro de 2026 no es la violencia en sí, sino la tentación de normalizarla. Si aceptamos que el poder bruto es el default histórico, renunciamos a la innovación política y a la ética pública. Quedarse en la indignación moral es cómodo; construir contrapesos es laborioso. Pero la alternativa es un mundo donde la única pregunta relevante sea «¿quién dispara primero?». La educación, la ética y la política tienen aún una ventana estrecha para demostrar que la humanidad puede algo más que disparar.

Finales de Los Soprano desde la semiótica y la psicología


Como ejemplo perfecto de La Indeterminación Narrativa, hemos recopilado Cuatro Hipótesis sobre el final de Los Soprano (varios posts). En el vasto ecosistema de la narrativa televisiva, pocos momentos han generado tanto debate académico y popular como los segundos finales de "Made in America", el episodio que cerró Los Soprano en 2007. Mientras la cultura popular se obsesionó con la pregunta binaria ("¿Murió o no?"), desde una perspectiva de análisis estructural y psicología cognitiva, el final ofrece un campo de estudio fascinante sobre la percepción, expectativa y construcción de la realidad.

David Chase no nos dio un final; nos presentó una ecuación incompleta. A continuación, desglosamos las cuatro resoluciones más plausibles, no desde el fanatismo, sino desde la lógica narrativa y la psicología del espectador.

1. Hipótesis de la Muerte Súbita (El Patrón de Edición). Esta es la teoría más aceptada cuando aplicamos el análisis cinematográfico estricto. La escena en Holsten's sigue un patrón rítmico de edición pavloviano: Suena la campana de la puerta. Corte a la cara de Tony (mirando hacia arriba). Corte al punto de vista subjetivo de Tony (quién entra).

Este ciclo se repite con Carmela, con AJ y con otros clientes. Cuando Meadow corre hacia la puerta, suena la campana. Vemos a Tony levantar la vista. El cerebro del espectador, condicionado por la secuencia anterior, espera el corte al punto de vista de Tony (ver a Meadow). En su lugar: negro absoluto y silencio.

Desde la neurociencia cognitiva, esto sugiere la cesación inmediata de la conciencia. Como Tony le dijo a Bobby Baccalieri: "Probablemente ni siquiera lo oyes cuando sucede". El espectador "muere" con Tony porque compartimos su percepción visual. El sistema se apaga antes de que el cerebro procese la imagen de la bala.

2. Hipótesis del Gato de Schrödinger (Indeterminación Cuántica). Si nos alejamos de la edición y nos acercamos a la física teórica como metáfora narrativa, Tony Soprano existe en un estado de superposición. Mientras la pantalla permanezca en negro y no haya una observación posterior que colapse la función de onda, Tony está simultáneamente vivo y muerto.

Esta teoría sostiene que la ambigüedad no es un rompecabezas a resolver, sino el mensaje en sí mismo. Chase rompió el contrato narrativo tradicional que exige cierre (Gestalt). Al rechazar el final newtoniano (causa-efecto visible), la obra se mantiene viva eternamente en el debate. Es un final que rechaza la entropía; nunca decae porque nunca termina.

3. Hipótesis del Panóptico (Paranoia Eterna)Desde la psicología clínica y la sociología, existe un destino peor que la muerte física: la muerte de la paz mental. Si Tony no muere en ese instante, el corte a negro representa la ansiedad crónica bajo la que vivirá el resto de sus días.

El hombre de la chaqueta Members Only podría ser solo un cliente. Los boy scouts podrían ser solo niños. Pero para un sociópata acorralado por el FBI y enemigos de la mafia, cada cena familiar es una posible ejecución. El corte a negro simboliza que, aunque siga vivo, la vida como disfrute ha terminado; ahora es solo una vigilancia perpetua. Es una prisión cognitiva donde el espectador es forzado a sentir la misma paranoia hipervigilante que el protagonista.

4. Hipótesis Metaficcional (La Muerte del Espectador)Esta es quizás la interpretación más culta y cínica. Los Soprano siempre fue una serie consciente de sí misma. Esta teoría postula que Tony no murió, sino que nosotros fuimos desconectados.

David Chase decidió "matar" al voyeur. Durante años, la audiencia fue cómplice moral de los crímenes de Tony, disfrutando la violencia desde la seguridad del sofá. El corte a negro es el director cortando el cable de fibra óptica que nos une a ese universo. La vida de los Soprano continúa en su universo ficticio (comen sus aros de cebolla, se van a casa), pero nosotros hemos perdido el privilegio de observarlos. Es un castigo epistemológico: se nos niega el conocimiento final como sanción por nuestro morbo.

Conclusión: El Triunfo de la Estructura. Independientemente de si la bala entró en el cráneo de Tony o si simplemente se le atragantó un aro de cebolla, el final de Los Soprano es una clase magistral de narrativa. Nos enseña que, en la era de la información, lo que más nos perturba no es la tragedia, sino la ausencia de datos.

El cerebro humano aborrece el vacío. Al negarnos el cierre, Chase aseguró que nosotros mismos tuviéramos que completar la obra, convirtiendo al espectador pasivo en un creador activo. Y esa, quizás, es la lección educativa más valiosa de la serie.

José de Calasanz: el santo que inventó la escuela universal

Hoy, 27 de noviembre, se celebra el Día del Maestro, porque en fecha de 1597, este sacerdote aragonés tuvo la idea de abrir una escuela para niños pobres en Roma: la asistencia era voluntaria, pero en 1618 ya atendía a unos 1500 niños romanos, por lo que se lo considera el fundador de la escuela pública gratuita moderna en Europa.

José de Calasanz (1557-1648) fue un sacerdote español que transformó radicalmente el panorama educativo europeo al fundar las primeras escuelas populares gratuitas de Europa. Nacido en Peralta de la Sal, un pequeño pueblo de Aragón, este visionario pedagogo dedicó su vida a una misión revolucionaria para su época: llevar la educación a los niños pobres.

Una Vida Consagrada a la Enseñanza. Procedente de una familia noble aragonesa, Calasanz estudió en las universidades de Lérida, Valencia y Alcalá de Henares, donde se formó en teología y derecho. Tras su ordenación sacerdotal, desempeñó diversos cargos eclesiásticos en España, pero en 1592, a los 35 años, llegó a Roma, donde su destino cambiaría para siempre.

En la Ciudad Eterna, Calasanz quedó profundamente conmovido al contemplar la situación de los niños abandonados en las calles del barrio de Trastévere. Estos pequeños, hijos de familias humildes, carecían de toda oportunidad educativa en una época donde la enseñanza era un privilegio exclusivo de las clases acomodadas. Esta realidad despertó en él una vocación inquebrantable.

En 1597, con más de cuarenta años, abrió la primera escuela gratuita en la sacristía de la iglesia de Santa Dorotea. Lo que comenzó con apenas un puñado de estudiantes creció exponencialmente: en pocos meses atendía a más de cien niños, y al año siguiente, la matrícula superaba los setecientos alumnos.

La Fundación de los Escolapios. Para dar continuidad a su obra, en 1617 fundó la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, conocidos como escolapios o piaristas. Esta fue la primera congregación religiosa católica dedicada exclusivamente a la educación de los jóvenes, especialmente de los más desfavorecidos.

La orden expandió rápidamente por Italia y posteriormente por toda Europa, estableciendo escuelas que ofrecían no solo instrucción religiosa, sino también lectura, escritura, aritmética y, en niveles avanzados, gramática latina, retórica y ciencias. Calasanz insistía en que la educación debía ser integral, formando tanto la mente como el carácter.

Innovación Pedagógica. Calasanz fue un auténtico innovador educativo. Introdujo métodos pedagógicos avanzados para su tiempo: dividió a los estudiantes por niveles según su capacidad, no por su edad o condición social; promovió un trato amable y respetuoso hacia los alumnos, rechazando los castigos corporales excesivos; e insistió en la importancia de la formación de maestros competentes y vocacionales. Su lema "Piedad y Letras" resumía su filosofía: la educación debía cultivar simultáneamente la dimensión espiritual y la intelectual del ser humano. Para Calasanz, educar era un acto de caridad supremo, pues preparaba a los jóvenes para desenvolverse dignamente en la sociedad.

Persecución y Legado. A pesar del éxito de su obra, Calasanz se enfrentó a enormes dificultades. Sufrió incomprensiones dentro de la propia Iglesia, conflictos internos en su orden y, en 1646, la supresión temporal de los escolapios por parte del papa Inocencio X. Estas pruebas no quebraron su espíritu: murió en Roma en 1648, a los 91 años, confiando en que su obra sobreviviría. Y así fue: los escolapios fueron restablecidos poco después de su muerte. Fue beatificado en 1748 y canonizado en 1767. En 1948, el papa Pío XII lo proclamó "Patrono Universal de todas las Escuelas Populares Cristianas del Mundo".

Entre las frases atribuidas a Calasanz destacan: El maestro debe ser padre, no verdugo”. "Si desde la infancia el niño es imbuido diligentemente en la piedad y en las letras, ha de preverse con fundamento un feliz transcurso de su vida". "La reforma de la sociedad cristiana depende de la buena educación de la juventud". "Enseñar a los niños es regar las flores del jardín de la Iglesia". "Quien enseña a un niño pobre, hace más por la Iglesia y por el Estado que quien construye catedrales".

José de Calasanz, Padre de la Escuela Pública Moderna, primera educación obligatoria, gratuita y para todos (1597). Comprendió una verdad fundamental: la educación es el instrumento más poderoso para la transformación social y la dignificación humana. Su legado perdura en las miles de escuelas escolapias que continúan su misión en los cinco continentes, recordándonos que invertir en la educación de los más vulnerables es construir un mundo más justo.

El Señor de las Moscas: Parábola sobre civilización y barbarie

La versión en película se puede ver en PrimeVideo.

Una vez más releemos "El Señor de las Moscas", de William Golding (ver en otros varios posts). Nos ofrece una visión descarnada de la civilización y la parábola definitiva sobre la naturaleza humana. Su relevancia literaria descansa en cómo la infancia desvela nuestro lado más oscuro, con símbolos como la caracola rota. Entre la hoguera y la caza esta obra actúa como espejo social.

William Golding nació en Cornualles, Inglaterra, en 1911. Educado en Oxford, trabajó como maestro de inglés y filosofía antes de servir en la Marina Real británica durante la Segunda Guerra Mundial, experiencia que marcaría profundamente su visión del ser humano. Las atrocidades que presenció durante el conflicto bélico lo llevaron a cuestionar la idea rousseauniana del "buen salvaje" y la creencia optimista en la bondad inherente del hombre. 

Golding publicó "El señor de las moscas" en 1954, tras múltiples rechazos editoriales. La novela se convirtió en un clásico instantáneo y le valió el Premio Nobel de Literatura en 1983. Falleció en 1993, dejando un legado literario que continúa interpelando a generaciones de lectores sobre la delgada línea que separa la civilización de la barbarie.

La isla como microcosmos de la sociedad. "El señor de las moscas" narra la historia de un grupo de niños británicos que, tras un accidente aéreo, quedan varados en una isla desierta del Pacífico durante una guerra nuclear no especificada. Sin adultos que los guíen, los muchachos intentan organizarse democráticamente bajo el liderazgo de Ralph, quien es elegido por su carisma y sensatez. Junto a Piggy, un niño inteligente pero físicamente vulnerable, Ralph establece normas: mantener una hoguera como señal de rescate, construir refugios y utilizar una caracola como símbolo de autoridad para ordenar las asambleas.

Sin embargo, la frágil estructura social pronto comienza a resquebrajarse. Jack, líder del coro convertido en cazadores, representa el impulso primitivo hacia la violencia y el poder. Su obsesión por cazar cerdos salvajes lo aleja progresivamente de las responsabilidades colectivas. La división entre Ralph y Jack simboliza el eterno conflicto entre civilización e instinto, entre razón y pasión.

A medida que avanza la narración, los niños más pequeños comienzan a temer a una supuesta "bestia" que habita la isla. Este miedo colectivo, alimentado por la oscuridad y la imaginación infantil, se convierte en el catalizador de la degradación moral del grupo. Simon, un niño sensible y reflexivo, descubre que la bestia no es más que un paracaidista muerto, pero cuando intenta comunicar esta verdad, es asesinado en un ritual de histeria colectiva.

La violencia escalada culmina con el asesinato de Piggy, cuya muerte simboliza la destrucción completa de la racionalidad y el orden. Jack y su tribu de cazadores, con rostros pintados y comportamiento salvaje, cazan a Ralph por la isla hasta que la llegada de un oficial naval británico interrumpe abruptamente la persecución, devolviendo a los niños a una conciencia repentina de lo que han hecho.

Reflexiones sobre la condición humana. Golding construye una alegoría devastadora sobre la naturaleza humana. Cada personaje encarna un aspecto de la sociedad: Ralph representa el liderazgo democrático y la razón; Piggy, la inteligencia y el pensamiento científico; Jack, el autoritarismo y la sed de poder; Simon, la espiritualidad y la verdad; Roger, la crueldad desenfrenada . La caracola simboliza el orden legal y el derecho a expresarse; las gafas de Piggy, el conocimiento y la capacidad de transformar el entorno; la cabeza de cerdo ensartada —el "señor de las moscas"— personifica el mal inherente al ser humano.

La obra plantea preguntas incómodas: ¿es la civilización simplemente un barniz superficial que oculta nuestros instintos más oscuros? ¿Qué nos impide caer en la barbarie cuando desaparecen las estructuras sociales? Golding sugiere que el verdadero enemigo no está fuera, sino dentro de nosotros mismos.

La novela conserva su vigencia porque habla de verdades universales: la facilidad con que el miedo puede manipularse para obtener poder, cómo la violencia genera más violencia, y la fragilidad de las normas sociales que damos por sentadas. En tiempos de polarización política y tensiones sociales, "El Señor de las Moscas" sigue siendo una lectura obligatoria para comprender los peligros de la deshumanización del otro y la importancia de defender los valores civilizatorios.

El arte de la guerra de Sun Tzu o la victoria sin combatir

El Arte de la Guerra, la Sabiduría Milenaria para los Desafíos Contemporáneos, de  Sun Tzu, el Estratega que Trascendió el Tiempo.  Sun Tzu (544-496 a.C.), cuyo nombre real era Sun Wu, fue un general, estratega militar y filósofo chino que vivió durante el período de las Primaveras y Otoños de la antigua China. 

Aunque los detalles históricos sobre su vida son escasos y están envueltos en la leyenda, las crónicas tradicionales lo sitúan al servicio del rey Helu del estado de Wu. Su brillantez táctica y su profundo entendimiento de la naturaleza humana le permitieron no solo conquistar territorios, sino también cimentar un legado intelectual que ha perdurado más de dos mil quinientos años.

La figura de Sun Tzu representa la confluencia entre el pensamiento taoísta y el pragmatismo militar. Su enfoque no se limitaba a la mera confrontación bélica, sino que abarcaba una comprensión holística del conflicto, donde la psicología, la diplomacia y la estrategia se entrelazaban de manera magistral.

La Obra: Trece Capítulos de Sabiduría Estratégica "El Arte de la Guerra" es un tratado militar compuesto por trece capítulos, cada uno dedicado a un aspecto específico de la guerra y la estrategia. Lejos de ser un simple manual de combate, esta obra constituye una profunda reflexión sobre la naturaleza del conflicto, la toma de decisiones y el liderazgo.

El texto comienza con consideraciones generales sobre la guerra y su importancia para el Estado, avanzando luego hacia temas como la planificación, el ataque estratégico, las disposiciones tácticas, la energía, los puntos débiles y fuertes, las maniobras, las variaciones tácticas, el ejército en marcha, el terreno, las nueve situaciones, el ataque con fuego y el empleo de agentes secretos.

Lo revolucionario de Sun Tzu reside en su énfasis en ganar sin combatir. Para él, la victoria suprema consiste en someter al enemigo sin batalla, mediante la inteligencia, la diplomacia y el engaño estratégico. Esta visión contrasta radicalmente con la glorificación de la violencia que caracterizaba a muchos escritos militares de su época. 

Principios Fundamentales y su Vigencia El núcleo filosófico de "El Arte de la Guerra" se sustenta en varios principios que han demostrado su validez más allá del campo de batalla. La obra subraya la importancia del autoconocimiento y del conocimiento del adversario, la flexibilidad táctica, la economía de recursos y la supremacía de la estrategia sobre la fuerza bruta.

En el mundo contemporáneo, estos principios han encontrado aplicación en ámbitos tan diversos como los negocios, la política, el deporte y las relaciones personales. Ejecutivos, negociadores y líderes de todo tipo han descubierto en las enseñanzas de Sun Tzu herramientas valiosas para navegar la complejidad de sus respectivos campos.

Citas memorables:  "La habilidad suprema consiste en someter al enemigo sin darle batalla." "Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas."  "La suprema excelencia consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin luchar."  Toda guerra se basa en el engaño."  "Las oportunidades se multiplican a medida que son aprovechadas."  "En medio del caos, también hay oportunidad." "El general que gana una batalla hace muchos cálculos en su templo antes de que se libre la batalla." "Ataca donde no esté preparado, aparece donde no seas esperado." "La invencibilidad reside en la defensa; la posibilidad de victoria, en el ataque." "Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después." "Así como el agua moldea su curso según la naturaleza del terreno por el que fluye, el soldado trabaja su victoria en relación con el enemigo al que se enfrenta." "No hay instancia de una nación que se beneficie de una guerra prolongada." "El hábil guerrero se impone a sí mismo y no espera nada del enemigo." "Quien sabe cuándo puede luchar y cuándo no puede, será victorioso." "Todos los hombres pueden ver las tácticas mediante las cuales conquistó, pero lo que nadie puede ver es la estrategia a partir de la cual se forjan las grandes victorias." "Un ejército sin sus bagajes y provisiones está perdido; sin provisiones, está perdido; sin bases de abastecimiento, está perdido." "Concentra tus energías y acumula tu fuerza. Mantén al ejército en movimiento constante y diseña planes inescrutables." "Quien llega primero al campo de batalla y espera al enemigo está fresco para la lucha; quien llega segundo y debe apresurarse quedará exhausto." 

"La velocidad es la esencia de la guerra. Aprovecha la falta de preparación del enemigo; viaja por rutas inesperadas y ataca donde no haya tomado precauciones." "El general prudente considera tanto las ventajas como las desventajas. Cuando ve las ventajas, su ánimo se anima; cuando ve las desventajas, sus dificultades pueden resolverse." "Sé extremadamente sutil, incluso hasta el punto de no tener forma. Sé extremadamente misterioso, incluso hasta el punto de ser silencioso. Así podrás ser el director del destino del oponente."

Estas frases encapsulan la esencia de un pensamiento que privilegia la inteligencia sobre la fuerza, la preparación sobre la improvisación y la adaptabilidad sobre la rigidez.

Relevancia en el Siglo XXI "El Arte de la Guerra" continúa siendo objeto de estudio en academias militares de todo el mundo, pero su influencia se extiende mucho más allá. En la era de la competencia global, la información instantánea y los conflictos asimétricos, las lecciones de Sun Tzu sobre adaptabilidad, conocimiento del terreno y economía de recursos resultan extraordinariamente pertinentes.

La obra nos recuerda que los conflictos, ya sean militares, comerciales o personales, se ganan primero en la mente. La estrategia, la preparación y el entendimiento profundo de las circunstancias son las verdaderas armas de quienes aspiran no solo a vencer, sino a trascender.

La península de las casas vacías: Sobre la desmemoria española

David Uclés (Úbeda, Jaén, 1990) ha irrumpido con fuerza en el panorama literario español con La península de las casas vacías , una novela ambiciosa que pretende narrar la Guerra Civil española a la escala de un imaginario familiar y territorial. Uclés —escritor, músico, dibujante y traductor— formó parte de varias generaciones nómadas por Europa, y su formación en Traducción e Interpretación y su experiencia como profesor han alimentado un estilo intertextual y polifónico que mezcla memoria y fábula. Su biografía y trayectoria editorial están recogidas en su web (www.daviducles.com) y en fichas editoriales: la novela es fruto de años de trabajo y recibió becas y reconocimientos que avalan el proyecto. 

Sinopsis y estructura La obra se presenta como una «novela total»: a partir de un amplio catálogo de personajes —familiares, soldados, campesinos, poetas, maestros, y hasta animales— Uclés reconstruye la fractura de una comunidad y la desintegración de un territorio que deviene en la propia península de casas vacías. 

La acción recorre desde la vida cotidiana anterior al conflicto hasta episodios de violencia, huida, obsesión y mutación colectiva; todo ello tratado con rasgos del realismo mágico —saltos temporales, imágenes telúricas y episodios simbólicos— que permiten al autor combinar documentación histórica y poética inventiva. Siruela presenta el libro como “una novela total sobre la Guerra Civil española en clave de realismo mágico”. 

Temas principales Entre los ejes temáticos destacan la memoria y el trauma colectivo, la transmisión familiar de relatos, la violencia normalizada y la deshumanización social; Uclés aspira a contar la guerra no solo como acontecimiento histórico sino como fenómeno que transforma paisajes, lenguajes y cuerpos. La novela alterna lo real y lo poético para desactivar el tono didáctico y convertir los hechos en imágenes –a menudo perturbadoras– que siguen resonando en la geografía emocional del lector. 

Estilo y hallazgos formales El pulso narrativo es expansivo: Uclés compone escenas que son relatos autónomos y, a la vez, piezas de un mosaico mayor. Su apuesta por el realismo mágico —con ecos de García Márquez o Rodoreda pero con un pulso propio— permite que lo extraordinario (la ceniza que habita en los cuerpos, la tierra que se queja) sirva como metáfora del dolor histórico. Esta mezcla ha dividido críticas: hay quien celebra la ambición y la capacidad de invención, y quien la considera excesiva o formalmente tradicional. 

Citas «La península había sentido de golpe toda la sangre que iba a recoger durante la guerra…».  « Una novela tiene que reflejar la realidad. Pero tiene que tener una parte de fantástico, de irreal ».

¿A quién se lo recomendaría?   A lectores interesados en la literatura histórica y en las novelas de larga aliento que mezclan documentación y fábula ; a quienes buscan una aproximación literaria a la memoria colectiva española; y a profesores de literatura que quieran trabajar en el aula sobre memoria, género novelístico y estrategias del realismo mágico aplicadas a hechos históricos.

Edén: Historia real, horror genuino, así somos los humanos

Cuando el sueño utópico se transforma en pesadilla existencial, esa es la historia y la película "Edén". Ron Howard regresa con "Edén", un thriller histórico que nos transporta a las islas Galápagos en los años 30, donde un grupo de europeos intenta crear una sociedad utópica alejada de la civilización. Basada en hechos reales, la película se estrena como una de las propuestas más ambiciosas y perturbadoras del año, explorando la delgada línea entre el idealismo y la barbarie.

El equipo creativo: maestría detrás de cámaras. Ron Howard, el veterano cineasta responsable de películas tan diversas como "Una mente maravillosa" y "Apollo 13", se adentra aquí en territorio psicológico y claustrofóbico. Howard demuestra una vez más su versatilidad, abandonando la comodidad de las producciones hollywoodienses convencionales para sumergirse en una historia incómoda, visceral y profundamente humana.

El guión, escrito por Noah Pink, se inspira en los extraños sucesos conocidos como "El asunto de las Galápagos" o "La maldición de Floreana". Pink construye un relato que funciona simultáneamente como crónica histórica, thriller psicológico y meditación filosófica sobre la naturaleza humana. La narrativa avanza con la precisión de un reloj suizo, dosificando la tensión mientras los personajes se desmoronan bajo el peso de sus propias contradicciones.

Un reparto excepcional en estado salvaje:

Jude Law encarna al Dr. Friedrich Ritter, un filósofo alemán nietzscheano que huye a las Galápagos con su amante en busca de una vida auténtica. Law ofrece una de sus interpretaciones más matizadas, capturando la arrogancia intelectual y la fragilidad psicológica de un hombre que descubre que escapar de la civilización no significa escapar de uno mismo.

Vanessa Kirby interpreta a Dore Strauch, la compañera de Ritter, en una actuación que rezuma vulnerabilidad y resistencia a partes iguales. Kirby, siempre magnética en pantalla, construye un personaje complejo que evoluciona de idealista soñadora a superviviente curtida.

Ana de Armas asume el papel de la Baronesa Eloise von Wagner Bosquet, una austríaca excéntrica que llega a la isla proclamándose emperatriz de su propio reino tropical. De Armas brilla en este rol extravagante y manipulador, robando cada escena con una interpretación que oscila entre lo cómico y lo terrorífico.

Daniel Brühl completa el cuarteto principal como Heinz Wittmer, un alemán más pragmático que llega con su familia embarazada buscando una vida simple. Brühl aporta el contrapunto de cordura necesario en medio del caos psicológico.

La veracidad histórica: hechos más extraños que la ficción. Lo más fascinante de "Edén" es que los eventos más inverosímiles realmente ocurrieron. Entre 1929 y 1934, varios grupos de colonos europeos se establecieron en la isla Floreana (entonces Charles) en las Galápagos. Lo que comenzó como experimentos utópicos individuales derivó en conflictos territoriales, desapariciones misteriosas y muertes que nunca fueron completamente esclarecidas.

La película respeta en gran medida los hechos documentados: la relación sadomasoquista entre Ritter y Strauch, la llegada teatral de la autoproclamada baronesa con sus amantes, las tensiones por los escasos recursos, y las misteriosas desapariciones que culminaron con la muerte de Ritter por intoxicación alimentaria y el hallazgo de un cadáver momificado en otra isla. Howard y Pink toman libertades dramáticas, evidentemente, pero el núcleo histórico permanece intacto, lo que hace la experiencia aún más inquietante.

Sinopsis: cuando el paraíso se pudre. La película sigue cronológicamente la llegada de los colonos a Floreana. Primero, Ritter y Strauch, quienes se extraen sus propios dientes y adoptan una dieta cruda, convencidos de estar creando un nuevo modelo de existencia. La llegada de la familia Wittmer altera este frágil equilibrio, pero el verdadero caos comienza con la aparición de la Baronesa y su séquito.

Lo que sigue es una espiral descendente hacia la paranoia, la violencia y la muerte. Los ideales se desmoronan ante la realidad de la escasez, el aislamiento y las personalidades tóxicas. Howard filma la descomposición del sueño edénico con una belleza visual que contrasta brutalmente con la podredumbre moral de sus habitantes.

Valoración: una parábola sobre la condición humana. "Edén" es cine adulto e inteligente que confía en su audiencia. Howard no ofrece respuestas fáciles ni moraleja simplista. En cambio, presenta un espejo oscuro donde reconocemos nuestras propias contradicciones: el deseo de escapar conviviendo con la imposibilidad de huir de nosotros mismos.

Visualmente deslumbrante, con actuaciones soberbias y un guión que respeta la complejidad moral de sus personajes, "Edén (disponible en Prime) es una experiencia cinematográfica inquietante y memorable. No es una película para todos los públicos —su ritmo es deliberado y su contenido perturbador— pero para quienes aprecian el cine que desafía y provoca, es imprescindible.