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Cómo NO hacer amigos

Interesante recopilación con 270 formas de molestar a la gente. Extraído de La Frikipedia, la enciclopedia '''extremadamente''' seria, ... Merece la pena leerlo: te ríes... y aprendes.
Mordisquea los bolis que te hayan prestado.
Asómate por encima del hombro de alguien, murmurando mientras lees.
No mires nunca a los ojos de tu interlocutor.
Mantén fijamente tu mirada en los ojos de tu interlocutor, sin apartarla.
Cambia siempre de canal, justo 5 minutos antes del final de cada programa.

La velocidad mata

©Mikel AgirregabiriaUna medida simple que inmediatamente salvaría millones de vidas en las carreteras.

El 17 de agosto de 1896, Bridget Driscoll, una mujer de 44 años, se convirtió en la primera víctima mortal de un accidente de tráfico frente al Crystal Palace de Londres. Fue atropellada por un vehículo que iba “a gran velocidad”, según afirmó un testigo. Posiblemente fuera a 8 millas/hora (12,8 km/h), cuando debía respetar un límite máximo de 4 mph. El joven chofer, que ofrecía paseos para mostrar el incipiente invento, trataba de impresionar a una pasajera igualmente joven. Durante la investigación, el magistrado encargado afirmó: “Esto no debe volver a ocurrir nunca más.” 

Desde entonces, más de cuarenta millones de personas han muerto a causa del tráfico rodado. Según un informe publicado conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial en abril de 2004, "los accidentes causan anualmente 1,2 millones de muertos y 50 millones de heridos o minusválidos”, siendo la segunda causa mundial de mortalidad de personas entre 5 y 29 años y la tercera entre 30 y 44 años. 

La velocidad, por sí sola, es el mayor factor de riesgo en la carretera. En el mundo occidental, casi cuatro de cada diez percances mortales (37%) se provocan por exceder los límites permitidos de velocidad. La velocidad produce múltiples efectos peligrosos, como una visión reducida del conductor (“efecto túnel”), un menor tiempo de reacción, una mayor distancia de frenado, así como un incremento de la gravedad y frecuencia de los accidentes. Las posibilidades de sobrevivir a un choque son ínfimas para un ocupante a 200 km/h, o para un peatón a 80 km/h. 

Las leyes de la Física dictan inexorablemente que la energía cinética absorbida en una colisión se incrementa con el cuadrado de la velocidad de impacto. En otras palabras, la gravedad de los accidentes aumenta desproporcionadamente con la velocidad. Investigaciones canadienses demuestran que elevar la velocidad legal, máxima simplemente desde 70 mph (112 km/h) hasta 75 mph (120 km/h), provoca un aumento del 35% en la mortalidad vial. Otros estudios constatan que "la mayor parte de las paraplejías y tetraplejías se producen entre los 100 y 130 km/h, por encima de este límite, la velocidad mata". La OCDE ha estimado que un solo kilómetro/hora añadido de velocidad promedio en una vía eleva en un 5% las lesiones y en un 7% los accidentes fatales. Así, con una reducción de sólo 5 km/h., en la Unión Europea cada año podrían evitarse 11.000 muertos y 180.000 heridos. 

El accidente de tráfico es una maldición evitable. Especialmente evitando el exceso de velocidad, que es uno de los pocos factores de la seguridad vial que podríamos controlar voluntariamente nosotros mismos. Pero no lo hacemos colectivamente. Son muy numerosos los conductores multados por velocidad excesiva, cuya probabilidad de verse envueltos en accidentes sube un 59% respecto de la media (según el informe Stradling de 2002). Hoy día quienes circulan más rápidos no son sino los más insensatos, inconscientes de actuar como criminales potenciales. 

¿Por qué tolerar esta tragedia colectiva? Cada día, jóvenes o familias enteras dejan su vida en el asfalto por imprudencia propia o ajena,... y por desidia de todos (autoridades, conductores, ciudadanos,….). Se adoptan acertadas decisiones como el carné por puntos, los controles de alcoholemia o de uso de cascos y cinturones, o la proliferación y generalización de dispositivos de seguridad activa y pasiva (airbags, ABS, ESP, sillas infantiles,…), pero son medidas insuficientes ante un veloz parque móvil que supera crónicamente los límites de seguridad. 

La delgada línea entre la vida y la muerte se desvanece cuando circulamos a gran velocidad, o en medio de un tráfico ajeno que no respeta los límites y que nos rodea a velocidades inadecuadas. Para evitar la sangría de muertos en las cunetas, es preciso derribar el hipócrita culto a la velocidad, propio del mundo frenético en el que vivimos. Bastaría con añadir el más simple de los dispositivos de seguridad: un limitador de la velocidad. Con reguladores (o tacógrafos) incorporados de serie en todos los vehículos, que impidiesen circular a más de 120 km/h (quizá permitiendo breves subidas hasta 140 por razones de seguridad activa), se reducirían millones de muertos y heridos, con su insoportable dolor derivado e incluso su incalculable coste económico. 

Con la instalación de un simple limitador de velocidad aplicado a escala universal, de coste irrelevante e incorporado de serie, todos viviríamos más y mejor. Esto ya se hace en camiones, en marcas de lujo (pero con la barrera a 250 km/h) o en toda la gama de modelos Renault (pero sólo con avisador y una restricción opcional). Además con la velocidad autolimitada infranqueablemente a 140 km/h, nos ahorraríamos los complicados radares de multas y perderían sentido los coches de más 120 CV o las motos de más 60 CV. ¿Por qué anuncian y venden vehículos rebasan sobradamente el máximo permitido de 120 km/h? ¿Por qué no humanizamos el tráfico rodado, y con ello la calidad de vida contemporánea?
Conduce más despacio

Muerte sobre ruedas

La fábula es irreal pero explícita: Si el demonio se apareciese ante la humanidad y propusiese el trueque de darnos un gran invento para nuestra comodidad a cambio de un sacrificio humano por cada 10.000 habitantes al año, ¿lo aceptaríamos? Getxo pagaría con 8 vidas anuales; Bizkaia con 120 personas al año; la Comunidad Autónoma Vasca con 220 jóvenes preferentemente al año; el Estado español con 4.500 vidas anuales; en Europa han rebajado un 30% el pago en cadáveres desde 56.027 a 39.864 vidas entre 1991 y 2001. Además habría que “pagar” con 30 heridos más por cada muerto, un herido anual por cada 330 habitantes, con lesiones de distinta gravedad incluyendo las gravísimas paraplejías y mutilaciones. Getxo, 240 heridos anuales; Bizkaia, 3.600 lesionados al año; Estado, 146.917 heridos,…

Este macabro cambalache de prosperidad pagada con vidas humanas ha sido aceptado por nuestra sociedad. Sólo este fin de semana han muerto ya 14 personas en la CAV, justamente las que mueren a diario como promedio a escala del Estado. ¿Cómo es que no vivimos permanentemente aterrados ante este riesgo de muerte estadísticamente muy probable? El tráfico es la primera causa de muerte para menores de 35 años, superando en ese colectivo de edad a la suma de todas las restantes razones (SIDA, cáncer, enfermedad, accidentes laborales,…). Según cifras oficiales, el 40% de los conductores menores de 24 años tuvieron un accidente de tráfico el pasado año.

En España a causa del tráfico “se muere mucho más de lo normal”, con una tasa de accidentes de tráfico de las más altas de la Unión Europea. Sólo un dato desolador: El Estado español tiene un número anual de muertos en carretera superior a EE.UU., un país con una población siete veces mayor, el mayor parque automovilístico mundial y una red de carreteras incalculablemente superior. Además la mitad de las víctimas en nuestras carreteras son jóvenes y adolescentes.

¿Medidas a adoptar para contener esta mortalidad? Los expertos debieran concretarlas, pero la ciudadanía exige por puro sentido común: 1º Superar la “pasividad social” ante un problema de esta envergadura (esta respuesta debe ir desde abrocharse sistemáticamente el cinturón de seguridad hasta exigir responsabilidades a los poderes públicos). 2º Educación vial obligatoria en Enseñanza Primaria y Secundaria, con preparación teórica y práctica para la totalidad de los futuros ciudadanos. 3º Medidas eficaces para la renovación del parque móvil, mejores que el plan Renove, a fin de rebajar la elevada antigüedad. 4º Mantenimiento adecuado de la red de carreteras, notablemente degradadas comparativamente, creando alternativas reales de transporte por vías ferroviarias, marítimas o aéreas. 5º Vigilancia de los conductores irresponsables, con fuertes sanciones para los más temerarios, peligrosos o reincidentes, con abundantes controles de alcoholemia, drogadicción,… 6º Limitación y regulación de la publicidad sobre los vehículos enfatizando su seguridad. 7º Mejora de los vehículos nuevos a la venta, con incorporación obligatoria de más elementos de seguridad (ABS, airbag,..). 8º Endurecimiento de penas por infracciones graves con cumplimiento en centros donde se pueden ver los efectos mortíferos y las secuelas del tráfico.

Vivimos en un mundo donde hasta las princesas mueren en accidentes de coches (Lady Di), y donde cada uno de nosotros debemos actuar para contener esta inaceptable sangría de vidas humanas. Exijamos compromiso de nuestros dirigentes políticos, desde el cuidado en impedir la invasión de las aceras por vehículos a motor hasta la inclusión de medias concretas en los programas electorales. Aunque sólo aparece como tercer problema social en las encuestas (tras el cáncer y el terrorismo), los muertos y heridos en accidentes de tráfico son parte de nuestra mayor vergüenza histórica que estamos viviendo y enterrando en la actualidad.

Volkswagen nos cree idiotas

Volkswagen nos cree idiotas
El escándalo del Caso Volkswagen, el Dieselgate, es la gota que colma la tomadura de pelo a la ciudadanía. Nos toman por tontos, no solamente a la gente de a pie, sino a todas las instituciones encargadas de velar por la salud, la ecología, la calidad de vida,... 

Algunos, en la cúpula de Volkswagen, decidieron trucar el software de la centralita del motor para permitirse falsear la normativa aún sabiendo que la cifra real de los cancerígenos óxidos de nitrógeno (NOx) era ¡40 veces! superior a la que detectarían los (ineficaces según se han demostrado) controles oficiales. 

Afortunadamente, una ONG ICCT y una investigación de la Universidad de Virginia Occidental descubrieron la ingente trampa y la denunciaron a la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos).

Encima, quienes falsean y envenenan son las pretendidas marcas Premium, este motor se monta en el Audi A3 y BMW aún sin trampear (al menos, no se ha confirmado) también supera en 11 veces los límites europeos. ¿Dónde quedan el descrédito a marcas modestas, tipo KIA y otras, acusándolas de baratas por no disponer de suficiente tecnología,... que ahora se comprueba que era para delinquir con una picaresca a escala planetaria?

La vergüenza y la penalización que merece VW no se limita a daños materiales o económicos de quienes saldrán penalizados por su engaño (inversores, compradores, productores,...), sino que alcanza al conjunto de los habitantes de muchos países que han contaminado durante años de un modo ya irreversible para quienes han sufrido estos óxido nítrico (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2) sobre los que alerta la OMS (Organización Mundial de la Salud)

Todo esto, aparte de poner en entredicho a los motores Diesel (por cierto tan frecuentes en nuestro entorno), muestra la cara más diabólica del imperante capitalismo feroz, hipócrita y asesino (los NOx matan o anticipan la muerte a millares de personas,... sólo en Londres se estiman en 9.500 anuales).

¿Cómo puede Martin Winterkorn, el CEO de VW, decir que asume la responsabilizad aún sabiendo que "no he hecho nada malo"? Si no fue él, ¿quién decidió instalar esta mortal trampa masiva en millones de vehículos del grupo Volkswagen que circulan por todo el mundo? La justicia, la penal, exige que los responsables de esta mentira paguen con su patrimonio y con la cárcel, si así corresponde. En caso contrario, nuevamente se verá que sólo los pobres acaban en prisión, mientras los ricos no pierden ni su pensión (... de 28,6 millones de euros tras dimitir Winterkorn).

Finalmente, en Estados Unidos se organizan debidamente para generar una "Class Action against Volkswagen", mientras por Europa se advierten estruendosos silencios cómplices de nuestras autoridades que sirven a los culpables y no a sus conciudadanos. Parece que hay pruebas de que Bruselas sabía lo que pasaba en los laboratorios y en la carretera desde 2010
La reacción (o ausencia de ello) por parte de España ha sido penosa, bananera, ridícula y casi patética (en valoración muy generalizada), pidiendo más información... a los propios tramposos. Al menos, un particular, Rubén Sánchez, ha abierto en FACUA una Plataforma# de #AfectadosVolkswagen (ver vídeo y web). Hashtag: #AfectadosVolkswagen.

Notas adicionales: El tema contiene mucho trasfondo. Desde quienes desde la conspiratoria sospecha de intereses norteamericanos ante el gigante en ventas (por el el momento en el que se produce tras 6 años de ventas, Salón de Frankfurt, relevo en VW (para que progrese Matthias Müller, el candidato de Porsche preferido por EE.UU., por el modo con una ONG con unos universitarios,... hasta quienes como Greenpeace siempre han denunciado "El lado oscuro de Volkswagen" (PDF).

Entre las propuestas más inteligentes que producirían múltiples efectos positivos están aquellas que promueven una restricción de potencia de los vehículos, ante la realidad de limitaciones de velocidad universales. Con 100 CV, o hasta 150 CV para automóviles grandes, bastaría. Todo el exceso de motorización sólo conduce al despilfarro y la contaminación. Ello mientras los automóviles híbridos o sólo eléctricos nos permitan respirar en las ciudades, donde se está concentrado los seres humanos.  

Carretera con cautela

©Mikel Agirregabiria
En la carretera una carrera implica perder no sólo la cartera, sino la chaveta y hasta lograr una condena.

Digámoslo con crudeza: Cuando a la colmena nos alivian las cadenas y tocan la corneta recogemos las carpetas, vamos a las cocheras para escapar de la caldera y… perdemos la chaveta. Muy chuletas y por centenas salimos de las callejas con nuestras modernas carretas.

La carretera no bastante nos aterra, ni su certeza de accidentes letales. Cuidado con las cazuelas y, aún más, con las cervezas. Con la bebida la mejor receta es ni tercera, ni segunda, ni primera. Por el contrario, se aconsejan templanza, sobriedad y… paciencia.

Precaución en la carretera, que ya de por sí la vida es una carrera hacia una muerte cierta. Mejor no aceleras la apuesta. Hasta el campeón Juan Manuel Fangio nos recuerda: “Las carreras (o unas vacaciones) no se ganan en la primera curva, pero sí se pueden perder”.

Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/carretera.htm

Muerte en la carretera

En todo el mundo, los traumatismos causados por el tránsito son la segunda causa de muerte, en orden de importancia, de los jóvenes de 10 a 24 años de edad. De los 1,2 millones de personas que anualmente pierden la vida en accidentes de tráfico, casi la tercera parte son jóvenes menores de 25 años. Más del 90% de los accidentes mortales ocurren en países de ingresos bajos y medianos. En estos países, las personas que con mayor frecuencia se ven involucradas en accidentes de tráfico son peatones, ciclistas, motociclistas y pasajeros, mientras que en los países de altos ingresos las víctimas son mayoritariamente conductores de automóviles. Se estima que en los países de ingresos bajos y medianos el costo de las lesiones por accidentes de tráfico es de alrededor del 1%-1,5% del producto nacional bruto y que en los países de altos ingresos llega al 2%. Si no se toman medidas, se prevé que las muertes por accidentes de tránsito aumentarán exponencialmente en los próximos años... (ONU, OMS,...)

Amor y tristeza en una misma fotografía

Amor en el cementerio: La tumba de James John Regan
Mary McHugh llora la muerte de su prometido James Regan en el Cementerio Nacional de Arlington. Fotografía de John Moore, tomada el 27 de mayo de 2007. Getty Images
 
La mejor fotografía de John Moore en 2007 una mujer afligida hablando frente a una lápida en la Sección 60 del cementerio militar de Arlington. Hablaba en la lápida de mármol, como si quedara mucho por decir. Esta imagen caló profundamente entre los ciudadanos estadounidenses e hizo reflexionar sobre las consecuencias del despliegue de tropas en conflictos internacionales como el de Irak o Afganistán. Gracias a esta foto, Moore obtuvo dos premios, el "Photojournalist of the Year" de la NPPA y el "Magazine Photographer of the Year".

John Moore se encontró con Mary McHugh, sentada junto a una tumba de su prometido James Regan. A principios de 2007, cuando planeaban casarse, pisó una bomba al borde de la carretera en Irak y murió. Hablaron unos minutos porque John Moore había estado en esos mismos lugares de Irak. Un poco más tarde, volví a pasar por el mismo lugar y la encontré tumbada sobre la hierba a los pies de la tumba de su amado, acariciando el frío mármol. Hice unas cuantas tomas y seguí mi camino. Pensé que le gustaría tenerlos como recuerdo de su visita. 
Amor en el cementerio

Otra imagen impactante fotografía de John Moore, premiado con el World Press Photo del Año 2019. Publicada en Getty Images, se titula “Crying Girl on the Border” (“Niña llorando en la frontera”). Obtuvo no sólo el premio estrella del World Press Photo 2019, sino también el primer puesto en la categoría Spot News (Noticias de actualidad).
“Crying Girl on the Border” (“Niña llorando en la frontera”)
Antes de ser premiada, ejerció como símbolo del rechazo a la doctrina Trump de “tolerancia cero” con los migrantes. También sirvió de base a un controvertido fotomontaje (que enfrentaba los lloros de la niña con un Donald Trump displicente) en portada de la revista Time. Sigue una entrevista con John Moore donde explica este último foto-reportaje.

Pésimo plan: Beber y conducir

Una canción, y un videoclip, del grupo musical Simple Plan inmejorables para convencer de no conducir con alcohol.

El grupo de pop-punk de Montreal formado en 1999 ha editado a finales de 2005 una espléndida canción, tanto por su música como por su letra. Su mensaje llega directo al corazón y la mente de jóvenes y adultos. El quinteto comenta que deseaba contar esta historia, en recuerdo de un condiscípulo de su High School que mató a su mejor amigo en un trágico accidente tras haber consumido alcohol. Recuerdan que “fue una época muy triste que ninguno de nosotros podrá olvidar jamás”.

El vídeo describe la muerte de una bella muchacha que tiene la desgracia de cruzarse en la carretera con un joven conductor borracho. La colisión frontal asesina a la adolescente, al tiempo que destruye a toda su familia. El impacto se describe visualmente proyectando súbitamente a sus padres y hermanos que la esperaban en casa hacia las paredes y ventanas, como si el hogar completo hubiese sufrido un violento choque.

El joven causante de tanta desgracia sobrevive al cruento accidente. Y gradualmente se hace consciente del irreparable daño que ha provocado en tantas víctimas inocentes. El solista Pierre Bouvier canta una balada denotando su desolación en la canción Untitled (Sin Titulo, subtitulada ¿Cómo pudo pasarme esto a mí?): Abro mis ojos/ trato de ver, pero me ciega la luz blanca/ no puedo recordar cómo/ no puedo recordar porqué/ estoy aquí esta noche/ y no puedo soportar el dolor/ y no puedo hacer que se vaya/ no, no puedo soportar el dolor.

¿Cómo pudo pasarme esto a mí? Cometí varios errores/ ya no tengo dónde ir/ la noche continúa/ estoy harto de esta vida/ sólo quiero gritar/ ¿cómo pudo pasarme esto a mi? Todos están gritando/ trato de hablar, pero nadie me escucha/ Me deslizo a un abismo/ sólo pendo de un hilo/ quiero comenzar esto otra vez …no puedo explicar lo que pasó/ y no puedo borrar lo que hice/ no, no puedo.

Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2006/simpleplan.htm

Nuestro héroe vespertino

La energía humana se manifiesta mejor en unos pocos. Aprendamos de ellos y emulemos su denuedo.

Según el diccionario héroe es alguien ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes, o quien lleva a cabo una acción heroica, o una persona de carácter elevado. En este sentido, cada tarde solemos ver a nuestro héroe, que no cumple con otra acepción de héroe como personaje principal de grandes relatos.

Nuestro héroe posiblemente no es sino el protagonista de una vida de esfuerzo, de superación y modelo para quienes le conocen en su círculo. No sabemos cómo se llama nuestro héroe, pero nos lo encontramos muchas tardes cuando volvemos de trabajar camino de casa. En la carretera de Erandio, él espera para cruzar en medio del intenso tráfico. Animoso siempre, se apoya en sus muletas mientras conversa con algún amigo o compañero de trabajo. Se mueve trabajosamente, pero la alegría le acompaña en todo momento.

Al anochecer, el cansancio de una larga jornada parece abatirnos a todos, pero no a él. Ahí está, esperando para atravesar la calzada con su gorra y sus maletas colgadas, confiando en que algún coche pare o que la circulación se interrumpa. Sin prisa, sin perder la sonrisa que a otros ya nos falta. Un héroe genuino es aquél que hace todo lo que puede, mientras los demás no lo hacen. El héroe antiguo era el que afrontaba la muerte; el héroe moderno es el que acepta la vida.

Todos conocemos otros muchos héroes y heroínas de nuestro tiempo, de carne y hueso, grandes de corazón. No son héroes de ocasión, de una brava hazaña en un minuto glorioso; su heroísmo se prolonga durante toda una vida de carácter, demostrando su valía suplementaria. Su mérito no radica en que no sufran cansancio o miedo, sino en que jamás lo exteriorizan. Su ánimo ante el dolor y el sufrimiento es el mejor ejemplo, la mejor guía y el supremo argumento para continuar nuestras vidas.

Versión para imprimir: mikel.agirregabiria.net/2006/heroe.htm