El amor y el tiempo están intrínsecamente relacionados, ya que el #tiempo que dedicamos a alguien o algo es una de las manifestaciones más poderosas del #amor. https://t.co/4DQDdt6lhM pic.twitter.com/4QxicFcW8W
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) October 22, 2024
Amor y tiempo dedicado: Una relación proporcional y recíproca
Amor correspondido
Cuando el amor os llame, seguidle
Sobre el amor. EL PROFETA. Kahlil Gibran
"When love beckons to you, follow him, Though his ways are hard and steep,... |
Entonces dijo Almitra: Háblanos del Amor,
Y él alzó la cabeza y miró a la multitud, y un silenció cayó sobre todos, y con fuerte voz dijo él:
Cuando el amor os llame, seguidle,
aunque sus caminos sean duros y escarpados.
Y cuando sus alas os envuelvan, ceded a él,
aunque la espada oculta en su plumaje pueda heridos.
Y cuando os hable, creed en él,
aunque su voz pueda desbaratar vuestros sueños como
el viento del norte asola vuestros jardines.
Porque así como el amor os corona, debe crucificaros.
Así como os agranda, también os poda.
Así como se eleva hasta vuestras copas y acaricia
vuestras más frágiles ramas que tiemblan al sol, también
penetrará hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra.
Como gavillas de trigo, se os lleva.
Os apalea para desnudaros.
Os trilla para libraros de vuestra paja.
Os muele hasta dejaros blancos.
Os amasa hasta que seáis ágiles,
y luego os entrega a su fuego sagrado, y os transforma
en pan sagrado para el festín de Dios.
Todas estas cosas hará el amor por vosotros para que
podáis conocer los secretos de vuestro corazón, y con
este conocimiento os convirtáis en un fragmento del corazón de la Vida.
Pero si en vuestro temor sólo buscáis la paz del amor
y el placer del amor,
Entonces más vale que cubráis vuestra desnudez y
salgáis de la la era del amor,
Para que entréis en el mundo sin estaciones, donde
reiréis, pero no todas vuestras risas, y lloraréis, pero no
todas vuestras lágrimas.
El amor sólo da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no quiere ser poseído.
sino más bien "estoy en el corazón de Dios".
Y no penséis que podéis dirigir el curso del amor,
porque el amor, si os halla dignos, dirigirá él vuestros corazones.
El amor no tiene más deseo que el de alcanzar su plenitud.
Pero si amáis y habéis de tener deseos, que sean estos:
- De diluiros en el amor y ser como un arroyo que
canta su melodía a la noche.
- De conocer el dolor de sentir demasiada ternura.
- De ser herido por la comprensión que se tiene del amor.
- De sangrar de buena gana y alegremente.
- De despertarse al alba con un corazón alado y dar
gracias por otra jornada de amor;
- De descansar al mediodía y meditar sobre el éxtasis del amor;
- De volver a casa al crepúsculo con gratitud,
Y luego dormirse con una plegaria en el corazón para
el bien amado, y con un canto de alabanza en los labios.
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Salud, dinero y amor
Amor se escribe siempre con mayúscula
Amor se escribe con mayúsculas porque no hay amores pequeños; toda clase de amor verdadero es grandioso e imperecedero. La vida mancha, pero el Amor salva. El Amor es una caja de herramientas que puede transformar el universo. El Amor es un caballo de Troya que desde dentro abrirá las puertas de la ciudadela y nos salvará del odio.
Amor se escribe con A de almas anidadas, de aventura y de altruismo, de audacia y de aceptación, de arrebato y de alegría, de amistad y de ayuda, de afirmación y de agradecimiento, de atención y de apoyo, de ánimo y de acompañamiento. Amor se escribe con M de mocedad y de madurez, de mesura y de modales, de maestría y de modestia, de melancolía y de magia de misterio musical. Amor se escribe con O de optimismo y de oportunidad, de originalidad y de observación, de obstinación y orgullo. Amor se escribe con R de rebeldía y rigor, de recato y reflexión, de respeto y de rectitud. Amor se escribe sin E de egoísmo, sin I de ingratitud y sin U de urgente. Amor, a veces, se escribe con H de humor, con una H superflua, porque lo nimio y el detalle son importantes en el Amor.
Hay muchas clases de Amor: a la pareja, a los padres, a los hijos, a Dios, a los hermanos, a la familia, a los amigos, a los necesitados, a la Humanidad, a un oficio, a una dedicación,… Pero todo Amor se escribe con letras de oro, porque el Amor es lo mejor de la vida. Todo lo que vale la pena es, al fin y al cabo, Amor. Al final, sólo perduran los frutos del Amor. El recuerdo y las obras de quienes amamos o nos han amado.
La vocación de vivir no es sino la profesión de amar. Los niños, y en toda casa debiera haber un niño, nos enseñan que vivir es tan sencillo como amar y ser amado. En la sociedad de adultos adustos, donde sólo la maldad es noticia y donde la ternura viaja en trenes rigurosamente vigilados, el puzzle de almas difícilmente encaja. Convirtámonos en ciudadanos del Amor proclamando: "Mi patria es el Amor". El Amor es contagioso, al igual que la falta de Amor. ¡Amémonos! ¡Sólo por hoy! ¡Sólo por ti, Amor! ¡Cuánto te quiero, Amor!
Ella debió elegir
Ella apareció. Cuando nosotros pensábamos que el amor era una entelequia romántica, ella surgió en medio del grupo. Todos entendimos que ella era la mejor demostración de que el amor existe, porque toda ella era amor.
Ella nos enamoró a todos, hasta el delirio. Perdida, irremediable, absolutamente. Poco a poco comprendimos que el hechizo era fatídico, porque sólo uno podía ser el elegido. Y cada uno sabía que, seguramente, otro la haría más feliz. Así que tan pronto como la conocimos, la desesperación acompañó a la pasión. Supimos que nuestro gran amor jamás sería nuestro.
Ella se quiso ir, sin elegir. Porque también ella vio nuestro amor y nuestro dolor. Prefirió no acrecentar aquella insoportable desazón, prefiriendo a uno sobre los demás. Pero no lo aceptamos, tal era nuestro amor. Sólo escogiendo a uno de nosotros, los restantes podríamos superar la pérdida.
Ella aceptó que había de elegir. Y quería escoger, mas sin ofender a los no elegidos. Ella nos amaba a todos,… como amigos. Pero su corazón ya había decidido. Nosotros no lo entendíamos, y aún hoy seguimos sin comprender cómo elige una mujer.
Ella eligió por nosotros. No cabía otra fórmula. La disputa entre nosotros sería baldía, si ella no lo resolvía. Sólo ella podía resolver aquel enigma, aquella intriga que el alma nos deshacía.
Ella eligió. Por descarte, nos pareció, erróneamente. Ella habló, por separado, con cada uno de nosotros. Cuando llamaba y pedía conversar a solas, sabíamos que habíamos sido desechados. Sólo nos quedaba estar con ella, aquellos minutos finales, mientras se desvanecía para siempre la esperanza de ser el elegido y caíamos al abismo.
Ella no eligió a quien más admiraba. Porque la admiración está reñida con el amor, porque es amor congelado. El carisma es un sentimiento que abruma, pero no enternece. La admiración alaba, pero el amor es mudo. Así se lo comunicó ella al más venerado. Él lo aceptó.
Ella no eligió por su bien. Porque el interés sólo degrada el amor. El amor nace de dentro, nunca del cálculo o de la conveniencia. Así se lo declaró ella al más poderoso. Él lo aceptó.
Ella no eligió por vocación, como se elige la profesión, pero no el amor de nuestra vida. Así se lo declaró ella al más amigo, al más semejante, al que parecía su hermano. Él lo aceptó.
Ella no eligió por compasión. Porque por piedad se miente, pero no se quiere con la efusión de un gran amor. Así se lo declaró ella al más necesitado. Él lo aceptó.
Ella descartó igualmente al más fuerte, y al más alto, y al más popular, y al más guapo, y al más joven, y al más experto, y al más alegre, y al más simpático, y al más ocurrente, y al más preparado. Los grandes candidatos, los perfectos, sorprendentemente quedaron apartados.
Ella eligió al fin. Ella eligió vivir. Ella eligió así. Ella eligió al más enamorado, al más entregado, al más fiel, al más atento, porque era el más indicado. Elegir es imaginar. El gran amor de ella proyectó cómo sería la convivencia, fraguó cómo sería el futuro conjunto, y cómo sería nuestra descendencia.
Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2006/ella.htm
Beldad, verdad, bondad
El amor nace del saber; el odio, de la ignorancia
La historia del pensamiento occidental ha trazado innumerables mapas de la condición humana, pero quizá pocas intuiciones resultan tan verificables en la experiencia cotidiana como esta: tendemos a amar aquello que conocemos y a rechazar lo que permanece opaco a nuestra comprensión. Esta aparente obviedad, sin embargo, encierra una de las claves más profundas para entender tanto nuestras construcciones afectivas como nuestros mecanismos de exclusión social.
Spinoza, en su Ética, ya advertía que el conocimiento adecuado de las cosas conduce necesariamente al amor intelectual, mientras que la ignorancia genera pasiones tristes: el odio, el miedo, la superstición. Siglos después, la antropología cultural vendría a confirmar esta intuición mediante el concepto de etnocentrismo: la tendencia universal a considerar superior aquello que nos resulta familiar y a desconfiar de lo culturalmente ajeno. El conocimiento, en este sentido, no es meramente un proceso cognitivo; es el fundamento mismo de nuestra arquitectura emocional.
Observamos este patrón en las estructuras más íntimas de nuestro ser. Amamos a nuestra familia porque la conocemos en sus matices, en sus fragilidades y fortalezas. Nos vinculamos a nuestro lugar de origen porque cada calle contiene una memoria, cada paisaje evoca una historia personal. Nuestra vocación nos enamora porque nos hemos sumergido en ella lo suficiente para descubrir sus complejidades y sus bellezas ocultas. Podríamos decir parafraseando a Ortega y Gasset, el amor es atención intensificada; y la atención requiere proximidad, tiempo, conocimiento.
Por el contrario, la xenofobia —literal y etimológicamente, el miedo al extranjero— no es sino el reverso de esta medalla. Odiamos o tememos lo que no comprendemos porque la ignorancia genera vacíos que nuestra imaginación tiende a llenar con fantasmas. La literatura universal ha explorado este territorio: desde el monstruo de Frankenstein, rechazado por su apariencia desconocida, hasta los relatos de Kafka sobre la incomprensión radical del otro. Todorov, en su análisis del encuentro con América, demostró cómo el desconocimiento del indígena permitió su deshumanización.
Aquí reside la potencia transformadora de esta ley: si el conocimiento engendra amor y el desconocimiento odio, entonces la educación no es simplemente transmisión de datos, sino el ejercicio ético fundamental de nuestra época. Aprender se convierte en un acto moral, en una práctica de resistencia contra nuestros propios mecanismos de exclusión. Hannah Arendt habló de la "banalidad del mal" para describir cómo la ausencia de pensamiento permite las mayores atrocidades; podríamos añadir que la ausencia de conocimiento permite la perpetuación del odio cotidiano.
La proposición, entonces, adquiere contornos de mandato existencial: conoce más para amar más, no porque el conocimiento garantice automáticamente el amor —sabemos que existen conocimientos perversos y amorosos ignorantes—, sino porque amplía el territorio de lo posible. Quien dedica tiempo a comprender al otro —ya sea otra cultura, otra clase social, otra forma de pensar— no solo enriquece su universo cognitivo, sino que expande su capacidad de empatía y solidaridad.
Las consecuencias de esta elección son verificables. Quienes cultivan el conocimiento y el amor tienden a construir, a crear redes de cooperación, a generar riqueza en su sentido más amplio: material, intelectual, emocional. Son, como diría Nietzsche, afirmadores de la vida. Por el contrario, quienes se instalan en el odio y la ignorancia perpetúan ciclos de destrucción y miseria, tanto propia como ajena. El odio, como bien sabían los estoicos, es ante todo un veneno para quien lo alberga.
En tiempos de fragmentación social y polarización, esta intuición cobra urgencia renovada. No se trata de un optimismo ingenuo que ignore los conflictos reales o las asimetrías de poder, sino de reconocer que el conocimiento del otro —incluso del adversario— es condición de posibilidad para cualquier transformación genuina. El camino del conocimiento es arduo, requiere humildad y esfuerzo, pero sus frutos son la única alternativa real a la barbarie del desconocimiento mutuo.
La sabiduría antigua y la evidencia contemporánea convergen: el amor y el conocimiento son aliados naturales, así como el odio y la ignorancia se alimentan mutuamente. Elegir entre ambos caminos no es solo una decisión intelectual, sino existencial. Es, en última instancia, elegir entre la construcción y la destrucción, entre la felicidad compartida y la miseria aislada, entre la vida plena y su negación.
Finalmente, cabe una advertencia: quienes cultivan el odio suelen empobrecer su mundo interior. El resentimiento reduce horizontes, simplifica la realidad y limita la felicidad posible. En cambio, quienes amplían su comprensión tienden a desarrollar generosidad, prudencia y sentido de justicia. No porque el saber garantice la bondad, sino porque disminuye el miedo irracional que la obstaculiza.
Si esta “ley” es válida, su lección es clara: amar no es sólo sentir; es conocer. Y conocer es una tarea deliberada, exigente y, en última instancia, emancipadora.
Amamos lo que conocemos. Odiamos, muchas veces, lo que ignoramos. Quizá una de las leyes más simples —y más profundas— de la vida sea esta: el conocimiento amplía el amor y reduce el odio. https://t.co/HD3JxJXRhx Cuando entendemos a las personas, los lugares o las ideas, dejan de… pic.twitter.com/YFZeQbKNkM
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) March 5, 2026
#AcciónPoética, pintando amor, futuro y esperanza
- Seré breve: Ven.
- ¿Y si fuera amor?
- El cielo a tus pies.
- Vos sos mi utopía.
- Mírame. Alcanzará.
- Suéltame el corazón.
- Faltas y todo me sobra.
- Te vi y dije: De aquí soy.
- Lo que sea, pero contigo.
- Bésame, luego te explico.
- Sin poesía no hay ciudad.
- Existo cuando pienso en ti.
- Mi color preferido es verte.
- La piel es de quien la eriza.
- Hasta olvidarte sería injusto.
- Eres tú: ¿Cómo no quererte?
- Ámame porque sí y sin peros.
- A besos entiendo, a veces no.
- Y soñar, verte los ojos y volar.
- Todo contigo o nada con nadie.
- Hazme el amor, pero de tu vida.
- Contigo hasta el último suspiro.
- No respires amor sin respirarme.
- Porque el beso define la historia.
- Háblame, solo para hacerme real.
- Yo me fui, pero mi amor insiste,...
- Eres un lento asesinato de ternura.
- Nunca se llega tarde al gran amor.
- Antes de rendirnos fuimos eternos.
- Dime dónde y nos perdemos juntos.
- La sonrisa es mía, el motivo eres tú.
- Yo sí creo en el amor a primera risa.
- El mundo se detiene cuando te beso.
- Sí puedo vivir sin ti, pero no quiero.
- Guardo en mis ojos tu última mirada.
- Es tan lindo saber que usted existe,...
- Piérdete en mí, y quizá te encuentres.
- Un amor conocerte, placer de mi vida.
- Todo lo que quiero en una palabra: Tú.
- No me desees buenas noches, dámelas.
- Decir tu nombre es deletrear mi destino.
- ¡Qué bonito detalle tuyo, ese de existir!
- Eres la casualidad más linda de mi vida.
- Díganle que me enamora cuando sonríe.
- No estamos distantes, estamos distintos.
- Que el amor valga la alegría, no la pena.
- Ojalá que tu adiós esté lleno de regresos.
- ¿Habrá algo más lindo que verte sonreír?
- Si no tardas mucho te espero toda la vida.
- Tu recuerdo es el pasaporte de mis viajes.
- No te quedes con ganas, quédate conmigo.
- Lo bonito no son los ojos, son las miradas.
- Acepta el milagro de habernos encontrado.
- Vámonos lejos, perdamos nuestros miedos.
- A pesar de los pronósticos de olvido,... estás.
- Mi fantasía textual es que me comas y punto.
- Nunca fuimos nada, pero siempre hubo algo.
- Adoro todo lo que no es mío: tú por ejemplo.
- Ten un buen día, tú, que leíste esto sin querer.
- Se acercan tiempos difíciles: Amar es urgente.
- Pudo haber sido lindo, pero lo hiciste perfecto.
- Quiero ser en tu vida algo más que un instante.
- Me senté a esperar por ti, pero llegaron por mí.
- Es en tus labios donde desembocan mis sueños.
- Te amo, pero no es para tanto,... Es para siempre.
- Habernos encontrado,... Ahora a corregir el destino.
- Fuiste, eres y siempre serás mi más bonita casualidad.
- Tal vez sólo fue un capítulo del libro que pudimos ser.
- Toda gran historia de amor comienza con una sonrisa.
- Iba a decir que me gustas,... y se me adelantó una sonrisa.
- Me dijiste "haz lo que quieras". Y aquí estoy, queriéndote.
- Si para el mundo no eres nadie, para mí eres todo el mundo.
- Si te volviera a conocer, volverías a gustarme indudablemente.
- Nunca fui tan millonario como cuando te tuve entre mis brazos.
- Sigues siendo lo primero que pienso cuando me piden un deseo.
- Mientras podamos ver la misma luna, nunca vamos a estar separados.
- Hay muchas formas de ser feliz. A mí la que más me gusta es estar contigo.
- Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
- Nadie es tan rico que no necesita una sonrisa, ni nadie es tan pobre para no darla.
- No sé ni cómo, ni cuándo, pero si va ser será... en su momento. Y será.
- Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba con la rutina: Es mortal.
- Gracias por los amores vividos, perdidos, soñados, amados,...
- No se puede ser fuerte con alguien que es tu debilidad.
- Yo hago lo imposible,... Lo posible lo hace cualquiera.
- Hay una cosa tan inevitable como la muerte: la vida.
- Yo tampoco sé como vivir,... Estoy improvisando.
- Si no te gusta el mundo al derecho, ponte ɐl ɹәʌәs.
- Cuidado con los miedos, les encanta robar sueños.
- A puntadas de dolor cosí la pena de estos versos.
- Ya comprendo la verdad, ahora a buscar la vida.
- Si me emociona pensarlo, imagínate hacerlo,...
- No cuentes tus días. Haz que tus días cuenten.
- Con los ojos cerrados y los sueños despiertos.
- Te amaré hasta que π se quede sin decimales.
- Fuimos un cuento breve que leeré mil veces.
- La poesía no necesita adeptos, sino amantes.
- Cuántas cosas perdemos por miedo a perder.
- Condenados a amar lo que otros ojos aman.
- Dormir temprano para soñarte más tiempo.
- Escribo esta pared. Es mi forma de tocarte.
- No mires hacia atrás. Suele bastar con eso.
- No sabía qué ponerme,... Y me puse feliz.
- Es la hora perfecta para comenzar a soñar.
- Equivoquémonos,... el desamor no existe.
- Somos una casualidad llena de intención.
- Solo está derrotado quien deja de soñar.
- Me encontré con tu recuerdo. No dolió.
- Naciste para ser real, no perfecta.
- Que el amor nos salve de la vida.
- ¿Por qué callar si nací gritando?
- No vales la pena. Lo vales todo.
- ¡Solos,... al fin! Al fin, somos.
- Estamos a nada de serlo todo.
- ¿Qué eramos antes del amor?
- Te invito a sonreír. Yo pago.
- Ten el valor de equivocarte.
- El arte nace con tu mirada.
- Ayúdame a no pedir ayuda.
- Queda mucho por sentir.
- Dios está en los detalles.
- Tú existes, pero ¿vives?
- Salir ilesos del amor.
- Duerme, sueña, haz.
- Hoy llueve poesía.
- Sucederás, lo sé.
Síndrome de Simón (3/4 Peter Pan, Wendy y Laura)
Materialista. La sociedad actual ha ido fabricando cada vez más hombres inmaduros –pero no mujeres–, viven centrados en sus trabajos, sus amigos, diversiones, algo de cultura y poco más. La mujer busca un amor, al contrario,verdadero, auténtico, pero se ha producido en los últimos años un aumento de la inmadurez sentimental en el hombre, divertida, juguetona, banal,… Busca el mejor coche, el mejor móvil,... y lo mismo en sus parejas temporales.
¿Hay mujeres que puedan tener el Síndrome de Simón? En principio, no es frecuente. Eso sí, cada vez más parece ser que por cada Simón aparece una Síndrome de Laura (Liberada, Autonóma, Universitaria, que Racionaliza el Amor -POST SIGUIENTE-). Pero, visto todo lo anterior, ser una Laura no es tan divertido como ser un Simón, aunque emocionalmente mucho más sano.
Un viejo, una tigrilla y el ocaso de una humanidad sin raíces
Narra la historia de Antonio José Bolívar Proaño, un anciano que vive en la selva amazónica ecuatoriana, cerca del río Nangaritza, en el límite con la frontera peruana. Tras haber convivido años con los shuar, pueblo indígena amazónico, Antonio ha aprendido a respetar la selva, su lenguaje y sus reglas. Vive una vida sencilla, solitaria y marcada por el amor tardío a las novelas románticas, que relee con pasión.
El equilibrio de su mundo se rompe cuando una tigrilla (una hembra de ocelote) comienza a atacar a humanos tras perder a sus crías por culpa de unos cazadores blancos. El gobierno local y sus representantes, ignorantes del ecosistema, quieren matar al animal sin contemplaciones. Solo Antonio, con su conocimiento de la selva y su sensibilidad, puede emprender esa misión con respeto y responsabilidad.
Se barajan en Un viejo que leía novelas de amor temas como el conflicto entre civilización y naturaleza, el colonialismo interno y el desprecio por los pueblos originarios, la soledad y la vejez como tiempo de sabiduría, el poder de la lectura y del amor como consuelo existencial o la defensa del medioambiente frente a la depredación.
Luis Sepúlveda nació 4 de octubre de 1949, Ovalle, Chile, y falleció el 16 de abril de 2020, Oviedo, España (siendo el primer escritor de renombre fallecido por COVID-19 en Europa). Fue escritor, periodista, cineasta y activista político. Participó en el gobierno de Salvador Allende y fue prisionero político durante la dictadura de Pinochet. Exiliado, vivió en Argentina, Brasil, Nicaragua y Alemania. Ecologista activo, colaboró con Greenpeace y organizaciones de derechos humanos. Su obra combina denuncia social con una prosa poética, sencilla y profundamente humana.
Algunas citas memorables de Un viejo que leía novelas de amor:
- “No tenía nada contra los gringos, mientras no molestaran.” — Una frase que condensa la crítica al colonialismo y al turismo invasivo.
- “Aprendió a leer para leer novelas de amor. No quería otra cosa.” — Refleja la ternura del protagonista y su relación íntima con la lectura.
- “El mundo es así: cada uno tiene lo que le corresponde.” Una sentencia que refleja el fatalismo y la dureza de la vida en la selva.
- “La selva no es muda. Lo que pasa es que nosotros somos sordos.” — Una cita emblemática de la obra, con una fuerte carga ecológica y espiritual.
- “Porque la selva era madre y sepultura, escuela y hospital, pan y techo.” — El amor por la Amazonía y su complejidad vital y simbólica.
- “Nunca mató por gusto, ni por deporte. Siempre por necesidad.” — La ética del personaje frente a la violencia y la vida salvaje.
¡Qué fortuna haber encontrado el libro "Un viejo que leía novelas de amor" del escritor Luis Sepúlveda!
— María (@mariax017) November 19, 2024
Contagia la poderosa fuerza de la vida en la selva amazónica, la sabiduría de quienes aprenden a vivir y respetarla, así como el emotivo descubrimiento la lectura. #Libros pic.twitter.com/DBJrgU4anm
Lo natural es amar
Cuando se ha gozado el privilegio de ser educado en el cariño a los libros, al estudio y al esfuerzo para progresar en la vida, poco importan las penurias y la escasez económica. Cuando se ha podido apreciar el cariño y la entrega de algunos grandes docentes en la escuela, que transmiten con convicción el amor al conocimiento y con tenacidad el descubrimiento paulatino de la sabiduría, lo natural es engancharse al mejor y único camino de rescate que siempre fue y será la educación.
Cuando se reconoce en nuestros mayores el amor profundo a las lenguas propias y a las culturas de nuestros antepasados, a sus costumbres y tradiciones, a sus valores, anhelos y creencias, lo natural es abrazar su defensa, su cultivo, su aprendizaje y su enseñanza, su propagación y su reconocimiento universal.
Cuando se ha vivido en una ciudad, en una región, en una nación, donde se ha sido feliz en numerosas ocasiones, donde se han descubierto en alguna medida todas las satisfacciones que el amor puede proporcionar en la vida, lo natural es que se queden grabadas en el corazón para siempre, sobre todo aquellos paisajes y paisanajes donde transcurrieron la infancia y la juventud que marcaron decisivamente nuestro destino.
Cuando se comprende cuánto se ha recibido de la familia, de los amigos, de la sociedad en se nació, lo natural es agradecer y corresponder aportando todo el esfuerzo y trabajo al bienestar de los nuestros, los familiares, las amistades, los vecinos, los hermanos que son el resto de la humanidad.
Cuando se percibe el admirable milagro de la vida, cuando uno se asombra de la belleza y bondad que esconde la existencia, a veces y por desgracia ocultamente, lo natural es vislumbrar un espíritu sobrenatural, una esencia divina que todo lo creó, un Dios que todo lo hizo bien, incluso el regalarnos el mayor de los dones: la libertad personal, la prerrogativa de escoger el bien sobre el mal, el libre albedrío de amar u odiar, de querer o aborrecer, de construir o destruir, de ayudar o perjudicar.
¡Qué caro regalo fue la libertad! Provocó el artificioso odio y la concienzuda maldad, porque la grandeza de nuestro destino sólo había de conquistarse desde la soberana voluntad propia. Sólo así se alcanza la altura a la que está predestinado el sagrado ser humano: la vocación suprema de descubrir el amor y apostar por la vida. Mahatma Gandhi nos enseñó “Allí donde hay amor, hay vida”, y el evangelio de Lucas aún lo expresó más sintéticamente: “Ama y vivirás”. Nuestro sino grabado en el alma es amar y quienes tenemos una misión hemos de cumplirla.
¿Qué haría Jesucristo?
Ambos contendientes Bush y Kerry han recurrido, para la movilización del electorado indeciso, a la búsqueda de todo tipo de aliados y simpatizantes, incluso en las instancias religiosas. Numerosas jerarquías y representantes de los diferentes cultos y sectores estadounidenses se han pronunciado a favor de uno u otro candidato, en función de su posicionamiento político.
Francamente, no vale la pena recopilar las exhortaciones de algunos prelados sugiriendo un aval del Dios universal a un candidato y comparando a su adversario con el mismo demonio. En plena batalla electoral y cuando parece que todo vale para ganar a cualquier precio, se desentierran grupos que han actuado incluso con parafernalia paramilitar de brazaletes con las siglas "QHJ" (¿Qué haría Jesucristo?, en Florida incluso en castellano). Intempestivas y desafortunadas opiniones que interpretan en clave partidista y unívoca la respuesta que Jesucristo podría ofrecer a sus seguidores.
Desde una perspectiva europea, todo ello denota el trasunto de la extendida percepción estadounidense de pueblo elegido y tierra prometida, como hebreos del Antiguo Testamento. Incluso hay quién se cuestiona si Dios es norteamericano. En ocasiones, los conservadores en USA actúan como ungidos por la divinidad con la Verdad absoluta. El fundamentalismo que combaten (el islámico ahora, el comunismo antes), se efectúa con una visión igualmente intolerante y fanática por parte de algunos máximos dirigentes, que se consideran “cruzados” del Bien categórico contra el Mal absoluto.
Somos mayoría en el mundo quienes creemos que, en una verdadera democracia y con el pleno respeto a la libertad religiosa (de creer o no creer), solamente cabe proponer claves éticas para guiar los pasos de de la ciudadanía ante sus problemas cotidianos. Cada uno puede elegir en quién se inspira para tomar sus resoluciones. Para los creyentes cristianos, Jesucristo respeta el libre albedrío personal, al tiempo que nos ofrece criterios de ayuda en nuestras decisiones.
Jesucristo no es una mala opción, creemos muchos; mas es difícil discernir con certeza cómo obraría Jesús en cada ocasión. La suya fue una revolución salvadora basada en el amor y la esperanza. Su mensaje evangélico de amor fraterno es grandioso, pero persiste la incertidumbre de cómo acertar en cada caso.
En cada situación podríamos traducir el "¿Qué haría Jesucristo?" por el equivalente ¿Qué haría una persona que ama a todos?" Jesucristo nos instó a amar aun en difíciles circunstancias (Lucas 6:27-33). “El amor se sacrifica y no exige recompensa; sólo el amor trasciende y nos trae una paz verdadera”. La injusticia crea conflictos; pero también es cierto que toda contienda puede hallar una solución pacífica, no violenta, de restitución de la verdad y de la justicia política, económica y social.
No es verosímil que Dios apueste por soluciones bélicas, ni guerras santas. Las citas bíblicas que abogan por el entendimiento son innumerables: "Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos” (Romanos 14, 17-19). El amor es el punto de partida de todo, con un querer que no excluya a nadie. No basta amar a familiares y amigos, ni a los de nuestra religión, etnia o grupo social. Derribemos los muros de prejuicios que nos hacen indiferentes ante el dolor ajeno, porque la pasividad siempre será culpable. Si anhelamos la paz, debemos practicar el amor hacia todos como si fuesen hermanos nuestros. Eso haría Jesucristo. Y nosotros somos las manos de Dios en la Tierra.

















