La ingravidez de la piscina (Capítulo 1º)

Ainhoa en la piscina (y su padre Javier, invisible debajo del agua)
Capítulo 1º: La piscina comunitaria
 
Vivimos tiempos en los que se pagan millones de dólares para sentir unos escasos minutos de ingravidez en una cápsula suborbital del nuevo turismo espacial para multimillonarios.  Mientras tanto, el turismo terrestre y pedestre se reduce de aquellos antaño tres meses, a un único mes o mucho menos, como una quincena, una semana o, incluso, apenas unos pocos tres o cuatro días o, apenas, un fin de semana.

Como "El mundo entero es un Bilbao más grande" para Unamuno, una urbanización es un microcosmos agrupado en torno a una piscina comunitaria, donde se plasman esas realidades humanas que los sociólogos e historiadores reconocerán en unas décadas. El escenario perfecto de observación es ese punto de encuentro (meeting point) donde el agua salpica las verdades que, quien pacientemente flota, puede llegar a adivinar en medio de interacciones aparentemente irrelevantes.

A algunos nos gusta la sempiterna ingravidez de la piscina, esa flotación asistida por churros acuáticos deambulando sin rumbo entre chorros en horarios inhabituales de baja o nula presencia ajena a la familia, con toda la calma y el tiempo precisos para procesar las imágenes y sensaciones vividas en las horas precedentes. 

La piscina misma es como un ser vivo que muta según sus estaciones y sus calendarios. Nunca estará más limpia, cuidada e, incluso, brillante que este fin de semana que antecede a la junta anual de propietarios que decidirán la continuidad del equipo de jardinería. Resplandece como nunca lo ha hecho en otoño, invierno o primavera, mientras el césped parece haber resucitado con un color que sabemos se marchitará en pocas semanas y que solamente revivirá cuando concluyan las vacaciones de la mayoría.

Una piscina no existe si no hay gente que la disfrute. El paisanaje es quien define el cuadro. Esa doble o triple comunidad que se concentra dentro y fuera del agua: Propietarios e inquilinos (con sus cuñados y amistades si son aborígenes del lugar) y, ocasionalmente, gorrones y otras especies de fauna que se cuelan. Pero estos colectivos serán descritos en sendos episodios posteriores. 

Siguiente Capítulo 2º: La urbanización circundante.

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