Cotorra argentina: Mascota convertida en especie invasora

Cotorra argentina: Mascota convertida en especie invasora
Se merece un post la cotorra argentina,  entre la fascinación biológica y el conflicto urbano. Quien pasee hoy por cualquier parque mediterráneo, de Bilbao a Alicante, reconoce enseguida ese bullicio verde y persistente entre las palmeras. Se trata de Myiopsitta monachus, la cotorra argentina o cotorra monje, un psitácido sudamericano convertido en uno de los casos más elocuentes de lo que la ecología llama especie exótica invasora. Su historia, sin embargo, merece leerse más allá del titular alarmista: es también una lección sobre cómo la globalización de las mascotas altera silenciosamente los ecosistemas.

Originaria de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y el sur de Brasil, la cotorra monje llegó a Europa a través del comercio de aves de compañía en los años setenta. La primera cotorra documentada en la Comunidad Valenciana apareció en el puerto de Valencia en 1985, y desde entonces su expansión no se ha detenido. Lo singular de esta especie, frente a la mayoría de los loros, es su comportamiento constructor: nidifica de forma comunitaria, tejiendo nidos de ramas espinosas que varias parejas comparten simultáneamente, y que pueden alcanzar pesos considerables, instalados en árboles, palmeras, torres eléctricas o antenas de telecomunicación.

Ese rasgo gregario explica su éxito colonizador y también el conflicto que genera. Su dieta variada —frutos, semillas, hojas, larvas de insectos— le permite adaptarse con facilidad al entorno urbano, mientras sus colonias compiten por cavidades y recursos con aves autóctonas. Desde 2011, la especie figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, lo que prohíbe legalmente su introducción, posesión, transporte y comercio, aunque las poblaciones ya asentadas siguen creciendo en Cataluña, Murcia, Andalucía y la propia Comunidad Valenciana.

El debate sobre cómo gestionarlas ilustra bien las tensiones de la ética ambiental contemporánea. Frente al sacrificio como método expeditivo, distintas administraciones exploran alternativas menos lesivas: esterilización, captura selectiva o regulación del hábitat urbano. Zaragoza se cita habitualmente como el caso español de gestión exitosa, gracias a un seguimiento sistemático y sostenido en el tiempo, mientras que en la mayoría de municipios la improvisación y la falta de coordinación entre administraciones agravan el problema año tras año.

Para quienes disfrutamos observando la naturaleza junto a nuestros nietos, la cotorra argentina ofrece además una oportunidad pedagógica notable: permite explicar de forma tangible qué es una especie invasora, por qué la suelta irresponsable de mascotas tiene consecuencias ecológicas duraderas, y cómo la convivencia entre ciudadanía, ciencia y política pública exige paciencia y rigor antes que soluciones simples. Alicante, con su clima benigno y su tradición de palmerales, es escenario privilegiado para esa lección al aire libre: basta alzar la vista hacia una palmera bulliciosa para iniciar una conversación sobre biodiversidad, responsabilidad y los límites de nuestra intervención sobre el mundo natural.

La cotorra monje no es, en el fondo, la villana de la historia. Es el espejo de nuestras propias decisiones —comerciales, domésticas, urbanísticas— devuelto en forma de plumaje verde y nidos imposibles. 

@agirregabiria

Cotorra argentina, también conocida como cotorra monje (Myiopsitta monachus).

♬ sonido original - ×͜× Rᴏʙᴇʀ 💎Mᴜ́sɪᴄᴀ✅

0 comments:

Publicar un comentario