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Eclipse lunar parcial del próximo 28 de agosto de 2026

Post siguiente con las imágenes grabadas.

El eclipse lunar parcial del próximo viernes 28 de agosto de 2026 se desarrollará durante la madrugada y el amanecer. La fase de máxima cobertura ocurrirá cuando la Luna se encuentre a baja altura sobre el horizonte en dirección Oeste - Suroeste (SSO), por lo que es esencial situarse en zonas con perspectiva despejada hacia esa orientación (tierra adentro).


Horarios del eclipse (madrugada del 28 de agosto) 

  • 03:24 h – Inicio de la fase penumbral: Sutil oscurecimiento en el brillo lunar.
  • 04:34 h – Inicio de la parcialidad: Comienza a ser claramente visible la sombra terrestre en el disco lunar.
  • 06:13 h – Máximo del eclipse: La Luna alcanzará un 93% de ocultación, adquiriendo tonos rojizos cerca del horizonte.
  • 07:35 h – Puesta de la Luna: La Luna se ocultará por el horizonte mientras se aproxima el amanecer.

Dónde observarlo en Mil Palmeras y alrededores: 


Playa de Mil PalmerasOfrece una amplia visión del cielo nocturno y un entorno accesible para situarse cómodamente durante la madrugada. Aunque la Luna estará al oeste (hacia el interior de la costa), la amplitud del paseo y de la playa permite encontrar zonas despejadas lejos de obstáculos inmediatos.

Torre de la Horadada. Situada a corta distancia al sur de Mil Palmeras, esta franja litoral cuenta con amplias explanadas abiertas. Sus vías de acceso despejadas facilitan enfocar el horizonte terrestre hacia el oeste sin interferencia de grandes edificios.


Playa del Conde. Un enclave tranquilo junto a la emblemática torre vigía. Sus espacios abiertos permiten apostarse con comodidad para seguir el descenso de la Luna y capturar fotografías combinando la silueta del paisaje local con la tonalidad rojiza del eclipse.

Consejos prácticos: 

  • Orientación: Asegúrate de colocarte en puntos con la vista despejada hacia el Oeste / Suroeste, evitando que las urbanizaciones de primera línea o árboles altos tapen la Luna a partir de las 05:30 h, cuando estará más baja.
  • Observación directa: Los eclipses de Luna son 100% seguros a simple vista, sin necesidad de filtros solares.
  • Equipo recomendado: Unos prismáticos estándar (7x50 u 8x42) o una cámara con trípode te permitirán apreciar detalles del borde de la sombra y la superficie lunar.

Eclipse solar en Mil Palmeras: Guía y observación segura

 

El próximo miércoles 12 de agosto de 2026, España vivirá un acontecimiento que no se producía sobre suelo peninsular desde hace más de un siglo: un eclipse solar total cruzará el norte del país, de Galicia a Baleares, mientras que en el resto del territorio —incluida la costa alicantina de Mil Palmeras, en Pilar de la Horadada— el fenómeno se vivirá como un eclipse parcial de una profundidad extraordinaria.

Desde Mil Palmeras y su entorno, muy próximo a Torrevieja y al Mar Menor, la Luna cubrirá en torno al 98,5 % del disco solar, un porcentaje tan alto que el día perderá buena parte de su luz sin llegar a la oscuridad total propia de la totalidad. El fenómeno comenzará hacia las 19:48 y alcanzará su máximo alrededor de las 20:36, con el Sol ya muy bajo, apenas a 4 grados sobre el horizonte, en dirección oeste-noroeste. El astro se pondrá hacia las 20:48, todavía parcialmente eclipsado, ofreciendo un ocaso teñido de tonos rojizos y anaranjados inusualmente intensos, consecuencia del mayor espesor de atmósfera que atraviesa su luz a esa altura tan baja.

Para disfrutarlo desde Mil Palmeras conviene elegir un punto elevado y despejado hacia el oeste-noroeste, sin edificios, arbolado ni elevaciones que corten el horizonte en los últimos grados de altura solar, que es justo donde se producirá el momento culminante. Las zonas abiertas del interior de la localidad, alejadas del frente marítimo —que mira hacia levante—, o los terrenos elevados en dirección a Pilar de la Horadada y la Torre de la Horadada, ofrecen mejores perspectivas que el propio paseo. Conviene comprobar el entorno con antelación y llegar con tiempo, ya que el fenómeno completo, desde el primer contacto hasta la puesta de sol, se prolongará algo más de una hora.

La protección ocular es, en este eclipse, una cuestión ineludible. Ni siquiera un 98 % de ocultación permite mirar el Sol directamente sin protección homologada: la delgada fracción de disco que permanece visible sigue emitiendo luz suficiente para dañar la retina de forma irreversible, un daño que además puede producirse sin dolor y manifestarse solo horas después. Las gafas de eclipse deben cumplir la norma ISO 12312-2:2015, llevar marcado CE y estar en perfecto estado, sin arañazos ni perforaciones; ningunas gafas de sol convencionales, por oscuras que parezcan, ofrecen protección suficiente. 

Fotografiar o grabar el fenómeno con el teléfono móvil, prismáticos o telescopios exige asimismo un filtro solar homologado colocado sobre la óptica, nunca detrás del ocular. Quien prefiera un método sencillo y gratuito puede recurrir a la proyección estenopeica: un simple agujero en una cartulina, o incluso un colador de cocina, proyecta decenas de pequeñas imágenes del Sol eclipsado sobre una superficie blanca, sin riesgo alguno para la vista.

Y para quien decida prolongar la velada, la fecha coincide con la proximidad del máximo de las Perseidas, de modo que al cielo despejado del atardecer eclipsado puede seguirle, ya de noche, la lluvia de estrellas fugaces. Pocas veces el firmamento concentra tanta invitación a la contemplación en una sola jornada de agosto. Este eclipse abre además un tríptico celeste sin precedentes para España: en agosto de 2027 la totalidad alcanzará Ceuta y Melilla con casi cinco minutos de oscuridad, la mayor duración del siglo, y en enero de 2028 un eclipse anular cerrará la secuencia. 

Webs esenciales: MiradorEclipe, Visualizadores,…

Del campo al cielo: Museo de San Javier (Murcia)

Museo de San Javier (Murcia)
Hoy hemos visitado el Museo de San Javier (Murcia): Todo un viaje entre la historia local y la pasión por la aviación. Nos han recibido muy bien, tanto el personal de la entrada como incluso una limpiadora temporal que ha demostrado su implicación resultando una cicerone excepcional. Nos ha agradado muy especialmente la extensa colección de pinturas de artistas locales que se ejercitan en un taller incluido en las instalaciones. 

Hay museos que sorprenden por la espectacularidad de sus colecciones, y otros que cautivan por su capacidad para contar la historia de un territorio. El Museo de San Javier (Murcia) pertenece a esta segunda categoría. Situado en una antigua casa cuartel, constituye una magnífica síntesis de la identidad del municipio: sus raíces agrícolas y pesqueras, su patrimonio etnográfico y, sobre todo, su estrecha vinculación con la aeronáutica, una relación que ha marcado la vida de San Javier durante más de un siglo. 

Para quienes disfrutamos combinando viajes, tecnología y educación, la visita resulta especialmente recomendable. No se trata únicamente de contemplar objetos históricos, sino de comprender cómo un pequeño municipio del litoral murciano llegó a convertirse en uno de los grandes referentes españoles de la formación aeronáutica gracias a la presencia de la Academia General del Aire, establecida en San Javier desde 1943. 

El recorrido comienza con salas dedicadas a la vida cotidiana tradicional. Herramientas agrícolas, útiles de pesca, recreaciones de viviendas populares y documentos históricos permiten descubrir cómo vivían generaciones anteriores en torno al Mar Menor. Estas colecciones etnológicas ofrecen un excelente recurso didáctico para comprender la evolución económica y social de la comarca y constituyen un magnífico complemento para cualquier visita familiar o escolar. 

Uno de los elementos más llamativos del museo se encuentra en su patio central: un Dornier Do 27, donado por el Ejército del Aire al Ayuntamiento de San Javier. Este avión utilitario alemán realizó su primer vuelo en 1955 y fue uno de los primeros modelos fabricados en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Destacó especialmente por sus extraordinarias capacidades STOL (Short Take-Off and Landing), es decir, por poder despegar y aterrizar en distancias muy reducidas, característica que lo convirtió en un aparato muy versátil para misiones de enlace, observación, rescate y transporte ligero. 

La presencia del Dornier Do 27 no es casual. Simboliza el vínculo permanente entre San Javier y la aviación española. Durante décadas, miles de pilotos militares iniciaron aquí su formación, contribuyendo a convertir la localidad en la auténtica “Ciudad del Aire”. Ese legado continúa hoy vivo mediante espacios como el Museo Aeronáutico Tiflológico (MAT), situado en el paseo marítimo de Santiago de la Ribera, que complementa la visita con maquetas táctiles accesibles para personas con discapacidad visual y tecnologías basadas en códigos QR y realidad virtual. Un magnífico ejemplo de cómo la innovación tecnológica puede hacer el patrimonio más inclusivo. 

Especialmente interesante resulta observar cómo ambos museos representan dos maneras complementarias de divulgar el conocimiento. Mientras el Museo de San Javier contextualiza la historia local y conserva objetos originales cargados de memoria, el MAT apuesta por la accesibilidad universal y por nuevas formas de interacción entre el visitante y el patrimonio. Ambos demuestran que la tecnología no sustituye al museo tradicional, sino que amplía sus posibilidades educativas.

Desde una perspectiva pedagógica, la visita invita además a reflexionar sobre la importancia de preservar la memoria tecnológica. Un avión como el Dornier Do 27 no es únicamente una máquina; representa décadas de innovación en ingeniería aeronáutica, cooperación industrial europea y evolución de los sistemas de formación de pilotos. Del mismo modo que conservamos castillos o iglesias, también debemos proteger los testimonios materiales de la revolución tecnológica del siglo XX.

Quien visite San Javier (Murcia) descubrirá mucho más que playas y deportes náuticos. Encontrará un municipio donde la historia, la cultura y la ciencia conviven de forma natural. El Museo de San Javier ofrece precisamente esa experiencia: un viaje que conecta tradición y modernidad, patrimonio e innovación, humanidad y tecnología.

En tiempos donde la inteligencia artificial y la digitalización transforman nuestra manera de aprender, espacios como este nos recuerdan que el conocimiento sigue necesitando lugares físicos donde observar, tocar, preguntar y comprender. Porque la mejor tecnología educativa continúa siendo aquella que despierta la curiosidad y convierte cada visita en una oportunidad para seguir aprendiendo. 

ResumenSan Javier, mucho más que sol y playa. El Museo de San Javier, una lección viva de historia. Patrimonio, tecnología y tradición en San Javier. Muchos más vídeos en nuestro TikTok,... 
@agirregabiria

Museo de San Javier (Murcia)

♬ Selling Stars - Dante Cooper

Hiperarte Thomasson: Arqueología de lo inútil en la ciudad

Los objetos Thomasson: cuando lo inútil se convierte en arte. Hay un tipo de belleza que solo emerge por accidente. No la buscó ningún arquitecto, no la firmó ningún escultor, y sin embargo late en cada ciudad que envejece: puertas que se abren al vacío, escaleras que no conducen a ninguna parte, barandillas que ya no sostienen nada. A este fenómeno, el artista japonés Genpei Akasegawa lo bautizó en la década de 1980 como "Thomasson" o "Hiperarte Thomasson", un término que designa una estructura inútil, una anomalía arquitectónica que ha dejado de cumplir su función original y que, precisamente por ello, se convierte en obra de arte en sí misma.

El origen del nombre es una de esas ironías que solo la historia sabe fabricar. En 1981, los Yomiuri Giants ficharon al bateador estadounidense Gary Thomasson con un contrato millonario, pero su rendimiento en Japón resultó decepcionante: en su primera temporada batió el récord de eliminaciones sin batear, y la segunda la pasó casi entera en el banquillo, hasta que una lesión de rodilla puso fin a su carrera. Akasegawa, aficionado al béisbol, encontró en aquel jugador carísimo e improductivo la metáfora perfecta para lo que llevaba tiempo observando en las calles de Tokio: objetos costosos de mantener, incapaces ya de cumplir ninguna función, pero conservados con un cuidado casi devocional. 

El primer Thomasson documentado apareció en 1972, durante un paseo del artista por el barrio de Yotsuya. Se trataba de una escalera que no llevaba a ningún sitio: sin puerta arriba, sin acceso abajo. Lo desconcertante no era solo su inutilidad, sino que su pasamanos mostraba señales evidentes de reparación reciente, como si alguien, en algún departamento municipal olvidado, siguiera dedicándole mantenimiento pese a que hacía tiempo que había perdido todo sentido práctico. Esa contradicción —el cuidado invertido en lo que ya no sirve— es el núcleo filosófico del concepto: el objeto sobrevive a su propósito y, al hacerlo, se transforma en otra cosa.

Con el tiempo, Akasegawa y sus alumnos de la escuela Bigakko fueron catalogando variantes: puentes que no cruzan nada, túneles que no atraviesan nada, ventanillas de billetes tapiadas, balcones sin puerta de acceso. En 1981 fundó el Thomasson Observation Center, un archivo fotográfico casi entomológico de estas ruinas domésticas, y llegó a distinguir categorías con nombres tan inquietantes como poéticos, entre ellas la de los postes telefónicos cortados a media altura.

Lo que distingue al Thomasson de otras formas de arte encontrado —el ready-made duchampiano, por ejemplo— es precisamente la ausencia de intención. Nadie diseñó estas estructuras para ser contempladas; su condición artística nace por sustracción, cuando la función desaparece pero la forma permanece, cuidada, casi venerada por una burocracia que no sabe o no quiere borrarla. El Thomasson no tiene autor: solo un observador capaz de reconocerlo.

Para la arquitectura y el urbanismo contemporáneos, el concepto ofrece algo más que una curiosidad estética. Nos obliga a mirar la ciudad no como un sistema perfectamente funcional, sino como un palimpsesto de decisiones abandonadas, de infraestructuras que sobreviven a los planes que las originaron. En un mundo obsesionado con la eficiencia y la obsolescencia programada, el Thomasson propone una mirada distinta: la de detenerse ante lo que ya no sirve para nada y, sin embargo, sigue ahí, insistiendo en su presencia. Es una lección de humildad para cualquier disciplina que aspire a la funcionalidad total, y un recordatorio de que la belleza, a veces, solo aparece cuando dejamos de exigirle un propósito a las cosas.

Resumen: La belleza involuntaria de lo que ya no sirve. Cuando la ciudad conserva lo que ha dejado de tener sentido. Genpei Akasegawa y el arte que nadie quiso crear. Lo que sobrevive sin propósito: una lección de arquitectura. El mantenimiento de lo inservible como forma de arte. Fotografiar las cicatrices funcionales de la ciudad.

@la.inercia Una de mis historias favoritas sobre la arquitectura y el arte es El Thomasson. Un elemento arquitectónico convertido en arte por su propia inutilidad. Algo que llamaríamos, hiperarte gracias al artista contemporáneo que lo descubrió y trabajó como arte conceptual y que incluso, se volvió colaborativo. Para saber el origen del nombre recomiendo a Pedro Torrijos que hizo un video muuuuy chulo sobre el tema ❤️ #arquitectura #architecture #historiadelarte #arte #arquitectos ♬ sonido original - la.inercia

Ejemplo silencioso: abuelos, nietos y verano

Día de abuelo

Hay una pedagogía que no se enseña en ningún manual y que, sin embargo, resulta más eficaz que cualquier discurso bienintencionado: la que ejercen los abuelos simplemente viviendo delante de sus nietos. Cuando la diferencia de edad entre los menores abarca de los ocho a los dieciséis años, el reto no es transmitir un mensaje único, sino sostener una coherencia que cada uno pueda interpretar desde su propio estadio de desarrollo. Una breve estancia veraniega en una casa costera ofrece, en este sentido, un laboratorio privilegiado.

El primer aprendizaje, acaso el más sutil, es el del tiempo. A los setenta años, liberados ya de la tiranía productiva que organiza la vida adulta, los abuelos pueden mostrar —no explicar, mostrar— que existe un ritmo distinto al de la inmediatez digital. Un paseo sin destino fijo, una sobremesa que se prolonga sin que nadie mire el reloj, una tarde dedicada a observar el mar: estos gestos comunican, sin pronunciar palabra, que el tiempo lento no es tiempo perdido. Para el nieto de dieciséis años, probablemente el más expuesto a la aceleración contemporánea, este contraste puede operar como una grieta por la que se cuela una intuición valiosa: la de que la calma también es una forma de inteligencia.

El segundo eje es el cuidado del entorno natural, especialmente pertinente en un contexto costero. Enseñar a no dejar rastro en la playa, a reconocer mareas, a respetar la fauna marina, conecta de manera natural con una sensibilidad ecológica que hoy resulta más urgente que nunca. Lo interesante es que este aprendizaje se despliega en distintos registros según la edad: para el más pequeño es juego y asombro; para el de doce años, conocimiento que empieza a articularse en categorías; para el mayor, una posible puerta hacia una conciencia ambiental más amplia y políticamente informada.

Pero quizá el ejemplo más perdurable —y el que la psicología del desarrollo y la sociología de la memoria familiar coinciden en señalar como decisivo— es la transmisión narrativa. Contar la propia infancia, la juventud, los errores y los aciertos, no como sermón sino como relato genuino, deja una huella que ningún consejo directo logra igualar. Los nietos rara vez recuerdan lo que se les ordenó hacer; sí recuerdan, en cambio, las historias escuchadas mientras se pelaba fruta en la cocina o se jugaba una partida de cartas en el porche. Esa narrativa oral, casi artesanal, es quizá la forma más antigua de educación que existe, y el verano —con su disponibilidad de tiempo compartido— es su escenario natural.

Finalmente, está la coherencia en lo cotidiano: el trato hacia un vecino, la manera de resolver un imprevisto sin perder la serenidad, la gratitud expresada ante lo simple. Son gestos que no buscan ser pedagógicos y que, precisamente por eso, lo son más que cualquier intento deliberado de educar. Si hay una conclusión posible, es esta: el mejor ejemplo que pueden dar unos abuelos no es un mensaje, sino una presencia. No se trata de qué se dice, sino de cómo se vive delante de quien observa. Y los nietos, a cualquier edad, observan siempre más de lo que parece.

Museo del Mar de San Pedro del Pinatar, memoria de cofradía

El Museo del Mar de San Pedro del Pinatar es patrimonio vivo en manos de sus protagonistas, los pescadores de ambos mares. Hay museos construidos por instituciones y hay museos construidos por comunidades. Los primeros responden a políticas culturales; los segundos, a una necesidad más honda: la de preservar lo que uno mismo ha vivido antes de que el tiempo lo borre. El Museo del Mar de San Pedro del Pinatar pertenece a esta segunda y más rara categoría.

Único edificio de la Comarca del Mar Menor dedicado exclusivamente al arte de la pesca, el museo pertenece a la Cofradía de los Pescadores, una circunstancia que no es un mero detalle administrativo, sino la clave que explica su carácter y su valor. No es un museo sobre los pescadores; es un museo de los pescadores, gestionado por quienes conocen el mar desde adentro.

Origen y fundación. El museo fue fundado en 1980 por don Lázaro Escudero Alarcón, patrón mayor de la Cofradía, con la intención de divulgar y dar a conocer la cultura y la historia de la pesca en el Mar Menor y el Mediterráneo. Escudero Alarcón representaba ese tipo de figura que la sociología del trabajo reconoce como “trabajador orgánico”: alguien que, al retirarse del oficio, no abandona su saber, sino que lo convierte en legado colectivo. Su iniciativa fue el germen de lo que hoy es una institución cultural de referencia en la comarca murciana.

En 2013, la familia Pérez Gracia acometió una remodelación integral del espacio, trasladándolo a dependencias más amplias dentro de la propia Cofradía e incorporando nuevas colecciones y exposiciones. Un crecimiento que refleja el arraigo de la iniciativa en la comunidad local.

Las colecciones: cuando los objetos narran. Lo que el visitante encuentra al cruzar el umbral es una lección de materialidad cultural. Las colecciones incluyen maquetas de las redes tradicionales de la pesca local —encañizadas, paranzas, pantasana—, fotografías antiguas de faenas marineras, una colección de barcos tradicionales a vela latina y embarcaciones históricas como carabelas o galeones. 

A estas piezas se suman colecciones de caracolas marinas, dentaduras de peces, caparazones de moluscos, colecciones de nudos marineros y mapas cartográficos. Cada objeto es, en sí mismo, un documento etnográfico: habla de técnicas, de saberes transmitidos de generación en generación, de una relación entre el ser humano y el ecosistema lacunar del Mar Menor que difícilmente podría comprenderse a través de la sola palabra escrita.

Las encañizadas merecen mención especial. Se trata de un sistema ancestral de pesca mediante estructuras de cañas que aprovechan los movimientos migratorios de los peces entre el Mar Menor y el Mediterráneo. Las maquetas de las encañizadas de Punta de Algas constituyen una ventana desde la que asomarse a una tradición que es sello de identidad del pueblo pinatarense. 

Un museo ante el reto de la continuidad. El director del museo, José Benito Pérez, ha señalado que espacios como este son imprescindibles para conservar la historia de localidades como San Pedro del Pinatar: “Si no mantenemos este tipo de espacios, la cultura se pierde”. A su juicio, la cultura marinera sigue arraigada en el municipio, pero la pesca atraviesa momentos de dificultad y las generaciones que continúan la tradición familiar escasean.

Esta tensión entre permanencia y transformación es, precisamente, lo que convierte al museo en un espacio educativamente relevante. No es un recinto nostálgico: es un lugar donde el pasado interpela al presente y donde la pregunta sobre el futuro de los oficios del mar se vuelve urgente.

Para visitantes: El museo tiene su sede en el Edificio del Hogar del Pescador, en la Plaza de España, centro neurálgico de San Pedro del Pinatar. El horario de visita es de miércoles a domingo, de 9:30 a 13:30 horas. Para grupos, es recomendable concertar visita previa a través de la Cofradía. Una visita al Museo del Mar combina perfectamente con un paseo por el parque regional de las Salinas y Arenales, declarado zona Ramsar, convirtiendo San Pedro del Pinatar en un destino de turismo cultural y natural de primer orden en la costa murciana. Ver álbum creciente de imágenes.

@agirregabiria

Museo del Mar de San Pedro del Pinatar (Murcia)

♬ som original - Ricardo

Las cinco islas del Mar Menor: naturaleza, historia y misterio

Durante toda la travesía en barco por el Mar Menor, el guía nos irá explicando todos los detalles de las cinco islas del Mar Menor: la isla Perdiguera, la isla del Barón, la isla Ronda, la isla del Ciervo y la isla del Sujeto . ¿Sabíais que son de origen volcánico y que albergan espacios protegidos?

Además, durante el paseo en barco descubriremos que el Mar Menor es la laguna salada más grande de Europa. A bordo del barco podremos disfrutar de su clima, la calidad de sus aguas y el entorno natural que rodea a este paisaje. Después de una hora y media navegando por la costa murciana, regresaremos a tierra firme.

Las cinco islas del Mar Menor: un archipiélago interior en el corazón del Mediterráneo. El Mar Menor, situado en el sureste de la Región de Murcia, constituye la laguna costera de agua salada más extensa de Europa, con una superficie aproximada de 135 kilómetros cuadrados . Separado del Mediterráneo por La Manga, esa lengua de tierra de apenas trescientos metros de anchura en algunos puntos, este mar interior alberga en su seno cinco islas de origen volcánico que concentran en poco espacio una extraordinaria densidad de historia, ecología y cultura popular. Conocerlas es aproximarse a uno de los ecosistemas más singulares y frágiles de la península ibérica.

La Isla del Ciervo es, con diferencia, la más accesible y visitada. Unida a La Manga mediante una pasarela peatonal, su nombre evoca la presencia histórica de ciervos en sus costas, aunque hoy la fauna terrestre se reduce a aves y reptiles. Sus dimensiones modestas —apenas ocho hectáreas— no impiden que acoja una vegetación de matorral mediterráneo bien conservada y unas vistas panorámicas que permiten contemplar simultáneamente las dos masas de agua que la rodean. Es la puerta de entrada simbólica al archipiélago interior.

La Isla Mayor, también conocida como Isla del Barón —en referencia al barón de Benifayó, que la adquirió en el siglo XIX—, es la más extensa del conjunto, con unas catorce hectáreas. Históricamente cultivada y habitada de forma estacional, conserva restos de edificaciones que hablan de una economía vinculada a la pesca y la agricultura de secano. Su posición central en la laguna la convierte en un punto de referencia visual constante para quienes navegan el Mar Menor.

La Isla Perdiguera, cuyo topónimo alude a las perdices que antaño la poblaban, es quizás la más célebre entre aficionados a la vela y el submarinismo. Sus aguas circundantes, de escasa profundidad y notable transparencia, ofrecen fondos de Posidonia oceanica —la fanerógama marina cuya presencia es indicador de calidad ecológica— y restos arqueológicos subacuáticos que testimonian siglos de navegación comercial romana y fenicia. La isla forma parte de los espacios protegidos de la Región de Murcia.

La Isla Rondella es la más pequeña del grupo y la menos frecuentada. De morfología casi circular —de ahí su nombre— y escasa elevación sobre el nivel de la laguna, representa el arquetipo de islote residual volcánico. Su interés radica principalmente en su papel como refugio de aves acuáticas, especialmente limícolas y ardeidas durante los períodos migratorios, lo que la convierte en un enclave de observación ornitológica de primer orden.

La Isla de las Encañizadas, situada en el extremo norte, próxima a los canales que comunican el Mar Menor con el Mediterráneo, cierra el conjunto con una particularidad histórica relevante: las encañizadas son sistemas tradicionales de pesca mediante cañas entretejidas, una técnica que los pescadores locales han empleado durante siglos para capturar la lisa, el mújol y la dorada en su tránsito entre las dos masas de agua. Esta isla es, en cierta medida, un monumento vivo a la cultura pesquera del sureste español.
Las cinco islas comparten un origen geológico común: forman parte del campo volcánico de Cartagena-La Unión, cuya actividad se desarrolló fundamentalmente durante el Mioceno superior, hace entre seis y diez millones de años. Esta herencia geológica confiere a sus suelos una composición mineralógica particular que condiciona tanto la vegetación como la fauna que las habita.

El Mar Menor atraviesa hoy una crisis ecológica severa , derivada de la presión urbanística, la agricultura intensiva y la sobrecarga turística. La suerte de estas cinco islas está indisolublemente ligada a la de la laguna que las sostiene. Comprenderlas, visitarlas con responsabilidad y reivindicar su protección no es solo un acto de turismo consciente: es también un ejercicio de ciudadanía ambiental en defensa de un patrimonio natural irreemplazable.
@agirregabiria

Travesía en barco por el Mar Menor: Isla Mayor o del Barón

♬ son original - Deep The Wasp

La primavera florece en Getxo

¡Qué maravilla de paseo! La avenida Eduardo Coste en esta época se convierte en uno de los puntos más fotogénicos de Getxo (miles de posts). Esos perales de flor (Pyrus calleryana) crean un túnel blanco que parece sacado de un cuento antes de que el Cantábrico asome al fondo.
La primavera florece en Getxo

Sin retoques, solo Getxo en estado puro. Álbum creciente de imágenes.

Peral de flor o peral de Callery (Pyrus calleryana)

Biarritz en dos días: Guía culta entre historia y costa vasca

Biarritz (otros posts): una ciudad de capas históricas. Biarritz, ubicada en el extremo norte de la costa vasca francesa, representa uno de los casos más interesantes de transformación urbana del siglo XIX europeo. De un pueblo ballenero medieval pasó a convertirse en destino de la aristocracia y la burguesía industrial gracias a los caprichos de Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Esta metamorfosis dejó huellas arquitectónicas que todavía estructuran la experiencia contemporánea de la ciudad, haciendo que cualquier visita breve adquiera una dimensión histórica incapaz.

Primer día: la costa y la arquitectura Belle Époque. Una jornada bien aprovechada comienza en la Playa del Ayuntamiento o la Grande Plage, desde donde la geografía urbana revela su lógica decimonónica. El paseo marítimo, con sus construcciones señoriales del XIX, comunica visualmente con el Casino, edificio emblemático de 1903 diseñado por el arquitecto Coquet. No se trata simplemente de admirar estructuras, sino de leer en la piedra y el hierro forjado las aspiraciones de una época que creía en el progreso material como vía hacia el refinamiento.

Desde allí, el recorrido hacia el norte conduce al Museo del Mar (Musée de la Mer), instalado en una construcción Art Déco que aloja una colección que ilustra tanto la historia ballenera de la región como la ecología marina atlántica contemporánea. La visita se complementa ascendiendo al Faro de Biarritz, desde donde la perspectiva panorámica permite captar la lógica geográfica y urbanística de la ciudad.

Por la tarde, conviene transitar por el barrio histórico alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora del Atalay, núcleo medieval preservado donde la textura urbana premoderna aún respira. Una caminata hacia el sur, hacia la Roca de la Virgen, ofrece tanto puntos de vista privilegiados como reflexión sobre cómo el simbolismo religioso ha estructurado los paisajes costeros europeos.

Segundo día: naturaleza, cultura y pensamiento. El segundo día puede dedicarse a una exploración más reflexiva. Los acantilados de Côte des Basques constituyen un espacio donde naturaleza y práctica cultural (el surf) convergen de forma paradigmática. Es útil desayunar en un café próximo y observar cómo la modernidad del deporte acuático dialoga con la geomorfología ancestral.

Una visita al Museo Asiático (colección privada de arte oriental) amplía la perspectiva cosmopolita de Biarritz: la ciudad no solo mira hacia Europa, sino que históricos viajes comerciales y exotismo decimonónico dejaron marcas en sus colecciones. Por la tarde, el Château de Marracq (ahora hotel, pero su estructura es visitables desde sus espacios públicos) ejemplifica cómo la arquitectura residencial de élite operaba como manifestación del gusto burgués.

Recorrer Biarritz en dos días no significa agotar sus atractivos, sino comprender cómo una ciudad costera se convierte en palimpsesto: estratos medievales bajo capas Belle Époque, todo ello dialogando con la presencia atlántica permanente. Es un ejercicio de lectura urbana donde el viajero culto descubre que el ocio balneario nunca fue únicamente hedonista, sino expresión de transformaciones sociales, técnicas y estéticas profundas.

Álbum de imágenes públicas.

@gukgreen 🌊 5 COSAS QUE HACER EN BIARRITZ 🌊 1️⃣ ROCHER DE LA VIERGE 📍 Un icónico peñasco con una estatua de la Virgen María, accesible por un puente. 📸 No te olvides de sacarte una foto en su arco con el mar de fondo. 🌅 Vistas espectaculares del océano y la costa vasca. 2️⃣ PUERTO DE LOS PESCADORES 📍 Un pequeño y colorido puerto lleno de encanto. 🐟 Restaurantes con marisco fresco y ambiente marinero. 🚶‍♂️ Ideal para un paseo tranquilo mientras disfrutas de la brisa del mar. 3️⃣ CALLEJEAR Y DESCUBRIR SU ARQUITECTURA 📍 Recorre sus calles comerciales llenas de vida y tiendas. ⛪ Iglesia de Santa Eugenia: arquitectura neogótica con vistas al puerto. ⛪ Iglesia Ortodoxa de San Alejandro: un pedazo de Rusia en Biarritz. 💡 No te pierdas el Faro de Biarritz, con vistas de postal desde lo alto. 4️⃣ BUSCAR EL OSO DEL BALCÓN 👀 Un curioso detalle escondido en la ciudad, ¿serás capaz de encontrarlo? 📸 Una foto con el famoso ‘oso del balcón’ es casi obligatoria. 🔎 Pista: mira hacia arriba en los edificios de la calle comercial mas famosa. 5️⃣ DISFRUTAR DE SUS PLAYAS Y ATARDECERES 🌊 La Grande Plage y la Côte des Basques son perfectas para relajarse o surfear. 🌅 Atardeceres de ensueño, considerados de los mejores de toda Francia. 📸 No olvides capturar ese momento dorado y dejar relajarte ✨ Ideal para: amantes del postureo 🤣🤪 #Biarritz #PaísVascoFrancés #Francia #Surf #Viajes #Atardeceres #gukgreen #paysbasque #basquecountry #Euskadi #paisvasco ♬ In the Mood - Glenn Miller

XXX Carrera Las Arenas-Bilbao 2026

 

XXX Carrera Las Arenas-Bilbao 2026

Álbum de imágenes y vídeos,...  Otras ediciones de esta carrera. La misma carrera, desde la salida en Areeta, en ediciones anteriores de 20252023, 2022, 20202019, 2018, 201720152014201320122011201020092008, 20072006,...

@agirregabiria

XXX Carrera Las Arenas-Bilbao 2026

♬ nhạc nền - K-O DJ DJ REMIX

Este domingo se ha celebrado la 30ª edición de la carrera Las Arenas-Bilbao, la más antigua de Euskadi sobre asfalto y la segunda del Estado tras la Jean Bouin, que se celebra en Cataluña. La carrera nació en 1930, y tras numerosas interrupciones, recuperó su cronología histórica hace 30 años, habiéndose cancelado solamente por la pandemia del coronavirus. Más de 2.000 atletas recorren los 12.333 metros en esta vigesimonovena edición, y entre ellos habrá corredores de diferentes países. Y es que, esta carrera, aunque es de carácter popular, ha atraído a lo largo de sus historia a atletas de hasta 12 países diferentes, con podios absolutos de siete nacionalidades diferentes. 

Recorrido: La prueba ha partido a las 10.30 horas desde los aledaños del Puente Bizkaia, recorriendo toda la margen derecha de la ría del Nervión a través de los municipios de Getxo, Leioa y Erandio para llegar a la capital vizcaína. A Bilbao se entrará por el barrio de San Inazio donde los participantes contarán con un puesto de avituallamiento en la curva de Elorrieta. El recorrido seguirá por Zarandoa, Camino de Morgan, Ballets Olaeta, para subir por el puente de Euskalduna, el único desnivel importante de la carrera. Los últimos metros de carretera serán por la bajada de Olabeaga para introducirse por el Museo Marítimo y recorrer todo el paseo de Uribitarte hasta la llegada, a la altura de la Plaza Pío Baroja.