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Homenaje a Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez ha muerto, pero nos ha legado un tesoro inmenso de sabiduría, de literatura, de vivencias que forman parte del patrimonio de la humanidad. Gabo fue un gran periodista y escritor, y Premio Nobel de Literatura en 1982 («por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, lo que refleja la vida y los conflictos de un continente»).

Una oportunidad para releer "Cien años de soledad" (ver en PDF), o disfrutar con sus citas destacadas ordenadas por obras. Recordemos algunas, mencionadas en distintos libros:

  • "También el amor se aprende".
  • "El periodismo es el mejor oficio del mundo".
  • "-La ilusión no se come -dijo ella -No se come, pero alimenta -replicó el coronel".
  • "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".
  • "En realidad, el único momento de la vida en que me siento ser yo mismo es cuando estoy con mis amigos".
  • Trece maneras de mirar el cielo, de José Edelstein

    En el año 2026, del eclipse solar total que no se veía desde 1912, mirar el cielo es uno de los gestos más antiguos de la humanidad. Antes de la escritura, antes de la ciencia moderna, incluso antes de la agricultura, los seres humanos ya levantaban la vista para buscar sentido en las estrellas. En Trece maneras de mirar el cielo, el físico y divulgador José Edelstein recupera ese gesto ancestral y lo convierte en una reflexión contemporánea donde convergen la física, la historia, la filosofía y la literatura.

    No hace mucho tiempo, Jabi Luengo -un colega docente- en un comentario nos recomendaba esta obra. «El cielo siempre ha sido un espejo de nuestras preguntas más profundas.» Publicado en 2025, el libro no pretende explicar el cosmos de forma exhaustiva, sino invitarnos a comprender cómo distintas culturas, disciplinas y figuras históricas han mirado el mismo cielo y han extraído de él significados radicalmente distintos.

    José Edelstein: un científico con vocación humanista. José Edelstein (Buenos Aires, 1968) es doctor en Física Teórica y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela, además de investigador en el Instituto Gallego de Física de Altas Energías (IGFAE). Especialista en gravedad cuántica y teoría de cuerdas, ha desarrollado una sólida carrera académica sin renunciar a una intensa labor divulgadora.

    Autor de obras como Antimateria, magia y poesía o Einstein para perplejos, Edelstein se distingue por una forma de divulgación que no separa el conocimiento científico de su contexto cultural, histórico y humano. Su escritura combina rigor conceptual, claridad expositiva y una evidente sensibilidad literaria. En Trece maneras de mirar el cielo, esa triple vocación —científica, pedagógica y humanista— alcanza una de sus expresiones más logradas.

    Trece miradas, un mismo cieloEl libro se estructura en trece capítulos relativamente breves, cada uno de los cuales propone una forma distinta de observar y pensar el cielo. No se trata de una historia lineal de la astronomía, sino de un mosaico de enfoques que dialogan entre sí. Éstas son las 13 perspectivas:

    El cielo mítico. El cielo como escenario de dioses, relatos fundacionales y explicaciones simbólicas del mundo. Constelaciones, mitología griega y cosmogonías antiguas. 2 El cielo filosófico. El cielo como objeto de reflexión sobre el orden, la armonía y el lugar del ser humano en el cosmos (de Platón a Aristóteles). 3 El cielo del astrónomo antiguo. La observación sistemática del firmamento sin telescopios: calendarios, eclipses, movimientos planetarios y primeras teorías astronómicas. 4 El cielo matemático. El cielo entendido a través de números, geometría y modelos abstractos que describen órbitas, ciclos y regularidades. 5 El cielo de la revolución científica. De Copérnico a Galileo y Newton: el cielo deja de ser perfecto e inmutable y pasa a obedecer leyes físicas universales.

    El cielo newtoniano. El universo como una gran máquina regida por leyes precisas, predecibles y deterministas. 7 El cielo relativista. El cielo de Einstein: espacio y tiempo ya no son absolutos, la gravedad es geometría y el cosmos se vuelve más extraño y profundo. 8 El cielo cuántico. La mirada contemporánea que introduce incertidumbre, probabilidades y límites al conocimiento, incluso cuando observamos el universo. 9 El cielo cosmológico. El cielo como historia: origen del universo, Big Bang, expansión cósmica y destino final del cosmos. 10 El cielo del artista. El cielo visto por la música, la pintura y la literatura: Beethoven, Van Gogh, poetas y narradores que lo convierten en emoción y metáfora. 11 El cielo del escritor. El cielo como recurso narrativo y simbólico en la literatura (de Borges a García Márquez), donde mirar el cielo es mirar la condición humana. 12 El cielo del divulgador. El cielo como puente entre ciencia y sociedad: cómo contar el universo sin traicionarlo ni trivializarlo.13 El cielo del ciudadano contemporáneo. El cielo que hoy miramos entre satélites, contaminación lumínica, pantallas y datos: una invitación a recuperar el asombro y la pregunta.

    A lo largo de sus páginas aparecen figuras tan dispares como un astrónomo griego del siglo III a. C., compositores como Beethoven, escritores como Gabriel García Márquez o científicos contemporáneos como Stephen Hawking. «¿Qué tienen en común un físico griego del siglo III a. C., Beethoven, Stephen Hawking y Gabriel García Márquez

    La respuesta no es trivial: todos ellos han mirado el cielo desde su propio lenguaje y han construido, a partir de esa mirada, una forma de comprender el mundo. Edelstein muestra cómo las leyes del movimiento planetario, los mitos antiguos, la música o la literatura comparten una misma raíz: el deseo humano de encontrar orden, belleza y sentido en el cosmos.

    Divulgación que invita a pensarUno de los grandes méritos del libro es que no se limita a divulgar conceptos científicos. Edelstein no busca ofrecer respuestas cerradas, sino provocar preguntas. El lector no sale del libro con una lista de datos memorizados, sino con una mirada más amplia y crítica sobre qué significa conocer. 

    Este enfoque convierte la obra en una herramienta especialmente valiosa para el ámbito educativo, donde a menudo se separan artificialmente ciencias y humanidades. Trece maneras de mirar el cielo demuestra que esa división es, en el fondo, una simplificación empobrecedora. «Una lectura que nos recuerda que el conocimiento no avanza solo acumulando datos, sino ampliando las preguntas que somos capaces de formular.»

    Una invitación al asombroEn tiempos de sobreinformación y respuestas inmediatas, este libro propone una pausa. Mirar el cielo, nos dice Edelstein, sigue siendo un ejercicio intelectual y ético: nos obliga a reconocer nuestra pequeñez, pero también nuestra capacidad de comprender.

    Trece maneras de mirar el cielo es, en definitiva, una obra para lectores curiosos, docentes, estudiantes y amantes de la divulgación que buscan algo más que explicaciones: buscan sentido. Un libro que recuerda que el cielo no ha cambiado, pero nuestras formas de mirarlo siguen evolucionando.

    Analepsis, prolepsis y elipsis, recursos narrativos mágicos


    Existen tres tipos de anacroníasanalepsis, prolepsiselipsis. Analepsis: hacer un salto narrativo al pasado. Prolepsis: hacer un salto narrativo al futuro. Elipsis: omitir momentos siguiendo la línea de tiempo.

    La analepsis, también conocida como flashback, es una técnica narrativa en la que se produce una interrupción en la secuencia cronológica de los eventos para narrar hechos ocurridos en un momento anterior al tiempo en el que transcurre la historia principal. Se utiliza para dar contexto, explicar antecedentes de los personajes o situaciones y profundizar en la trama, permitiendo que el lector o espectador entienda mejor el presente de la historia. La analepsis es común en la literatura, el cine y la televisión. 
    Se suele distinguir entre flashback, término tomado del teatro donde se da un breve "salto atrás", y el racconto, de mayor extensión. Narra acontecimientos anteriores al presente de la acción e incluso anteriores al inicio de la creación. 

    Un ejemplo clásico de 
    analepsis se encuentra en la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. En esta obra, se utiliza el recurso de flashback para narrar eventos pasados de la familia Buendía, permitiendo comprender el presente de los personajes y la historia de Macondo. Otro ejemplo es en Forrest Gump, donde el personaje principal recuerda varios momentos de su vida mientras cuenta su historia a distintas personas en una parada de autobús. Estos saltos al pasado dan contexto a su vida y explican cómo llegó a la situación actual.

    Un caso de prolepsis, o flashforward, aparece en Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez. Desde el comienzo de la novela, el lector sabe que Santiago Nasar va a morir, y a lo largo de la historia se anticipa repetidamente su muerte inminente. Este recurso intensifica la tensión narrativa, ya que se exploran los eventos y decisiones que llevan a ese desenlace anunciado. Otro ejemplo es en la serie de televisión Breaking Bad, donde varios episodios inician con escenas en el futuro que muestran consecuencias catastróficas o misteriosas, antes de volver al presente para contar cómo los personajes llegan a esa situación.

    Un ejemplo de elipsis ocurre en El extranjero de Albert Camus (varios posts). En esta novela, la muerte de la madre del protagonista, Meursault, no es detallada; simplemente se menciona que ha fallecido. La narrativa omite cualquier descripción del evento en sí, y en cambio se centra en las reacciones de Meursault y su indiferencia ante el hecho. Esta elipsis refleja la apatía del personaje y enfatiza la distancia emocional que lo caracteriza. Otro ejemplo se da en Don Quijote de la Mancha (varios posts) de Miguel de Cervantes, donde la historia omite detalles de la recuperación de Don Quijote después de sus derrotas. Simplemente se menciona que volvió a casa o que pasó un tiempo sin aventuras. Esto permite avanzar rápidamente en la trama sin detenerse en eventos que no son esenciales para el desarrollo principal.

    Abuelas y abuelos para grandes literatos

    Para celebrar el 26 de julio, Día de los Abuelos y Abuelas
    La nieta del Señor Linh
    Si hay un tipo de literatura que dedique especial cariño a la figura de los abuelos
     (necesitamos el concepto de abuelidad) y que mantenga un vínculo profundo y poético con ellos, esa es la Literatura Infantil y Juvenil. Y, si hay un abuelo conocido y reconocido dentro de ésta, ese es Don Nicolás, el abuelo de Manolito Gafotas. Y no es de extrañar tal reconocimiento porque, como diría el propio Manolito, el abuelo Nicolás “mola, mola mucho, mola un pegote”.

    Elvira Lindo construye una relación marcada por el afecto y el cariño entre ambos personajes. Sentimientos que se van afianzando conforme los títulos sobre la vida de Manolito proliferan. El abuelo dejó el pueblo para mudarse a Carabanchel Alto con el resto de la familia y, desde entonces, él y Manolito— y cuando se le permite también El Imbécil—, son inseparables. Manolito admira a su abuelo porque es un hombre que sabe mucho. A veces Don Nicolás se encarga de recoger las notas de su nieto en el colegio, y sabemos que las notas pueden ser un conflicto para Manolito, pero no pasa nada, lo importante es que siempre tiene la confianza de contarle los problemas a su abuelo, a su “súperabuelo”. 

    El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía ni leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo”. Con estas palabras comenzaba José Saramago su discurso por el Premio Nobel de Literatura en 1998. El hombre más sabio a quien había conocido el escritor no fue otro que su abuelo Jerónimo. Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha, abuelos maternos del autor portugués, se convirtieron en dos figuras fundamentales en su vida y en su obra. Las palabras del nobel son un homenaje a sus abuelos y a su infancia junto a ellos en Azinhaga. En su discurso recuerda las historias que su abuelo Jerónimo le contaba en las noches de verano: “Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba”. El tiempo que el escritor pasó en Azinhaga afloró en su escritura años más tarde, cuando materializó los recuerdos que guardaba de sus abuelos: la consciencia de Jerónimo y Josefa, su cotidianidad y las costumbres de su hogar, en las historias de sus novelas. Al escribir sobre ellos, de alguna forma, logró inmortalizar parte de su vida. Logró transformar a “personas comunes en personajes literarios” y esa fue la manera que tuvo “de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo”. 

    No fue el único premio nobel influenciado por sus abuelos maternos. Para Gabriel García Márquez la presencia de Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, abuelos con quienes vivió durante su infancia, fue la base que años más tarde sostendría parte de su escritura y, más aún, de su forma de entender el oficio. En Vivir para contarla explica su relación con Tranquilina y lo influyente que fue para él: “Me contaba las cosas más atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acababa de ver. Descubrí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía a la verisimilitud de sus historias. Usando el mismo método de mi abuela, escribí Cien años de soledad”. 

    Esas “cosas atroces” tenían que ver con el hecho de que para Tranquilina Iguarán la frontera entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se representaba ambigua, confusa. María Mercedes Montoya señala en su estudio sobre la infancia del escritor que, durante el día, para Gabo “el mundo mágico de la abuela Tranquilina era fascinante, vivía dentro de él, era su mundo propio. Pero en la noche le causaba terror, sobre todo cuando la abuela lo inmovilizaba en una silla —a los cinco años de edad—y lo asustaba con los muertos que andaban por allí”, por su casa. Los muertos eran sus familiares, antecesores como su tía Petra o su tía Margarita Márquez, a quien tomaría como “base real de Remedios Moscote en Cien años de soledad”. Su abuelo Nicolás Márquez también fue muy influyente en su obra: las historias sobre su participación en una de las guerras civiles del Caribe sirvieron de inspiración para la obra magna del escritor colombiano y para construir el personaje del coronel Aureliano Buendía.
    Para concluir, entre otras una recomendación de lectura con cuya representación iniciamos este post: La nieta del Señor Linh, de Philippe Claudel. Se lee muy rápidamente en este PDF, por ejemplo. Todo un relato sobre el poder de la familia, el valor vital de una nieta para su abuelo (cinco años extra de vida cuidar de nietos), la fortaleza familiar y de amistad (esa familia extendida que necesitan nuestras sociedades) que se puede tejer incluso en las situaciones más dramáticas.

    Un breve resumen sería: Una fría mañana de noviembre, tras un penoso viaje en barco, un anciano desembarca en un país que podría ser Francia, donde no conoce a nadie y cuya lengua ignora. El señor Linh huye de una guerra (Vietnam, parece) que ha acabado con su familia y destrozado su aldea. La guerra le ha robado todo menos a su nieta, un bebé llamado Sang Diu, que en su idioma significa «Mañana dulce» una niña tranquila que duerme siempre que el abuelo tararee su nana, la melodía que han cantado durante generaciones las mujeres de la familia. Instalado en un piso de acogida, el Señor Linh sólo se preocupa por su nieta, su única razón de existir hasta que conoce al Señor Bark (necesitamos muchos como este personaje), un hombre robusto y afable cuya mujer ha fallecido recientemente. 

    Un afecto espontáneo surge entre estos dos solitarios que hablan distintas lenguas, pero que son capaces de comprenderse en silencio y a través de pequeños gestos. Ambos se encuentran regularmente en un banco del parque hasta que, una mañana, los servicios sociales conducen al señor Linh a un hospicio que no está autorizado a abandonar. El señor Linh consigue, sin embargo, escapar con Sang Diu y adentrarse en la ciudad desconocida, decidido a encontrar a su único amigo. Su coraje y determinación lo conducirán a un inesperado desenlace, profundamente conmovedor. Tras el enorme éxito de Almas grisesPhilippe Claudel ha vuelto a causar un gran impacto con esta exquisita fábula sobre el exilio y la soledad, o lo que es lo mismo, la lucha por preservar la identidad.

    ¿Qué es la vida, en una palabra?

    Una selección de mentes brillantes, ordenados por año de nacimiento, nos definen la existencia: Un mosaico que va del arte al dolor, del poder a la absoluta libertad. Hay otras muchas reflexiones, sin autoría contrastada: La vida es el tiempo. La vida es la pregunta. La vida es el aprendizaje. La vida es la sorpresa. La vida es la posibilidad. La vida es el relato que dejamosLa vida es el arte de comenzar de nuevo. La vida es aquello que ocurre mientras hacemos planes ¿The Beatles?). La vida es un préstamo del universo. Personalmente, me quedo con la propuesta de Gandhi,... 

    Edad Antigua

    Lao Tse (c. 604 a.C.) – El vacío. Buda (c. 563 a.C.) – El desapego. Confucio (551 a.C.) – La virtud. Heráclito (c. 540 a.C.) – El cambio. Sócrates (c. 470 a.C.) – Una prueba. Platón (c. 427 a.C.) – La sombra. Aristóteles (384 a.C.) – La mente. Epicuro (341 a.C.) – El placer. Agustín de Hipona (354 d.C.) – La inquietud.

    Edad Media y Renacimiento

    Rumi (1207) – El retorno. Leonardo da Vinci (1452) – La observación. Bernat Etxepare (c. 1480) – La palabra. Teresa de Ávila (1515) – El castillo. Miguel de Cervantes (1547) – La ilusión. Pedro Agerre "Axular" (1556) – La demora. William Shakespeare (1564) – El teatro.

    Edad Moderna (Siglos XVII y XVIII)

    René Descartes (1596) – La duda. Baruch Spinoza (1632) – Dios mismo. Isaac Newton (1643) – La ley. David Hume (1711) – La costumbre. Immanuel Kant (1724) – El deber. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770) – El espíritu. Arthur Schopenhauer (1788) – El sufrimiento.

    Siglo XIX

    Charles Darwin (1809) – La adaptación. Søren Kierkegaard (1813) – La angustia. Karl Marx (1818) – La idea. Fiódor Dostoievski (1821) – El infierno. Lev Tolstói (1828) – La búsqueda. Friedrich Nietzsche (1844) – El poder. Sigmund Freud (1856) – La muerte. Nikola Tesla (1856, julio) – La frecuencia. Henri Bergson (1859) – La duración. Resurrección María de Azkue (1864) – La raíz. Miguel de Unamuno (1864) – La agonía. Evaristo Bustinza "Kirikiño" (1866) – La ironía. Marie Curie (1867) – El experimento. Mahatma Gandhi (1869) – El amorBertrand Russell (1872) – La competencia. Pío Baroja (1872) – La aventura. Carl Gustav Jung (1875) – El símbolo. Antonio Machado (1875) – El camino. Albert Einstein (1879) – El conocimiento. Aurelio Arteta (1879) – La luz. Pierre Teilhard de Chardin (1881) – La convergencia. Pablo Picasso (1881) – El arteJosé Ortega y Gasset (1883) – La circunstancia. Franz Kafka (1883) – Solo el comienzo. Fernando Pessoa (1888) – Los otrosLudwig Wittgenstein (1889) – El límite. Xabier Lizardi (1896) – La flor efímera. Federico García Lorca (1898) – La sangre. Xavier Zubiri (1898,) – La realidad. Jorge Luis Borges (1899) – El laberinto.

    Siglo XX y Contemporáneos

    Pablo Neruda (1904) – El deseo. Jean-Paul Sartre (1905) – La elección. Esteban Urkiaga "Lauaxeta" (1905) – El fuego. Hannah Arendt (1906) – La acción. Simone de Beauvoir (1908) – La conquista. Jorge Oteiza (1908) – La forma vacía. Simone Weil (1909) – La espera. Albert Camus (1913) – La rebelión. Koldo Mitxelena (1915) – La memoria. Juan Rulfo (1917) – Los muertos. Eduardo Chillida (1924) – El espacio. Gabriel García Márquez (1927) – La soledad. Txillardegi (1929) – La lengua. Gabriel Aresti (1933) – La resistencia. Stephen Hawking (1942) – La esperanza. Ramon Saizarbitoria (1944) – La herida. Bernardo Atxaga (1951) – El extranjero. Steve Jobs (1955) – La fe.

    Amor y tiempo dedicado: Una relación proporcional y recíproca

    Suelo decir que gracias a Amazon Photos ya podemos medir con exactitud a quienes queremos más,... y quienes nos quieren más. Porque con el reconocimiento de rostros, esta aplicación te ordena las personas que has fotografiado o cuyas imágenes guardas en tu móvil. Y vienen estrictamente secuenciadas por cantidad de apariciones,... Cuantas más imágenes, más veces has coincidido, con tanto valor que habéis decidido inmortalizar el encuentro,... En definitiva, a las que más quieres y añoras cuando no las puedes ver,...

    El amor y el tiempo están intrínsecamente relacionados, ya que el tiempo que dedicamos a alguien o algo es una de las manifestaciones más poderosas del amor. Implica que nos importa profundamente aquello en lo que invertimos nuestra vida. Al dedicar el limitado tiempo de una vida, demostramos que estamos presentes, que elegimos voluntariamente involucrarnos y nutrir esa relación, ya sea con una persona, una pasión o una causa. Esto es fundamental porque, como bien dijo Antoine de Saint-Exupéry en "El Principito", "Es el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante". Este acto de dedicación y atención mide el aprecio y es lo que realmente da valor a lo que amamos.

    El tiempo que se dedica a alguien o algo permite que el amor evolucione y se profundice. Las relaciones, sean de pareja, amistad o familiares, requieren de un cultivo constante. El amor no es una emoción estática, sino que se construye y refuerza a través de la experiencia compartida. Esta idea está presente en la obra de Gabriel García Márquez, donde en su novela "El amor en los tiempos del cólera", el autor describe cómo Florentino Ariza esperó a Fermina Daza durante más de 50 años, sin dejar que el paso del tiempo apagase su amor. Márquez señala que "el amor se hace más grande y noble en la calamidad", mostrando que es la persistencia y el tiempo dedicado lo que le da profundidad y durabilidad.

    Dedicarse a alguien o a algo también implica sacrificio, y este sacrificio es una prueba tangible del amor. Elegir pasar tiempo con una persona en lugar de dedicarse a otras actividades es una forma de priorizar, de decir sin palabras que esa persona o actividad es importante para nosotros. Erich Fromm, en su ensayo "El arte de amar", escribe: "No es suficiente sentir amor, es necesario también actuar con amor. El amor es una actividad, no un afecto pasivo". Aquí, Fromm resalta que el verdadero amor no es solo una emoción pasajera, sino una elección constante que requiere esfuerzo y dedicación.

    Por otro lado, la falta de tiempo o la negligencia puede erosionar el amor. Si no dedicamos tiempo a aquello que decimos amar, esa relación o proyecto comienza a deteriorarse. Es lo que refleja la frase popular "lo que no se cuida, se pierde". Incluso William Shakespeare, en "Romeo y Julieta", destaca cómo la urgencia del tiempo en las relaciones puede marcar su intensidad y, a veces, su tragedia. Romeo dice: "El amor es una llama que arde con más fuerza cuanto más rápido quiere apagarse", sugiriendo que cuando no se cultiva adecuadamente, el amor puede quemarse de manera fugaz y efímera.

    El amor se mide, en gran parte, por el tiempo que estamos dispuestos a dedicar. Este tiempo representa la energía y el compromiso que invertimos en algo o alguien, y sin él, el amor difícilmente puede florecer o sostenerse. Todo lo contrario es eso de "darse un tiempo", expresión popular que significa lo contrario de lo literal: "Quedarse el tiempo uno mismo y dejar de darlo a la pareja".

    La relación entre el amor y el tiempo dedicado a una persona o a una labor es profunda y bidireccional. El amor, en sus diversas formas (romántico, familiar, por una vocación o por una actividad), suele medirse en parte por la disposición de invertir tiempo y energía en esa persona o tarea. 
    Dedicar tiempo es una forma tangible de expresar interés, cuidado y compromiso. Veamos algunos argumentos:

    1. Calidad vs cantidad: Aunque el tiempo dedicado es importante, la calidad de ese tiempo también cuenta. No siempre es necesario estar en contacto constante; lo esencial es que el tiempo invertido sea significativo y que fomente el crecimiento de la relación o el desarrollo en la actividad. La atención plena, la escucha activa y el apoyo emocional tienen un peso crucial. 
    2. Construcción de confianza y conexión: En las relaciones humanas, el tiempo compartido permite construir una conexión más sólida. El compartir experiencias y enfrentar juntos los desafíos fortalece los lazos y crea una base de confianza. Del mismo modo, dedicar tiempo a una labor permite un crecimiento en la habilidad y un vínculo más profundo con lo que se hace. 
    3. El sacrificio y las prioridades: El tiempo es un recurso limitado, por lo que dedicarlo a alguien o algo también implica sacrificios. El hecho de elegir pasar tiempo con una persona o en una labor a menudo refleja la prioridad que ocupa en nuestra vida. En este sentido, el tiempo dedicado puede ser un reflejo del amor que sentimos, ya que implica renunciar a otras actividades o personas. 
    4. Crecimiento y reciprocidad: Tanto en relaciones como en actividades, el tiempo invertido tiende a producir resultados. En las relaciones, el amor puede profundizarse y fortalecerse con el tiempo, siempre y cuando sea recíproco. En una actividad o labor, el esfuerzo constante también lleva a un desarrollo de habilidades y un sentido más profundo de satisfacción y pertenencia.

    En resumen, el amor y el tiempo están estrechamente conectados. El tiempo dedicado es tanto una expresión de amor como un medio para fortalecerlo y desarrollarlo, tanto en relaciones como en actividades personales o profesionales.

    Homenaje de Google a María Montessori

    ¡Qué maravilloso modo de acabar el verano y enfilar el curso académico, con un homenaje de Google a la gran maestra María Montessori!
    En el 142º aniversario de su nacimiento y tras 50 60 años desde su fallecimiento en 1952. No en vano, María Montessori inspiró las escuelas donde estudiaron Gabriel García Márquez, Jimmy Wales (Wikipedia), Jeff Bezos (Amazon) o Ana Frank, y -por supuesto- los creadores de Google también se graduaron siguiendo sus lecciones [como nos recuerdan desde lainformación.com ]. Por todos sus méritos, Google le dedica hoy su 'doodle' o logotipo personalizado de esta fecha.Algunas de sus citas más representativas de la pedagogía que propugnaba María Montessori:
    • “Ayúdame a hacerlo por mí mismo.”
    • "Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo."
    • "El instinto más grande de los niños es precisamente liberarse del adulto."
    • "El movimiento ayuda al desarrollo psíquico y este desarrollo se expresa a su vez con un movimiento y una acción."
    • "La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: "Ahora los niños trabajan como si yo no existiera"."
    • "No me sigan a mí, sigan al niño."
    El 'doodle' de Google recrea las letras de G-O-O-G-L-E con algunos de los materiales didácticos que María Montessori propuso en su época. ¡Ojalá hubiese dispuesto de los recursos tecnológicos de hoy en día para reinventar la educación!

    Semillas de papel: Canal YouTube que no puedes dejar de gozar


    Un blog puede justificarse por múltiples razones. En nuestro caso, y en la actualidad, sirve para compartir lo que cada día aprendemos, reaprendemos, desaprendemos o simplemente disfrutamos y que creemos que puede ser de algún valor relativo para quienes nos leen. Es un modo simple de convivir e interaccionar con quienes se deleitan con nuestras mismas pasiones, como -por ejemplo hoy- la lectura.

    La excelente y ecuánime selección de libros es la siguiente: El jugador – Fiódor Dostoievski, La muerte en Venecia – Thomas Mann, El sombrero de tres picos – Pedro Antonio de Alarcón, Canción de Navidad – Charles Dickens, El coronel no tiene quien le escriba – Gabriel García Márquez, La perla – John Steinbeck, El extranjero – Albert Camus (post previo), La llamada de lo salvaje – Jack London, Siddhartha – Hermann Hesse (posts) y El viejo y el mar – Ernest Hemingway.

    Creo que me los he leído todos, algunos más de una vez, excepto El sombrero de tres picos. Ya he bajado su PDF para leerlo cuando pueda,...

    La exquisita selección de libros transformadores: "La rebelión de Atlas" de Ayn Rand, "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl (posts previos), "Los secretos de la mente millonaria" de T. Harv Eker, "Padre rico, padre pobre" de Robert Kiyosaki y y Sharon Lechter, "Un paso por delante de Wall Street de Peter Lynch, "Vivir con abundancia" de Sergio Fernández, "El inversor inteligente" de Benjamin Graham, "El gran Gatsby" de F. Scott Fitzgerald, "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar (pronto post), "El banquero anarquista" de Fernando Pessoa, "La sociedad del cansancio" de Byung-Chul Han (posts previos), "Ética para Amador" de Fernando Savater, "Sobre la brevedad de la vida" de Séneca.

    Semillas de papel, un recomendable canal YouTube sobre literatura.

    No debían existir los lunes...

    -No debían existir los lunes -dijo el juez. El barbero había empezado a cortarle el cabello.
    -Son culpa del domingo -dijo-. Si no fuera por el domingo -precisó con aire alegre- no existirían los lunes. Gabriel García Márquez

    Los 30 mejores inicios de novela en castellano

    "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

    Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
    Cien años de soledad, Gabriel García Márquez."
    Muchos más...

    Cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos

    Cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos
    Poema, que algunos atribuyen a Gabriel García Márquez, aunque todo parece apuntar a que pertenece a un autor desconocido, que expresa a la perfección toda esa nostalgia y esa melancolía de ver el paso de los niños a adultos, de observar cómo se van haciendo grandes ante la atenta mirada de unos padres que solo quieren lo mejor para ellos. Cómo hay una etapa en la que los padres quedan huérfanos de sus hijos, pero con un mensaje claro: hay que disfrutar cada instante de los hijos, hay que vivir cada etapa de su desarrollo porque todas pueden ser maravillosas. Y apunta algo más: la segunda oportunidad que dan los nietos. Un poema lleno de sentimiento, nostalgia y emoción. Aquí dejamos el texto completo:

    Hay un período / cuando los padres / quedamos huérfanos / de nuestros hijos.

    Es que los niños crecen independientemente de nosotros, / como árboles murmurantes / y pájaros imprudentes.

    Crecen / sin pedir permiso a la vida. / Crecen / con una estridencia alegre / y, a veces, / con alardeada arrogancia. / Pero / no crecen todos los días, / crecen de repente.

    Un día se sientan cerca de ti / y con una naturalidad increíble / te dicen cualquier cosa / que te indica que / esa criatura de pañales, / ¡ya creció!

    ¿Cuándo creció / que no lo percibiste?

    ¿Dónde quedaron / las fiestas infantiles, / el juego en la arena, / los cumpleaños con payasos?

    El niño crece / en un ritual de / obediencia orgánica / y desobediencia civil.

    Ahora estás allí, / en la puerta / de la discoteca / esperando no sólo que no crezca, / sino que aparezca.

    Allí están / muchos padres al volante / esperando que salgan.

    Y allí están / nuestros hijos, / entre hamburguesas y gaseosas.

    Con el uniforme / de su generación / y sus incómodas / y pesadas mochilas / en los hombros.

    Allá estamos nosotros, / con los cabellos canos.

    Y esos son / nuestros hijos, / los que amamos / a pesar / de los golpes de los vientos, / de las escasas cosechas de paz, / de las malas noticias / y la dictadura de las horas.

    Ellos crecieron amaestrados, / observando y aprendiendo / con nuestros errores / y nuestros aciertos.

    Principalmente / con los errores / que esperamos no se repitan.

    Hay un periodo / en que los padres / vamos quedando / huérfanos de los hijos.

    Ya no los buscaremos más / en las puertas de las discotecas / y del cine.

    Pasó el tiempo del piano, / el fútbol, / el ballet, / la natación.

    Salieron del asiento de atrás / y pasaron / al volante de sus propias vidas.

    Deberíamos haber ido más / junto a su cama, / al anochecer, / para oír su alma respirando / conversaciones y confidencias / entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes,  cubrecamas de aquellas piezas / con calcomanías, / afiches, agendas coloridas y discos ensordecedores.

    Pero crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto.

    Al principio fueron al campo, la playa, navidades, pascuas, piscinas y amigos.

    Sí, había peleas en el auto por la ventana, los pedidos de la música de moda.

    Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, no podían dejar a sus amigos y primeros enamorados.

    Quedamos los padres exiliados de los hijos.

    Teníamos la soledad que siempre deseamos, y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, oramos mucho (en ese momento se nos había olvidado) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad / conquisten el mundo del modo menos complejo posible.

    Nieto y abuelo, Julen y su aitxitxe

    El secreto es esperar. / En cualquier momento nos darán nietos.

    El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida en los propios hijos.

    Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.

    Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto. / Así es.

    Los seres humanos sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres; sólo aprendemos
    a ser padres después de ser abuelos.

    En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir después de que la vida se nos va pasando.

    Los hijos, como los buques