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FIRMA para Igualar los derechos de la infancia con los de los perros en el confinamiento COVID-19

Tras haber conseguido 238 firmas que agradecemos, subsumimos nuestra petición en este otra anterior que no habíamos descubierto antes: Permiso para pasear a los niños en el estado de alarma actual.
Otra versión en euskeraHaurrak Kalera Lehenbailehen
Petición de Ada Colau, del 15-4-20 en Facebook. También, desde el 16-4-20 el Lehendakari Urkullu propone que los menores puedan salir a la calle a partir del día 26.
-------------Actualización pasados dos días y hallado este vídeo -------------------------
Igualar los derechos de la infancia con los de los perros en el confinamiento COVID-19

Ante la pandemia del COVID-19, consideramos necesarias y válidas las restricciones de movilidad impuestas por razones de salud colectiva, según recomendaciones científicas provenientes de la OMS y las autoridades sanitarias.

Creemos firmemente en que para evitar el contagio comunitario hay que mantener la debida distancia social y evitar la cercanía entre personas de todas las edades que no convivan juntos. Pero nos parece absurda la situación actual de Italia o España (los países de peor natalidad) en la que la infancia mira desde sus ventanas cómo se pavonean los privilegiados dueños con sus perros.

Solicitamos que, en ningún caso, los "derechos perrunos" rebasen los Derechos Humanos de nuestros niños y niñas. Nos declaramos amantes de los animales (no siempre de las mascotas), pero una sociedad que no valora a su infancia está condenada a desaparecer.

Sabemos que es indigno que un perro convertido en mascota debe permanecer en un hogar pequeño, pero mucho peor es mantener así a la infancia. Todo mientras la realidad que ven y el mensaje que se les transmite es que los perros disfrutan de más libertad que ellos.

Concluimos que respetaremos a rajatabla las instrucciones que se dicten, pero sería mejor para todos, humanidad y fauna, si apreciásemos a los seres humanos más o tanto como a las mascotas.

SÚMATE A LA PETICIÓN CON UN CLIC
FIRMA para Igualar los derechos de la infancia con los de los perros en el confinamiento COVID-19
Nuestra posición de defensa de los animales, pero no de las mascotas esclavizadas.

Actualización según el debate que se ha producido en apenas unas horas. Repetimos que solamente denunciamos que parece que somos una sociedad que no piensa en su infancia, ni siquiera se compadece,... al menos tanto como en los animales "mascotizados". Se apela a que muchos pisos no reúnen las condiciones para que un perro se quede encerrado, pero tampoco todos los hogares son adecuados para que los niños no salgan.

Habría que ser cuidadosos para que los niños no se junten con otros, pero es lo mismo que las dueñas de perros no deben acercarse (véase foto). No es una cuestión de polemizar entre perros o niños, sino que la comparación es para denunciar y despertar del olvido de la infancia.
Como todos estos días, el 27º Día de AplausoSanitario de anoche, aunque en este caso le "hemos dado una vuelta" a cada uno de los dos vídeos encadenados.

Aprender a vivir

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Leemos en la recomendable web www.brujulacuidador.com un post sobre ¿Por qué los perros viven menos que las personas?, recogiendo la respuesta de Shane, un niño de 6 años. Alguien lo relata así:

"Siendo veterinario, fui llamado para examinar a un perro irlandés de 13 años de edad llamado Belker. Examiné al perro y descubrí que se estaba muriendo. Le dije a su familia que no podíamos hacer nada por salvarlo, y me ofrecí para llevar cabo una eutanasia en su casa. 

Al día siguiente Belker fue rodeado por la familia. Shane, el pequeño de la familia, se veía tranquilo y acariciaba al perro por última vez mientras yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar. El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el por qué de tal lamentable hecho y por qué motivo la vida de los perros es tan breve.

Shane, que había estado escuchando atentamente, comentó: ''Yo sé por qué.'' Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación más reconfortante. Este momento cambió mi forma de ver la vida: "La gente viene al mundo para poder aprender cómo vivir una buena vida, cómo amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, ¿verdad?. Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros."

El mejor amigo del hombre lo es por varias razones: - Cuando tú y tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos. - Nunca deja pasar una oportunidad para ir a pasear. - Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en su cara sea de puro éxtasis. - Toma siestas. - Corre, brinca y juega a diario. - Mejora tu atención y deja que la gente le toque. - Evita morder cuando un simple gruñido es suficiente. - Cuando hace mucho calor, toma mucha agua y se recuesta bajo la sombra de un árbol. - Cuando está feliz, baila alrededor, y mueve todo su cuerpo. Y el tuyo también... - Se deleita en la alegría simple de una larga caminata. - Es leal. - Nunca pretende ser algo que no es,....

Gatos raros

Lecciones gatunas para políticos de altura.

Me piden que escriba sobre los “cuatro gatos” que acuden a los mítines o ven los debates televisivos de estas apáticas elecciones europeas de 2004. Les respondo a vuelapluma que quizá fuese más interesante especular sobre gatos, y probablemente obtener algunas recomendaciones para los políticos.

Los gatos son los animales más analizados que existen. Se ha elucubrado sobre ellos más que sobre cualquier otra especie y en presencia literaria superan incluso a los perros. Jean Cocteau señalaba que “Si yo prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policías”. Los proverbios y citas son innumerables. Se ha publicado que la mujer tiene alma de gato (¡?), que no importa que el gato sea blanco o negro sino que cace ratones, que quién le pone el cascabel, que le buscan tres pies, que te lo pueden dar como liebre, que de noche todos son pardos, que traen mala suerte los negros, que escaldados huyen del agua fría, o que tienen siete vidas.

Analicemos los cuatro gatos más fantásticos, no comunes en los hogares pero distinguidos y afamados. En orden de complejidad creciente, comencemos primero por el gato más abundante y fuerte, tanto que podría levantar incluso a un elefante. Supongo que lo habrán adivinado. Si no es así, otra pista es que se refugia por las noches en los garajes.

El segundo gato popular es el de Murphy, reconocido por sus leyes de la fatalidad. Una de las más interesantes observa que si "una tostada cae al suelo, siempre lo hará por la cara untada de mermelada". Dado que también se sabe que “todo gato cae siempre de pie", obtenemos fácilmente la "paradoja del gato de Murphy o del gato volador". Si a un gato le pegamos una tostada con mermelada en la espalda, y lo lanzamos al aire, la tostada tenderá a caer por su lado al tiempo que el gato tenderá a caer de pie. Como las dos leyes anteriores no admiten excepción, la única solución posible es que el gato no caiga, es decir, se quede flotando en el aire. No intenten este experimento, pero el “gato de Murphy” es tan ininteligible como la “tortuga de Aquiles”.

El tercer minino es el de Alicia en el País de las Maravillas, el “gato de Cheshire”. Alicia le preguntó: “¿Podrías decirme qué camino debo seguir?”. “Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar”, contestó el gato. “No me importa mucho el sitio...”, dijo Alicia y concluyó el felino: “Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes”. El relato es más extenso y merece ser releído, pero lo esencial es este inicio de la conversación.

El cuarto es el "gato de Schrödinger", protagonista de una célebre prueba imaginaria que propuso en 1935 este físico y Premio Nobel. El experimento mental consiste en imaginar a un gato metido dentro de una caja que contiene un dispositivo con gas venenoso, que se activa al detectar una partícula alfa y un átomo radiactivo con un 50% de probabilidad de emitir una partícula alfa. Si se emite una partícula alfa, el gato muere; y si no, el gato continúa vivo. Mientras no abramos la caja, según la naturaleza ondulatoria de la Mecánica Cuántica de probabilidad e incertidumbre aplicadas a este cuerpo macroscópico, entonces tendríamos un gato en la incómoda situación de quedar descrito por una función de onda extremadamente compleja, resultado de la superposición de dos estados combinados: los correspondientes a un gato vivo y a un gato muerto. Según el formalismo cuántico, el gato estaría a la vez vivo y muerto, y se trataría de dos estados indistinguibles.

Estos mis gatos preferidos: el mecánico-práctico, el humorístico-absurdo, el literario-imaginario y el científico-filosófico. Aplicados a la política sugieren consejos como los siguientes para nuestros gobernantes: 1º) Que sepan cuál es su lugar, necesario para ayudar en caso de apuro, pero no siempre omnipresentes, como el gato de los coches. 2º) Que no se planteen maximalismos imposibles de casar unos con otros, como el gato de Murphy. 3º) Que se pregunten adónde quieren llegar antes de emprender el camino, como el gato de Alicia. 4º) Que dejen los experimentos para los científicos, sobre todo cuando se trata de vivir o morir, como el gato de Schrödinger. Los políticos debieran aprender de esa indirecta que dice que -para guardar el sentido de las proporciones-es conveniente tener un perro que nos adore, pero también un gato que nos desprecie.

Una anécdota para terminar. Hace años, cuando apenas era una cría feminista, nuestra hija nos preguntó alzando la voz en una sala de espera atiborrada de público: “Aita (papá), ¿cómo sabes que el gato de la abuela no es una gata?”. El silencio se extendió a la espera de ver cómo salíamos de aquel compromiso. Al final, pude balbucear: “Es gato, porque… ¿no te has fijado en los bigotes que tiene?”.

William James Sidis según James Thurber en The New Yorker

¿Dónde están ahora? ¡Día de los inocentes! por James Thurber. The New Yorker, sábado 14 de agosto de 1937, 22-26.

Una tarde nevada de enero de 1910, alrededor de cien profesores y estudiantes avanzados de matemáticas de la Universidad de Harvard se reunieron en una sala de conferencias en Cambridge, Massachusetts, para escuchar a un orador llamado William James Sidis. Nunca antes se había dirigido a una audiencia y al principio se sintió avergonzado y un poco incómodo. Sus oyentes tenían que prestarle mucha atención, porque hablaba con una vocecita que no se escuchaba bien y puntuaba su charla con risas nerviosas y estridentes. Un mechón de cabello rubio le caía sobre la frente y unos penetrantes ojos azules se asomaban desde lo que uno de los presentes describió más tarde como un rostro "parecido a un duendecillo". El orador vestía medias de terciopelo negro. Tenía once años.

A medida que el niño se familiarizó con el tema, su timidez se derritió y llegaron a los oídos de sus oyentes las palabras más notables que jamás habían escuchado de labios de un niño. William James Sidis había elegido como tema de su conferencia "Cuerpos de cuatro dimensiones". Incluso en este selecto grupo de caballeros eruditos, hubo quienes fueron incapaces de seguir todos los procesos del pensamiento del niño. Para los legos que estaban presentes, la cuarta dimensión, como se demostró esa noche, debía de haber encajado perfectamente en su definición coloquial: "un reino especulativo de relaciones incomprensiblemente involucradas". Cuando todo terminó, el distinguido profesor Daniel F. Comstock del Instituto Tecnológico de Massachusetts se sintió impulsado a predecir a los periodistas, que habían escuchado con profundo desconcierto, que el joven Sidis crecería hasta convertirse en un gran matemático, un líder famoso en el mundo. de Ciencia.

William James Sidis, que a la edad de once años apareció en las portadas de los periódicos de todo el país, era un estudiante de Harvard en ese momento. Para explicar cómo llegó allí, debemos mirar a su padre, el fallecido Boris Sidis. Nacido en Kiev en 1868, el padre Sidis llegó a este país, aprendió inglés y fue a Harvard, donde se graduó en 1894. Su especialidad era la rama de la psicoterapia que se ocupa de aliviar las enfermedades nerviosas y los desajustes mediante sugestión mental. Escribió un libro titulado "La psicología de la sugestión" y estaba muy interesado en los experimentos para transmitir la sugestión mediante el estado hipnótico. Creía que en los primeros años el cerebro es mucho más susceptible a las impresiones que en la vejez. Cuando nació su hijo en 1898, nació, por así decirlo, en un laboratorio. Boris Sidis dirigía entonces un instituto psicoterapéutico en Brookline, Massachusetts. Era un admirador y amigo del fallecido William James, y le puso a su hijo el nombre de ese gran psicólogo.

Boris Sidis comenzó sus experimentos con su hijo cuando el pequeño William tenía dos años. Parece que indujo una especie de estado hipnoidal mediante el uso de bloques alfabéticos. Los rápidos resultados que obtuvo deleitaron su mente científica. El niño aprendió a deletrear y leer en unos meses. Al cabo de un año podía escribir tanto en inglés como en francés en la máquina de escribir. A los cinco años había compuesto un tratado de anatomía y había ideado un método para calcular la fecha en que había caído cualquier día de la semana durante los últimos diez mil años. Boris Sidis publicó varios artículos en revistas científicas describiendo los logros de su bebé. A los seis años, el niño fue enviado a una escuela pública de Brookline, donde sorprendió a sus maestros y alarmó a los demás niños al superar siete años de escolarización en seis meses. Cuando tenía ocho años, William propuso una nueva tabla de logaritmos, empleando 12 en lugar del habitual 10 como base. Boris Sidis publicó un libro sobre su increíble hijo, llamado "Filisteo y genio", y entró en Quién es quién en Estados Unidos .

El niño maravilloso tenía nueve años cuando su padre intentó matricularlo en Harvard. Podría haber aprobado los exámenes de ingreso con facilidad, pero las autoridades universitarias, sorprendidas y avergonzadas, no le permitieron realizarlos. Continuó realizando sus maravillas en casa y comenzó a estudiar latín y griego. No le interesaban los juguetes ni ninguno de los placeres normales de los niños pequeños. Los perros le aterrorizaban. "Si veo un perro", le dijo William a alguien en ese momento, "debo huir. Debo esconderme. Me gusta el gato. No puedo jugar, porque mi madre tendría que estar allí todo el tiempo, porque de la posibilidad de que pueda ver un perro." Su principal recreación parece haber sido viajar en tranvía con sus padres. El mayor Sidis le explicó los traslados y le interesó por los nombres de calles y lugares. Incluso antes de cumplir cinco años, William había aprendido a recitar todas las horas y estaciones de un complejo horario ferroviario. De vez en cuando recitaba horarios para los invitados mientras otros niños recitaban rimas de Mamá Ganso o cantaban pequeñas canciones. Quienes lo recuerdan en aquellos años dicen que tenía algo de la intensidad de un adulto neurótico.

En 1908, a la edad de diez años, a William James Sidis se le permitió matricularse en Tufts College, en Medford. Viajaba diariamente desde Brookline con su madre, quien estaba tan interesada en su fenomenal desarrollo mental como su padre. Siempre iban y venían de la universidad en tranvía. El joven asistió a Tufts durante un año y finalmente, en 1909, cuando tenía once años, Harvard le permitió matricularse allí como estudiante especial. Se matriculó como estudiante de primer año al año siguiente, y así se convirtió en miembro de la promoción de 1914. Cotton Mather, en 1674, se había convertido en estudiante de primer año de Harvard a la edad de doce años, y probablemente debido a este distinguido precedente, William Sidis se le permitió matricularse a esa misma edad. Era una fuente de asombro para sus compañeros de estudios y para el profesorado; algunos de los periódicos asignaron periodistas para cubrir "el caso Sidis".

Se pierde en el registro cómo se convenció a William para hablar ante los eruditos eruditos en enero de su primer año en Harvard, pero se sabe que mostró un gran interés en escuchar las conferencias de otros y se unió fácilmente a las discusiones grupales sobre metafísica. En su tiempo libre empezó a componer dos gramáticas, una latina y otra griega. Sin embargo, la presión de sus estudios y su repentina fama comenzaron a hacerle efecto, y no pasó mucho tiempo después de su notable discurso cuando sufrió un colapso general. 

Su padre dirigía un sanatorio en Portsmouth, New Hampshire, en ese momento, y William fue trasladado allí de urgencia. Cuando finalmente regresó a Harvard, estaba retraído y tímido; no se le pudo persuadir para que volviera a dar una conferencia; Comenzó a mostrar una marcada desconfianza hacia la gente, miedo a la responsabilidad y una inadaptación general a su vida anormal. No se relacionaba mucho con los estudiantes y huía de los periodistas, pero estos lo arrinconaron, por supuesto, el día de su graduación como Licenciado en Artes en 1914. Tenía dieciséis años. Entonces vestía pantalones largos y se enfrentaba a los periodistas que bajaban al Yard con menos sensación de vergüenza que cuando era un niño con bragas. Pero en él se habían desarrollado claras fobias. "Quiero vivir la vida perfecta", dijo William a los periodistas. "La única manera de vivir la vida perfecta es vivirla en reclusión. Siempre he odiado las multitudes". Por "multitudes" no fue difícil leer "gente". Entre los que se graduaron con William James Sidis ese día se encontraban Julius Spencer Morgan; Gilbert Seldes; y Vinton Freedley y Laurence Schwab, los productores de la comedia musical. Los periodistas no les prestaron atención.

A los dieciséis años, William James Sidis era un chico grande y, cuando ingresó en la Facultad de Derecho de Harvard, ya no era la figura incongruente que había sido. Los periódicos tenían poco interés en sus idas y venidas. Asistió discretamente a la facultad de derecho durante tres años y aparentemente fue un estudiante brillante, pero su principal interés eran las matemáticas, y en 1918 aceptó un puesto de profesor en una universidad de Texas. Su fama le precedió, pero incluso si no lo hubiera sido, la extrema juventud de este profesor de matemáticas habría sido suficiente para convertirlo en una curiosidad. Se encontró en el centro de un interés que le molestaba y le consternaba. De repente renunció a su puesto y regresó amarga y silenciosamente a Boston, donde vivió en la oscuridad durante algunos meses.

Fue el 1 de mayo de 1919 cuando el nombre del joven Sidis volvió a ocupar las primeras planas de los periódicos. Con una veintena de jóvenes más, participó en una manifestación comunista en Roxbury y fue llevado ante el tribunal municipal como uno de los cabecillas del grupo y, de hecho, el mismo individuo que había portado la horrible bandera roja en su desfile. En el estrado de los testigos, Sidis demostró ser más franco y sincero que discreto. Anunció ante un tribunal estupefacto que para él no había más dios que la evolución; Cuando se le preguntó si creía en lo que representa la bandera estadounidense, dijo que sólo hasta cierto punto. En un momento dado, para instrucciones del magistrado, se lanzó a explicar la forma de gobierno soviética. Su inclinación marxista se había desarrollado durante un período de varios años. Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra, se declaró objetor de conciencia y en varias ocasiones expresó la opinión de que los problemas del mundo eran causados ​​por el capitalismo. Un policía que había ayudado a disolver el desfile de los radicales identificó a Sidis como el hombre que llevaba la bandera roja. El oficial dijo que le había preguntado a Sidis por qué no llevaba la bandera estadounidense, y que Sidis respondió: "¡Al diablo con la bandera estadounidense!". Al regresar al estrado, el famoso prodigio negó vehementemente haber hablado alguna vez con el testigo y haber dicho alguna vez a nadie: "¡Al diablo con la bandera estadounidense!" Repitió que se oponía a la guerra y que creía en una forma de gobierno socializada. Después de una pausa, anunció que, en realidad, había llevado una bandera estadounidense, tras lo cual, ante el asombro de la sala del tribunal, sacó una bandera estadounidense en miniatura de su bolsillo. Fue condenado a dieciocho meses de cárcel por incitación a disturbios y agresión. Apeló y, mientras estaba en libertad bajo fianza de 5.000 dólares, desapareció del estado en el que había sorprendido a profesores eruditos y a policías patrióticos. Marcó el comienzo de un nuevo y curioso modo de vida para el joven.

Durante los cinco años siguientes, William James Sidis parece haber logrado la "vida perfecta" de la que había hablado el día de su graduación: la vida de reclusión. Aparentemente vagaba de ciudad en ciudad, trabajando como empleado, o en alguna otra función menor, por un salario que sólo le permitía subsistir. En 1924 volvió a aparecer en las noticias cuando un periodista lo encontró trabajando en una oficina en Wall Street, por veintitrés dólares a la semana. Estaba consternado al ser descubierto. Dijo que todo lo que quería era ganar lo suficiente para vivir y trabajar en algo que requiriera un mínimo de esfuerzo mental. Los últimos periodistas que bajaron a su oficina para entrevistarlo no lograron verlo. Había dejado su trabajo y había vuelto a desaparecer.

Dos años más tarde, en 1926, Dorrance & Company, una editorial de Filadelfia que imprime libros "vanidosos", es decir, libros publicados a expensas de los autores, publicó un volumen llamado " Notas sobre la colección de transferencias". Fue escrito por un tal Frank Folupa. Frank Folupa, según descubrió un periodista despiadadamente ingenioso, no era otro que William James Sidis. Nuevamente lo atropellaron y lo entrevistaron. Anunció que durante mucho tiempo había sido un "peridromófilo", es decir, un coleccionista de transferencias de tranvía. Él mismo había acuñado la palabra. Su libro (ahora agotado) tenía trescientas páginas y era un tratado erudito y laborioso sobre el origen, la naturaleza y la clasificación de nada más y nada menos que los trozos de papel que los conductores de tranvía entregan a los pasajeros cuando solicitan transbordos. Muchos psicólogos y analistas deben haber estado interesados ​​al leer en los artículos que el genio del niño precoz que había asombrado al mundo académico dieciséis años antes había florecido de esta manera extraña. El libro es digno de examen. Sidis escribió un prefacio al volumen, que comenzaba así: "Este libro es una descripción de lo que es, hasta donde sabe el autor, un nuevo tipo de pasatiempo, pero que a primera vista parece tan razonable como , tan interesante y tan instructivo como cualquier otro tipo de colección de moda. Esta es la colección de transferencias de tranvías y formas afines. El propio autor ya ha recopilado más de 1600 formas de este tipo." El prefacio revela, en otro lugar, que el autor no carecía de cierto humor. "Podemos mencionar", decía, "el interés geográfico y topográfico, tanto en la exploración como en el análisis de las transferencias mismas. También están las interesantes luces que una colección de este tipo arroja sobre la política en la que necesariamente están involucradas las empresas de tránsito". ; aunque difícilmente recomendamos que este interés político se lleve lo suficientemente lejos como para inducir al coleccionista a tomar partido en tales disputas. Y nuevamente: "Uno puede encontrar mucha diversión con las transferencias: se dice que un estudiante de la Universidad de Harvard se encontró en una calle coche y, deseando un viaje extra, le pidió al revisor un transbordo. Cuando se le preguntó "¿A dónde?" "En cualquier lugar", dijo. El conductor le guiñó un ojo y dijo: "Está bien". Te transferiré a Waverly. Posteriormente se rieron del estudiante cuando contó la historia y se le informó que el asilo para débiles mentales estaba ubicado en Waverly ". Sidis también incluyó en su prefacio algunos versos que había escrito cuando tenía catorce años. Comienzan:

Desde los trenes subterráneos en Central, se toma un transbordo y se va a Allston o Brighton o a Somerville, ya sabes; En los automóviles desde Brighton, haga transbordo al metro de Cambridge este y tome un tren hasta Park Street o Kendall Square, al menos.

"Conocemos", concluye el autor, "a alguien a quien realmente le ayudó a tomar el camino correcto al recordar un fragmento de uno de estos versos". El libro analiza todo tipo de transferencias: tipos estándar, tipo Ham, tipo Pope, tipo Smith, tipo Moran, transferencias Franklin Rapid, transferencias Stedman. De este último (para darle una idea), el Sr. Sidis escribió: "Transferencias Stedman: esta clasificación se refiere a un tipo peculiar elaborado por cierta imprenta de transferencias en Rochester, Nueva York. Las peculiaridades de la transferencia Stedman típica son el límite de tiempo tabular. ocupando todo el extremo derecho de la transferencia (ver Diagrama en la Sección 47) y la combinación de fila y columna de ruta de recepción (u otras condiciones de recepción) con el medio día que ya hemos discutido en detalle".

Un año después de la publicación de su libro (al parecer sólo se vendió a unos pocos peridromófilos más), Sidis regresó a la ciudad de Nueva York y volvió a conseguir un trabajo como empleado en una empresa comercial. A su habilidad y experiencia en el trabajo de oficina en general, el genio matemático había añadido ahora, irónicamente, la capacidad de operar una máquina sumadora con gran velocidad y precisión, y le gustaba alardear de este logro. Vivía en 112 West 119th Street, donde se hizo amigo de Harry Freedman, el propietario, y su hermana, la señora Schlectien. Sidis ya no está con ellos y no te dirán adónde ha ido, pero te reenviarán cualquier correo que llegue por él. Aprecian al joven y aprecian su deseo de evitar la publicidad. "Tenía una especie de amargura crónica, como mucha gente que ves viviendo en habitaciones amuebladas", dijo recientemente Freedman a un investigador de la curiosa historia de William James Sidis. Sidis solía sentarse en un viejo sofá en la sala de estar de Freedman y hablar con él y su hermana. Sidis les dijo que odiaba Harvard y que cualquiera que enviara a su hijo a la universidad es un tonto: un niño puede aprender más en una biblioteca pública. Con frecuencia hablaba de su pasión por coleccionar transfers. "Él puede decirle cómo llegar a cualquier calle de cualquier ciudad de los Estados Unidos con un solo billete de tranvía", dijo el Sr. Freedman con asombro y admiración. Parece que Sidis mantiene correspondencia con peridromófilos en varias otras ciudades y de esta manera se mantiene al día con la situación del tranvía y los transbordos. Una vez, el joven bajó de su habitación un manuscrito en el que estaba trabajando y le pidió a la señora Schlectien si podía leerle "algunos capítulos". Dijo que resultó ser un libro del tipo "Buck Rogers", sobre aventuras en un mundo futuro de maravillosos inventos. Ella dijo que estaba genial.

William James Sidis vive hoy, a la edad de treinta y nueve años, en un dormitorio del destartalado extremo sur de Boston. Por una fotografía de él y de sus actividades, este disco está en deuda con una joven que recientemente logró entrevistarlo allí. Lo encontró en una pequeña habitación empapelada con el diseño de enormes flores rosadas, considerablemente descoloridas. Había una cama grande y desordenada y un enorme baúl medio abierto. En una pared colgaba un mapa de Estados Unidos. Sobre una mesa junto a la puerta había un paquete de transferencias de tranvía cuidadosamente unidas con un elástico. Sobre una cómoda había dos fotografías, una (sorprendentemente) de Sidis como el niño genio, la otra una chica de rostro dulce con gafas con montura de concha y un elaborado saludo de Marcel. También había un escritorio con una pequeña y antigua máquina de escribir, un Almanaque Mundial , un diccionario, algunos libros de referencia y un libro de la biblioteca que el visitante del joven recogió en un momento dado. "Oh, vaya", dijo Sidis, "esa es sólo una de esas historias de delincuentes". Dirigió su atención hacia la pequeña máquina de escribir. "Puedes cogerlo con un dedo", dijo, y así lo hizo.

William Sidis, de treinta y nueve años, es un hombre corpulento y corpulento, con una mandíbula prominente, un cuello grueso y un bigote rojizo. Su cabello claro cae sobre su frente como lo hizo la noche que dio una conferencia a los profesores en Cambridge. Sus ojos tienen una expresión que varía desde la ingeniosa hasta la cautelosa. Cuando es cauteloso, tiene una especie de dignidad incongruente que de repente se rompe en el alegre abandono de un niño de vacaciones. Parece tener dificultades para encontrar las palabras adecuadas para expresarse, pero cuando lo hace, habla rápidamente, asiente bruscamente con la cabeza para enfatizar sus puntos, hace gestos con la mano izquierda y, de vez en cuando, emite una risa curiosa y jadeante. Parece disfrutar mucho e irónicamente de llevar una vida de irresponsabilidad errante después de una infancia de escrupulosa reglamentación. Su visitante encontró en él cierto encanto infantil.

Sidis trabaja ahora, como de costumbre, como empleado en una casa comercial. Dijo que nunca permanece mucho tiempo en una oficina porque sus empleadores y compañeros de trabajo pronto descubren que él es el famoso niño prodigio y que no puede tolerar un puesto después de eso. "La sola visión de una fórmula matemática me enferma físicamente", dijo. "Todo lo que quiero hacer es ejecutar una máquina sumadora, pero no me dejan en paz". Resultó que una vez le ofrecieron un trabajo en la Eastern Massachusetts Street Railway Company. Parece que los funcionarios creían con cariño que el joven mago de alguna manera sería capaz de resolver todos sus problemas técnicos. Cuando se presentó a trabajar, le presentaron un montón de planos, gráficos y documentos llenos de estadísticas. Uno de los funcionarios lo encontró una hora después llorando en medio de todo. Sidis le dijo al hombre que no podía soportar responsabilidades, ni pensamientos complejos, ni cálculos, excepto en una máquina de sumar. Tomó su sombrero y se fue.

Sidis tiene un nuevo interés que le absorbe actualmente más que los traslados en tranvía. Se trata del estudio de ciertos aspectos de la historia de los indios americanos. Da clases a media docena de estudiantes interesados ​​una vez cada dos semanas. Se reúnen en su dormitorio y se acomodan en la cama y en el suelo para escuchar el intenso pero vacilante discurso del otrora prodigio. A Sidis le preocupa principalmente la tribu Okamakammessett, a la que describe como una especie de federación proletaria. Ha escrito algunos folletos sobre la tradición y la historia de Okamakammessett y, si se le solicita adecuadamente, recitará poesía de Okamakammessett e incluso cantará canciones de Okamakammessett. Admitió que su estudio de los Okamakammessetts fue una consecuencia de su interés por el socialismo. Cuando la joven mencionó la manifestación del Primero de Mayo de 1919, miró el retrato de la niña en su cómoda y dijo: "Ella estaba en ella. Era una de las fuerzas rebeldes". Él asintió vigorosamente con la cabeza, como complacido con esa frase: "Yo era el abanderado", prosiguió. "¿Y sabes qué era la bandera? Sólo un trozo de seda roja". Él soltó su risa curiosa. "Seda roja", repitió. No hizo ninguna referencia a la imagen que tenía de sí mismo en los días de su gran fama, pero su entrevistador supo más tarde que en una ocasión, cuando un alumno suyo le preguntó a quemarropa sobre su precocidad infantil e insistió en una demostración de sus habilidades matemáticas. Sidis logró con dificultad expulsarlo de la habitación.

Sidis reveló a su entrevistador que tiene otro trabajo en marcha: un tratado sobre las inundaciones. Le mostró la primera frase: "California ha adquirido considerable fama gracias a su supuesto clima". Parece que estuvo en California hace unos diez años durante sus andanzas. Su visitante se animó, por fin, a mencionar la predicción, hecha por el profesor Comstock del Instituto Tecnológico de Massachusetts allá por 1910, de que el niño que ese año daba una conferencia sobre la cuarta dimensión a una reunión de eruditos crecería hasta Sé un gran matemático, un líder famoso en el mundo de la ciencia. "Es extraño", dijo William James Sidis, con una sonrisa, "pero, ya sabes, nací el Día de los Inocentes".

―Jared L. Manley (James Thurber) 1

1 En Los años con Ross Thurber escribió: "Era uno de los '¿Dónde están ahora?' serie, para la cual hice la reescritura (Grossett & Dunlap, 1957, p. 210)". Pero Jared Manley era el seudónimo de Thurber. "Bernstein escribe: 'A principios de 1936, Thurber comenzó a escribir (en realidad a reescribir, ya que algunos de los mejores reporteros de The New Yorker, como Eugene Kinkead, estaban haciendo la investigación) una serie de perfiles breves y retrospectivos. Bernstein también revela que Jared L. Manley fue un nombre que Thurber improvisó cuando escribió su primer artículo sobre un viejo boxeador basado en las iniciales del boxeador John L. Sullivan y Manley basado en "el arte varonil de la autodefensa".'" — Privacidad, Información y Tecnología.

2 Norbert Weiner, que estaba en la reunión del club de matemáticas, escribió: "El joven Sidis, que entonces tenía once años, era obviamente un niño brillante e interesante. Su interés estaba principalmente en las matemáticas. Recuerdo bien el día en el Club de Matemáticas de Harvard en el que GC Evans, ahora jefe retirado del departamento de matemáticas de la Universidad de California y amigo de toda la vida de Sidis, patrocinó al niño en una charla sobre las figuras regulares de cuatro dimensiones. La charla habría dado crédito a un alumno de primera o segunda dimensión. estudiante de posgrado de cualquier edad, aunque todo el material que contenía era conocido en otros lugares y estaba disponible en la literatura. El tema me lo había hecho familiar EQ Adams, un compañero de mis días en Tufts. Estoy convencido de que Sidis no tenía acceso según las fuentes existentes, y que la charla representó el triunfo de los esfuerzos sin ayuda de un niño muy brillante ( Ex-Prodigy , Simon & Schuster, p. 131 - 132)".


4 Cfr. Siete mitos del fracaso por Dan Mahony: "Las investigaciones muestran que la mayoría de los niños prodigio llevan vidas productivas. Al igual que Sidis".

PDF  Mecanografiando por Bill Paton.

GetxoBizi: Un buen servicio de bicicletas que aún puede mejorar

GetxoBizi: Un buen servicio de bicicletas que aún puede mejorar
Estas son unas primeras impresiones de GetxoBizi, el servicio de bicicletas, públicas y privadas (se pueden guardar). Era una de las tareas primeras programadas tras la jubilación. Con apenas uso en circunstancias variadas, hay algunas sugerencias que se ordenan en dos grupos.
El funcionamiento es muy sencillo

Para recoger una Bicicleta pública, se va a cualquiera de las puertas con luz azul, pasa la tarjeta por el lector, abre la puerta, se extrae la bicicleta y se cierra la puerta. Se puede utilizarla durante una hora y después debe devolverla en cualquier estación GetxoBizi, en las plazas libres identificadas con luz verde. 

Para estacionar una Bicicleta privada se elige una de las puertas con luz verde, se pasa la tarjeta por el lector, se abre la puerta, estaciona la bici. La luz roja nos indica que hemos aparcado correctamente. Se puede estacionar una bici particular durante diez horas y después recogerla en el mismo punto donde se aparcó.

Aspectos recomendables de GetxoBizi:
  1. Es una gran iniciativa para promover la movilidad sostenible en el municipio de Getxo.
  2. Tasa anual muy económica, apenas de valor simbólico.
  3. Buen estado de las bicicletas mantenidas por Emaús. 
  4. Aceptable estado de los bidegorris (ruta exclusivas para bicicletas) del municipio.
  5. La utilización de la bicicleta en Getxo resulta segura por el tráfico respetuoso de vehículos y peatones, con excepción de algunos perros sueltos (que debería sancionarse).
Temas a mejorar de GetxoBizi:
  1. Aumentar en número de bicicletas eléctricas (como harán Bilbao, Madrid,...), e incluir alimentación de recarga en las estaciones de recogida.
  2. Extender el servicio de bicis públicas hasta 24 horas / 365 días (como hará Bilbao).

Quiénes son los abuelos, según sus nietos

Los abuelos vistos por sus nietas y nietos de pocos años.
  1. ¡Un abuelo es el hombre más inteligente del planeta Tierra! Él me enseña muchas cosas buenas, pero no le veo lo suficiente como para conseguir ser tan inteligente como él.
  2. Los abuelos son una señora y un señor a los que le gustan mucho los niños pequeños .
  3. Los abuelos son gente que no tienen mucho que hacer; solo están ocupados cuando nosotros los vamos a visitar o cuando vienen ellos.
  4. Los abuelos son tan viejecitos que no deben correr.
  5. Los abuelos son personas con las que es divertido salir de compras.
  6. Cuando salimos a pasear con los abuelos, ellos se detienen para enseñarnos cosas bonitas... como hojas de diferentes formas, una mariposa de muchos colores o la casa del lobo.
  7. Los abuelos no nos dicen "¡date prisa!" como los padres.
  8. Por lo general, las abuelas son unas señoras bien gordas, pero así y todo, se agachan para atarnos los zapatos.
  9. Los abuelos son unos señores que para leer necesitan gafas, siempre las pierden y cuando me he quedado a dormir en su casa con ellos usan unas ropas muy cómicas.
  10. Algunos abuelos tienen papás; ¡esos si son bien viejitos! La mamá de mi abuelita se puede quitar las encías y los dientes... ¡a la vez!
  11. Los abuelos nos responden preguntas como: "¿Por qué Dios no está casado?" o "¿Por qué es que los perros persiguen a los gatos ?"
  12. A los abuelos no les importa contarnos el mismo cuento varias veces y les encanta leernos historias.
  13. Todo el mundo debe tener unos abuelos. Son las únicas personas grandes que siempre están contentas de estar con nosotros.
  14. Los abuelos saben que antes dormir podemos comer "algún dulce", les encanta rezar con nosotros y nos besan y nunca nos regañan aunque nos hayamos portado mal.
  15. Mi abuela vive en el aeropuerto; cuando la necesitamos, vamos allá y la buscamos; y cuando queremos que regrese a su casa la volvemos a llevar.
  16. Mis abuelos son de lo mejor; nos dejan correr, saltar en la cama y si mis papás nos quieren regañar, ellos los regañan a ellos.
  17. Mis abuelos son personas mayores, muy divertidos y muy pacientes; pero me parece que mi papá quiere que sean también sus abuelos porque los abrazan mucho. Voy a decirle que se busque los suyos.
Nietos con aitxitxe y el gorro de #Euskaltel
Este post estuvo en borrador desde 2015.

Crónica del XIII Encuentro GetxoBlog en 2021

Programa detallado del XIII Encuentro Anual GetxoBlog en el post anterior.


Fue un lujo imprevisto la extensa intervención, casi 40', que el  Dr. Andreu Veà Baró, Fundador de la IP Community y el biógrafo de Internet dedicó a GetxoBlog. Este pionero de Internet, emprendedor en el sector de las telecomunicaciones y presidente del capítulo español de la Internet Society, nos habló detenidamente de COVIDWarriors y sus increíbles proyectos como Robots Automatizados de PCRsASSUM (Autonomous Sanitary Sterilization Ultraviolet Machine),.... (Su intervención también puede verse en la Grabación íntegra a partir de 1:17:20).

Agradecemos la presencia de quienes, valientemente por un tiempo pésimo, se animaron a acercarse a BiscayTIK. El capítulo de gratitud sería interminable, pero por orden de aparición hemos de citar a la Alcaldesa de Getxo, Amaia Agirre Muñoa (foto), que siempre nos ha acompañado, junto a Urzti Altube, nuestro contacto con Alcaldía. Así mismo, el despliegue de BizkaiTIK con Joseba Egurrola y los técnicos Maite y Alex (que conoce bien los preparativos de GetxoBlog). Y a Café Fortaleza por sus cafeteras y dosis, porque aunque hubo que beberlo en el exterior, no quedó ni una.

Valoramos a muy especialmente a quienes hicieron e sacrificio de acudir en presencia, un día de perros en plena recaída de 5ª o 6ª ola de la pandemia. Gigantes como Julen Iturbe-Ormaetxe (nuestro páter en Aprendicesy Noemí Pastor, y entre esos aprendices grandes amigos como Jorge de la Herrán, Raimundo Rubio Carcedo o Iñaki Gómez Crespo, bloggers como Esmeralda Hernando López  y Andoni Renteria Larrarte (de Conoce Bilbao con Espe), personalidades como Carlos Biurrun Murillo (a quien no reconocí en un primer momento por las mascarillas, ver en estas fotos),... 

Otros habituales que donaron equipos como Iñaki Bustamante Otaduy, Joseba Etxebarria Gangoiti, entre otras personas. También a quienes aportaron coches clásicos como Jorge Estrada Iglesias (Renault Supercinco) y Patxi Salvador Pérez (Renault 5 edición Le Car) o vehículos eléctricos y modernos como Javier Gómez Zueco (y su recién estrenado Citröen eBerlingo -fotos-). No nos es posible enumerar a todos, pero sí valorar el esfuerzo junto a Sonia Prieto de Teresa García (de eCivis), o de Luisa Alonso Cires (ver salida en foto).
Lo más emotivo: Los premios del XIII Encuentro GetxoBlog en 2021
Lo más emotivo fueron los Premios GetxoBlog Sariak, especialmente el dedicado póstumamente a nuestra compañera blogger de Getxo Lucía Martínez Odriozola, primera decana de Kazetari-Colegio Vasco de Periodistas​, impulsora del asociacionismo periodístico vasco y cofundadora de la revista digital feminista Pikara magazine. Fue recogido por su hijo Ramón Hernández Martínez y Marta, una de sus hermanas (a la izquierda, junto a la Alcaldesa). A su lado, los galardonados Unai Bravo, dos representantes de GetxoPhoto (con su Director Jokin Aspuru y Lucía Janto) y Josi Sierra.

Hubo, a lo largo de la mañana, cinco donaciones de equipos informáticos para Labdoo (ver en un vídeo anterior). Será nuestra propuesta solidaria y ecológica de esta edición, siguiendo la propuesta de Txente Boraita.

Hubimos de lamentar a última hora y por razones de salud, las esperadas presencias de  Jesús Etxebarria (Director de Pangea Bilbao) y de nuestra poetisa Esther Bravo @estherbravo27. Alaitz Etxeandía, la Directora General de BiscayTIK, fue sustituida por su adjunto Aitor Egurrola por problemas de agenda.
XIII GetxoBlog 2021
Álbum con 300 imágenes (que irá creciendo).
Otra lista de reproducción de más de 40 vídeos (muchos con ayuda de Joseba Lauzirika) desde otras perspectivas, incluidas las grabadas por las TeslaCam (Paraguas rotos en un día de alerta,...). 

Seguirán las presentaciones que nos han compartido, en orden de intervención.
Presentación de Aitor Arzuaga.
Vídeo pregrabado de Iker Badiola_IP.
Presentación de Óscar Paz con El Libro de la Innovación.
Presentación de InTertulia, Tertulia Intergeneracional, en el XIII GetxoBlog
Presentación de Gorka Palazio.
Presentación de Laura Morán.
Resumen fotográfico de Gorka Palazio, @Palazio.
Otras crónicas de Unai Bravo, Premio Harea Saria,... Post en desarrollo. 

Un general, Colin Powell, hablando de educación

En esta charla sincera y personal, Colin Powell, el ex Secretario de Estado de EE.UU., pide a los padres, amigos y familiares que apoyen a los niños desde antes de que lleguen a la escuela primaria, a través de la comunidad y un fuerte sentido de la responsabilidad. 

Lo que quiero hacer esta tarde es algo un poco diferente de lo programado. De política internacional, pueden aprender mirando, no sé, a Rachel Maddow o alguien así, pero... (Risas) Quiero hablarles sobre los jóvenes y la estructura, los jóvenes y la estructura. Esto fue el pasado miércoles en la tarde en una escuela de Brooklyn, Nueva York, en la escuela secundaria Cristo Rey, dirigida por jesuitas. Y le hablaba a este grupo de estudiantes y obsérvenlos. Estaban a mi alrededor en tres direcciones. Notarán que casi todos son parte de una minoría. Notarán que el edificio es más bien austero. Es un viejo recinto escolar de Nueva York, nada lujoso. Aún tienen viejas pizarras y otras cosas. Hay aproximadamente 300 jóvenes en esta escuela, y la escuela funciona desde hace cuatro años, y están a punto de graduar a su primera clase. Se graduarán 22 jóvenes y los 22 irán a la universidad. 

Todos vienen de hogares en los que hay, en su mayoría, solo una persona en el hogar, comúnmente la madre o la abuela, y eso es todo, y vienen aquí en busca de educación y estructura. Hice que me tomaran esta fotografía y fue colocada en mi página de Facebook la semana pasada, y alguien escribió: "¿Por qué lo tiene en posición firme?" Y luego dijeron: "pero se ve bien". (Risas) Se ve bien, porque los jóvenes necesitan estructura, y el truco que hago en todas mis visitas a escuelas es que cuando termino de darle a los jóvenes mi pequeña homilía, luego los invito a que me hagan preguntas, y cuando levantan sus manos, digo, "Levántate", y hago que se levanten y se paren frente a mí. Hago que se paren firmes, como un soldado. Pongan sus brazos rectos hacia abajo y a su lado miren hacia arriba, ojos abiertos, mirando al frente, y hagan su pregunta en voz alta para que todos puedan oírla. Sin encorvarse, sin pantalones colgando, nada de eso. (Risas) Y a este joven, su nombre es... su apellido es Cruz... le encantó. Está por toda su página de Facebook y se ha hecho viral. (Risas) Así que la gente piensa que estoy siendo cruel con este chico. No, nos estamos divirtiendo un poco. Y, al respecto, he hecho esto durante años, mientras más jóvenes son, más divertido es. Cuando tengo niños de seis y siete años en un grupo, tengo que encontrar la manera de mantenerlos tranquilos. 

Ya saben, siempre empezarán a conversar. Entonces hago un jueguito con ellos antes de que me se paren firmes. Digo, "Ahora escuchen. En el ejército, cuando queremos que pongan atención, usamos una orden. Se llama "descanso". Significa que todos deben quedarse callados y poner atención. Escuchar. ¿Comprenden?" "Ajá, ajá, ajá". "Practiquemos. Todos comiencen a charlar". Y hago que conversen durante unos 10 segundos y luego grito: "¡Descanso!" "¿Eh?" (Risas) "Sí, General. Sí, General". Inténtenlo con sus hijos. Vean si funciona. (Risas) No lo creo. De cualquier manera, es un juego que hago y obviamente viene de mi experiencia militar. Porque durante la mayoría de mi vida adulta trabaje con niños; yo los llamo adolescentes con armas. Los llevaríamos al ejército y lo primero que haríamos sería colocarlos en un ambiente estructurado, colocarlos en filas, hacer que todos vistieran lo mismo, cortarles el cabello para que se vean parecidos, asegurando que todos están en fila. Les enseñamos a ir a la derecha, a la izquierda, para que puedan obedecer instrucciones y conocer las consecuencias de no obedecerlas. 

Se les da estructura. Y luego les presentamos a alguien que llegan a odiar inmediatamente: el sargento. Lo odian. El sargento comienza a gritarles y a decirles que hacer y todo tipo de cosas terribles. Pero lo más sorprendente sucede con el tiempo. Una vez que la estructura se desarrolla, una vez que comprenden la razón de algo, una vez que entienden, "Mamá no está allí, hijo. Soy tu peor pesadilla. Soy tu papi y tu mami. Y es así. ¿Entiendes, hijo? Sí y, cuando te pregunte algo, solo hay tres respuestas posibles: sí, señor; no, señor; y no hay excusa, señor. No comiences a decirme por qué no hiciste algo. Es sí, señor; no, señor; no es excusa, señor". "No te afeitaste". "Pero señor..." "No, no me digas con qué frecuencia raspaste tu cara esta mañana. Te estoy diciendo que no te afeitaste". No es excusa, señor". "Buen chico, aprendes rápido". Estarían impresionados por lo que pueden hacer con ellos una vez que los ponen en esa estructura. En 18 semanas ya tienen un oficio. Son maduros. Y, saben qué, llegan a admirar al sargento y nunca se olvidan de él. Llegan a respetarlo. Y por eso necesitamos más de este tipo de estructura y respeto en las vidas de nuestros hijos. Pasé mucho tiempo con grupos de jóvenes, y le digo a la gente: "¿Cuándo comienza el proceso de educación?" Siempre estamos diciendo: "Arreglemos las escuelas. Hagamos más por nuestros maestros. Más computadoras en nuestras escuelas. Hagámoslo todo en línea". Esa no es la respuesta completa, es parte de la respuesta Pero la respuesta real comienza llevando al niño a la escuela con la estructura en el corazón y el alma de ese niño, para empezar. 

¿Cuándo empieza el proceso de aprendizaje? ¿empieza en primer grado? No, no, empieza desde el primer momento en que el niño está en los brazos de la madre, mira a la madre y dice: "Esta debe ser mi madre. Es la que me alimenta. Sí, cuando no me siento bien me cuida. Aprenderé su idioma". Y en ese momento excluyen todos los otros idiomas que podrían aprender a esa edad, pero durante tres meses, es el de ella. Y si la persona que lo está haciendo, ya sea la madre o la abuela, quienquiera que lo haga, ahí es cuando empieza el proceso educativo. Ahí es cuando empieza el lenguaje. Ahí es cuando empieza el amor; cuando empieza la estructura. Ahí es cuando uno empieza a marcar en el niño eso de "eres especial, eres diferente de todos los otros niños del mundo. Y voy a leerte un cuento". Un niño al que no le han leído está en peligro cuando llega a la escuela. Un niño que no conoce sus colores o no sabe ver la hora, no sabe cómo atarse los zapatos, no sabe cómo hacer esas cosas y no sabe hacer algo que va en dos palabras que se me quedaron grabadas cuando era niño: cuidado y respeto. ¡Cuida tus modales! ¡Respeta a los adultos! ¡Cuidado con lo que dices! Esta es la manera correcta de criar a los hijos. Y vi a mis nietos llegar y están, a disgusto de mis hijos, actuando igual que lo hicimos. ¿Saben? Nosotros los marcamos. Y eso es lo que tienen que hacer para preparar a los niños para la educación y la escuela. Estoy trabajando con toda la energía que tengo para de algún modo comunicar este mensaje de que necesitamos el preescolar, necesitamos el programa Head Start, necesitamos el cuidado prenatal. El proceso de educación empieza incluso antes de nacer y si no lo hacen, tendrán problemas. Estamos teniendo dificultades en muchas de nuestras comunidades y muchas de nuestras escuelas a las que van los niños a primer grado y sus ojos brillan, toman su pequeña mochila y están listos para ir, y luego se dan cuenta de que no son como los otros niños; que conocen libros, les han leído y pueden decir el alfabeto. Para tercer grado, los niños que no tuvieron esa estructura y ese cuidado al comienzo empiezan a darse cuenta de que están atrasados, ¿y qué es lo que hacen? Se portan mal. Se portan mal y van camino a la cárcel o van camino a abandonar la escuela. Es predecible. Si no tienes el nivel correcto de lectura en tercer grado, eres candidato a la cárcel a los 18 años, y tenemos la mayor tasa de encarcelamiento porque no les estamos dando a nuestros hijos un comienzo correcto en la vida. El último capítulo de mi libro se llama

"El regalo de un buen comienzo". Cada niño debería tener un buen comienzo en la vida. Fui privilegiado por tener ese tipo de comienzo. No fui un gran estudiante. Fui un niño de escuela pública de Nueva York y no lo hice bien del todo. Tengo todas mis notas del Consejo de Educación de Nueva York desde nivel inicial hasta la universidad. Lo quise cuando estaba escribiendo mi primer libro. Quería ver si mi memoria era correcta y, Dios mío, lo era. (Risas) C en todo. Y finalmente pasé la secundaria, entré al City College de Nueva York (CCNY) con un promedio de 78,3, con el que no debería haber sido admitido, y comencé ingeniería, y eso solo duró seis meses. (Risas) Después entré a geología, "rocas para deportistas". Esta es fácil. y luego encontré la Reserve Officers' Training Corps (ROTC). Encontré algo en donde lo hacía bien y algo que amaba hacer, y me encontré con un grupo de jóvenes como yo, que se sentían de la misma manera. Entonces dediqué toda mi vida al ROTC y al ejército. Y les digo a los niños, en todos lados, a medida que crecen y a medida que esta estructura se desarrolla dentro de Uds., siempre busquen aquello que hagan bien y aquello que amen hacer, y cuando encuentren esas dos cosas juntas, vaya, lo tienen. Eso es lo que pasa. Y eso es lo que encontré. Ahora, las autoridades del CCNY se estaban cansando de que estuviera ahí. Estuve ahí cuatro años y medio, casi cinco, y mis calificaciones no eran particularmente buenas, y tuve dificultades puntuales con la administración. Y entonces decían: "Pero lo hace bien en el ROTC. Miren, obtiene A en eso, pero no en en otra cosa". Y entonces dijeron: "Miren, tomemos su calificaciones de ROTC y juntémoslas con su promedio de calificaciones y veamos qué pasa". Y lo hicieron, y me llegó a 2.0. (Risas) Sip. (Risas) (Aplausos) Dijeron, "Es bastante bueno para el trabajo gubernamental. Démoslo al ejército. No lo veremos nunca más. No lo veremos nunca más". 

Así que me enviaron al ejército, y he aquí que, muchos años después, soy considerado uno de los mejores hijos en la historia del City College de Nueva York. Así que, le digo a los jóvenes en todos lados, que no es donde empiezan en la vida, es lo que haces con la vida lo que determina dónde la terminarás, y que tienen la dicha de estar viviendo en un país que, no importa donde empiecen, tienen oportunidades mientras crean en sí mismos, crean en la sociedad y en el país, y crean que pueden automejorarse y educarse a medida que avanzan. Y esa es la clave del éxito. Pero empieza con el regalo de un buen comienzo. Si no le damos ese regalo a todos y cada uno de nuestros niños, si no invertimos en la primera edad, vamos a tener dificultades. Es por eso que tenemos una tasa de deserción de aproximadamente el 25 % del total y casi el 50 % de las minorías viviendo en zonas de bajos ingresos, porque no tienen el regalo de un buen comienzo. Mi regalo de un buen comienzo no fue solo estar en una buena familia, una buena familia, sino también tener una familia que me dijo: "Ahora escucha, llegamos a este país en barcos bananeros en 1920 y 1924. Trabajamos como perros en la industria textil todos los días. No lo estamos haciendo para que te metas algo en la nariz o te metas en problemas. Y ni se te ocurra pensar en abandonar la escuela". Si alguna vez hubiera ido a casa y dicho a esos inmigrantes: "Saben, estoy cansado de la escuela, voy a dejarla", hubieran dicho: "Te vamos a dejar. Tendremos otro niño". (Risas) Tenían expectativas para todos los primos en la extensa familia de inmigrantes que vivían en el sur del Bronx, pero tenían más que expectativas sobre nosotros. Clavaron en nuestro corazón como una daga, un sentido de la vergüenza: "No avergüences a esta familia". A veces me metía en problemas, y mis padres cuando llegaban a casa, estaba en mi habitación esperando lo que pasaría, y me sentaba ahí diciéndome: "Está bien, mira, golpéame, pero, Dios, no me vengas con eso de la "vergüenza de la familia". Me abatía cuando mi mamá me lo decía. Y también tuve esta red extendida. Los niños necesitan una red. Los niños necesitan ser parte de una tribu, una familia, un comunidad. En mi caso eran las tías que vivían en todos esos edificios de apartamentos. No sé cuántos de Uds. son neoyorkinos, pero estaban esos edificios de departamentos, y estas mujeres siempre estaban pasando el rato en una de las ventanas apoyadas sobre una almohada. Nunca se iban. (Risas) Yo, que Dios me ayude, crecí caminando por esas calles, y siempre estaban allí. Nunca iban al baño. Nunca cocinaban. (Risas) Nunca hacían nada. Pero lo que hicieron fue mantenernos en juego. Nos mantuvieron en juego. Y no les preocupaba si te convertías en médico, abogado o general, nunca esperaron ningún general en la familia, siempre y cuando uno tuviera educación y luego un trabajo. "No nos digas ninguna de esas cosas de autorrealización. Obtén un trabajo y vete de la casa. No tenemos tiempo para perder en eso. Y entonces podrás apoyarnos. Ese es el papel de Uds.". Y así, es tan esencial que tendemos a poner esta cultura de nuevo en nuestra familias, en todas las familias. Y es tan importante que todos los que están aquí hoy que son exitosos, estoy seguro que tienen familias, hijos y nietos maravillosos. No basta. Hay que extender la mano y volver y encontrar jóvenes como el joven Cruz que puede hacerlo si se le da la estructura, si uno vuelve y ayuda, si se le enseña, si se invierte en clubes de chicos y chicas, si se trabaja en el sistema escolar, aseguremos que sea el mejor sistema escolar, y no sólo la escuela de tu hijo, sino la escuela de Harlem, no sólo el centro Montessori del West Side. Todos tenemos que tener un compromiso para hacer eso. 

Y no solo estamos invirtiendo en los niños. Estamos invirtiendo en nuestro futuro. Vamos a ser un país minoría-mayoría en una generación más. Aquellos que llamamos minorías ahora van a ser la mayoría. Y tenemos que asegurarnos de que están dispuestos a ser la mayoría. Tenemos que asegurarnos de que están listos para ser líderes de este, nuestro gran país, un país que no es como otro, un país que me maravilla cada día, un país que es rebelde. Siempre estamos discutiendo entre nosotros. Así es como se supone que funciona el sistema. Es un país de contrastes, pero es una nación de naciones. Tocamos a todas las naciones. Cada nación nos toca. Somos una nación de inmigrantes. Por eso es que necesitamos una buena política de inmigración. Es ridículo no tenerla para darles la bienvenida a aquellos que quieran venir y ser parte de esta gran nación, o podemos devolverlos a casa con educación para ayudar a su gente a salir de la pobreza. Una de las grandes historias que me gusta contar es sobre mi amor de ir a mi ciudad natal de Nueva York y caminar por Park Avenue en un bello día y admirar todo y ver la gente pasar de todas partes del mundo. Pero lo que siempre tengo que hacer es parar en una de las esquinas y comprar una salchicha del carrito ambulante del vendedor inmigrante. Tengo que comer una. (Risas) Y no importa donde esté o lo que esté haciendo, tengo que hacerlo. Incluso lo hice cuando fui Secretario de Estado. Salía de mi suite en el Waldorf Astoria... (Risas) caminaba por la calle y llegaba hasta la calle 55 buscando el carrito ambulante. Esos días, tenía cinco guardaespaldas alrededor y tres automóviles de policía de Nueva York cerca para asegurarse de que nadie me golpeara mientras caminaba por Park Avenue. (Risas) Y le pedía al hombre mi salchicha, y empezaba a hacerla y luego veía a su alrededor a todos los guardaespaldas y automóviles de policía... "¡Tengo permiso de residencia! ¡Tengo permiso de residencia!" (Risas) "Está bien, está bien". Pero ahora estoy solo. Estoy solo. No tengo guardaespaldas, no tengo automóviles de policía. No tengo nada. Pero tengo que tener mi salchicha. Lo hice la semana pasada. Fue en la tarde del martes por Columbus Circle. Y la escena se repite a menudo. Voy y pido mi salchicha, y el hombre empieza a hacerla y cuando termina, dice: "Lo conozco. Lo he visto en televisión. Ud. es, bueno, Ud. es el General Powell". "Sí, sí". "Oh..." Le paso el dinero. "No, General. No puede pagarme, ya me han pagado. EE. UU. me ha pagado. Nunca olvidaré de donde vine. Pero ahora soy estadounidense. Señor, gracias". Acepto la generosidad, continúo por la calle, y me inunda, Dios mío, es el mismo país que recibió a mis padres de esta manera hace 90 años. Así que aún somos ese magnífico país, pero que se alimenta de los jóvenes que llegan desde cada parte del mundo, y es nuestra obligación como ciudadanos contribuyentes de este nuestro hermoso país asegurarnos de que ningún niño se quede atrás. Muchas gracias.

Post que estuvo en borrador 11 años. Publicado en la fecha original.