Querido hijo...
Presentación con 'Google Docs'.
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sábado, enero 05, 2008
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Etiquetas: madurez, presentaciones, trucos
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martes, enero 01, 2008
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Etiquetas: amor, madurez, presentaciones
La felicidad es no necesitarla, ser necesarios a otros y aprender la necesidad del amor, que no es sino la necesidad de salir de uno mismo.
En los últimos días he escuchado de personas queridas tristes frases, como “ya no valgo para nada” o “nadie me necesita”. La edad, la enfermedad, la soledad,… conducen a tan errónea conclusión. Hemos de ayudar a superar esa desolada percepción a quienes la padecen.
Todo ser humano es preciso y precioso. A quienes creen que ya no valen, pidámosles que sean valerosos en el declinar, valientes con la mente, acreditando el espíritu de antaño, sin resignarse jamás a perder su infinito valor como personas. Un ejemplo estrenuo y épico sólo se puede ofrecer desde la más frágil debilidad. El coraje se demuestra superando el miedo a lo cercano e inevitable.
Siempre y todos somos útiles, en cualquier de las etapas o dificultades para las que habrá de transitar nuestra vida. Incluso desde la máxima dependencia, o desde la impotencia de una agonía, servimos y serviremos. Al menos, para demostrar a los demás que ellos también se ensombrecerán, se deprimirán, menguarán en sus capacidades, envejecerán, enfermarán, sufrirán,…
En el peor de los casos, todos valemos para “necesitar a otros”, para hacerles sentirse imprescindibles al acudir en nuestro auxilio. Así ellos llegarán a aprender ¡cómo se ama a las personas que nos realmente necesitan y para quienes somos indispensables! La navidad es una fecha que nos recuerda que lo único necesario es “ser necesario” a otros. En la vida sólo existen tiempos en lo que hemos de ser ayudados y épocas en las que podemos ayudar ¿Qué prefieres ayudar o ser ayudado?
Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/necesarios.DOC
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domingo, diciembre 23, 2007
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Etiquetas: autoayuda, educación, familia, felicidad, madurez
Las variadas postales recibidas, y aprovecho para excusarme por no poder corresponder, son de agradecer de corazón. Pero la que, entre todas ellas, más me ha emocionado ha sido una carta remitida por la EPA de Irala de Bilbao donde no firma, ni figura, su Director Leandro Salvador (a quien he felicitado). La titubeante letra ha sido escrita, primero a lápiz y luego con bolígrafo, por el alumnado de la Fase I (de Alfabetización), personas mayores que hace poco no sabían leer ni escribir. Nuestros más nobles deseos se están cumpliendo.... como dice la misiva.
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viernes, diciembre 21, 2007
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Etiquetas: bilbao, conmemoraciones, educación, madurez
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miércoles, diciembre 19, 2007
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Etiquetas: fotos, madurez, tecnología
No desperdiciemos los primeros días como si las vacaciones fuesen eternas. Hemos de vivirlas y aprovecharlas como lo solemos hacer la última semana, cuando ya nos acucia la hora de regresar. Aprendamos de los ancianos, que aprecian la vida tanto más cuanto menos les queda…
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lunes, julio 23, 2007
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En BlogEdad de aNieto2K nos preguntan nuestro blog y la fecha de nacimiento. Hoy, cuando me he inscrito, he comprobado que era el más anciano de los bloggers... No sé si deprimirme, o alegrarme.
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lunes, abril 02, 2007
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Etiquetas: autorrefencias, historia, madurez, web2.0
Aprendiendo de nuestros mayores que vivir es algo mágico e irrepetible. Gabriel Celaya lo resumió: “Vivir es fácil y, a veces, casi alegre”.
A veces, los educadores escuchamos de algún joven que no merece la pena vivir. Siempre nos sorprende y nos conmueve. En dos días seguidos, he oído dos declaraciones muy sentidas. Una, de desesperanza, de abandono, de renuncia, de deserción, por parte de una persona adolescente, en plenitud de salud, inteligente, capaz y con todo el futuro abierto. Simplemente se encontraba ante una situación que no controlaba, un pequeño contratiempo intrascendente, que pronto superará si no cae en la desesperación y no consuma algún error irreversible.
Pocas horas después, un viejo amigo me comentaba cómo su nonagenario padre se debate entre la vida y la muerte en un hospital. Sufre todo tipo de dolencias y achaques desde hace años, que han limitado toda su movilidad y le mantienen semiinconsciente. Pero cuando despierta y reconoce a su hijo, muy cabal, sólo le susurra: “Txetxu, qué bonita es la vida”.
No es el primer anciano que lo pregona. Son muchos los que proclaman: “Cada día creo que vivir me gusta más”. Quizás haga falta toda una vida de experiencia para comprenderlo. Con razón dicen que vivir es sentir, sin amarguras, todas las edades, hasta que llega la muerte. Sólo con la edad entendemos que vivir es recordarse, que vivir es decidir constantemente qué vamos a ser, ya sea en la siguiente década, en el próximo año o en el minuto postrero.
Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/vivir.htm
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lunes, septiembre 11, 2006
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Etiquetas: autoayuda, educación, familia, madurez, opinión, salud
Una dramática historia real, que no es tan infrecuente como creíamos.
Al reencontrar parecidas situaciones, hemos recordado un caso que nos impresionó hace dos décadas. Cuando les conocimos, ellos ya eran unos abuelos jubilados. Él había sido un relojero con negocio propio, y le había ido razonablemente bien. Tanto que pudo comprar una casa a cada uno de sus hijos e hijas en una gran capital. También contaba con una casita de verano, al lado de la nuestra.
Cada veraneo comenzaba igual. Primero venía el matrimonio de octogenarios, para limpiar la casa y llenar la despensa. Dos días después, con precisión insuperable, la vivienda se abarrotaba de hijos y nietos. Al amanecer, ya se podía ver a la abuela limpiando el porche, y su jornada laboral de ama de casa se prolongaba hasta el anochecer. Diariamente los dos abuelos hacían las compras, pero nadie de sus cinco hijos e hijas, ni nueras ni yernos, ni nietos o nietas, salía a su encuentro para descargarles de alguna de las bolsas, que en varios viajes transportaban a casa.
Preparando comidas, meriendas y cenas los ancianos, jamás iban a la playa, pero sí toda aquella tropa de descendientes que los explotaba sin piedad. A lo sumo, el abuelo bajaba a la orilla para cuidar a sus nietos más pequeños. También sacar la basura era función exclusiva suya. Era un escándalo de abuso familiar para quienes conocíamos la situación, pero no se lo parecía así a aquellos desalmados hijos y nietos que lo veían como algo que los abuelos hacían por obligación y con gusto.
Un año ya no vimos a los ancianos. Nos comunicaron que habían muerto en el otoño, con apenas unos días de diferencia entre ambos fallecimientos. Nos apenó sobremanera no poder hablar con aquellos bondadosos patriarcas que habían dedicado más de sesenta años a tan ingratos descendientes. Entonces, aquella panda de inútiles perezosos pareció que podía organizarse. Dejaron de venir tan sincronizadamente; compraron otras viviendas próximas y cada pareja se ocupó de su prole. Se había acabado el chollo de los abuelos: simplemente los habían exprimido hasta la muerte.
Siempre nos ha quedado el recuerdo amable de aquellos maravillosos abuelos, que siempre estuvieron unidos y felices en medio de tan fatigoso trabajo doméstico. No volvimos a tratar con sus desconsiderados herederos, aunque les seguimos viendo. Pronto varios de ellos se divorciaron, y tampoco se hablaban entre ellos. Había desaparecido lo que ellos nunca apreciaron y lo que jamás serán: Una pareja que se ama, y que al tener hijos propios reconoce aún más a sus progenitores y que se ocupan de ellos en su ancianidad.
Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
blog.agirregabiria.net
Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/explotados.htm
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miércoles, agosto 16, 2006
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Etiquetas: amor, autoayuda, educación, familia, felicidad, madurez
Frase atribuida a Miguel Ángel Buonarrotti a la edad de 87 años, que significa “todavía sigo aprendiendo”.
"El artista de todos los tiempos", símbolo del Renacimiento, fue un insigne arquitecto, escultor y pintor. Su legado inmortal incluye obras maestras como la cúpula de la Basílica de San Pedro, las colosales estatuas de David (4.34 metros altura), Moisés y La Piedad (realizada antes de cumplir 25 años), o las sublimes pinturas en la bóveda de la Capilla Sixtina (la Creación de Adán, el Juicio Final,…).
Dos años antes de su muerte en Roma el 18 de Febrero de 1564, Miguel Ángel confesaba que sentía "las eternas manos de la muerte que me agarran por el manto". Sus propias manos, temblorosas y agotadas por el continuo cincelar, ya no le obedecían. Pero su espíritu seguía incólume. Cuando fue elogiado por su trabajo en la Capilla Sixtina, rechazó la alabanza con la respuesta propia de su genio: “¡Todavía estoy aprendiendo!”.
Éste lema, y la grandeza de su axiología subyacente, merece que conservemos en bronce tanta sabiduría condensada en dos palabras. Todos podemos seguir aprendiendo día a día. Ejercitemos la divisa: “Aún aprendo”. Cada jornada dediquemos un rato a pensar, a escuchar o a leer algo que valga la pena: un libro, un periódico, una carta al director, un blog,…
El pensamiento de Sócrates, que resumía la humildad de los sabios como Miguel Ángel, se repite en el encabezamiento de un sobrio poema de Miguel Unamuno: “Sólo sé, que no sé nada; / los demás no saben más; / sólo sé que la jornada, / va sin rumbo ni compás. / Sólo sé que nuestra herida, / que mata, es un no sé qué; / sólo sé que el alma henchida / vive no de agua, de sed”.
El longevo violonchelista Pau Casals, ante la pregunta de por qué con 85 años seguía ensayando cuatro o cinco horas diarias, su respuesta fue insigne: "Porque tengo la impresión de que estoy haciendo progresos". El audaz Henry Ford siempre recalcaba: “Quien detiene su formación se convierte en anciano, sea a los veinte o a los ochenta años. Quien sigue aprendiendo se mantiene joven por siempre”. Ojalá nunca se agote nuestra sed de saber.
Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/imparo.htm
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sábado, noviembre 26, 2005
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Descubriendo la grandeza de algunas gentes, que por nuestra pereza y simpleza suele pasarnos desapercibida.
Todos los días, mi esposa Carmen y yo paseamos por Getxo. Nuestro recorrido predilecto va desde el Puente Colgante hasta el Puerto Nuevo, donde la elegante y variada arquitectura capitula ante la belleza natural de la costa vasca. En apenas dos kilómetros pueden verse desde gigantescos barcos mercantes que navegan por la Ría Nervión-Ibaizabal hasta gráciles veleros o ferries por el Abra de Bilbao, tres playas y varios monumentos históricos junto a palomas y gaviotas, pero lo mejor es la gente con la que te encuentras.
Ayer caminando en nuestro trayecto habitual, descubrimos que vivimos entre personas “ricas”. Pero “ricas” de verdad. Queremos compartir nuestro hallazgo, porque en todas las sociedades y en todos los pueblos hay “gente acaudalada”, pero no son necesariamente los “millonarios en dinero” que creemos por ser tan visibles. La genuina riqueza se disfraza, muy a menudo, de enfermedad, de pobreza, de flaqueza, de torpeza y de crudeza en la corteza. Porque la auténtica fortaleza reside interiormente en la sutileza de la agudeza, en la certeza de la entereza y en esa nobleza que sólo otorga la proeza de sobrevivir.
Quizá sea grandeza y delicadeza, mejor que riqueza, lo que caracteriza a estas personas de firmeza y gentileza, de dureza y pureza, de belleza con tristeza, justeza y largueza. Sólo los niños “reconocen” a esas personas que se han hecho “grandes”, día a día, porque cabeza, listeza, destreza, franqueza y realeza se acumulan únicamente ganando la batalla cotidiana de la existencia, atesorando arrugas que son las cicatrices de la experiencia.
Si aún no lo has entendido, quizá necesites unas horas más, unos meses más o unos años más. Con suerte al final serás tan ‘rico’ como cualquier anciano, y todo lo comprenderás. Porque no hablamos de riqueza económica, sino de riqueza en pasado, en alegría compartida, en vida subsistida y transmitida. Nos referimos a los “verdaderos ricos” que son los abuelos de la Tierra, los aristócratas de la Vida, los añosos vencedores del Tiempo.
Artículo ilustrado en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/riqueza.htm
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sábado, abril 30, 2005
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Etiquetas: autoayuda, educación, madurez, metáforas, solidaridad, top, ética
Tercera Edad en el Primer Mundo: El envejecimiento de nuestra sociedad como reto y oportunidad.
La “Floridización”, semejanza con Florida, es un neologismo no aceptado aún por la Academia de la Lengua. Proviene del término estadounidense “Floridization”, expresando que según el censo de 2000 la población norteamericana mayor de 65 años era 12,4%, mientras que en el Estado de Florida alcanzaba un 17,6%, y sigue creciendo. La razón básica es que este destino es el preferido de muchos jubilados de Estados Unidos.
El fenómeno, del rápido incremento de la ciudadanía de la tercera (y cuarta) edad se está produciendo igualmente en Europa y en todo el denominado “Primer Mundo”. Ya no puede hablarse de determinados territorios (como la costa mediterránea) ocupados por jubilados de la tercera edad, con dinero y tiempo en busca de calidad de vida, a la espera de entrar en la cuarta. Hoy todo el continente europeo y todo Occidente se “floridiza”. Según el último informe del Fondo de Población de Naciones Unidas, que constata la desaceleración del crecimiento de la población mundial, la Floridización del Primer Mundo se extenderá a la mayoría de los países en desarrollo entre 2000 y 2050, duplicándose la proporción de población de 65 años o más. Según las proyecciones -fáciles de elaborar porque tratan de gente que ya ha nacido-, en 2020 habrá más de mil millones de mayores, un 70% de ellos en países en vías de desarrollo. El crecimiento de esta tercera edad está generando un planetario problema no paliado de ancianos en la pobreza. Si las diferencias entre habitantes del Primer y Tercer mundo son abrumadoras, todavía se agravan entre los ancianos de los países más avanzados y de los más pobres. En el campo de la solidaridad entre los mayores queda mucho por hacer.
Los “mayores”, seniors es de difícil traducción, configuran una realidad social con múltiples aspectos de diferenciación que no siempre han sido debidamente atendidos. Podría destacarse sus requerimientos de salud, obviamente más perentorios y exigentes que en otras etapas de la vida en razón de la edad, pero igualmente son reseñables otros tipos de servicios sociales orientados a atender su mayor tiempo de ocio o sus legítimas aspiraciones de seguir contribuyendo con su valiosa experiencia al bienestar común.
Si nuestra sociedad ignora la capacidad de la tercera edad, peor aún ha abordado el problema de la cuarta edad. De ahí señales como el abandono de ancianos en hospitales que suele producirse cuando llega la época del veraneo para sus descendientes. Además, las familias no están estructuradas para acoger a sus ancianos. Ni siquiera la arquitectura de las viviendas está proyectada para ello, por lo que proliferan las residencias. Por otra parte el trato y la relación con los ancianos nos diferencian de muchas sociedades asiáticas, donde no sólo se respeta al anciano y se le cuida desde la familia, sino que además sigue cumpliendo funciones sociales importantes, algo que está desaparecido en la Europa del bienestar.
Aquí surgen fenómenos sociales innumerables que requieren una profunda reflexión de justicia, como el descrito por Arlie R. Hochschild en un relevante estudio (Global care chains and emotional surplus value). Parte de una realidad conocida por todos: las y los sudamericanos (filipinos y otros) emigran al Primer Mundo para cuidar niños o ancianos de familias acomodadas. Con lo que ganan, mantienen a sus familias en sus países de origen, e incluso pagan a cuidadoras para que se ocupe en su país de origen de sus propios hijos y ancianos. Así, las mujeres más pobres asisten a ancianos o niños de los más ricos, mientras que otras mujeres aún más pobres, ancianas y rurales cuidan a sus propios niños y ancianos. El resultado son las "familias transnacionales": Una faceta sórdida del nuevo orden económico, que no podemos aceptar sin más, aunque permita que se beneficien muchos elementos de la cadena humana. La razón de fondo radica en la creciente y legítima integración laboral de las mujeres occidentales, conviviendo con hombres que no asumimos las responsabilidades hogareñas y de cuidado de nuestros dependientes, labor que subarrendamos a inmigrantes.
Los problemas de la ancianidad nos atañen a todos y sus carencias deberían preocuparnos a todos, dentro del entorno familiar y del escenario social. Nuestra esperanza de vida está cercana a los 80 años, y continúa creciendo. Nuestra mejor opción es llegar en el futuro a “ser (más) mayores”.
Sorprendentemente los políticos, que en nuestro entorno y en su mayoría ya no pertenecen a este colectivo, han descuidado tanto la atención sobre las necesidades propias de los retirados y de la ancianidad, así como del formidable impacto general que sobre el conjunto de la sociedad provoca su apreciable existencia. Por ejemplo, si ya existen Ministerios de la Juventud, ¿para cuando un Ministerio de la Tercera Edad? Y ello a pesar del peso electoral que pueden representar los mayores, quizá insuficientemente movilizados en cuestiones políticas. De la mano de las urnas puede lograrse lo que no se ha conseguido por ética desde un concepto genuino de familia, que no aparte a los abuelos. Los más mayores empezarán a ser una cuestión central en la política europea y estadounidense, si se mantienen las actuales tendencias. Para 2030 los ‘veteranos’ serán la mayoría, no de la población, pero sí de los votantes reales en Estados Unidos y casi en Europa. Incluso el mundo económico, y es un dato revelador de lo inadvertido de la situación, no ha respondido con suficiente agilidad a esta tercera edad numerosa y con medios financieros superior a la media. El potencial de nuestros mayores parece seguir adormecido a la espera de ser descubierto por la mayoría de ellos mismos y reconocido por todos los demás.
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miércoles, septiembre 22, 2004
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Etiquetas: autoayuda, futuro, madurez, sociedad, solidaridad
"La sabiduría de los ancianos es un gran error; no se vuelven más sabios, sino más prudentes". |
| Ernest Hemingway, 1898-1961, escritor estadounidense. |
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viernes, marzo 19, 2004
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Hoy también, con suerte, dispondremos de 86.400 segundos para ser irrepetiblemente nosotros mismos,… para amar a los nuestros… y a los demás, para ayudar a los necesitados… y a los demás, para disfrutar de los gozos… y de los recuerdos, para saborear lo dulce… y lo amargo. Sonriamos siempre, porque todo ello, a lo sumo, apenas… durará… un día, hasta que el sueño… nos abrace… de nuevo… Y llegará una noche, antes de lo que creemos, que el ensueño… será… eterno.
Dedicado a Yukichi Chuganji, el anciano japonés que vivió más de 41.600 días y que ahora descansa en paz. Su recuerdo nos ayuda a vivir con intensidad cada jornada que se nos escurre entre los dedos, a veces sin dejar memoria. No lo permitamos: Cada día es una vida, diferente, singular, nueva, a estrenar. Amigo lector: ¿Qué haremos hoy?
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martes, octubre 07, 2003
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"Tenía 90 años y sus últimas palabras fueron: mamá y papá". |
| Un anciano moribundo. |
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domingo, diciembre 29, 2002
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