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PISA 2025: 5 causas capitales del desastre y 6 posibles soluciones

Debate sobre #PISA2015 en el programa La Noche En Jake
Imagen de 2016, explicando en ETB los resultados de PISA 2015 en prime time. Contexto del artículo: Hace más de 8 años que me jubilé con 65 años. Desde entonces me he centrado en otros temas, pero siempre he sido un educador. Comencé con 22 años, en 1975, como Profesor Titular de Didáctica de las Matemáticas y Ciencias Experimentales en la UPV-EHU. En 1985 pasé al Gobierno Vasco como responsable de Tecnología y Educación, y luego muchos años como responsable de Innovación Educativa. He escrito y divulgado mucho sobre PISA (posts aquí recogidos). En este primer artículo, he preferido apuntar medidas generales, a escala universal. Seguirá una entrada sobre el caso de la Comunidad Autónoma de Euskadi, con soluciones que siguen siendo oportunas, muchas de ellas como lo eran tras PISA 2015 (leer aquí). Tampoco en este texto he apuntado razones permanentes y obvias que diferencian en resultados de comprensión lectora a alumnado de la misma edad que estudia en comunidades bilingües respecto a monolingües, y más si es con idiomas tan distantes lingüísticamente.

Los resultados de PISA 2025, publicados el 8 de septiembre de 2026, nos han dejado anonadados. Era esperable el declive. porque confirma lo que ya se insinuaba en PISA 2018 y PISA 2022 (PISA 2021 no pudo realizarse por la pandemia), pero no en esa grado de pérdida de nuestras generaciones de infancia y juventud. Cae peligrosamente el rendimiento de los adolescentes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias ha seguido deteriorándose en buena parte del mundo rico. No se trata de un tropiezo puntual ni, según la propia OCDE, de un artefacto del instrumento. Es un cambio de época educativa, visible a la vez en el promedio de la OCDE, en España y, con particular intensidad, en el País Vasco.

PISA no mide “cultura general” ni fidelidad al currículo nacional. Mide la capacidad de aplicar conocimientos a problemas nuevos. Por eso su caída no es un dato administrativo: es un indicador de la capacidad cognitiva colectiva con la que una generación entra en la vida adulta, en un momento en que la inteligencia artificial y la complejidad informativa exigen precisamente lo contrario: atención sostenida, lectura de textos largos, razonamiento y perseverancia.

La pregunta útil no es quién tiene la culpa. Es qué ha cambiado en los estudiantes, en las familias, en el profesorado, en las aulas, en los sistemas y en la sociedad, y qué se puede corregir con evidencia, no con eslóganes. Repasamos, a continuación y con una extensión inhabitual, las principales causas de la bajada de resultados y algunas fórmulas clave para recuperar el aprendizaje requerido para un futuro incierto.

Hay momentos en los que una estadística deja de ser simplemente una estadística. Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, constituyen uno de esos momentos. Más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías han participado en esta evaluación internacional y el diagnóstico es inequívoco: el deterioro del rendimiento no afecta únicamente a un país o a un determinado modelo educativo. La OCDE registra una caída generalizada y sitúa el rendimiento medio de sus países miembros en mínimos históricos en matemáticas, lectura y ciencias.

Por tanto, sería un error interpretar el resultado exclusivamente como un «fracaso un agente o una comunidad», del mismo modo que sería tranquilizador atribuirlo únicamente a la pandemia, a los teléfonos móviles, a una determinada ley educativa o a la supuesta falta de esfuerzo de los adolescentes. El problema es más profundo, multifactorial y estrepitoso por fallo sistémico de todos los intervinientes. Estamos ante una disrupción cultural, tecnológica y educativa de gran alcance. Y precisamente por eso las soluciones tampoco pueden reducirse a apuntar hacia algo en concreto y menos aún a cambiar alguna ley cada pocos años.

Premisa crucial: la caída es internacional. La primera conclusión obliga a abandonar cualquier explicación exclusivamente nacional. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de la OCDE cayó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura. En ciencias, donde PISA 2025 situó su principal foco de evaluación, también se produjo un descenso, aunque considerablemente menor.

La magnitud es extraordinaria porque PISA no está describiendo solamente una oscilación coyuntural. La tendencia descendente venía manifestándose desde antes de la pandemia en numerosos sistemas. La COVID-19 agravó probablemente un problema que ya existía, pero no lo creó desde cero. Esta distinción es fundamental. Si pensamos que todo se debe a los confinamientos, nuestra respuesta será recuperar simplemente las clases perdidas. Si entendemos que existe una transformación estructural del aprendizaje, necesitaremos rediseñar parte del sistema.

1. Primera causa: la pandemia, pero no como explicación total. La pandemia provocó interrupciones escolares, aislamiento social, pérdida de rutinas, dificultades familiares y una aceleración improvisada de la educación digital. Su impacto sobre determinados grupos fue especialmente intenso. Pero la propia evidencia de PISA 2022 ya advertía de que no existe una relación sencilla entre duración del cierre escolar y caída del rendimiento. Algunos sistemas con cierres relativamente prolongados tuvieron resultados mejores que otros con interrupciones menores. 

La pandemia debe entenderse, por tanto, como un acelerador. Aceleró tendencias anteriores: desigualdad, problemas de salud mental, pérdida de hábitos de lectura, dependencia tecnológica, dificultades de concentración, absentismo y debilitamiento de determinados vínculos entre escuela y familia. La cuestión no es volver a 2019. Es aprender a educar en una sociedad que ya no es la de 2019.

2. Segunda causa: la revolución de la atenciónProbablemente estamos ante uno de los cambios menos comprendidos de nuestro tiempo. Durante siglos, aprender significaba fundamentalmente concentrarse durante períodos prolongados. Ahora vivimos rodeados de estímulos diseñados para interrumpir la concentración. Móviles, redes sociales, vídeos breves, videojuegos, notificaciones y plataformas digitales compiten permanentemente por la atención de los adolescentes.

No es una cuestión moral. Es una cuestión cognitiva. La atención sostenida es un recurso limitado. Y la escuela tiene que competir con industrias cuyo modelo económico consiste precisamente en maximizar el tiempo de permanencia del usuario. PISA ofrece señales relevantes. En 2022, alrededor del 30% de los estudiantes de los países de la OCDE declaraba distraerse por dispositivos digitales durante las clases. Además, la utilización moderada de dispositivos para aprender podía asociarse positivamente con el rendimiento, mientras que el uso excesivo o recreativo presentaba relaciones negativas. La conclusión no debería ser «tecnología sí» o «tecnología no». Debe ser: tecnología dentro cuando mejora el aprendizaje; tecnología fuera cuando destruye la atención.

3. Tercera causa: hemos debilitado la lectura profundaLa caída en comprensión lectora merece una consideración especial. Leer no significa únicamente descodificar palabras. Significa construir significado, inferir, relacionar ideas, distinguir hechos y opiniones, interpretar argumentos, reconocer matices y mantener información en la memoria de trabajo. La lectura profunda necesita tiempo. Y necesita una cierta tolerancia al aburrimiento. Una generación acostumbrada al desplazamiento permanente de contenidos puede encontrar especialmente difícil enfrentarse a un texto largo, complejo y sin recompensas inmediatas.

España ofrece aquí una señal preocupante: en PISA 2025 obtiene 451 puntos en lectura, frente a 474 en 2022. Es su peor resultado histórico en esta competencia.  La respuesta debería ser inequívoca: hay que volver a enseñar a leer mucho, despacio y críticamente. No solamente en Lengua. También en Ciencias, Matemáticas, Historia, Filosofía y Tecnología. Un alumno que no comprende un problema escrito difícilmente podrá resolverlo matemáticamente, aunque conozca las operaciones.

4. Cuarta causa: menor esfuerzo cognitivoExiste otro fenómeno que conviene abordar sin prejuicios generacionales. Aprender cuesta. La memoria, la práctica deliberada, la resolución de problemas, la escritura y la lectura exigente requieren esfuerzo. La educación contemporánea ha incorporado con razón metodologías activas, aprendizaje por proyectos, colaboración, creatividad y competencias. El problema aparece cuando estos enfoques se interpretan como sustitutos de los conocimientos básicos, y no como instrumentos para utilizarlos. 

No existe pensamiento crítico sin conocimientos. No existe creatividad sólida sin dominio de un campo. No existe competencia científica sin fluidez matemática. No existe inteligencia artificial bien utilizada sin criterio intelectual. La educación debe recuperar un equilibrio entre conocimiento y competencia, contenidos y aplicación, memoria y comprensión.

5. Quinta causa: la inteligencia artificial cambia las reglasPISA 2025 incorpora explícitamente el nuevo contexto de la inteligencia artificial. El problema no es que los estudiantes utilicen ChatGPT, Gemini, Claude u otros sistemas. El verdadero problema sería que la IA sustituyera precisamente las operaciones cognitivas que la escuela pretende desarrollar. Si una máquina resume, redacta, calcula, traduce y resuelve problemas, la educación debe plantear una pregunta nueva: ¿Qué necesitamos seguir aprendiendo los humanos cuando las máquinas pueden ejecutar buena parte de las tareas intelectuales rutinarias? La respuesta no puede ser «nada».

Debe ser exactamente la contraria: necesitamos más comprensión, más capacidad para formular preguntas, más razonamiento, más verificación, más cultura científica, más pensamiento crítico y más capacidad para distinguir una respuesta plausible de una respuesta verdadera. La IA debería convertirse en tutor, simulador, interlocutor y herramienta de investigación, no en sustituto del esfuerzo intelectual.

España: el problema es especialmente serio. España llega a PISA 2025 con resultados históricamente bajos. La puntuación nacional se sitúa en 457 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 477 en ciencias. Respecto a 2022, las pérdidas son aproximadamente de 16 puntos en matemáticas, 23 en lectura y 8 en ciencias. El dato resulta particularmente preocupante porque España ya había experimentado retrocesos en las ediciones anteriores. 

En PISA 2022, la OCDE constataba que los resultados españoles habían descendido respecto a 2015 en las tres competencias. No parece razonable atribuir todo el deterioro a una única reforma educativa. Tampoco sería científico afirmar que la LOMLOE es por sí sola responsable del descenso. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 han pasado por una combinación de circunstancias: pandemia, transformación digital, cambios curriculares, nuevas pautas familiares, mayor diversidad social y lingüística, modificaciones en las prácticas docentes y cambios culturales profundos. La respuesta debería ser, por tanto, igualmente sistémica. 

Euskadi: una alarma especialmente insufrible. El caso vasco merece un análisis específico porque Euskadi había construido durante décadas una reputación de sistema educativo relativamente sólido y equitativo. Los resultados de PISA 2025 obligan a revisar esa percepción. Euskadi obtiene 460 puntos en matemáticas, 419 en lectura y 459 en ciencias, frente a 482, 466 y 480 respectivamente en PISA 2022. La caída es particularmente dramática en comprensión lectora:47 puntos menos.

En lectura, Euskadi queda en la parte inferior de las comunidades autónomas. No es un pequeño retroceso estadístico. Es una señal estructural. Y precisamente por eso sería un error responder mediante una explicación simplista —por ejemplo, atribuirlo exclusivamente al modelo lingüístico, a la inmigración, a la metodología competencial o al uso de pantallas—. Cada una de esas hipótesis puede ser investigada. Ninguna debería convertirse automáticamente en una conclusión causal. 

El propio organismo vasco de evaluación, ISEI-IVEI, señala que PISA 2025 incorpora además nuevas dimensiones relacionadas con el aprendizaje en el mundo digital y la lengua extranjera, mientras ciencias constituye la competencia principal de la edición. Euskadi necesita ahora investigación educativa propia, no solamente interpretación política de las tablas.

El factor socioeconómico sigue siendo determinante. PISA demuestra reiteradamente que el contexto familiar importa. En España, el estatus socioeconómico y cultural continúa siendo un predictor relevante del rendimiento. En PISA 2022 explicaba aproximadamente el 14% de la variabilidad del rendimiento matemático, frente al 15% en el conjunto de la OCDE. Pero hay una conclusión igualmente importante: la escuela sí puede compensar parcialmente las desigualdades de origen.

El objetivo no debería ser conseguir que todos los alumnos obtengan exactamente el mismo resultado. Eso sería imposible y tampoco deseable. El objetivo es que el origen familiar determine lo menos posible el destino educativo. Para ello hacen falta refuerzos tempranos, orientación, tutorías, becas, apoyo lingüístico, educación infantil de calidad y una atención mucho más individualizada.

Pasemos a las fórmulas urgentes que puedan corregir esta aterradora deriva.

1. Primera fórmula: recuperar la lecturaLa medida más barata y probablemente una de las más poderosas sería establecer un innovador Plan Vasco y Español de Lectura Profunda. Entre 30 y 45 minutos diarios de lectura sostenida y cumplimiento estricto. Libros completos. Textos científicos. Ensayos adaptados. Literatura clásica. Prensa de calidad, si se encuentra. Y después, conversación y escritura. No se trataría de convertir la lectura en una asignatura más, sino en una infraestructura intelectual transversal. Un estudiante que lee bien aprende mejor prácticamente todo. 

2. Segunda fórmula: volver a enseñar explícitamente los fundamentosNecesitamos recuperar una idea aparentemente antigua y profundamente moderna: lo básico debe dominarse. Ortografía, vocabulario, sintaxis, cálculo, álgebra, proporcionalidad, estadística, razonamiento científico, comprensión de gráficos, escritura argumentativa. Después vendrán los proyectos interdisciplinarios, la creatividad, la programación, la robótica y la inteligencia artificial. Pero no antes. Un sistema educativo innovador no es aquel que utiliza más aplicaciones. Es aquel que consigue que sus estudiantes aprendan más y mejor. 

3. Tercera fórmula: una política inteligente de pantallas. Ni tecnofobia ni tecnolatría. Un buen colegio del siglo XXI debería poder utilizar tablets, ordenadores, simuladores, laboratorios virtuales e inteligencia artificial y, simultáneamente, establecer períodos protegidos sin dispositivos. La evidencia disponible sugiere precisamente esa moderación: un uso educativo limitado puede resultar beneficioso, mientras que la distracción digital se relaciona negativamente con el rendimiento. La pregunta correcta no es «¿hay tecnología en el aula?». Es: «¿Qué aporta esta tecnología que el estudiante no podría aprender mejor de otra manera?» 

4. Cuarta fórmula: dignificar y reconocer al profesorado. Ninguna reforma educativa funcionará sin profesores preparados, motivados y con tiempo para enseñar. Hay que reducir tareas burocráticas, mejorar la formación permanente, reforzar la carrera profesional y atraer talento hacia la docencia. Y hay que proporcionar al profesorado herramientas eficaces para gestionar aulas heterogéneas. PISA 2022 ya mostraba la importancia del apoyo docente: los estudiantes que percibían mayor disponibilidad de ayuda del profesor presentaban mejores resultados matemáticos. La innovación educativa no debería consistir en pedir al profesor que haga cada año diez cosas nuevas. Debería consistir en ayudarle a hacer mejor las cosas esenciales.

5. Quinta fórmula: intervenir antesUna caída detectada a los 15 años puede haberse iniciado a los 7, a los 9 o incluso antes. Por ello necesitamos sistemas de alerta temprana. Si un niño presenta dificultades persistentes de comprensión lectora en tercero de Primaria, no deberíamos esperar hasta Secundaria. La regla debería ser sencilla: detectar pronto, intervenir pronto y evaluar si la intervención funciona. Esto exige evaluaciones diagnósticas rigurosas, pero no convertir la escuela en una sucesión interminable de exámenes. Evaluar no es examinar continuamente. Evaluar es obtener información útil para tomar mejores decisiones. 

6. Sexta fórmula: menos teorías, más evidenciasEspaña necesita superar el ciclo perverso de las reformas educativas. Cada cambio político modifica currículos, terminología, prioridades y estructuras. El profesorado vuelve a empezar. 

Una política educativa madura debería establecer objetivos para diez o quince años. Por ejemplo: elevar sustancialmente la comprensión lectora; reducir el porcentaje de alumnado por debajo del nivel básico; aumentar el alumnado excelente; mejorar matemáticas y ciencias; reducir las brechas socioeconómicas; mejorar la formación docente; disminuir la distracción digital; integrar la IA con criterios pedagógicos. Y medir anualmente el progreso. No esperar tres años hasta PISA. 

Una propuesta específica para Euskadi. Euskadi debería responder al resultado con un nuevo Pacto Escolar por el Aprendizaje, construido sobre evidencia y no sobre trincheras políticas. Debería incluir al menos: 1. Un plan extraordinario de comprensión lectora. 2. Refuerzo intensivo de matemáticas y ciencias. 3. Evaluación externa e independiente de las metodologías utilizadas. 4. Investigación rigurosa sobre el impacto de los modelos lingüísticos. 5. Programas específicos para alumnado inmigrante recién incorporado. 6. Formación avanzada del profesorado en IA y alfabetización digital. 7. Regulación efectiva de móviles durante la jornada escolar. 8. Reducción de burocracia docente. 9. Tutorías individualizadas para alumnado vulnerable. 10. Publicación transparente y pormenorizada de indicadores de progreso.

Y una undécima medida sine quo non: recuperar la ambición. Euskadi no debería conformarse con estar cerca de la media estatal o europea. Por esfuerzo histórico, por inversión mantenida y por imperativo de supervivencia debería aspirar de nuevo a situarse entre los sistemas europeos de mayor rendimiento y equidad.

La OCDE también necesita aprender de PISA. A modo de recopilación final, es preciso comprender que el problema no es exclusivamente vasco, ni español, ni de toda la OCDE. Si numerosos sistemas educativos avanzados están retrocediendo simultáneamente, la propia OCDE debería promover una investigación internacional sobre las causas. Necesitamos saber cuánto corresponde a: pandemia; digitalización; móviles; redes sociales; inteligencia artificial; hábitos familiares; lectura; salud mental; absentismo; disciplina; motivación; cambios curriculares; composición demográfica; condiciones docentes,... Y, sobre todo, necesitamos estudios longitudinales que permitan distinguir correlación de causalidad. PISA es extraordinariamente valioso, pero es una fotografía periódica. Para comprender la película necesitamos más datos y mucha más investigación. 

Tampoco debemos convertir PISA en una competición de rankings. PISA no mide toda la educación. No mide directamente la calidad humana de una escuela, la creatividad completa de una persona, su ciudadanía, su felicidad, su ética o su capacidad para construir relaciones. Por eso sería absurdo reducir la educación a una tabla de posiciones. Pero también sería absurdo despreciar PISA cuando los resultados son malos. Las dos posiciones extremas son intelectualmente cómodas y científicamente pobres. PISA es un termómetro. No es la enfermedad. Pero cuando el termómetro marca fiebre, conviene investigar. Y en 2025 la fiebre es alta. 

Una apelación a la verdadera innovación educativa. Quizá la lección más profunda de PISA 2025 sea paradójica. Para preparar el futuro no necesitamos necesariamente una escuela más tecnológica. Necesitamos una escuela más inteligente en el uso de la tecnología. Una escuela que enseñe a leer cuando todos consumen fragmentos. A calcular cuando existen calculadoras. A escribir cuando existe la IA generativa. A memorizar aquello que conviene tener disponible mentalmente. A investigar cuando existe Google, Quora, ChatGPT,... A contrastar cuando existen millones de respuestas. A conversar cuando proliferan las pantallas. Y a pensar cuando las máquinas empiezan a hacerlo extraordinariamente bien. La innovación educativa no consiste en introducir cada novedad. Consiste en conservar lo que funciona (siempre ha sido mucho más difícil de discernir que lo que hay que sumar) y cambiar aquello que ha dejado de funcionar. 

Una década para recuperar el aprendizaje. El resultado de PISA 2025 debería provocar preocupación, pero no pesimismo. Los sistemas educativos pueden y deben cambiar. Existen países y territorios que han demostrado que es posible combinar equidad y excelencia. PISA identifica sistemas capaces de mantener buenos niveles de competencia básica junto con una distribución relativamente equitativa del rendimiento. La cuestión no es descubrir una fórmula mágica. No existe. La fórmula real es mucho menos espectacular y mucho más exigente: buenos profesores, buenos directores, familias implicadas, alumnos que estudian, currículos coherentes, evaluación rigurosa, lectura abundante, matemáticas sólidas, ciencia, disciplina razonable, tecnología bien utilizada y políticas educativas estables.

Y, por encima de todo, una sociedad adulta y consciente que vuelva a transmitir a sus jóvenes una idea esencial: aprender merece la pena. PISA 2025 no debería ser recordado dentro de diez años como el momento del desastre educativo. Debería convertirse en el momento en que decidimos cambiar de rumbo. No para volver al pasado. Sino para construir una escuela capaz de preparar a nuestros hijos y nietos para un mundo que será simultáneamente más tecnológico, más complejo y más humano. Porque la verdadera pregunta que plantea PISA no es qué posición ocupa España o Euskadi en una clasificación. La cuestión más trascendente es: ¿Qué estamos haciendo hoy para que las próximas generaciones puedan comprender mejor el mundo que nosotros? Y esa respuesta todavía está en nuestras manos.

@enjakeETB #PISA2015

Imagen de PISA 2015. Posts previos nuestros sobre PISA

I Survived My Trip To NYC

Viaje a NYC 2024
Álbum con cuatro mil fotos y vídeos

Una camiseta muy oportuna,…
En el autobús turístico TopView,…
Abajo, Oculus de Santiago Calatrava, la nueva Estación del World Trade Center
Ante un Tesla Cybertruck en Times Square
Viaje en unos de los ferries entre las islas, incluida Manhattan.
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Subiendo al Concorde con el récord de velocidad,…
A bordo de un Concorde, que cruzó el Atlántico en menos de 3 horas. 
El primer vuelo durará casi 8 horas en un Airbus 350,…

He, hemos, sobrevivido al viaje a New York City (I Survived My Trip To NYC). De hecho estaremos de viaje en estos momentos cruzando el Océano Atlántico entre los aeropuertos JFF y MAD. Nos queda mucho que contar, varios posts por escribir de los últimos días y muchos por completar. Mientras podéis ver unas cuatro mil fotos y vídeos de estos 14 días.


Buen verano para la política y la libertad en Europa

En el Reino Unido vencen los laboristas, tras 14 años de los conservadores,...
En Francia se derrota la amenaza fascista de la ultraderecha que se creía vencedora,...
En España una selección multicultural se erige en representación de la pluralidad,... Una lección educativa desde el deporte contra el racismo y la xenofobia,...

La siesta, el invento romano de la hora sexta


La palabra siesta proviene de la hora sexta romana, que designa la hora solar sexta, correspondiente a las 12 del mediodía. Con respecto al tiempo, esta puede variar desde 20 minutos a 4 horas, o sea, alrededor de las 12 h., momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas. Esto en parte responde, a que entre las 12 h. y las 16 h. en muchas regiones templadas y subtropicales hace demasiado calor para el trabajo en el campo a pleno sol, razón por la cual los campesinos trabajaban a primeras horas de la mañana y a última de las tardes cuando el sol no es tan intenso.

El origen de la siesta se remonta al Imperio Romano. La palabra “siesta” proviene del latín “sexta”, que hace referencia a la sexta hora del día. Los romanos dividían el día en periodos de luz de 12 horas, y la sexta hora del día corresponde al comprendido entre la 1 de la tarde del invierno y las 3 de la tarde del verano. En ese momento, se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.

En España, la siesta comenzó a ser común después de la Guerra Civil. En este período, era habitual que un trabajador tuviese más de un empleo para mantener a su familia y recurriese al mediodía para comer y descansar, y de esta forma poder rendir lo suficiente en el trabajo de tarde. Además, la siesta tiene una explicación biológica. Es una consecuencia natural del descenso de la sangre después de la comida desde el sistema nervioso al sistema digestivo, lo que provocaba una consiguiente somnolencia. Por ello, después de comer, el cuerpo puede pedirte un descanso, sentarse, echar la siesta. Es importante mencionar que, aunque la siesta es muy conocida en España, datos de la BBC desmontan el mito: casi el 60% de los españoles nunca duermen una siesta, mientras que sólo el 18% toma algunas veces una siesta de mediodía. 
Algo impagable para una siesta, o para vivir: El #silencio,… Que solamente pueda ser roto por las aves autóctonas,…
¿Sabías que dormirse en el trabajo está bien visto en Japón? La palabra ‘’Inemuri’’ hace referencia a ‘’dormir despierto’’, o lo que es lo mismo: una forma de ser productivo y recuperar energías en el trabajo. Dormirse en otros lugares, como el transporte público, también está bien visto, pues demuestra que no has descansado por ejercer tu trabajo de la mejor manera posible. ¿Te imaginas poder dormirte en cualquier sitio y que no te miren mal?

Pedro Sánchez nos pide el comodín del público

"Lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada".

La carta de Pedro Sánchez a la ciudadanía del pasado miércoles 24 de abril ha sido una sorpresa para todo el mundo. A quienes peinamos canas nos recordó y nos estremeció como la "dimisión de Adolfo Suárez" del jueves 29 de enero de 1981, nunca debidamente explicada. También que apenas 25 días después, se produjo el Golpe de Estado del 23 F.

Hay que posicionarse, hay que decir algo según la cita de Edmund Burke, con el mejor espíritu de la políRica (política lírica) y midiendo las palabras (e incluso después de haber dudado de escribir), porque el ambiente ha sido polarizado hasta niveles inasumibles de crispación social llegando a  amenazar la convivencia.

Esta crisis va más allá del terreno de los partidos, que siempre podrán tomar sus decisiones para movilizarse en un sentido u otro (mejor ante sedes propias para evitar el enfrentamiento): Esto nos apela como  demócratas, obligándonos a activar nuestra más alta inteligencia y no las más bajas pasiones

En democracia todas las opciones políticas son válidas, menos las que esparcen  mensajes de odio o son directamente negacionistas (del cambio climático, de la violencia machista o de la historia de dictadura u organizaciones terroristas,…). Hay mucha buena gente en todas las plurales y diversas formaciones políticas. 

Analizando el caso. Es una situación extraña, inaudita pero quizá algo menos en una figura como Pedro Sánchez, cuya audacia -entre temeridad y coraje- le distingue de la mayoría de la clase política. En nuestra modesta opinión, es legítima su duda y su consulta que nos hace a la ciudadanía. 

En nuestra democracia el presidente de gobierno es un ciudadano más, que puede verse inmerso en vacilaciones en circunstancias extremos. Esto no sería válido en un monarca, porque se supone que cree que su designación fue por nacimiento. Pedro Sánchez ha sido elegido democráticamente por las urnas y está sometido a enormes presiones de poderes visibles o fácticos (… como sucedió con Suárez).

Antes de señalar qué votaré con uno más del público, interpelado por este comodín, he de exponer que no soy enteramente neutral. Pero no por ideología o partidismo, porque existen profundas diferencias, sino por algo que es clave y más esencial en esta coyuntura: Ambos estamos casados con sendas bilbaínas, después de muchos años de matrimonio y con descendencia en común. 

Desde esa perspectiva conjunta, y sabiendo a ciencia cierta el peso de una esposa de Bilbao, quiero dar mi consejo: ¡Sigue, Pedro! O mejor aún: "¡Seguid, Pedro y Begoña, Begoña y Pedro!

En todo caso, es cierto que se ciernen sospechas gravísimas y dudas más que razonables que deben ser dirimidas en los próximos meses. En este momento histórico, hay que dilucidar la calidad de nuestra democracia. No se trata de las burdas acusaciones de un "falso sindicato" (qué vergüenza para los genuinos sindicatos)  lo que hay que resolver. Hay que saber dónde vivimos y si el sistema nos respalda. Y eso hay que construirlo día a día, y en este lapso tenemos una cita con la historia.

Tras la “modélica transición de 1978”, jurídicamente está demostrada la existencia de algunos militares golpistas, algunos policías patrióticos y algunos partidos corruptos. Todos condenados a escala nacional e internacional. Ahora está en juego si es verdad que en España podemos contar con una división real de poderes, con un sistema judicial y un periodismo a la altura de nuestro tiempo y lugar. 

Es hora de retratarse. La indiferencia es culpable. Persisten clamorosos silencios. Muchas personas no queremos aceptar esas constantes afirmaciones que nos retrotraerían al pasado más oscuro, cuando se comenta que "se venden más periodistas que periódicos", o que los árbitros o jueces están comprados (y vendidos). Despejemos las dudas de lawfare en nuestra realidad, a pesar de soportar un sistema judicial que incumple la primera norma de ser renovado después de largos años,…   

¿Qué opinan ustedes? Es nuestro deber ciudadano manifestarnos para asegurar que crearemos un futuro plenamente democrático, sin riesgos de involución.

¿Merece la pena suscribirse a diarios como El País, The Times of London,...?

Hace unos cuarenta años, sería por 1983, conocí a un maestro que había estado ejerciendo varios lustros en Alemania dando clases allí, y que al regresar a Bilbao trajo un coche Mercedes como único fruto de sus ahorros. Para habituarse a lo que sucedía por aquí, había adquirido el hábito de comprar cada día El País (que se había fundado en 1976). Contaba, y creo que era cierto, que se lo leía palabra a palabra desde la página primera hasta el final, anuncios y deportes incluidos. Esta anécdota me ha venido a la mente con ocasión de lo que cuento a continuación.

Desde hace unos meses estoy suscrito a dos periódicos como son El País y The Times of London. Lo he hecho aprovechando sendas ofertas que han sido, respectivamente, las siguientes:

  • Desde el 22-6-23 un año completo por 18€ en total en El País (Cinco días, incluido). Esta oferta especial permite crear newsletters temáticas, pero no leer en PDF ambos diarios (para lo que habría que pagar la opción Premium con un coste de 144€ adicionales).
  • Desde el 4-2-24 un año completo por 9,99£ (= 11,69€) en total en The Times of London (The Sunday Times, incluido).
Ambas suscripciones permiten leer ambos periódicos, pero la molesta publicidad sigue rodeando los titulares y toda la pantalla en el ordenador, pero afortunadamente no en tabletas y móviles. Esto demuestra que, si la financiación marca el rumbo de la prensa, son los propietarios y quienes subvencionan u ordenan la publicidad a quienes sirven los periódicos, y no a los lectores como fuera en el origen de los tiempos. 

Por supuesto existen otros medios internacionales que consulto más por Internet, como The Guardian, NYTimes (incluso en español) y el Washington Post, así como BBC News, CNN Internacionalnews.sky.com. Pero la ocasión surgió el verano con El País y ahora con The Times,...

A los suscriptores se pide un compromiso con la línea editorial, pero siempre queda la sospecha de quién mantiene realmente la existencia de cada medio de comunicación. Son tiempos difíciles para el periodismo genuino, estando bajo una cabecera,... También existen otras razones que hacen difícil que quienes comprábamos la prensa en papel, ahora seamos suscriptores digitales de pago. En mi caso, porque me molesta, también en libros digitales o ebooks, que su precio no sea significativamente menor en bits tras evitarse los costes del papel, distribución, almacenamientos, devoluciones,... 
Hay algunas ventajas evidentes de contar con una suscripción, como poder leer todo lo publicado en dichos periódicos que cuentan con archivos de valor documental. La información accesible, sobre todo en su fondo histórico, es muy abundante y valiosa en ambos casos. Resulta curioso que El País, a diferencia de The Times of London, no cuenta con un Buscador evidente en su frontpage. Hay que acudir al menú superior izquierda para que aparezca la casilla de búsqueda. Un ejemplo de búsqueda con el término longevidad ofrece 7.666 resultados en El País, mientras que longevity aparece en 6.634 artículos en The Times.

La pregunta que surge es si renovaremos ambas suscripciones cuando acabe este año de ensayo. Seguiremos probando el uso cotidiano que damos a ambos diarios, pero por el momento no es seguro que sea evidente esta prórroga (al menos, a los precios sin descuento). Parece que El País recientemente ha alcanzado, y lo relaten como una proeza, los 250.000 suscriptores digitales.  

Tiempo de campeonas

Vivimos en el siglo XXI bien entrado, tiempo de mujeres y de hombres con educación, ante la mirada del mundo, desde Australia y con muy dignas adversarias inglesas,... La selección femenina española de fútbol da una lección magistral de modernidad, de esfuerzo, de tesón, de futuro,... 

Entonces, en plena ceremonia oficial retransmitida mundialmente, aparece un ganorabako artaburu (me sale en euskera algo como garrulo simiesco): El extemporáneo, rancio y grosero personaje de Rubiales, con gestos machistas propios de un zoo de hace siglos, con explicaciones medievales, con excusas anacrónicas y arropándose en trasnochados contubernios mafiosos. 

Y, lo más lamentable a escala social y colectiva, algo que genera una infinita vergüenza ajena, es el hecho de que existen palmeros del machismo, personas brutas y entidades bobaliconas que le excusan o apoyan aún por sórdidos e inconfesables intereses económicos de clientelismo federativo.
El deporte debe ser un escaparate de la dignidad, de la elegancia, del fair play,… Resulta inconcebible que sea representado por figuras tan nauseabundas y trogloditas como este presidente, de quien desconozco otros méritos, pero que sean los que fueren quedan anulados por el bochornoso espectáculo que ofreció en Sidney. 

Aquí hay que retratarse. Y el modo de hacerlo es tan elocuente como el comunicado textual que se redacte al final. Aplaudimos a quienes bien y pronto lo han hecho: En primer lugar todas las propias jugadoras con su mensaje de “Bienvenida al cambio”, a los escasos futbolistas varones como Borja Iglesias, entidades como Iberia, Iberdrola o Renfe,... o administraciones como el Gobierno Español, el Gobierno Vasco,… que han apoyado a las mujeres víctimas frente al impresentable victimario. 

Las ausencias clamorosas y tardías muchas figuras del fútbol, clubes, entrenadores, jugadores, prensa,… también son llamativas y definitorias. Algunas portadas, como la del desacreditado periódico As, son un contraejemplo del periodismo. Tomemos nota quienes queremos vivir en un mundo civilizado, que ya no admite el más mínimo gesto de agresiones o actitudes sexistas.