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8/8: Día del Infinito, celebrado en matemáticas y literatura


El calendario, tan afecto a las conmemoraciones improvisadas, ha decidido que hoy, 8 de agosto, sea el Día del Infinito. Conviene decirlo con la prudencia que exige la honestidad: no hay detrás ninguna resolución de la ONU ni acuerdo alguno de sociedad matemática internacional que respalde la fecha. Se trata, según cuentan quienes han rastreado su origen, de una ocurrencia surgida hacia 1987 de un filósofo y poeta neoyorquino, Jean-Pierre Ady Fenyo, que propuso dedicar ese día a pensar, crear y filosofar libremente sobre lo ilimitado. La gracia reside en la geometría: un 8 tumbado sobre su eje dibuja exactamente la lemniscata, el símbolo ∞ que el matemático inglés John Wallis introdujo en 1655 para representar la idea de infinito. Ocho del ocho, pues, como un guiño visual que la aritmética convierte en emblema. 

Que la efeméride sea de origen informal no resta interés al motivo que celebra. Pocas nociones han inquietado tanto a la razón humana como el infinito, y pocas han exigido un trabajo intelectual tan arduo para ser domesticadas sin perder su vértigo. Aristóteles ya distinguió entre un infinito potencial —el de la serie de los números naturales, que siempre admite un paso más— y un infinito actual, dado de una vez, que su lógica prefería evitar. Hubo que esperar a finales del siglo XIX para que Georg Cantor demostrara que existen infinitos de distinto tamaño: el infinito numerable de los naturales y los enteros, y el infinito no numerable, estrictamente mayor, de los números reales. La imagen del Hotel de Hilbert —un hotel con infinitas habitaciones, todas ocupadas, capaz sin embargo de alojar a un huésped más con solo desplazar a cada inquilino a la habitación siguiente— sigue siendo la mejor invitación pedagógica a ese territorio donde la intuición cotidiana deja de servir de guía.

La filosofía ha tratado el infinito con una mezcla de fascinación y cautela. Spinoza situó en el centro de su sistema una sustancia infinita, causa de sí misma, que se manifiesta en infinitos atributos de los cuales solo conocemos dos, el pensamiento y la extensión: un infinito que no está en otro lugar, sino que es la textura misma de lo real. Unamuno, en cambio, convirtió el infinito en una herida: el ansia de pervivencia sin término, esa «hambre de inmortalidad» que recorre Del sentimiento trágico de la vida, nace precisamente de la conciencia de que somos finitos y de que no logramos resignarnos del todo a serlo. 

La literatura ha sabido narrar lo que la lógica solo puede demostrar. Bernardo Atxaga, en Obabakoak, construye relatos dentro de relatos que se remiten unos a otros como si buscaran, sin decirlo, esa misma lemniscata: un recorrido que vuelve siempre sobre sí mismo sin cerrarse del todo. Algo semejante persiguió Borges con su Biblioteca de Babel, catálogo imposible de todos los libros posibles.

Así que este 8/8, más allá de la broma numerológica y de los «portales astrales» con que algunos lo han decorado esta semana, deja una lección aprovechable: el infinito no es solo un número muy grande, sino una pregunta que las matemáticas, la filosofía y la literatura llevan siglos formulando, sin agotarla jamás. Celebrarlo un día al año, aunque sea por capricho de un poeta neoyorquino de 1987, no parece mal punto de partida.

Una oportunidad didáctica en el aulaDesde una perspectiva pedagógica, la celebración del 8 de agosto brinda un pretexto didáctico valioso. La enseñanza de las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) sufre a menudo de un exceso de mecanicismo que desconecta las herramientas operativas de sus implicaciones conceptuales. Discutir el infinito en el aula permite tender puentes inmediatos entre el cálculo algebraico y la reflexión humanística.

Interrogar a los estudiantes sobre si existen más números enteros que números pares (la paradoja del hotel de Hilbert) o utilizar fragmentos literarios para introducir nociones de límites y series no solo estimula el pensamiento abstracto, sino que derriba la división artificial entre ciencias y letras. Utilizar el 8/8 como hito simbólico invita a recordar que la búsqueda del saber es un continuo tan vasto y dinámico como el símbolo que hoy se celebra.

Cómo frenar el tiempo con la Ley de Paul Janet

La ley de la proporción de Paul Janet nos explica por qué vuelan los años según tenemos más edad. Todos hemos sentido la misma paradoja: los veranos de la infancia se dilataban como si no fueran a terminar nunca, mientras que los años de la madurez se suceden con una velocidad que a menudo desconcierta. No es solo nostalgia ni un efecto de la memoria selectiva: la psicología lleva más de un siglo intentando explicar por qué el tiempo, siendo objetivamente idéntico, se percibe de forma tan distinta según la edad. La respuesta más influyente sigue siendo la que formuló en 1877 el filósofo francés Paul Janet, conocida hoy como la ley de Janet o teoría proporcional del tiempo. 

La intuición de Janet es sencilla y, precisamente por ello, poderosa: la duración subjetiva de un periodo depende de la proporción que ese periodo representa respecto al conjunto de la vida ya vivida. Un año, para un niño de cinco años, equivale a una quinta parte de toda su existencia consciente; ese mismo año, para alguien de cincuenta, apenas supone un dos por ciento del total. La aritmética explica así la sensación, tan compartida como difícil de razonar, de que el tiempo se comprime a medida que envejecemos: no cambia el reloj, cambia la fracción que cada nuevo tramo representa dentro del total acumulado.

Conviene situar al autor de esta idea. Paul Alexandre René Janet nació y murió en París, entre 1823 y 1899, y fue una de las figuras centrales del espiritualismo francés, la corriente idealista que dominó la filosofía académica del país durante buena parte del siglo XIX. Formado en la École Normale Supérieure bajo la tutela de Victor Cousin, y a través de él heredero de ciertos ecos hegelianos, enseñó filosofía moral en Bourges y Estrasburgo, lógica en el liceo Louis-le-Grand y ocupó desde 1864 la cátedra de filosofía de la Sorbona, además de ser miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Entre su obra destacan La familia, El materialismo contemporáneo —una crítica al reduccionismo biológico del doctor Büchner— y Los maestros del pensamiento moderno. Fue, además, maestro de un joven Henri Bergson, que acabaría construyendo, en las antípodas de su profesor, una filosofía del tiempo vivido, la durée, irreductible a cualquier medida o proporción aritmética: donde Janet cuantifica, Bergson insiste en que el tiempo interior no se deja trocear.

Conviene también no confundirlo con su sobrino, Pierre Janet, el psiquiatra que unas décadas después sentaría las bases de la psicología dinámica y del estudio de la disociación. Tío y sobrino comparten apellido y un interés común por la vida interior, pero pertenecen a generaciones y disciplinas distintas: uno filósofo de gabinete, el otro clínico de hospital.

La idea de Janet no quedó confinada a la filosofía académica. William James la recogió en 1890 en sus Principios de psicología, y desde entonces la investigación empírica —cuestionarios generacionales, experimentos de estimación de intervalos— ha corroborado que las personas mayores tienden a subestimar la duración de los lapsos breves respecto a los jóvenes. Otros autores, como Paul Fraisse, matizarían después que la densidad de novedad y atención también modula esa sensación: los días cargados de experiencias nuevas se recuerdan más largos, mientras que la rutina los comprime.

Ahí reside, quizá, la lección más útil para quien se ocupa de la felicidad y la educación: si el tiempo se dilata con la novedad y se contrae con la repetición, cultivar el aprendizaje, la curiosidad y la atención a lo largo de la vida no es solo una virtud pedagógica, sino una forma modesta de resistencia frente a la aceleración que Janet describió. Como intuyó Ortega y Gasset, vivir bien exige no dejar de interrogar la propia circunstancia; frente al tiempo que se acelera, la respuesta filosófica más antigua sigue siendo la más eficaz: prestar atención.

@hondondelosfrailes El filósofo francés Paul Janet propuso en el siglo XIX la teoría proporcional del tiempo, también conocida como la ley de Janet. Esta idea explica que percibimos el paso de los años de forma relativa: cada nuevo año representa una fracción cada vez más pequeña de nuestra vida total ya vivida... #tiempo #laleydejanet #pauljanet #france #viral ♬ sonido original - Alberto Perez

Frontera eficiente de Markowitz: Matemáticas reduciendo riesgo

En 1952, un joven estudiante de doctorado en la Universidad de Chicago publicó un artículo de catorce páginas en el Journal of Finance. No era una obra extensa, pero contenía una idea que transformaría para siempre la manera en que el mundo entiende la inversión, el riesgo y la incertidumbre. Su nombre era Harry Markowitz, y su contribución —la teoría moderna de carteras— le valdría cuatro décadas después el Premio Nobel de Economía. En el corazón de esa teoría late un concepto tan elegante como poderoso: la frontera eficiente.

El problema antiguo, la solución nueva. Desde que existen mercados financieros, los inversores han sabido intuitivamente que no conviene "poner todos los huevos en la misma cesta". Pero la intuición, por acertada que sea, no basta. Markowitz se preguntó algo más preciso y más ambicioso: dada una colección de activos con distintas rentabilidades esperadas y distintos niveles de riesgo, ¿cómo debe construirse una cartera que sea verdaderamente óptima? 

La respuesta exige aceptar primero una definición matemática del riesgo. Markowitz lo identificó con la varianza —o su raíz cuadrada, la desviación típica— de los rendimientos. Un activo cuyo precio oscila mucho tiene alta varianza; uno estable, baja. Esta elección, aparentemente técnica, fue en realidad filosófica: reducir la incertidumbre a un número abordable, operable, optimizable.

La geometría del riesgo y la rentabilidadImaginemos representar cada cartera posible como un punto en un plano: el eje horizontal mide el riesgo (desviación típica) y el eje vertical mide la rentabilidad esperada. Si tomamos todas las combinaciones posibles de, digamos, cincuenta activos —variando los porcentajes asignados a cada uno—, obtenemos una nube de puntos que adopta una forma característica: una región acotada hacia la izquierda por una curva. Esa curva es la frontera eficiente.

Los puntos situados sobre ella representan carteras que, para un nivel de riesgo dado, ofrecen la máxima rentabilidad posible; o equivalentemente, para una rentabilidad dada, minimizan el riesgo. Todo punto interior a la región es una cartera "dominada": existe otra combinación que la supera en al menos una dimensión sin empeorar en la otra. Un inversor racional nunca debería situarse dentro de la nube, sino sobre su frontera. 

La magia de la correlaciónLo que hace verdaderamente profunda esta construcción es el papel de la correlación entre activos. Dos acciones pueden tener individualmente alta varianza y, sin embargo, combinadas, producir una cartera de riesgo moderado —si sus movimientos tienden a ser opuestos o simplemente independientes. La diversificación no es un mantra vacío: es una consecuencia matemática. La varianza de una cartera no es la media ponderada de las varianzas individuales; depende crucialmente de las covarianzas entre los activos. Este hallazgo convirtió el álgebra lineal y el cálculo matricial en herramientas indispensables de las finanzas. 

Limitaciones y herencia intelectualLa teoría de Markowitz no está exenta de críticas legítimas. Supone que los inversores se preocupan únicamente por la media y la varianza de los rendimientos —ignorando la asimetría o los eventos extremos—, que las correlaciones son estables en el tiempo, y que existe información suficiente para estimar los parámetros del modelo. La crisis financiera de 2008 recordó con dureza que los mercados pueden romper correlaciones históricas justamente cuando más se necesita que se sostengan.

Sin embargo, la herencia de Markowitz es inconmensurable. Inspiró el modelo de valoración de activos financieros (CAPM), la teoría del arbitraje, los fondos indexados y toda la arquitectura matemática sobre la que descansa la gestión moderna de carteras. Enseñar economía sin la frontera eficiente sería como enseñar física sin la ley de la gravedad: posible en teoría, empobrecedor en la práctica. En definitiva, Markowitz demostró que pensar con rigor matemático sobre la incertidumbre no elimina el riesgo —eso sería una ilusión—, pero sí permite habitarlo con inteligencia. 

Resumen: La geometría que ordena el caos bursátil. Una fórmula cambió para siempre la teoría de la inversión. La diversificación tiene nombre propio: Markowitz y su legado. Cuando el álgebra lineal entró en Wall Street y no se fue. La curva de Markowitz: elegancia matemática al servicio del inversor. Nobel, varianza y carteras: la revolución silenciosa de Markowitz. El modelo que convirtió la incertidumbre financiera en un problema resoluble.

@avillalonv Harry Markowitz revolucionó las finanzas modernas con la teoría de portafolio y el modelo media-varianza. Introdujo la frontera eficiente, la optimización bajo riesgo y el uso formal de correlaciones en inversión. Sin él no existiría la gestión cuantitativa moderna. #HarryMarkowitz #TeoríaDePortafolio #FinanzasCuantitativas #math ♬ Rising - Diamonds And Ice

Hay 3 tipos de personas: Quienes saben contar y quienes no

Ya estamos, por desgracia absoluta, acostumbrados a escuchar barbaridades a determinados líderes políticos, aunque cuenten con el máximo poder militar en el mundo. Niegan la ciencia, reniegan de la ética humanitaria más elemental, pero cuando su prepotencia e incultura rodeada de nepotismo complaciente llegan a la torpeza de mostrar su incapacidad matemática para superar la educación primaria, hay que decir basta. Hasta aquí hemos llegado con un nuevo negacionismo aritmético.

Esto ha sucedido con el desatino de los porcentajes de rebaja del 600%  que han comunicado al mundo el Presidente Trump y su Secretario de Salud y Servicios Humanos Robert F. Kennedy Jr. Para estos mentecatos "dirigentes" y, sobre todo para los millones de zopencos que les votan, vamos a recordar cómo se calculan los porcentajes de descuentos:

Pasar de 600 dólares a 10 dólares significa una reducción de 590 dólares. Dividiendo 590 entre 600, el resultado es 0,9833. En porcentaje sobre cien, sería 98,33%. La bajada máxima no puede superar el 100%, que sería hacer gratuito algo. Por tanto, cualquier escolar sabe que una rebaja no pasa nunca del cien por ciento. 

Esto también trae a colación que la principal diferencia radica en que la ignorancia es la falta de conocimiento (un vacío corregible mediante el aprendizaje), mientras que la estupidez es la incapacidad o negativa a utilizar la inteligencia y la razón, a menudo persistiendo en el error a pesar de la evidencia. La ignorancia es no saber, la estupidez es no querer comprender o razonar. Todos somos ignorantes en algunas materias, pero no caigamos en la estupidez de creer en ruedas de molino porque lo digan personajes que debieran cuidar sus expresiones y corregirse cuando se equivoquen.  

Paradoja de la amistad: Tus amigos tienen más amigos que tú

La paradoja de la amistad: cuando la realidad desafía la intuición. Es un fenómeno sorprendente que opera silenciosamente en nuestras redes de relaciones personales: la paradoja de la amistad. Formulada inicialmente por el sociólogo Scott Feld en 1991, esta paradoja establece que, en promedio, nuestros amigos tienen más amigos que nosotros mismos. A primera vista, parece absurda. ¿Cómo es posible que casi todos experimentemos esta sensación? ¿No deberíamos ser mutuamente amigos en igual medida?

La respuesta reside en una verdad matemática incómoda que trasciende la lógica común. La paradoja no emerge de un defecto en nuestra percepción social, sino de la estructura fundamental de cómo se distribuyen los vínculos en cualquier red. Cuando calculamos el número promedio de amigos que tienen nuestros amigos, no estamos midiendo lo mismo que el promedio general de amigos en la población. Estamos realizando un muestreo sesgado que, inevitablemente, sobrerrepresenta a las personas con muchas conexiones.

Imaginemos una red social simple: si una persona popular tiene cien amigos mientras que la mayoría tiene cinco, cuando preguntamos a esos cien amigos cuántos amigos tiene su amigo popular, todos responden "cien". Sin embargo, ese popular aparece en el cálculo promedio una sola vez. Esta sobrerrepresentación estructural es el corazón matemático de la paradoja. Los nodos más conectados tienen mayor probabilidad de ser seleccionados como amigos en cualquier muestra, inflando sistemáticamente el promedio.

Desde una perspectiva sociológica, la paradoja revela insights profundos sobre la desigualdad en las redes sociales. Las sociedades humanas no son estructuras igualitarias de relaciones. Existe una jerarquía natural de popularidad, influencia y capital social. Algunos individuos actúan como "hubs" o nodos centrales que conectan múltiples comunidades, mientras que otros permanecen en posiciones más periféricas. Esta distribución no es accidental; refleja diferencias en carisma, recursos, posición profesional o simplemente en la habilidad de mantener relaciones.

En el contexto educativo, la paradoja de la amistad ofrece lecciones valiosas. Para estudiantes y educadores, comprender este fenómeno puede aliviar la angustia psicológica frecuente entre adolescentes que se sienten socialmente aislados. Muchos jóvenes experimentan la sensación de que "todos tienen más amigos que yo". La paradoja confirma que esta experiencia, aunque penosa, es estadísticamente normal y estructuralmente inevitable. No es un reflejo de inadecuación personal, sino una característica inherente a cómo funcionan las redes sociales.

La era digital ha intensificado esta paradoja de maneras inesperadas. Las plataformas de redes sociales, diseñadas para amplificar la conectividad, han exacerbado la visibilidad de los "hubs" humanos. Observamos constantemente las redes de influencers, celebridades y figuras públicas con millones de seguidores, lo que refuerza psicológicamente la sensación de que nuestra red personal es inadecuada. Los algoritmos, además, tienden a priorizar contenido de usuarios altamente conectados, creando un ciclo de concentración.

Curiosamente, la paradoja también actúa como mecanismo de cohesión social. Si nuestros amigos tienen más amigos que nosotros, existe una presión estructural hacia la expansión de nuestras redes. Esto favorece la difusión de información, la integración social y la emergencia de comunidades más amplias. Es, paradójicamente, un factor que promueve la conectividad social general.

La paradoja de la amistad nos invita a repensar nuestras expectativas sobre la vida social. Nos enseña que la soledad relativa no es patología, sino geometría. Que el sentimiento de estar ligeramente al margen es, matemáticamente, donde la mayoría reside. Y que comprender esta verdad incómoda puede ser, en sí mismo, un acto de liberación intelectual.

@hansfischerrr Por que tus amugos tienen mas amigos que tu? 🤔 (la paradoja de la amistad) #aprendeentitktok #datoscuriosos ♬ Originalton - Hans Fischer

¿Prueban los teoremas de incompletitud la existencia de Dios?

Vídeo y TikTik final, ambos con Jose Carlos Gonzalez-Hurtado para el debate

En 1931, un joven matemático austriaco de 25 años llamado Kurt Gödel publicó un artículo que convulsionó los fundamentos de la lógica. Sus dos teoremas de incompletitud demostraron, con rigor incontestable, que todo sistema formal suficientemente potente como para describir la aritmética elemental contiene enunciados verdaderos que no pueden ser probados desde dentro del propio sistema. La razón tiene fronteras. Y son fronteras que la razón misma no puede cruzar.

Durante décadas, el descubrimiento fue absorbido por la matemática pura. Pero la cultura popular —y cierta filosofía de la religión— pronto advirtió algo perturbador: si la razón formal admite zonas de sombra propias, quizás las preguntas sobre Dios no sean tan irracionales como el positivismo del siglo XX pretendía. El debate sigue abierto, y merece ser examinado con honestidad intelectual.

Los teoremas, sin rodeosEl primer teorema de incompletitud afirma que en cualquier sistema axiomático coherente y suficientemente expresivo existen proposiciones que son verdaderas pero indemostrables. El segundo agrega que dicho sistema tampoco puede demostrar su propia consistencia. Dicho en términos más crudos: ningún conjunto de reglas puede capturarse a sí mismo por completo. Toda descripción formal del mundo deja algo fuera.

Núcleo del argumento. Si un sistema S es consistente y suficientemente expresivo, entonces existe una proposición G tal que: ni S prueba G, ni S prueba ¬G. Sin embargo, G es verdadera. Luego, la verdad excede a la demostrabilidad.

Lo que Gödel hizo fue construir una proposición que, en esencia, dice: "Esta proposición no es demostrable en este sistema." Si el sistema la demostrara, quedaría en contradicción consigo mismo. Si no la demuestra, queda incompleto. La verdad, por tanto, es más amplia que cualquier sistema que intentemos edificar para aprisionarla. 

La tentación teológicaLa conexión con la teología fue formulada, entre otros, por el propio Gödel —quien, vale subrayarlo, era creyente— en una forma lógica conocida como el "argumento ontológico de Gödel", una versión modalizada del argumento de San Anselmo. Pero más allá de ese ejercicio técnico, la lectura popular del teorema tiende a ir en otra dirección: si la razón no puede demostrarlo todo, quizás Dios habite precisamente en ese espacio de indemostrabilidad. Existe más de lo que puede ser pensado. La incompletitud no es una derrota del pensamiento; es su más honesta confesión.

Paráfrasis filosófica del teoremaEl argumento es seductor pero debe tomarse con cautela. Que algo sea indemostrable no lo hace divino. El número de Euler es inaccesible desde ciertos sistemas formales y no por ello es sagrado. La incompletitud abre un espacio epistemológico, no lo llena con contenido religioso. Afirmar que "Dios vive donde la lógica termina" es una apuesta metafísica legítima, no una deducción lógica del teorema. 

Lo que sí aporta la incompletitud al diálogo fe-razónSin embargo, sería igualmente precipitado desestimar cualquier resonancia filosófica. Lo que Gödel sí establece, con plena solidez técnica, es que la razón formal no es omnisciente: no puede justificarse a sí misma desde adentro, ni agotar la verdad disponible. Esto tiene al menos dos consecuencias relevantes para el diálogo entre ciencia y religión.

Primera: Derrumba el cientificismo ingenuo que pretende que todo lo real es, en principio, formalizable y verificable. Si hasta la aritmética tiene puntos ciegos propios, la pretensión de que la ciencia responderá algún día todas las preguntas relevantes queda seriamente cuestionada. No por debilidad de la ciencia, sino por límites estructurales del conocimiento formal. Segunda: Rehabilita la humildad epistémica como virtud intelectual. La fe religiosa, en sus versiones más reflexivas, no reclama certeza absoluta sino orientación de sentido ante aquello que la razón no clausura. Gödel, en ese marco, ofrece a la teología no una prueba de Dios, sino algo más valioso: el reconocimiento de que el mapa no es el territorio. 

Una honestidad necesaria. El pensador neutral no puede, ni debe, concluir que los teoremas de incompletitud prueban a Dios. Tampoco puede concluir que lo refutan. Lo que los teoremas demuestran es que la arquitectura misma del conocimiento racional tiene límites internos que ella misma no puede superar. Esa confesión de finitud abre un espacio de conversación genuina entre la ciencia, la filosofía y la religión, un espacio que durante demasiado tiempo fue ocupado por la polémica estéril.

Quizás el legado más profundo de Gödel no sea haber encontrado a Dios en las ecuaciones, sino haber recordado a la razón que conocerse a sí misma implica conocer sus propios límites. Y en esos bordes, la pregunta por lo trascendente —lejos de ser absurda— recupera toda su urgencia.

@elreydelosclips7 Gödel y los teoremas que demuestran la existencia de Dios. ¡La ciencia y las matemáticas lo confirman! #Dios #ciencia #matematicas #Gödel #teoremas ♬ sonido original - Elreydelosclips

The Big Bang Theory: La serie que revolucionó la cultura nerd

Hoy escribimos sobre una de las mejores series de la historia, The Big Bang Theory (TBBT), que junto a sus dos secuelas (todas disponibles y que re-vemos en HBO y el Joven en Netflix) redefinieron la comedia inteligente y culta en televisión. Durante doce temporadas, de 2007 a 2019, The Big Bang Theory no solo entretuvo a millones de espectadores en todo el mundo: transformó la manera en que la cultura popular percibe la cienciala inteligencia y la llamada "cultura nerd". Para muchos, incluido quien escribe, esta sitcom creada por Chuck Lorre y Bill Prady merece sin discusión el título de mejor serie de todos los tiempos

La revolución del nerd como protagonistaAntes de Sheldon CooperLeonard Hofstadter y sus amigos, los científicos en televisión solían ser personajes secundarios, estereotipados o francamente caricaturescos. The Big Bang Theory logró algo extraordinario: crear personajes complejos, tridimensionales y profundamente humanos que casualmente eran genios de la físicala astrofísicala ingeniería o la microbiología

La serie demostró que se puede hacer comedia sofisticada sin renunciar a la accesibilidad. Cada episodio equilibraba brillantemente referencias a la teoría de cuerdas, la paradoja del gato de Schrödinger o los agujeros de gusano con situaciones universalmente reconocibles: las inseguridades en las relaciones, la búsqueda de pertenencia, los conflictos familiares o la simple necesidad de ser aceptado. 

El fenómeno Sheldon CooperJim Parsons (un actor desconocido en 2007) creó en Sheldon Cooper uno de los personajes más icónicos de la historia televisiva. Un físico teórico con rasgos del espectro autista (aunque nunca explícitamente diagnosticado en la serie), Sheldon se convirtió en un fenómeno cultural global. Su "Bazinga!", sus toques en la puerta, su spot en el sofá y su incapacidad para captar el sarcasmo trascendieron la pantalla.

Lo notable es que el personaje nunca fue objeto de burla cruel. La serie caminó siempre por la delgada línea entre el humor sobre sus peculiaridades y el respeto genuino hacia su manera de ser. Sheldon es querido precisamente por ser quien es, no a pesar de ello.

Un universo en expansión: las dos secuelasEl éxito de The Big Bang Theory generó un ecosistema narrativo fascinante. Young Sheldon (2017-2024) nos mostró los años formativos del genio texano, ofreciendo una perspectiva más dramática y emotiva. La serie precuela logró lo impensable: profundizar en un personaje que creíamos conocer completamente, revelando las raíces de sus peculiaridades y humanizando aún más su historia.

La recientemente estrenada Georgie & Mandy's First Marriage continúa expandiendo este universo, demostrando que los personajes creados en este mundo televisivo tienen vida propia más allá de su punto de origen.

Educación disfrazada de entretenimientoUno de los mayores logros de The Big Bang Theory fue su impacto educativo inadvertido. Millones de jóvenes se interesaron por carreras STEM gracias a la serie. Universidades reportaron incrementos en matrículas de física. El programa contó con consultores científicos reales, como David Saltzberg de UCLA, quien aseguraba que las ecuaciones en las pizarras fueran correctas.

La serie normalizó la pasión por el conocimiento. Hizo cool ser inteligente, disfrutar de los cómics, jugar Dungeons & Dragons o debatir sobre la superioridad de Star Trek sobre Star Wars. En una época de creciente anti-intelectualismo, esto no es poca cosa.

Un legado duraderoThe Big Bang Theory finalizó siendo una de las comedias más vistas en la historia de la televisión estadounidense. Ganó múltiples premios Emmy, un Globo de Oro y el cariño incondicional de su audiencia. Pero más allá de los números, su verdadero triunfo está en haber creado un espacio donde la inteligencia, la amistad y la vulnerabilidad conviven con naturalidad.

Para quienes crecimos viendo cómo estos personajes evolucionaban —Sheldon aprendiendo a amar, Leonard encontrando su valía, Penny descubriendo su potencial— la serie no fue solo entretenimiento: fue una lección de empatía, aceptación y celebración de la diferencia. Y eso, sin duda, la hace merecedora del título de mejor serie de todos los tiempos.

@edward.befirst En the Big Bang theory, el momento en que algunos actores rompen las reglas crea esta obra de estilo único.#usa #celebrity #entertainment #TheBigBangTheory #Bernadette ♬ 原創音樂 - Edward

Eugene Wigner: el científico que convirtió la simetría en ley

En la constelación de genios que transformaron la física en el siglo XX, pocos brillan con una luz tan multifacética y profunda como Eugene Paul Wigner (1902–1995). Miembro destacado de los "Marcianos de Budapest" —ese grupo de científicos húngaros de intelecto sobrehumano que incluyó a Von Neumann y Szilárd—, Wigner no solo ayudó a construir la bomba atómica, sino que redefinió cómo entendemos las leyes fundamentales de la naturaleza a través de la elegancia de las matemáticas.

Una vida entre dos continentes. Nacido en Budapest en una familia judía de clase media, la trayectoria de Wigner estuvo marcada por la búsqueda de orden en un siglo convulso. Aunque se doctoró en ingeniería química para complacer a su padre, su verdadera pasión era la física teórica. En el Berlín de los años 20, codeándose con Einstein y Planck, Wigner comenzó a aplicar una herramienta matemática que muchos físicos de la época miraban con recelo: la teoría de grupos.

Con el ascenso del nazismo, Wigner emigró a Estados Unidos, estableciéndose en la Universidad de Princeton. Allí, su trabajo se volvió crucial para el Proyecto Manhattan. Fue él quien diseñó los primeros reactores nucleares de producción a gran escala, demostrando que su genio no solo habitaba en la abstracción, sino también en la ingeniería práctica.

El Maestro de la Simetría. El mayor aporte de Wigner a la ciencia fue la introducción de los principios de simetría en la mecánica cuántica. Antes de él, la simetría se consideraba una propiedad estética de los cristales o las formas. Wigner demostró que la simetría es la piedra angular de las leyes físicas.

Su famoso Teorema de Wigner es fundamental en la física de partículas, estableciendo cómo los estados cuánticos se transforman bajo operaciones de simetría. Por sus contribuciones a la teoría del núcleo atómico y las partículas elementales, especialmente a través del descubrimiento y aplicación de los principios fundamentales de simetría, recibió el Premio Nobel de Física en 1963.

"La efectividad irrazonable de las matemáticas". Más allá de sus logros técnicos, Wigner es recordado por un ensayo filosófico que sigue provocando debates en los departamentos de matemáticas y filosofía: The Unreasonable Effectiveness of Mathematics in the Natural Sciences (1960). En este texto, Wigner plantea una observación inquietante: no hay una razón lógica obvia por la cual conceptos matemáticos abstractos, desarrollados por el intelecto humano de forma independiente, encajen con tanta precisión milimétrica en el funcionamiento del mundo físico. Para Wigner, esta armonía es "un regalo maravilloso que no comprendemos ni merecemos".

Libros Clave para Entender su Legado. Para quienes deseen profundizar en su pensamiento:

  • Group Theory and its Application to the Quantum Mechanics of Atomic Spectra (1931): El texto fundacional que introdujo la teoría de grupos en la física moderna.
  • Symmetries and Reflections (1967): Una colección de ensayos filosóficos y científicos que exploran la relación entre la ciencia y la mente humana.
  • The Recollections of Eugene P. Wigner (1992): Sus memorias, donde narra con humildad y detalle el surgimiento de la era nuclear y su relación con otros genios de su tiempo.

El ensayo de 1960 de Eugene Wigner, La efectividad irrazonable de las matemáticas en las ciencias naturales, plantea un enigma que roza lo metafísico: ¿por qué el universo obedece a leyes matemáticas que nosotros inventamos en la seguridad de nuestras mentes? Wigner argumenta que la utilidad de las matemáticas para predecir fenómenos físicos es algo que "bordea lo misterioso", sugiriendo que existe una correspondencia profunda y no explicada entre el pensamiento abstracto y la realidad material.

En la actualidad, la ciencia y la filosofía intentan resolver este dilema desde tres frentes principales:

  1. La Hipótesis del Universo Matemático: Liderada por Max Tegmark, propone que el universo no es que se describa con matemáticas, sino que es una estructura matemática. Nosotros solo descubrimos fragmentos de esa realidad.
  2. Evolución y Adaptación: Algunos neurocientíficos sugieren que nuestra lógica matemática evolucionó para sobrevivir en un mundo físico que ya poseía patrones regulares; por tanto, nuestra matemática es una herramienta "tallada" por la propia realidad.
  3. El Multiverso: Desde la cosmología de cuerdas, se argumenta que existen infinitos universos con diferentes leyes. Nosotros simplemente habitamos uno donde las matemáticas funcionan, pues es el único que permitiría la complejidad necesaria para que existan observadores (el principio antrópico).
Pese a estos intentos, la pregunta de Wigner permanece abierta: sigue siendo asombroso que una ecuación trazada en una pizarra pueda predecir la existencia de una partícula o el comportamiento de una galaxia a millones de años luz.

El pensamiento de Eugene Wigner era directo, a veces irónico, pero siempre cargado de una profundidad filosófica: "La matemática es la ciencia de las cosas que son obvias por sí mismas." "Es un milagro que la mente humana sea capaz de inventar conceptos matemáticos que luego resultan ser las herramientas exactas para describir el universo." "La física está volviéndose tan difícil que cada vez se tarda más tiempo en entrenar a un físico para que llegue a la frontera de lo que se conoce."

Eugene Wigner fue mucho más que un físico ganador del Nobel; fue un pensador que se atrevió a preguntar por qué el universo es inteligible. Su legado nos recuerda que, detrás del caos de las partículas y la energía, existe una estructura de simetría profunda que solo el lenguaje de las matemáticas puede descifrar. En un mundo que a menudo parece carecer de orden, la obra de Wigner es un faro de racionalidad y asombro.

Deseos para el nuevo año 2026: amar, aprender, vivir

Ante todo, os deseamos que todos vuestros problemas de 2026 duren tanto como vuestros buenos propósitos de Año Nuevo. Será un año 10, porque 2+0+2+6= 10. Y suma de dos cuadrados, porque 2027=45ˆ2+1ˆ2 o 25ˆ2+35ˆ2. Esperando al año 2027 que será número primo, 2026 es suma de dos primos con dos soluciones distintas: 1013+1013=2026=2003+23. También es la suma de 2013 enteros consecutivos, desde -504 - 503 -…+ 507+ 508 = 2026. 

Hay otras muchas curiosidades matemáticas del número 2026:
- 2026 es un número feliz. Esto significa que si sumas los cuadrados de sus dígitos y repites el proceso, eventualmente llegas a 1: 2026 -> 2^2 + 0^2 + 2^2 + 6^2 = 4 + 0 + 4 + 36 = 44 -> 4^2 + 4^2 = 32 -> 3ˆ2+2ˆ2 =13 -> 1ˆ2 + 3ˆ2 = 10 10 -> 1.
- 2026 es un número compuesto y semiprimo, ya que solo tiene dos factores primos: 2 * 2013. 
- 2026 es un número cortés, lo que significa que puede expresarse como suma de números naturales consecutivos. Por ejemplo: 505 + 506 + 507 + 508 = 2026.

Con todo ello, ojalá que este nuevo año nos traiga más humanidad en la era de la IA, educación que inspire creatividad y empatía, salud para disfrutar de la familia y amigos, y un toque de sabiduría vasca desde Getxo, Bilbao y Alicante para navegar los cambios con optimismo ético.

Que la innovación nos una, no nos divida; que la literatura y la filosofía nos guíen; y que cada día sea una oportunidad para crecer con curiosidad y bondad. ¡Feliz Año Nuevo lleno de abrazos, libros abiertos, avances responsables y momentos inolvidables!

Este es un post en desarrollo, hecho con restos de año, pero será seguido de un análisis de deriva de este vuestro/nuestro blog. Y siempre con mensajes de gratitud y optimismo para recordarnos la "joie de vivre" como el que sigue con la sabiduría de la infancia,... 
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@agirregabiria

2025, Agur. Kaixo, 2026

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De la historia a la física: La trayectoria de Edward Witten

Edward Witten, nacido el 26 de agosto de 1951 en Baltimore, Maryland, es considerado por muchos el físico teórico más brillante de nuestra era. Profesor emérito en el Institute for Advanced Study de Princeton —el mismo lugar donde Albert Einstein pasó sus últimos años—, Witten ha transformado no solo la física, sino también las matemáticas puras, mediante una intuición profunda que une conceptos aparentemente dispares. Su trayectoria vital es un ejemplo fascinante de cómo un camino intelectual tortuoso puede conducir a descubrimientos revolucionarios, y su obra plantea preguntas éticas y educativas sobre el rol de la teoría en la ciencia contemporánea.

La juventud de Witten no presagiaba su destino científico. Hijo de Louis Witten, un físico teórico especializado en gravitación, y de Lorraine Witten, Edward creció en un entorno intelectual, pero inicialmente se inclinó hacia las humanidades. Se graduó en historia en la Universidad Brandeis en 1971, con un minor en lingüística, y llegó a publicar artículos en revistas como The Nation y The New Republic. Incluso trabajó brevemente en la campaña presidencial de George McGovern en 1972. Sin embargo, a los 22 años, un cambio radical lo llevó a la física: ingresó en Princeton, donde obtuvo su doctorado en 1976 bajo la supervisión de David Gross (futuro Nobel). Este giro ilustra una lección educativa valiosa: la curiosidad intelectual no siempre sigue rutas lineales, y la interdisciplinariedad puede enriquecer profundamente el pensamiento científico.

La carrera de Witten despegó rápidamente. En los años 80, se convirtió en una figura central en la teoría de cuerdas (ver en otros posts), que postula que las partículas fundamentales no son puntos, sino diminutas cuerdas vibrantes en dimensiones extras. Sus contribuciones incluyen avances en supersimetría, teoría cuántica de campos topológica y dualidades gauge/gravedad. Pero su momento culminante llegó en 1995, durante la "segunda revolución de las supercuerdas": en una conferencia en la Universidad del Sur de California, Witten propuso la M-teoría, una framework unificador que reconciliaba las cinco versiones aparentemente incompatibles de la teoría de cuerdas, incorporando membranas (branas) y una undécima dimensión. Esta idea no solo revitalizó el campo, sino que sugirió un camino hacia una "teoría del todo" que unifique la relatividad general de Einstein con la mecánica cuántica.

Lo extraordinario de Witten es su impacto en las matemáticas. En 1990, se convirtió en el primer y único físico en recibir la medalla Fields —el premio más prestigioso de las matemáticas, equivalente al Nobel. El galardón reconoció contribuciones como la prueba del teorema de energía positiva en relatividad general (1981), su interpretación de invariantes de nudos vía integrales de Feynman, y el desarrollo de la teoría cuántica de campos topológica, que inspiró invariantes como los de Seiberg-Witten para manifolds de cuatro dimensiones. Witten ha dicho: "La ciencia es una forma de pensar mucho más que un cuerpo de conocimiento". Sus ideas han impulsado ramas enteras de la geometría y la topología, demostrando cómo la física puede fertilizar las matemáticas abstractas.

Entre sus numerosos premios figuran el MacArthur Fellowship (1982), el Premio Kyoto (2014), el Breakthrough Prize (2012) y, recientemente, el Lifetime Award en Ciencias Básicas (2024). En 2025, Witten continúa activo: ha publicado notas introductorias sobre termodinámica de agujeros negros y dictado masterclasses en Hamburgo sobre este tema, explorando cómo los agujeros negros, clásicamente "sin pelo", se comportan cuánticamente como sistemas termodinámicos complejos.

Desde una perspectiva ética y filosófica, la obra de Witten invita a la reflexión. La teoría de cuerdas, pese a su elegancia matemática, carece aún de predicciones experimentales verificables, lo que ha generado debates sobre el estatuto de la ciencia teórica. ¿Es legítimo perseguir teorías bellas sin contraste empírico inmediato? Witten defiende que "una buena teoría no solo es elegante y hermosa, sino que hace predicciones precisas", pero reconoce que la M-teoría permanece incompleta. Esto plantea cuestiones educativas: ¿cómo enseñar física avanzada en un mundo donde la experimentación es costosa y las teorías especulativas dominan? Además, su humildad intelectual —ha admitido que la conciencia podría permanecer un "misterio" irreducible a la física— nos recuerda que la ciencia no lo explica todo, fomentando un enfoque interdisciplinario que integre filosofía y ética.

En un blog dedicado a ciencia, tecnología, ética y educación, la figura de Witten ejemplifica el ideal de un pensador que trasciende fronteras. Su vida nos enseña que la perseverancia en preguntas profundas, aun sin respuestas inmediatas, puede redefinir nuestra comprensión del universo. Como él mismo ha reflexionado, "la esencia de la física son los conceptos, el deseo de entender los principios por los que funciona el mundo". En un tiempo de crisis epistemológicas, Witten nos inspira a cultivar esa curiosidad rigurosa y abierta.