Para muchísimos docentes vascos en los que ha influido en su extensa trayectoria académica, Neli Zaitegi, @NZaitegi, es un referente y una amiga de quien siempre se aprende. Me cuento entre sus seguidores y siempre destaco un mensaje que me impactó en una de las primeras visitas inolvidables donde me guió: "La educación debe ser transgresora,... con los valores que -por desgracia- imperan a nuestro alrededor. En las aulas los contradecimos, porque predicamos y hemos de ejemplarizar la solidaridad, convivencia, la justicia,... para ayudar a crecer a personas en formación que creen un futuro mejor". Educación Pre y Post COVID-19: Videoconferencia de Nélida Zaitegi
Para muchísimos docentes vascos en los que ha influido en su extensa trayectoria académica, Neli Zaitegi, @NZaitegi, es un referente y una amiga de quien siempre se aprende. Me cuento entre sus seguidores y siempre destaco un mensaje que me impactó en una de las primeras visitas inolvidables donde me guió: "La educación debe ser transgresora,... con los valores que -por desgracia- imperan a nuestro alrededor. En las aulas los contradecimos, porque predicamos y hemos de ejemplarizar la solidaridad, convivencia, la justicia,... para ayudar a crecer a personas en formación que creen un futuro mejor". Plataforma por una educación vasca de calidad
Son cuatro grandes educadores, de larga trayectoria y en plena actividad reflexiva, tras algunos años de retiro profesional. Entroncamos su Documento a Debate ante las Elecciones Vascas entre las aportaciones que queremos recoger sobre 100 Ideas para la Educación.
- Mejorar la eficiencia y de la equidad, que definen la calidad de la enseñanza, con la inclusión de todas las personas, saberes e ideas y la atención a cada una según sus necesidades, aspiraciones e intereses para que puedan alcanzar el éxito escolar.
- Enfocar el aprendizaje a la adquisición de las competencias básicas y la capacidad de aprender, para que el alumnado sea capaz de crear y usar el conocimiento para resolver problemas de la vida real y dar respuesta a los retos nuevos.
- Impulsar el aprendizaje permanente del profesorado y los directivos escolares, para desarrollar las competencias pedagógicas necesarias de la escuela del futuro e innovar la respuesta a las necesidades del alumnado.
- Modificar el papel del alumnado y del profesorado. El alumnado es quien aprende en interacción con sus compañeros y compañeras. El profesorado, quien facilita, estimula y orienta al alumnado, sobre la base de una relación afectiva.
- Aprovechar el potencial de aprendizaje de la tecnología actual, que el alumnado ha integrado en sus vidas, para incentivar su implicación y la conexión de los aprendizajes que se hacen dentro y fuera de la escuela.
- Evaluar para reorientar la enseñanza y reforzar el aprendizaje, no sólo para valorar si se han logrado los aprendizajes esperados y nunca para seleccionar según los aprendizajes adquiridos.
- Impulsar nuevas relaciones de colaboración con la comunidad, para que el alumnado conecte el aprendizaje con sus experiencias en ella y desarrolle su sentido cívico. La educación es una tarea colectiva, de toda la comunidad.
#JolasBide, Escuela Magisterio UPV-EHU Leioa, Bizkaia

Nuestra presentación descargable.

Mikel Aguirregabiria
Innovación Educativa, Gobierno Vasco.

Elena Cruces + Julián Maguna
Imagine Elephants.
José Miguel de Castro
Diraya Expresión.
Miren Alaña
Hazi Bilbao. Relaciones que transforman modelos.

Ane Erice + Adrian García
Landabaso Eskola Aktiboa, Zalla, Bizkaia.
Nélida Zaitegi.
Presidenta del Consejo Escolar de Euskadi

Ética del Cuidado (EdC): Viaje histórico hacia la empatía
Un encuentro casual (foto) con la gran educadora y siempre inspiradora que es nuestra amiga y casi vecina Neli Zaitegi (véase en otros posts), nada menos que ayer en su 80º cumpleaños, nos obliga a tratar este tema pendiente, que ya habíamos anunciado: Historia, vigencia y urgencia de la Ética del Cuidado (EdC).
A las siete de la mañana, en miles de cocinas, alguien disuelve una pastilla en una cucharada de yogur, comprueba que la persona a la que cuida ha desayunado y llama al trabajo para avisar de que llegará tarde. Nadie ha escrito un tratado sobre esa escena. Y sin embargo en ella se decide más moral cotidiana que en muchos de los dilemas con tranvías y desconocidos que llenan los manuales de filosofía.
Durante siglos, la ética occidental se ocupó de preguntar qué es justo, qué es lícito, qué obliga a todos por igual. Son preguntas necesarias. Pero dejaron en la penumbra otra, más doméstica, más de intrahistoria y más persistente: cómo responder a alguien concreto que depende de mí, y cómo hacerlo bien. Esa segunda pregunta es el origen de la llamada ética del cuidado, una corriente que nació en un laboratorio de psicología, creció en la filosofía feminista y hoy discute con la economía, la política social y la educación.
Dos niños de once años y un farmacéutico. La historia empieza en Harvard. Carol Gilligan, nacida en Nueva York en 1936, trabajaba como colaboradora de Lawrence Kohlberg, el psicólogo que había construido la teoría del desarrollo moral más influyente de su tiempo. Kohlberg proponía una escalera de seis estadios que iba de la obediencia por miedo al castigo hasta los principios universales de justicia, y la medía con dilemas hipotéticos. El más célebre es el Dilema de Heinz, un hombre cuya esposa va a morir si no consigue un medicamento que el farmacéutico vende a un precio imposible. ¿Debe Heinz robarlo?
Gilligan observó algo que los resultados de Kohlberg resumían de forma incómoda: las niñas solían quedarse en estadios inferiores a los de los niños, y por extensión las mujeres adultas parecían moralmente menos maduras. En su libro de 1982, In a Different Voice, contrapuso a dos niños de once años, a los que llamó Jake y Amy. Jake resolvía el dilema como un problema de lógica: la vida vale más que la propiedad, luego Heinz debe robar. Amy dudaba. Se preguntaba si no habría otro camino, si Heinz podría hablar con el farmacéutico, qué sería de su esposa si él acababa en la cárcel. Para el esquema de Kohlberg, Amy razonaba peor. Para Gilligan, Amy razonaba otra cosa: no buscaba la regla aplicable, sino la respuesta que mantuviera intacta la relación entre las personas implicadas.
La tesis de fondo era doble. Primero, que la escala de Kohlberg, construida con muestras casi exclusivamente masculinas, tomaba una forma de pensar moral por la única posible. Segundo, que junto a la ética de la justicia, centrada en derechos, reglas e imparcialidad, existe una ética del cuidado, centrada en la atención, la responsabilidad hacia vínculos concretos y la respuesta a la necesidad del otro. Gilligan llegó a esta idea, además, escuchando a mujeres reales que debían decidir si interrumpían un embarazo: en sus relatos, la decisión moral no se parecía a una deducción, sino a una negociación entre responsabilidades que no cabían en un silogismo.
De la psicología a la filosofía. Una buena intuición necesita una teoría que la sostenga, y esa tarea la emprendieron otras pensadoras. Nel Noddings publicó en 1984 Caring, donde describió la relación de cuidado como un encuentro entre quien cuida y quien es cuidado, en el que la atención receptiva a las necesidades del otro vale más que cualquier principio abstracto. Sara Ruddick, en Maternal Thinking (1989), mostró que el trabajo de criar a un hijo, con su exigencia de proteger, favorecer el crecimiento y educar para la vida social, genera un modo de pensar con sus propias virtudes y sus propios dilemas. No se trataba de sentimentalismo: se trataba de reconocer que ciertas prácticas producen conocimiento moral.
El paso decisivo hacia la política llegó con Joan Tronto. En Moral Boundaries (1993) sostuvo que el cuidado no es una cualidad femenina del carácter, sino una práctica humana que sostiene el mundo, y la descompuso en fases: advertir que alguien necesita algo, asumir la responsabilidad de atenderlo, realizar el trabajo concreto y comprobar cómo responde quien lo recibe. A cada fase le corresponde una virtud: atención, responsabilidad, competencia y capacidad de respuesta. La pregunta de Tronto era incómoda para toda teoría moral: si el cuidado es tan central, ¿por qué ha ocupado un lugar tan marginal en el pensamiento moral y político? Su respuesta es que se asoció a lo privado, a lo femenino y a lo poco prestigioso, y que esa asociación lo vació de poder. En Caring Democracy (2013) añadió una quinta cualidad, el cuidado con otros: la capacidad de una sociedad de repartir con justicia las responsabilidades de cuidado entre todos sus miembros.
Virginia Held, en The Ethics of Care (2006), llevó el argumento aún más lejos y propuso que el cuidado puede servir de base para entender la sociedad mejor que el contrato entre individuos libres e iguales. Pensemos en una criatura recién nacida: nadie firmó nada con quien la sostiene, y sin embargo no hay relación más moral. Eva Feder Kittay, en Love's Labor (1999), añadió una observación que desmonta el mito liberal del individuo autosuficiente: todos hemos sido dependientes, casi todos volveremos a serlo, y quien cuida a un dependiente queda a su vez en una situación de vulnerabilidad que la sociedad debe reconocer y proteger. La independencia, concluye, no es la condición natural del ser humano, sino una fase de la vida que alguien sostuvo antes y sostendrá después.
Una cuestión de horas, no solo de ideas. Podría parecer que todo esto vive en el reino de las ideas, pero tiene una traducción contable. Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo de 2018 sobre el trabajo y el empleo en el sector del cuidado, cada día se dedican en el mundo alrededor de 16.400 millones de horas a cuidados no remunerados, el equivalente a unos 2.000 millones de personas trabajando ocho horas diarias sin cobrar. Las mujeres asumen en torno al 76 % de ese tiempo, es decir, más de tres veces lo que aportan los hombres, y la OIT calculó que 606 millones de mujeres en edad de trabajar declaraban no poder emplearse por tener a su cargo a niños o a personas mayores. Son datos que conviene leer despacio: una parte considerable de la riqueza real de las sociedades se produce fuera del mercado y fuera de las estadísticas del PIB, y recae de forma desigual.
En España conocemos bien esta tensión. La Ley 39/2006, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, quiso convertir el cuidado en un derecho subjetivo, y su aplicación posterior, con listas de espera y desigualdades territoriales, muestra lo difícil que resulta llevar una idea moral al terreno de la gestión pública. Economistas feministas como Amaia Pérez Orozco han propuesto, desde esa constatación, cambiar el centro de la mirada económica y preguntar no cuánto produce una sociedad, sino cómo sostiene la vida de quienes la forman. Y en la filosofía moral española, la razón cordial de Adela Cortina o los trabajos de Victoria Camps sobre las virtudes públicas dialogan, cada una a su manera, con la idea de que una ética sin empatía y sin vínculos es una ética mutilada.
Las objeciones, que las hay. Una buena corriente de pensamiento se reconoce por las críticas serias que recibe. La ética del cuidado ha recibido varias. La primera es metodológica: los estudios de Gilligan se apoyaron en muestras reducidas, y trabajos posteriores han discutido que existan diferencias de género sistemáticas en el razonamiento moral, o han señalado que desaparecen en buena medida cuando se controla el nivel educativo. Gilligan, de hecho, ha insistido en que la voz del cuidado no pertenece por naturaleza a las mujeres, y que en trabajos más recientes la ha presentado como una ética humana que el patriarcado tiende a reprimir en todos.
La segunda objeción es política, y de dentro del feminismo: asociar el cuidado a lo femenino puede reforzar justamente los estereotipos que se querían combatir, y exaltar una virtud que en la práctica es, para muchas mujeres, una carga impuesta. Quien enaltece el sacrificio sin tocar el reparto del trabajo corre el riesgo de romantizar la falta de poder. La tercera es filosófica: si el cuidado se limita al círculo de quienes están cerca, como pareció defender Noddings, ¿qué ocurre con los lejanos, con los niños que mueren de hambre a miles de kilómetros? Tronto, Held y otras pensadoras han respondido ampliando el alcance del cuidado a las instituciones y a las relaciones globales. Y la cuarta apunta al paternalismo: quien cuida puede confundir sus necesidades con las de la persona cuidada, y en ese caso el cuidado se convierte en control. Por eso las teóricas insisten en que cuidar incluye escuchar la voluntad de quien recibe el cuidado, no solo interpretarla.
Ninguna de estas objeciones destruye la propuesta; la obligan a madurar. Y es probable que la respuesta más sensata no sea elegir entre justicia y cuidado, sino aceptar que se necesitan mutuamente. Un cuidado sin justicia se vuelve arbitrario, doméstico y desigual; una justicia sin cuidado se vuelve fría, incapaz de percibir a la persona que hay detrás del expediente.
Lo que la escuela podría aprender. Si la ética del cuidado tiene algo que decir a la educación, es que el aprendizaje moral no se transmite solo mediante dilemas y normas, sino mediante la experiencia de ser cuidado y de cuidar. Los colegios suelen enseñar derechos, deberes y convivencia, pero rara vez tratan la atención, la responsabilidad concreta o la competencia para cuidar como saberes dignos de evaluación. Un aula donde alguien aprende a acompañar a un compañero que se ha quedado atrás, o donde los mayores y los pequeños comparten tareas, enseña más sobre ética que una unidad didáctica sobre valores. Y una sociedad envejecida como la nuestra necesitará, cada vez más, ciudadanos que sepan hacer esto sin que les hayan obligado a aprenderlo a golpes de necesidad.
Una conclusión, y un compromiso. Volvamos a la cocina de las siete de la mañana. Lo que allí ocurre no es una anécdota privada: es la infraestructura invisible sobre la que descansan las escuelas, los hospitales, las empresas y los parlamentos. Una sociedad que no sabe valorarla ni repartirla con justicia está construyendo sobre arena, por brillantes que sean sus principios. La ética del cuidado no pide que dejemos de pensar en reglas y derechos, sino que añadamos a la pregunta de qué es justo esta otra: ¿quién está cuidando de quién, a qué coste y con qué reconocimiento?
Pero una idea que no se traduce en hábitos se queda en elegancia. Por eso propongo un compromiso a diez años, con tres pistas que pueden recorrerse a la vez. En lectura, el objetivo de los dos primeros años es leer con calma tres obras fundamentales, por ejemplo a Gilligan, a Tronto y a Kittay, y escribir una reseña breve de cada una; se evalúa con un cuaderno propio y con una conversación sobre lo leído con alguien de otra generación. En escritura y activismo, entre el tercer y el quinto año, el objetivo es participar en una iniciativa local, desde una asociación vecinal hasta una mesa de cuidados municipal, para pedir un servicio concreto, como centros de día, apoyo a cuidadores o permisos de cuidado igualitarios, y medir el avance con un indicador sencillo, como el número de propuestas presentadas y el de respuestas obtenidas. En voluntariado, desde el primer año, el objetivo es dedicar un par de horas semanales al acompañamiento de personas mayores solas o de niños con dificultades de aprendizaje, y evaluarlo cada año con un balance de horas, de vínculos sostenidos y de lo aprendido. Al final de la década, la prueba más fiable no será cuántos libros hemos leído, sino cuántas personas se sienten un poco menos solas por nuestra culpa.
Dos niños de once años, un farmacéutico y un medicamento que no se puede pagar. Con ese dilema, Carol Gilligan mostró que la psicología moral había confundido un modo de pensar con la única posible: Jake buscaba la regla; Amy, la forma de no romper nada. https://t.co/FOrvyTelX1 De ahí nació la ética del cuidado, que hoy habla de dependencia, de trabajo invisible (16.400 millones de horas al día, según la OIT) y de lo que nos debemos unos a otros. Un recorrido de Gilligan a Tronto, con sus críticas incluidas, y una propuesta a diez años para pasar de la idea a la práctica. 👉 Hamaika urteko bi haur, farmazialari bat eta ordaindu ezin den botika bat. Dilema horrekin, Carol Gilligan-ek erakutsi zuen psikologia moralak pentsatzeko modu bat posible den bakarra balitz bezala hartzen zuela: Jakek araua bilatzen zuen; Amyk, ezer ez hausteko modua. Hortik sortu zen zaintzaren etika, eta gaur mendekotasunaz, lan ikusezinaz (egunean 16.400 milioi ordu ordaindu gabe, LANEren arabera) eta elkarri zor diogunaz mintzo da. Gilligan-etik Trontora bidaia, kritikak barne, eta hamar urteko proposamena ideia praktika bihurtzeko. 👉 Two eleven-year-olds, a pharmacist and a drug nobody can afford. With that dilemma, Carol Gilligan showed that moral psychology had mistaken one way of thinking for the only one: Jake looked for the rule; Amy, for a way not to break anything. That is where the ethics of care began. Today it speaks about dependency, invisible work (16.4 billion unpaid hours a day, per the ILO) and what we owe each other. A tour from Gilligan to Tronto, critics included, plus a ten-year plan to turn the idea into practice. 👉 Deux enfants de onze ans, un pharmacien et un médicament hors de prix. Avec ce dilemme, Carol Gilligan a montré que la psychologie morale avait pris une façon de penser pour la seule possible : Jake cherchait la règle, Amy le moyen de ne rien briser. Ainsi est née l'éthique du care, qui parle aujourd'hui de dépendance, de travail invisible (16,4 milliards d'heures non rémunérées par jour, selon l'OIT) et de ce que nous nous devons les uns aux autres. De Gilligan à Tronto, critiques comprises, avec un plan sur dix ans pour passer de l'idée à la pratique. 👉
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) October 18, 2026
@deaflourishment Ética del cuidado 🤕🌻 #Filosofia #Filotok #ética #cuidado #vida #DeaFlourishment🌼 ♬ sonido original - DeaFlourishment 🌼
Convivir a medida, CoHousing, y despedida balconil
- Egunsentia con Inmaculada Acero y Asun Fernández
- CoBizi con Cristina Busto y Edurne Galindo
- Ametsak Sortzen con Oscar Lucio
- También se citarán y expondrán otras como KUVU, ALKAR BIZIZ, de Koopera (Cáritas Bizkaia),...


Feliz #DiaDeLaMadre ... Hoy toca aplaudir para adentro, como bien dicen @MikiyDuarte. pic.twitter.com/XuzDoBY6zV— Agustín Martínez 🔻 (@Agus_Martinez58) May 3, 2020
XII GetxoBlog en el año COVID 2020: Convocatoria y crónica

Un "encuentro" virtual no es lo mismo que un abrazo en BiscayTIK, pero cariño sobre en este vídeo resumen que Esther Bravo, o Loren Simon (ver en su blog), nos ofrece al de unas horas, como sus poesías finales.
- GetxoBlog HAREA Saria, será una gran sorpresa hasta ese día para un excelente y generoso tecnólogo, un sublime friki experto en todo lo digital, con saga de continuidad incluida y el mejor amigo de quienes organizamos todo esto de GetxoBlog. Y eso sin estar en nuestra Junta.
- GetxoBlog UR Saria, también será otra sorpresa para una mujer que ha estado siempre en GetxoBlog, nuevamente sin pertenecer a nuestra Junta. Por ser una de las primeras mujeres informáticas y aportar más que nadie a nuestra labor como asociación.
- GetxoBlog AIRE Saria, para la Fundación Itaka Escolapios, @ItakaBilbao, nacida muy cerca y que es un ejemplo de proyección intercontinental y aprovechamiento digital de soporte (como con las Historias MicroSolidarias). Recibirá el premio su responsable de comunicación, Joseba Alzola, @JosebaAlzola. El aporte solidario de este XII GetxoBlog puede ser un donativo en este enlace.
- GetxoBlog SU Saria para el polifacético cantante, periodista, escritor Roberto Moso, @MosoRoberto, por sularga trayectoria en varios blogs en euskera (Adarraren Puntan,...) y en castellano (ZaramaTimes).
Javier Arellano ante el Grupo Vasco del Club de Roma


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