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Falacia de la mota castral para propagar lo indefendible

En estos días de extremismos populistas y pérdida de valores, conviene repasar estrategias medievales para provocar la reflexión y desgranar la arquitectura de esta astuta trampa retórica: La Mota Castral (Motte-and-bailey castle) o el arte de decir algo radical y defenderlo como algo obvio.

La arquitectura del engaño: La falacia de la mota castralEn el complejo ecosistema del debate público actual —ya sea en la academia, la política o las redes sociales—, nos encontramos a menudo con una extraña sensación de futilidad. Creemos haber acorralado un argumento absurdo o peligroso, solo para ver cómo nuestro interlocutor se transmuta, de repente, en un defensor del sentido común más elemental. Lo que acabamos de experimentar no es una epifanía del adversario, sino una de las maniobras más eficaces y deshonestas del arsenal dialéctico: la falacia de la mota castral.

Piedra y empalizadaPara entender este concepto, acuñado por el filósofo Nicholas Shackel en 2005, debemos viajar a la Edad Media. Una "mota castral" era un sistema defensivo compuesto por dos partes: La Mota: Un montículo elevado con una torre de piedra (fuerte, segura, pero inhabitable y pequeña). El Arrabal o Castro (poblado fortificado o Bailey): Un terreno llano y fértil rodeado por una empalizada (espacioso, cómodo, donde ocurre la vida real, pero muy difícil de defender).

Cuando el enemigo atacaba, los habitantes abandonaban el arrabal y se refugiaban en la mota. Una vez que el invasor se retiraba, volvían a ocupar el terreno fértil. En el plano de las ideas, la falacia funciona exactamente igual. El argumentador presenta dos posiciones distintas, pero las confunde como si fueran una sola: La Doctrina del Arrabal (The Bailey): Es la posición controvertida, ideológica o pseudocientífica que el autor realmente quiere promover. Es un terreno ambicioso, pero lógicamente débil y fácil de rebatir. La Doctrina de la Mota (The Motte): Es una verdad trivial, evidente o de sentido común que nadie en su sano juicio discutiría. Es el refugio seguro.

La trampa se ejecuta de la siguiente manera: el interlocutor avanza una tesis radical (el Arrabal). Cuando se le confronta con evidencia o lógica que desmonta esa tesis, retrocede inmediatamente a una versión aguada y obvia de su argumento (la Mota), fingiendo que eso es lo que ha estado diciendo todo el tiempo.

Ejemplo en el ámbito educativoArrabal: "El conocimiento objetivo no existe; la ciencia es solo una construcción de poder patriarcal". (Posición radical). Crítica: "Pero la gravedad funciona igual para todos y los antibióticos salvan vidas independientemente del género". Mota: "Bueno, solo estoy diciendo que los científicos son humanos y tienen sesgos". (Posición obvia y segura). En cuanto el crítico admite que, efectivamente, los científicos tienen sesgos, el falaz regresa triunfante a su arrabal, asumiendo que su desprecio por la objetividad ha sido validado.

¿Por qué es tan efectiva? La mota castral es una forma de equívoco. Juega con la ambigüedad del lenguaje para evitar el escrutinio. En la ética y la política, permite a los grupos radicales mantener posturas extremas mientras proyectan una imagen de moderación ante el gran público.

Es, en esencia, un parásito de la caridad interpretativa. El interlocutor honesto intenta encontrar un punto medio, y el falaz utiliza ese punto medio (la mota) como un escudo para proteger una periferia de ideas que no sobrevivirían a la luz de la razón. Esto destruye la educación dialéctica, pues el objetivo ya no es la búsqueda de la verdad (veritas), sino la preservación de la ideología a toda costa.

El impacto en la ciencia y la filosofíaEn el mundo académico, esta falacia ha permitido la proliferación de teorías que, bajo un examen riguroso, carecen de base empírica, pero que se protegen bajo el manto de "la justicia social" o "la duda metódica". Si críticas una interpretación sociológica absurda, se te acusa de estar en contra de la igualdad (la mota). Si críticas una afirmación pseudocientífica sobre la conciencia, se te acusa de ser un "reduccionista de mente cerrada" que no admite que la ciencia no lo sabe todo (la mota).

Cómo desmantelar la fortaleza. Para combatir la mota castral, el primer paso es la identificación. Debemos obligar al interlocutor a permanecer en el terreno que ha decidido ocupar originalmente. Algunas estrategias incluyen: 1º Fijar la posición: "Entiendo tu punto sobre la subjetividad humana, pero volvamos a tu afirmación de que la ciencia no es más que un mito. ¿Cómo sostienes eso específicamente?". 2º Exigir la distinción: "Estás defendiendo una obviedad para justificar una radicalidad. Son dos ideas distintas. Acepto tu 'mota', pero sigo impugnando tu 'arrabal'". 3º No ceder al chantaje moral: A menudo, la mota se construye sobre valores morales elevados. No temas decir: "Estoy de acuerdo con el valor que defiendes, pero estoy en total desacuerdo con la conclusión que intentas extraer de él".

La salud de nuestro discurso intelectual depende de la honestidad con la que habitamos nuestras ideas. Quien quiera vivir en el arrabal de las propuestas radicales debe estar dispuesto a defender sus muros con razones, no a huir a la torre de las obviedades en cuanto surge la primera duda. Al final, un debate no es un asedio para ver quién sobrevive, sino un puente que solo se construye si ambos pies están en la misma tierra firme.

@randolphcoloma11 Como se normalizan ideas extremas sin que tengan que defenderlas? #falacia #filosofia #psicologia #fyp #actualidad ♬ original sound - Randolph Coloma

Desmontar el sentido común: La filosofía radical de Gramsci

Hoy nos detendremos a analizar, porque es más urgente que nunca, la arquitectura de lo obvio: Antonio Gramsci (otros postsy la disección del sentido común¿Alguna vez se ha detenido a pensar por qué consideramos ciertas ideas como "naturales" o "de sentido común"? Solemos invocar el sentido común como el árbitro último de la verdad, una suerte de instinto democrático que nos protege del error. Sin embargo, para Antonio Gramsci, el sentido común no es un refugio de sabiduría pura, sino un mosaico fragmentado y contradictorio que revela más sobre el poder que sobre la realidad.

El sentido común como "sedimentación" histórica"Para Gramsci, el sentido común (senso comune) no es una facultad innata. Es, más bien, una "concepción del mundo absorbida acríticamente". Imaginémoslo como un estrato geológico: en él se depositan restos de religiones antiguas, descubrimientos científicos mal comprendidos, prejuicios locales y fragmentos de filosofías que alguna vez fueron revolucionarias pero que hoy son solo inercia.

A diferencia de la filosofía estructurada, el sentido común es dislocado y episódico. Es lo que nos hace sostener una idea y su contraria en la misma frase sin notar la fricción. Es, en esencia, la mitología de nuestra época disfrazada de pragmatismo.

La Hegemonía: Donde lo político se hace carne. Aquí es donde entra el concepto central de Gramsci: la hegemonía cultural. Una clase social no solo domina mediante la fuerza (la policía o el ejército), sino a través del consenso. Para que un sistema se mantenga, sus valores deben filtrarse en el sentido común de las clases subalternas hasta que estas los acepten como "la única forma lógica de vivir".

Cuando decimos frases como "las cosas siempre han sido así" o "el ser humano es egoísta por naturaleza", no estamos enunciando leyes biológicas; estamos reproduciendo una hegemonía que ha logrado naturalizar su ideología. El sentido común es el campo de batalla donde el poder se vuelve invisible.

Del "Senso Comune" al "Buon Senso". Es crucial no confundir, como hace a menudo la traducción descuidada, el senso comune con el buen sentido (buon senso). Gramsci rescata este último como el núcleo de racionalidad que existe dentro del caos. 

- El sentido común es conformista, tradicionalista y pasivo.

- El buen sentido es el espíritu crítico que permite a un individuo analizar su realidad y descubrir que lo que parece "natural" es, en realidad, "histórico".

La tarea del intelectual orgánico y del educador no es imponer una verdad desde arriba, sino ayudar a que el grupo social desarrolle su propio buen sentido, transformando una conciencia fragmentada en una visión del mundo coherente y emancipadora. "El sentido común es el folclore de la filosofía, y siempre está a medio camino entre el folclore propiamente dicho y la filosofía, la ciencia y la economía de los científicos." según Antonio Gramsci.

Educación y Ética: La escuela de la sospechaEn el ámbito educativo, la lección de Gramsci es una advertencia contra la instrucción puramente técnica. Una educación que no cuestiona el sentido común es simplemente una fábrica de conformismo. El acto de educar debe ser un proceso de autoconciencia crítica

En la era de los algoritmos y las cámaras de eco, el "sentido común digital" nos empuja a reaccionar en lugar de reflexionar. La ética gramsciana nos exige una "higiene mental": Desenterrar los prejuicios que pueblan nuestra mente y preguntarnos: ¿Quién puso esta idea aquí y a quién beneficia que yo la crea?

Una invitación al pensamiento incómodoEntender el sentido común como una construcción histórica no nos deja en el vacío, sino que nos devuelve la agencia. Si la realidad ha sido construida a través del consenso y la cultura, entonces puede ser reconstruida.

La ciencia, la filosofía y la educación deben converger en este punto: transformar el "así son las cosas" en un "así las hemos hecho, y así podemos cambiarlas". Al final del día, el pensamiento más elevado no es el que se aleja de la realidad, sino el que desmantela lo obvio para encontrar la libertad.

@randolphcoloma11 Antonio Gramsci y la hegemonía. #filosofia #fyp #actualidad #sociologia #psicologia ♬ original sound - Randolph Coloma