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Unacademy: 3.440 millones promesa, 206 millones realidad

El 1 de septiembre de 2026, Gaurav Munjal reconoció en X, sin adornos, que había vendido su empresa por una fracción de lo que llegó a valer. Con esa confesión se cerraba la historia de Unacademy, la plataforma educativa india que llegó a valorarse en 3.440 millones de dólares y que acabó siendo absorbida por su rival upGrad por apenas 206 millones: una destrucción de valor del 94%.

Unacademy nació sin vocación de imperio: antes de ser una empresa fue un canal de YouTube en el que Munjal, entonces estudiante de ingeniería en Bombay, colgaba tutoriales para ayudar a sus compañeros a preparar exámenes. En 2015 fundó oficialmente la compañía junto a Hemesh Singh y Roman Saini —este último, un antiguo funcionario público que cambió la administración por las aulas virtuales—, convirtiendo aquel canal en una aplicación pensada para los millones de jóvenes indios que cada año se juegan el futuro en los exámenes de acceso a la función pública, la ingeniería o la medicina. La promesa era clásica del sector: sustituir la academia presencial, cara y concentrada en unas pocas ciudades como Kota, por un mercado abierto de profesores independientes.

Todo cambió con la pandemia. Colegios y universidades cerraron sus puertas, millones de estudiantes se vieron obligados a estudiar frente a una pantalla, y los inversores confundieron esa urgencia pasajera con una transformación duradera de la enseñanza. En septiembre de 2020, una inyección de 150 millones de dólares de SoftBank convirtió a Unacademy en unicornio; un año después, una ronda de 440 millones la situaba ya en 3.440 millones de dólares de valoración, la segunda edtech más cotizada de India, solo por detrás de Byju's.

El dinero se convirtió en espectáculo: patrocinio de la Liga Premier de críquet, campañas con la leyenda Sachin Tendulkar como inversor y rostro publicitario, pujas para hacerse con el patrocinio principal del torneo. Cuando en 2022 las aulas reabrieron y la demanda de clases online se desplomó, la compañía se encontró quemando alrededor de 156 millones de dólares al año sin un negocio capaz de sostener ese ritmo. Siguieron tres años ásperos: despidos sucesivos que redujeron la plantilla de 6.000 a menos de 1.800 personas, la retirada del patrocinio deportivo, la venta de la plataforma de programación CodeChef y, finalmente, el reconocimiento público de que la valoración había caído por debajo de los 500 millones de dólares. Munjal, además, se convirtió en una rareza dentro del ecosistema emprendedor indio: en vez de camuflar el declive bajo el lenguaje del pivote, lo documentó en público, cifra a cifra, hasta el final.

Unacademy no es el caso más extremo. Byju's, la otra gran apuesta india, llegó a valer 22.000 millones de dólares antes de hundirse en impagos e insolvencia, hasta el punto de que BlackRock redujo a cero el valor de su participación; en Estados Unidos, 2U se acogió al Chapter 11 tras rozar los 4.000 millones de capitalización, y Chegg encadena años de desplome bursátil. El patrón se repite: inversores que dieron por hecho que la educación podía transformarse con la misma velocidad que el comercio, la música o los viajes, sin contar con que aprender exige algo que ninguna plataforma ha conseguido escalar del todo: la relación, la constancia, la mediación de alguien que conoce a quien tiene delante.

Ese es, quizá, el verdadero legado de Unacademy: no una lección sobre tecnología, sino sobre la diferencia entre digitalizar la enseñanza y transformarla. Dos gestos posibles para quien quiera ir más allá de la anécdota: leer To Save Everything, Click Here, de Evgeny Morozov, como antídoto contra el solucionismo tecnológico aplicado a la educación; y ejercer de tutor voluntario de algún estudiante en preparación de examen. Como sistema de evaluación, una cita fija: comprobar en los informes PISA de 2028 y 2031 si la inversión pública prioriza formar al profesorado antes que comprar licencias de plataformas.

Número de Avogadro, 6.022 × 10²³, o la inmensidad de átomos

Imagina que dejas caer una gota de agua en el Mediterráneo. Dentro de esa gota diminuta nadan, apretadas, tantas moléculas de H₂O como gotas cabrían en todo el mar que acaba de recibirla. La comparación no es una licencia poética: es, casi, aritmética exacta. Y es también la puerta de entrada más honesta a un número que ninguna mente humana está preparada para imaginar sin ayuda: 6,02214076 × 10²³, la constante de Avogadro. 

Esa inmensa cifra en notación científica expresa 0,6 cuatrillones de átomos, moléculas o iones (cuántas entidades) que caben en cada mol de sustancia. Por ejemplo, en 12 gramos de carbono-12 contienen exactamente ese número de átomos; 18 gramos de agua (H₂O = 2+16), ese mismo número de moléculas. Es lo que une el mundo macroscópico que tocamos —gramos, litros, cucharadas— con el mundo microscópico que no vemos —átomos, electrones, iones—. 

Una hipótesis que tardó un siglo en confirmarse. El nombre honra al físico turinés Amedeo Avogadro, que en 1811 propuso una idea entonces heterodoxa: volúmenes iguales de gases distintos, a la misma presión y temperatura, contienen el mismo número de partículas. Avogadro murió en 1856 sin haber calculado jamás su propio número; ni siquiera sabía que llegaría a existir como tal. Fue el químico Stanislao Cannizzaro quien, en el Congreso de Karlsruhe de 1860, rescató la hipótesis del olvido y la convirtió en herramienta de trabajo para toda una generación de químicos.

El primero en aventurar una cifra fue el físico austriaco Josef Loschmidt, en 1865, a partir de la teoría cinética de los gases. Pero la confirmación experimental decisiva llegó con Jean Perrin, que entre 1908 y 1909 observó el movimiento browniano de partículas en suspensión y dedujo, con una precisión notable para la época, un valor cercano al actual. Perrin fue quien bautizó la cifra como «constante de Avogadro» y por ese trabajo recibió el Nobel de Física en 1926. Poco después, los experimentos de Robert Millikan sobre la carga del electrón permitieron afinarla todavía más.

De medida experimental a definición exacta. Durante más de un siglo, el número de Avogadro fue, precisamente, un número medido: una cifra que los laboratorios perfeccionaban década tras década, con su correspondiente margen de incertidumbre. Eso cambió el 20 de mayo de 2019, cuando entró en vigor la revisión del Sistema Internacional de Unidades. Desde entonces, la constante de Avogadro ya no se mide: se define. Su valor, 6,02214076 × 10²³ por mol, es exacto por decreto científico internacional, y es esa cifra fija la que ahora define qué es un mol, en lugar de al revés. La ciencia, en este punto concreto, invirtió el orden habitual entre medida y definición.

Contar lo incontable, para pensar mejor. Lo más notable del número de Avogadro no es sólo su magnitud, sino lo que enseña sobre el método científico: una hipótesis audaz, sostenida sin pruebas directas durante décadas, verificada después por caminos independientes —cinética de gases, movimiento browniano, carga eléctrica— que convergieron en la misma cifra. Esa convergencia, más que el número en sí, es la lección que merece sobrevivir a cualquier examen de química.

Propongo llevar esa lección a las aulas de secundaria y bachillerato: que cada centro dedique, dentro de su programación anual de ciencias, un taller de «cifras que cambiaron la ciencia» donde el alumnado reconstruya, con datos y manos propias, cómo se llega a un número como este por vías distintas. El objetivo, medible curso a curso mediante encuestas de percepción sobre la ciencia y el porcentaje de alumnado que elige optativas científicas, sería duplicar en un plazo de cinco años el interés declarado por la química entre los quince y los diecisiete años, y consolidar el taller, en la próxima década, como parte ordinaria del currículo.

Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban

Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban
Álbum de imágenes.

Hemos ido al muelle de Gorliz, como hacíamos en nuestra infancia pescando panchitos. La playa de Gorliz, con sus 842 metros de arena dorada resguardados por la ría del Butrón y la punta de Astondo, es uno de esos litorales donde el paisaje y la historia comparten la misma orilla. Familias, surfistas y caminantes disfrutan hoy de un espacio certificado por su calidad turística, pero pocos reparan en que ese mismo enclave fue elegido, a comienzos del siglo XX, como remedio contra una de las plagas más silenciosas de la época: la tuberculosis ósea infantil.

En 1919, gracias al impulso de la Diputación de Bizkaia, abrió sus puertas el Sanatorio Marino de Gorliz, el cuarto de España y el primero construido íntegramente en hormigón armado. Sus amplias galerías, orientadas al mar, permitían sacar las camas de los niños enfermos para que el sol y la brisa marina hicieran su trabajo terapéutico. Detrás de esta empresa estuvo Enrique de Areilza (1860-1926), cirujano bilbaíno que había dedicado dos décadas a atender a los mineros de Triano y que supo trasladar esa misma vocación social a la infancia más desfavorecida.

En reconocimiento a su labor, en 1926 se inauguró en Astondo, frente a la bahía y al propio hospital, un monumento obra del escultor Moisés de Huerta. La estatua, sobria y vuelta hacia el mar que tanto contribuyó a sanar. Pasear hoy por el paseo marítimo de Gorliz es, así, un ejercicio doble: de ocio y de conocimiento. La playa invita al descanso; el monumento, a preguntarse cuántas historias de esfuerzo colectivo laten bajo cada rincón que damos por descontado.      

@agirregabiria

Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban

♬ Aurora Gust - Larry Pockets
@agirregabiria

Paseo por Gorliz (Bizkaia) con las gafas Meta Ray-Ban

♬ Drum Machine Heartbeat - Half Past Nine

Masa y poder: Canetti y la anatomía del siglo XX

En un apunte de 1959, poco antes de dar por terminado el libro que llevaba escribiendo desde 1938, Elías Canetti confesó algo insólito para un intelectual de su temple: «Ahora me digo que he conseguido agarrar a este siglo por el cuello». No hay en esa frase ni rastro de modestia académica. Hay, más bien, el alivio de quien lleva tres décadas peleando cuerpo a cuerpo con una pregunta que se le resistía: por qué los seres humanos, criaturas que se dicen individuales y racionales, se disuelven con tanta facilidad en la masa y se someten con tanto gusto al poder.

La pregunta no nació en un despacho, sino en la calle. Canetti tenía dieciséis años cuando presenció en Fráncfort las manifestaciones que siguieron al asesinato del político Walther Rathenau, y veintidós cuando, el 15 de julio de 1927, se dejó arrastrar por la multitud que incendió el Palacio de Justicia de Viena. De aquel día recordaría, décadas después, no la indignación ni la ideología, sino algo más inquietante: la sensación de haber dejado de ser él mismo para convertirse en una célula de un organismo mayor. Esa experiencia, y no ninguna lectura previa, es la semilla de Masa y poder (Masse und Macht, 1960), el ensayo Crowds and Power que le valdría el Nobel de Literatura en 1981.  

Una anatomía de la masa. Canetti no escribe como sociólogo ni como psicólogo clínico, y esa distancia explica en parte que el libro siga leyéndose. Prescinde deliberadamente de Gustave Le Bon y de Sigmund Freud —a quien pretende rebatir— y construye su propio vocabulario a partir de mitos, crónicas de viajeros, textos religiosos y observaciones de comportamiento animal. De ahí surgen sus categorías más memorables: la masa abierta, que crece sin límite mientras exista quien quiera sumarse, frente a la masa cerrada, que se protege fijando un límite; y las cuatro propiedades que toda masa comparte, quiéranlo o no sus miembros: el impulso a crecer, la exigencia de igualdad interna, el gusto por la densidad de los cuerpos y la necesidad de una meta común, por vaga que sea.

Hay una imagen que resume mejor que ninguna otra el diagnóstico de Elías Canetti: dentro de la masa, el miedo ancestral a ser tocado por un desconocido se invierte y se convierte en su contrario, en el placer de fundirse con los demás. Quien entra en una manifestación, en un estadio o en una procesión no busca escapar del contacto: lo busca activamente, porque allí, y solo allí, el contacto deja de amenazar. 

El poder como forma de supervivencia. La segunda mitad del libro, más árida y más incómoda, diseca al que manda. Elías Canetti analiza con detalle clínico las memorias del juez alemán Daniel Paul Schreber —el mismo caso que había fascinado a Freud— para sostener una tesis radical: el poderoso no es, en el fondo, tan distinto del paranoico. Ambos viven obsesionados por eliminar amenazas invisibles; ambos miden su triunfo por el número de muertos que dejan atrás. Para el poderoso, escribe Canetti, vencer y sobrevivir son una misma cosa, y de ahí que todo mando —el aguijón, en su terminología— deje una herida en quien lo obedece, una herida que solo se alivia transmitiéndola, a su vez, hacia abajo.

El libro de 1960 no ha envejecido en lo esencial, aunque sí hayan cambiado los escenarios. Las masas de Canetti se formaban en plazas y estadios; las de ahora se forman también, y quizá sobre todo, en pantallas, sin roce físico alguno pero con la misma sed de fusión y de meta compartida. Cabe preguntarse si el aguijón del mando circula hoy de forma distinta por las redes que por los ejércitos que Canetti tenía en mente, o si, despojado de cuerpo, sigue obedeciendo a la misma lógica de siempre.

¡Veinte millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

¡Veinte millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

20.000.000 visitas: Hoy, jueves 17 de septiembre de 2026, este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 14 días desde el millón anterior. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

19.000.000 visitas: Jueves 3 de septiembre de 2026, en pleno viaje de regreso hacia Getxo este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 22 días desde el millón anterior.

18.000.000 de visitas: Miércoles 12 de agosto de 2026. Anteriormente, de modo resumido. Ante la aceleración de las cifras, a partir de ahora solamente recogeremos las cifras muy redondas, múltiplos de 5 en millones: 20 millones, 25 millones,....

17.000.000 de visitas: Miércoles 21 de julio de 2026. El blog continúa porque vosotros lo hacéis posible. Seguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas. 

16.000.000 de visitas: Sábado 4 de julio de 2026. ¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak y EuskoFederpen (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. 

15 millones de visitas: Sábado 20 de junio de 2026. Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda. 

14 millones de visitas: Martes 19 de mayo de 2026. 13 millones de visitas: Domingo 1 de marzo de 2026. 12 millones de visitas: 12 de diciembre de 2025. 11 millones de visitas: 14 de octubre de 2025. 10 millones de visitas: 28 de julio de 2025. 9 millones de visitas: 13 de mayo de 2024. 8 millones de visitas: 8 de octubre de 2022. 7 millones de visitas: 30 de septiembre de 2021. 6 millones de visitas: 21 de febrero de 2020. 

No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente). El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años.

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque cada día se contabilizan setenta mil visitas más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

Ventanas de JoHari: Cartografía de la autoconciencia

"Conócete a ti mismo", ordenaba la máxima grabada en el templo de Delfos, como si el autoconocimiento fuera un destino alcanzable con suficiente introspección. Veinticinco siglos después, dos psicólogos estadounidenses, Joseph Luft y Harrington Ingham, decidieron poner a prueba esa promesa y, de paso, matizarla. Corría 1955 cuando, en un taller de dinámica de grupos heredero de la tradición de Kurt Lewin, presentaron un esquema sencillo que fundía sus nombres de pila —Jo y Harry— en una palabra que ha sobrevivido setenta años: JoHari.

La llamada ventana de Johari (post previo de 2010) no es tanto un test como un mapa. Cruza dos preguntas —qué sabemos de nosotros mismos y qué saben los demás— y obtiene cuatro regiones. El área libre o abierta reúne lo que uno conoce de sí y comparte con su entorno: gustos, opiniones, rasgos visibles. El área ciega, en cambio, guarda lo que los otros perciben sin que nosotros lo advirtamos —un tono de voz, un gesto repetido, una forma de interrumpir— y solo se ilumina cuando alguien se atreve a señalarlo. El área oculta contiene lo que sabemos pero preferimos no mostrar, por pudor, cálculo o simple cautela. Y el área desconocida, la más esquiva, permanece velada tanto para el sujeto como para quienes lo rodean, territorio de lo que un día puede aflorar en un sueño, un lapsus o una crisis.

Lo interesante del modelo no es la fotografía fija, sino su condición de proceso: las cuatro ventanas se desplazan según dos movimientos. La retroalimentación ajena reduce el área ciega, mientras que la autorrevelación —el gesto de contar algo que antes se callaba— reduce el área oculta. Ambos movimientos ensanchan el área libre, aunque a costa de cierta exposición, y de ahí que el esquema se haya convertido en herramienta habitual de formación de equipos, terapia grupal y educación.

Conviene no exagerar el rigor científico del esquema: es una heurística de conversación, no una taxonomía empírica, y así lo reconocieron sus propios autores. Pero su longevidad sugiere que capta algo cierto: el conocimiento de uno mismo nunca es un monólogo, sino una negociación permanente con la mirada de los demás. 

La Ventana de Johari no pretende ser un diagnóstico psicológico ni una clasificación científica exhaustiva de la personalidad. Es, sobre todo, una herramienta pedagógica para pensar sobre autoconocimiento, comunicación y relaciones humanas. Su utilidad quizá reside precisamente en su sencillez. Nos recuerda que nuestra imagen personal nunca depende exclusivamente de nuestra propia mirada. Somos también lo que los demás perciben de nosotros, aunque esa percepción pueda ser parcial o equivocada.

Preguntas de Fermi para estimar lo aparentemente imposible

Hoy repasamos las Preguntas de Fermi, para aprender a calcular sin conocer todos los datos. ¿Cuántos afinadores de piano trabajan en una gran ciudad? ¿Cuántos granos de arroz caben en un estadio? ¿Cuántas gotas de agua contiene una piscina olímpica? ¿Cuántos pelos tiene una persona? A primera vista, parecen preguntas destinadas al fracaso: carecemos de los datos necesarios para responderlas con precisión. Sin embargo, precisamente ahí reside su interés.

Las preguntas de Fermi son problemas que pueden resolverse mediante estimaciones razonables, descomponiendo una cuestión aparentemente imposible en varias preguntas más sencillas. Reciben su nombre de Enrico Fermi, uno de los grandes físicos del siglo XX, célebre tanto por sus contribuciones a la física nuclear como por su capacidad para realizar cálculos aproximados mentalmente. La cuestión no consiste en acertar una cifra exacta. Consiste en aprender a pensar cuando la información es incompleta.

Del problema imposible a una cadena de preguntas. Imaginemos la pregunta clásica: ¿cuántos afinadores de piano puede haber en una ciudad? No necesitamos conocer el número real. Podemos comenzar suponiendo que la ciudad tiene un millón de habitantes. Quizá uno de cada cien hogares posea un piano; serían 10.000 pianos. Si cada piano necesita una afinación aproximadamente una vez al año y un afinador puede realizar unas cuatro afinaciones al día durante 250 días laborales, cada profesional podría efectuar unas 1.000 al año. La división final —10.000 entre 1.000— proporciona una estimación de unos diez afinadores.

La cifra puede estar equivocada. Incluso puede estarlo por un factor de dos o tres. Pero el razonamiento es transparente: cualquiera puede revisar las hipótesis, modificarlas y comprobar cómo cambia el resultado. Ese procedimiento constituye una pequeña lección de metodología científica: suposición, modelo, cálculo, contraste y revisión.

La importancia del orden de magnitud. Las preguntas de Fermi enseñan una habilidad especialmente valiosa en física y en ingeniería: distinguir entre 10, 100 y 1.000 resulta mucho más importante que decidir entre 237 y 241. El concepto de orden de magnitud permite trabajar con potencias de diez y reconocer rápidamente si un resultado es plausible. Un cálculo aproximado puede revelar que una respuesta publicada es imposible, incluso sin disponer de todos los datos necesarios para reconstruirla. Esta competencia tiene además una dimensión crítica. En una sociedad saturada de cifras, porcentajes, gráficos y estadísticas, saber estimar ayuda a detectar afirmaciones absurdas, errores de escala y conclusiones exageradas. 

Una herramienta educativa extraordinariamente fértil. Las preguntas de Fermi poseen un particular valor pedagógico porque no tienen necesariamente una única vía de solución. Permiten combinar matemáticas, física, razonamiento lógico, conocimientos cotidianos e imaginación.

Un profesor puede plantear, por ejemplo: ¿cuánta energía consume una ciudad durante un día?, ¿cuántas palabras pronunciamos durante nuestra vida?, ¿cuántos autobuses serían necesarios para transportar a todos los habitantes de una localidad?, ¿cuánta lluvia cae sobre un campo durante una tormenta? El objetivo no debería ser penalizar una estimación imperfecta, sino analizar qué hipótesis se han utilizado y cuáles son más determinantes. Aquí aparece una enseñanza profunda: cuando desconocemos algo, no siempre debemos detenernos. Podemos construir un modelo provisional y mejorarlo progresivamente.

De Fermi a la inteligencia artificial. La actualidad concede a estas preguntas una nueva relevancia. Los buscadores y la inteligencia artificial pueden proporcionar rápidamente cifras concretas, pero disponer de un número no garantiza comprenderlo. Una pregunta de Fermi obliga a recorrer el camino inverso: primero razonar, después calcular y finalmente comprobar. Incluso cuando una máquina ofrece la respuesta, necesitamos criterio para evaluar si resulta coherente.

En realidad, la lección de Fermi trasciende la física. Investigar significa a menudo trabajar con incertidumbre, datos incompletos y modelos imperfectos. La ciencia no siempre comienza con una respuesta; muchas veces comienza con una buena pregunta. Las preguntas de Fermi nos recuerdan, por tanto, que pensar bien no significa saberlo todo. Significa saber qué podemos inferir de lo que conocemos, reconocer nuestras incertidumbres y convertir un problema enorme en una sucesión de problemas manejables. Y quizá esa sea una de las formas más sencillas —y más poderosas— de enseñar ciencia: pedir a alguien que estime lo que parece imposible y preguntarle, sobre todo, cómo ha llegado hasta allí.

A continuación 12 ejemplos muy variados, evitando el clásico de los afinadores de pianos de Chicago:

  1. 🚕 ¿Cuántos taxis circulan ahora mismo por Getxo?  Población → personas que usan taxi → viajes diarios → horas de actividad → taxis necesarios.
  2. ☕ ¿Cuántos cafés se beben cada día en Bilbao? Habitantes → porcentaje que toma café → cafés/persona/día → consumo fuera de casa.
  3. 🏟️ ¿Cuántas pelotas de fútbol cabrían en San Mamés? Volumen del estadio → volumen aproximado de una pelota → factor de empaquetamiento.
  4. ✈️ ¿Cuántos aviones están volando sobre Europa en este momento?Vuelos diarios → duración media → horas del día → distribución geográfica.
  5. 📱 ¿Cuántos teléfonos móviles hay encendidos ahora mismo en Francia? Población → móviles por persona → porcentaje encendido → dispositivos secundarios.
  6. 🌳 ¿Cuántos árboles hay en Bilbao? Superficie urbana → superficie arbolada → densidad media de árboles → parques y calles.
  7. 🍕  ¿Cuántas pizzas se venden en Navarra un sábado por la noche? Hogares → porcentaje que pide pizza → frecuencia → pizzas por pedido.
  8. 🚿 ¿Cuántos litros de agua se gastan en Alicante mientras alguien se ducha? Población → duchas/día → duración → litros/minuto.
  9. 🧑‍🏫 ¿Cuántos profesores hacen falta para enseñar a todos los niños de Europa? Población infantil → alumnos por profesor → horas lectivas → organización escolar.
  10. 📚 ¿Cuántos libros cabrían en una biblioteca de 1.000 m²? Superficie útil → estanterías → metros lineales → libros por metro.
  11. 🌧️ ¿Cuántos litros de agua caen sobre Bilbao durante una tormenta? Superficie afectada × precipitación acumulada. Una excelente ocasión para convertir milímetros de lluvia en litros.
  12. 💶 ¿Cuántas monedas de un euro harían falta para llenar una bañera? Volumen de la bañera → volumen de una moneda → huecos entre monedas → número total.

Una especialmente buena para educación: ¿Cuántas veces se abre una puerta en Bilbao en un día? Parece absurda, pero obliga a formular hipótesis: número de habitantes, hogares, oficinas, comercios, colegios, entradas y salidas, puertas por edificio, aperturas por persona… Y ahí está precisamente la gracia de Fermi: la calidad de la respuesta depende menos de acertar el número que de construir un razonamiento defendible.

Educar en preguntas de Fermi es, en última instancia, educar en una forma de coraje intelectual: la de atreverse a responder algo razonable cuando lo cómodo sería callar por falta de certeza absoluta. Post relacionado: Paradoja de Fermi.

Elizabeth Davidson - Blythe & Daniel Quayle

Concluimos nuestra crónica de Getxo Folk 2026 con otros dos eventos.  Elizabeth Davidson-Blythe & Daniel Quayle forman un dúo de referencia en la interpretación y difusión de la Isla de Man, que combinan con sonidos de synth pop y eurofolk. Con una sólida trayectoria internacional, ambos artistas destacan por su extraordinaria calidad interpretativa y por una propuesta que combina el respeto por la tradición con una sensibilidad contemporánea. 

Sus conciertos son un viaje por las melodías, canciones y danzas del patrimonio celta, interpretadas con autenticidad, elegancia y una profunda conexión con sus raíces. Sobre el escenario, la complicidad entre ambos da lugar a una experiencia musical cercana y cautivadora. La calidez de sus voces, el virtuosismo instrumental y la riqueza de sus arreglos crean un repertorio lleno de matices que acerca al público la esencia de la música tradicional de Escocia, Inglaterra y la Isla de Man. Cada actuación se convierte en un encuentro íntimo y emocionante, donde la tradición cobra nueva vida a través de la interpretación de dos de sus más destacados embajadores. 

En el anfiteatro, sobre todo los más pequeños han disfrutado de Sonarium. Se trata de una instalación de experimentación sensorial que invita al público a descubrir el sonido desde una perspectiva lúdica, inmersiva y participativa. Concebida como un espacio de exploración, la propuesta transforma la escucha en una experiencia activa, donde la curiosidad y la interacción son las protagonistas. A través de diferentes dispositivos sonoros y elementos interactivos, Sonarium anima a experimentar con las vibraciones, los ritmos y las resonancias, despertando los sentidos y fomentando la creatividad. Dirigida a públicos de todas las edades, la instalación convierte cada recorrido en una oportunidad para jugar, aprender y redescubrir el sonido como una herramienta de expresión, comunicación y asombro.
Sonarium es una instalación de experimentación sensorial que invita al público a descubrir el sonido desde una perspectiva lúdica, inmersiva y participativa. Concebida como un espacio de exploración, la propuesta transforma la escucha en una experiencia a

La Jose en Getxo Folk

El cierre del 42.º Festival Internacional de Folk de Getxo, celebrado este domingo 13 de septiembre en la Plaza Estación de Las Arenas, ha correspondido a una de las voces más personales del panorama flamenco actual: La Jose. A las 18:30, tras el desfile de la fanfarria Kutxus Areatxu y como preludio del emotivo homenaje a Xalbador con el que el certamen bajaba el telón, la cantante granadina ofreció un concierto gratuito que sintetiza, quizá mejor que ningún otro de esta edición, la vocación de frontera que define al festival vizcaíno desde hace más de cuatro décadas.

Nacida en Granada, La Jose —cantaora, compositora, bailarina autodidacta y letrista— construye su identidad artística desde una herencia doblemente mestiza: hija de una madre paya aficionada al baile y de un padre gitano entregado al cante más puro, ha hecho de ese cruce el eje de una voz versátil, capaz de transitar sin estridencias entre el flamenco, la copla y el folclore ibérico. Su carrera, iniciada en los tablaos granadinos antes de proyectarse por Madrid y por escenarios de media Europa —Gran Bretaña, Portugal, Francia, Italia, Bosnia, Macedonia, Alemania— y de países tan alejados como Colombia o Cuba, fue decantándose hacia un lenguaje propio a partir de un primer disco, Espiral, en el que ya apuntaba la madurez interpretativa que hoy la distingue.

Lo más singular de su propuesta, sin embargo, no reside solo en la mezcla de géneros peninsulares, sino en su disposición a cruzar fronteras culturales más amplias. Proyectos como Leilunar, en los que la guitarra flamenca convive con el oud, la flauta egipcia o la darbuka, sitúan a La Jose en un territorio donde la cultura gitana andaluza dialoga con la árabe y la magrebí, bajo la convicción, explícita en su discurso escénico, de que la música carece de fronteras y de que son los puntos de encuentro, y no las fronteras, los que finalmente pesan en la balanza. A ese compromiso intercultural se suma una conciencia feminista declarada, que atraviesa tanto sus letras como su manera de ocupar el escenario: una puesta en escena intensa y narrativa que reivindica una autoría femenina dentro de una tradición, la del cante flamenco, codificada históricamente en clave masculina.

Conviene situar esta actuación en el marco más amplio de una edición del Getxo Folk que ha vuelto a demostrar que el folk, lejos de ser un género fósil, funciona como espacio de tránsito entre lo propio y lo ajeno. Junto a La Jose, esta 42.ª edición ha reunido en Muxikebarri, en Las Arenas y en el entorno de la playa de Ereaga a figuras como la fadista portuguesa Dulce Pontes, la histórica banda bretona Gwendal o el conjunto irlandés Flook, además de proyectos que, como la colaboración entre Xabi Aburruzaga, Xabier Díaz y Adufeiras de Salitre, tienden puentes entre Euskadi y Galicia. Es la misma lógica que, aplicada al caso de La Jose, permite entender el flamenco no como un patrimonio cerrado sino como una tradición viva que, igual que el bertsolarismo homenajeado en la clausura, se piensa a sí misma en relación con su circunstancia, por retomar la conocida fórmula orteguiana: cada intérprete es, también, el resultado de las culturas que lo atraviesan y lo constituyen.

Con actuaciones como la de este domingo, el Getxo Folk reafirma su condición de escaparate de músicas de raíz leídas desde una sensibilidad contemporánea y comprometida, y confirma, edición tras edición, que la mejor manera de honrar una tradición no consiste en preservarla intacta, sino en dejarla respirar y transformarse en contacto con otras.

@agirregabiria

La Jose en Getxo Folk

♬ sonido original - Mikel Agirregabiria

Marsa Scouts Pipe Band de Malta en Getxo Folk

Lista de reproducción con varios vídeos.

Otro exponente de la tradición sonora, Marsa Scouts Pipe Band en el festival Getxo Folk. La música de tradición oral y las formaciones populares constituyen un archivo vivo de la memoria colectiva, capaz de reconfigurar identidades locales mediante la incorporación de influencias transnacionales. La participación de la Marsa Scouts Pipe Band de Malta en el certamen Getxo Folk ofrece un marco de análisis idóneo para examinar la intersección entre patrimonio sonoro, herencia colonial y pedagogía juvenil. La presencia de una banda de gaitas de corte escocés procedente del centro del Mediterráneo en un festival de referencia atlántica trasciende la mera curiosidad organológica; plantea interrogantes pertinentes sobre la circulación de los géneros musicales y la función integradora de las asociaciones juveniles en la Europa contemporánea.


El fenómeno de las pipe bands en el archipiélago maltés hunde sus raíces en el periodo de dominación británica (1800-1964). Durante más de un siglo y medio, la presencia militar del Imperio británico introdujo la gaita escocesa (Great Highland Bagpipe) y la percusión marcial en el paisaje acústico local. Lejos de extinguirse tras el proceso de descolonización, estas prácticas fueron apropiadas por la sociedad civil y, de manera muy destacada, por el movimiento Scout. La Marsa Scouts Pipe Band encarna este proceso de aculturación y resignificación simbólica: lo que en su origen funcionó como un dispositivo de representación imperial se transformó, con el transcurso de las décadas, en una expresión de identidad comunitaria, disciplina asociativa y orgullo local.


Desde una perspectiva pedagógica, el modelo formativo de una banda scout sobrepasa la instrucción estrictamente musical. La enseñanza que reciben los jóvenes instrumentistas en Marsa combina la alfabetización musical con el aprendizaje entre iguales (peer education), el sentido de responsabilidad cívica y el trabajo cooperativo. La banda actúa como un vector de educación no formal donde la exigencia técnica de la ejecución de la gaita y el redoblante convive con la transmisión de valores sociales. Al actuar en escenarios internacionales como Getxo, los integrantes de la formación no sólo exhiben un repertorio de notable precisión, sino que ejercen como embajadores de un proyecto educativo que utiliza el folklore adoptado como herramienta de cohesión y desarrollo humano.


El marco festivo de Getxo Folk opera, asimismo, como un espacio de encuentro dialógico. En el contexto cultural del País Vasco, caracterizado por un profundo arraigo de la instrumentación autóctona y una constante reflexión sobre el patrimonio propio, la audición de gaitas de tradición escocesa interpretadas por músicos malteses genera un contraste acústico estimulante. La programación de esta agrupación por parte de la organización del festival subraya una visión de la música tradicional despojada de purismos estáticos. El folklore se revela aquí como una entidad viva, maleable y en constante negociación con los flujos históricos globales.


El paso de la Marsa Scouts Pipe Band por Getxo invita a considerar cómo la geografía cultural no siempre coincide con los límites cartográficos. La música tradicional no depende únicamente del origen ancestral de un instrumento, sino del significado social con el que una comunidad dota a su práctica sonora diaria. En esa convergencia entre el rigor del escultismo, la memoria histórica maltesa y la apertura del público vasco, se ofrece una valiosa lección sobre el poder de la música como lenguaje educativo transcultural.


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@agirregabiria

Marsa Scouts Pipe Band de Malta, en Getxo Folk 2026

♬ sonido original - Mikel Agirregabiria