Churchill señaló: “De nada vale decir ‘Estamos haciendo todo lo posible’; hay que triunfar haciendo todo lo necesario”.
Dicen que la Política es el arte de intentar llegar al poder, mientras que Gobernar es el arte de resolver los problemas de una nación. Ambos verbos, gobernar y hacer política, suelen coincidir, pero no siempre. Todos sabemos la distancia que media entre las promesas electorales y los resultados de una gestión de gobierno. ¿Por qué existe tal abismo entre lo prometido por los partidos políticos y cómo actúan cuando toman el poder? ¿Cómo podremos saber si van a preocuparse realmente de nuestros intereses?
El primer paso serí desechar y desaprobar toda exageración política de los resultados esperables. De nada vale alimentar nuestras esperanzas mediante promesas irrealizables, para que luego se desvanezcan y ahondar así nuestra frustración. Está de sobra el exagerado optimismo de algunos políticos que, pensando que somos incautos, nos prometen “pleno empleo”, “viviendas para todos”, “erradicar la pobreza”, “eliminar la violencia” o “descontaminar el medio ambiente”. Además, frecuentemente desde la oposición y a la espera de alcanzar el poder, hablan solemnemente de mantener nuestro bienestar económico, llevar a la práctica nuevos programas sociales y, además, con presupuestos equilibrados, sin déficit ni aumento de la presión fiscal.
La ciudadanía en ocasiones se siente fascinada por cantos de sirena, lo que anima a alguna clase política a seguir entonando himnos triunfales. Todo cambiaría si fuésemos más los que respondiéramos a esta música celestial con bostezos y diciendo: “Muy bien, pero dennos plazos para la realización por fases de todo ello”. A los políticos de las promesas, debería juzgárseles por los resultados alcanzados y el grado de cumplimiento de objetivos concretados.
Un ardid habitual recurre a las palabras en lugar de los hechos. Los políticos han aprendido el arte del “pseudo-acto”, la promesa en formato de leyes. Aprueban leyes para satisfacer la opinión pública, pero después se incumplen de forma interminable. Los programas se formulan, para luego aprobarlos sin financiación adecuada, sin competencia legislativa o, incluso, con soterrado ánimo de incumplimiento parcial. Por tanto, debemos aprender a fijarnos en los resultados de resolución de los problemas sociales existentes.
Rechacemos la maraña de promesas electorales que no venga acompañada de plazos temporales y de la palabra del político de responder con el abandono de su cargo en caso de incumplimiento en el tiempo previsto. Ello aseguraría que resultase menos tentadora la técnica de la promisión a los aspirantes a cargos públicos. Los ciudadanos podríamos diferenciar cada vez mejor a los partidos según lo que realmente consiguen en la administración pública. No es que los partidos políticos sean mentirosos, sino que sólo enfrentándose con la fuerte presión de un electorado vigilante estudian, elaboran, verifican y replantean continuamente los programas dirigidos a solucionar nuestras necesidades más profunda mediante proyectos factibles con los recursos disponibles.
Mejor que acudir a los actos electorales de campaña de promesas, cursemos una visita a un centro público de educación y a un hospital público. ¿Sería mejor la educación con otros gobernantes? ¿La sanidad mejora la atención y recorta los plazos de espera? Facta, non verba (Hechos, no palabras). Racionalicemos nuestro aplauso -y nuestro voto- con esmero. Los mejores partidos son los que representan algo más que una simple maquinaria electoral; son aquellos que presentan soluciones verosímiles y practicables para solventar gradualmente los desequilibrios y las injusticias sociales.
Fomentemos la máxima participación de la ciudadanía en los asuntos públicos, y en la vida interna de los partidos para quienes deseen una intervención directa, aunque sea modesta. Para el bienestar de un Pueblo es mucho más eficaz la fiscalización ciudadana que la crítica indiscriminada contra todo lo político. No es complicado ejercer esa labor de inspección. La calidad de un partido o un gobierno se tasa por su preocupación en temas escolares u hospitalarios, o por su búsqueda de la paz como cuestión final del examen político; la medida de una Nación o de una Sociedad se evalúa estimando cómo cuida y protege a los más desvalidos. Así de fácil.
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Promesas electorales... en educación
Algunos empezábamos a preocuparnos porque en el debate político de las elecciones generales, donde se esgrimen todo tipo de promesas electoralistas, apenas aparecía nada respecto a la educación. Para cualquier partido con perspectiva de futuro, a medio o largo plazo, debiera ser cuestión esencial. Pero el rifirrafe parecía seguir otras sendas mas inmediatas, como meras propinas fiscales, tan llamativas como efímeras.
Al final, aparecen los dos principales candidatos con el tema (puntual, pero significativo) del inglés escolar. Abajo pueden verse sus compromisos. En la noticia se cita a Zapatero, quien asegura que "en diez años todos los jóvenes usarán ordinariamente el inglés". No sabemos en cuál de las dos acepciones del diccionario: ¿Regularmente, groseramente, o en ambos sentidos a la vez? En todo caso, recogemos sus ofertas a fecha de hoy, y ellos verán cuán rápidamente pasa esa década para la que quedan emplazados. Bienvenido sea el tema de la enseñanza... Ojalá se eleven los objetivos educativos, en calidad y en cantidad, y se acorten los plazos para su consecución.
[Más sobre promesas electorales en este blog] Etiquetado en Technorati: elecciones generales 2008.
Promesas electorales
Nunca existió primavera sin flores, ni elección sin promesas. Cierto que las promesas no duran ni siquiera una estación, pero alegran el paisaje de campaña. Y resuenan por doquier... Unas son ofertas educativas (más de todo para todos) de unos y otros (Vía el Blog Educadores21 de Víctor J. Cuevas), otras son tecnológicas (correo electrónico para tod@as, wifi gratis,..), y así suma y sigue.
Aún con todo, lo peor es el brote incontrolado de blogs,... de tan efímera duración como los quince días de jaleo electoral. Sólo algunos, quizá unos pocos, sobrevivan al fracaso... o al éxito.
Mas los viejos blogueros seguirán escribiendo, legislatura tras legislatura. Mejor aún, ¿por qué no resucitar los viejos posts de hace cuatro años? En definitiva, ¿qué ha cambiado?
En Madrid reina el PSOE, en lugar del PP, pero la crispación continúa. ETA sigue,... menos,... pero sigue. Batasuna, está... y no está... Y la gente sí que está... cabreada, de la vivienda a precios estratosféricos, de los sueldos mileuristas, y de los escándalos políticos. ¿Vale la pena escribir algo nuevo? Quizá lo intentemos, si advertimos alguna brizna de novedad democrática...
Aún con todo, lo peor es el brote incontrolado de blogs,... de tan efímera duración como los quince días de jaleo electoral. Sólo algunos, quizá unos pocos, sobrevivan al fracaso... o al éxito.
Mas los viejos blogueros seguirán escribiendo, legislatura tras legislatura. Mejor aún, ¿por qué no resucitar los viejos posts de hace cuatro años? En definitiva, ¿qué ha cambiado?
En Madrid reina el PSOE, en lugar del PP, pero la crispación continúa. ETA sigue,... menos,... pero sigue. Batasuna, está... y no está... Y la gente sí que está... cabreada, de la vivienda a precios estratosféricos, de los sueldos mileuristas, y de los escándalos políticos. ¿Vale la pena escribir algo nuevo? Quizá lo intentemos, si advertimos alguna brizna de novedad democrática...
La política cotidiana
La secuencia consecutiva e inexorable de elecciones europeas, generales, autonómicas y municipales (y forales), sin contar las elecciones internas entre corrientes del mismo partido, no favorece el remanso cíclico de la presión mediática (más que la popular) ejercida sobre la clase política.
Los partidos políticos son organismos vivos cuya primera función es auto-perpetuarse, lo cual pasa por ganar o mejorar en todas las convocatorias electorales. Esto es perfectamente comprensible y humano, pero no hasta el punto de perder de vista sus otras misiones, como está sucediendo en la actualidad en nuestro panorama sociopolítico.
La democracia partidista es la fórmula menos imperfecta que la humanidad ha descubierto para administrar la cosa pública. A los partidos podemos y debemos exigirles que se apresten a solucionar problemas, consultado periódicamente a la ciudadanía, procurando la máxima participación social y dejando para el último trimestre de cada cuatrienio sus campañas preelectorales.
No es de recibo que el mismo día que se dilucida un reparto partidista, tras unas elecciones internas o externas, comience sin solución de continuidad la siguiente campaña electoral. Los votantes valoraríamos mejor a los dirigentes que declarasen que han escuchado a las urnas y que se van a dedicar en cuerpo y alma a cumplir sus promesas electorales, aunque las medidas aplicadas no sean plenamente populistas. Porque la mejor forma de mejorar las expectativas electorales es, simple y llanamente, materializar el programa apoyado mayoritariamente.
En el Estado español, el primer partido… de la oposición ha elevado a la categoría de paradigma la mala práctica de no resignarse a perder las elecciones (por mucho tiempo, esperamos la mayoría). La persecución absurda y disparatada del gobierno, por medios inaceptables como la intromisión judicial (intrumentalización del tribunal constitucional contra el Estatut), ni es coherente con la legítima y necesaria labor de oposición (que ganaría credibilidad con la mesura), ni resulta inteligible para la ciudadanía que no comulgue con ruedas de molino propias de la derecha más extrema (mito del 11-M, la negación del diálogo,…). Sería muy conveniente que el PP recobrase aquel remoto espíritu centrista que proclamó en otro tiempo, aunque sigue pendiente de conseguirse.
Una sociedad moderna debe repudiar estos comportamientos que nacen de la rabieta, de la prepotencia y del nulo espíritu propio de una democracia sana del siglo XXI. La separación estricta de los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial e incluso mediático) debe asegurarse para evitar la sospecha generalizada de una realidad fáctica, basada en tenebrosos intereses económicos, que proviene desde las cavernas más regresivas y recalcitrantes de la nunca enterrada ‘leyenda negra’. Intereses que ocultan, con fuegos artificiales extraños, la brecha en el reparto del bienestar y el empobrecimiento de las clases bajas y medias con inauditos incrementos del IPC en los alimentos básicos (seis veces más que la inflación media) o hipotecas por medio siglo.
Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/politicacotidiana.DOC
Los partidos políticos son organismos vivos cuya primera función es auto-perpetuarse, lo cual pasa por ganar o mejorar en todas las convocatorias electorales. Esto es perfectamente comprensible y humano, pero no hasta el punto de perder de vista sus otras misiones, como está sucediendo en la actualidad en nuestro panorama sociopolítico.
La democracia partidista es la fórmula menos imperfecta que la humanidad ha descubierto para administrar la cosa pública. A los partidos podemos y debemos exigirles que se apresten a solucionar problemas, consultado periódicamente a la ciudadanía, procurando la máxima participación social y dejando para el último trimestre de cada cuatrienio sus campañas preelectorales.
No es de recibo que el mismo día que se dilucida un reparto partidista, tras unas elecciones internas o externas, comience sin solución de continuidad la siguiente campaña electoral. Los votantes valoraríamos mejor a los dirigentes que declarasen que han escuchado a las urnas y que se van a dedicar en cuerpo y alma a cumplir sus promesas electorales, aunque las medidas aplicadas no sean plenamente populistas. Porque la mejor forma de mejorar las expectativas electorales es, simple y llanamente, materializar el programa apoyado mayoritariamente.
En el Estado español, el primer partido… de la oposición ha elevado a la categoría de paradigma la mala práctica de no resignarse a perder las elecciones (por mucho tiempo, esperamos la mayoría). La persecución absurda y disparatada del gobierno, por medios inaceptables como la intromisión judicial (intrumentalización del tribunal constitucional contra el Estatut), ni es coherente con la legítima y necesaria labor de oposición (que ganaría credibilidad con la mesura), ni resulta inteligible para la ciudadanía que no comulgue con ruedas de molino propias de la derecha más extrema (mito del 11-M, la negación del diálogo,…). Sería muy conveniente que el PP recobrase aquel remoto espíritu centrista que proclamó en otro tiempo, aunque sigue pendiente de conseguirse.
Una sociedad moderna debe repudiar estos comportamientos que nacen de la rabieta, de la prepotencia y del nulo espíritu propio de una democracia sana del siglo XXI. La separación estricta de los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial e incluso mediático) debe asegurarse para evitar la sospecha generalizada de una realidad fáctica, basada en tenebrosos intereses económicos, que proviene desde las cavernas más regresivas y recalcitrantes de la nunca enterrada ‘leyenda negra’. Intereses que ocultan, con fuegos artificiales extraños, la brecha en el reparto del bienestar y el empobrecimiento de las clases bajas y medias con inauditos incrementos del IPC en los alimentos básicos (seis veces más que la inflación media) o hipotecas por medio siglo.
Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/politicacotidiana.DOC
Predicción electoral #25S Euskadi 2016
- Ganará EAJ-PNV en votos y en parlamentarios (incluso con nuestro "peculiar" 25 Bizkaia-25 Gipuzkoa-25 Araba). Completamente seguro.
- El próximo Lehendakari será Iñigo Urkullu. Seguro.
- El orden de los partidos más votados será: 1º EAJ-PNV, 2º EH-Bildu, 3º Elkarrekin Podemos, 4º PSE y 5º PP. Casi completamente seguro.
- Igualará en escaños EAJ-PNV los 27 actuales, o quizá incluso los superará. Muy posible.
- EAJ-PNV más PSE sumarán entre 35-38 parlamentarios, al borde de la mayoría absoluta.
- En los tres Territorios Históricos EAJ-PNV será indiscutible ganador. Casi seguro.
- Como predijimos en 2012 y al igual que los candidatos Antonio Basagoiti y Laura Mintegi desaparecieron de la política (incluso sus webs son historia), Pili Zabala, y algunas de las periodistas-fichadas por EH-Bildu, no acabarán la XI Legislatura vasca con su respectivo grupo en el Parlamento Vasco. Muy posible.
- C's no obtendrá representación en el Parlamento Vasco. Probable.
- La abstención subirá entre un 2 ó 5% el #25S en Euskadi. Probable.
- A finales de año 2016 el nuevo Gobierno vasco será monocolor y de EAJ-PNV, con apoyo de legislatura con PSE (o sin él). Probable.
- Plus gallego: El PP barrerá en Galicia con mayoría absoluta, y el "sorpasso" de Podemos al PSOE (innegable en Euskadi) se extenderá por Finisterre. Muy probable.
Nuestra quiniela: EAJ-PNV, 27-29; EH-Bildu, 17-15; Elkarrekin Podemos, 16-15; PSE, 10-8; PP, 8-7 (uno de los cuales podría ser de C's). Las imágenes son externas y sólo ilustran el post.
¿Qué opináis? Escribidlo en los comentarios, aunque quedan pocas horas,...
Escrito y publicado a las 8:00 del sábado 24-09-16.
Escrito y publicado a las 8:00 del sábado 24-09-16.
Voto infantil
Nos queda el último paso, tras haber conseguido el sufragio femenino: el voto universal para la infancia desde el instante de su nacimiento. Tres razones para avalar esta inaudita propuesta.
Primero, un prosaico motivo económico coyuntural del mundo contemporáneo: El debate político norteamericano ha demostrado cómo se compromete el futuro de los niños con el belicismo de la administración Bush. El periódico New York Times publicó el pasado 14 de setiembre un documentado artículo que prueba cómo la guerra de Irak devora un superávit sin precedentes para convertirlo en un déficit histórico: Los 166.000 millones de dólares consumidos en Afganistán y en Irak, más el coste adicional de ocupación a razón de otros 87.000 millones de dólares al año, serán pagados por varias generaciones de estadounidenses. Cuando dieron la noticia, muchos de quienes tendrán que pagar ese precio no pudieron verlo en el noticiario de noche porque sus padres ya los habían acostado, o porque no habían nacido aún. Recientemente el anuncio ganador de la organización MoveOn.org, titulado Juego de niños muestra imágenes de críos fregando platos en una hamburguesería o recogiendo basura, con un lema final: "Imagine quién va a pagar el billón (trillion en inglés) de déficit del presidente Bush".
Segundo, un ilustrativo argumento comparativo: El derecho al voto no se pierde por la edad, ni siquiera por la incapacidad. En circunstancias extremas, cuando el titular no dispone de plenas facultades de discernimiento, el derecho queda delegado en poder de sus descendientes o allegados, que en su nombre y en defensa de sus intereses eligen en representación del votante. A nadie le escandaliza que ese niño por segunda vez que es un anciano, ejerza su derecho al voto según la opción que elija su hijo o su nieta, dado que suponemos que velarán por sus predilecciones electorales.
Tercero, por un fundamento básico de defensa de la familia y de congruencia con los derechos de todo ser humano. El artículo duodécimo de la Convención de los Derechos del Niño establece que “los Estados garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que le afectan, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”, y que “con tal fin, se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial o administrativo que le afecte, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas legales”.
El derecho de los más pequeños se ejercería a través de sus padres o tutores, que asumen una cuota de responsabilidad y de futuro superior a otros adultos sin descendencia. Tan pronto como sea posible, el voto sería depositado directamente por el titular. Seguro que el resultado electoral ganaría en inteligencia y en bondad, al igual que aconteció con el voto de las mujeres. Antiguos proverbios lo garantizan: La verdad sale de la boca de los niños; en una casa llena de niños, el diablo no entra; de niños todos hermanos, de mayores todos enemigos. Alejandro Dumas, hijo, se atrevió a preguntarse ¿cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? (preferimos obviar la respuesta que él se daba), y Cocteau saludaba a los niños parisinos con un doliente “¡Hola, muertecitos de la próxima guerra!”.
Todos los niños son capaces de expresar sus puntos de vista. No hay ningún límite de edad para ejercer el derecho a participar. Quienes creemos, como dice el Talmud, que “el mundo solamente se mantiene por el aliento de los niños”, apostamos por el voto infantil, representado por sus padres en la primera etapa, porque no olvidemos que el valor de la familia no reside en que los adultos hagan niños, sino en que los niños se hagan adultos. Donde no hay niños no es posible el cielo, y además los niños tienen una memoria sin igual para las promesas. Los niños son lo primero, la solución y el futuro. Recuerden, para elecciones y naufragios: Las mujeres y los niños primero.
Primero, un prosaico motivo económico coyuntural del mundo contemporáneo: El debate político norteamericano ha demostrado cómo se compromete el futuro de los niños con el belicismo de la administración Bush. El periódico New York Times publicó el pasado 14 de setiembre un documentado artículo que prueba cómo la guerra de Irak devora un superávit sin precedentes para convertirlo en un déficit histórico: Los 166.000 millones de dólares consumidos en Afganistán y en Irak, más el coste adicional de ocupación a razón de otros 87.000 millones de dólares al año, serán pagados por varias generaciones de estadounidenses. Cuando dieron la noticia, muchos de quienes tendrán que pagar ese precio no pudieron verlo en el noticiario de noche porque sus padres ya los habían acostado, o porque no habían nacido aún. Recientemente el anuncio ganador de la organización MoveOn.org, titulado Juego de niños muestra imágenes de críos fregando platos en una hamburguesería o recogiendo basura, con un lema final: "Imagine quién va a pagar el billón (trillion en inglés) de déficit del presidente Bush".
Segundo, un ilustrativo argumento comparativo: El derecho al voto no se pierde por la edad, ni siquiera por la incapacidad. En circunstancias extremas, cuando el titular no dispone de plenas facultades de discernimiento, el derecho queda delegado en poder de sus descendientes o allegados, que en su nombre y en defensa de sus intereses eligen en representación del votante. A nadie le escandaliza que ese niño por segunda vez que es un anciano, ejerza su derecho al voto según la opción que elija su hijo o su nieta, dado que suponemos que velarán por sus predilecciones electorales.
Tercero, por un fundamento básico de defensa de la familia y de congruencia con los derechos de todo ser humano. El artículo duodécimo de la Convención de los Derechos del Niño establece que “los Estados garantizarán al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que le afectan, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”, y que “con tal fin, se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado, en todo procedimiento judicial o administrativo que le afecte, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas legales”.
El derecho de los más pequeños se ejercería a través de sus padres o tutores, que asumen una cuota de responsabilidad y de futuro superior a otros adultos sin descendencia. Tan pronto como sea posible, el voto sería depositado directamente por el titular. Seguro que el resultado electoral ganaría en inteligencia y en bondad, al igual que aconteció con el voto de las mujeres. Antiguos proverbios lo garantizan: La verdad sale de la boca de los niños; en una casa llena de niños, el diablo no entra; de niños todos hermanos, de mayores todos enemigos. Alejandro Dumas, hijo, se atrevió a preguntarse ¿cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? (preferimos obviar la respuesta que él se daba), y Cocteau saludaba a los niños parisinos con un doliente “¡Hola, muertecitos de la próxima guerra!”.
Todos los niños son capaces de expresar sus puntos de vista. No hay ningún límite de edad para ejercer el derecho a participar. Quienes creemos, como dice el Talmud, que “el mundo solamente se mantiene por el aliento de los niños”, apostamos por el voto infantil, representado por sus padres en la primera etapa, porque no olvidemos que el valor de la familia no reside en que los adultos hagan niños, sino en que los niños se hagan adultos. Donde no hay niños no es posible el cielo, y además los niños tienen una memoria sin igual para las promesas. Los niños son lo primero, la solución y el futuro. Recuerden, para elecciones y naufragios: Las mujeres y los niños primero.
¿Dejarías que estéis niños elijan al presidente o a la presidenta? Una fórmula para combatir la desafección política y reducir la brecha generacional. pic.twitter.com/qJvYnkGvK6
— Juan Bueno Jiménez (@jbjimenez) November 21, 2021
Cheques electorales
Hasta la Biblia recurre a la parábola de los talentos para enseñarnos cómo hemos de invertir nuestras capacidades.
Conviene distinguir bien entre el tener y el ser. “Aprender a vivir” es más importante que “intentar acaparar”, pero las metáforas con propiedades y posesiones resultan eficaces por la simplicidad de su argumento basado en un instinto primario, el dinero, que en opinión popular obra como la lámpara de Aladino.
Sabemos que todos los seres humanos nacemos y morimos iguales, pero durante nuestra existencia las diferencias materiales entre las personas son desproporcionadas. Casi dos tercios de la humanidad sobreviven con menos de dos euros diarios. Mientras con todos nuestros medios combatimos tamaña injusticia socio-económica, cabe algún consuelo observando otros tesoros infinitamente mejor distribuidos.
Cada amanecer nos reparte a todos un día con 24 horas. Este cheque de tiempo es perfectamente equitativo: 1.440 minutos para cada persona, pobre o rica. La vida se desarrolla en ecuánimes jornadas de 86.400 segundos, donde nadie puede comprar o vender el tiempo. Igualmente, al nacer, otros patrimonios también están irreprochablemente otorgados: Un corazón para amar por persona, una mente para soñar a cada uno, dos manos para ayudar, dos ojos para mirar otras pupilas, dos pies para caminar,…
Así mismo, la democracia, allí donde existe, nos obsequia con un idéntico cheque personal para sumar nuestra concepción de la sociedad con otros conciudadanos nuestros: Un voto por persona adulta. Todos merecemos una papeleta y nadie dispone de más de un voto. Quizá nos parezca poco un único voto, cuando hay tantos como habitantes, pero es toda la parte alícuota el “poder público” que nos corresponde. Y hemos de invertir bien nuestro patrimonio en forma de papeleta electoral.
Son fácilmente entendibles las distintas opciones de la pluralidad política que coexisten para depositar el voto, en función de lo que cada elector considera más justo, más oportuno, más urgente, más eficaz o más útil. Lo que resulta incomprensible y reprochable es la indolencia de ignorar esa oportunidad única de apostar y comprometernos con nuestros convecinos, con nuestra sociedad y con nuestro tiempo.
La abstención es una lacra social que todos deberíamos desestimar. Dejar nuestro voto en casa denota una falta de fe en el futuro, una carencia de esperanza y una deserción en la búsqueda del bien común, negando nuestra decisiva contribución, tenue pero tan valiosa como la del más sabio.
El próximo domingo 17-A extendamos nuestro privativo talón-voto en forma de papeleta electoral. No dejemos que caduque improductivo a las ocho de la tarde, sin haber entregado nuestro granito de arena a aquel partido o coalición que mejor sabe gobernarnos, al que firma menos “cheques sin fondos” con promesas imposibles, al que haya entregado menos “cheques en blanco” de servidumbre a otras formaciones diferentes de la que consideremos que es la que conviene a nuestro Pueblo.
Conviene distinguir bien entre el tener y el ser. “Aprender a vivir” es más importante que “intentar acaparar”, pero las metáforas con propiedades y posesiones resultan eficaces por la simplicidad de su argumento basado en un instinto primario, el dinero, que en opinión popular obra como la lámpara de Aladino.
Sabemos que todos los seres humanos nacemos y morimos iguales, pero durante nuestra existencia las diferencias materiales entre las personas son desproporcionadas. Casi dos tercios de la humanidad sobreviven con menos de dos euros diarios. Mientras con todos nuestros medios combatimos tamaña injusticia socio-económica, cabe algún consuelo observando otros tesoros infinitamente mejor distribuidos.
Cada amanecer nos reparte a todos un día con 24 horas. Este cheque de tiempo es perfectamente equitativo: 1.440 minutos para cada persona, pobre o rica. La vida se desarrolla en ecuánimes jornadas de 86.400 segundos, donde nadie puede comprar o vender el tiempo. Igualmente, al nacer, otros patrimonios también están irreprochablemente otorgados: Un corazón para amar por persona, una mente para soñar a cada uno, dos manos para ayudar, dos ojos para mirar otras pupilas, dos pies para caminar,…
Así mismo, la democracia, allí donde existe, nos obsequia con un idéntico cheque personal para sumar nuestra concepción de la sociedad con otros conciudadanos nuestros: Un voto por persona adulta. Todos merecemos una papeleta y nadie dispone de más de un voto. Quizá nos parezca poco un único voto, cuando hay tantos como habitantes, pero es toda la parte alícuota el “poder público” que nos corresponde. Y hemos de invertir bien nuestro patrimonio en forma de papeleta electoral.
Son fácilmente entendibles las distintas opciones de la pluralidad política que coexisten para depositar el voto, en función de lo que cada elector considera más justo, más oportuno, más urgente, más eficaz o más útil. Lo que resulta incomprensible y reprochable es la indolencia de ignorar esa oportunidad única de apostar y comprometernos con nuestros convecinos, con nuestra sociedad y con nuestro tiempo.
La abstención es una lacra social que todos deberíamos desestimar. Dejar nuestro voto en casa denota una falta de fe en el futuro, una carencia de esperanza y una deserción en la búsqueda del bien común, negando nuestra decisiva contribución, tenue pero tan valiosa como la del más sabio.
El próximo domingo 17-A extendamos nuestro privativo talón-voto en forma de papeleta electoral. No dejemos que caduque improductivo a las ocho de la tarde, sin haber entregado nuestro granito de arena a aquel partido o coalición que mejor sabe gobernarnos, al que firma menos “cheques sin fondos” con promesas imposibles, al que haya entregado menos “cheques en blanco” de servidumbre a otras formaciones diferentes de la que consideremos que es la que conviene a nuestro Pueblo.
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