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1ª Medida para mejorar PISA 2025: Anular la repetición de curso

https://blog.agirregabiria.net/2026/09/1-medida-para-mejorar-pisa-anular-la.html

Comenzaremos con una medida urgente (aunque necesitará un período de implantación y perfeccionamiento del profesorado) para corregir el hábito escolar más caro de Euskadi, España, Francia,... que repercute negativamente en PISA porque demasiado alumnado de 15 años (objetivo de las pruebas) no está en el máximo nivel posible de la ESO (4º ó 3º). Necesitamos una innovación del calado de la promoción automática, reduciendo al mínimo la repetición de curso. En la CAPV sería pasar del 16% a menos del 3%. Múltiples estudios (incluidos los informes PISA de la OCDE) demuestran que repetir las mismas materias con la misma metodología no garantiza que se comprendan la segunda vez. 

La tendencia internacional avalada por la OCDE se inclina hacia la reducción al mínimo de la repetición de curso. Sin embargo, la transición de un modelo a otro no funciona simplemente "prohibiendo" repetir; requiere transformar las escuelas para que la promoción automática venga acompañada de planes de refuerzo personalizados, codocencia (dos profesores en el aula) y flexibilización del currículo. La repetición debería dejar de ser una respuesta ordinaria al fracaso escolar y convertirse, si acaso, en una medida sumamente excepcional. La evidencia ofrece mejores razones para invertir en detección temprana, apoyo personalizado y acompañamiento que para hacer recorrer de nuevo al alumno el mismo camino.

España repite como en ningún otro rincón de la Unión Europea: el 22% de los quinceañeros ha repetido alguna vez, casi el doble de la media de la OCDE (9,8%) y tercer puesto mundial en este ranking poco honroso. Peor aún, se repite demasiado y sin ningún acompañamiento intensivo. Repasemos los argumentos más sólidos para defender la postura de la no repetición (o su uso sólo como último recurso excepcional, jamás automático).

1. El coste no se corresponde con el dudoso beneficio. A escala del Estado repetir curso significa pagar más y no aprender más. Repetir cuesta al erario público español 1.441 millones de euros al año —el 6,2% del gasto en primaria y secundaria, equivalente al presupuesto educativo de todas las islas Canarias juntas— para un resultado académico que ni siquiera está claramente demostrado. Esa inversión debería financiar refuerzo educativo para ese alumnado rezagado. Es preferible dedicar el esfuerzo con el alumnado necesitado en el aula, no en obligarles a repetir el curso entero.

2. La evidencia acumulada apunta en contra. Las síntesis de John Hattie sobre cientos de metaanálisis sitúan la repetición entre las pocas prácticas educativas con efecto medio negativo sobre el aprendizaje; un metaanálisis específico sobre primaria (1990-2010) encontró que los alumnos repetidores acaban puntuando 0,5 desviaciones típicas por debajo de sus compañeros promocionados. El argumento de "darle más tiempo" no se traduce en más aprendizaje real.

3. No es neutral: amplifica la desigualdad. Con la misma nota en PISA, un alumno de nivel socioeconómico bajo tiene hasta cuatro veces más probabilidades de repetir que uno de familia acomodada; el alumnado de origen migrante, el doble. Esto sugiere que la repetición no corrige déficits de aprendizaje de forma objetiva, sino que penaliza más a quien ya parte con menos recursos.

4. Tiene un coste psicológico documentado. La investigación asocia la repetición con una caída significativa de la autoestima y del esfuerzo, con estigmatización por parte de los compañeros y con problemas de ajuste socioemocional, especialmente cuando se produce en cursos más avanzados.

5. Es uno de los mejores predictores del abandono escolar. Repetir —y sobre todo repetir más de una vez— tiene un efecto causal reconocido sobre el abandono temprano: cuantos más años de retraso acumula un alumno, menos probable es que termine la educación obligatoria.

6. Existe una alternativa que funciona a gran escala. Finlandia, con menos del 3% de repetición —ocho veces menos que España, bajo normativas comparables—, lleva décadas entre los mejores sistemas educativos del mundo en PISA. Su modelo no elimina el problema del alumno rezagado: lo aborda mes a mes mediante niveles escalonados de apoyo (general, intensivo, especial) en lugar de esperar a una decisión administrativa en junio.

7. La disparidad entre territorios con la misma ley delata que es cultural, no pedagógica. Dentro de España, Asturias y el País Vasco repiten en torno al 16-17% frente a más del 20% en media docena de comunidades, con la misma normativa estatal. Eso indica que la repetición obedece más a hábitos y creencias del profesorado y los centros —lo que la Comisión Europea llama "cultura de la repetición"— que a una necesidad objetiva del alumnado.

Dos alumnos de quince años sacan la misma nota en el mismo examen. Uno repetirá curso el año que viene; el otro no. La diferencia no está en sus respuestas, sino en la renta de sus padres: según el análisis de Save the Children sobre los datos de PISA, un adolescente de nivel socioeconómico bajo tiene hasta cuatro veces más probabilidades de repetir que uno de familia acomodada con idéntico rendimiento. Ese dato resume mejor que cualquier discusión pedagógica abstracta lo que está realmente en juego al hablar de repetición de curso.

Dos países ilustran mejor que cualquier teoría lo que de verdad importa. Finlandia apenas repite —menos del 3% del alumnado—, no porque prohíba la práctica, sino porque la hace innecesaria: un sistema de apoyo escalonado detecta las dificultades mes a mes y las atiende antes de que se acumulen en un suspenso de junio. En el extremo opuesto, Misisipi, uno de los estados más pobres de Estados Unidos, decidió en 2013 retener en tercero a los niños que no leían al nivel exigido, pero acompañó la medida con noventa minutos diarios de instrucción intensiva en lectura. El resultado, bautizado como el "milagro de Misisipi", fue que esos alumnos obtuvieron en sexto curso resultados muy superiores a los de sus compañeros que habían promocionado raspando el aprobado.

Quien quiera profundizar puede leer el informe "Repetir no es aprender" de Save the Children, que desmonta con datos los mitos más repetidos sobre esta práctica. Y quien tenga relación con un centro escolar —como madre, padre, docente o miembro de un consejo escolar— puede hacer algo más concreto: preguntar si existe un plan de refuerzo temprano, como exige la LOMLOE, y pedir que se mida su efecto. Un objetivo razonable sería reducir a la mitad la tasa de repetición del propio centro en cinco años, revisando cada curso cuántos alumnos reciben apoyo antes de junio, no después.

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20.000.000 visitas: Hoy, jueves 17 de septiembre de 2026, este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 14 días desde el millón anterior. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

19.000.000 visitas: Jueves 3 de septiembre de 2026, en pleno viaje de regreso hacia Getxo este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 22 días desde el millón anterior.

18.000.000 de visitas: Miércoles 12 de agosto de 2026. Anteriormente, de modo resumido. Ante la aceleración de las cifras, a partir de ahora solamente recogeremos las cifras muy redondas, múltiplos de 5 en millones: 20 millones, 25 millones,....

17.000.000 de visitas: Miércoles 21 de julio de 2026. El blog continúa porque vosotros lo hacéis posible. Seguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas. 

16.000.000 de visitas: Sábado 4 de julio de 2026. ¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak y EuskoFederpen (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. 

15 millones de visitas: Sábado 20 de junio de 2026. Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda. 

14 millones de visitas: Martes 19 de mayo de 2026. 13 millones de visitas: Domingo 1 de marzo de 2026. 12 millones de visitas: 12 de diciembre de 2025. 11 millones de visitas: 14 de octubre de 2025. 10 millones de visitas: 28 de julio de 2025. 9 millones de visitas: 13 de mayo de 2024. 8 millones de visitas: 8 de octubre de 2022. 7 millones de visitas: 30 de septiembre de 2021. 6 millones de visitas: 21 de febrero de 2020. 

No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente). El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años.

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque cada día se contabilizan setenta mil visitas más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

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19.000.000 visitas: Hoy, jueves 3 de septiembre de 2026, en pleno viaje de regreso hacia Getxo este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog.agirregabiria.net ha superado esta cifra de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó. Han transcurrido apenas 22 días desde el millón anterior. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

18.000.000 de visitas: Miércoles 12 de agosto de 2026. Anteriormente, de modo resumido. Ante la aceleración de las cifras, a partir de ahora solamente recogeremos las cifras muy redondas, múltiplos de 5 en millones: 20 millones, 25 millones,....

17.000.000 de visitas: Miércoles 21 de julio de 2026. El blog continúa porque vosotros lo hacéis posible. Seguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas. 

16.000.000 de visitas: Sábado 4 de julio de 2026. ¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak y EuskoFederpen (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. 

15 millones de visitas: Sábado 20 de junio de 2026. Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda. 

14 millones de visitas: Martes 19 de mayo de 2026. 13 millones de visitas: Domingo 1 de marzo de 2026. 12 millones de visitas: 12 de diciembre de 2025. 11 millones de visitas: 14 de octubre de 2025. 10 millones de visitas: 28 de julio de 2025. 9 millones de visitas: 13 de mayo de 2024. 8 millones de visitas: 8 de octubre de 2022. 7 millones de visitas: 30 de septiembre de 2021. 6 millones de visitas: 21 de febrero de 2020. 

No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente). El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años.

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque cada día se contabilizan cien mil visitas más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

Mirar y admirar: El abismo entre el ojo y el alma

Hay verbos que se disfrazan de sinónimos y que, sin embargo, señalan dos formas irreconciliables de estar en el mundo. Mirar y admirar comparten el mismo instrumento —el ojo— pero no el mismo destino. Mirar es una función casi biológica, un reflejo que el cerebro ejecuta miles de veces al día sin que medie voluntad alguna; admirar exige, en cambio, detención, entrega, una suspensión del tiempo que nuestra época, saturada de pantallas y estímulos fugaces, apenas se permite ya. 

La filosofía occidental intuyó esta distancia desde su origen. Aristóteles sostuvo que la filosofía nace del asombro, del thaumazein: no del simple ver, sino de un ver que se detiene y se interroga ante lo que parecía evidente. Ese extrañamiento es, precisamente, lo que separa la mirada de la admiración. Spinoza, siglos después, definió en su Ética la admiratio como el estado en que la mente queda fija en un objeto por su singularidad, sin relacionarlo aún con ninguna otra idea: un instante suspendido que puede ser tanto el umbral del conocimiento como su trampa, si el espíritu se detiene ahí y no avanza hacia una comprensión más adecuada. 


La literatura ha explorado esta misma frontera con instrumentos propios. Marcel Proust escribió que el verdadero viaje no consiste en buscar paisajes nuevos, sino en mirar con ojos nuevos; la frase condensa una convicción compartida por buena parte de la tradición moderna: lo que cambia no es el mundo, sino la calidad de la atención que le dedicamos. Rainer Maria Rilke llevó esa idea hasta sus últimas consecuencias en su soneto sobre el torso arcaico de Apolo: contemplar de verdad una obra de arte —admirarla— nos devuelve una mirada que exige transformación; el poema termina con una orden que resuena como advertencia: hay que cambiar de vida. Mirar una estatua es catalogarla; admirarla es sentirse observado por ella.


La pensadora Simone Weil, muy citada en este blog, ofreció quizá la formulación más precisa: la atención, llevada a su grado más alto, es idéntica a la plegaria. Admirar sería entonces una forma laica de oración, un acto de generosidad hacia lo contemplado, mientras que mirar permanece en el registro de la utilidad, del reconocimiento funcional que nos permite orientarnos sin detenernos a comprender.


Miguel de Unamuno, por su parte, habría discrepado de cualquier admiración fría o meramente estética: para el hombre de carne y hueso que él reivindicaba, admirar sin implicarse, sin que el objeto contemplado nos duela o nos alegre, sería una forma sutil de seguir mirando. La admiración auténtica compromete, no solo contempla. 


Juan Ramón Jiménez pedía a la inteligencia el nombre exacto de las cosas; esa exactitud solo llega tras la admiración, nunca tras la mirada apresurada. John Berger, por su parte, recordó que ver es siempre un acto de elección: elegimos lo que miramos, pero admirar añade a esa elección una entrega que no todo acto de ver posee.


En un tiempo de scroll infinito, donde los ojos recorren miles de imágenes sin posarse en ninguna, recuperar la admiración —esa mirada que se detiene, se pregunta y se deja transformar— no es un lujo estético, sino una forma de resistencia. Mirar es recorrer la superficie del mundo; admirar es, todavía, habitarlo. En una época saturada de imágenes, fotografías, vídeos y estímulos fugaces, recuperar la diferencia entre mirar y admirar constituye casi un ejercicio de resistencia cultural. Mirar consume un instante; admirar reclama tiempo. Mirar registra; admirar interpreta. Mirar puede distraernos; admirar puede transformarnos.


Quizá educar sea, en buena medida, enseñar esa segunda mirada. Porque al final no vemos solamente con los ojos. Vemos con nuestra memoria, nuestra inteligencia, nuestra sensibilidad y nuestros valores. Y cuando todas esas facultades se reúnen ante algo que reconocemos como valioso, la mirada deja de ser mera percepción y se convierte en admiración. La diferencia es enorme: mirar es ver que algo existe; admirar es descubrir por qué merece nuestra atención. 

Erich Fromm y El arte de amar: Relectura imprescindible

Volvemos sobre una obra, muchas veces citada en este blog: El arte de amar, porque es una disciplina que la modernidad rehúsa aprender. Cuando Erich Fromm publicó El arte de amar en 1956, difícilmente podía prever que aquel breve tratado se convertiría en uno de los ensayos de psicología más leídos del siglo XX, traducido a decenas de idiomas y presente todavía hoy en las listas de lecturas universitarias de medio mundo. Nacido en Fráncfort del Meno en 1900 en el seno de una familia judía ortodoxa, Fromm estudió sociología y psicología antes de formarse como psicoanalista, disciplina de la que terminaría por distanciarse en sus aspectos más deterministas. 

Vinculado en sus primeros años al Instituto de Investigación Social —la llamada Escuela de Fráncfort—, hubo de exiliarse en 1933 ante el ascenso del nazismo, estableciéndose finalmente en Estados Unidos y, más tarde, en México, donde vivió buena parte de su madurez antes de retirarse a Suiza, país en el que falleció en 1980. Su obra, desde El miedo a la libertad hasta este ensayo tardío, articula una síntesis singular entre el psicoanálisis freudiano y la crítica social heredada de Marx: no basta con explorar el inconsciente individual si se ignora el carácter social que cada época histórica moldea en sus sujetos.

La tesis central del libro es, en apariencia, sencilla, y por ello mismo incómoda: amar no es un estado que sobreviene, sino una capacidad que se cultiva, comparable en su exigencia a cualquier otro arte. Así como nadie espera dominar la música o la carpintería sin teoría, práctica y paciencia, Fromm sostiene que la mayoría de las personas busca ser amada antes que aprender a amar, y confunde la intensidad del enamoramiento inicial —esa caída súbita, casi accidental— con la permanencia de un vínculo maduro. Esta confusión, advierte, no es casual: responde al carácter mercantil que el capitalismo imprime en las relaciones humanas, donde el otro se evalúa como un producto cuyo valor de intercambio conviene maximizar, y donde el amor mismo se convierte en objeto de consumo instantáneo antes que en ejercicio sostenido de atención, respeto, conocimiento y responsabilidad hacia el otro.

Buena parte del ensayo se dedica a distinguir las formas que adopta ese arte: el amor fraternal, entendido como responsabilidad hacia todo semejante; el amor materno, incondicional en su origen pero llamado a favorecer la separación del hijo; el amor erótico, que exige la paradoja de la fusión exclusiva sin renunciar a la individualidad; el amor a uno mismo, que Fromm distingue cuidadosamente del narcisismo; y el amor a Dios, leído menos como creencia dogmática que como orientación existencial hacia lo trascendente. En todas estas variantes reaparecen los mismos cuatro elementos que, para Fromm, definen la madurez afectiva: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento del otro tal como es, no como se desearía que fuese. 

Casi setenta años después de su publicación, el diagnóstico de Fromm resulta inquietantemente vigente para quien observe la vida afectiva mediada por aplicaciones de citas, algoritmos de compatibilidad y una cultura de la gratificación inmediata que multiplica los contactos y erosiona la constancia. La llamada epidemia de soledad que documentan hoy sociólogos y epidemiólogos encuentra en estas páginas una hipótesis anterior a los propios datos: no se trata solo de falta de oportunidades de encuentro, sino de un déficit de formación afectiva, de una sociedad que enseña a competir y a consumir pero rara vez a amar con disciplina y concentración.

Para el lector interesado en psicología, literatura o pedagogía, El arte de amar ofrece algo más que una teoría del vínculo romántico: propone, en el fondo, una pedagogía del carácter. Si el amor es un arte, entonces también es, como cualquier otro, susceptible de enseñanza y de práctica deliberada —una posibilidad que las instituciones educativas contemporáneas apenas han comenzado a explorar, y que quizá merezca un lugar más central en la formación integral de las nuevas generaciones.

@historiasparadormirmd

❤️ ¿Cómo sabes si es amor? Fromm creía que debía tener estas cuatro características. 💬 ¿Cuál es la más importante? ❤️ Cuidado 🤝 Responsabilidad 🌱 Respeto 👁️ Conocimiento 🌎 ¿Desde qué país nos ves y qué hora es? #HistoriasParaDormirMD #ErichFromm #Filosofía #AprendeEnTikTok

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Una semana fuera del tiempo: ¿Pasado o futuro?

Hoy en la piscina un vecino murciano muy viajado, Javier Navarro Pina, nos ha planteado a un grupo una pregunta con mucha enjundia, que hemos ido respondiendo como hemos improvisado. Esta era la formulación: Si pudieras pasar una semana en cualquier momento de la historia pasada o del futuro, ¿qué año y lugar elegirías? 

Ahora, con un poco más de tiempo, descomponemos la pregunta en dos posts, porque es una cuestión sumamente interesante para un blog de historia, literatura, filosofía y educación: 1º ¿Preferirías conocer el pasado que nos explica o viajar al futuro para saber qué nos espera? 2º Sería definirte por un tiempo y lugar (en el siguiente post).

¿Viajarías al pasado para comprenderlo o al futuro para descubrirlo? Siete días para conocer mejor el pasado o para descubrir el futuro de la humanidad en este viaje improbable hacia adelante e imposible hacia atrás que todos querríamos hacer, hacia el ayer (incluso previo a  nuestro nacimiento) o al mañana cercano o remoto. ¿Conocer nuestros orígenes o nuestro destino? Serían dos formas fascinantes de conocer la humanidad, su principio y -quizá- su final, revivir cómo fuimos o cómo seremos.

Es una pregunta excelente porque obliga a elegir entre la nostalgia de lo que sabemos que ocurrió y la curiosidad por lo que todavía no conocemos. Si la elección fuera realmente libre —una semana, cualquier lugar, con regreso garantizado y sin alterar la historia—, yo distinguiría entre una elección intelectualmente fascinante y otra emocionalmente poderosa. Analizamos sus pros y contras de cada opción.

Una semana en el pasado. 

Ventajas: 1. Ser testigo de un momento histórico real. Podrías estar en Atenas durante la época de Pericles, en Florencia con Leonardo, en París durante la Revolución Francesa, en Bilbao durante la industrialización o contemplar una civilización desaparecida.

2. Ver a grandes personajes sin intermediarios. Conversar —si fuera posible entenderse— con Sócrates, Aristóteles, Cervantes, Shakespeare, Einstein o Marie Curie sería una experiencia incomparable.

3. Resolver enigmas históricos. ¿Quién dijo realmente determinadas frases? ¿Cómo era exactamente una batalla? ¿Qué ocurrió entre bastidores? ¿Cómo vivía una persona corriente en una época concreta?

4. Comprender la vida cotidiana. Los libros conservan acontecimientos, pero rara vez transmiten completamente los olores, sonidos, comidas, enfermedades, miedos, trabajos y relaciones humanas de una época.

5. Comparar mito y realidad. Quizá descubriríamos que algunas épocas que idealizamos fueron mucho más duras de lo que imaginamos.

Desventajas: Higiene, enfermedades y medicina: una semana podría ser mucho más peligrosa de lo que parece. Barreras lingüísticas: incluso viajando a nuestro propio país podríamos no entender fácilmente la lengua de hace siglos. Violencia y desigualdad: muchas sociedades históricas eran extraordinariamente inseguras. Ausencia de comodidades modernas: electricidad, antibióticos, agua corriente, comunicaciones… Riesgo psicológico: comprobar que nuestros héroes eran seres humanos bastante menos admirables podría resultar decepcionante. Y existe una gran paradoja: sabemos cómo terminó el pasado, pero no podemos cambiarlo.

Una semana en el futuro

Ventajas: 1. Conocer qué ocurrió realmente. Podríamos saber qué tecnologías triunfaron, cómo evolucionó la humanidad y qué problemas actuales fueron resueltos.

2. Contemplar tecnologías hoy inimaginables. Medicina regenerativa, inteligencia artificial, energía ilimitada, exploración espacial, longevidad inverosímil, realidad aumentada, teletransporte,…

3. Conocer el destino de la humanidad. ¿Habrá ciudades en Marte? ¿Habrá desaparecido el automóvil privado? ¿Cómo será la educación? ¿Seguirán existiendo los Estados?

4. Resolver incertidumbres personales y colectivas. Incluso podríamos descubrir qué ocurrió con nuestra familia, nuestra ciudad, nuestra cultura o nuestro propio legado.

5. Volver con conocimiento extraordinariamente valioso. Una semana en el futuro podría proporcionar información capaz de transformar nuestro presente.

Desventajas: Y aquí aparece el gran problema de una experiencia que sería radicalmente distinta. Podría ser un futuro que no quisiéramos conocer. Podríamos encontrarnos con: cambio climático irreversible; guerras devastadoras; pérdida de libertades; sociedades profundamente desiguales; una inteligencia artificial dominante; desaparición de especies; colapso demográfico; una humanidad que ya no reconocemos.

Además, existe un riesgo filosófico y científico (porque nada con masa puede viajar al futuro): si conocemos el futuro, quizá dejamos de ser libres respecto a él. Y otro todavía más inquietante: ¿qué ocurriría si descubrimos que nosotros mismos ya no existimos, o no que nada del legado propio personal o colectivo?

¿Qué elegiría yo?

Si la condición fuese regresar exactamente al presente al cabo de siete días y no modificar nada, elegiría el futuro. Pero no viajaría miles de años. Elegiría probablemente unos 100-150 años hacia adelante, quizá alrededor de 2150-2175.

¿Por qué? Porque 150 años permitirían contemplar transformaciones enormes sin convertir el viaje en una visita a un universo completamente incomprensible. Me interesaría especialmente observar: cómo viven las personas, cómo aman, cómo educan a sus hijos, qué leen, qué consideran trabajo, qué significa ser humano y qué relación mantienen con las máquinas. Más que conocer los inventos del futuro, querría descubrir qué ha ocurrido con la condición humana.

Y hay una segunda opción que parece todavía más tentadora: viajar al pasado a un momento concreto de Bilbao o del País Vasco, para observar durante una semana la vida cotidiana de nuestros antepasados. Porque el futuro podemos intentar construirlo; el pasado ya es irrecuperable.

La verdadera elección, en realidad, las dos opciones responden a dos deseos humanos legítimos pero diferentes: Pasado → “Quiero saber de dónde venimos.” o Futuro → “Quiero saber hacia dónde vamos.”

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16.000.000 de visitas: Sábado 4 de julio de 2026. ¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak y EuskoFederpen (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. 

15 millones de visitas: Sábado 20 de junio de 2026. Esto confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda. 

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No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente). El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años.

Vamos a ir simplificando estas celebraciones, porque cada día se contabilizan cien mil visitas más. Todo a pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!