A lo largo de casi una hora de charla, abordamos mi trayectoria profesional, el papel fundamental de la Asociación de Usuarios de Vehículos Eléctricos (AUVE) que tenía la oportunidad de presidir, y los grandes retos a los que se enfrentaba España en la ineludible transición eléctrica. Para mis lectores habituales, he querido resumir para una lectura rápida las ideas principales. Al final, veremos en cursiva cómo y cuánto ha evolucionado el panorama.
De la docencia a la movilidad sostenible: La entrevista comenzó repasando mis más de cuatro décadas de dedicación a la educación, la innovación y la divulgación científica [00:43]. Mi vocación siempre ha sido el aprendizaje. Siempre he creído en la ética de compartir conocimiento —sintiéndome un "hacker" en el mejor y más constructivo sentido de la palabra [02:53]—, lo que me acercó de forma natural a la mecánica y al vehículo eléctrico. Soy un firme optimista tecnológico; confío en que la tecnología, correctamente diseñada e implementada, nos ayudará a reducir drásticamente la siniestralidad y a crear un ecosistema más seguro [04:26]. Desde AUVE no solo promovemos el coche eléctrico, sino que solemos decir que tenemos "alma de peatón", priorizando siempre las ciudades humanizadas y el transporte público [06:28].
La evolución del usuario: de pioneros a una mayoría pragmática. Un punto clave de la entrevista fue analizar cómo ha cambiado el perfil del usuario. Cuando AUVE se fundó en la primavera de 2015, los pioneros (early adopters) eran personas muy proactivas que asumieron grandes riesgos con baterías incipientes y una escasa red de carga [09:19]. A finales de 2022, habiendo superado los 5.300 socios, el escenario era radicalmente distinto. El conductor actual forma parte de una mayoría más pragmática e inteligente que ha sabido superar las barreras de la desinformación [10:38].
El mayor valor de nuestra asociación es ofrecer una orientación honesta de usuario a usuario. Siempre lo afirmamos con rotundidad: quien hace la prueba y da el salto a lo eléctrico, descubre una experiencia tan superior que jamás querrá volver atrás al motor de combustión [13:41]. Ahora se ha logrado que el BEV, Tesla Model 3, sea el modelo más vendido en nuestro mercado.
Los retos en España: urbanismo y burocracia: Pese a sus enormes ventajas, España sigue rezagada en la adopción frente a vecinos como Portugal o Francia [15:37]. Esto se debe, en gran medida, a una particularidad urbanística nuestra: somos un país que vive mayoritariamente en bloques de pisos verticales, lo que nos hace líderes mundiales en la instalación de ascensores [23:29]. Esta realidad dificulta enormemente la recarga vinculada doméstica. Resulta paradójico que las comunidades de vecinos asuman con normalidad la fortísima inversión de instalar un ascensor, pero existan trabas para facilitar infraestructuras de recarga limpias [25:21].
Asimismo, aunque aplaudimos el aumento de las ayudas estatales para la compra, denunciamos que el sistema actual de gestión autonómica resulta excesivamente burocrático y disuasorio. Reclamamos medidas más directas, como aplicar directamente un IVA reducido o incentivos inmediatos en el concesionario [38:13]. Este tema sigue pendiente y persiste como un obstáculo a la electrificación del transporte.
La voz del usuario y el horizonte global: En el ámbito de la política nacional, manifestamos nuestra incomprensión ante la ausencia de AUVE en la reciente Mesa de Gobernanza de Puntos de Recarga [34:30]. Es imperativo que el Gobierno escuche a quienes utilizamos y sostenemos la infraestructura a diario. Este ausencia institucional de AUVE sigue postergada.
Afortunadamente, a nivel internacional hemos dado un paso estratégico integrándonos con derecho a voto en la Global EV Alliance [45:59]. Desde este frente común, queremos co-liderar el sur de Europa e impulsar regulaciones globales, como la obligatoriedad de garantizar la interoperabilidad en las recargas, tomando como clara inspiración la estandarización europea del puerto USB-C para móviles [48:11]. Por último, cerramos la charla mirando con esperanza a tecnologías disruptivas como el V2G (Vehicle-to-Grid), que permitirá que nuestros vehículos sirvan como sistemas de almacenamiento rodante para estabilizar la red eléctrica [43:44]. Vivimos un verdadero cambio de era y, como en toda gran evolución tecnológica, las entidades que no sepan adaptarse simplemente quedarán por el camino [28:05].
Concluyendo, con una pizca entreverada de nostalgia y de éxito tan diferido como seguro: Queda mucho por hacer. Echamos de menos aquellas congresos macro que comenzamos a organizar y que nos otorgaban presencia mediática y autoridad ciudadana. Ambas son premisas para construir un organismo AUVE autónomo, estable, independiente, sólido y significativo que actúe como un componente esencial de consulta obligada en cualquier mesa de decisión.
¿Puede crecer indefinidamente una economía en un planeta finito? La pregunta no es nueva. En 1972 el informe Los límites del crecimiento, que un equipo del MIT preparó por encargo del Club de Roma, advertía de que, si seguían las tendencias de entonces, el planeta tocaría sus límites en el plazo de un siglo. Han pasado más de cincuenta (50) años y la discusión sigue abierta, quizá más viva que nunca. Proponemos una lectura cruzada de ensayos recientes que miran el mismo cuadro desde ángulos opuestos, y que conviene leer juntos precisamente porque discrepan.
Jason Hickel, en Menos es más (2020), sostiene que las economías ricas deberían usar menos materia y energía sin renunciar al bienestar: decrecer, pero con orden. Daniel Susskind, en Growth: A Reckoning (2024), defiende que el crecimiento ha financiado buena parte de la sanidad y la educación que disfrutamos, y que lo sensato es orientarlo, no frenarlo.
El trabajo es el segundo escenario. Daron Acemoglu y Simon Johnson, dos de los tres premios Nobel de Economía de 2024, recuerdan en Poder y progreso (2023) que la tecnología no reparte sus frutos por sí sola: durante varias décadas de la primera revolución industrial los salarios ingleses apenas mejoraron mientras la producción se disparaba. Importa, dicen, quién decide hacia dónde se dirige la innovación.
Y la inteligencia artificial vuelve urgente la pregunta. En enero de 2024 el Fondo Monetario Internacional, por boca de Kristalina Georgieva, estimó que cerca del 40 % del empleo mundial está expuesto a ella, y alrededor del 60 % en las economías avanzadas. «Expuesto» no significa «destruido»: según ese análisis, la mitad de esos puestos podría salir reforzada y la otra mitad ver recortados salarios o contrataciones.
De ahí a la fragilidad social hay un paso. Anne Case y Angus Deaton lo dieron con datos en Deaths of Despair and the Future of Capitalism (2020): en Estados Unidos, la mortalidad de los adultos blancos de mediana edad sin título universitario aumentó por suicidios, sobredosis y enfermedades del hígado ligadas al alcohol, mientras mejoraba la de quienes sí lo tenían. Michael Sandel, en La tiranía del mérito (2020), añade una tesis incómoda para quienes enseñamos: si prometemos que el esfuerzo y el título llevan lejos, quien no llega recibe, además de la desventaja, el mensaje de que se lo merece.
En Bizkaia conocemos esa fragilidad. Bilbao se cita como ejemplo de reconversión: de los altos hornos y los astilleros de la ría a un museo, el Guggenheim, inaugurado el 18 de octubre de 1997. Aquel cambio también dejó a muchas familias sin el oficio que las sostenía. Los indicadores (PIB, productividad, empleo) cuentan la historia; la fragilidad vive en lo que el bilbaíno Miguel de Unamuno llamó intrahistoria: «la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia» (En torno al casticismo, 1895).
¿Qué queda de este cruce? Que discutimos menos sobre cifras que sobre prioridades: cuánto crecimiento, para quién, con qué empleos y con qué reparto de la dignidad. Proponemos un compromiso de lectura a diez (10) años. Primer objetivo, para 2028: leer dos (2) de estos libros, uno que nos dé la razón y otro que no, y discutirlos con alguien que piense distinto. Segundo, para 2031: convocar un círculo de lectura en un aula, una biblioteca o un local de barrio. Tercero, para 2036: comprobar si hemos cambiado de opinión en algo. Para evaluarlo basta una libreta con cada título, su tesis, la mejor objeción y una revisión cada octubre. ¿Cuántos libros incómodos hemos leído este año?
¿Puede crecer para siempre una economía en un planeta finito? Hickel propone decrecer con orden; Susskind, orientar el crecimiento, no frenarlo. https://t.co/oDSBM379b2 Acemoglu y Johnson recuerdan que la tecnología no reparte sus frutos sola (según el FMI, en torno al 40 % del empleo mundial está expuesto a la IA), y Case, Deaton y Sandel muestran el coste humano de quedarse atrás. Cinco ensayos que discrepan y que conviene leer juntos, sin elegir bando. Y una propuesta: un compromiso de lectura a diez (10) años, con revisión cada octubre. ¿Cuántos libros incómodos has leído este año?
Can an economy grow forever on a finite planet? Hickel argues for orderly degrowth; Susskind for steering growth rather than stopping it. Acemoglu and Johnson remind us that technology doesn't share its gains on its own (the IMF estimates about 40% of global jobs are exposed to AI), while Case, Deaton and Sandel show the human cost of being left behind. Five essays that disagree and are best read together, without picking a side. A proposal: a 10-year reading commitment, reviewed every October. How many uncomfortable books have you read this year?
Beti hazten jarrai al dezake ekonomia batek planeta mugatu batean? Hickelek hazkundea modu ordenatuan murriztea proposatzen du; Susskindek, hazkundea bideratzea, ez gelditzea. Acemoglu eta Johnsonek gogorarazten dute teknologiak ez dituela bere onurak berez banatzen (NDFren arabera, munduko enpleguaren %40 inguru dago adimen artifizialaren eraginpean), eta Case, Deaton eta Sandelek atzean gelditzearen giza kostua erakusten dute. Adosten ez diren bost saiakera, elkarrekin irakurtzekoak. Proposamena: hamar (10) urteko irakurketa-konpromisoa, urtero urrian berrikusia. Zenbat liburu deseroso irakurri dituzu aurten?
Une économie peut-elle croître indéfiniment sur une planète finie ? Hickel plaide pour une décroissance ordonnée ; Susskind, pour orienter la croissance plutôt que la freiner. Acemoglu et Johnson rappellent que la technologie ne partage pas ses fruits toute seule (le FMI estime qu'environ 40 % de l'emploi mondial est exposé à l'IA), tandis que Case, Deaton et Sandel montrent le coût humain du déclassement. Cinq essais qui divergent, à lire ensemble. Une proposition : un engagement de lecture sur dix (10) ans, révisé chaque octobre. Combien de livres dérangeants avez-vous lus cette année ?
Hoy repasamosla clave para arreglar el mundo, con una lección magistral de una niña de cinco años, Es una historia real que vivimos allá por 1990. A veces, las reflexiones más profundas sobre la vida provienen de quienes menos lo esperamos.
Hace muchos años, tuve que realizar un breve viaje para impartir una conferencia sobre un tema que me apasiona: la trascendencia de la educación. En aquella ocasión, mi hija Leire, que entonces tenía solo cinco años, me acompañó. Todo ocurrió en la habitación del hotel, justo antes de salir a cenar. Yo necesitaba un momento de concentración para dar un último repaso a mis notas, mientras Leire jugaba y exploraba cada rincón del cuarto. Como era de esperar, pronto el aburrimiento le ganó la partida y empezó a reclamar mi atención.
Buscando una solución rápida para mantenerla entretenida, vi sobre la mesa una revista abierta. En una de sus páginas aparecía un mapamundi que ilustraba un desolador panorama planetario, marcado por el hambre y las guerras. Para ganar algo de tiempo, arranqué la hoja, la rompí en pedacitos y le propuse un reto: recomponer aquel improvisado rompecabezas.
Confiado, pensé que aquella compleja tarea me regalaría al menos una hora de tranquilidad. Sin embargo, me equivoqué por completo. En apenas unos minutos, Leire no solo había armado la hoja entera, sino que la había unido perfectamente utilizando un poco de cinta adhesiva.
Sorprendido por su rapidez, me acerqué y le pregunté:
—¿Cómo has conseguido reparar el mundo tan pronto?
Su respuesta, inocente pero cargada de una sabiduría aplastante, sigue siendo la mejor ponencia a la que he asistido:
—No me fijé en el mundo —respondió—. Detrás del mapa venía la foto de un niño en su aula; simplemente puse bien la escuela, y el mundo quedó arreglado.
Esa sencilla frase es el resumen más perfecto sobre el verdadero poder de la enseñanza. Si queremos un mundo con menos conflictos y más humanidad, la solución no está en centrarnos únicamente en los problemas globales. Tenemos que empezar por la base: si "ponemos bien la escuela" y cuidamos la educación de nuestra infancia, el mundo terminará arreglándose por sí solo.
Pongamos bien la educación. Quizá no consigamos arreglar inmediatamente el mundo. Pero estaremos formando a quienes sí podrán hacerlo. Publiqué esta anécdota en septiembre de 2004. Veintidós años después los mapas siguen mostrando hambre y guerra, y seguimos tentados de empezar por arriba: cumbres, planes, declaraciones. Leire nos enseñó que se empieza por lo que sabemos recomponer. No fue ingenuidad, fue método: no miró el mundo como un problema, sino como un trabajo con buen punto de partida. Y ese punto de partida se abre cada septiembre en miles de aulas: allí, pieza a pieza, se decide cómo será el anverso.
En 2004, mi hija Leire de 5 años me dio una lección que todavía recuerdo. Le propuse reconstruir un mapamundi roto. Lo hizo en minutos. Le pregunté cómo había conseguido «arreglar el mundo» tan deprisa. Respondió: «No me fijé en el mundo. Detrás del mapa había un niño en su aula; puse bien la escuela y el mundo quedó arreglado». 22 años después, con guerras, desigualdad, desinformación e IA, la respuesta sigue vigente: el futuro comienza en un aula. Educar no es arreglar el mundo. Es formar a quienes podrán hacerlo. 🔗 El mundo comienza en un aula
In 2004, a five-year-old girl taught me a lesson I still remember. I asked her to rebuild a torn world map. She did it in minutes. When I asked how she had «fixed the world» so quickly, she replied: «I didn’t look at the world. Behind the map there was a child in a classroom; I put the school right, and the world was fixed». 22 years later, amid wars, inequality, disinformation and AI, her answer still resonates: the future begins in a classroom. Education cannot fix the world alone. But it can educate those who will. 🔗 The world begins in a classroom
En 2004, une fillette de cinq ans m’a donné une leçon que je n’ai jamais oubliée. Je lui avais demandé de reconstituer une carte du monde déchirée. Elle l’a fait en quelques minutes. Je lui ai demandé comment elle avait pu «réparer le monde» si vite. Elle répondit : «Je n’ai pas regardé le monde. Derrière la carte, il y avait un enfant dans sa classe ; j’ai remis l’école en place et le monde était réparé». 22 ans plus tard, face aux guerres, aux inégalités, à la désinformation et à l’IA, cette réponse reste actuelle : l’avenir commence dans une classe. 🔗 Le monde commence dans une classe
2004an, bost urteko neskatila batek inoiz ahaztuko ez dudan ikasgaia eman zidan. Munduko mapa zatituta berreraikitzeko eskatu nion. Minutu gutxitan osatu zuen. «Nola lortu duzu mundua hain azkar konpontzea?», galdetu nion. Erantzuna: «Ez nion munduari begiratu. Maparen atzean haur bat zegoen bere ikasgelan; eskola bere lekuan jarri dut, eta mundua konponduta geratu da». 22 urte geroago, gerren, desberdintasunaren, desinformazioaren eta IAren artean, mezua indarrean dago: etorkizuna ikasgela batean hasten da. 🔗 Mundua ikasgela batean hasten da
Las casas baratas de Romo (Getxo) en la historia, cuando los obreros promovieron su propia barriada. El imaginario colectivo suele asociar Getxo con los imponentes palacios de Neguri, los paseos señoriales frente al Abra y la burguesía industrial de principios del siglo XX. Sin embargo, la historia de las ciudades siempre se escribe a dos manos. Al otro lado de la trinchera ferroviaria y lindando con la ría, el barrio de Romo levantó sus cimientos sobre una realidad muy distinta: la del sudor, el cooperativismo y la urgencia de dar techo a quienes hacían posible el milagro económico vizcaíno.
Las conocidas como «casas baratas» no fueron simplemente un parche habitacional, sino una declaración de intenciones urbanística. Al amparo de las sucesivas Leyes de Casas Baratas (iniciadas con laprimera Ley de Casas Baratas, del 12 de junio de 1911), florecieron en Bizkaia modelos de vivienda que buscaban dignificar la vida del trabajador. En Romo, esto se tradujo en hileras de edificaciones de escala humana, a menudo unifamiliares o de pocas alturas, dotadas de pequeños huertos o patios. Eran construcciones modestas, sí, pero concebidas bajo criterios de higiene, ventilación y luz que contrastaban drásticamente con el hacinamiento de otros núcleos industriales.
El ladrillo como tejido social. Pasear hoy por los vestigios de estas barriadas es asomarse a una forma de entender la comunidad que la arquitectura contemporánea parece haber olvidado. Aquellas casas no solo alojaban familias; estructuraban un ecosistema. El diseño de las calles, la proximidad de los portales y los espacios compartidos fomentaban una red de apoyo mutuo indispensable para la supervivencia de la clase trabajadora.
El barrio de Romo creció con una identidad forjada en el arraigo. La casa barata era el trofeo de la clase obrera, el espacio donde el trabajador dejaba de ser un mero engranaje fabril para convertirse en ciudadano con un espacio propio. La estética de estas viviendas, con sus fachadas características, tejados a dos aguas y carpinterías funcionales, representa un patrimonio arquitectónico que dialoga directamente con la historia social de Euskadi.
Borrar estas casas del mapa urbano implica mucho más que sustituir ladrillos viejos por hormigón nuevo; supone extirpar una página fundamental del relato histórico de Getxo. Conservarlas, en cambio, exige un esfuerzo colectivo por reconocer que el valor de un edificio no reside únicamente en su monumentalidad geométrica, sino en la memoria humana que custodia. Las casas de Romo son el testimonio mudo de quienes, con sus manos, construyeron la prosperidad de la que hoy disfrutamos.
Al otro lado de las barreras (ya desaparecidas por el Metro). Romo nació como barrio obrero, al otro lado de la vía que lo separaba de Las Arenas, la Getxo de la burguesía industrial. Las barreras del ferrocarril, junto al río Gobela, existieron de 1887 a 1995, y el documental Las barreras: un relato de dos barrios, de Teresa Lavina, las retrata como una línea entre dos realidades socioeconómicas cuyo eco persiste en la memoria colectiva. Las casas baratas se levantaron en el límite entre lo urbanizado y lo rural, cerca de las viviendas de la burguesía de Las Arenas y Neguri.
Ochenta casas, cuatro filas y una calle. Ondarea Bizkaia sitúa el comienzo de la historia el 30 de enero de 1923. La cooperativa El Hogar Obrero de Guecho, formada por empleados del ferrocarril Bilbao-Las Arenas y por metalúrgicos, levantó una barriada de ochenta casas familiares, en cuatro filas de veinte separadas por una calle. El arquitecto fue Ángel Líbano Peñenori; las obras arrancaron a finales de marzo de 1924, con un presupuesto inicial de 1.093.083,97 pesetas, y las casas pudieron habitarse en junio de 1925. Según las crónicas locales, el dinero escaseó y ni las autoridades locales ni la Diputación ayudaron económicamente, convencidas de que la vivienda no era asunto suyo. El sorteo de las casas se celebró, según esas mismas crónicas, en un campo municipal, con la Banda Municipal de fondo.
Una cocina, un retrete y tres dormitorios. Hoy suena a poco; en 1925 era mucho. Cada casa tenía cocina económica, retrete, comedor y dormitorios separados (padres, chicos y chicas); solo unas pocas añadían bañera y ducha. El cronista local lo considera un avance notable frente a las condiciones de la época. Lavina recogió los testimonios de quienes viven o vivieron en ellas para su documental Las casas baratas de Romo, proyectado el 19 de octubre de 2024 en Romo Kultur Etxea (frente a las mismas casas).
Patrimonio frente a la presión inmobiliaria. Hoy, la supervivencia de las casas baratas de Romo se enfrenta a la inevitable voracidad del desarrollo urbano. La paradoja de nuestro tiempo es que el suelo sobre el que se asientan estas modestas viviendas ha multiplicado su valor, sometiendo al patrimonio obrero a una tensión constante entre la conservación y el derribo.
Qué hacer en 2, 5 y 10 años. A dos años: ver el documental de Lavina (o pedir otra proyección a Getxo Kultura) y recoger, con permiso, veinte testimonios de vecinos y descendientes para una biblioteca municipal; indicador: grabaciones accesibles. A cinco: preguntar por escrito al Ayuntamiento si el conjunto está catalogado y, si no lo está, proponerlo; indicador: respuesta oficial. A diez: una ruta guiada anual por la barriada en las Jornadas Europeas del Patrimonio, con voluntarios formados; indicador: rutas, asistentes y testimonios nuevos. Basta una revisión anual de tres líneas (qué se hizo, qué falta, quién ayuda).
En diciembre de 2023, la casa más cara a la venta en Romo (Getxo) era una «casa barata»: 495.000 euros. ¿Cómo llegó esa palabra tan lejos de su origen? https://t.co/70jBw5H80P En 1923 echó a andar una cooperativa de ferroviarios y metalúrgicos que levantó 80 casas junto a la frontera social que marcaban las barreras del tren, a un paso de las villas de Las Arenas y Neguri. Una ley de 1911, un arquitecto, dinero a trompicones y una calle entera. Hoy un documental de Teresa Lavina recoge la voz de quienes viven o vivieron allí. La intrahistoria, que diría Unamuno, sigue en pie.
2023ko abenduan, Romon (Getxo) salgai zegoen etxerik garestiena «etxe merke» bat zen: 495.000 euro. Nola iritsi da hitz hori jatorritik hain urrun? 1923an, trenbideko langileek eta metalurgiakoek osatutako kooperatiba batek 80 etxe eraikitzeari ekin zion, trenbideko hesiek ezarritako muga sozialaren ondoan eta Areetako eta Neguriko burgesiaren etxeetatik gertu. 1911ko lege bat, arkitekto bat, finantzaketa-arazoak eta kale oso bat. Gaur, Teresa Lavinaren dokumental batek bertan bizi direnen eta bizi izan direnen ahotsa jasotzen du. Unamunok esango lukeen bezala, intrahistoria zutik dago oraindik.
In December 2023, the most expensive house for sale in Romo (Getxo) was a “cheap house”: €495,000. How did the word travel so far from its origin? In 1923 a cooperative of railway employees and metalworkers set out to build 80 homes beside the social frontier drawn by the railway gates, steps from the bourgeois villas of Las Arenas and Neguri. A 1911 law, an architect, patchy financing and one whole street. Today a documentary by Teresa Lavina gathers the voices of those who live, or lived, there. What Unamuno called “intrahistory” is still standing. 👉
En décembre 2023, la maison la plus chère à vendre à Romo (Getxo) était une « habitation à bon marché » : 495 000 €. Comment ce mot a-t-il pu s'éloigner autant de son origine ? En 1923, une coopérative d'employés du chemin de fer et de métallurgistes s'est lancée dans la construction de 80 maisons, de l'autre côté des barrières ferroviaires, près des villas de la bourgeoisie de Las Arenas et de Neguri. Une loi de 1911, un architecte, un financement chaotique, une rue entière. Un documentaire de Teresa Lavina recueille la voix de ceux qui y vivent ou y ont vécu. L'« intrahistoire » chère à Unamuno est toujours debout.
En el magnífico BBK Bilbao Kultura Social Forum 2026 extremadamente bien organizado por la Fundación Fair Saturday presidida por nuestro amigo Jordi Albareda (posts) que hemos podido vivir estos días, pudimos analizar el libro Capitalismo caníbalde Nancy Fraser. Nos habla del sistema que devora sus propios cimientos, porque ¿de qué se alimenta el capitalismo? De lo que no paga, o paga mal. Esa es, en una frase, la tesis de Nancy Fraser en Capitalismo caníbal, un ensayo breve (190 páginas en la edición original de Verso, Londres, 2022) que Siglo XXI publicó en castellano en 2023, con traducción de Elena Odriozola.
Nancy Fraser(1947), catedrática de Filosofía y Política en la New School for Social Research de Nueva York, reúne y amplía en el libro textos previos, casi todos nacidos como conferencias universitarias. Es, más que un manifiesto, una teoría con vocación de caja de herramientas. La idea central cabe en pocas líneas.
Para Fraser, el capitalismo no es sólo una economía de mercado, sino un orden social que descansa en cuatro (4) trastiendas que el mercado no paga, o no paga lo que valen: 1º el trabajo no remunerado de cuidados y crianza, 2º la naturaleza, 3º los poderes públicos y 4º la expropiación de poblaciones racializadas. El capital las necesita y, a la vez, tiende a agotarlas. De ahí el adjetivo: el sistema se come aquello de lo que vive.
Conviene leerlo con lápiz y con contrapunto. Las reseñas académicas señalan tres (3) discusiones abiertas. En primer lugar, el capítulo final, el del «qué hacer», es breve y deja sin resolver cuestiones espinosas, como la transición al socialismo o el pluralismo político. También se debate qué cuenta como lucha anticapitalista, porque casi cualquier protesta parece encajar. Y alguna reseña pregunta si este canibalismo es de siempre o propio de nuestro momento. Quienes defienden la economía de mercado recordarán que la escolarización universal y la sanidad pública crecieron dentro de economías capitalistas; la propia Fraser describe cómo el capitalismo gestionado por el Estado a mediados del siglo XX protegió en parte los cuidados en los países centrales, con el bienestar y el salario familiar. Para contrastar: la reseña de David Mengual Garcerán (Universidad de Sevilla) en Res Publica 29(1), 2026, pp. 137-139, y el debate de Historical Materialism (18-10-2023).
Recomendamos este libro a quienes quieran profundizar en la economía política contemporánea, el feminismo, la sostenibilidad y el futuro de los servicios públicos. Es una lectura especialmente útil para docentes, estudiantes, responsables públicos y ciudadanos interesados en comprender las relaciones entre riqueza, poder y bienestar. Quizá la pregunta que mejor resume su desafío sea esta: ¿estamos organizando la economía para que la sociedad pueda vivir mejor o estamos subordinando cada vez más ámbitos de la vida a las exigencias de la economía? No hace falta compartir todas las respuestas de Nancy Fraser para reconocer la importancia de la pregunta. Leer, contrastar y debatir sigue siendo una de las mejores maneras de ejercer nuestra ciudadanía.
Recomendamos leerlo, aunque sea para discutirlo. Y proponemos un compromiso sencillo con tres horizontes. A dos (2) años: haberlo comentado con personas que piensen distinto (tres (3) conversaciones o lecturas compartidas). A cinco (5) años: sostener una hora semanal de voluntariado en cuidados o apoyo escolar. A diez (10) años: haber contribuido a que una iniciativa local de educación o cuidados siga en pie sin nosotros. Evaluación: un balance cada 1 de enero con tres preguntas. ¿Qué hemos leído? ¿Qué hemos hecho? ¿A quién hemos cuidado? Eskerrik asko!
¿De qué se alimenta el capitalismo? Según Nancy Fraser, de lo que no paga o paga mal: los cuidados, la naturaleza, los poderes públicos y el trabajo expropiado a poblaciones racializadas. https://t.co/dp1pZ9ID4R Su «Capitalismo caníbal» (Verso, 2022; Siglo XXI, 2023) sostiene que el sistema devora lo que lo sostiene. ¿Y la escuela? También vive de esa trastienda. Un libro para leer con lápiz y con contrapunto: diagnóstico potente, «qué hacer» breve. Nuestro post lo comenta con neutralidad, suma críticas y propone un compromiso a 2, 5 y 10 años. #NancyFraser #CapitalismoCaníbal #Educación
What does capitalism feed on? According to Nancy Fraser, on what it doesn't pay for, or pays badly: care work, nature, public power and the labour expropriated from racialised populations. Her “Cannibal Capitalism” (Verso, London, 2022) argues that the system devours what sustains it. And schools? They live off that backstage too. A book to read with a pencil and a counterpoint: a powerful diagnosis, a brief “what is to be done”. Our neutral post adds the criticisms and a 2-, 5- and 10-year commitment plan. Full post on the blog. #NancyFraser #CannibalCapitalism #Education
Zerez elikatzen da kapitalismoa? Nancy Fraserren arabera, ordaintzen ez duenaz edo gaizki ordaintzen duenaz: zaintza-lanaz, naturaz, botere publikoaz eta populazio arrazializatuei kendutako lanaz. Bere «Cannibal Capitalism» liburuak (Verso, 2022; gaztelaniaz, Siglo XXI, 2023) dio sistemak bere oinarriak irensten dituela. Eta eskolak? Hura ere atzealde horretatik bizi da. Arkatzarekin eta kontrako iritziekin irakurtzeko liburua: diagnostiko indartsua, «zer egin» laburra. Gure argitalpenean, kritikak eta 2, 5 eta 10 urterako konpromiso-proposamena. #NancyFraser #Kapitalismoa #Hezkuntza
De quoi se nourrit le capitalisme ? Selon Nancy Fraser, de ce qu'il ne paie pas, ou paie mal : le travail de soin, la nature, les pouvoirs publics et le travail exproprié des populations racisées. Dans « Cannibal Capitalism » (Verso, 2022), elle soutient que le système dévore ce qui le fait tenir. Et l'école ? Elle vit aussi de cette arrière-boutique. Un livre à lire crayon en main, avec un contrepoint : diagnostic puissant, « que faire » bref. Notre article ajoute les critiques et un engagement sur 2, 5 et 10 ans. Article complet sur le blog. #NancyFraser #CapitalismeCannibale #Éducation
En unos días nos deleitaremos en el Palacio Euskalduna con La traviata de Verdi, la ópera que quiso vestirse de su tiempo y sentó a la sociedad en el banquillo. En febrero de 1847 murió en París una joven de veintitrés años, y los periódicos le dedicaron tanta atención que, según anotó Dickens, durante días abandonaron la política, el arte y el comercio. Seis años después, en Venecia, ocurrió lo contrario: Marie Duplessis, la cortesana tísica que Dumas hijo había convertido en heroína, volvía a escena como Violetta Valéry y, el 6 de marzo de 1853, el público de La Fenice no se creyó a la soprano que la encarnaba y se burló de ella.
Hoy La traviata compite con Carmen y La flauta mágica por ser la ópera más representada del mundo, según Operabase. Entre aquella burla y este éxito hay un reparto mejor elegido y algo más difícil de fechar: la disposición del público a reconocerse en Violetta.
Un asunto de su propia época. Verdi vio La dama de las camelias en París, en febrero de 1852, junto a Giuseppina Strepponi, y al comenzar 1853 escribió a su amigo De Sanctis que preparaba para Venecia un tema de su propia época. Él y su libretista, Piave, querían vestir a los personajes con ropa del presente; las autoridades de La Fenice impusieron que la acción se situara hacia 1700, y habría que esperar a la década de 1880 para que se cumpliera su deseo. Es, además, la única ópera de Verdi que transcurre íntegramente en interiores: no hace falta calle para que el juicio de la sociedad entre por la puerta.
El estreno: un fiasco con revancha. El primer acto terminó entre aplausos, pero en el segundo el público se volvió contra los cantantes, sobre todo contra Fanny Salvini-Donatelli, una soprano de 38 años que le pareció demasiado madura y corpulenta para morir de tisis. Al día siguiente, Verdi escribió a Emanuele Muzio que había sido un fiasco y se preguntó si la culpa era suya o de los intérpretes. Respondió el tiempo: el 6 de mayo de 1854, con retoques en los actos segundo y tercero y con Maria Spezia-Aldighieri como Violetta, la obra triunfó en el Teatro San Benedetto.
El tribunal de las apariencias. Verdi conocía ese tribunal. Vivía con Strepponi sin estar casado, la pareja encontró hostilidad en Busseto y solo se casaron en 1859. Algunos comentaristas han querido oír en el severo padre Germont la voz de Antonio Barezzi, el protector de Verdi, que desaprobó aquella unión. Nadie puede confirmarlo, pero la sospecha ayuda a oír el gran dúo del segundo acto como la voz de un hombre razonable que, en nombre de la respetabilidad, destruye una vida.
El título mismo es un veredicto: traviata significa extraviada, descarriada, y la ópera se tituló en origen Violetta. Pero la música se niega a firmar la sentencia. Reserva a la «extraviada» su música más honda, incluido ese destello de vida justo antes de morir. Quizá por eso La traviata no envejece: siempre habrá alguien a quien llamar extraviada y alguien dispuesto a pagar la respetabilidad ajena. Tampoco ha desaparecido la enfermedad que mató a Marie Duplessis: la OMS calcula 1,23 millones de muertes por tuberculosis en 2024.
Como propuesta a futuro. En dos años: leer la novela de Dumas hijo y ver tres Traviatas distintas (una clásica, una actualizada y una filmada), anotando qué juicio social retrata cada una. En cinco: escribir una reseña comparada y llevar a una persona joven a su primera ópera. En diez: mantener un voluntariado o una aportación regular a una causa contra la tuberculosis o a un programa que acerque la ópera a las escuelas.
Febrero de 1847: los periódicos de París dejan la política a un lado para llorar a una cortesana de 23 años. https://t.co/FgVBNDP1aS Seis años después, en Venecia, el público se burla de la soprano que la encarna en La traviata. Verdi quería ambientarla en su época; las… pic.twitter.com/oCIYGeoONk