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Política y Ciudadanía en la era de los blogs...

Clase política: Son gentes elegidas, por la selección interna de los partidos y ratificados por las urnas bajo unas siglas concretas. Representan, por tanto, a parte del electorado. También pertenecen a la clase política, en un segundo nivel, quienes a su vez ocupan cargos públicos por designación de los políticos salidos de las elecciones. Pueden ser en proporción un uno por mil de la población total, en cada momento. Hay sociedades, como la vasca, con cuatro parlamentos (Tres Juntas y un Parlamento Vasco) y otros entes legislativos, con tan alto número de "cargos políticos". Sus nombres y designaciones figuran en los Boletines Oficiales (quienes suscribimos esto jamás hemos pertenecido a esta reducida clase política).
Pero la política la ejerce, activamente quien quiere, especialmente si cuenta con cauces de participación como los que toda democracia genuina ofrece, y especialmente lo logran las más avanzadas y contemporáneas mediante la participación ciudadana activa.

Ciudadanía, con mayúscula: Son quienes forman parte de la sociedad y en quienes reside la voluntad plural de resolver con acuerdo los temas conjuntos que les afectan. Su grado de actuación política es variable, desde quienes ni se molestan en votar hasta quienes simpatizan o militan (nos gustan más, civilizan) en partidos políticos o en otras formas de representación ciudadana. Lo público, lo común, sigue siendo -en todo momento- responsabilidad de la misma sociedad en su conjunto. La soberanía reside en el pueblo. La democracia con representación partidista no es sino una fórmula para ser más eficaces en la adopción de medidas para el bien del conjunto de la comunidad.

Servicio a la sociedad: Los cargos políticos, en primer grado, el funcionariado, en segundo nivel, han sido elegidos -por procedimientos distintos, con sus ventajas e inconvenientes- para servir a toda la ciudadanía. Son servidores públicos, costeados por el inmenso resto de sus conciudadanos, y están en plazos limitados en sus puestos. Sus decisiones afectan al conjunto social y deber ser adoptadas, por quienes corresponda en su momento y nivel, con la mejor escucha de la ciudadanía, que es a quien se deben y a quien han de beneficiar.

Web 2.0: Internet en su desarrollo actual facilita las redes sociales donde se puede apreciar con mayor nitidez que nunca la voluntad de cada vez mayor parte de la ciudadanía en tiempo real, casi minuto a minuto y no con convocatorias cuatrienales. La web 2.0 puede permitir apoyar la responsabilidad social en mucha más gente que sin su concurso. Los poderes públicos, los cargos, el funcionariado, podría sentirse más apoyado en sus decisiones cotidianas si diese cauce a la participación con recursos convencionales y digitales, y después atendiese la voz de más y más ciudadanía.
El poder, que debiera ser sólo servicio a los demás, puede y DEBE estar más diseminado, más socializado, más distribuido. Para ello es preciso un cambio de mentalidad, en primer lugar de la clase política, gobernante o en la oposición. No se trata de Tecnología 2.0, sino de un salto cuántico en Democracia 2.0, en Política 2.0, en Gobierno 2.0. Para esa evolución, el mejor (que no único) por ser el más rápido camino sería una Educación 2.0 para toda la Ciudadanía. Es urgente, es necesaria, es imprescindible. ¿Os sumáis a esta causa, abierta a toda la ciudadanía, desde todas las opciones partidistas democráticas que busquen sumar y acordar?

Las imágenes que acompañan este post pertenecen al Alderdi Eguna de EAJ-PNV. Un partido, entre otros, aunque el más votado en la Comunidad Autónoma de Euskadi. Hoy ha celebrado un encuentro, más analógico que digital, de sus cargos con sus bases, simpatizantes y observadores. Allí hemos estado y nos hemos encontrado con mucha gente. Hemos pedido más participación y avance hacia una Politika 2.0 con rasgos de políRica, porque queda mucho trecho por recorrer por parte de todos: Ciudadanía y clase política. Y eso mismo ha de reclamarse en todas las formaciones políticas, porque la sociedad actual dispone de nuevas formas de sumar voluntades, no sólo a través de partidos políticos, sino también de redes sociales cruzadas con lo partidista. Quienes nos reunimos en Politika 2.0 somos ciudadanía de opciones distintas, ácratas, independientes o partidistas, pero en definitiva personas integrales que desde nuestra pluralísima y democrática perspectiva buscamos y debatimos sobre cómo perfeccionar la política. Y no hay duda de que es perfectible.

Política digital en 2010, nuestra opción políRica

Política digital en 2010
Hemos recibido de manos de sus editores Miguel Ángel Casado, Igor Filibi, Estefanía Jiménez, Jone Martínez e Iker Merodio la publicación de "Política y medios de comunicación: reflexiones poliédricas sobre una realidad compleja". Incluye entre las páginas 69 y 74 nuestra aportación, bajo el título de "Política digital en 2010", que hemos anexado arriba.

Es nuestro alegato a favor de una evolución hacia una política más lírica, políRica, que recomendamos leer en el PDF anexo que se puede descargar de la red. Entresacamos algunas de las tesis expuestas:
  • ... Todo lo relacionado con la nueva realidad digital ha alterado y completado nuestra identidad personal y colectiva. Aspectos que formaban parte de nuestra intimidad, por deseo propio o por imposibilidad de darlo a conocer, son expuestos al dominio general bajo un nuevo epígrafe de la “extimidad” en todas sus facetas. La comunicación se ha multiplicado porque los canales de las redes sociales se han desplegado y siguen creciendo...
  • Toda esta realidad social está calando a velocidad gradual, acelerada e imparable en nuestras vidas. Lo previo, el Internet de masas semejante a los medios de comunicación previos por otra vía (denominada web 1.0), ha dado paso a los blogs, los wikis, el comentario y la innovación accesible para toda la población en el fenómeno 2.0 que caracteriza la actualidad digital. Su impacto ha sido y seguirá siéndo irreversible en ámbitos como la educación, la comunicación, la publicidad, la captación de fondos, la gestión de empresas o instituciones, aspectos todos ellos que componen la quintaesencia de la Política, cuyo modo de funcionar se resiste por inercia como ha sucedido en los campos citados, hasta que el tsunami de lo 2.0 ha desbordado todas las reticencias del pasado.
  • En una sociedad como la nuestra, el País Vasco en el Estado Español y en la Unión Europea, son numerosas las reflexiones sobre cómo habría de propiciarse una Politika 2.0 para aprovechar la disponibilidad de herramientas tan poderosas para perfeccionar nuestra democracia, siempre perfectible como cualquier sistema humano.
  • La malhadada pervivencia de la cruel violencia política nos marca como país y como ciudadanía y nos desalienta como seres humanos. Podría decirse, que ha llegado a bloquearnos en nuestras formulaciones democráticas, que se ha caído en una rueda de desánimo y de rutina donde se ha instalado el enfrentamiento partidista, la simplificación del maniqueísmo y lo peor, el hastío de gran parte del electorado, especialmente grave en el caso de la juventud, que no se ve representada por la clase política vigente.
  • La ciudadanía, a la que no se ha cultivado ni formado debidamente en temas políticos con una visión de altura y de futuro, ha llegado a considerar estadísticamente que la misma clase política es uno de sus mayores problemas, ascendiendo imparablemente en la escala de peligrosidad. Si llegados a este punto, al borde del precipicio, no se aprecia paladinamente la necesidad de reformar en profundidad la manera de hacer política es que nuestra ceguera es alarmante.
  • Afortunadamente contamos con grandes aliados, comenzando por el propio sentido común generalizado entre la población, y su infinita paciencia con quienes gobiernan y gestionan la cosa pública, aunque todo tiene un límite que no conviene tensionar más. Además, también la red y sus ilimitadas capacidades de conexión social pueden propiciar caminos de empoderamiento de la sociedad civil, permitiendo una mayor (porque casi estamos en cero)
    participación política.
  • Cuando se analiza con una visión 2.0 la decimonónica política al uso, es patente sus palmarias insuficiencias… y su necesaria innovación en profundidad. Citemos algunas de las más penosas deficiencias: la democracia representativa se ejerce por listas de candidaturas desconocidas, sin primeras vueltas, sin apenas consultas durante las legislaturas, con cámaras parlamentarias multiplicadas (3 ó 4 forales, autonómica, dos estatales y otra europea) e ineficaces, donde cada persona no sabe quién le representa (ni siquiera la representación conoce su distrito), con un altísimo coste desde los centenares de alcaldías, concejalías, con nada menos que 112 municipios sólo en Bizkaia para menos de 1.200.000 habitantes, para una escasa representación del electorado. Como resultado de todo ello, sigue siendo “el principal partido, la abstención”.
  • Ante esta situación, que sólo complace a quienes disfrutan de las “ventajas” de haber sido elegido por una cúpula partidista para ir en los primeros puestos de una lista cerrada, es precisa una reflexión conjunta, pausada e inmediata partiendo de una realidad, incontestable para la gran mayoría: el sistema es, quizá el menos imperfecto, pero urge su rápida y profunda remodelación.
  • Bien es cierto que estamos tratando una materia muy delicada, la política, (también lo es la educación, la comunicación,…), pero posponer la renovación nos llevaría a una situación más dramática y difícil. Justamente en una época de crisis económica y social, la atención al sistema político (y a su propia enmienda) es inaplazable.
  • Aunque la mudanza deberá efectuarse con una prudente gradación, las modificaciones menores -pero significativas- no pueden aplazarse ni un minuto más. Derivado del contrasentido de tanta representación política de personas desconocidas para sus votantes, habrá que sistematizar con mayor eficiencia y eficacia quién es quién en cada puesto de responsabilidad política. Las camarillas que dirigen todo el país se concentran en apenas unas pocas personas, de cuatro o cinco formaciones políticas, aunque luego sean casi un millar (en Euskadi) quienes ocupan cargos, demasiado teledirigidos desde sus centrales de partidos. El resto de la sociedad apenas logra articular una participación con los contados órganos de barrio, plataformas ciudadanas, o sindicatos y organizaciones empresariales cuya estructura no es exactamente democrática. El grueso de la ciudadanía, ante tal panorama, parece desentenderse… y refugiarse en la queja y la atribución de la clase política… como uno de sus mayores problemas.
  • Por todo ello, se debe dar voz a la ciudadanía, algo que ya es perfectamente posible a través de las redes 2.0. La blogosfera apenas se está utilizando, y sólo para reproducir el mismo tipo de comunicación de masas que se encauza por prensa o medios audiovisuales. Pero la web 2.0 puede superar, sin siquiera eliminar aunque sí reposicionar, los sistemas de mera información anteriores, porque su capacidad de interrelación permite perfeccionar aquellas formas de comunicación unidireccional y complementar sus cauces permitiendo una intercomunicación desconocida e inimaginable hasta la fecha.
  • La inteligencia colectiva de un electorado 2.0 supera al saber del subconjunto de su "simpatizancia" 2.0, y más aún el del subgrupo aún más reducido de la militancia 2.0, y mucho más que la sabiduría de esas decenas de cargos políticos e infinitamente más que el conocimiento de sus contados miembros de la cúpula. Más aún, todos los partidos políticos podrían aprender mucho si extienden el colectivo de exploración y recaban la opinión del conjunto de la ciudadanía a través de procedimientos enteramente abiertos del crowdsourcing, como lo hacen empresas e instituciones en ámbitos planetarios.
  • La ciudadanía ya no sólo es "consumidora" de una opción política, sino "productora" de ideología y de soluciones también. El concepto de "prosumer" o "prosumidor" es perfectamente aplicable a la política, y ello disuelve las diferencias entre militancia y electorado. Antes se consideraba que sólo la militancia podría votar internamente para decidir cuestiones de partido, suponiendo que había un electorado cuyo rol se limitaba a aceptar lo propuesto. Esto ya no cabe a corto plazo: quien vaya a votar una opción partidista debe poder coparticipar en todo lo que sea posible. Sólo si nos sentimos copartícipes de las decisiones políticas, podremos sintonizar y defenderlas como propias.
  • La militancia ciega, de lo que decidan los líderes, es cosa del pasado. El genuino liderazgo es abierto, participativo, busca la suma y la sinergia interna... y externa. La política no deja de ser una actividad más ejercida por seres humanos. En el siglo XXI necesitamos una ciudadanía educada para sentirse personas, antes que nada. Sentirse demócratas, y reconocer las actitudes que no lo son. Y entre demócratas, el resto son matices, legítimos y necesarios, pero destacando lo que de común tiene toda la ciudadanía. Si esto no es entendido, si se prosigue con la política al uso ésta desencantará y aburrirá aún más... A veces, sospechamos que hasta a la misma clase política.
  • La escucha activa y el fomento de la participación ciudadana deben ser el paradigma de los Partidos 2.0, alterando toda su práctica actual de asambleas cerradas, información limitada a militancia, anticipar proyectos para ser sometidos al análisis comunitario. Y todo ello, porque el ciberespacio es una parte esencial de nuestra realidad cotidiana.
  • Parafraseando a Martin Gardner, “nunca subestimes el analfabetismo científico (¿político?) del público”, los partidos se han basado y han abusado de dicho desconocimiento. La formación para una ciudadanía responsable debería ser una premisa y un eslogan para distinguir la democracia interna y externa que caracteriza a cada formación partidista. Desde el liderato se debería proclamar aquello de "la política NO tiene cerebro: use el suyo, el de cada miembro de la ciudadanía", en lugar de lanzar proclamas y simplificaciones, y ello en toda ocasión, antes de entrar en una votación o de cualquier acto político.
  • La blogosfera es una parte palpable de nuestro mundo. La presencia y extensión de las blogosferas políticas, tanto de partidos de estructura convencional como de nuevos partidos nacidos de la web 2.0, podrían perfeccionar la gestión política. De ahí que sea muy recomendable propiciar los primeros encuentros formales de las blogosferas para converger y establecer cauces de participación e interacción. En tanto son más cercanas a la ciudadanía podrían aportar un buena dosis de moderación y de tolerancia, que habrán de ser creciente entre las militancias 2.0 de cada opción política, mientras no se subsuman en un electorado global 2.0.
  • El protagonismo de las blogosferas políticas, como intérpretes de las mayorías y minorías sociales de cada momento, logrará minimizar la abstención (primera medida del fracaso político y de la deserción de la responsabilidad ciudadana) y propiciará una nueva dialéctica política que está naciendo en la red de redes. Además, los partidos podrán emerger desde su fortaleza interna y orientar su liderazgo hacia el electorado que no les vota aún.
  • Así se avanzará en el camino de la historia. Según Carl von Clausewitz la política era una continuación de la guerra por otros medios. Aquella política, la única que hemos conocido, fue una afortunada superación de la guerra. Y una política 2.0 será una evolución de la política 1.0. Porque la política de la que parecemos no poder escapar apenas supera la conversión de los cuarteles en parlamentos, pero aún los discursos políticos suenan como arengas militares, y las jerarquías partidistas remedan demasiado bien los galones prusianos.
  • Los partidos han de evolucionar en su organización y cultura para parecerse a movimientos más inspiradores y participativos. Con una metáfora cinematográfica, en ocasiones la política que se nos transmite desde los massmedia se asemeja al monstruo de Frankestein cuando se acerca a la niña, que representa el electorado joven, conectado y actual. La secuencia debe culminar con la conversión del monstruo, no con la destrucción de la niña. La política 2.0 debe ser algo más fresco, más novedoso, más sexy, más atractivo,... para la juventud, para la ciudadanía recién llegada de otros países, para las mujeres y, en general, para toda la ciudadanía.
  • La política 2.0 debe adquirir tintes de políRica, o política lírica, que es un estadio superior de la política épica (polépica) que hemos conocido y que aún pervive, donde el enfrentamiento y la identidad por oposición a los demás es una pauta constante. En políRica, regida por una ética ubuntu (la persona se hace humana a través de los demás), se prefiere empoderar a la ciudadanía y no subordinarla pidiendo que deleguen su voto. Una sociedad políRica no desea caudillos épicos, sino que busca y destaca mumis líricos que actúen de catalizadores del sentir ciudadano.
  • Todo ello debe generar un panorama radicalmente distinto, donde cualquier forma de violencia (incluida la verbal) sea repudiada radicalmente y amortice inmediatamente a quien sucumba con ella. En política lírica (políRica), y en la vida feliz, no sólo se trata de convencer a los demás, sino de esforzarse para ser convencido por ellos, en reconocer los previos errores propios.
  • La políRica no sólo se basa en el respeto de las diferencias, sino que apuesta por el disfrute de la diversidad que enriquece las semejanzas. Hasta el léxico política se muda, desde los bélicos términos de "armas electorales" o "militancias partidistas" para alertar del peligro de que otros ganen. La políRica prefiere "almas solidarias" y "civilizancias democráticas" anunciando la esperanza de que podemos ganar juntos... que es la única forma de triunfar. En políRica desaparecen los vencedores y los vencidos, y sólo quedan convencedores y convencidos en un plano de igualdad y mejorados por igual.
  • Para concluir este alegato prospectivo, y para animar a dar los primeros pasos en esta dirección, es preciso manifestar un elemento convincente... para los actuales dirigentes políticos. Quizá el proceso será más lento de lo deseable, pero asimismo será muy valorado por el electorado como un factor diferencial para los partidos que lideren esta progresión hacia la políRica, frente a quienes sólo acepten la evolución cuando sea inevitable.

  • Blog del equipo ev09: eleccionesvascas2009.wordpress.com. Algunos de los posts nuestro sobre este colectivo ev09, Elecciones vascas 2009. Más posts sobre políRica, y algunas imágenes de nuestra visión políRica.

Una metáfora, dos tiempos y tres cualidades de la política

Tras votar la ciudadanía debe seguir vigilante y exigente con su clase política.

Por razones familiares he vivido estas elecciones desde una Europa con mayor tradición democrática, en un idioma de gran historia cultural y desde una razonable distancia. Conversar y explicar nuestra realidad política a amigos extranjeros, y sobre todo escuchar sus apreciaciones, ha resultado sumamente clarificador. También el hecho de que, por primera vez he ejercido el derecho de voto por correo, hace unos días. Pude comprobar que es, a un tiempo y por extraño que parezca, engorroso y susceptible de manipulación. Espinoso porque exige ir por dos veces a Correos en persona, y problemático porque cuando llega la hora de votar no se requiere y no se asegura el secreto del voto, por lo que es posible –como se ha denunciado y verificado- que algún desaprensivo pueda exigir el voto por correo para controlar su destino. Esto debiera ser corregido, aunque no es el núcleo central de este artículo.

Concluidas las elecciones, y cuando todos los analistas y partidos se aprestan a usar la calculadora para explotar la aritmética del resultado, quizá lo más conveniente sea una reflexión cualitativa para la ciudadanía, haya o no ejercido su opción de acudir a las urnas. Todo ello con el fin de presionar y transmitir a nuestros representantes políticos lo que esperamos de ellos y lo que hemos de exigirles.

Una metáfora de la política. Las elecciones suelen ser vistas como competiciones deportivas, donde unos ganan y otros pierden. Es una desafortunada alegoría. Todos sentimos una relativa repulsión cuando la noche electoral todos los partidos proclaman que han ganado: ¿A quién? Porque todos percibimos que nadie nos ha ganado, hayamos o no depositado nuestra papeleta, y haya sido coincidente con más o menos de nuestros convecinos.

La política se percibe mejor como la construcción de una gran casa donde quepamos todos, donde toda la sociedad se sienta lo más confortablemente acomodada. Es cierto que cuando un municipio, una diputación, una autonomía, un estado o un continente deciden configurar un marco común de convivencia las visiones pueden ser diversas e, incluso, divergentes. Por ello, la política –que es el mejor sistema inventado para vivir en sociedad- se articula en dos etapas consecutivas y cíclicas.

Dos tiempos políticos. Para ir evolucionando y eligiendo lo mejor en cada momento histórico, las elecciones se suceden periódicamente cada cuatro o cinco años (siete en otros países). Y en cada legislatura pueden y deben diferenciarse dos fases: El período de campaña electoral y el curso de acción de gobierno. En el breve lapso previo a las votaciones conviene que las distintas opciones políticas diferencien y maticen sus mensajes alternativos para buscar y ampliar sus electorados. En estas semanas cabe exacerbar el contraste, rivalizar en las soluciones e incluso predicar la superioridad de algunas medidas en comparación con otras disyuntivas. Por desgracia, algunos políticos se confunden y permanentemente se mantienen en campaña electoral, sin ejercer su papel de gobierno o de oposición en las instituciones. Con ello, actúan en una labor de zapa que no permite el avance alcanzable bajo la batuta de quienes han sido elegidos para administrar durante un plazo.

Una vez que la ciudadanía ha hablado con su voto, incluida la abstención, el voto blanco o nulo, e incluso los resultados de partidos minoritarios, es tiempo de aplicarse al trabajo, con sistemas eficaces basados en las mayorías. Entonces es cuando se puede apreciar la bondad y la inteligencia de la clase política, cuyos mejores atributos deben manifestarse en tres ejes básicos.

Tres cualidades políticas. La misma noche electoral es un momento idóneo para advertir la calidad de los políticos, sobre una triple observación. Primero, la humildad. Alguien designado por sus conciudadanos ha de saber, aunque haya sido elegido por una mayoría abrumadora, que sólo es una designación temporal, por unos años, y que se debe no sólo a sus electores, sino al conjunto de la sociedad ante la que se ha presentado y a la que sirve con un grado mayor o menor de representación. Esta primera cualidad escasea sobremanera, y muchos de nuestros representantes políticos se creen ungidos por algo sobrenatural, o sólo por su aparato de partido, olvidando que son meros intérpretes circunstanciales de la voluntad popular.

Sin esta premisa de servidumbre en un dirigente político, es difícil cumplir debidamente con la necesaria segunda actitud: el respeto. Todo candidato electo debe, inexcusablemente, un máximo respeto a la sociedad ante la que se ha postulado, ante todo ese extenso cuerpo social, tanto ante quienes le han elegido, como ante quienes NO le han escogido por haber preferido a otras personas. Por tanto, todos los políticos democráticos deben ser respetuosos con sus adversarios políticos, porque son personas que también representan a porciones de sociedad, al igual que ellos mismos. Por ello, toda falta de respeto e incluso el habitual desprecio del oponente sólo desdice de la capacidad de representación. Tristemente, no hemos superado la época del insulto extemporáneo y de la descalificación del contrario, sin advertir que se está despreciando a los sectores sociales que han elegido a esas opciones políticas, con independencia del peso electoral relativo que alcancen.

La tercera y última aptitud política es la eficacia. Esta facultad se basa y fundamenta en las dos anteriores virtudes: la humildad y el respeto. La capacidad ejecutiva debe considerar permanentemente su respaldo temporal y la complejidad de una sociedad plural. Esta competencia debe leer el resultado global en su municipio o en su autonomía y avanzar de acuerdo con la mayor parte de la totalidad de los electores. Tampoco abunda entre nuestros políticos en este tiempo. Todavía hay quienes buscan ventajas partidistas, aún a riesgo de provocar grave división o fractura social.

Como síntesis final, y en aplicación de los resultados más próximos a nuestro entorno, podrían apuntarse algunas convenientes tendencias, que previsiblemente NO serán seguidas en ningún caso por la clase dirigente que sigue gobernando con fórmulas basadas en metáforas de competición, mezclando etapas electorales y con insuficientes cualidades políticas. En Getxo, donde PNV y PP han obtenido el mismo número de concejales (10) junto a 4 del PSOE y 1 de EB-Berdeak-Aralar, debiera gobernar un alcalde del partido más votado (PNV) en coalición paritaria y circunstancial con el PP, porque así lo ha querido el electorado de Getxo, nos guste más o menos a unos u otros. En Bilbao, con un reparto de 13 concejales del PNV, 9 PP, 9 PSOE y 2 de EB-Berdeak-Aralar, también lo más representativo sería un gobierno PNV-PP. En las Juntas Generales de Bizkaia, con 23 junteros de PNV, 14 del PSOE, 8 del PP, 4 de EB-B/A, 1 de EA y 1 de EAE.ANV, debiera presidirlo una coalición coyuntural PNV-PSOE también con amplia mayoría, y que respetase el reparto general del corpus electoral y de todas las sensibilidades representadas.

La clase política debería ser educada y educadora para toda la ciudadanía. Los políticos habrían de comprometerse a enseñarnos a convivir, con humildad del poder que se transitoriamente les otorgamos, con exquisito respeto para los demás representantes que lo son porque algunos de nosotros los hemos elegido, y con la eficacia que surge mejor de la suma de las mayorías del electorado. Si a algunos aspirantes a gobernantes les parece incómodo, no ajustado a sus expectativas o difícil de conseguir, que se retiran a las posiciones de meros electores para dejar paso a verdaderos estadistas que actúen en base a lo que las urnas fielmente han expresado.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/123pol.DOC

El poder de las redes en política

Estas semanas vemos cómo, en apenas unos días, se derrocan dictaduras que parecían eternas. Sin más armas que los móviles y las redes digitales. Y sin más sangre que la que derraman quienes detentaban un poder tiránico. Con la que está cayendo por el mundo, desde el Medio Oriente al Medio Oeste de Wisconsin, y la clase política sigue suponiendo que eso no es cosa suya. Los Castro quieren creer que es algo que sólo actúa por regiones... o religiones, cuando dicen "En Cuba no somos musulmanes". Y en nuestro entorno europeo, español o vasco todavía algunos pretenden que Open Government, sí ese que derriba tiranos, por aquí se limita a abrir una web o un blog (y no ponemos links) con respuestas del líder en vídeo.

Así que los partidos al uso preparan sus campañas con folletos, prensa, radio, televisión y movilizando a sus respectivas blogosferas... para repetir el mismo lema simplón de sus respectivas campañas unidireccionales vía los mass media. Ignoran deliberadamente, porque no se puede controlar, la "autocomunicación de las masas". Ningún partido abre un verdadero debate a la sociedad, a través de la red. Ninguna candidatura pregunta sobre cómo abordar el paro, la salida de la crisis, el apoyo a la inversión productiva, la apuesta por una nueva educación que nos haga competitivos sobre la base de una solidaridad que nazca de un diferente reparto del poder.

Nos entretienen insultándose, y el debate político está a la altura de los indignos programas del corazón. La mayoría de nuestros políticos son populares, pero ni especialmente sabios, ni honrados, ni modelos a imitar. Lamentablemente y por incultura política, aún se vota a gente como Berlusconi, antiejemplo no ya de político, sino de ser humano del siglo XXI. La política está rendida al servicio de bancos, constructoras, intereses,... Con esta dependencia externa, porque con sus cuotas no durarían ni un solo día, defienden lo innombrable... y lo suyo personal o familiar, cuando ser político quiere decir mirar por los demás y por el bien común.

Ante unas elecciones municipales y forales están dilapidando el tiempo, aburriendo con sus patéticas rencillas a la ciudadanía para que se desinterese de la política. Jamás entran a fondo en las cuestiones críticas. ¿Sobran instituciones y sobran políticos? ¿Cómo se selecciona en las listas cerradas? ¿Alguien replanteará tras décadas la Ley de Territorios Históricos ((LTH) o tras siglos el modelo de diputaciones provinciales con sueldos políticos abusivos (mayores que las inversiones)?

Algún día, y será mucho antes de lo que desean los poderosos, nuestros conciudadanos despertarán. Sería preferible que la caduca política de clanes y partidismos asfixiantes hubiese evolucionado para que el terremoto sea menor. ¿Algún partido político entenderá que ahora es preciso un nuevo relato y no la vieja doctrina, que cooperar es revolucionario, que lo crítico es generar consensos sociales frente al enfrentamiento permanente y que hacer política es servir? ¿Llegará a la política el mensaje que también José Ignacio Goirigolzarri pregona (ver en vídeo): La calidad de una organización se mide por la calidad de las conversaciones que tienen lugar entre sus gentes...?

Se impone presionar a la clase política, que no conversa con nadie (ni los dirigentes de cada partido con sus militantes, no ya digamos con sus bases), para que entiendan que en 2011 una oportunidad electoral ha de vivirse de otro modo. Son tan relevantes los micromítines como los macrocitas, que sólo se celebran para que sean emitidos y vistos a través de la prensa convencional. Hay que abrir el debate político, actuar más que hablar (generalmente mintiendo sobre pasados que no fueron o futuros que no llegarán) y urge un discurso más (o algo) participativo. Los líderes del siglo XXI saben ir detrás, escuchando y conversando,... y retirándose sin buscar su perpetuación en cargos.
Necesitamos nuestros propios Wael Ghonim (o algún Daniel Cohn-Bendit pero en la blogosfera de Mayo del 2011),... O la política se acomoda a la realidad 2.0, o será sustituida por «wikirrevoluciones» que se autogeneran y se autoorganizan,...

[Como anécdota y a escala muy local, el pasado noviembre de 2010 un grupo de bloggers vascos creamos un colectivo HAMAR con el objetivo de analizar la política contemporánea con una perspectiva políRica (política más lírica). En los cuatro meses transcurridos ha habido más movimiento interno (decisiones de entrar o salir del grupo por conflicto de intereses,...) que respuestas de los principales grupos y líderes con quienes deseamos estar. Estos políticos han aceptado el debate,... pero no encuentran fecha para llevarlo a cabo. Se miran más entre ellos, a ver quién da el primer paso, que aceptar un diálogo fuera de su entorno donde seguramente abunda más la adulación que la sinceridad. Pero seguimos confiando en encontrar políticos del siglo XXI,...]

Letreros innecesarios... o insuficientes

Desde el "Plan E" hemos visto el letrero de cada obra mucho antes que el inicio de la misma. Incluso ha habido casos, como el de la imagen adjunta, donde el coste del cartelón (1.800€) superaba a la inversión publicitada (973€). El texto "obra financiada por el Gobierno", parece transmitir que es la clase política dirigente de la institución quien subvenciona el proyecto. Sería más exacto apuntar que somos los contribuyentes quienes pagamos lo anunciado,... y a los propios políticos que han decidido tan aparatosa explicación. Porque es algo obvio que el dinero proveniente de los bolsillos de la ciudadanía es el que paga los bienes comunes, a través de los organismos públicos pertinentes.

Si la casta política quiere apuntarse méritos desde las diversas instancias (Municipios, Comunidades,...) podría encargar más chapas para ponérselos sobre la solapa de sus costosos trajes, sus coches oficiales, sus lujosos despachos,... donde también debería expresarse "pagado con el dinero de los contribuyentes". Incluso estos adhesivos deberían llevarse en la solapa tras dejar el cargo público (si conservan privilegios de ex-presidente,... o de ex-cargo de lo que sea) e incluso durante su jubilación de oro por haber sido parlamentarios, viceconsejeros de aquí o de allá,... con prerrogativas escandalosas a las que no han renunciado ni en vísperas de las próximas elecciones.

Así que se dejen de paneles superfluos, que renuncien a las prebendas autoconcedidas, y que no harten más al votante con estas actuaciones que sólo recuerdan que estamos gobernados - en demasiadas ocasiones - por personas muy propagandistas, malas gestoras, poco sutiles, nada austeras y sin una pizca del altruismo exigible para servir honestamente en política.
¿Dónde está la obra?
Una visión políRica (política lírica más propia de nuestra era) implica que ejercer un cargo político no signifique ninguna ventaja personal ni familiar. Para exigir y dar ejemplo en la administración del presupuesto logrado con los impuestos directos e indirectos que pagamos todos, incluidos los más desfavorecidos de la sociedad, es preciso renunciar a las "habituales prerrogativas" de la clase política.

El salario de cualquier puesto político debiern ser justo el anterior a ejercer la política (incluso con un tope máximo). No se debiera consolidar ningún complemento de por vida, activa o en el retiro. Debieran desaparecer toda forma de cesantía por concluir un mandato político. Los viajes en clase popular, como son los de quienes pagamos tales desplazamientos. La jubilación sin ventajas ni en adelanto, ni en suplemento alguno. Eso es servir en política, y no servirse de la política.
Letrero hinchado

Política: De la ‘Polépica’ a la 'Polírica'

’Polírica’ y ‘Polépica’ son neologismos que proponemos, derivados respectivamente del concepto binomial de "política lírica” y "política épica".

La historia de la humanidad ha recorrido un largo camino donde la política, incluso la pacífica y democrática, se ha basado en el esquema de derrotar al adversario. La fórmula del voto universal y los partidos políticos ha demostrado ser mejorable, como señaló Churchill, “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el género humano,... con excepción de todos los demás”. El anhelo de superación y las nuevas posibilidades de participación ciudadana permiten sospechar en mejoras sustanciales para la gestión compartida de la convivencia.

La ‘polépica’ habla de entelequias abstractas (como identidades excluyentes), cree que sólo hay un partido correcto, produce afiliados clónicos de pensamiento uniforme (llega a crear fanáticos), se atrinchera, divide, levanta barreras, busca la conquista como dominio con una visión maniquea de la realidad política con fracciones separadas entre "nosotros y los otros". Por el contrario, la ‘polírica’ descubre a las personas solidarias (que quieren ser en función del hacer junto a los demás), busca encuentros constructivos desde posiciones diversas, levanta puentes, suma e integra, entiende la conquista como seducción y busca una “relación amable” entre un único todos nosotros.

Existen numerosos y significativos detalles no sólo del agotamiento del modelo de enfrentamiento gobierno-oposición, sino incluso de soluciones inéditas que empiezan a proliferar y divulgarse en los medios de comunicación. De las sospechas de agotamiento del esquema “épico” da cuenta la desafección creciente hacia la política de bloques, el cansancio del electorado por campañas ruines basadas en el descrédito del oponente y la ineficacia de gobiernos débiles, monocolores, sin mayorías solventes.

Más esperanzadores son datos puntuales, pero innovadores en toda la escala de políticas autonómicas, estatales o mundiales. Como la búsqueda de transversalidad en la política vasca, el apoyo a los presupuestos ajenos en época de crisis (con renuncia a la acción destructiva de la habitual oposición mal entendida), o la petición de respeto hacia el adversario directo del mismísimo candidato del partido republicano en plena y disputada campaña electoral.

Ha surgido una era en la que el electorado se nutre de fuentes muy diversas, participando más activa y bidireccionalmente (gracias a Internet) en el debate social, escuchando y hablando tanto con quienes simpatizan o discrepan en ideas políticas. Ese encuentro produce una fertilización de frutos aún poco visibles, pero con promesas ciertas de realización a corto, medio y largo plazo. Algunos ejemplos de buen hacer, en este sentido, son Think Gaur o las Plataformas Ciudadanas.

Uno de los primeros productos de esa aproximación ha sido el atenuar la distancia entre la clase política y el resto de la ciudadanía. Se están acercando y colaborando más y más quienes se dedican a la política y aquellas personas a quienes representan. Y esa escucha se produce de forma continua, no sólo en período electoral. Más aún, se están auscultando también electores y simpatizantes de distintas tendencias, comprobando que junto a las legítimas e inevitables diferencias de opinión, existen grandes áreas de coincidencia y acuerdo.
Así, de un modo imperceptible pero continuo, está surgiendo un movimiento de “polírica”, donde lo compartido se destaca en la acción política, frente a la “polémica polépica” de que ganen los mejores y los demás esperen tiempo mejores sin participar en la cosa pública. A modo de exploración de una determinada opción partidista, señalemos algunos signos indicativos de una promisoria práctica de “polírica”, producida cuando…

1. Escucha al conjunto de la ciudadanía, además de a su propia afiliación, facilitando en todo momento la máxima participación en la toma de decisiones y ofreciendo posiciones nítidas y sin artificio. Así se supera la situación actual en muchos partidos, cuyas propuestas son cerradas, limitadas a la militancia e incluso sólo al “aparato interno”, para generar, en la práctica, proyectos, prioridades y candidaturas con listas cerradas.
2. Transmite mensajes claros basados en sus propuestas, citando promesas y dificultades, sin demagogia y sin ocultar la propia trayectoria, presentando con sinceridad aciertos y sin hurtar los errores cometidos que serán presentados como camino de mejora.
3. Construye identidad política atesorando centralidad, a fin de extender sus potenciales alianzas por las múltiples conexiones y coincidencias con otras opciones. Basta la trillada radicalidad por la vía de acumular retahílas de viejos conflictos frente a otras disyuntivas. Ha de renunciarse a desacreditar otras candidaturas, definiéndose por sí mismo y abandonando la dialéctica de oposición con antítesis a otras propuestas.
4. Interpreta el resultado de las urnas, aceptando el apoyo recibido por cada partido, sin medias verdades para negar ni atenuar la voz de la ciudadanía que se pronuncia con sus votos y con su participación previa, simultánea y ulterior a los comicios a través de fórmulas de participación.
5. Resalta los puntos de acuerdo con otras opciones políticas, que siempre respetará en sus matices porque cuentan con cierto respaldo social. Encuentra y favorece lo mejor de la sociedad, destacando los puntos fuertes y compartidos del arco político, sin desacreditar a quienes piensen de modo discrepante.
6. Comprende las perspectivas divergentes a la suya que coexisten en su entorno, entendiéndolas como un elemento de riqueza, pluralidad y de búsqueda conjunta de los objetivos comunes. Del análisis de tales disensiones, habrá de hallar sendas de superación progresiva o de avance convergente sobre los raíles basados en elementos de consenso.
7. Busca acuerdos estables, diferenciando entre pensamiento y acción política que requiere capacidad de gobernar desde mayorías lo más amplias posibles, pero respetando a las minorías de oposición. Para ello, suma voluntades de todo el espectro parlamentario en pro de objetivos comunes, que beneficien al conjunto de la sociedad.
8. La clase dirigente entiende su labor como servicio público, como una etapa personal delimitada en el tiempo, precedida y seguida de otras labores profesionales. En su responsabilidad social se aprecia la misión de representar a la comunidad, con una dedicación volcada en buscar el bien común, nunca el beneficio (ni siquiera el protagonismo) personal o grupal.
La nueva sociedad en red sugiere avances en los canales de e-democracia posible. El sistema político ha de acomodarse a las nuevas realidades de la comunicación contemporánea. Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy y, probablemente, Barak Obama supieron recoger las ventajas de enlazar mejor con su electorado a través de la radio, la televisión e Internet.
El mundo actual está intercomunicado y distribuido en red nodal y multicéntrica. Los partidos políticos han de superar sus estructuras centralizadas, piramidales y rígidas. Si no lo hacen, perderán gradualmente posiciones frente a alternativas más abiertas y participativas. La grandeza y visión de futuro de cada opción partidista se refleja con nitidez en su cultura organizativa interna. Necesitamos candidaturas tejidas y partidos en red, una nueva dimensión política adicional al previo Estado-Nación.
A ser demócrata se aprende en la escuela, en la familia, mucho antes de votar para un parlamento. Es una actitud suprema ante la vida, de respeto, de aprecio, de colaboración, y la clase política debiera ser el mejor referente de esa superioridad social y ética. Cuando esta forma de hacer una positiva Política 2.0 se extienda, el electorado sólo atenderá a quienes hayan demostrado que también son capaces de escuchar. Tags Technorati: | | | | .

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Susurros políticos

La clase política bien podría aprender de la infancia.

Cualquier docente de Educación Infantil sabe que, cuando un problema de afonía le aqueja, sus escolares se acomodan inmediatamente y le contestan con bisbiseos a la comunicación susurrada por la maestra. No hay aula menos bulliciosa que aquella en la que la profesora apenas puede hablar. Esta lección de la escuela podría ser aprendida por la clase política.

Algunos políticos han pervertido en gran medida su acción representativa, por un exceso de engreimiento que les hace soberbios e ineficaces. La administración pública es esencial para una sociedad moderna, y su ejercicio favorece y facilita la vida de toda la ciudadanía. Pero la acción de las instituciones y de los poderes públicos, la ejercen fundamental y básicamente sus funcionarios y sus empleados. El ministro de turno no paga las pensiones, sino que éstas son recaudadas entre los trabajadores cotizantes, canalizadas por funcionarios y reintegradas a la misma ciudadanía que las proveyó. El “servicio público” funciona porque miles de educadores, sanitarios, bomberos o barrenderos trabajan diligentemente día tras día, y no por un puñado de políticos que acaparan los informativos insultándose y discutiendo entre ellos.

Complacidos dirigentes se creen salvadores (si no salvapatrias, que es peor), cuando en muchas ocasiones su aportación real al bienestar general es mínima o incluso negativa. Una precisa medida de la “inutilidad política” es el protagonismo que se auto-concede un mandatario, o la medida de lo que vocifera. La política es el arte de convencer, de negociar, de dialogar. El foro de la política se llama, no casualmente, “Parlamento”. Un político que no sepa hablar, no vale para esta noble profesión. El preclaro Unamuno sentenció: “Los hombres gritan para no oírse. Eso de que por más chillar se tenga más razón, resulta, de hecho, una tontería”.

La legislatura que ahora termina ha sido una gritona algarabía desde la insolencia despectiva de la altanería. El peor aprendizaje para un nuevo siglo de la tolerancia. Un pésimo espectáculo brindado por unos malos políticos remedando a Rudyard Kipling, en su pesimista mensaje de “Todos somos islas, gritándonos mentiras unos a otros, a través de mares de incomprensión”.

Hay dos clases de personas: Las que tienen algo que decir y las que tienen que decir algo. En la política abunda la segunda categoría, la de hombres que no tienen nada importante que decir, pero lo dicen a voces. El saber y la razón hablan; sólo la ignorancia y el error gritan. Un proverbio irlandés, válido para la política, asegura que “los suspiros llegan más lejos que los aullidos”. Las acciones de los políticos anuncian más fielmente que los bramidos su gestión: ¿qué resultados en paro, en vivienda, en seguridad, en educación, en sanidad, en solidaridad o en democracia?

Las exclamaciones deben quedar reservadas a ¡eureka, eureka!, o a ¡tierra!, propias de los descubrimiento. Señores políticos: Aprendan a hacer política sin berrear. Basta de gritos de ¡fuego!, ¡al ladrón! o ¡que viene el lobo!, para obligar al pueblo a la única opción de proferir "amén". Queremos una política inteligente, conducida desde el sosiego y el pacto, como una susurrante brisa sutil y gentil que actúe para bien… no de ustedes, sino de la comunidad.

Matemática política


Aplicando la Lógica Matemática a la Política para ofrecer una mejorada descripción de nuestra sociedad.

Antecedentes: Habitualmente, en política se hacen muchas “cuentas de la vieja”, y lo que es aún peor, demasiadas “cuentas de la lechera”. Los partidos se ven a sí mismos, y a sus propios electorados, más como “rebaños” que como “fuerzas”. Y claro, los rebaños sólo pueden “contarse” aritméticamente, mientras que las fuerzas pueden “componerse” geométricamente.

La Ciencia inventó los vectores y los tensores, cuando los números no fueron suficientes para interpretar los fenómenos naturales. Los números sólo expresan cantidades escalares, mientras que los vectores incluyen cuantía (módulo), dirección y sentido. Los tensores o matrices son vectores multidimensionales, de mayor complejidad, de necesidad obligada en Física, Economía,… o Política. Como ejemplo de metáfora del progreso de la Historia con validez en la política pragmática, señalemos que los vectores explican cómo un montañero corona una montaña por pendientes accesibles o cómo un velero puede avanzar en zigzag contra el viento.

La política sigue en la prehistoria matemática, cuando se contaba con los dedos o se creía en la numerología. Exceptuando la Estadística, manejada por asesores externos para la azarosa predicción de resultados electorales, y una Tabla de Cálculo para la Ley d’Hont, sólo se utiliza la Aritmética más simple en la política. Ya en el siglo VI A.C., el filósofo griego Pitágoras sugirió que "la naturaleza geometriza", por lo que convendría en política manejar, al menos, vectores y no sólo números.

Si en países bipartidistas, o cuasibipartidistas, la mera aritmética numérica es insuficiente en el análisis político, aún lo es aún más en casos como la política vasca, donde los partidos significativos son más de siete. Así se producen en el Parlamento Vasco los frecuentes bloqueos numéricos de “empate infinito” o el “repita usted 33”,... mientras se cuentan y descuentan los escaños. Simple “teoría de conjuntos” y subconjuntos disjuntos. Aquello de si tengo 29 pero me quitan 7, más 3 y 1 que negocio, 7 que me suman temporalmente, menos 19 y 14 regalados, con 9 que no juegan a nada, me dan… ¡CERO PATATERO!

Porque a base de manejar sólo números, los políticos han llegado a poder ser clasificados como los tipos de números. Existen números y políticos naturales, nulos, negativos, enteros, racionales, irracionales, reales, imaginarios, trascendentes, complejos,… Incluso abundan hasta el infinito los números y los políticos primos, abundantes, amigos, defectivos o deficientes, perfectos, sociables, pares e impares, infinitos o transfinitos, superreales, hiperreales, subrreales,…

Mantenemos la vaga esperanza de que esta infrecuente asociación entre Matemáticas y Política nos sugieran a todos algunas reflexiones sobre las posibles combinatorias de los partidos políticos. Queremos que la “clase política” con sus quebraderos y quebrados “solucionen nuestros problemas” con nuevas fórmulas de adicionar, componer o reunir alianzas. De ahí que convenga observar bien con quién se complementa cada cual y, sobre todo, con quién se multiplica.

Conclusión: Se recomiendan clases adicionales de Matemáticas de la ESO para los políticos, a fin de que progresen desde las “sumas numéricas” hasta las “composiciones vectoriales” (véase la imagen adjuntada). Q.E.D., el viejo epílogo matemático ‘como se quería demostrar’ (Quad Est Demonstrandum).

Versión final: mikel.agirregabiria.net/2005/mate.htm

Salario justo del político: El anterior con un tope

El sistema de retribución en los cargos públicos ha creado una artificial "clase política", con multitud de efectos negativos para una democracia real. En primer lugar, se aspira a ejercer la política por razones espurias como el enriquecimiento personal y los privilegios derivados de ocupar un puesto que debiera ser de servicio a la comunidad. En segundo lugar, y sin agotar los males inducidos, los partidos se financian (para crear aparatos y liberados que resultan obstaculizantes de la democracia interna) con un porcentaje que detraen de sus políticos con sueldos superiores a lo que se merecen.

Para regenerar la política y cribar a quienes se dedican a ello por motivos crematísticos, el salario justo de quienes ocupen cargos de designación debiera ser exactamente el promedio que mantuvieron en los años previos fuera de la política. Se haría un cálculo de lo ganado (¡y declarado ante el fisco!) en los últimos cinco o diez años anteriores a la toma de posesión, corregido el IPC, y sólo esa sería su retribución durante su período político, como los liberados sindicales. En el caso de personas muy ricas, se limitaría a un tope algo superior al de los funcionarios del máximo nivel de la administración en cuestión. A quienes trabajaban por cuenta ajena les seguiría pagando su empresa de origen, a la que se le compensaría para contratar una sustitución.

La política debe ser una vocación de servicio, y no un camino de lucro personal de quienes no encuentran otra vía. Así nadie olvidaría la clase social de la que procede y a la que debiera volver pasada una etapa coyuntural en la política. Con este sistema se evitaría la anomalía social de personas que sólo se han dedicado a la política en toda su vida adulta, dado que cobrarían el equivalente a alguna beca previa.... Nuestros parlamentos se llenarían de abogados, profesores, electricistas, obreros, parados,... y no de una élite que reniega de su pasado, sabiendo que el paso por la política les eleva a una categoría superior de por vida con ventajas incluso durante su jubilación.



Quizá todo esto no deje de ser otra receta políRica, como la de políticos sin privilegios, pero ahí queda.
[Escrito de un tirón, y se nota, en la madrugada de hoy, entre las 5:00 y las 6:00]

Visión política de un vasco ingenuo

Un artículo recuperado de 2002 cuando finalmente parece que ha llegado el fin de la violencia. 

 Éstas son las confesiones de un fanático irredento. Por increíble que parezca, todo lo que vasco, circunstancialmente, como lo es la nacionalidad, y me considero un iluso, casi idiota en política. Idiota, más que en su acepción de “ilota” o esclavo que no disponía de la ciudadanía requerida para discutir sobre la cosa pública, en su raíz etimológica como carente de instrucción específica. Como siempre me ha apasionado más mi familia y mi profesión que la política, sólo pretendo exponer mi opinión de diletante lego en política. 

Mi modelo de ciudad y país es Lausanne y Suiza, que conocí apacibles y neutrales. La Confederación Helvética, a reserva de otros matices, es un país avanzado políticamente. Allí nadie sabe cómo se llama su presidente de turno, que suele ser un profesional jubilado que periódicamente se acerca al gobierno en tranvía para despachar temas de exigua relevancia en la vida de los suizos. 

Un país complejo, multicultural, multilingüe, con cantones y comunidades diferenciadas que conviven en un cohesionado paraíso social. En el centro de Europa, con su identidad propia en medio de tres poderosas culturas: alemana, francesa e italiana. Esta preferencia me resulta lógica, porque nacido a mediados de los años 50, el torbellino de la política ha envuelto a mi generación, más de lo que algunos hubiéramos deseado. No me he “metido” en política, ni he disfrutado (o padecido) cargos políticos más allá de algunas mínimas responsabilidades con las que mi modesta carrera de profesor me ha salpicado. Pero he vivido y trabajado en la Euskadi de finales del siglo XX y principios del XXI. 

He participado en decenas de manifestaciones en pro de la paz. Mucho antes, entonces y después del despiadado asesinato de Miguel Ángel Blanco, hace ahora cinco años. Mis hijos me facilitan la memoria. Cuando no habían nacido, mi mujer y yo allí estábamos; con mi hija muy pequeña que creía que por la Gran Vía de Bilbao se caminaba siempre por el centro de la calzada y en medio de la multitud; con mi hijo llevado a hombros; cuando ambos estaban fuera aprendiendo idiomas aquellos fatídicos 10 y 12 de julio de 1997, doble manifestación esperando y condenando. ¿Cuántas manifestaciones? ¿Cien? Sin contarlas, sin desesperar, con lluvia y con sol, con televisiones y sin ellas,… Con “Gesto por la Paz”, tras los atentados, en Bilbao, en Donostia, en Gasteiz, en Getxo,… 

Pido a los políticos que creen un marco social que nos permita vivir mejor. Yo no sé cómo -no soy político-, pero sí sé qué quiero en política, porque sí me siento ciudadano de pleno derecho, y también dispongo, como profesional, de una opinión formada acerca de la política educativa (que me reservo para otra oportunidad), que desearía fuese correspondida por mis colegas y por la sociedad, dado el impacto familiar y cívico que proyecta la educación. 

Como ciudadano de a pie pido a nuestra clase política un doble objetivo: alcanzar la paz y dar la palabra al Pueblo Vasco para que decida su futuro. Ambos objetivos se necesitan mutuamente, porque ninguno de ellos por sí solo, o parcialmente, sería válido. Sólo quiero la paz, para todos y especialmente para quienes más sufren la persecución y el miedo, y para quienes han sido víctimas, ellos o sus familias. Y quiero también que se desdramatice el dar la palabra al pueblo, porque creo en el pluralismo y sólo la democracia real nos brindará las condiciones para la paz. 

El terror se alimenta por doquier. ETA perversamente. Otros, sin desearlo, quizás también contribuyen a su pervivencia. Tal vez inocentemente, creo que apoyando y protegiendo a las víctimas, si actuásemos “como si ETA hubiese desaparecido ya”, seguramente estaría más cerca nuestro E-Eguna (el Día de Euskadi libre de la barbarie). Lo exige esta Euskadi dolida y expectante. Atormentada por tanta desolación y por las reacciones que suscita, pero esperanzada porque desea transitar hacia un futuro en libertad y sin lastres, conducido con plenas garantías democráticas por todos. 

La primera concordia será entre vascos. Los demás no podrán sino entenderlo y aceptarlo. Lo que, en plena libertad y sin ventajas, decida la mayoría: Un quórum cualificado, ¿dos tercios?, para que se sopese el posible cambio. O seguimos en el marco jurídico actual, que algunos consideran válido, o se pasa a un nuevo marco, por decisión conjunta y sin más traumas, si así lo desease una mayoría amplia. 

¿El ámbito de decisión? Creo que si todos vemos patentemente que la decisión de Navarra, por ejemplo, corresponde sólo a los navarros y no al conjunto de Euskal Herria, igualmente la decisión de lo que actualmente es la Comunidad Autónoma Vasca o Iparralde, corresponde a sus habitantes, y no al conjunto del Estado en cuestión. Lo contrario sería aborrecible para cualquier espíritu democrático. ¿Acaso todos los vascos deberíamos opinar y obligar a que los navarros sean vascos o no, incluso contra su voluntad? 

Si finalmente se conviniese, ¿qué cambiaría? No tanto como pensamos, ni para bien ni para mal. Las desquiciadas opiniones de tertulianos que tratan de condenarnos a pagar nuestras propias infraestructuras porque están construidas por todos los españoles, se caen por su propio peso, dado que el resto de infraestructuras del Estado también están sufragadas parcialmente por el esfuerzo vasco. Si tal cuenta se pudiese calcular, quizá no saliésemos malparados. Pero apartadas éstas y otras absurdas objeciones como decir que quedaríamos fuera de Europa (como si a España la hiciese europea Portugal y que recuerda aquella perspectiva inglesa de que “el continente quedaba aislado” por la tempestad en el Canal de la Mancha), la realidad sería que seguiríamos estando insertos geográfica, cultural e históricamente en Europa. 

En la nueva soberanía compartida que cabe hoy día en la Unión Europea, y que poco tiene que ver con los Estados absolutos del pasado, seguiríamos trabajando como siempre, compitiendo en el mercado globalizado, colaborando solidariamente con otros países y regiones más necesitados de Europa y del mundo, gestionando de cerca los temas propios y haciendo oír nuestra voz en los foros internacionales. 

Yo, en mi ingenuidad, seguiría cultivando tanto nuestra propia lengua y cultura vascas, como las que nos hermanan con españoles y franceses, a quienes conozco y aprecio de corazón, así como otras lenguas y culturas de este planeta en el que viajamos por el espacio, como una organizada tripulación que conviviría mejor “haciéndonos los suizos, y no los suecos”. Y en este mi segundo hogar mediterráneo donde paso las vacaciones podría izar la ikurriña, al igual que mi vecino enarbola su bandera noruega, con intención meramente informativa, señalando que “aquí viven unos vascos para ayudar en lo que se pueda”.
Versión original de Julio de 2002 en: http://mikel.agirregabiria.net/2002/vision.htm

Política desde la Escuela

La escuela y la política coinciden en su objetivo primordial: Ambas deben crear y formar ciudadanos.

Con frecuencia se escuchan quejas de que la mayoría de nuestra juventud es crecientemente apolítica y que, en ocasiones, su comportamiento social se manifiesta inmaduro e irresponsable. Lamentablemente vemos actitudes y conductas deleznables por parte de algunos jóvenes, lo que puede llevar a suponer un fracaso educativo en valores de convivencia, que evidenciaría una escasa preparación para mejorar la democracia y la participación en nuestra sociedad futura.

Sin entrar en el debate polémico sobre la oportunidad de una asignatura obligatoria como la prevista “Educación para la Ciudadanía”, cabe sugerir metodologías probadas que, más eficazmente que por contenidos, trasmitan mediante el ejemplo y la vivencia en qué consiste la política. Como los adultos aprendemos en la comunidad de vecinos a elegir al presidente por un año, desde edades tempranas de la enseñanza primaria puede procederse a la elección de representantes dentro de cada clase.

Atribuyéndose funciones propias de cada edad, como el cuidado del aula o la delegación en foros superiores como el Consejo Escolar, los escolares aprenden y viven las bases de la democracia. La persona designada lo es sólo temporalmente, sólo para encarnar el sentir de la clase y su labor no es de mando, sino de servicio al colectivo que representa.

Deberíamos reconocer y revalorizar la figura del Delegado de grupo, y de los representantes del alumnado en los OMR (Órganos Máximos de Representación escolar). Para ello, dignifiquemos al máximo el proceso y los resultados de las votaciones internas por grupo y por centro de sus respectivos delegados. Para ello, se podría definir una campaña de presentación de candidaturas y un modelo de campaña electoral como inicio a la participación democrática.

Nos interesa a todos que nuestra escuela sea un aprendizaje efectivo de la vida, que incluye una componente política. Además sabemos que no se puede estudiar separadamente ética y política, a menos que se pretenda no llegar a comprender nunca ni una, ni otra.

La política, como los idiomas o la música, conviene empezar a practicarla en edad temprana, aunque sin confundir la familia o la escuela como organizaciones entre iguales. Los padres y los hijos, los profesores y los alumnos, no tienen las mismas responsabilidades. Pero los alumnos entre sí, sí son iguales y nadie puede imponer su criterio a otros.

Elegir a los delegados de clase es una excelente primera lección de democracia. No olvidemos que la política es la historia que se está haciendo (o deshaciendo), y los menores al acudir a clase y elegir a quienes les representen también están escribiendo su futuro, que es el de todos nosotros.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/politicaescuela.DOC

Reflexionando ante unas elecciones diferentes

Día de Reflexión: 21M2011
Hoy es el día de la . Ahora mismo, los temas del momento en Twitter son #reflexion, #elfindelmundo y #perosasol. Esta última semana, desde el , los virales han sido , , , , , , ,, #globalcamp, , , , , , , #sinpartidos, #sinbanderas,... y webs frescas como democraciarealya.es, tomalaplaza.net, spanishrevolution.es, yeswecamp.org, juventudsinfuturo.net, nolesvotes.com,... Creemos que unas elecciones cercanas, municipales o forales, pueden actuar como regeneradoras de la vieja política.

Desde HAMAR y desde GetxoBlog hemos analizado en la medida de nuestros escasos recursos la campaña de algunos de quienes se presentan el 22M a estas elecciones municipales y forales. Ahora, a título personal, queremos dejar un simple testimonio de cómo hemos vivido y en qué hemos cambiado por los acontecimientos externos.

En primer lugar, y antes de desatarse el , por nuestra parte ya habíamos decidido no acudir a actos monopartidistas por ser monocolores, monotemáticos y, en definitiva, una sucesión de monólogos monótonos. Nunca más, ni de paso, permaneceremos ante eventos de un solo partido, con sólo sus partidarios y afines, únicamente congregados a fin de demostrar que son muchos ante los caducos medios de comunicación de masas. Resultan demasiado polépicos (de política épica) por su semejanza con situaciones militares, como mostrar la fuerza de un "ejército propio", sin el menor ánimo de entablar un diálogo con otras "formaciones", ni siquiera de atraer a interesados indecisos. Como dijimos en Twitter: "Para estas campañas electorales tan inútiles, ¿por qué no las reducimos a un día y damos dos semanas de reflexión?".

Algún partido podría innovar con convocatorias donde se invite a otros partidos para conversar en un tono abierto, dando la palabra a la audiencia. O congregar para algo útil, algo festivo donde se pueda cuestionar, debatir o aportar algunas propuestas con los candidatos, y mejor si se puede contrastar entre diferentes opciones partidistas para valorar su diferente escucha y receptividad. También interesaría entrevistas con unos analistas plurales, amables pero críticos, no limitados por los intereses de los medios que representan.

Las campañas decimonónicas como la que hemos vivido son insufribles, tratando de "vender" siglas con sistemas antidiluvianos y agresivos como los coches con megafonía, un modo de publicidad grosero prohibido en Europa y que a algunos nos recuerda a los "afiladores ambulantes", aunque era más agradable la música de sus silbatos o chiflos. Por no citar a blogosferas haciendo de altavoces, aunque esto parece haberse superado... a costa de acallarlas por miedo a no controlarlas en todas sus dimensiones. El efecto Obama está olvidado, y seguimos esperando a Godot...

Ya es imprescindible reconocer la validez de las blogosferas propias,... y atender a la blogosfera general que tiene mucho que decir y lo hace vía Twitter con micromensajes y vía blogs exigiendo el paso de una democracia representativa (mal entendida y a la que apenas se le permite opinar una vez cada cuatro o cinco años) a una democracia más participativa que siempre es consultada.

El momento que vivimos requiere nuevas formas de hacer política. Los graves problemas económicos, sociales, culturales,... que acucian a nuestra sociedad no podrán ser solventados con la vieja forma de hacer política. Hace años sugerimos que necesitábamos mutar de la imperante y obsoleta política épica (polépica) hacia una política lírica (políRica) propia de un siglo XXI donde la red de redes permite el empoderamiento de la ciudadanía sin intermediarios olvidadizos.

Corren malos tiempos para la (po)líRica, pero la juventud, la esperanza de toda sociedad, parece despertar tras haberse comida la manzana envenenada del bienestar que parecía creciente y sin costes. Nosotros también nos sumamos a la , esa que está descolocando a la clase política que no quiere renunciar a sus privilegios.

Mañana HAY QUE VOTAR, algo, no en blanco ni en nulo que premia la concentración de poder que genera más prepotencia de la casta política. Quienes creemos en la políRica somos plurales y tenemos preferencias diversas, pero una exigencia común también. O las cúpulas se desintegran, se abre el debate interno... y externo, o no acompañaremos a partidos hasta el fin de su historia por la negativa a evolucionar de quienes detentan la dirección de modo no participativo.

Una perspectiva políRica no teme, sino que mantiene una preferencia por realidades sociales complejas, sin duopolios ni oligopolios partitocráticos, más aún sin pensamos con mentalidad blogger (¿alguien se imagina un mundo tecnológico sólo con IBM y Hewlett-Packard? como hace 40 años). Necesitamos un modo Google de hacer políRica. Las partidos llamados a crecer son aquellos que saben agrupar a otros en escenarios multipartidistas, pero no gobernando como compartimentos estancos a modo de feudos adyacentes donde se actúa sin control ajeno.

Los partidos políticos se juegan su última oportunidad. Ante una demanda de no hemos visto ni un solo dirigente que haya analizado este fenómeno con un rigor mínimo. Más bien ha habido quienes aún se han desacreditado más arrimando el ascua a su sardina, sin entender nada de lo está pasando y que ya no se contiene. Los políticos no lo entienden, pero sí gentes sabias indignadas como José Luis Sampedro (cuyo vídeo antecede a estas líneas) y otros como Stéphane Hessel (con el vídeo final anexado con una entrevista).