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Los 129 caballos de Napoleón

Napoleón Bonaparte tuvo 129 caballos para su uso personal. La imagen de Napoleón montando un caballo blanco es un poco incierta, ya que la mayoría de sus equinos eran grises, bayos o alazanes. Sus caballos preferidos eran árabes (importados desde Egipto), los bávaros (animales colosales que lo hacían ver demasiado pequeño) y los rusos.

Napoleón gustaba de dar nombres clásicos o mitológicos a sus caballos como Cyrus, Taurus, Tamerlán, Nerón y Cerberé. También les otorgaba nombres de lugares geográficos o victorias importantes, tanto que Cyrus fue rebautizado como Austerlitz, también tuvo un Marengo, un Friedland un Wagram, un Montevideo y un Córdoba. Otros recibieron nombres más creativos como Roitelet, Intendant y Coquet.

Se dice que Napoleón era pésimo jinete. Su complexión (piernas cortas y torso prominente) no le favorecían en la equitación. Sus caídas fueron frecuentes y muchas están documentadas. Constant, su ayudante de cámara, dice en sus memorias que los caballos del emperador eran mansos, y entrenados para soportar toda clase de molestias. Una de sus caídas tuvo un significado muy intrigante. En la madrugada del 23 de junio de 1812, antes de iniciar la campaña de Rusia, Napoleón recorrió disfrazado de jinete polaco las orillas del Niemen, acompañado del mariscal Berthier y su caballerizo Caulaincourt. Mientras galopaba por un campo de trigo, una liebre corrió entre las patas de su caballo Friedland, que se asustó y lo tiró al suelo. Napoleón se levantó rápidamente, antes de que Caulaincourt pudiera ayudarle y montó de nuevo sin decir una palabra. Berthier dijo a Caulaincourt que esa caída era un mal augurio y que no deberían cruzar el Niemen. Aunque el emperador bromeó al principio sobre su caída, la verdad es que pasó el resto del día con mal humor y preocupación. La noticia corrió como un reguero por el cuartel general y algunos recordaron que los romanos, que creían en los augurios, jamás cruzaron el Niemen.
Napoleón cruzando los Alpes, obra de Jacques-Louis David.

Por tanto, estamos lejos de la imagen idealizada como la que le muestra sobre una fogosa montura galopando por los hielos del San Bernardo. Sin embargo, el emperador compensaba sus carencias como jinete con una energía y una resistencia que le hacían objeto de admiración incluso entre sus veteranos cazadores a caballo. Como botón de muestra, el siguiente suceso de su campaña en España: viéndose obligado a interrumpir la persecución de Moore para dirigirse a Francia, ante la creciente amenaza de Austria, Napoleón se lanzó a una épica cabalgata desde Valladolid hasta Burgos: 120 kilómetros en tres horas y media, por caminos infestados de guerrilleros. Llegó prácticamente solo, sin volver la cabeza, dejando atrás a sus cazadores de escolta, generales y mariscales.

Marengo es el nombre de uno de los caballos de Napoleón Bonaparte y el más famoso de todos ellos, destacando en la cuadra de Napoleón, que se componía de unos 130 ejemplares para su uso personal. Otros de sus más famosos corceles eran Vizir y Blanco. 
Marengo, el caballo más famoso de Napoleón

Era un caballo de constitución fuerte, pero de pequeña alzada, que era de 1,45 m. De raza árabe, debe su nombre a la batalla de Marengo que los ejércitos imperiales franceses ganaron en Marengo (Italia) el 14 de julio de 1800, fue importado desde Egipto en ese año. 

Marengo fue herido ocho veces en su carrera, llevó al emperador en la batalla de Austerlitz, en la batalla de Jena, en la batalla de Wagram, y en la batalla de Waterloo. También fue utilizado al galope entre Valladolid y Burgos por Napoleón, recorriendo la distancia de 130 kilómetros en cinco horas. Sobrevivió a la retirada de Moscú en 1812. El semental fue capturado en 1815 en la batalla de Waterloo por Guillermo Henry Francis Petre, 11º Barón Petre. Vivió alrededor de 38 años, entre 1793 y 1831. Su esqueleto se encuentra en Inglaterra, en el Museo Nacional del Ejército de Sandhurst.
Para su exilio en la isla de Santa Elena, a Napoleón soló le fue permitido llevarse un caballo con él, Vizir, mientras que a Elba se había llevado ocho. Napoleón gustaba de pasar largas horas cabalgando con Vizir por Longwood, pero pronto esta distracción le fue prohibida. Su cólera estalló en esta frase dirigida al cirujano inglés Arnott: «Me habéis encerrado entre cuatro paredes con un aire malsano. ¡A mí, que he recorrido a caballo toda Europa! ¡Qué lejanos parecían entonces aquellos tiempos pasados a lomos de Roitelet, Emir, Intendent o Marengo».

Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón

Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón
Denominado como  el "Vuelo del Águila" (le "Vol de l'Aigle"), es el regreso triunfal de Napoléon Bonaparte escapado el 26 de febrero de 1918 de su exilio en la la Isla de Elba en el navío L'Inconstant hasta su llegada al Palacio de las Tullerías de París, provocando el exilio del rey Louis XVIII el 20 de marzo. 

Tras el exilio forzoso de Napoléon a la isla de Elba (1814), en calidad de príncipe, con un séquito de 400 personas y una generosa pensión vitalicia, donde no llegó su estancia a un año, los borbones se instalaron en el poder en Francia, pero el pueblo francés rechazaba enérgicamente la restauración monárquica. La prensa en general también estaba a favor de Napoleón, pero estaba sometida a la censura de los periódicos realistas,…
Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón
Así fue, cronológicamente, la forma en que los periódicos franceses anunciaron la huida de Napoleón de la isla de Elba, su marcha a través de Francia por los Alpes (evitando la Provenza, región mayoritariamente borbónica), su rápida aproximación y, finalmente, su entrada en la capital. Se nota que, a medida que se acercaba el emperador a París, los editores de prensa iban perdiendo el temor a la censura real,… o ganando el miedo a Napoléon.

Titulares de periódicos, mejor calificarlos de miserables libelos, como "Le Moniteur Universel" o "Journal des Débats" de esa veintena de días desde principios de marzo de 1815, según Alejandro Dumas:
  • Finales de febrero de 1815: “El caníbal ha escapado de su guarida (la Isla de Elba)”
  • 1 de marzo: “El ogro corso ha desembarcado en Golfe-Juan”
  • 5 de marzo: “El Tigre ha desembarcado en Gap”. Había llegado Napoléon con apenas  40 soldados de caballería y 10 granaderos.
  • 7 de marzo: Napoleón dijo, "Antes de Grenoble, yo era un aventurero. En Grenoble, ya era Príncipe" «Avant Grenoble, j’étais aventurier. À Grenoble, j’étais Prince ». Imagen lateral.
  • 12 de marzo: “El Monstruo ha pasado la noche en Grenoble”
  • 13 de marzo: “El tirano ha cruzado Lyon”
  • 14 de marzo: “El usurpador de dirige hacia Dijon, pero los bravos y leales borgoñeses le rodean por todos lados”
  • 18 de marzo: “Bonaparte está a sesenta leguas (266 km) de la Capital, ha tenido la habilidad de escapar de sus perseguidores”
  • 19 de marzo: “Bonaparte avanza rápidamente, pero nunca entrará en París”
  • 20 de marzo: “Mañana Napoléon estará bajo nuestras murallas”
  • 21 de marzo: “El Emperador está en Fontainebleau”
  • 22 de marzo de 1815: “Su Alteza Imperial y Real Majestad hizo su entrada la pasada noche en el Palacio de las Tullerías, en medio de alegres aclamaciones de adoración y fidelidad de la gente”.
  • Ante la imposibilidad de los soldados franceses de disparar un solo disparo contra su Emperador y la defección de mariscales como Ney que volvía a quedar bajo el mando de quien fuera su líder durante veinte años, un letrero aparecido en la Plaza de Vendome decía así. "De Napoléon a Luis XVIII: No es necesario que me mandes más tropas, ya tengo bastantes".
Y el resto de la historia ya la conocemos: Napoléon recuperó el poder y armó de nuevo su ejército, que fue derrotado en la Batalla de Waterloo (18 de junio de 1815). Apenas fue lo que se designó como "el imperio de los cien días" desde su salida de Elba. Acabó desterrado y recluido en la remota isla de Santa Helena, donde falleció el 5 de mayo de 1821 (pero esto seguro que es otro próximo post).
Veinte días de prensa ante el retorno triunfal de Napoleón
Desde la página 156 se relata la estancia en la isla de Elba y desde la 170 los 100 días hasta su segundo exilio.

Ambulancia y triaje, inventos de Dominique-Jean Larrey y Pierre-François Percy

Ambulancia y triaje, inventos de Dominique-Jean LarreyAmbulancia y triaje (trillaje o cribado), inventos de Dominique-Jean Larrey

Vivimos tiempo de coronavirus, donde el concepto de triaje se ha popularizado, ante la sospecha (confirmada al corregirse) de que con el colapso de las UCIs se haya incorporado la edad avanzada como un razón de exclusión. Ello, una noticia reciente pero incompleta y una historia que mis nietos contada a mis nietos (siempre interesados en Napoleón y Francia), nos anima ha recordar y valorar la innovación médica doble e interrelacionada aportada por Dominique-Jean Larrey y Pierre-François Percy. 

El triaje según la mayoría de los historiadores tuvo su origen en los ejércitos napoleónicos, donde los primeros en implantar un sistema formal para determinar la prioridad terapéutica de un militar herido en el transcurso de un acontecimiento bélico fueron Dominique-Jean Larrey y Pierre-François Percy. 
Ambulancia y triaje, inventos de Dominique-Jean Larrey
El cuadro representa a Larrey en la batalla de Borodino, del 7 de septiembre de 1812, que se convirtió en una enorme carnicería (Print Collector / Getty)

Como en otras muchas invenciones, la ambulancia y el triaje proceden de una solución militar. Pierre-François Percy fue quien, incluso antes que Dominique-Jean Larrey, promovió ambos conceptos. Si bien es correcto señalar que fue el cirujano Larrey y médico de Napoleón Bonaparte quien los desarrolló como un sistema conjunto hasta el final.

Larrey estuvo presente en la batalla de Spires, entre Francia y Prusia, entristeciéndole el hecho de que los soldados heridos no eran recogidos por las numerosas ambulancias, que Napoleón ordenó situar a algo más de 3 kilómetros del lugar de la batalla, hasta que las hostilidades no cesaran, por lo que pensó en desarrollar un nuevo sistema.​ Decidió utilizar el método utilizado por los normandos, de parihuelas y caballos, resolviendo que carros de dos o cuatro ruedas, tirados por caballos, portaran a los heridos del campo de batalla, después de que estos hubieran recibido cuidados paliativos en el propio escenario. Estas ambulancias volantes se estrenaron con el Ejército del Rhin de Napoleón, en 1793. 
Ambulancia y triaje, inventos de Dominique-Jean Larrey
Las ambulancias, inicialmente sólo para oficiales heridos, no soldados, fueron carruajes de dos o cuatro ruedas tirados por  caballos.  Por el impulso de Larrey a comienzos de 1792 también aparece por vez primera el concepto de triaje en un manual sanitario militar francés, y será a lo largo de los siguientes 9 años (1792-1801) cuando se desarrolle plenamente. 

Dominique-Jean Larrey fue extraordinariamente popular entre los soldados, quienes le denominaban «la Providencia del soldado» desde que fuera bautizado con este sobrenombre en la campaña de Egipto. Estableció un orden de prioridad en la asistencia a los heridos independiente del rango que ostentasen e incluso del ejército al que perteneciesen. Ello le salvó la vida cuando el mariscal prusiano en jefe, Gebhard Leberecht von Blücher, ante quien cayó prisionero, le reconoció por haber salvado a su hijo y le dio un salvoconducto. 

Fue durante estos 9 años cuando Napoleón realizó sus campañas militares en Egipto y Siria, donde sufrió los envites del mal tiempo, la aparición de plagas y el acoso del ejército británico. Al final de la campaña el balance fue desolador: una tercera parte de la tropa francesa había fallecido a consecuencia de las heridas de guerra o por enfermedades. La primera noticia que tenemos de la instauración del triaje en una contienda militar fue durante la batalla de Jena (1806). 

El sistema empleado categorizaba a los heridos en 3 grados, según la gravedad de las heridas de los soldados: herida peligrosa, herida menos peligrosa y herida leve. Con esta clasificación, aquellos que no tenían capacidad de recuperarse debían abandonarse a su suerte en el campo de batalla y solo debían llevar al hospital a los que pudiesen sobreponerse a las heridas. Con este novedoso sistema disminuyó de forma sustancial la mortalidad en el campo de batalla. 

En las memorias de Larrey sobre la campaña de Rusia (1812) el galeno establece una normativa para clasificar a los pacientes: “Los que están peligrosamente heridos deben recibir la primera atención, sin tener en cuenta rango o distinción. Los que están heridos en menor grado pueden esperar hasta que lleguen sus hermanos de batalla; los que están gravemente mutilados y no han sido operados y vestidos, no sobrevivirán muchas horas, rara vez hasta el día siguiente”.

Su hijo, Félix Hippolyte Larrey, prosiguió su carrera llegando a ser un médico general de todo el ejército francés y médico personal de Napoleón III.
Como todos estos días de confinamiento, el 29º Aplauso Sanitario de anoche en Getxo.

Napoleón y el coronavirus

Napoleón y el coronavirus
Hay metáforas del pasado que explican realidades del presente y del futuro. La anécdota del campanario es apócrifa, y se atribuye a distintos personajes, en diversos lugares y diferentes épocas. Pero dado que a nuestros nietos, medio franceses, les gusta Napoleón, situamos la historia en la época gloriosa de los avances imparables de los ejércitos del Emperador Bonaparte.

Se había instaurado la costumbre ya protocolaria de que cuando las tropas de Napoleón cruzaban por cualquier población, doblasen las campanas para anunciar su gloriosa presencia. Pueblos y ciudades repicaban desde sus campanarios, dando noticia de las conquistas del Imperio.

En cierta ocasión, sin embargo, nada resonó desde desde una aldea por cuyas inmediaciones pasaron las tropas incumpliendo la norma ya generalizada. Mandaron oficiales a recoger al párroco del lugar  para recriminar su conducta. Ante uno de los 26 mariscales que tuvo Napoleón, el cura de aquel poblacho se atrevió a defenderse, aduciendo que había cien razones para que las campanas no sonaran.

Le conminaron a que contase, uno a uno, los cien argumentos. El curilla expuso que, primero, la trascendencia eterna de la iglesia no se somete al poder temporal de los hombres, aunque sean reyes,... Siguió desgranado explicaciones,... Cuando llegaba al final, ya casi sin más ideas, apuntó que no había campanero, ni soga para voltear las campanas. El enfurecido general que le interrogaba, vociferó que aquellas 99 excusas eran improcedentes. El clérigo, con voz casi inaudible, ante el solemne tribunal militar solamente acertó a susurrar una razón última y, quizá, definitiva: "Las campanas no resonaron... porque no existen en nuestra ermita sin campanario".

Esta historieta me resuena cada vez que escucho a los responsables políticos y sanitarios explicando que las mascarillas son convenientes pero no necesarias, o recomendables pero no obligatorias. ¿Por qué no dicen, desde hace ya meses y semanas, que no exigen la obligatoriedad de las mascarillas  cuando estemos en cualquier lugar público simple y llanamente porque NO TENEMOS mascarillas para todos? 

Seguimos con la campaña de  #MascarillaObligatoria #MasquesPourTous #Mask4All.
Concluimos con la videoconferencia BBKsasoiko de hoy sobre "Relaciones laborales y COVD-19" con Francisco Javier Arrieta Idiakez.

Por la tarde, "El sentido de la escuela" del Canal YouTube de la Fundación Santillana. Simultáneamente, entre las 17 y las 19 horas, nos hemos asomado a otras CINCO conferencias como hemos ido tuiteando en nuestra cuenta @agirregabiria.

Activista derechista


Como Napoleón, la China y dos tercios del mundo, siempre he sido partidista y proselitista de guiarnos por la derecha.

La lista derechista es mayoritaria en el mundo actual. Según datos oficiales 3.824.562.670 de personas se conducen por la derecha (el 66,35%) y 1.939.854.524 prefieren la izquierda (el 33,65%). De los diez países más poblados del planeta, 5 son derechistas y 5 izquierdistas, si bien disponen de mayor censo los primeros: China, 1.210.004.956; Estados Unidos, 265.562.845; Brasil 162.661.214; Rusia, 148.178.487 y Nigeria 103.912.489; frente a los izquierdistas India 952.107.694; Indonesia, 206.611.600; Pakistán, 129.275.660; Japón 125.449.703 y Bangla Desh, 123.062.800.

Sólo al principio de los tiempos hubo centrismo en la conducción. La ancestral burocracia china reguló hacia el año 1100 AC el lado del camino para circular, fijando que los hombres debían marchar por la derecha, las mujeres por la izquierda y los carruajes por el centro. Desde el Imperio Romano, con una red de calzadas de más de 150.000 Km. y durante toda la Edad Media se circuló por la izquierda, probablemente para poder defenderse con la espada en la mano derecha y repeler a posibles asaltantes que se cruzasen en el camino.

La primera norma de “tráfico” la dictó en el Papa Bonifacio VIII en el año 1.300 con motivo de una multitudinaria peregrinación a Roma, reglamentando que los carros circularan por su izquierda. Cinco siglos después, la Revolución Francesa obligó a la aristocracia (que viajaba veloz por la izquierda mientras los campesinos debían caminar por la derecha), a juntarse con el pueblo llano y conducir por la derecha. Así pues, fue un ejercicio de democratización y fin de privilegios, la unificación mediante la regla universal de “guardar la derecha” que se introdujo en París en 1794.

Napoleón la aplicó en todos los países europeos ocupados por sus ejércitos, y la costumbre resistió tras el fin de sus conquistas. Los Estados que resistieron a Napoleón mantuvieron la conducción por la izquierda: Reino Unido, Portugal, Imperio Austro-Húngaro y Rusia. Al final del zarismo, Rusia cambió; Portugal en 1928 y Gibraltar en 1929. Tras la I Guerra Mundial, toda Europa continental unificó la circulación por la derecha, excepto Suecia, Austria, Checoslovaquia y Hungría. Fue Hitler, con su anexión de Austria en 1938 y de Checoslovaquia en 1939 y la invasión de Hungría en 1941, quien acabó con los ‘izquierdistas’ centroeuropeos. Suecia, en 1967, e Islandia en 1968, dejaron a Reino Unido e Irlanda como únicos países que “conducen bien”, dado que ellos dicen que los demás vamos por el lado incorrecto (“by the wrong way”).

En el continente americano sólo las antiguas Guayanas Británica y Holandesa (Guyana y Surinam), junto con algunas pequeñas islas del Caribe (Bermudas,…) prefieren viajar por la izquierda. Varias extensas regiones canadienses cambiaron entre la I y II Guerra Mundial, al igual que Panamá en 1943, mientras que Argentina y Uruguay normalizaron su tráfico en 1945.

En Asia, en 1946 China y las dos Coreas se pasaron a la conducción contraria a la japonesa, y en 1970 Birmania también se sumó al sistema derechista, al igual que siempre habían mantenido los países árabes y las ex–colonias francesas de Vietnam y Camboya. El resto del sudeste asiático, junto a Japón, Pakistán, India y Bangladesh, así como la mayoría de Oceanía (Australia, Nueva Zelanda,…) transitan por la izquierda. Hacia 1960 Pakistán desestimó el cambio por la dificultad de enseñar a los viejos… camellos, que de noche circulan en caravanas mientras sus conductores dormitan.

En África sólo resta con la conducción a la izquierda el Sudeste, desde Kenia hasta Sudáfrica, tras numerosos procesos de normalización que afectaron entre los años 60 y 70, a los países del centro como Nigeria, Ghana, Sudán, Etiopía, Somalia, Angola,…por el aumento del turismo y del comercio globales.

En las últimas décadas parecen haberse paralizado los costosos cambios en el sentido de conducción. Siempre fueron para pasarse a la conducción más extendida, por la derecha, excepto en la isla de Okinawa en 1978, para adecuarla al resto de Japón y borrar el recuerdo de 27 años de ocupación estadounidense, con un coste de más de 200 millones de euros. En 1982, los argentinos impusieron en las islas Malvinas la conducción por la derecha, hasta que los británicos volvieron a dirigir el tráfico. Como última reliquia del Imperio Británico queda Hong Kong, devuelto a China en julio de 1997 y donde se circula por la izquierda.

Sería aconsejable por razones de seguridad y estandarización que como automovilistas, motoristas o transportistas,… todos fuésemos siempre derechistas en las autopistas. A propósito, ello también significa circular por el carril más a la derecha que esté libre, dejando los restantes para quienes circulan más rápidos. Recuerden la norma: “Por la izquierda, sólo para adelantar”.

La controvertida teoría del Héroe de Thomas Carlyle

La teoría del Gran Hombre: Cuando los héroes escribían la historia
. En 1840, el historiador y filósofo escocés Thomas Carlyle pronunció una serie de conferencias que condensaría en su obra On Heroes, Hero-Worship, and The Heroic in History. En ella plasmaba una idea tan seductora como polémica: la historia universal es, en esencia, la biografía de los grandes hombres. 

Para Carlyle, figuras como Napoleón, Mahoma, Shakespeare o Lutero no eran meros productos de su época, sino arquitectos del devenir humano, individuos excepcionales cuya voluntad y genio moldeaban el curso de civilizaciones enteras.

El contexto de una idea individualista. La teoría del Gran Hombre emergió en plena era victoriana, un periodo marcado por la expansión imperial británica y una profunda fe en el progreso individual. El romanticismo literario y filosófico, con su exaltación del genio y la originalidad, proporcionaba el clima intelectual perfecto para esta visión heroica de la historia. Carlyle no inventó el culto al héroe, pero sí lo sistematizó en una teoría histórica coherente.

Según su planteamiento, la masa de la humanidad avanza a tientas hasta que surge un individuo dotado de visión superior, capaz de discernir verdades ocultas y de arrastrar a las sociedades hacia nuevos horizontes. Estos "grandes hombres" poseerían cualidades innatas —carisma, inteligencia, valor— que los distinguirían radicalmente del común de los mortales. La historia, en consecuencia, no sería el resultado de fuerzas económicas, estructuras sociales o movimientos colectivos, sino el escenario donde actúan estos titanes excepcionales.

Las grietas de un monolito. Sin embargo, incluso en su momento de mayor influencia, la teoría de Carlyle enfrentó objeciones sustanciales. Herbert Spencer, contemporáneo suyo, argumentó exactamente lo contrario: que los "grandes hombres" eran productos de su sociedad, no sus creadores. Un Napoleón habría sido imposible sin la Revolución Francesa, un Shakespeare sin el florecimiento cultural isabelino. Los individuos excepcionales, sugería Spencer, emergen cuando las condiciones sociales y materiales hacen posible y necesaria su aparición.

El golpe más contundente vino del materialismo histórico. Karl Marx y Friedrich Engels rechazaron frontalmente el "culto al individuo" de Carlyle, proponiendo que las fuerzas económicas y las luchas de clase constituían el verdadero motor de la historia. Para ellos, incluso las figuras más carismáticas operaban dentro de límites estructurales que no podían trascender. Lenin lo expresó con claridad: los líderes son importantes, pero solo cuando canalizan correctamente las corrientes históricas subyacentes.

El legado y la historiografía contemporánea. La historiografía del siglo XX se alejó decididamente de la teoría del Gran Hombre. La Escuela de los Annales en Francia, la historia social británica y el análisis de sistemas-mundo privilegiaron las estructuras de larga duración, los movimientos colectivos y las dinámicas impersonales. Los historiadores comenzaron a preguntarse por la vida cotidiana de la gente común, por los cambios demográficos, económicos y culturales que operan más allá de la voluntad de cualquier individuo.

No obstante, la teoría de Carlyle no ha desaparecido del debate intelectual. En biografías políticas, libros de liderazgo empresarial y narrativas populares de la historia, persiste la tentación de atribuir el cambio histórico a personalidades carismáticas. La pregunta sigue siendo pertinente: ¿habría ocurrido la Revolución rusa sin Lenin? ¿Los derechos civiles en Estados Unidos sin Martin Luther King Jr.?

Una síntesis necesaria. Quizás la respuesta no sea elegir entre Carlyle y sus críticos, sino reconocer una interacción compleja. Los individuos excepcionales pueden acelerar, reorientar o cristalizar procesos históricos, pero raramente los crean de la nada. Actúan dentro de contextos que limitan y posibilitan simultáneamente. Como señaló el historiador E.H. Carr, la historia resulta de una danza continua entre el individuo y la sociedad, entre la acción personal y las fuerzas estructurales.

La teoría del Gran Hombre, con todas sus limitaciones, nos recuerda algo valioso: Las decisiones humanas importan y son decisivas. Pero también debemos recordar que esas decisiones nunca se toman en el vacío, sino en el terreno fértil o árido que prepara la historia colectiva.

Nombres propios para un Tesla

Desde hoy, 21-2-19, tenemos matriculado nuestro Tesla Model 3, aunque vamos a dejar que nuestro particular KITT nos espere en Getafe (¡somos así de pacientes!) para ir a recogerlo como se merece (es un fallo que no venga hasta nuestra casa por sus medios). Disculpad si durante unos días o posts os damos la lata con este tema que, obviamente, nos apasiona. Sin más excusas, reproducimos un debate que hemos mantenido en un Foro de Tesla.

Ante todo hemos de señalar que a nuestros sucesivos coches (Simca 1000, Seat 127, Opel Corsa, Renault 21, Ford Mondeo, Audi A6 y Lexus CT 200h) nunca les asignamos un apodo. Únicamente mi esposa llama "El Risas" al Lexus, por lo pequeño que es todo respecto al A6,... Por otra parte, según un estudio de Direct Seguros, un 20% de conductores pone nombre a su coche. Ese mismo informe asegura que las mujeres son más “fans” de ponerle un apelativo al coche. 

Tesla es un fabricante singular e insiste en animarnos a poner un alias a nuestro Model 3, que figurará en pantalla de modo preeminente. Así pues hemos de encontrar un identificador significativo, breve pero descriptivo. Nombres en inglés o en español,... o en latín. La idea puede girar en torno a una cualidad única de todos los Vehículos Eléctricos, magnificada en un Tesla, o jugar con un 3 en lugar de la vocal E (El3ctra), o apuntar a una característica propia de nuestro automóvil como su color,... 

El inglés cabe porque incluso en castellano decimos Model 3,... y porque hay muchos referentes. K.I.T.T. (Knight Industries Two Thousand) del Coche Fantástico,  WattsOn (Sherlock Holmes y Watios On), Zeus (el dios griego del cielo y el trueno y por ende de la energía), sus equivalentes en la mitología romana Júpiter, en la etrusca, Tinia, en la egipcia, Amón y en la cananea, Baal​, Mr. Blue Sky, Tess, 3nma, T3ssie, Sparky,... 

Una solución consiste en recordar cabalgaduras célebres desde burros como Platero, propuesta de PlaTesla, a los más famosos caballos de la historia como Pegasus (de Zeus), Caballo de Troya, Bucéfalo (Alejandro Magno), Marengo (Napoleón Bonaparte), La yegua Babieca (el Cid), Palomo (Simón Bolívar), Rocinante (Don Quijote),... Los 129 monturas de Napoleón, véase en este enlace, dan mucho juego desde Marengo a Vizir, pasando por Cyrus (rebautizado como Austerlitz), Taurus, Tamerlán, Nerón, Cerberé, o derivados de sus victorias como Marengo, Friedland, Wagram, Montevideo o Córdoba, de nombres más creativos como Roitelet, Intendant y Coquet.

Recurrir a proverbios latinos salva el dilema de idioma, resulta muy sugerente,... pero no es muy popular. Se pueden elegir citas perfectas,... Enumeramos algunas: Carpe Diem, "Aprovecha el tiempo"; Tempus fugit, "El tiempo se escapa; Ubi bene, ibi patria, "Donde se está el bien, allí está la patria"; Urbi et orbi, "Para la ciudad y para el mundo"; Audentes fortuna iuvat, "La fortuna sonríe a los audaces"; Ipso facto, "Por el mismo hecho"; Res, non verba, "Hechos, no palabras"; Ars longa, vita brevis, "El arte es largo, la vida es corta",...

El euskera también ofrece ideas, algunas que barajamos y otras sobrevenidas. Desde K.I.T.T. se puede derivar Kitto, que no tiene traducción, salvo en la expresión propia Eta kitto! que viene a significar algo así como ¡Lo hice! (muy a propósito del tema), ¡Y ya está!, ¡San se acabó!,... Otros con resonancias eléctricas serían Tximist (rayo),... 

Aún estamos barajando conceptos,... hasta el día final de este mes no hemos de bautizar a nuestro Model 3. Posiblemente sea algún latinajo, con poso,... una vez hemos descartado los ya citados y otros engendros como  TRESla, JugueTesla, TeslAzul, Techla, Teseo,...
¿Nos decís vuestros nombres de coches? ¿Alguna sugerencia? Saludos y gracias.

Habla con Napoleón o Einstein gracias a la Inteligencia Artificial

Gracias a Character.AI, una aplicación web de chatbot basada en inteligencia artificial, podemos interactuar y conversar con personajes virtuales. Estos personajes reales o ficticios, que pueden estar basados en celebridades, personajes de videojuegos, anime, y más. Quizá no pase el Test de Alan Turing, pero resulta ilustrativo del avance de la Inteligencia Artificial (AI). 

La aplicación o web Character.AI es gratuita y permite a los usuarios chatear con variados personajes existentes o crear los nuestros propios. También ofrece una suscripción de pago, que brinda mensajes más rápidos y acceso a características adicionales. 

Algunos de los personajes disponibles son Albert Einstein, Napoleón Bonaparte, Elon Musk,  Ariana Grande,  Nicki Minaj, Billie Eilish,  Mark Zuckerberg, Taylor Swift, Joe Biden, Ronaldo, J. R. R. Tolkien,  Super Mario o Goku de Dragon Ball,...

Toda la conversación queda registrada en su integridad por escrito en la misma web, como puede verse en enlaces con una transcripción completa.
   
Además, los usuarios podemos crear y entrenar nuestros propios personajes de IA con rasgos de personalidad específicos, intereses y estilos de conversación. Crear tu propio personaje en Character.AI es un proceso bastante sencillo y divertido. 

La guía paso a paso para hacerlo incluye: 
  • Registrarse/Iniciar sesión: Primero, debes registrarte o iniciar sesión en la página web de Character.AI. 
  • Crear un personaje: Una vez dentro, haz clic en el botón de “Create” y selecciona “Create a Character”. 
  • Configurar detalles básicos: Introduce el nombre de tu personaje y escribe un saludo o introducción. Puedes usar un traductor si necesitas ayuda con el idioma. 
  • Personalizar el personaje: Imagen: Puedes subir una imagen o describir cómo quieres que se vea tu personaje para que la IA genere una imagen. 
  • Visibilidad: Decide si tu personaje será público, privado o no listado. 
  • Detalles avanzados: Haz clic en “Edit Details (Advanced)” para añadir descripciones más detalladas y definir la personalidad de tu personaje. 
  • Guardar y chatear: Una vez que hayas configurado todo, guarda tu personaje y empieza a interactuar con él.
Aún más instructivo que hablar con personajes del pasado o del presente, es conversar con tu yo del futuro (pero eso será un próximo post).
Alguna polémica también ya ha aparecido,...

El futuro de la democracia, según Daniel Innerarity

Siempre es un placer y un aprendizaje escuchar a Daniel Innerarity (posts previos), a quien puede conocer en persona y conversar largo y tendido en Getxo allá por 2002, gracias a Josune Ariztondo. Hoy lo hemos escuchado de nuevo, y recogemos su intervención, así como una reseña de su muy recomendable libro "El futuro de la democracia". Al final también recogemos recogemos recientes vídeos sobre este mismo tema. Todo de la mano de BBK Bilbao Kultura Social Forum 2026 extremadamente bien organizado por la Fundación Fair Saturday presidida por nuestro amigo Jordi Albareda (posts)

Encontrar Waterloo en Waterloo: Innerarity y el futuro de la democracia. Fabrizio del Dongo huye de Italia para sumarse al ejército de Napoleón y acaba estando en una batalla sin verla. Corre de un lado a otro, oye los cañones, pasa junto al emperador sin reconocerlo y, al final, solo sabría contar su asombro por no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo. Con esa escena de La cartuja de Parma abre Daniel Innerarity su ensayo El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg, mayo de 2026). No es un adorno: la pregunta que recorre el libro es cómo ser un buen contemporáneo cuando el estruendo de las noticias impide distinguir lo decisivo de lo llamativo.

Theodor Adorno dejó una divisa para esa dificultad: mantener viva la conciencia de que, entre la ostentación y el alboroto, algo falta. Innerarity la aplica a la democracia, un régimen del que no sabemos si reclama indignación ante sus enemigos o serenidad confiada en su resistencia. 

Un título prestado a Bobbio. El título es de Norberto Bobbio, cuyo ensayo de 1984 nació de una conferencia en el Congreso de los Diputados en 1983. Entonces la democracia vivía un momento triunfal; hoy sabemos que puede retroceder, y eso cambia la manera de preguntar. Innerarity no cuenta su historia sino su porvenir, y arranca con una paradoja: hablar del futuro de la democracia es hablar de algo que no existe, porque lo propio de este régimen es poner el futuro en nuestras manos. La democracia de mañana será distinta de la de hoy; si fuera idéntica, no tendría futuro. 

Los malos y los males. La distinción más fértil del primer capítulo separa a los malos (autoritarios, golpistas, demagogos) de los males: desinformación, desigualdad, complejidad, instituciones mal diseñadas. Preferimos un culpable a una explicación estructural, enemigos a rivales, corrupción a torpeza. Pero si un gobernante sin escrúpulos puede hacer daño, argumenta el autor, es porque las instituciones estaban mal pensadas: los errores personales solo adquieren gran tamaño donde hay fallos de sistema. Hay malos, pero tal vez los males sean más dañinos. 

La fascinación de lo peor. Más incómodo es su segundo movimiento. El relato que lo explica todo por la brutalidad de los fuertes, con House of Cards como retrato, nos convierte en espectadores y desactiva la indignación. Innerarity pregunta a quién beneficia esa explicación derrotista, y apunta a los autoritarios, interesados en que creamos que pueden más de lo que pueden. Su aliado es Maquiavelo, que enseñó a los príncipes a conquistar, pero también a los pueblos a resistir. Con su imagen de la inundación: cuando llega, poco se puede hacer; en tiempo de calma se levantan los diques. 

Un mapa por recorrer. Estas líneas se apoyan en la introducción, el primer capítulo y el índice, disponibles en la web de la editorial. El índice anuncia diez partes y un epílogo: polarización, crisis de la democracia liberal, extrema derecha, políticas de identidad, democratizar el trabajo, la migración y el dinero, inteligencia artificial y tiempo. Algunos títulos, como una defensa de las políticas de la identidad o un capítulo contra el antiwokismo, toman partido en asuntos que dividen; conviene discutirlos con el texto entero delante y no con el titular. 

Buenos contemporáneos. En una entrevista, Innerarity dice partir del orgullo por una democracia a la que hay que hacer muchos ajustes, «sin arrojarla por la ventana». Quizá esa sea la forma más sobria de ser buen contemporáneo: no buscar la batalla donde más truena el cañón, sino preguntarse qué falta en el paisaje. ¿Qué falta hoy en nuestro Waterloo, y quién se ocupa de mirar?

Propuesta de acción. En lectura, a dos años: leer el libro junto al de Bobbio en un grupo de seis personas, una sesión mensual durante seis meses, y evaluar cuántos desacuerdos razonados es capaz de formular cada miembro. En escritura, a cinco años: llevar un cuaderno de «lo que falta», con una nota trimestral sobre algo que el ruido público omite, y revisar al final cuáles de esas intuiciones se confirmaron. En voluntariado, a diez años: participar en un órgano ciudadano local (asociación vecinal, consejo escolar, presupuestos participativos), con indicadores de asistencia, propuestas presentadas y mejoras logradas, evaluados cada dos años con otra persona.

El futuro de la democracia, Daniel Innerarity
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