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49º aniversario de boda de Carmen y Mikel
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Ejemplo silencioso: abuelos, nietos y verano
Hay una pedagogía que no se enseña en ningún manual y que, sin embargo, resulta más eficaz que cualquier discurso bienintencionado: la que ejercen los abuelos simplemente viviendo delante de sus nietos. Cuando la diferencia de edad entre los menores abarca de los ocho a los dieciséis años, el reto no es transmitir un mensaje único, sino sostener una coherencia que cada uno pueda interpretar desde su propio estadio de desarrollo. Una breve estancia veraniega en una casa costera ofrece, en este sentido, un laboratorio privilegiado.
El primer aprendizaje, acaso el más sutil, es el del tiempo. A los setenta años, liberados ya de la tiranía productiva que organiza la vida adulta, los abuelos pueden mostrar —no explicar, mostrar— que existe un ritmo distinto al de la inmediatez digital. Un paseo sin destino fijo, una sobremesa que se prolonga sin que nadie mire el reloj, una tarde dedicada a observar el mar: estos gestos comunican, sin pronunciar palabra, que el tiempo lento no es tiempo perdido. Para el nieto de dieciséis años, probablemente el más expuesto a la aceleración contemporánea, este contraste puede operar como una grieta por la que se cuela una intuición valiosa: la de que la calma también es una forma de inteligencia.
El segundo eje es el cuidado del entorno natural, especialmente pertinente en un contexto costero. Enseñar a no dejar rastro en la playa, a reconocer mareas, a respetar la fauna marina, conecta de manera natural con una sensibilidad ecológica que hoy resulta más urgente que nunca. Lo interesante es que este aprendizaje se despliega en distintos registros según la edad: para el más pequeño es juego y asombro; para el de doce años, conocimiento que empieza a articularse en categorías; para el mayor, una posible puerta hacia una conciencia ambiental más amplia y políticamente informada.
Pero quizá el ejemplo más perdurable —y el que la psicología del desarrollo y la sociología de la memoria familiar coinciden en señalar como decisivo— es la transmisión narrativa. Contar la propia infancia, la juventud, los errores y los aciertos, no como sermón sino como relato genuino, deja una huella que ningún consejo directo logra igualar. Los nietos rara vez recuerdan lo que se les ordenó hacer; sí recuerdan, en cambio, las historias escuchadas mientras se pelaba fruta en la cocina o se jugaba una partida de cartas en el porche. Esa narrativa oral, casi artesanal, es quizá la forma más antigua de educación que existe, y el verano —con su disponibilidad de tiempo compartido— es su escenario natural.
Finalmente, está la coherencia en lo cotidiano: el trato hacia un vecino, la manera de resolver un imprevisto sin perder la serenidad, la gratitud expresada ante lo simple. Son gestos que no buscan ser pedagógicos y que, precisamente por eso, lo son más que cualquier intento deliberado de educar. Si hay una conclusión posible, es esta: el mejor ejemplo que pueden dar unos abuelos no es un mensaje, sino una presencia. No se trata de qué se dice, sino de cómo se vive delante de quien observa. Y los nietos, a cualquier edad, observan siempre más de lo que parece.
"La vida de Chuck": Aprender a admirar lo cotidiano
En un giro inesperado que desafía las convenciones del cine contemporáneo, "La vida de Chuck" (The Life of Chuck) emerge como una película de drama y ciencia ficción estadounidense de 2024, escrita y dirigida por Mike Flanagan, basada en la novela del mismo nombre de Stephen King publicada en su libro recopilatorio de 2020 "La sangre manda". Cuando el fin del mundo cabe en un baile y el universo que habita en cada uno de nosotros, lo que podría haber sido otra incursión en el terror —terreno natural tanto para King como para Flanagan— se convierte en una meditación conmovedora sobre la vida, la muerte y el significado de nuestra existencia.
El director y su obra maestra. Mike Flanagan ha construido su reputación como uno de los cineastas más respetados del terror contemporáneo, con obras aclamadas como "Doctor Sueño", "La maldición de Hill House" y "El juego de Gerald". Sin embargo, tras el éxito de Oculus, Flanagan comenzó a cuestionarse el mensaje que dejaría a sus hijos, preguntándose qué legado representaría su trabajo, lo que provocó un cambio en su enfoque hacia historias que enfatizan la esperanza, la empatía y la valentía.
En una decisión sin precedentes, Flanagan declaró que "La vida de Chuck" podría ser la mejor película que jamás haría, una convicción que mantuvo incluso durante el rodaje, sintiendo desde la primera semana que estaba creando su obra maestra. El resultado es una película que abandona completamente el horror para abrazar lo humano, confirmando que Flanagan es uno de los tres cineastas trabajando actualmente que verdaderamente comprende a Stephen King y sus historias, junto a Gary Dauberman y Frank Darabont.
La estructura narrativa: tres actos hacia atrás. La trama sigue los momentos formativos en la vida de Charles "Chuck" Krantz, narrados en orden cronológico inverso, desde su muerte coincidiendo con el fin del universo hasta su infancia y juventud. Esta arriesgada decisión estructural, dividida en tres actos que van del final al principio, no es meramente un artificio estilístico.
El primer acto (cronológicamente el último) nos presenta un mundo apocalíptico donde la vida de Charles Krantz, un contable normal y corriente, adquiere un significado inesperado cuando el mundo comienza a colapsar, con estrellas que explotan, tecnología que falla y misteriosos anuncios que aparecen con el mensaje: "¡Gracias, Chuck, por 39 grandiosos años!". Este segmento está protagonizado magistralmente por Chiwetel Ejiofor como Marty, un profesor de literatura que se niega a abandonar la esperanza.
El elenco: una constelación de talento. Tom Hiddleston encabeza el reparto dando vida al Chuck adulto con una sensibilidad que le permite bailar como ya nadie baila en el cine, resucitando el espíritu de Fred Astaire. Pero la película es un auténtico trabajo de conjunto donde brillan Mark Hamill como el abuelo de Chuck, aportando peso emocional y ternura, y Mia Sara en un emotivo regreso a la pantalla tras años de retiro. Completan el elenco Karen Gillan, Carl Lumbly, Benjamin Pajak, Jacob Tremblay interpretando a Chuck en diferentes edades, Matthew Lillard en una breve pero memorable aparición, y Annalise Basso como la espontánea bailarina que se une a Chuck en una de las escenas más memorables del filme.
La propuesta de Stephen King. La novela corta original forma parte de una colección que marca un regreso de King a su lado más sentimental, humanista y cósmico. A diferencia de obras centradas en el terror psicológico o sobrenatural, "La vida de Chuck" explora temas existenciales desde la filosofía de Walt Whitman, específicamente la idea de que "contenemos multitudes" —que los recuerdos y experiencias que adquirimos a lo largo de nuestra vida forman un universo completo en nuestra cabeza.
El relato examina cómo el fin del universo está relacionado con Chuck, de 39 años, quien se encuentra postrado en cama en un hospital, muriendo de un tumor cerebral, acompañado por su esposa Ginny y su hijo Brian. Esta premisa metafísica plantea que cada persona es un universo en sí misma, y que con su muerte, ese cosmos personal llega a su fin.
Recepción crítica y premios. La película tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto el 6 de septiembre de 2024, donde ganó el codiciado premio People's Choice Award, un galardón que históricamente ha sido predictor de éxitos en los Oscar. En Rotten Tomatoes, el 88% de las 26 reseñas de los críticos son positivas, con una calificación promedio de 7,4/10, mientras que Metacritic asignó una puntuación de 66 sobre 100.
Los críticos han destacado diversos aspectos de la película. Algunas reseñas la califican como una bonita adaptación que devuelve al así llamado rey del terror a su lado más sentimental, humanista y cósmico, mientras que otras señalan su carácter de fábula singular, excéntrica y conmovedora, con una melancolía, creatividad y ganas de contar absolutamente cautivadoras.
Valoración: entre la emoción y el sentimentalismo. "La vida de Chuck" es una película que divide opiniones precisamente por su ambición emocional. Se trata de una original adaptación de un relato de Stephen King, de ritmo impecable, contada en tres actos empezando por el final y marchando hacia atrás, que está a la altura de las mejores adaptaciones de la obra del escritor, como "Cadena perpetua", "Cuenta conmigo", "La milla verde" o "Misery".
Sin embargo, no todos los críticos han sucumbido a su encanto. Algunos han señalado que, aunque es una película creativamente extraña, resulta también muy almibarada, pues Flanagan no puede evitar martillar su mensaje con falta de sutileza. Esta tendencia del director a subrayar sus temas emocionales puede resultar excesiva para espectadores que prefieren una aproximación más contenida.
Conclusión: Un himno a la vida ordinaria. "La vida de Chuck" representa un hito tanto en la carrera de Mike Flanagan como en las adaptaciones de Stephen King. Es un drama atípico, encantador y musical, lleno de alusiones que invitan al espectador a reflexionar sobre el valor de cada momento, de cada acción, de cada persona, relativizando los grandes problemas e invitando a querer al prójimo y a disfrutar de las pequeñas alegrías de cada día.
En un mundo cinematográfico saturado de superhéroes, franquicias y efectos especiales desmedidos, esta película tiene la valentía de celebrar lo ordinario, de encontrar lo extraordinario en un simple baile callejero, en la relación entre un niño y sus abuelos, en la reconexión de dos ex amantes ante el fin del mundo. Es un recordatorio de que nuestra vida, por común que parezca, contiene universos enteros.
La pregunta que plantea la película no es "¿por qué debemos agradecer a Chuck?", sino más bien "¿a quién deberíamos agradecer por los 39, 50, 70 años que compartieron con nosotros?". Porque al final, como sugiere la película, todos merecemos un cartel que diga "Gracias por todos esos maravillosos años".
En un tiempo de incertidumbres y ruido, La vida de Chuck llega como un susurro que se convierte en universo. Mike Flanagan adapta a Stephen King para recordarnos que cada vida contiene un cosmos propio. https://t.co/KfKzNBeqFH Tom Hiddleston baila contra el fin del mundo y lo… pic.twitter.com/7pnV0wGmZ9
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) November 6, 2025
Amerikan bilimkurgu dram filmi “The Life of Chuck” 2024
— Leman Deniz (@lmnylmz) November 5, 2025
Tom Hiddleston'ın dans sahnesi.
Olağanüstü güzel.
pic.twitter.com/lNLJM3R0Uo
48º aniversario de boda de Carmen y Mikel
Casi coincidmos Carmen (1955) y yo (1953), apenas separados por dos meses, con la pareja formada por y Jill (1951) y Joe (1942) Biden.HAPPY ANNIVERSARY: Former President Joe Biden and former First Lady Jill Biden are celebrating 48 years of marriage. 🥂 pic.twitter.com/d0ZDDUbRrd
— Local 12/WKRC-TV (@Local12) June 17, 2025
Por qué amo mi rutina (y por qué tú también podrías)
Hay días, sobre todo en un verano de AlicanTerapia (más posts), que parecen repetirse con un ritmo tan previsible que casi podríamos recitarlos de memoria: levantarse temprano, antes andar ahora nadar unos largos en la piscina, escribir unas páginas, conversar y aprender con amistades de todas las edades y disfrutar de la naturaleza y del entorno.
Lejos de ser un signo de monotonía, la rutina es un espacio de cultivo. Como dijo Gustave Flaubert: «Sé regular y ordenado en tu vida para ser vehemente y original en tu obra».
La rutina nos da la estructura sobre la que construimos. La piscina, por ejemplo, no es solo ejercicio: es una forma de meditación en movimiento. El agua obliga a un diálogo interior. Al nadar, uno se encuentra con su respiración, sus pensamientos, y el ritmo cadencioso calma la mente y abre espacio a la creatividad. He resuelto más problemas en el silencio líquido de una piscina que en muchas tormentas de ideas.
Luego está la escritura diaria. No siempre se escribe bien, algunos casi nunca lo hacemos, pero siempre se entrena la mirada. La costumbre de sentarse ante la página vacía enseña humildad: hay días fecundos y otros baldíos, pero la rutina hace el trabajo. La gran escritora Joan Didion, a la que pronto dedicaremos un post, apuntó: «Escribo para saber lo que pienso».
Por último, las conversaciones con vecinos y amigos, de aquí y de allá, de niños a abuelos. Algunos ven en ellas una distracción; para mí son parte esencial de la rutina. Son laboratorios de ideas, espacios donde uno se expone a lo que no sabe. Nada reemplaza una buena charla, con risas o con silencios compartidos, para sentir que la vida tiene textura.
La rutina no es prisión. Es un andamiaje. Gracias a ella podemos explorar lo incierto sin miedo de perdernos. O como decía Séneca: «La vida sin un plan es errar al azar».
Así, cada día que parece igual es, en el fondo, diferente. Porque somos diferentes después de cada brazada, de cada frase escrita, de cada conversación. Y esa es la magia de la rutina bien elegida: nos mejora. Añade a la rutina diaria un poco de lectura, otra dosis de aprendizaje y un montón de amor. Así será más feliz.
"Nada sucede dos veces
— literland (@literlandweb1) July 23, 2024
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano..."
Wislawa Szymborska pic.twitter.com/cHuqW7AKPW
El papel de las mitocondrias en la salud y la longevidad
- 'Snacks' de movimiento: Mantenerse saludable incluye actividad física, «que no ejercicio». Es decir, para que tus mitocondrias vayan como la seda y tú también no hace falta que te conviertas en un atleta. «Se trata de mantenerse activo a lo largo de la jornada. Es más importante eso que hacer deporte una hora y pasar el resto del día sentado». El experto propone que sustituyamos los 'snacks' de comida que nos ponemos en los ratos de ocio (aceitunas, patatas, gominolas...) por lo que llama «snacks de movimiento: levántate cada hora, haz unos saltos, o unas sentadillas o bici estática... ¡Con un minuto es suficiente!».
- Come como tu bisabuelo. La comida ultraprocesada no es el combustible que necesita nuestro cuerpo. Es la gasolina que alimenta el incendio que devora nuestra salud. «Hay que comer como nuestros abuelos... o mejor dicho, como nuestros bisabuelos: comida real, de calidad y evitando sobrealimentarnos porque esto satura las mitocondrias». Según su planteamiento, hay que ingerir de todo: verduras, pescado, carnes, frutos secos... «Y beber agua, al menos dos litros al día. Uno de los primeros síntomas de que estamos deshidratados es el cansancio». Otro asunto que tenemos que poner en práctica es el ayuno intermitente (post reciente). Se trataría de pasar al menos 12 horas sin probar bocado y lo ideal sería que lo hiciéramos en nuestro descanso nocturno. «Nuestra genética está programada para ello», señala. «Podemos retrasar un poco el desayuno para conseguirlo». Durante el ayuno, el cuerpo experimenta cetosis y cambia su fuente de combustible de glucógeno almacenado a ácidos grasos.
- No descuides el magnesio, Una dieta equilibrada debería proporcionarnos todo lo que necesitamos, pero hay un nutriente que tenemos que cuidar: debemos mantener nuestros niveles de magnesio adecuados. – ¿Con suplementos? – O tomando alimentos ricos en él. Aunque para eso hay que asegurarse que son de calidad y muchas veces no son fáciles de conseguir porque la agricultura intensiva y el suelo empobrecido influyen negativamente. Esta molécula está presente en «verduras de hoja verde como las espinacas, el kale, las acelgas, el brócoli...», el cacao puro, frutas «como aguacates, frambuesas, plátanos...», frutos secos y alimentos del mar. Por cierto, ojo con el estrés, que es un vampiro del magnesio.
- Baños de sol... y de frío. Pasar horas bajo el sol no es buena idea, pero darse pequeños baños diarios les encantan a nuestras mitocondrias. «No se trata de exponerse a él a las tres de la tarde en agosto», advierte, pero sí pasar unos minutos al amanecer o al atardecer. «Y podemos hacerlo desde casa, con la ventana abierta, eso sí, no detrás del cristal». También conviene darse baños de frío. «Nuestras mitocondrias elevan nuestro metabolismo y producen calor». Para estimularlas, hay que huir «del sedentarismo térmico en el que afortunadamente vivimos». No se trata de apagar la calefacción y pasar frío durante horas, «basta con, por ejemplo, salir a la calle y esperar un poco a sentirlo antes de ponerse el abrigo».
- Respirar bien. Lo hacemos de continuo, pero le prestamos poca atención. Es hora de empezar a respirar bien: «Por la nariz y no por la boca porque la oxigenación es mayor y más completa». También conviene hacerlo de forma «profunda y usando el diafragma». «Según un estudio de la Universidad de Stanford, con tan sólo cinco minutos al día de práctica de esta técnica ya se obtienen beneficios para la salud», señala en el libro, donde despliega toda su teoría,
Las mitocondrias son una flipada!! Míralas aquí de parranda, marcadas de amarillo en una célula en cultivo. Vídeo de @MAG2ART pic.twitter.com/qqMoe00458
— Conchi Lillo🧠🔬👀 (@ConchiLillo) March 28, 2024
¿Cómo afecta la hora de comer a tu longevidad?
El envejecimiento se asocia con el declive gradual de los ritmos circadianos, lo que plantea la cuestión de si los mecanismos farmacológicos o conductuales que aumentan la solidez circadiana pueden ralentizar el proceso de envejecimiento. La alimentación restringida en el tiempo es un mecanismo para aumentar los ritmos internos, e incluso la administración restringida en el tiempo de una dieta rica en grasas durante la fase activa, en concreto, puede prevenir la obesidad inducida por la dieta y las comorbilidades asociadas, incluso en un contexto de alteración circadiana. Aunque la restricción calórica favorece la longevidad, no está tan claro hasta qué punto está implicado el reloj biológico de 24 horas.
La cronobiología y los ritmos circadianos explican lo que diferentes ensayos clìnicos han concluido. Comer y/o cenar tarde puede dificultar la pèrdida de peso corporal e incrementar el riesgo cardiometabólico. pic.twitter.com/crJ7Uk0wW0
— Ramón De Cangas Morán. (@DrRamonDeCangas) February 22, 2024
Stefan Klein, #físico y #filósofo: “Tenemos más tiempo libre que nuestros #abuelos, pero vivimos más agobiados”. #biorritmos #intergeneracional https://t.co/JIz9ue8Rhg a través de @eldiarioes
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) March 2, 2024
Envía una carta para una persona mayor en navidad
Envía Una Carta Para Un Abuelo 2023
Regala una sonrisa enviando “Una Carta Para Un Abuelo” 💌 Entra en la web https://t.co/DBmTAK1vpo Esta Navidad, la felicidad llega en un sobre 🎄 #UnaCartaParaUnAbuelo #AdoptaUnAbuelo #CartasNavidad #LosMayoresMolan pic.twitter.com/oLTFGZ8I5J
— Adopta Un Abuelo (@adoptaunabuelo) November 29, 2023
Abuelas y abuelos para grandes literatos




















