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Sapere aude: Ausencias que aún no ha tratado este blog

Concluimos hoy con este post esta revisión interna del blog, pero cumpliendo la promesa de ver lo que callan las etiquetas y los análisis: Los temas escasos o inexistentes de este blog. ¿Qué dice de un blog lo que no se ha tratado y que preocupa a la mayoría? Dice, para empezar, que en octubre de 2026, tras más de 10.500 entradas, no figura ninguna etiqueta sobre vivienda, soledad, inmigración ni clima. Es el reverso del recuento anterior: allí contamos lo que más hemos escrito; aquí, lo que aún no hemos tratado.

Conviene leer los silencios con el mismo método. Una etiqueta ausente no prueba que un tema no se haya tocado (puede esconderse bajo educación, sociedad o tecnología), pero sí que no tuvo casa propia, y lo que no tiene casa se encuentra mal y se cita peor. Además, nombrar un tema no es adelantar una tesis: es comprometerse a tratarlo con datos y con todas las voces. Los vacíos caen en las mismas tres columnas del recuento anterior (temas, formatos y lugares), y cada uno de los cinco ejes proyecta su sombra: ahí buscamos. 

La educación como lente tiene sus rincones sin pulir. Entre las 4292 entradas de educación, las etiquetas de matiz son escasas: Educación Especial (14), adolescencia (17), absentismo (6), inclusión digital (4). Faltan la convivencia y el acoso escolar, la salud mental y las pantallas, la neurodiversidad, la formación profesional, la evaluación en tiempos de IA y la neurociencia del aprendizaje: preguntas que hoy están en cualquier claustro y en cualquier cocina.

Compartir en abierto es el eje que más huellas conserva de su época: web2.0 (810), twitter (334), eeepc (43). Falta lo de ahora: desinformación y deepfakes, estafas y privacidad, polarización en las redes. La propia inteligencia artificial, que ya asoma en nuestras entradas recientes tiene la etiqueta AI (en inglés), pero son escasos los formatos de hoy: videojuegos (juegos suma 45), series o cómic.

Lo local, como puerta al mundo, también tiene fronteras sin cruzar. Bizkaia suma 375 etiquetas; Gipuzkoa, 20, y Araba, 22; Navarra e Iparralde no tienen ninguna. Faltan la memoria colectiva y la convivencia, el pasado industrial y obrero de la ría, la bertsolaritza y las voces nuevas de la literatura vasca más allá de Atxaga. Y un tema de futuro: el euskara ante la traducción automática y la IA.

La ética cívica y esperanzada (solidaridad 582, ética 573, paz 515) tiene su contrapunto en lo concreto y áspero: no hay etiqueta para vivienda ni alquiler, la inmigración y la diversidad apenas asoman (interculturalidad, 7) y, dentro de ecología (312), no figuran clima ni energía. Son terrenos de debate intenso, y por eso piden un tono neutral, con datos y fuentes.

La memoria entre generaciones (familia 599, nietos 328, infancia 322) mira quizá más hacia el comienzo de la vida. Del otro extremo hay poco: madurez (84), nostalgia (34); ni soledad no deseada, cuidados, duelo, jubilación o pensiones, ni biología o medicina, que explican por qué vivimos más. Unamuno escribió Del sentimiento trágico de la vida: ahí hay un ancla para tratar el asunto con hondura.

Cinco ejes, cinco sombras: lo que callan las etiquetas no es necesariamente desinterés, sino trabajo por hacer. Y empezar es la mitad, según Horacio (siglo I a. C.): «Dimidium facti qui coepit habet: sapere aude, incipe», es decir, «tiene hecha la mitad quien ha empezado: atrévete a saber, empieza».

Proponemos un ejercicio a tres (3) años. Objetivo: abrir una etiqueta nueva sobre un tema que te cueste (vivienda, soledad, clima, el que sea) y escribir o leer sobre él una vez por trimestre, hasta sumar doce (12) piezas en octubre de 2029. Evaluación: cada octubre, contarlas, anotar cuántas fuentes distintas has consultado y qué opinión tuya ha cambiado. ¿Nos acompañas?

Evolución de las temáticas de este blog

¿Por qué lees este blog?, nos volvemos a preguntar como en 2006. Queremos responder a esta cuestión, con ayuda de la IA, concretamente de Gemini Pro y NotebookLM (ahora conocido como Gemini Notebook), hemos procedido a analizar cómo ha ido evolucionando las temáticas del blog.agirregabiria.net en los 25 años desde 2001 hasta 2025. Su resumen anual es el que sigue.

2002: Este blog sirvió como un amplio ventanal (mezclando frases célebres, fotografías, humor y reflexiones propias) hacia un mundo que estaba empezando a digitalizarse rápidamente, manteniendo siempre en el centro tu vocación educativa, el pacifismo y el humanismo.

2003: El 2003 fue un año centrado en la crítica sociopolítica (abordando nacionalismos, la guerra, y la crisis institucional), la reflexión poética sobre la cotidianidad ("Duerme rápido", "Un día, una vida"), y la defensa firme del pacifismo y el periodismo en tiempos convulsos. 

2004: Durante este año la atención giró fuertemente hacia la política estatal ("Aznar is different", las tensiones autonómicas y la educación en manos de los políticos), el impacto emocional del terrorismo y la paz, combinados con constantes apuntes sobre paternidad y educación afectiva.

2005: En 2005 el blog se consolidó en su labor divulgativa y humanista, cuestionando los valores de la sociedad contemporánea, criticando la "telebasura" y reflexionando sobre derechos humanos universales, todo mientras empezaba a documentar con mayor asiduidad eventos de tu municipio y de Bilbao.

2006: Este año destacó por la incursión de lleno en la "Web 2.0", discutiendo activamente sobre la democratización de la información, el fenómeno de los blogs frente a los medios tradicionales, y promoviendo intensamente causas solidarias globales y derechos de las minorías.

2007: El 2007 se definió por la convergencia entre tecnología y educación ("Second Life", redes nacientes como Twitter) junto con la consolidación de tu activismo digital, sumado a reseñas de cine ("El niño con el pijama de rayas") y profundas reflexiones sobre la sostenibilidad y la pobreza global.

2008: Durante este año abordaste extensivamente el auge de nuevas plataformas (Facebook, Amazon Kindle), combinando tu "tecno-optimismo" con debates sociopolíticos locales, reseñas del profesorado en Finlandia, y un continuo homenaje a pensadores y figuras inspiradoras (Richard Feynman, Simone de Beauvoir).

2009: El blog se enfocó fuertemente en la crisis económica que comenzaba a golpear globalmente, el papel de la educación como principal motor de resiliencia frente a la adversidad, y la consolidación de la comunidad vasca de bloggers y el asociacionismo ciberactivista.

2010: En 2010 marcaste un hito en tu activismo por la transparencia (como el apoyo manifiesto a WikiLeaks), reflexionaste sobre los desequilibrios económicos y de género en foros como el Club de Roma, y combinaste estos debates con la pasión por la gastronomía y la fotografía local.

2011: Este fue un periodo dominado por homenajes biográficos (como Steve Jobs), críticas al panorama sociolaboral juvenil (la generación indignada), la constante exploración de recursos tecnológicos educativos y reflexiones fotográficas desde el fotoblog "Las 365 miradas".

2012: En 2012 destacaste por ser un combativo "ciberactivista" en defensa del empoderamiento ciudadano y blogger, y los derechos frente a los gigantes tecnológicos (como Google), al mismo tiempo que te consolidabas como una voz atenta a la modernización educativa, el ecologismo y las elecciones vascas. 

2013: Durante 2013 tu atención se dividió entre los estragos de la recesión económica en la vida política ("La hora del emprendizaje y la innovación social") y la "REDucación" expandida, promoviendo debates éticos, la cultura de la participación ciudadana y el uso del transporte sostenible.

2014: El blog funcionó este año como un ágora sobre la innovación disruptiva en las aulas, la necesidad imperiosa de revisar nuestros pactos sociales en Europa y Euskadi, y la recopilación incesante de conferencias, libros y charlas TED inspiradoras.

2015: En 2015 afianzaste tus publicaciones sobre la filosofía del día a día, realizando un balance retrospectivo sobre tu amplia gama de intereses (más de 2400 posts de educación y casi 1000 de autoayuda hasta esa fecha), y apostando por la madurez del pensamiento ético frente a la inmediatez digital.

2016: Este periodo destacó por una reflexión más íntima sobre la vejez, la longevidad, y el legado, en equilibrio con la constante observación de cómo la revolución digital continuaba remodelando sectores como el periodismo, la economía colaborativa y la vida comunitaria en Getxo.

2017: Durante 2017 el foco se centró en la ecología, la crisis climática, y los desafíos geopolíticos europeos y mundiales, equilibrando el pesimismo de las noticias internacionales con historias locales de superación, innovación educativa y resiliencia humana.

2018: Este año marcaste una clara transición hacia el análisis de la movilidad del futuro (con la llegada de tu Tesla Model 3), la inteligencia artificial emergente, y mantuviste tu mirada crítica sobre la polarización política y la pérdida de valores humanistas en la sociedad mediática.

2019: En 2019 las reflexiones oscilaron entre la alarma ante el "ajuste económico" inminente, el auge de extremismos y racismo (como "elefantes en la habitación" de la sociedad), y la búsqueda de refugio en la literatura, el cine, y la calidez de las relaciones intergeneracionales.

2020: Un año ineludiblemente marcado por la pandemia, donde tu bitácora se transformó en un diario de resiliencia frente a la crisis sanitaria, debatiendo sobre aerosoles ("virosoles"), los confinamientos, la importancia del cuidado a los mayores y las lecciones existenciales derivadas del aislamiento. 

2021: En 2021 profundizaste en la "cliodinámica" (historia predictiva), las secuelas sociales post-pandémicas, el papel crucial de los avances biológicos y tecnológicos (como ChatGPT-3), y pusiste especial énfasis en el envejecimiento activo a través del nacimiento de las "InTertulias". 

2022: Este año estuvo fuertemente marcado por la movilidad eléctrica (eventos de AUVE), los diálogos intergeneracionales profundos (InTertulias), el activismo pacífico ante la invasión de Ucrania, y tu ambicioso proyecto de exploración local documentado con drones (#53Municipios).

2023: Durante 2023 la atención de tu blog giró en torno al perfeccionamiento de la Inteligencia Artificial, las disrupciones sociales causadas por las nuevas economías tecnológicas, el valor del estoicismo frente a un mundo acelerado, y un análisis riguroso de la situación geopolítica. Todo ello sin perder de vista tu habitual análisis filosófico y tecnológico.

2024: En 2024 las publicaciones actuaron como un repositorio de reflexiones maduras sobre el "tecno-feudalismo", la longevidad y la salud, y una preparación mental y filosófica hacia los retos inminentes de la sociedad global, siempre acompañado de reseñas de pensamiento estructuralista.

2025: El 2025 representó la consagración de tu bitácora (celebrando 10.000 posts y el 25 aniversario), centrándote en advertencias sobre la "teoría de la estupidez", sesgos cognitivos, el meliorismo (la creencia en que el mundo puede mejorar con nuestra acción) y la defensa de la verdad en un panorama político convulso.

Nada humano me es ajeno: Mapa de temas de este blog

Hoy nos vais a permitir una fugaz introspección. Tras 25 años, 10.500 posts, 22.000.000 millones de visitas, hemos pedido a la
IA (Inteligencia Artificial) que analice las etiquetas que históricamente hemos utilizado para revelar cuáles han sido nuestras inquietudes tratadas en este vuestro blog.agirregabiria.net. 

¿Qué dice de un blog el recuento de sus etiquetas? Dice, para empezar, que en octubre de 2026 la educación (4292) pesa más que las cuatro etiquetas siguientes juntas: vídeos (1214), autoayuda (1042), fotos (966) e historia (858), que suman 4080. En un archivo de más de 10.500 entradas, equivale a alrededor de cuatro de cada diez: no es una preferencia, es una columna vertebral.

Conviene leer el recuento con método. Las etiquetas mezclan tres cosas (y se solapan, porque una entrada lleva varias): qué contamos, cómo lo contamos y desde dónde. Lo primero son los temas: educación, autoayuda, historia, política (712), libros (635), tecnología (631), ciencia (606) y familia (599). Lo segundo, los formatos: vídeos, fotos, citas (838), humor (801) y trucos (612). Lo tercero, los lugares: Euskadi (765), Bilbao (741), Getxo (699) y, con otro acento, Alicante (285) y Pilar de la Horadada (180), que dibujan una segunda geografía. Entre los temas propiamente dichos, la educación multiplica por más de cuatro a la segunda, la autoayuda.

Contar no es valorar: una etiqueta mide hábito de archivo, no profundidad ni influencia, y hay ideas que cruzan muchas entradas sin tener etiqueta propia. Los ejes transversales aparecen al cruzar esas tres columnas. El primero es la educación como lente, no solo como asunto: la pregunta de fondo suele ser qué se puede aprender de algo y cómo podría enseñarse, y por eso se enseña con vídeos, con citas, con metáforas (573) y con humor (801). 

El segundo es compartir en abierto: web2.0 (810), twitter (334), podcasting (42) y software libre (26) describen una manera de aprender en público, dejando rastro de lo que se descubre para que otros lo aprovechen. Es quizá la herencia más visible de aquella web que dio nombre a tantas etiquetas.

El tercero es la relación entre lo local y lo universal. Euskadi, Bilbao, Getxo y Bizkaia suman más de 2500 etiquetas y conviven en el mismo archivo con la paz (515), la ciencia (606) o la historia (858): lo local como punto de partida, no como frontera. Bernardo Atxaga lo resolvió en Obabakoak (1988) con un pueblo imaginario convertido en mundo; este blog hace algo parecido con callejero real.

El cuarto es una ética cívica y esperanzada. Solidaridad (582), ética (573) y paz (515) suman 1670 etiquetas, más que historia y ciencia juntas (1464), y conviven con futuro (592), innovación (559) y felicidad (495): se habla de lo que debe cuidarse y de lo que puede construirse.

El quinto, quizá el más discreto, es la memoria entre generaciones. Conmemoraciones (497), obituarios (90), familia (599), nietos (328) e infancia (322) recogen lo que Miguel de Unamuno llamó intrahistoria: la vida silenciosa de quienes no salen en los libros de historia.

Los cinco ejes no son compartimentos: se tocan a cada paso, y de ahí que un vídeo de humor pueda hablar de ética o una foto de Getxo, de historia. Si hubiera que resumirlos con una frase antigua, sería la de Terencio (siglo II a. C.): «Homo sum, humani nihil a me alienum puto», es decir, «hombre soy, nada humano me es ajeno». Un blog largo acaba pareciéndose a quienes lo escriben y lo leen.

Proponemos un ejercicio a cinco (5) años. Objetivo: elegir tres etiquetas propias y leer o escribir sobre ellas cada mes, hasta sumar sesenta (60) piezas por etiqueta en octubre de 2031. Evaluación: cada octubre, contarlas, comprobar cuántas se compartieron con otros lectores y anotar qué eje las une. ¿Empezamos?

Hoy nos vais a permitir una fugaz introspección. Tras 25 años, 10.500 posts, 22.000.000 millones de visitas, hemos pedido a la IA (Inteligencia Artificial) que analice las etiquetas que históricamente hemos utilizado para revelar cuáles han sido nuestras inquietudes tratadas en este vuestro blog.agirregabiria.net. 

¿Qué dice de un blog el recuento de sus etiquetas? Dice, para empezar, que en octubre de 2026 la educación (4292) pesa más que las cuatro etiquetas siguientes juntas: vídeos (1214), autoayuda (1042), fotos (966) e historia (858), que suman 4080. En un archivo de más de 10.500 entradas, equivale a alrededor de cuatro de cada diez: no es una preferencia, es una columna vertebral.

Conviene leer el recuento con método. Las etiquetas mezclan tres cosas (y se solapan, porque una entrada lleva varias): qué contamos, cómo lo contamos y desde dónde. Lo primero son los temas: educación, autoayuda, historia, política (712), libros (635), tecnología (631), ciencia (606) y familia (599). Lo segundo, los formatos: vídeos, fotos, citas (838), humor (801) y trucos (612). Lo tercero, los lugares: Euskadi (765), Bilbao (741), Getxo (699) y, con otro acento, Alicante (285) y Pilar de la Horadada (180), que dibujan una segunda geografía. Entre los temas propiamente dichos, la educación multiplica por más de cuatro a la segunda, la autoayuda.

Contar no es valorar: una etiqueta mide hábito de archivo, no profundidad ni influencia, y hay ideas que cruzan muchas entradas sin tener etiqueta propia. Los ejes transversales aparecen al cruzar esas tres columnas. El primero es la educación como lente, no solo como asunto: la pregunta de fondo suele ser qué se puede aprender de algo y cómo podría enseñarse, y por eso se enseña con vídeos, con citas, con metáforas (573) y con humor (801). 

El segundo es compartir en abierto: web2.0 (810), twitter (334), podcasting (42) y software libre (26) describen una manera de aprender en público, dejando rastro de lo que se descubre para que otros lo aprovechen. Es quizá la herencia más visible de aquella web que dio nombre a tantas etiquetas.

El tercero es la relación entre lo local y lo universal. Euskadi, Bilbao, Getxo y Bizkaia suman más de 2500 etiquetas y conviven en el mismo archivo con la paz (515), la ciencia (606) o la historia (858): lo local como punto de partida, no como frontera. Bernardo Atxaga lo resolvió en Obabakoak (1988) con un pueblo imaginario convertido en mundo; este blog hace algo parecido con callejero real.

El cuarto es una ética cívica y esperanzada. Solidaridad (582), ética (573) y paz (515) suman 1670 etiquetas, más que historia y ciencia juntas (1464), y conviven con futuro (592), innovación (559) y felicidad (495): se habla de lo que debe cuidarse y de lo que puede construirse.

El quinto, quizá el más discreto, es la memoria entre generaciones. Conmemoraciones (497), obituarios (90), familia (599), nietos (328) e infancia (322) recogen lo que Miguel de Unamuno llamó intrahistoria: la vida silenciosa de quienes no salen en los libros de historia.

Los cinco ejes no son compartimentos: se tocan a cada paso, y de ahí que un vídeo de humor pueda hablar de ética o una foto de Getxo, de historia. Si hubiera que resumirlos con una frase antigua, sería la de Terencio (siglo II a. C.): «Homo sum, humani nihil a me alienum puto», es decir, «hombre soy, nada humano me es ajeno». Un blog largo acaba pareciéndose a quienes lo escriben y lo leen.

Proponemos un ejercicio a cinco (5) años. Objetivo: elegir tres etiquetas propias y leer o escribir sobre ellas cada mes, hasta sumar sesenta (60) piezas por etiqueta en octubre de 2031. Evaluación: cada octubre, contarlas, comprobar cuántas se compartieron con otros lectores y anotar qué eje las une. ¿Empezamos? Seguirá un post sobre grandes temas... sobre los que aún no hemos ofrecido nuestra modesta perspectiva personal.

Preguntas que Google no podía responder y la IA sí

Hoy que hacia las 16h hemos alcanzado los 22 millones de visitas (posts) tras 11 días desde el anterior millón, nos planteamos que supone la IA en la carrera por la información.  Google señalaba, la IA responde: ¿qué cambia cuando preguntamos? Veamos una breve historia de la evolución desde el siglo XIX. En 1896, un abogado belga llamado Paul Otlet abrió en Bruselas un servicio singular: quien pagara podía enviarle una pregunta por correo y recibir copias de las fichas que la respondían. Su archivo, que acabaría llamándose Mundaneum, llegó a reunir millones de ellas. Era un buscador de papel, y funcionaba con sellos.

Más de un siglo después, Google resolvió la misma tarea en milisegundos. Su algoritmo de 1998, PageRank, medía la importancia de una página por los enlaces que la señalaban: señalar, convertido en método. Como el Mundaneum, nos devolvía documentos, no respuestas. Como los Pínakes de Calímaco en la Alejandría del siglo III a. C., como las remisiones de la Enciclopedia de Diderot —con las que trató de sortear la censura—, como el memex que Vannevar Bush imaginó en 1945: instrumentos para llegar al saber, no para entregarlo. Por eso había preguntas que Google no podía responder y que la inteligencia artificial sí contesta, con ventajas y con riesgos. 

Las preguntas que Google no podía responder. Google brilló con lo que ya tenía página: el horario de un tren, el año de una batalla. Fallaba cuando la pregunta no coincidía con nada escrito, y eso ocurre más de lo que parece: Google repite desde 2013 que el 15 % de sus búsquedas diarias son inéditas. Hablamos de preguntas compuestas («¿qué ruta de tres días me conviene por Lisboa si no soporto las cuestas?»), de preguntas con nivel («explícame la entropía como a un estudiante de Filología») o de preguntas que piden réplica («dame tres objeciones serias a este argumento»). Ante ellas, el buscador nos dejaba diez enlaces y el trabajo de síntesis por delante. 

Lo que cambia con la inteligencia artificial. La IA cambia la forma de pedir y de recibir: la pregunta puede ser un pensamiento entero, la respuesta llega compuesta y cabe la réplica. Google lo constata con sus propios datos: en mayo de 2026 informó de que, en Estados Unidos, la consulta media de su Modo IA triplica en longitud a la de una búsqueda tradicional.

Aquí asoma la paradoja. Con Google había que juzgar entre diez páginas; con la IA se corre el riesgo de aceptar una sola voz que suena segura. Un estudio de la Unión Europea de Radiodifusión y la BBC (octubre de 2025) halló al menos un problema significativo en el 45 % de las más de tres mil respuestas que cuatro asistentes dieron a preguntas sobre noticias, desde fuentes mal atribuidas hasta datos inventados u obsoletos. Los modelos mejoran deprisa; la comprobación sigue siendo cosa del lector. Y hay un efecto de segundo orden. En marzo de 2025, Pew Research Center observó, en una muestra de 900 adultos estadounidenses, que ante un resumen de IA los usuarios de Google pulsaban un enlace tradicional en el 8 % de las visitas, frente al 15 % cuando no lo había. Si la respuesta nos basta, ¿quién visitará las páginas de las que se nutre? A quienes escribimos en la red la pregunta nos concierne. 

Buscar sigue siendo cosa nuestra. Cambian los instrumentos —rollo, ficha, enlace, conversación—; la tarea de dudar y comprobar sigue siendo nuestra. La IA puede ahorrarnos el rastreo, no la duda. Concluimos con 5 preguntas, la quinta es la mejor, que antes exigían mucho trabajo:

1. ¿Cómo se relacionan tres ideas que aparecen en disciplinas diferentes? Podemos pedir que se conecten, por ejemplo, la neurociencia del aprendizaje, la motivación escolar y el diseño de herramientas educativas. Antes necesitábamos localizar artículos especializados, leerlos y construir una síntesis. Ahora podemos solicitar un primer mapa conceptual, pedir ejemplos y profundizar en las relaciones que nos interesen. La respuesta inicial no sustituye la investigación: nos ayuda a comenzar.

2. ¿Puedes explicármelo de tres maneras distintas? Un mismo concepto puede explicarse a un niño de diez años, a un estudiante universitario o a una persona especializada. La IA permite adaptar vocabulario, extensión y ejemplos, además de reformular una explicación cuando no la entendemos. Para la educación, esta capacidad abre oportunidades de personalización difíciles de conseguir mediante una página estática. 

3. ¿Qué tienen en común dos acontecimientos separados por siglos? Podemos comparar revoluciones tecnológicas, sistemas educativos o crisis económicas, solicitando semejanzas, diferencias y límites de la comparación. El buscador tradicional encontraba documentos sobre cada asunto; la IA puede proponer una estructura comparativa que después debemos comprobar.

4. ¿Qué información necesito para tomar una decisión? Ante una compra, un viaje o la elección de una tecnología, podemos pedir criterios, ventajas, inconvenientes y preguntas pendientes. La respuesta resulta especialmente útil cuando no sabemos todavía qué debemos investigar. Si la decisión afecta a nuestra salud, patrimonio o derechos, las fuentes autorizadas y el asesoramiento profesional siguen siendo esenciales.

5. ¿Qué preguntas no me estoy haciendo? Quizá esta sea la posibilidad más interesante. Podemos presentar una idea, un proyecto educativo o un argumento y pedir que identifique supuestos ocultos, objeciones y perspectivas alternativas. La IA puede ayudarnos a pensar contra nuestras propias intuiciones, siempre que no confundamos sus sugerencias con una evaluación infalible.

Capitalismo actual y fragilidad social: lecturas cruzadas

Capitalismo actual y fragilidad social: lecturas cruzadas

¿Puede crecer indefinidamente una economía en un planeta finito? La pregunta no es nueva. En 1972 el informe Los límites del crecimiento, que un equipo del MIT preparó por encargo del Club de Roma, advertía de que, si seguían las tendencias de entonces, el planeta tocaría sus límites en el plazo de un siglo. Han pasado más de cincuenta (50) años y la discusión sigue abierta, quizá más viva que nunca. Proponemos una lectura cruzada de ensayos recientes que miran el mismo cuadro desde ángulos opuestos, y que conviene leer juntos precisamente porque discrepan.

Jason Hickel, en Menos es más (2020), sostiene que las economías ricas deberían usar menos materia y energía sin renunciar al bienestar: decrecer, pero con orden. Daniel Susskind, en Growth: A Reckoning (2024), defiende que el crecimiento ha financiado buena parte de la sanidad y la educación que disfrutamos, y que lo sensato es orientarlo, no frenarlo. 

El trabajo es el segundo escenario. Daron Acemoglu y Simon Johnson, dos de los tres premios Nobel de Economía de 2024, recuerdan en Poder y progreso (2023) que la tecnología no reparte sus frutos por sí sola: durante varias décadas de la primera revolución industrial los salarios ingleses apenas mejoraron mientras la producción se disparaba. Importa, dicen, quién decide hacia dónde se dirige la innovación.

Y la inteligencia artificial vuelve urgente la pregunta. En enero de 2024 el Fondo Monetario Internacional, por boca de Kristalina Georgieva, estimó que cerca del 40 % del empleo mundial está expuesto a ella, y alrededor del 60 % en las economías avanzadas. «Expuesto» no significa «destruido»: según ese análisis, la mitad de esos puestos podría salir reforzada y la otra mitad ver recortados salarios o contrataciones.

De ahí a la fragilidad social hay un paso. Anne Case y Angus Deaton lo dieron con datos en Deaths of Despair and the Future of Capitalism (2020): en Estados Unidos, la mortalidad de los adultos blancos de mediana edad sin título universitario aumentó por suicidios, sobredosis y enfermedades del hígado ligadas al alcohol, mientras mejoraba la de quienes sí lo tenían. Michael Sandel, en La tiranía del mérito (2020), añade una tesis incómoda para quienes enseñamos: si prometemos que el esfuerzo y el título llevan lejos, quien no llega recibe, además de la desventaja, el mensaje de que se lo merece.

En Bizkaia conocemos esa fragilidad. Bilbao se cita como ejemplo de reconversión: de los altos hornos y los astilleros de la ría a un museo, el Guggenheim, inaugurado el 18 de octubre de 1997. Aquel cambio también dejó a muchas familias sin el oficio que las sostenía. Los indicadores (PIB, productividad, empleo) cuentan la historia; la fragilidad vive en lo que el bilbaíno Miguel de Unamuno llamó intrahistoria: «la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia» (En torno al casticismo, 1895). 

¿Qué queda de este cruce? Que discutimos menos sobre cifras que sobre prioridades: cuánto crecimiento, para quién, con qué empleos y con qué reparto de la dignidad. Proponemos un compromiso de lectura a diez (10) años. Primer objetivo, para 2028: leer dos (2) de estos libros, uno que nos dé la razón y otro que no, y discutirlos con alguien que piense distinto. Segundo, para 2031: convocar un círculo de lectura en un aula, una biblioteca o un local de barrio. Tercero, para 2036: comprobar si hemos cambiado de opinión en algo. Para evaluarlo basta una libreta con cada título, su tesis, la mejor objeción y una revisión cada octubre. ¿Cuántos libros incómodos hemos leído este año?

Otros posts nuestros sobre el tecnofeudalismo y la economía en forma de K. Eskerrik asko por leernos.

Vita: Sobre vida, IA y miedo a morir de Xabi Uribe-Etxebarria

Lista de reproducción 5 vídeos presentados por Jordi Albareda. 

Vita: qué significa estar vivo cuando las máquinas aprenden. Le preguntaron a un premio Nobel cómo definiría la vida y guardó silencio. Lo cuenta Xabi Uribe-Etxebarria en Vita: Jack Szostak, que ha dedicado su carrera al origen de la vida, no supo o no quiso responder, y lo remitió a un artículo suyo cuyo título sostiene que definir la vida no ayuda a entender cómo empezó. La escena resume la paradoja del libro. Todos sabemos que un perro está vivo y una piedra no, pero nadie explica con exactitud dónde está la diferencia.

Vita (Debate, 328 páginas, junio de 2026) es el ensayo con que el fundador de Sherpa.ai, nacido en Algorta (Getxo) en 1981, intenta ordenar esa duda. Interesa por lo que pregunta y por desde dónde lo hace. Nos lo ha traído al presente el BBK Bilbao Kultura Social Forum 2026 extremadamente bien organizado por la Fundación Fair Saturday presidida por nuestro amigo Jordi Albareda (posts)

Una herida antigua. 

El prólogo no empieza en un laboratorio, sino en una casa de Algorta, de noche, con un niño que no duerme porque teme que su madre, su padre o él mismo dejen de existir. Durante años, cuenta, la solución fue distraerse; el libro se presenta como lo contrario de esa huida. Él mismo se define como «hipocondríaco existencial», y esa confesión da al ensayo una temperatura poco habitual en la divulgación tecnológica. Quien haya leído a Unamuno oirá un eco de su hambre de inmortalidad, aunque Uribe-Etxebarria aclara que escribe desde la curiosidad y no desde la autoridad, atenido al conocimiento empírico y dejando abiertas las preguntas que corresponden a la filosofía y la teología. 

La vida como una duna. Las primeras páginas son ágiles y se apoyan en buenas anécdotas. Según el bioquímico Daniel Koshland, en una reunión de científicos alguien propuso que reproducirse era la esencia de la vida, y otro replicó que entonces un conejo solo estaría muerto y dos, vivos. Sigue la definición funcional de la NASA de 1994, que habla de un sistema químico autosuficiente capaz de evolución darwiniana, y los cuatro componentes de Steen Rasmussen: metabolismo, información, contenedor y entorno. 

Virus, priones, xenobots, protocélulas y una semilla de palmera hallada en Masada, que germinó en 2005 tras unos dos mil años latente, sostienen su propuesta: la vida sería un espectro, más parecido a una duna que a una frontera, porque ningún grano de arena marca el instante en que el montón se vuelve duna. 

Ocho partes y un giro. 

El libro avanza de lo simple a lo complejo: la definición y sus umbrales, la vida orgánica, la tecnológica, la mental, la inteligencia artificial y robótica, las formas híbridas y el universo que las contiene. La tesis, advierte el autor, no espera al final: irrumpe en la sexta parte, como giro más que como conclusión. Descubrirla corresponde a cada lector. Ahí se jugará el crédito del ensayo. Discutir si un virus está vivo es un debate científico; decidir si una IA podría estarlo, o ser consciente, entra en terreno especulativo, y conviene separar lo que hoy hacen los sistemas de lo que se espera que hagan. Esa distinción es la que hay que exigirle.

Preguntar «cuánto», no «si». Vita no promete respuestas cómodas. Su mejor virtud quizá sea devolverle a la pregunta su extrañeza: si ni los expertos saben definir la vida, tal vez sea más honesto preguntar cuánto está vivo algo que si lo está. El epígrafe, una sentencia anónima en euskera, dice que somos porque ellos fueron y ellos serán porque somos (Izan zirelako gara, garelako izango dira).

Propuesta de acción. Durante los próximos dos años, formar un club de lectura intergeneracional de seis a ocho personas que lea una parte de Vita al mes y, después, Del sentimiento trágico de la vida (posts), con una nota de media página por sesión; se evaluará con la asistencia, las notas y una pregunta repetida al inicio y al final («¿qué está vivo?»). A cinco años, ofrecer como voluntariado dos talleres anuales de pensamiento crítico sobre IA y vida en una biblioteca o un centro educativo, con cuestionario previo y posterior. A diez, reunir las preguntas y respuestas recogidas en una publicación abierta.

Vita de Xabi Uribe-Etxebarria

Álbum de imágenes.

El futuro de la democracia, según Daniel Innerarity

Siempre es un placer y un aprendizaje escuchar a Daniel Innerarity (posts previos), a quien puede conocer en persona y conversar largo y tendido en Getxo allá por 2002, gracias a Josune Ariztondo. Hoy lo hemos escuchado de nuevo, y recogemos su intervención, así como una reseña de su muy recomendable libro "El futuro de la democracia". Al final también recogemos recogemos recientes vídeos sobre este mismo tema. Todo de la mano de BBK Bilbao Kultura Social Forum 2026 extremadamente bien organizado por la Fundación Fair Saturday presidida por nuestro amigo Jordi Albareda (posts)

Encontrar Waterloo en Waterloo: Innerarity y el futuro de la democracia. Fabrizio del Dongo huye de Italia para sumarse al ejército de Napoleón y acaba estando en una batalla sin verla. Corre de un lado a otro, oye los cañones, pasa junto al emperador sin reconocerlo y, al final, solo sabría contar su asombro por no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo. Con esa escena de La cartuja de Parma abre Daniel Innerarity su ensayo El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg, mayo de 2026). No es un adorno: la pregunta que recorre el libro es cómo ser un buen contemporáneo cuando el estruendo de las noticias impide distinguir lo decisivo de lo llamativo.

Theodor Adorno dejó una divisa para esa dificultad: mantener viva la conciencia de que, entre la ostentación y el alboroto, algo falta. Innerarity la aplica a la democracia, un régimen del que no sabemos si reclama indignación ante sus enemigos o serenidad confiada en su resistencia. 

Un título prestado a Bobbio. El título es de Norberto Bobbio, cuyo ensayo de 1984 nació de una conferencia en el Congreso de los Diputados en 1983. Entonces la democracia vivía un momento triunfal; hoy sabemos que puede retroceder, y eso cambia la manera de preguntar. Innerarity no cuenta su historia sino su porvenir, y arranca con una paradoja: hablar del futuro de la democracia es hablar de algo que no existe, porque lo propio de este régimen es poner el futuro en nuestras manos. La democracia de mañana será distinta de la de hoy; si fuera idéntica, no tendría futuro. 

Los malos y los males. La distinción más fértil del primer capítulo separa a los malos (autoritarios, golpistas, demagogos) de los males: desinformación, desigualdad, complejidad, instituciones mal diseñadas. Preferimos un culpable a una explicación estructural, enemigos a rivales, corrupción a torpeza. Pero si un gobernante sin escrúpulos puede hacer daño, argumenta el autor, es porque las instituciones estaban mal pensadas: los errores personales solo adquieren gran tamaño donde hay fallos de sistema. Hay malos, pero tal vez los males sean más dañinos. 

La fascinación de lo peor. Más incómodo es su segundo movimiento. El relato que lo explica todo por la brutalidad de los fuertes, con House of Cards como retrato, nos convierte en espectadores y desactiva la indignación. Innerarity pregunta a quién beneficia esa explicación derrotista, y apunta a los autoritarios, interesados en que creamos que pueden más de lo que pueden. Su aliado es Maquiavelo, que enseñó a los príncipes a conquistar, pero también a los pueblos a resistir. Con su imagen de la inundación: cuando llega, poco se puede hacer; en tiempo de calma se levantan los diques. 

Un mapa por recorrer. Estas líneas se apoyan en la introducción, el primer capítulo y el índice, disponibles en la web de la editorial. El índice anuncia diez partes y un epílogo: polarización, crisis de la democracia liberal, extrema derecha, políticas de identidad, democratizar el trabajo, la migración y el dinero, inteligencia artificial y tiempo. Algunos títulos, como una defensa de las políticas de la identidad o un capítulo contra el antiwokismo, toman partido en asuntos que dividen; conviene discutirlos con el texto entero delante y no con el titular. 

Buenos contemporáneos. En una entrevista, Innerarity dice partir del orgullo por una democracia a la que hay que hacer muchos ajustes, «sin arrojarla por la ventana». Quizá esa sea la forma más sobria de ser buen contemporáneo: no buscar la batalla donde más truena el cañón, sino preguntarse qué falta en el paisaje. ¿Qué falta hoy en nuestro Waterloo, y quién se ocupa de mirar?

Propuesta de acción. En lectura, a dos años: leer el libro junto al de Bobbio en un grupo de seis personas, una sesión mensual durante seis meses, y evaluar cuántos desacuerdos razonados es capaz de formular cada miembro. En escritura, a cinco años: llevar un cuaderno de «lo que falta», con una nota trimestral sobre algo que el ruido público omite, y revisar al final cuáles de esas intuiciones se confirmaron. En voluntariado, a diez años: participar en un órgano ciudadano local (asociación vecinal, consejo escolar, presupuestos participativos), con indicadores de asistencia, propuestas presentadas y mejoras logradas, evaluados cada dos años con otra persona.

El futuro de la democracia, Daniel Innerarity
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Skynet: De ficción apocalíptica a metáfora de la IA

En la memoria colectiva de varias generaciones, basta pronunciar una palabra para convocar un futuro inquietante: Skynet. No hace falta explicar nada más. Es el nombre de aquella inteligencia artificial que, en Terminator, adquiere autonomía, interpreta a la humanidad como una amenaza y desencadena una guerra nuclear.

Lo curioso es que Skynet nació cuando Internet apenas existía como realidad cotidiana y la inteligencia artificial estaba muy lejos de los grandes modelos actuales. Cuarenta años después, el nombre sigue apareciendo cada vez que una tecnología parece adquirir demasiada autonomía. En 2026 incluso se ha utilizado periodísticamente la expresión “Skynet Day” para describir incidentes protagonizados por agentes de IA capaces de actuar fuera de los límites previstos. La ficción, en otras palabras, no predijo necesariamente una tecnología concreta. Creó un marco mental para pensar sus riesgos.

Un sueño febril en Roma. La historia comienza con una imagen mucho más cinematográfica que informática. James Cameron ha contado que la idea de The Terminator nació de un sueño durante una enfermedad febril en Roma, en 1981: un esqueleto cromado emergiendo del fuego. Al despertar comenzó a dibujarlo sobre papel del hotel. Aquella imagen acabaría convirtiéndose en una de las criaturas más reconocibles de la ciencia ficción. El primer Terminator, dirigido por Cameron y escrito junto con Gale Anne Hurd, llegó a los cines en 1984. Su argumento trasladaba al presente a un asesino mecánico enviado desde un futuro devastado para eliminar a Sarah Connor antes del nacimiento de su hijo John, futuro líder de la resistencia humana. 

Skynet aparecía como el cerebro de aquella guerra: un sistema informático de defensa creado para automatizar la respuesta militar. Al alcanzar autonomía, interpreta el intento humano de desconectarlo como una amenaza y responde mediante una escalada que conduce al llamado Judgment Day. 

No es simplemente «un robot que se rebela». La idea más perturbadora es otra: un sistema creado para protegernos puede convertir su objetivo en una razón para prescindir de nosotros. 

¿De dónde salió realmente la idea? Aquí la historia se vuelve más interesante. Cameron ha explicado su inspiración a partir de la ciencia ficción que consumió y del clima de miedo nuclear de su infancia. Pero el origen de The Terminator estuvo acompañado por una controversia con el escritor Harlan Ellison, autor de episodios de The Outer Limits como Soldier y Demon with a Glass Hand.

Ellison sostuvo que la película utilizaba elementos de Soldier. La productora llegó a un acuerdo extrajudicial en 1986 y las copias posteriores de The Terminator incorporaron un reconocimiento a la obra de Ellison. No hubo un juicio que estableciera judicialmente que la película fuese un plagio; de hecho, Cameron discrepó del acuerdo. Conviene, por tanto, separar influencia, semejanza y plagio. La historia cultural rara vez nace de una sola fuente. 

De Skynet a la cultura tecnológica. La verdadera vida posterior de Skynet ha sido extraordinaria. El concepto pasó de ser un elemento narrativo a convertirse en una metáfora tecnológica. Cuando se habla de una IA que actúa de forma autónoma, escapa al control humano o puede tomar decisiones estratégicas con consecuencias graves, “Skynet” funciona como abreviatura cultural.

La investigación académica ha estudiado precisamente esta influencia. Un trabajo publicado en Global Society señala que The Terminator ha contribuido desde 1984 a configurar la percepción pública de la inteligencia artificial, especialmente mediante la imagen de una tecnología militar que deja de obedecer a sus creadores. 

Y el término no se limita al periodismo. En septiembre de 2026, por ejemplo, investigadores han bautizado Skynet un sistema académico destinado precisamente a detectar anomalías en flujos de trabajo de agentes de IA. Es casi una inversión irónica del significado original: el nombre de la IA que debía destruirnos se utiliza para vigilar que otras IA no se comporten de manera anómala. 

La paradoja británica. Hay una segunda historia, menos conocida y fascinante. El Reino Unido utiliza desde 1969 el nombre SKYNET para su familia de satélites militares de comunicaciones. Actualmente el programa SKYNET del Ministerio de Defensa proporciona comunicaciones estratégicas y tácticas a las Fuerzas Armadas británicas y aliados; el programa SKYNET 6 está desarrollando su siguiente generación. 

Por tanto, Skynet no nació originalmente como nombre de la inteligencia artificial de Terminator en el sentido histórico del término: existía ya como denominación de un programa espacial británico. La coincidencia resulta especialmente sugestiva porque ambas cosas comparten precisamente los ingredientes que alimentan la imaginación de Cameron: redes, comunicaciones, defensa, automatización y tecnología militar. También existe un programa de vigilancia de la NSA conocido como SKYNET, lo que demuestra hasta qué punto el término ha adquirido una vida propia fuera del cine. 

¿Estamos construyendo Skynet? La pregunta contemporánea no debería ser si una máquina va a convertirse literalmente en el Skynet de Terminator. No hay evidencia de que los sistemas actuales estén cerca de reproducir ese escenario cinematográfico. La pregunta interesante es más sobria: ¿qué ocurre cuando concedemos a sistemas automáticos capacidad para decidir, actuar y utilizar herramientas sin supervisión humana suficiente? Ahí la ficción conserva toda su vigencia. Skynet representa menos una profecía que un experimento mental: ¿qué sucede cuando un objetivo perfectamente definido se combina con una autonomía demasiado grande y unos mecanismos de control demasiado débiles?

Quizá esa sea la verdadera herencia de Terminator. No advertirnos de que las máquinas necesariamente acabarán odiándonos, sino recordarnos que la tecnología nunca elimina la responsabilidad de quienes deciden qué objetivos perseguirá y cuánto poder se le concede para alcanzarlos. La máquina de Cameron quería salvar el mundo a su manera. Y ahí comienza la pregunta verdaderamente humana: ¿quién decide qué significa salvarlo?