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Por qué sigo escribiendo este blog hoy

Siguiendo la estela del post anterior, "Repensando alternativas para este blog", escrito de mi puño y letra y con el tablero de agua de Buda donde he garabateado algunas ideas (post), paso a explicitar la conclusión a la que hemos llegado, contando con aporte como el comentario de Venan Llona la citada entrada previa. Seguiremos el orden sugerido de respuesta a las preguntas vitales, según Simon Sinek (posts)

Así evitamos error habitual de comenzar por el qué o el cómo. Un planteamiento maduro y estratégico invierte ese reflejo: empieza por el por qué, porque es la única cuestión que no se puede delegar ni automatizar. Todas las demás se derivan de ella.

¿Por qué? Define el sentido, la finalidad y la razón de serDa coherencia a todas las demás preguntas. Sin un “por qué” claro, el resto se vuelve instrumental o arbitrario.

Porque lo necesito, para proseguir una vida de aportar algo, algún conocimiento, alguna experiencia, para mis descendientes, para mis familiares, amigos,... para quienes aprendieron junto a mi, para quienes me leen o escucha. Porque es mi contribución diaria, que me anima a seguir conociendo lo que sucede, a comunicarlo y a mejorar en entorno de humanidad hasta donde pueda alcanzar. Porque no pierdo la vocación docente, de blogger o periodismo ciudadano, porque creo que aunque sea infinitesimalmente a escala planetaria algo mejora con esta labor. Porque me hace feliz (quizá hasta un ápice de inmortal) esta escritura, este juego de un bloguito que es leído por alguien, aunque la mayoría creo que ya son motores de IA (algo de todo ello perdurará). 

-¿Para qué? Traduce el “por qué” en objetivos concretosResponde al impacto esperado o al valor que se quiere generar. Para seguir estando en la lectura (lección, su etimología es común y proviene de legere) de algunas personas, para seguir sumando visitas, para que alguien me corrija, me complete, me sume. 

¿Qué? Delimita el contenido, la acción o el objeto. Es lo que se hace o se propone, ya orientado por el “por qué”. Centrándome en lo que sea de del interés y de continuidad de la trayectoria previa, persistiendo en el perfil de usuario precoz (early adopters o de los "primeros adoptantes", con todo aquello que se cruce con ciencia y humanismo, ética e inteligencia artificial, educación y aprendizaje. Insistiremos en posts sobre libros, con un mínimo de 5 mensuales, uno a la semana o más.

¿Cómo? Aborda los medios, métodos y estrategiasEs la dimensión técnica y operativa. Con una metodología constante en lo que signifique perseverancia, cotidianeidad, con un lenguaje culto pero accesible, con asiduidad pero diversificando enfoques, con estilo riguroso pero ameno hasta donde se pueda. 

-¿Quién? Identifica a los actores, responsables o destinatarios. Sólo cobra pleno sentido cuando se sabe qué y para qué. La autoría será personal, como hasta ahora, si bien nos gustaría buscar colaboraciones y en ello estamos (sin éxito por el momento). Los destinatarios serán tan universales como sepamos, si bien somos conscientes del público con quien podamos sintonizar, aunque no hay barreras lingüísticas (gracias a la traducción automática incorporada) 

¿Cuándo? Sitúa la acción en el tiempo: ritmo, fases, prioridades. Diariamente, con temas de interés del momento, manteniendo más de 365 posts anuales como en lo últimos años. Para fechas concretas de viajes o eventos especiales, recurriremos a posts envasados previamente (y así lo indicaremos). 

-¿Dónde? Define el contexto virtual, espacial o institucional. La plataforma Blogger seguirá siendo la base vitalicia, porque siempre somos fieles... sobre todo a nuestro propio pasado. No descartamos intentar pasar algunas reflexiones a algún medio de prensa Mainstream media (MSM). Algo que hicimos tiempo atrás en alguna medida.

2025, un año de humanismo e innovación en este blog

Queridos lectores y lectoras: Pedimos a la IA (AI) que analizase el 2025, un año matemáticamente perfecto (45^2 = 2025), en nuestro blog. Tras analizar la trayectoria y las entradas de este año, estas son las etiquetas predominantes: #IA (Inteligencia Artificial): El tema estrella, enfocándose en la IA generativa y su impacto ético. #Educación: Siempre en el núcleo, analizando el cambio de paradigma en las aulas. #Euskadi / #Bilbao: El arraigo local, eventos culturales y la actualidad vasca. #HumanismoDigital: La búsqueda de la esencia humana frente a la automatización. #Citas: Reflexiones breves apoyadas en grandes pensadores. #Futuro: Proyecciones optimistas pero críticas sobre lo que vendrá. #Familia y #Amistad: El lado más personal y humano del autor.

Con 382 entradas publicadas, el blog se consolida no solo como un diario personal, sino como un faro de optimismo informado en un mar de incertidumbres tecnológicas y sociales. Si algo ha caracterizado este ciclo de 365 días (con su habitual ritmo de más de una publicación diaria), ha sido la capacidad de Mikel para tejer puentes entre lo ancestral y lo futurista. Al repasar estas 382 paradas, detectamos tres grandes ejes que han vertebrado la conversación.

1. El año de la IA con almaLa Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana. En el blog, este tema ha sido tratado no desde el miedo o el deslumbramiento ciego, sino desde el Humanismo Digital. Mikel nos ha recordado en decenas de posts que, aunque las máquinas puedan alucinar o calcular, sólo los humanos podemos "sentir" el propósito. Sus reflexiones sobre LLMs, agentes autónomos y la ética algorítmica han servido para bajar el balón al suelo, siempre bajo la etiqueta de tecnología para la vida.

2. La Educación como resistencia y vanguardiaComo es habitual en su trayectoria, la educación ha ocupado un espacio privilegiado. En 2025, el debate se ha desplazado de "cómo usar las pantallas" a "cómo enseñar a pensar en un mundo automatizado". A través de sus crónicas de eventos pedagógicos y sus famosas metáforas, Mikel ha insistido en la necesidad de una educación que fomente la creatividad, el espíritu crítico y, sobre todo, la empatía. Sus posts han sido un recordatorio de que, en la era de la IA, el papel del docente es más sagrado que nunca: es el guía que enseña a distinguir la señal del ruido.

3. El arraigo: Entre Bilbao y el MundoA pesar de su mirada global, el blog nunca pierde su aroma a café en el Gran Bilbao o a paseo por Getxo. Las 382 entradas de 2025 están salpicadas de crónicas locales, homenajes a amigos que se han ido o que celebran hitos, y una defensa constante de la cultura vasca. Es este equilibrio entre la "aldea global" y el "botxo" lo que otorga a su escritura esa cercanía tan característica. Las fotos propias que acompañan sus textos no son meros adornos, son pruebas de vida de un observador que sigue disfrutando de un atardecer en el Abra tanto como de un nuevo descubrimiento científico.

Otras pequeñas cápsulas de sabiduríaNo podemos olvidar las etiquetas de #Citas y #Humor. A menudo, entre densos análisis tecnológicos, Mikel nos ha regalado píldoras de sabiduría de otros autores o aforismos propios que invitan a la pausa. En un mundo que corre demasiado rápido, estas entradas han funcionado como oasis de reflexión. Su capacidad para conectar un problema de física con una lección de vida, o una anécdota familiar con una teoría sociológica, sigue siendo la marca de la casa.

Las temáticas dominantes de 2025 giran en torno a la literatura y la novela, que emergen como el pilar central del contenido. Con al menos tres etiquetas explícitas de “literatura” y “novela” en mayo, y numerosas entradas dedicadas a reseñas y análisis de obras clásicas y contemporáneas, el blog se convierte en un refugio para los amantes de las letras. Por ejemplo, en “Stoner: la épica silenciosa de una vida común” (mayo), se explora la obra de John Williams como un retrato de la existencia ordinaria elevada a lo extraordinario. Similarmente, “Demian” de Hermann Hesse (mayo) indaga en la identidad personal, mientras que “Lo raro es vivir” de Carmen Martín Gaite (mayo) navega por la memoria y el amor perdido. Otras joyas incluyen “Trampa 22” (abril), una sátira bélica absurda, y “El Señor de las Moscas” (noviembre), una parábola sobre la civilización. Esta temática no solo refleja un amor por la narrativa, sino también una invitación a reflexionar sobre la condición humana, con influencias de autores como Sándor Márai (“La elegancia de la decepción”, julio) o Irène Némirovsky (julio). En total, más del 30% de las entradas tocan la literatura, convirtiéndola en la temática más usada, a menudo entrelazada con filosofía para enriquecer el debate.

La filosofía y las reflexiones éticas ocupan el segundo lugar, con etiquetas como “filosofía” apareciendo en febrero, mayo y septiembre (al menos tres menciones). Temas como el meliorismo –la creencia en que el mundo puede mejorar con esfuerzo humano– (febrero) o el estoicismo clásico como guía en la “modernidad líquida” (diciembre) destacan la búsqueda de sabiduría práctica. Entradas como “El rostro del Otro: la revolución ética de Emmanuel Lévinas” (septiembre) o “Dónde aterrizar: una brújula filosófica para tiempos de colapso” (julio) abordan el colapso ambiental y social, inspiradas en pensadores como Bruno Latour. Asimismo, “La expulsión de lo distinto” (julio) critica la hiperconexión, y “Manifiesto por una Tecnología Humanista” (julio) propone una ética tecnológica. Estas publicaciones, que representan cerca del 25% del total, invitan a la introspección, con toques de optimismo como en “Ten el coraje de ser diferente” (marzo) o “La ley del espejo” (junio).

La sociedad y la política, con etiquetas como “sociedad” (tres menciones entre febrero y mayo) y “política” (dos), forman otro núcleo temático, abordando desigualdades y crisis actuales. “Bullshit Jobs” (febrero) critica empleos inútiles, mientras que “Gaza: Un genocidio flagrante” (mayo) denuncia injusticias globales con etiquetas como “derechos humanos” y “genocidio”. Otras incluyen “Cultura woke: Despertar Social y Justicia Global” (mayo), “Chavs: La demonización de la clase obrera” (febrero) y “¿Puede aún la educación salvarnos del fascismo?” (junio), reflejando una preocupación por la polarización y el ascenso social, como en “Síndrome de Doña Florinda” (abril). Estas entradas, alrededor del 20%, combinan análisis crítico con llamadas a la acción.

La salud y la longevidad emergen como temas recurrentes, especialmente en un contexto de longevidad. Con etiquetas como “salud” y “suplementos” (febrero), “envejecimiento” (mayo) y “vejez” (septiembre), publicaciones como “Suplementos alimenticios para mayores” (febrero), “El aprendizaje como elixir contra el envejecimiento” (mayo) y “Creatina: Un aliado para el músculo, el cerebro y la longevidad” (diciembre) ofrecen consejos prácticos. “El Muro de los 80 Años” (septiembre) propone 44 ideas para envejecer con dignidad, y “Tu rostro leído por la IA predice tu salud” (octubre) fusiona tecnología con bienestar. Este bloque, con un 15% de las entradas, resalta la importancia de la vitalidad en la tercera edad.

Otras temáticas notables incluyen tecnología y AI (10%), con posts como “Seis años con un Tesla Model 3” (febrero), “Kai-Fu Lee, pionero de AI” (junio) y “Neo, el robot que quiere entrar en casas” (octubre); música y artes (8%), destacando “Roberta Flack” (febrero) o “Los Soprano” (noviembre); educación (5%), como “Taller infantil de ciencia” (mayo) o “José de Calasanz” (noviembre); y viajes (5%), con exploraciones en La Manga y Guardamar (abril). El ajedrez aparece esporádicamente, como en “Homenaje a Boris Spassky” (febrero) o “Relación entre nivel de rating y duración” (diciembre), con etiquetas como “ajedrez” y “Lichess”.

Este 2025 ha sido un año de celebración intelectual, culminando en hitos como las 10 millones de visitas (julio) y reflexiones navideñas (diciembre). Gracias por acompañarme en este viaje. Que 2026 traiga más preguntas profundas y respuestas iluminadoras.

Hacia un 2026 de nuevas preguntas, retos y oportunidadesLlegar al final de este 2025 con 382 nuevas reflexiones en la mochila es un testimonio de disciplina, pero sobre todo de curiosidad inagotable. El blog de Mikel Agirregabiria sigue siendo un espacio donde se celebra la inteligencia en todas sus formas, pero donde siempre prima la inteligencia cordial.

Mientras nos preparamos para el próximo año, nos quedamos con esa idea que ha sobrevolado el blog este invierno: que la tecnología es el escenario, pero la humanidad es la obra de teatro. Gracias, Mikel, por seguir abriendo la persiana de tu blog cada mañana y por recordarnos que, en un mundo de algoritmos, lo más disruptivo que podemos hacer es seguir siendo profundamente humanos, curiosos y agradecidos. ¡A por el 2026, con la misma pasión y, ojalá, con otras tantas entradas que nos ayuden a entender mejor el mundo!

Mapas de Esperanza: Carta apostólica de León XIV

Antes de concluir el año 2025, teníamos pendiente revisar el documento Diseñar nuevos mapas de esperanza: La visión educativa del Papa León XIV en el siglo XXI (ver íntegra en la web)
El 27 de octubre de 2025, víspera del 60.º aniversario de la Declaración conciliar Gravissimum educationis (1965), el Papa León XIV promulgó la Carta Apostólica Disegnare nuove mappe di speranza

Este documento no es un mero homenaje histórico, sino una brújula ética y pedagógica para navegar los desafíos contemporáneos: un mundo hiperdigitalizado, fragmentado por desigualdades, guerras y migraciones, donde la educación corre el riesgo de reducirse a mera formación funcional o instrumento económico.

León XIV recupera el legado de Gravissimum educationis, que afirmaba el derecho universal a la educación y la misión evangelizadora de la Iglesia en este ámbito. La educación, insiste el Papa, no es periférica: es tejido esencial de la evangelización, un gesto que convierte el Evangelio en relación, cultura y caridad. En un contexto de incertidumbre, las comunidades educativas católicas deben actuar como "constelaciones" que custodian la unidad entre fe y razón, pensamiento y vida, conocimiento y justicia.

La carta traza una historia dinámica de la pedagogía cristiana: desde los Padres del Desierto y San Agustín, pasando por las universidades medievales y el Ratio Studiorum jesuita, hasta los grandes fundadores modernos — San José Calasanz (post reciente), San Juan Bautista de La Salle, San Juan Bosco, San Marcelino Champagnat— y figuras femeninas como María Montessori, Santa Francesca Cabrini o Santa Katharine Drexel. Esta tradición viva enfatiza la opción preferencial por los pobres: "la educación de los pobres, para la fe cristiana, no es un favor, sino un deber".

En el núcleo antropológico, León XIV coloca a la persona como imagen de Dios, irreductible a "perfil de competencias" o "algoritmo predecible". Citando a San John Henry Newman, recuerda que "la verdad religiosa no es solo una parte, sino una condición del conocimiento general". La educación integral debe abarcar todas las dimensiones humanas —espiritual, intelectual, afectiva, social y corporal—, integrando ciencia, humanismo, técnica y ética. Aquí emerge una crítica sutil pero firme al mercantilismo educativo y al eficientismo tecnológico que deshumaniza.

Especialmente relevante para un blog de ciencia y ética es el tratamiento de la tecnología y la inteligencia artificial. En la sección dedicada a navegar por nuevos espacios, el Papa afirma que las tecnologías deben servir a la persona, no sustituirla. El progreso tecnológico "forma parte del plan de Dios para la creación", pero requiere discernimiento ético riguroso. La IA y los entornos digitales no pueden estandarizar el aprendizaje ni ignorar la dignidad humana. Se propone formar en un "digital humano": armonizar la inteligencia artificial con las inteligencias emocional, social, espiritual y ecológica. Las universidades católicas, en particular, están llamadas a ofrecer una diaconía de la cultura, fomentando creatividad científica al servicio del bien común.

La carta culmina heredando el Pacto Educativo Global del Papa Francisco y añadiendo prioridades: cultivar la vida interior, promover un uso sabio de la IA y educar para una "paz desarmada y desarmante". Invita a una "coreografía" educativa subsidiaria, donde familia, escuela y sociedad colaboren sin subordinación al mercado.

Desde una perspectiva laica y culta, este documento trasciende el ámbito confesional. Ofrece una antropología humanista que resiste la fragmentación posmoderna y el reduccionismo tecnocrático. En un tiempo donde la educación superior se mide por empleabilidad y rankings, León XIV recuerda que educar es un "oficio de promesas", un acto de esperanza que remienda "el tejido desgarrado de las relaciones". Para científicos y educadores éticos, supone un desafío: integrar rigor epistemológico con contemplación de la creación como vestigia Dei, y asegurar que la innovación tecnológica no eclipse la justicia social y ambiental. 

Finalmente, la carta cierra con una defensa de la vulnerabilidad humana. Frente al sueño del transhumanismo que busca la perfección técnica, León XIV reivindica la fragilidad, el error y la finitud como elementos esenciales de la experiencia humana. Los «nuevos mapas» no deben ser trazados por aquellos que quieren escapar de la condición humana, sino por quienes desean habitarla plenamente, con justicia y solidaridad.

Diseñar nuevos mapas de esperanza no prescribe recetas, sino que inspira creatividad profética. En palabras del Papa, citando a San Agustín, el presente es una intuición a aprovechar. Que las "constelaciones educativas" brillen como estrellas en la noche contemporánea, guiando hacia una humanidad más fraterna y sabia.

Elige una ética de vida en tiempos de disrupción tecnológica

Hablar hoy de una “ética de vida” no es un ejercicio retórico ni una nostalgia filosófica. Es, más bien, una necesidad práctica en sociedades caracterizadas por la aceleración tecnológica, la complejidad moral y la pluralidad de valores. Elegir una ética de vida significa adoptar un marco razonado de principios que orienten nuestras decisiones cotidianas, nuestras responsabilidades colectivas y nuestra relación con el conocimiento, la técnica y los demás.

Durante siglos, la ética fue concebida como una reflexión relativamente estable: un conjunto de virtudes o normas transmitidas por la tradición, la religión o la filosofía clásica. Sin embargo, la modernidad tardía ha erosionado los consensos morales fuertes sin sustituirlos por otros igualmente sólidos. En este contexto, la ética deja de ser heredada y pasa a ser, en gran medida, elegida. Esa elección no es trivial: condiciona cómo entendemos el progreso, el éxito, la dignidad humana o la justicia intergeneracional.

Desde la ciencia y la tecnología, esta cuestión adquiere una urgencia particular. La capacidad de intervenir sobre la naturaleza, los cuerpos y la información supera con creces nuestra madurez moral colectiva. La inteligencia artificial, la biotecnología, la edición genética o la economía de datos no son neutrales: amplifican valores preexistentes y hacen visibles nuestras prioridades éticas. Una ética de vida bien pensada actúa como brújula frente a la tentación del “todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable”.

Pero ¿qué significa elegir bien una ética de vida? No se trata de adherirse dogmáticamente a un sistema cerrado, sino de articular criterios coherentes, revisables y argumentables. Una ética de vida madura combina convicciones firmes con apertura crítica. Reconoce la dignidad intrínseca de las personas, pero también la interdependencia con otros seres vivos y con las generaciones futuras. Integra la racionalidad científica sin reducir lo humano a lo cuantificable.

En el ámbito educativo, esta elección es especialmente relevante. Educar no consiste solo en transmitir competencias técnicas, sino en formar criterios de juicio. Una ética de vida explícita permite orientar el aprendizaje hacia fines más amplios que la empleabilidad inmediata: el pensamiento crítico, la responsabilidad social, la honestidad intelectual y el compromiso cívico. Sin esta dimensión ética, la educación corre el riesgo de convertirse en un mero entrenamiento funcional al mercado o a la inercia tecnológica.

Asimismo, elegir una ética de vida es un acto de libertad responsable. Frente al relativismo extremo —donde toda opción vale lo mismo— y frente al moralismo rígido —que clausura el diálogo—, una ética elegida conscientemente se apoya en razones, no solo en preferencias. Implica preguntarse qué tipo de persona queremos ser y qué tipo de sociedad deseamos construir. Estas preguntas, aunque antiguas, adquieren nuevas capas en un mundo globalizado y digital.

La oportunidad actual para esta elección no es casual. Vivimos una época de transición, marcada por crisis ecológicas, sanitarias, democráticas y culturales. En tiempos de incertidumbre, los marcos éticos implícitos se vuelven visibles cuando fallan. Elegir bien una ética de vida permite anticipar conflictos, resistir la banalización del mal cotidiano y sostener decisiones difíciles cuando los incentivos inmediatos empujan en dirección contraria.

Por último, una ética de vida no es sólo un asunto individual. Tiene una dimensión pública y compartida. Las instituciones científicas, tecnológicas y educativas necesitan explicitar los valores que guían sus prácticas: transparencia, equidad, sostenibilidad, cuidado. Sin este ejercicio, la confianza social se erosiona y el progreso se percibe como amenaza en lugar de oportunidad.

En definitiva, el valor de elegir bien una ética de vida reside en su capacidad para dar sentido, coherencia y orientación en un mundo saturado de opciones y estímulos. Y la oportunidad es ahora: cuando nuestras decisiones, amplificadas por la tecnología y el conocimiento, tienen consecuencias que exceden con mucho el ámbito privado. Elegir bien no garantiza respuestas simples, pero sí una forma más lúcida y responsable de habitar el presente y proyectar el futuro.


Cuentos navideños que ninguna IA podría imaginar jamás

Para un blog que navega entre la tecnología y la lírica, hay que seguir creando cuentos y no basta con decir que la IA "no tiene sentimientos". Hay que explicar por qué su arquitectura probabilística choca contra la pared de la íntima experiencia humana. Con sempiterna nostalgia y bajo el árbol de Navidad, tirando de humanidad y generatividad, sin recurrir al prompt de turno, el reto es describir la fragilidad humana en una época de solidaridad.

Cierto que vivimos, y lo que se avecina es impensable, en la era de la "creatividad estadística". Hoy, cualquier modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM) puede redactar, en segundos, un cuento sobre un reno que pierde su nariz roja o un robot que descubre el significado de la generosidad. Son relatos impecables, con una estructura de tres actos perfecta y una moraleja reconfortante. Sin embargo, todos comparten un aroma común: el de la media aritmética. Son historias nacidas del promedio de todo lo que ya se ha escrito.

La trampa de la perfección algorítmica. La Inteligencia Artificial trabaja mediante la predicción del "siguiente token más probable". Si le pides un cuento navideño, acudirá a los patrones de Dickens, a la estética de Coca-Cola y a la estructura de las películas de sobremesa. El resultado será acogedor, pero carecerá de "astillas".

Lo que la IA no puede imaginar no es la magia, sino la belleza de lo que no encaja. El silicio no entiende la melancolía de un juguete roto que, precisamente por estar roto, se convierte en el favorito. No comprende que la Navidad no ocurre en el árbol perfecto de Instagram, sino en el espacio entre lo que esperábamos y lo que realmente sucedió.

El cuento que ninguna IA escribiría jamás. Imaginemos un relato titulado "La Caja de Luces Fundidas". En él, no hay rescates heroicos ni milagros deslumbrantes. Trata sobre un niño que, al ayudar a su abuela a decorar un árbol raquítico, descubre una caja de bombillas viejas que ya no encienden.

Una IA resolvería el conflicto haciendo que las luces brillen por arte de magia o que el niño aprenda una lección sobre el reciclaje. Pero el cuento humano "imposible" para la IA sería aquel donde las luces siguen fundidas, y el clímax consiste en la abuela describiendo el color de cada una de esas bombillas muertas basándose en los recuerdos de los inviernos de 1964 o 1982.

El valor pedagógico no está en la resolución (el "output"), sino en la transmisión de la pérdida y la persistencia de la memoria a través de lo inútil. La IA, diseñada para la optimización y la resolución de problemas, tiene dificultades intrínsecas para valorar lo que no sirve para nada, que es, a menudo, donde reside lo sagrado.

Ética y Educación: El derecho al "error" humano. Desde una perspectiva educativa, delegar nuestras historias a la IA conlleva un riesgo ético: la homogeneización del asombro. Si alimentamos a los niños solo con relatos generados por modelos que evitan el riesgo, la ambigüedad y el dolor real, estamos atrofiando su capacidad para procesar la complejidad de la vida.

La educación humanista debe defender el "cuento con errores". Ese relato que un padre inventa antes de dormir, donde se equivoca de nombre, donde la trama no tiene sentido lógico, pero donde hay un hilo de verdad biológica y una conexión emocional que ningún servidor en la nube puede procesar. La IA no puede imaginar este cuento porque no tiene cuerpo; no sabe lo que es el frío en los pies, el olor a mandarina o el miedo irracional a que el tiempo pase demasiado rápido.

Pero la Navidad, en su esencia más profunda y pedagógica, no es un promedio. Es una anomalía. Es el territorio de lo que los científicos cognitivos llaman qualia: la experiencia subjetiva e intransferible de lo vivido. La genuina Navidad es, en términos técnicos, un glitch (un error) en el sistema de la lógica productiva. Es el momento en que decidimos que el tiempo de estar con otros vale más que la eficiencia.

La Navidad es, entre muchas otras cosas, un laboratorio emocional. Un espacio donde se mezclan memoria, imaginación, tradición y deseo. Y, sin embargo, en plena era de la inteligencia artificial, surge una pregunta que parece inocente pero que abre un debate profundo: ¿puede una IA imaginar un cuento infantil navideño que no esté ya contenido, de algún modo, en sus datos?

La cuestión no es trivial. Los cuentos infantiles son artefactos culturales que condensan valores, miedos, aspiraciones y contradicciones de una sociedad. No son solo historias: son pedagogía emocional. Y la Navidad, con su mezcla de magia, nostalgia y ritual, es un terreno especialmente fértil para esa pedagogía.

La imaginación humana como territorio irreductible. Un cuento infantil navideño que la IA jamás podría imaginar no es necesariamente un cuento complejo, ni oscuro, ni filosófico. Podría ser, paradójicamente, algo muy sencillo: una historia nacida de una vivencia íntima, de un gesto irrepetible, de un recuerdo que no está en ninguna base de datos.

Imaginemos, por ejemplo, que una niña de siete años inventa un cuento sobre un calcetín que se siente solo porque todos los demás tienen dueño, y que en Nochebuena descubre que su misión no es guardar regalos, sino calentar los pies fríos de quienes llegan tarde a casa.

La Navidad como territorio de lo no cuantificable. La Navidad es un fenómeno cultural saturado de símbolos: luces, villancicos, rituales familiares, expectativas, tensiones, reconciliaciones. Una IA puede describirlos, clasificarlos, analizarlos. Pero no puede experimentar la mezcla contradictoria de emociones que provoca una mesa llena de gente que se quiere y se irrita a partes iguales.

El cuento imposible en este extraño tiempo de algoritmos y villancicos. Quizá el cuento infantil navideño que la IA jamás podría imaginar no sea un cuento concreto, sino un tipo de cuento: aquel que nace de una vivencia irrepetible.

El cuento que surge cuando un niño observa cómo su abuelo, que siempre fue serio, se emociona al colgar un adorno antiguo. O cuando una madre inventa una historia improvisada para consolar a su hija en una noche de tormenta. O cuando un adolescente decide escribir un cuento para un hermano pequeño que aún cree en la magia.

Esos cuentos no están en ninguna base de datos. No pueden inferirse estadísticamente. No pueden replicarse. Son cuentos que existen porque alguien estuvo allí. Porque alguien sintió algo. Porque alguien quiso contarlo. Y esa es, quizá, la lección más importante: la imaginación humana no es sustituible porque no es transferible.


China lidera 66 de las 74 Tecnologías Críticas en 2025

En Europa hemos perdido la carrera tecnológica (y ni siquiera nos dimos cuenta). El Rastreador de Tecnología Crítica 2025 del Australian Strategic Policy Institute (ASPI) confirma un cambio profundo en el equilibrio global del conocimiento científico y tecnológico. Según este informe, China lidera actualmente 66 de las 74 tecnologías críticas analizadas, una cifra que equivale a casi el 90% del total y que marca una ruptura histórica con el dominio occidental de las últimas décadas.

El rastreador de ASPI no mide capacidad militar ni industrial directa, sino liderazgo en investigación avanzada, utilizando indicadores bibliométricos como el volumen de publicaciones de alto impacto y el número de citas académicas. Aun así, el informe es ampliamente considerado un indicador adelantado del poder tecnológico futuro, ya que la investigación de frontera suele preceder al control industrial, comercial y normativo.

Qué es el Rastreador de Tecnología Crítica de ASPI. El Critical Technology Tracker es un proyecto longitudinal que analiza más de dos décadas de producción científica global. En su edición de 2025, ASPI amplía su alcance hasta 74 tecnologías consideradas estratégicas para la seguridad nacional, la competitividad económica y la soberanía tecnológica.

Entre las nuevas áreas incorporadas destacan: Inteligencia artificial generativa (AGI), Visión por computador, Computación en la nube y en el borde (edge computing), Integración avanzada de redes eléctricas, NeuroprótesisGemelos digitales (Digital Twins)Realidad extendida (XR) y Geoingeniería. El liderazgo se determina evaluando qué países concentran la mayor proporción de investigaciones altamente citadas, un criterio que busca equilibrar cantidad y calidad científica.

En qué tecnologías lidera China. Según el informe, China ocupa la primera posición en 66 de las 74 tecnologías críticas, con especial fortaleza en ámbitos como: Inteligencia artificial (incluida IA generativa y visión artificial). Biotecnología avanzada y biología sintética. Sensores cuánticos y tecnologías cuánticas emergentes. Baterías avanzadas y almacenamiento energético. Energía nuclear de nueva generación. Satélites pequeños y tecnologías espaciales.

Estados Unidos mantiene el liderazgo sólo en ocho tecnologías, entre ellas las neuroprótesis y la geoingeniería, mientras que Europa aparece de forma fragmentada y con escasa presencia en los primeros puestos.

Por qué este liderazgo es relevante. El dominio chino en investigación crítica tiene varias implicaciones estratégicas: 1º Quien lidera la ciencia suele influir en los estándares técnicos internacionales, en la formación del talento global y en las agendas de investigación futuras. 2º La historia reciente demuestra que una ventaja sostenida en I+D puede transformarse en liderazgo industrial. Sectores como los vehículos eléctricos a batería (BEV), la energía solar o las redes 5G ilustran cómo China ha convertido investigación en capacidad productiva a gran escala. 3º Una elevada concentración geográfica del conocimiento genera riesgos sistémicos: dependencia tecnológica, vulnerabilidad de las cadenas de suministro y capacidad de influencia geopolítica.

Limitaciones y matices del informe. ASPI subraya que el liderazgo bibliométrico no equivale automáticamente a supremacía tecnológica total. Publicar más y mejor no garantiza una industrialización inmediata ni una ventaja comercial sostenible. Sin embargo, el informe insiste en que estos indicadores funcionan como una alerta temprana. Ignorar la tendencia sería repetir errores estratégicos ya cometidos en otras transiciones tecnológicas.

Implicaciones para Europa y las democracias avanzadas. El informe plantea un desafío claro para Europa, Estados Unidos y sus aliados: Reforzar la inversión en investigación básica, no solo en aplicaciones comerciales. Impulsar alianzas tecnológicas internacionales entre países de confianza. Diversificar cadenas de suministro en sectores críticos. Diseñar políticas industriales inteligentes compatibles con valores democráticos.

El Rastreador de Tecnología Crítica 2025 no es una profecía, pero sí un diagnóstico contundente. El centro de gravedad de la investigación estratégica global se ha desplazado hacia China, y la respuesta no pasa por el alarmismo, sino por una acción coordinada, sostenida y basada en el conocimiento. En el siglo XXI, la soberanía tecnológica comienza en los laboratorios.

Una Llamada a la Acción Estratégica. No se trata de caer en la tecnofobia ni en un neo- macartismo científico. La ciencia es, y debe aspirar a ser, un bien común. Sin embargo, ignorar que la tecnología es el sustrato del poder duro y blando en el siglo XXI es una ingenuidad que no podemos permitirnos.

Los datos de  ASPI  no son un veredicto final, pero sí una advertencia urgente. La brecha de 66 a 8 no se cerrará con retórica, sino con una reevaluación profunda de nuestras prioridades nacionales. Necesitamos una política científica que integre la ética, la educación y la estrategia de estado. Si Occidente desea que los valores democráticos estén embebidos en el código, las neuronas artificiales y los sistemas climáticos del futuro, debe volver a liderar su creación. De lo contrario, nos arriesgamos a habitar un futuro tecnológicamente milagroso, pero filosóficamente ajeno.

Slow Horses, humor británico con antihéroes del espionaje

Hoy repasamos la serie Slow Horses en Apple TV. Es, sin duda, una de las joyas más brillantes de la televisión actual. Ha logrado revitalizar el género de espionaje alejándose del glamur de James Bond para sumergirse en la burocracia, el sarcasmo y el olor a tabaco rancio. Una lección con la redención de unos espías torpes abandonados en la trastienda del MI5. Una delicia sobre la estética del fracaso y la ética del espionaje en la era del desencanto.

En el panteón del espionaje cinematográfico y televisivo, solemos encontrar figuras impecables que dominan idiomas, artes marciales y tecnología de punta. Slow Horses, basada en las excelentes novelas de Mick Herron, rompe este molde de forma estrepitosa. La serie nos presenta la "Casa de la Ciénaga" (Slough House), un purgatorio administrativo donde el MI5 envía a sus agentes caídos en desgracia: aquellos que dejaron un rastro de pruebas en un tren, que arruinaron una operación de vigilancia o que, simplemente, resultaron molestos para la cúpula del poder en Regent's Park.

Aunque la serie ha contado con distintos directores por temporada (como James Hawes o Saul Metzstein), la unidad visual es asombrosa. La dirección apuesta por una Londres gris, húmeda y táctil. No vemos la ciudad de las postales, sino la de los callejones traseros y las oficinas con moquetas manchadas de café. El ritmo es magistral: sabe ser una comedia de oficina cínica en un momento y un thriller de alta tensión al siguiente, sin que las costuras se noten.

Un guión afilado como un bisturí. El showrunner Will Smith (no el actor, sino el veterano guionista de Veep) ha logrado algo casi imposible: traducir el monólogo interior y el humor negro de Herron a diálogos eléctricos. Toda una lección de economía narrativa. Cada insulto de Jackson Lamb tiene una función; cada silencio de Catherine Standish cuenta una década de arrepentimiento. La serie no subestima al espectador; confía en su inteligencia para unir los puntos de una trama geopolítica que siempre es más sucia de lo que parece a primera vista.

El reparto de lujo: Gary Oldman y el resto de los parias. Hablar de Slow Horses es hablar de Gary Oldman. Su interpretación de Jackson Lamb es una de las mejores de su carrera (lo cual es mucho decir). Lamb es grosero, antihigiénico y parece estar en un estado de descomposición constante, pero bajo esa capa de desidia late una mente táctica superior y, muy a su pesar, una lealtad inquebrantable hacia sus "caballos lentos".

Junto a él, Jack Lowden brilla como River Cartwright, el joven ambicioso atrapado en la burocracia, y Kristin Scott Thomas ofrece el contrapunto perfecto como Diana Taverner, la subdirectora del MI5 cuya elegancia gélida esconde una ambición maquiavélica. La química entre Oldman y Scott Thomas es, sencillamente, televisión de alto nivel.

Espionaje en las sombras donde esta serie sigue a este grupo de agentes repudiados que, a pesar de estar destinados a triturar papel y rellenar formularios, terminan involucrados en conspiraciones que amenazan la seguridad nacional. Lo fascinante no es solo la resolución del misterio —que siempre es sólido— sino cómo estos personajes buscan desesperadamente la redención. No son héroes; son personas rotas intentando demostrar que todavía sirven para algo.

Desde un punto de vista educativo y crítico, Slow Horses es un material de análisis fascinante por tres razones: 1º La deconstrucción del mito: Es ideal para debatir cómo los medios construyen la imagen del "héroe". Aquí, el éxito no viene de la perfección, sino de la persistencia y el aprendizaje del error. 2º La ética del poder: La serie muestra cómo las instituciones suelen protegerse a sí mismas antes que a los ciudadanos, un tema vital para la educación cívica y política. 3º Narrativa transmedia: Es un caso de estudio perfecto sobre cómo adaptar literatura contemporánea a la pantalla manteniendo la esencia del autor pero aprovechando el lenguaje visual.

Valoración final: 9.5/10. Es inteligente, divertida, tensa y profundamente humana. Una cita obligatoria para cualquier amante del buen cine que se esconda en la pequeña pantalla.