Se puede creer o no en Dios, pero muchos entendemos que Dios es la invisible… evidencia.
Desde que supe un poco de la vida, siempre me fastidió ese decir popular -y tan frecuente en el País Vasco- de que “hoy no hay sol”. Cuando era pequeño contestaba: “Claro que hay sol, pero las nubes no dejan verlo”. La existencia del sol queda probada por la luz durante el día, incluso por el amanecer que sucede a cada noche. Así mismo, a veces, desde la desolación podemos dudar de que Dios exista, pero Dios es como el viento que pasa: puede sentirse por todas partes, aunque no se vea en ninguna.
Es respetable la opción de negar la existencia de Dios. Y no sólo aquéllos a quienes no conviene que Dios exista, niegan su evidencia. Lamartine declaró que “Dios no es más que una palabra soñada para explicar el mundo”; Nietzsche, “Dios ha muerto”; y Gagarin, tras su vuelo orbital, “No he visto a Dios allá arriba”. Algunos insisten en que Dios no existe, que eso ya se acabó. Pero se equivocan.
Dios existe, porque nosotros existimos. Dios vive en nuestras conciencias, en el alma de la Humanidad, en todo el Universo que nos circunda. Dios existe, pero se toma su tiempo en hacerlo saber a algunos. Abundan las religiones, que no son sino formas variadas de un mismo Dios, interpretado desde cada civilización y cada época. Como Mahoma señaló: “Dios ha dado a cada pueblo un profeta en su propia lengua”.
Es fácil reconocer a Dios: Está ahí donde hay amor. Dios nos dice de millones de formas diferentes, pero siempre mediante el corazón y nunca mediante el odio, que sigue confiando en los seres humanos. Y, al final, Dios nos perdonará a todos, a creyentes y ateos, porque ése es su oficio.
Resumen: Se explora la tesis de Ludwig Feuerbach sobre Dios como proyección humana, según la cual la idea de lo divino no es una realidad independiente sino una externalización de los valores humanos ideales (p. ej., amor, justicia o infinitud). Esta interpretación, desarrollada en The Essence of Christianity, sostiene que la religión es una forma de antropología invertida, donde los atributos humanos se proyectan en una entidad divina para explicar deseos y miedos fundamentales. El texto invita a repensar la relación entre creencia religiosa y autoconocimiento humano.
A mediados del siglo XIX, un filósofo alemán llamado Ludwig Feuerbach lanzó una de las críticas más devastadoras contra la religión tradicional. Su tesis, expuesta magistralmente en "La esencia del cristianismo" (1841), revolucionó el pensamiento occidental y sentó las bases para el ateísmo moderno: Dios no creó al hombre a su imagen y semejanza, sino que el hombre creó a Dios a la suya.
Para Feuerbach, la teología es en realidad antropología disfrazada. Cuando el ser humano habla de Dios, no hace más que proyectar hacia el infinito sus propias cualidades, deseos y anhelos. La omnisciencia divina no sería más que la proyección magnificada de nuestra limitada inteligencia; la bondad infinita de Dios, la extensión ideal de nuestra imperfecta moralidad; el amor eterno, la respuesta a nuestra desesperada necesidad de ser amados incondicionalmente.
Esta inversión radical plantea un desafío profundo para quienes educamos en la fe. Si Feuerbach tiene razón, estamos enseñando a nuestros hijos a adorar un espejo cósmico, a depositar su esperanza en una ilusión reconfortante. La oración se convertiría en un monólogo, la providencia en wishful thinking, y la salvación en un mecanismo psicológico de autoconsuelo.
Sin embargo, la crítica feuerbachiana, por penetrante que sea, adolece de limitaciones significativas que merecen consideración. Primero, asume que toda semejanza entre Dios y el hombre necesariamente implica proyección. Pero si existe un Creador que realmente hizo al ser humano a su imagen, esperaríamos precisamente encontrar estas correspondencias. La semejanza no prueba la proyección; podría igualmente evidenciar la participación.
Segundo, Feuerbach no explica satisfactoriamente por qué prácticamente todas las culturas humanas, independientemente de su desarrollo o contexto, han desarrollado alguna forma de creencia religiosa. Si Dios es mera invención,¿por qué esta "invención" es tan universal? ¿Acaso la sed universal no sugiere la existencia del agua?
Tercero, su análisis ignora las dimensiones incómodas y contraintuitivas de la fe auténtica. El Dios cristiano no solo consuela; también exige, juzga, llama al sacrificio y al martirio. Si estuviéramos proyectando nuestros deseos, ¿por qué crear un Dios que nos manda amar a nuestros enemigos, tomar nuestra cruz, o perder la vida para ganarla?
Para las familias que transmiten la fe, Feuerbach representa una oportunidad más que una amenaza. Su crítica nos obliga a examinar si nuestra religión es auténtica búsqueda de la verdad o simplemente confort psicológico. ¿Adoramos a Dios tal como es, o a un ídolo fabricado según nuestras preferencias?
En la educación religiosa, este discernimiento resulta crucial. Debemos enseñar a nuestros hijos a distinguir entre el Dios verdadero y las imágenes distorsionadas que podemos crear de Él. No el Dios que justifica nuestros prejuicios, sino el que los desafía; no el que bendice nuestras ambiciones, sino el que las purifica; no el que confirma nuestra autoimagen, sino el que nos transforma.
Paradójicamente, Feuerbach nos ayuda a ser mejores creyentes al alertarnos contra la idolatría sutil de un Dios domesticado. Cuando san Juan de la Cruz habla de la "noche oscura", cuando los místicos insisten en que Dios es "totalmente Otro", están reconociendo precisamente lo que Feuerbach negaba: que el verdadero Dios trasciende infinitamente nuestras proyecciones.
La fe madura no teme el cuestionamiento filosófico. Al contrario, lo abraza como instrumento de purificación, sabiendo que el Dios verdadero no teme el escrutinio humano, por riguroso que sea.
¿Y si Dios no nos hubiera creado… sino que nosotros lo hubiéramos creado a Él? Ludwig Feuerbach lanzó esta pregunta incómoda en el siglo XIX: Dios como proyección de lo mejor del ser humano —amor, justicia, infinitud— y la religión como espejo de nuestros deseos y miedos. Una… pic.twitter.com/DyTiJUfPN4
Seguramente Ernő Rubik no imaginó “la que se iba a montar” con su juguete. Si ahora miramos hacia atrás, podemos comprobar que el cubo de Rubik, el rompecabezas que este profesor húngaro inventó en 1974 para ayudar a sus estudiantes a comprender ciertos problemas en tres dimensiones. Pero el Cubo de Rubik es el juguete más vendido de la historia.
¿Cuál es el máximo número de movimientos que necesitaríamos para resolver un cubo de Rubik, sea cual sea la posición inicial? Esto ha mantenido entretenidos a investigadores prácticamente desde la aparición de este rompecabezas. Existen, como ya hemos dicho, muchos tutoriales y manuales para resolver el cubo de Rubik comenzando desde cualquier posición, pero muchos de ellos nos “obligan” a realizar más movimientos de los que quizás podríamos haber hecho partiendo de la posición inicial que tengamos entre manos.
La cosa es que Dios, si existiera, seguro que dispondría de un algoritmo de resolución (es decir, una secuencia de pasos para resolver el cubo) totalmente eficiente, un algoritmo que resolviera el cubo de Rubik en el menor número de pasos posibles. A este algoritmo se le llamó Algoritmo de Dios, y al número máximo de movimientos necesarios para resolver cualquier cubo de Rubik se le denomina el Número de Dios.
Este número de Dios, que en 1981 estaba acotado entre 18 y 52, era el Santo Grial del cubo de Rubik, el número deseado por todos los amantes del estudio de la resolución de este rompecabezas. En 1990 ya lo teníamos acotado entre 18 y 42; en 1995 entre 20 y 29; en 2008 Tomas Rokicki lo reduce a entre 20 y 22; y, por fin, en 2010 Tomas Rokicki, Herbert Kociemba, Morley Davidson y John Dethridge demostraron que el Número de Dioses exactamente 20.
Esto significa que todo cubo de Rubik, sea cual sea la posición inicial de sus piezas, se puede resolver en, como mucho, 20 movimientos. Habrá posiciones iniciales que necesiten menos de 20 movimientos, pero no hay ninguna para la que estemos obligados a realizar más de 20. Y, además, está demostrado que este número no se puede mejorar, ya que se sabe que hay posiciones concretas que necesitan de exactamente 20 movimientos.
Por tanto, esta búsqueda está completamente cerrada: el número de Dios es 20. Si queréis más información sobre esto, vale la pena acudir a Cube20.
El Algoritmo de Dios (God's algorithm, AI) es un concepto originado en discusiones sobre formas de resolver el rompecabezas del Cubo de Rubik, pero que también se puede aplicar a otros rompecabezas combinatorios y juegos matemáticos. Se refiere a cualquier algoritmo que produzca una solución con la menor cantidad de movimientos posibles, siendo la idea que solo un ser omnisciente conocería un paso óptimo de cualquier configuración dada.
La noción se aplica a los rompecabezas que pueden disponer de un número finito de "configuraciones", con un arsenal relativamente pequeño y bien definido de "movimientos" que pueden ser aplicables a configuraciones y luego conducir a una nueva configuración. Resolver el rompecabezas significa llegar a una "configuración final" designada, una configuración singular o una de una colección de configuraciones. Para resolver el rompecabezas se aplica una secuencia de movimientos, partiendo de alguna configuración inicial arbitraria.
Se puede considerar que un algoritmo resuelve tal rompecabezas si toma como entrada una configuración inicial arbitraria y produce como salida una secuencia de movimientos que conducen a una configuración final (si el rompecabezas se puede resolver a partir de esa configuración inicial, de lo contrario, indica la imposibilidad de una solución). Una solución es óptima si la secuencia de movimientos es lo más corta posible. Este recuento se conoce como el Número de Dios, o, más formalmente, el valor minimax. El algoritmo de Dios, entonces, para un rompecabezas dado, es un algoritmo que resuelve el rompecabezas y produce solo soluciones óptimas.
Algunos escritores, como David Joyner, consideran que para que un algoritmo se denomine correctamente "Algoritmo de Dios", también debería ser práctico, lo que significa que el algoritmo no requiere cantidades extraordinarias de memoria o tiempo. Por ejemplo, el uso de una tabla de búsqueda gigante indexada por configuraciones iniciales permitiría encontrar soluciones muy rápidamente, pero requeriría una cantidad extraordinaria de memoria.
Algunos juegos bien conocidos con un conjunto muy limitado de reglas y movimientos simples y bien definidos nunca han tenido el Algoritmo de Dios para una estrategia ganadora determinada. Algunos ejemplos son los juegos de mesa ajedrez y go. Ambos juegos tienen un número de posiciones que aumenta rápidamente con cada movimiento. El número total de todas las posiciones posibles, aproximadamente 10^154 para el ajedrez y 10^180 (en un tablero de 19 × 19) para el go, es demasiado grande para permitir una solución de fuerza bruta con la tecnología informática actual (compare el ahora resuelto, con gran dificultad, el cubo de Rubik en solo aproximadamente 4.3×10^19 posiciones, es decir más de 43 trillones de posiciones).
En consecuencia, no es posible una determinación de fuerza bruta del algoritmo de Dios para estos juegos. Si bien se han construido computadoras de ajedrezque son capaces de vencer incluso a los mejores jugadores humanos, no calculan el juego hasta el final. El IBMDeep Blue, por ejemplo, buscaba solo 11 movimientos hacia adelante (contando un movimiento de cada jugador como dos movimientos), reduciendo el espacio de búsqueda a solo 10^17. Después de esto, evaluó la ventaja de cada posición de acuerdo con las reglas derivadas del juego y la experiencia humanos.
Por otro lado, las damas, con similitudes superficiales con el ajedrez, han sido sospechadas durante mucho tiempo de ser "jugadas" por sus expertos practicantes. En 2007, se demostró que esto era así calculando una base de datos de todas las posiciones con diez o menos piezas. Por lo tanto, tiene un Algoritmo de Dios para todos los juegos finales de damas y lo utilizó para demostrar que todos los juegos de damas perfectamente jugados terminarán en empate. Sin embargo, las damas con sólo 5×10^20 posiciones e incluso menos, 3.9×10^13, es un problema mucho más fácil de descifrar y es del mismo orden que el cubo de Rubik.
... no se dilucida en la publicidad de los autobuses. La polémica la inició en Barcelona el "autobús ateo" de la Unión de Ateos y Librepensadores, aunque inicialmente un proyecto similar había surgido anteriormente en Londres. Merece ser analizado el mensaje incluido en los transportes públicos: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". Al estar todas las letras en mayúsculas no se sabe si quería decir dios o Dios. El adverbio "probablemente" introduce una incertidumbre que se agradece, porque deja abierta la rendija a que "posiblemente Dios sí existe". La segunda frase parte de una suposición errónea y es considerar que quienes creen en Dios se preocupan y no disfrutan de la visa. Es obvio que para muchas personas sus creencias religiosas les liberan de preocupaciones terrenales y que disfrutan más de la vida. Al primer autobús de ateos (arriba) le ha respondido con otra iniciativa similar (abajo) la iglesia evangélica Centro Cristiano de Reunión, desde Fuenlabrada (Madrid). Su tesis es antagónica, pero en términos similares: "Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo". Aquí no hay dudas sobre las mayúsculas, y responde al subtítulo adversario alegando que se puede disfrutar más de la vida con Cristo. También promociona un vídeo en YouTube, Límites Insospechados. La fe en Dios, o su ausencia, es algo más serio, personal e íntimo que estas campañas publicitarias. Siendo positivos hemos de reconocer que han suscitado un debate, esperemos que sosegado o incluso introspectivo, sobre la existencia de Dios. Nosotros creemos que Dios existe, pero respetamos absolutamente a quienes no creen en Dios y defendemos su derecho a proclamar su ateísmo (otra variante de apostolado), al igual que nosotros exponemos nuestra fe.
En 1931, un joven matemático austriaco de 25 años llamado Kurt Gödel publicó un artículo que convulsionó los fundamentos de la lógica. Sus dos teoremas de incompletitud demostraron, con rigor incontestable, que todo sistema formal suficientemente potente como para describir la aritmética elemental contiene enunciados verdaderos que no pueden ser probados desde dentro del propio sistema. La razón tiene fronteras. Y son fronteras que la razón misma no puede cruzar.
Durante décadas, el descubrimiento fue absorbido por la matemática pura. Pero la cultura popular —y cierta filosofía de la religión— pronto advirtió algo perturbador: si la razón formal admite zonas de sombra propias, quizás las preguntas sobre Dios no sean tan irracionales como el positivismo del siglo XX pretendía. El debate sigue abierto, y merece ser examinado con honestidad intelectual.
Los teoremas, sin rodeos. El primer teorema de incompletitud afirma que en cualquier sistema axiomático coherente y suficientemente expresivo existen proposiciones que son verdaderas pero indemostrables. El segundo agrega que dicho sistema tampoco puede demostrar su propia consistencia. Dicho en términos más crudos: ningún conjunto de reglas puede capturarse a sí mismo por completo. Toda descripción formal del mundo deja algo fuera.
Núcleo del argumento. Si un sistema S es consistente y suficientemente expresivo, entonces existe una proposición G tal que: ni S prueba G, ni S prueba ¬G. Sin embargo, G es verdadera. Luego, la verdad excede a la demostrabilidad.
Lo que Gödel hizo fue construir una proposición que, en esencia, dice: "Esta proposición no es demostrable en este sistema." Si el sistema la demostrara, quedaría en contradicción consigo mismo. Si no la demuestra, queda incompleto. La verdad, por tanto, es más amplia que cualquier sistema que intentemos edificar para aprisionarla.
La tentación teológica. La conexión con la teología fue formulada, entre otros, por el propio Gödel —quien, vale subrayarlo, era creyente— en una forma lógica conocida como el "argumento ontológico de Gödel", una versión modalizada del argumento de San Anselmo. Pero más allá de ese ejercicio técnico, la lectura popular del teorema tiende a ir en otra dirección: si la razón no puede demostrarlo todo, quizás Dios habite precisamente en ese espacio de indemostrabilidad. Existe más de lo que puede ser pensado. La incompletitud no es una derrota del pensamiento; es su más honesta confesión.
Paráfrasis filosófica del teorema. El argumento es seductor pero debe tomarse con cautela. Que algo sea indemostrable no lo hace divino. El número de Euler es inaccesible desde ciertos sistemas formales y no por ello es sagrado. La incompletitud abre un espacio epistemológico, no lo llena con contenido religioso. Afirmar que "Dios vive donde la lógica termina" es una apuesta metafísica legítima, no una deducción lógica del teorema.
Lo que sí aporta la incompletitud al diálogo fe-razón. Sin embargo, sería igualmente precipitado desestimar cualquier resonancia filosófica. Lo que Gödel sí establece, con plena solidez técnica, es que la razón formal no es omnisciente: no puede justificarse a sí misma desde adentro, ni agotar la verdad disponible. Esto tiene al menos dos consecuencias relevantes para el diálogo entre ciencia y religión.
Primera: Derrumba el cientificismo ingenuo que pretende que todo lo real es, en principio, formalizable y verificable. Si hasta la aritmética tiene puntos ciegos propios, la pretensión de que la ciencia responderá algún día todas las preguntas relevantes queda seriamente cuestionada. No por debilidad de la ciencia, sino por límites estructurales del conocimiento formal. Segunda: Rehabilita la humildad epistémica como virtud intelectual. La fe religiosa, en sus versiones más reflexivas, no reclama certeza absoluta sino orientación de sentido ante aquello que la razón no clausura. Gödel, en ese marco, ofrece a la teología no una prueba de Dios, sino algo más valioso: el reconocimiento de que el mapa no es el territorio.
Quizás el legado más profundo de Gödel no sea haber encontrado a Dios en las ecuaciones, sino haber recordado a la razón que conocerse a sí misma implica conocer sus propios límites. Y en esos bordes, la pregunta por lo trascendente —lejos de ser absurda— recupera toda su urgencia.
¿Puede la lógica matemática abrir una puerta a la teología? En 1931, Gödel demostró que todo sistema formal suficientemente potente es incompleto: hay verdades que no pueden probarse dentro de él. https://t.co/p0Rxykor1W ¿Significa eso que la razón tiene límites estructurales… y… pic.twitter.com/2tgD55vaVL
Un remoto amigo, webmaster de publicaciones con difusión mundial por Internet, sugiere que hablemos de Dios. Esta petición es muy difícil, porque exige prudencia y cuidado en lo expuesto para lograr la exactitud y el rigor que la magnitud del tema exige. Pero, podemos convertirlo en algo fácil, si compartimos simplemente ideas muy sencillas, pero muy sentidas por cada uno de nosotros.
Hay muchas razones para creer en Dios, en mi opinión. Citaré solamente dos. Un argumento racional, definitivo a mi juicio, sería que los seres humanos, todos, tenemos una ansiedad de espiritualidad, de trascendencia, de inmortalidad. Este deseo es generalizado, y sólo caben dos posibilidades: O somos seres espirituales con una breve existencia humana, o sólo somos personas mortales con falsas pretensiones de eternidad. Lo segundo no somos, ¡no podemos ser!, sólo “entes engañados” por un afán inalcanzable de infinitud. Sólo podemos ser “realidades con alma imperecedera” que ahora vivimos una breve fase terrenal.
Una segunda demostración, más emocional e íntima, sería ese “hombrecillo” que llevamos dentro y que descubrimos con los años. El “hombrecillo” somos nosotros mismos, que miramos a través de unos ojos gastados la imagen reflejada en el espejo y que casi no nos reconocemos, porque nos empezamos a parecer no ya a nuestro padre, sino incluso a nuestro abuelo. Pero ese “personajillo” que transportamos en nuestro interior no cambia. Nos sentimos con 50 años como éramos con 30, con 15 o con 5 años. “Nosotros” somos el mismo, aunque nuestro aspecto haya envejecido. Los que vamos hacia la edad de ser abuelos, a menudo sentimos la urgencia de subir al camarote y montar el “corralito infantil” de nuestros hijos, para meternos dentro y volver a sentirnos bebés que quieren escapar de ese vallado para descubrir el mundo. Aquel niño que fuimos, desde donde recordamos, y el anciano que seremos son el mismo “ser”, que no siente el paso del tiempo. Con la edad vamos entendiendo que el “yo” no puede ser nuestro físico, que este “yo” de la madurez es exactamente el mismo “yo” que descubrió el amor filial y familiar con 3 años, el amor humano de una mujer con 18 años, la vocación profesional con 22 años, el amor paternal con 30,… Ese “yo” no puede ser mi cuerpo, ni mi cerebro, ni mi consciente,… Ese “yo” es mi alma.
¡Hoy creo en Dios!, como dijo Bécquer. Creer es muy fácil. Lo verdaderamente difícil es ser coherente con Dios, porque en ese compromiso no caben medias tintas. Éste es un mensaje de ida y vuelta, capicúa o palindrómico, como el título y la frase final: “Sólo Dios o ídolos”.
Dedicado a Peter Higgsen el año 2024 que perdimos a este físico británico.
El bosón de Higgs, es una partícula elemental predicha por el modelo estándar de la física de partículas. Por un error, fue apodada a veces como la “partícula de Dios”, porque su existencia explica cómo otras partículas adquieren masa, lo que es fundamental para la estructura del universo.
Fue descubierto experimentalmente el 4 de julio de 2012 en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear, que pude visitar en su momento), confirmando la teoría propuesta en 1964 por Peter Higgs y otros científicos. El bosón de Higgs interactúa con el campo de Higgs, una especie de “red invisible” que permea el universo. Cuanto más interactúa una partícula con este campo, mayor masa tiene. Esta partícula era una pieza clave del Modelo Estándar de la Física de Partículas, que describe cómo interactúan las partículas fundamentales que forman el universo.
El bosón de Higgs fue detectado y confirmado en el Gran Colisionador de Hadrones del CERN, el acelerador de partículas más grande del mundo. Los experimentos ATLAS y CMS lograron observar evidencias de esta partícula después de colisiones de protones a altísimas energías. La señal era consistente con las predicciones teóricas, confirmando la existencia del campo de Higgs, una especie de “red cósmica” invisible que otorga masa a las partículas al interactuar con ellas.
Su trascendencia es innegable, por razones como las siguientes:
- La masa de las partículas: Sin el bosón de Higgs y su campo asociado, partículas como los electrones o quarks no tendrían masa, lo que haría i
- Validación del Modelo Estándar: Su descubrimiento consolidó décadas de investigaciones sobre la estructura del universo y permitió entender mejor los mecanismos fundamentales de la naturaleza.
- Apertura a nuevas teorías: Aunque el bosón de Higgs resolvió preguntas esenciales, también dejó abiertas nuevas incógnitas, como la naturaleza de la materia oscura o cómo encaja la gravedad en este marco teórico.
El hallazgo fue tan trascendental que Peter Higgs y François Englert recibieron el Premio Nobel de Física en 2013. El bosón de Higgs no sólo resolvió un misterio científico, sino que también abrió puertas a explorar fronteras más profundas de la realidad.
La alegoría de “partícula de Dios” se trata de un error. En los años 90, el físico Leon Lederman escribió un libro de divulgación sobre física de partículas en el que se refería al bosón de Higgs como the goddamn particle, la partícula puñetera. El editor del libro le dio una vuelta de tuerca y tituló el libro The God particle, La partícula Dios. Pero alguien hizo una mala traducción y el libro se tituló aquí La partícula de Dios, montando el lío que ha llevado a esta partícula a portadas de diarios e informativos. Para delimitar ciencia y religión, el bosón de Higgs sería la partícula de Dios… si no existiera.
🇪🇺🔬 Des quarks au boson de Higgs, l’Organisation européenne pour la recherche nucléaire (Cern) a placé l’Europe à la pointe de la technologie. Qu’attend-on pour suivre cet exemple de coopération réussie dans d’autres domaines ? se demande De Standaard. https://t.co/vy9gfRnbvr
Tal día como hoy, el 4 de julio de 2012, el CERN anunciaba uno de los mayores hitos científicos de lo que va de siglo: la comprobación de la existencia del bosón de Higgs. pic.twitter.com/naRFlEW33L
Una recomendable película basada en la obra autobiográfica de Neale Donald Walsch, que forma parte de un amplio proyecto (web oficial). Muy presente en Internet, donde se recogen impresiones y testimonios. Nos presenta el Dios en el que muchos creemos, un Dios de amor (no del miedo), un Dios del Nuevo Testamento,... Algunas de las ideas transmitidas en la película (ver trailer): - El sentimiento es el lenguaje del alma. - La cuestión no es a quién habla Dios, sino quién le escucha... - Podríamos vivir en un mundo que recompensase más a quienes otorgan los mayores dones, las madres y los padres, los profesores, los médicos,...
Creo que fue Víctor Hugo (posts) quien señaló que “En todas las crisis aparece un relámpago que nos ciega o nos ilumina”. Es el momento de la esperanza, de que nazca el héroe que todos llevamos dentro. La luz, en esta ocasión, nos la ha brindado la reverenda obispo episcopal Mariann Edgar Budde.
"Permítanme un último ruego. Señor Presidente, millones de personas han depositado su confianza en usted y, como dijo ayer a la nación, ha sentido la mano providencial de un Dios amoroso. En nombre de nuestro Dios, le pido que se apiade de las personas de nuestro país que ahora tienen miedo. Hay niños gays, lesbianas y transexuales en familias demócratas, republicanas e independientes, algunos de los cuales temen por sus vidas. Y las personas que recogen nuestras cosechas, limpian nuestros edificios de oficinas, trabajan en granjas avícolas y plantas de envasado de carne, lavan los platos después de comer en los restaurantes y trabajan en los turnos de noche en los hospitales: puede que no sean ciudadanos o no tengan la documentación adecuada, pero la gran mayoría de los inmigrantes no son delincuentes. Pagan impuestos y son buenos vecinos. Son fieles miembros de nuestras iglesias, mezquitas, sinagogas, viharas y templos.
Le pido que tenga piedad, Señor Presidente, de aquellos en nuestras comunidades cuyos hijos temen que sus padres sean llevados, y que ayude a quienes huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y acogida aquí. Nuestro Dios nos enseña que debemos ser misericordiosos con el extranjero, porque todos fuimos extranjeros en esta tierra. Que Dios nos conceda la fuerza y el valor para honrar la dignidad de todo ser humano, para decirnos la verdad unos a otros con amor, y para caminar humildemente unos con otros y con nuestro Dios por el bien de todas las personas de esta nación y del mundo".
Mariann Buddeya había criticado públicamente antes a Trump el 1 de junio de 2020, reprendiendo su "retórica racializada" y culpándole de incitar a la violencia el 6 de enero. Se mostró "indignada" después de que Trump realizara una controvertida visita a la iglesia de St. John, conocida como la iglesia de los presidentes por estar muy cerca de la Casa Blanca. Allí posó con una Biblia para una sesión de fotos (vídeo).
Antes de esa visita, las autoridades habían despejado la zona de manifestantes pacíficos en Lafayette Square mediante el uso de gas lacrimógeno y fuerza policial, lo que generó una ola de indignación. Mariann Budde expresó su descontento afirmando que Trump usó la iglesia y la Biblia como herramientas de propaganda política, alejándose de los valores que representan. Su declaración enfatizó que la fe no debía ser instrumentalizada para dividir o manipular al público.
“mi responsabilidad era orar a la nación 🇺🇸por la unidad... La unidad requiere un cierto grado de misericordia... Estaba tratando de contrarrestar la narrativa que es tan divisiva en la que se está dañando a personas reales", obispa Budde pic.twitter.com/ALXOVb6S9x
El dios de las pequeñas cosas (The God of Small Things, 1997) es la novela debut de la escritora india Arundhati Roy, publicada en 1997. El título “Dios de las pequeñas cosas” hace referencia a la importancia de los momentos y detalles aparentemente insignificantes que terminan determinando los destinos de los personajes. También simboliza la resistencia frente a las grandes fuerzas opresoras, como las jerarquías sociales y los prejuicios.
Es una obra inusual, profundamente evocadora que entrelaza temas como el amor, la familia, las divisiones sociales y las injusticias de la sociedad india. La novela ganó el Premio Booker ese mismo año por su prosa poética y su estructura narrativa innovadora.
La historia está ambientada en el estado de Kerala, India, en la década de 1960, y se centra en los gemelos Estha y Rahel, quienes, en su infancia, sufrieron una tragedia que marcó sus vidas para siempre. La narración salta entre el presente y el pasado, explorando los eventos que llevaron a esa tragedia y cómo afectaron a los personajes principales.
La familia de los gemelos pertenece a la clase alta sirio-cristiana de la India, pero su vida está llena de tensiones: Ammu, la madre de los gemelos, desafía las normas sociales al enamorarse de Velutha, un hombre dalit (de la casta intocable). Este amor prohibido desata una cadena de eventos trágicos, avivando los prejuicios de clase y casta.Sophie Mol, la prima de los gemelos, llega de Inglaterra para visitar a la familia, pero su muerte accidental durante su estancia desencadena un caos emocional y social.
La trama maneja temas clave, como el amor prohibido, porque la relación entre Ammu y Velutha desafía las barreras de casta, pero la sociedad y la familia los castigan brutalmente. O las divisiones sociales, al criticar el sistema de castas, el patriarcado y el colonialismo persistente en la sociedad india. También el peso de la memoria y el tiempo, porque la narrativa fragmentada refleja cómo los recuerdos moldean la vida de los personajes y su capacidad de enfrentar el pasado.
Algunos extractos de la poética y polémica obra:
- "La belleza está en lo que se va, en lo que no puede durar."
- "Él la amaba. Ella lo amaba. Y eso era un amor prohibido." - "Sólo las cosas pequeñas son seguras. Las grandes rompen tu corazón." - "No puedes imaginar lo que ha roto dentro de ti hasta que intentas repararlo." - "Los humanos son criaturas extrañas. Viven vidas rotas. Y aún así, intentan amar." - Las palabras son como flechas. Una vez disparadas, no puedes llamarlas de vuelta." - "Había demasiadas grietas dentro de ella para que un poco de amor pudiera repararlas." - "La historia se aferró a ellos como el musgo a un muro, como el olor a limón en una prenda blanca. Como una sombra. Como la luna durante el día." - "La felicidad siempre fue demasiado frágil, como una burbuja que estalla con el más leve toque." - "Las pequeñas cosas eran importantes. Estar mojado. Vestirse. No vestirse. La pelota roja. Las pequeñas cosas que se deslizan entre tus dedos."
Arundhati Royutiliza un estilo y lenguaje poéticos, con descripciones ricas y una estructura no lineal que entrelaza pasado y presente. Esto refleja la confusión emocional de los personajes y enfatiza los impactos duraderos del trauma. La obra El dios de las pequeñas cosasno solo destacó por su calidad literaria, sino también por su crítica social. Desafía las normas culturales y políticas, convirtiéndose en una obra emblemática de la literatura postcolonial.
"Nunca simplifiques lo complicado y no compliques lo simple. Respetar la fuerza, nunca el poder. Sobre todo observar. Esforzarse por entender. Nunca apartes la mirada. Y nunca, nunca olvides". "Por el dios de las pequeñas cosas", Arundhati Roy 📷Sarah Moon pic.twitter.com/yKHXegF28k
Estos días invernales son propicios para aprender una enseñanza ética de la física moderna.
Una difundida historia apócrifa cuenta que un profesor universitario retó a sus alumnos con una espinosa cuestión: “¿Dios creó todo lo que existe?". Un audaz estudiante respondió: “Sí, todo lo hizo Dios”. Entonces el profesor arguyó: "Si Dios todo creó, también hizo el mal, y si nuestras obras son el reflejo de nosotros mismos, entonces Dios debe ser malvado".
Los alumnos callaron ante tan contundente respuesta, hasta que otro estudiante levantó tímidamente su mano y repreguntó al docente, tras pedirle permiso para ello: “¿Profesor, existe el frío?”. El profesor hubo de reconocer que, según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Volvió a insistir el aprendiz: "¿Y existe la oscuridad?”. Nuevamente el catedrático confesó: “Por supuesto que tampoco existe, dado que la oscuridad sólo es ausencia de luz”. Finalmente, el joven concluyó con una pregunta retórica: “¿Quizá tampoco exista el mal no, sino como ausencia del bien?”. Cuenta la leyenda que aquel alumno era Albert Einstein.
Quizá sea valiosa esta anécdota, aunque no sea verídica y aunque muchos llamen a Dios con distintos nombres. Lo verdadero es que en la Naturaleza sólo existen magnitudes positivas, que llamamos con denominaciones como calor, que es energía molecular transferida de un sistema de mayor temperatura a otro de menor, o luz, que es otra forma de energía. De la misma forma tampoco en economía existe la pobreza, sino como ausencia o mal reparto de la riqueza. Lo que existe y se puede sumar para distribuir es calor, luz o riqueza; no se puede acumular frío, oscuridad o pobreza.
Los seres humanos estamos plenamente capacitados para percibir las diferencias de temperatura, de luz, de riqueza o de bondad. Ojalá aprendamos pronto que sólo podremos disfrutar de los bienes que pusieron a nuestra disposición, si los compartimos debidamente entre todos.
Nos referimos al libro “Abel” del escritor italiano Alessandro Baricco (@bariccoale). Podría titularse “El silencio de Dios y el grito del hermano: la tragedia de Caín contada desde la herida”
Es una novela breve y poética en la que se reinventa el relato bíblico de Caín y Abel, pero se hace con un giro profundo y contemporáneo.
La historia es narrada por Caín, el hermano que, según la tradición, mató a Abel. Sin embargo, aquí no se presenta como un villano, sino como alguien que intenta comprender el misterio de su hermano y la razón por la que Dios lo prefería.
Baricco nos ofrece un relato introspectivo, simbólico y filosófico, donde Abel no es simplemente una víctima inocente, sino una figura casi enigmática, casi divina, que desconcierta a todos a su alrededor, incluido su propio hermano.
La narración Abelcuestiona la lógica de Dios, el sentido del sacrificio, la naturaleza del amor fraternal, y el dolor de ser ignorado.
El estilo de Baricco es sobrio, lírico y cargado de significado. Más que una historia lineal, es una meditación sobre el bien, el mal, el misterio de la elección divina y la soledad del ser humano frente al absoluto.
En esta reinterpretación, Abel no es solo un hermano bueno e inocente, como en el relato bíblico tradicional. Baricco lo presenta como una figura casi mística, impenetrable y pura, pero también incomprensible y hasta perturbadora para quienes lo rodean. No habla mucho, pero su sola presencia descoloca. Parece tener una conexión directa con lo divino, lo que genera en Caín una mezcla de admiración, frustración y dolor.
Abel representa la gracia inexplicable, la elección que no se justifica, el misterio del por qué algunos son “amados por Dios” sin que lo merezcan más que otros. En ese sentido, no es tanto una víctima, sino un símbolo de lo inalcanzable, lo que despierta preguntas más que respuestas.
Caín es quien narra la historia, y en esta versión, su figura está profundamente humanizada. No es simplemente un asesino envidioso, sino alguien que no logra entender por qué no es suficiente, por qué su esfuerzo no es reconocido, por qué su hermano es amado sin explicación. Vive en un estado de dolor, desconcierto y marginalidad, viendo cómo su hermano encarna algo que él jamás podrá alcanzar.
La relación entre ambos es profundamente asimétrica: Caín necesita comprender a Abel, pero Abel nunca parece necesitar comprender a Caín. Eso crea una tensión casi existencial, que va creciendo hasta la tragedia final, que no es solo un acto de violencia, sino una reacción desesperada ante lo incomprensible.
En resumen, Baricco no narra un crimen pasional, sino un drama existencial, donde Abel simboliza lo divino y lo inexplicable, y Caín representa al ser humano común que, por no poder comprender el misterio, termina destruyéndolo.
Alessandro Baricco nació el 25 de enero de 1958, en Turín, Italia. Escritor, ensayista, dramaturgo, director de cine y músico Alessandro Baricco es uno de los escritores italianos más reconocidos de las últimas décadas. Se hizo famoso con su novela “Seda” (Seta, 1996), traducida a más de 30 idiomas y adaptada al cine. Sus obras combinan belleza literaria, reflexión filosófica y una sensibilidad muy particular. También ha trabajado como guionista, crítico musical y ha dirigido películas.
Alessandro Bariccoes fundador de la Scuola Holden, una prestigiosa escuela de escritura en Turín. Sus novelas más conocidas incluyen Seda, Océano mar, City y Mr. Gwyn. Su estilo mezcla lo clásico con lo contemporáneo, siempre explorando las emociones humanas con un lenguaje elegante y accesible.