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Entre utopía y alegoría: Explora “Los que se alejan de Omelas”

Resumen: Se examina Quienes se alejan de Omelas, el influyente cuento utópico-alegórico de Ursula K. Le Guin, que plantea si una sociedad perfecta puede sostenerse sobre el sufrimiento de un individuo. Se destaca cómo este relato, analizado por críticos literarios y estudiosos de la ética, confronta al lector con la responsabilidad moral colectiva y la complicidad en las estructuras de bienestar social. El post articula este dilema como una invitación a reflexionar sobre justicia, felicidad y sacrificio.

Hoy repasamos los dilemas morales de la utopía en el cuento "Los que se alejan de Omelas" de Ursula K. Le Guin. Primero, analicemos a la autora y su legado. Ursula K. Le Guin (1929-2018) fue una de las voces más influyentes de la literatura especulativa del siglo XX. Hija del antropólogo Alfred Kroeber y la escritora Theodora Kroeber, creció rodeada de narrativas sobre culturas diversas, lo que marcó profundamente su obra. 

Autora prolífica de novelas como La mano izquierda de la oscuridad y el ciclo de Terramar, Le Guin utilizó la ciencia ficción y la fantasía como herramientas para explorar cuestiones filosóficas, políticas y éticas fundamentales. Su escritura, caracterizada por la elegancia y la profundidad intelectual, le valió numerosos premios Hugo y Nebula, consolidándola como una figura imprescindible en la literatura contemporánea.

La parábola de Omelas. Publicado en 1973, "Los que se alejan de Omelas" (The Ones Who Walk Away from Omelas) es un relato breve que funciona como experimento mental y parábola moral. La historia presenta a Omelas, una ciudad aparentemente perfecta donde reina la felicidad, la prosperidad y la ausencia de sufrimiento. Sus habitantes disfrutan de una existencia plena, libre de guerras, enfermedades y miserias.

Sin embargo, esta utopía descansa sobre un secreto terrible: la felicidad de toda la ciudad depende del sufrimiento perpetuo de un niño que vive encerrado en condiciones deplorables en un sótano oscuro. Todos los ciudadanos conocen esta verdad al alcanzar cierta edad, y deben elegir: aceptar esta realidad y continuar disfrutando de su vida privilegiada, o alejarse de Omelas para siempre, caminando hacia un destino incierto.

Le Guin construye su narrativa con una voz directa que interpela al lector, cuestionando constantemente qué elementos harían creíble esta utopía. La autora rechaza los clichés del género utópico y propone una ciudad que cada lector puede imaginar a su manera, siempre que acepte la premisa fundamental: la felicidad colectiva exige el sacrificio de un inocente.

Resonancias filosóficas y éticas. El relato dialoga explícitamente con el utilitarismo y la idea del "chivo expiatorio" presente en múltiples tradiciones culturales. Le Guin se inspiró en una cita del filósofo William James sobre la hipotética aceptación de la felicidad universal construida sobre el tormento de una sola alma.

La pregunta central es devastadora: ¿puede justificarse moralmente el bienestar de muchos a costa del sufrimiento de uno? ¿Somos cómplices si conocemos la injusticia pero no actuamos? Aquellos que abandonan Omelas representan a quienes rechazan participar en sistemas fundamentalmente injustos, aunque el costo sea renunciar a su propia comodidad y adentrarse en la incertidumbre.

Relevancia contemporánea. La parábola de Le Guin resuena con especial intensidad en nuestro mundo globalizado, donde el bienestar de las sociedades desarrolladas a menudo depende de la explotación invisible de poblaciones vulnerables. Desde las cadenas de producción que emplean trabajo infantil hasta las desigualdades estructurales que sostienen nuestros sistemas económicos, Omelas nos confronta con nuestra propia complicidad.

El relato no ofrece respuestas fáciles. Le Guin no idealiza a quienes se marchan ni condena a quienes permanecen; simplemente presenta la elección en toda su complejidad moral. Esta ambigüedad es parte de su poder: nos obliga a reflexionar sobre nuestras propias decisiones éticas y los compromisos que aceptamos como precio de nuestra comodidad.

"Los que se alejan de Omelas" permanece como un texto esencial para pensar los fundamentos morales de nuestras sociedades y el valor que otorgamos a la dignidad humana frente al bienestar colectivo.

Divagaciones geniales de Tim Minchin

Nueve lecciones de vida del músico y comediante Tim Minchin, al recibir un doctorado honorario en la Universidad Western Australia en 2013. Aunque el vídeo está subtitulado al español, recogemos la transcripción de lo fundamental.

1. No es obligatorio tener un sueño.

Los americanos en los concursos de talentos siempre hablan de sus sueños. Bueno, si tenéis algo con lo que siempre habéis soñado de corazón, ¡id a por ello! Después de todo, es algo que hacer con vuestro tiempo: perseguir un sueño. Y si es uno suficientemente grande, os va a llevar la mayor parte de vuestra vida alcanzarlo, así que para cuando lo consigáis y estéis observando el abismo de la falta de sentido de vuestro logro, estaréis casi muertos, así que no importará.
Yo nunca tuve realmente uno de esos grandes sueños, así que soy partidario de dedicarse apasionadamente a la persecución de objetivos a corto plazo. Sed micro-ambiciosos. Agachad la cabeza y trabajad con orgullo en lo que sea que tengáis delante; nunca sabes dónde puedes acabar. Sólo tened en cuenta que el próximo objetivo que merezca la pena probablemente aparecerá en la periferia, que es por lo que deberíais tener cuidado con los sueños a largo plazo: si miráis demasiado lejos hacia adelante, no veréis esa cosa brillante con el rabillo del ojo.

2. No busquéis la felicidad.

La felicidad es como un orgasmo: si piensas demasiado en ello, desaparece. Manteneos ocupados, intentad hacer a alguien feliz, y puede que os llegue también un poco de felicidad como efecto secundario. No evolucionamos para estar permanentemente satisfechos; a los australopithecus afarensis satisfechos se los comieron antes de que transmitieran sus genes.

3. Recordad: todo es suerte.

Tenéis suerte de estar aquí. Fuisteis increíblemente afortunados por haber nacido, e increíblemente afortunados por haber sido criados en una buena familia que ayudó a que tuvierais una educación y os animó a ir a la universidad.
O, si naciste en una familia horrible, entonces mala suerte y tienes mi simpatía, pero aun así eres afortunado. Afortunado porque resultaste estar hecho del tipo de ADN que fabrica el tipo de cerebro que, al sufrir un entorno infantil horrible, toma decisiones que te llevaron, finalmente, a graduarte en la universidad. Bien hecho por arrastrarte a ti mismo por los cordones de los zapatos, pero has tenido suerte. No has creado la parte de ti que te arrastró; ni siquiera tus cordones.
Supongo que yo trabajé duro para conseguir los dudosos logros que he alcanzado, pero yo no creé la parte de mí que me hace trabajar duro, como tampoco creé la parte de mí que comió demasiadas hamburguesas en vez de ir a clase mientras estuve aquí en la UWA. Comprender que en realidad no puedes atribuirte el mérito de tus éxitos ni tampoco culpar a otros de sus fracasos, te hará humilde y más compasivo. La empatía es algo intuitivo, pero también es algo que puedes trabajar intelectualmente.

4. Haced ejercicio.

Lo siento, pálidos fumadores graduados en filosofía que arqueáis vuestras cejas en una curva cartesiana mientras veis a la muchedumbre en movimiento serpenteando a través de los minúsculos conos de tráfico de su existencia: vosotros estáis equivocados y ellos tienen razón.
Bueno, tenéis razón a medias. Pensáis, luego existís; pero también: corréis, luego dormís bien, luego no estáis sobrecogidos por una angustia existencial. No podéis ser Kant, y tampoco queréis serlo.
Haced deporte, haced yoga, levantad pesas, corred, lo que sea, pero cuidad vuestro cuerpo: lo vais a necesitar. La mayoría de vosotros va a vivir casi cien años, e incluso el más pobre de vosotros alcanzará un nivel de riqueza que la mayoría de humanos a lo largo de la historia ni siquiera podría haber soñado. Y esta larga y lujosa vida que tenéis por delante ¡va a hacer que os deprimáis! ¡Pero no desesperéis! Hay una correlación inversa entre depresión y ejercicio. Hacedlo. Corred, mis bellos intelectuales, corred.

5. Sed severos con vuestras opiniones.

Un famoso dicho afirma que las opiniones son como los agujeros del culo porque todo el mundo tiene una. Eso encierra una gran sabiduría, pero yo añadiría que las opiniones difieren significativamente de los agujeros del culo porque las vuestras deberían ser constante y exhaustivamente examinadas.
Debemos pensar críticamente, y no sólo sobre las ideas de otros. Sed severos con vuestras creencias; sacadlas a la calle y pegadles con un bate de críquet. Sed rigurosos intelectualmente; identificad vuestros sesgos, vuestros prejuicios, vuestras preferencias. La mayoría de las discusiones sociales perduran por no saber reconocer los matices; tendemos a generar falsas dicotomías, tratando entonces de mantener una discusión usando dos conjuntos de suposiciones completamente diferentes, como dos jugadores de tenis tratando de ganar un partido dando bellos golpes perfectamente ejecutados desde extremos opuestos… de diferentes pistas de tenis.
Por cierto, ya que tengo enfrente de mí a graduados en ciencias y en letras: por favor, no cometáis el error de pensar que las letras y las ciencias son cosas opuestas. Esa es una idea reciente, estúpida y dañina. No tienes que ser anticientífico para crear bello arte, para escribir cosas bonitas. Si necesitáis pruebas: Twain, Douglas Adams, Vonnegut, McEwan, Sagan, Shakespeare, Dickens… (para empezar).
No necesitas ser supersticioso para ser poeta. No necesitas odiar la manipulación genética para preocuparte por la belleza del planeta. No necesitas tener un alma para promover la compasión. La ciencia no es un cuerpo de conocimiento ni un sistema de creencias; es sólo un término que describe la adquisición incremental de conocimientos de la humanidad mediante la observación. La ciencia es asombrosa.
Las letras y las ciencias necesitan trabajar juntas para mejorar cómo se transmite el conocimiento. La idea de que muchos australianos (incluyendo nuestro nuevo primer ministro y primo lejano mío, Nick Minchin) crean que la ciencia detrás del calentamiento global es discutible es un claro indicador de la magnitud de nuestro fracaso en la comunicación. El hecho de que el 30% de las personas de esta habitación se hayan enojado es todavía mayor evidencia. El hecho de que ese enojo tenga más que ver con la política que con la ciencia es incluso más desalentador.

6. Sed profesores.

Por favor, por favor, por favor: sed profesores. Los profesores son las personas más admirables e importantes del mundo. No tenéis que hacerlo para siempre, pero si estáis en la duda de qué hacer, sed profesores increíbles, sólo mientras seáis veintañeros. Sed maestros de educación infantil, especialmente si eres un tío; necesitamos hombres maestros de educación infantil.
Incluso si no sois profesores, sed profesores: compartid vuestras ideas; no deis por hecha vuestra educación; disfrutad de lo que aprendéis, y difundidlo.

7. Definíos por lo que amáis.

Me he encontrado yo mismo hace poco haciendo esto: si alguien me pregunta qué tipo de música me gusta, digo “bueno, no escucho la radio porque la letra de la música pop me molesta”. O si alguien me pregunta que qué comida me gusta, digo “creo que el aceite de trufa se usa en exceso y es ligeramente desagradable”. Y lo veo constantemente en Internet: gente cuya idea de pertenecer a una subcultura es odiar a Coldplay, o el fútbol, o a las feministas, o al Partido Liberal.
Tenemos tendencia a definirnos en oposición a algo; como cómico me gano la vida con eso. Pero tratad de expresar también vuestra pasión por las cosas que os gustan: sed efusivos y generosos en vuestros elogios a aquellos que admiráis; mandad tarjetas de agradecimiento y dad ovaciones en pie. Sed pro-algo, no sólo anti-algo.

8. Respetad a la gente con menos poder que vosotros.

En el pasado he tomado decisiones importantes sobre la gente con la que trabajo (agentes y productores) basándome en gran medida en cómo tratan a los camareros en los restaurantes en los que nos reuníamos. No me importa si eres el gato más poderoso en la habitación: te juzgaré por cómo trates a los que tienen menos poder. Que lo sepas.
9. No tengáis prisa.
No necesitas saber ya lo que vas a hacer con el resto de tu vida. No digo que os quedéis fumando porros todo el día, pero tampoco entréis en pánico. La mayoría de la gente que conozco que estaba segura del camino a seguir a los 20 años, ahora tiene una crisis de mediana edad.
Dije al principio de esta divagación que la vida no tiene sentido. No era una afirmación superficial; creo que es absurda la idea de buscar un sentido en el conjunto de circunstancias que casualmente existen después de 13,8 miles de millones de años de eventos sin rumbo. Dejad que los humanos piensen que el universo tiene un propósito para ellos.
Sin embargo, no soy un nihilista. Ni siquiera soy un cínico. Soy, de hecho, más bien romántico. Y ésta es mi idea de romanticismo: pronto estaréis muertos. La vida a veces parecerá larga y difícil y… ¡dios!, agotadora. Y a veces estarás feliz y a veces triste. Y después estarás viejo. Y después estarás muerto. Hay sólo una cosa sensata que hacer con esta existencia vacía, y es llenarla.
Y en mi opinión (hasta que la cambie), la mejor forma de llenar la vida es aprendiendo todo lo que puedas sobre todas las cosas que puedas; estar orgulloso de lo que sea que hagas; siendo compasivo; compartiendo ideas; corriendo; siendo entusiasta. Y también está el amor, viajar, el vino, el sexo, el arte, los niños, regalar, escalar montañas,… pero todo eso ya lo sabéis.
Es algo increíblemente excitante esta vida vuestra, única y sin sentido. Buena suerte, y gracias por esta oportunidad.

Mezcolanza de pasado, presente y futuro para la felicidad

“Life is like a cup of Tea, it’s all in how you make it.”
La felicidad cotidiana requiere unas dosis ajustadas de pasado, presente y futuro. Cada amanecer, necesitamos organizar ese día, administrando algunos recuerdos del pasado, algunas promesas del futuro y muchas realidades del presente. Nada de ello puede faltar.

Sin gratos recuerdos, aunque sean contados, mal planificaremos cada día, porque uno de los objetivos cotidianos es sumar experiencias y encuentros felices que siempre nos acompañarán en la memoria. El futuro requiere esfuerzos constantes y cada jornada debe construir una ruta hacia ese destino buscado, más aún sabiendo que el proceso es más determinante que la meta.

Los mayores acostumbramos a abusar de la dosis de pasado, los jóvenes exageran quizá la tasa de futuro y solamente los niños ajustan bien que la felicidad y la alegría es, ante todo, presente.

Demasiado pasado en el cóctel diario agriará el día con melancolía y demasiado futuro eclipsará la jornada con retardos de ilusiones que, quizá, nunca vivamos. Sólo tenemos el presente, el hoy,... en términos de felicidad. El pasado es historia, el futuro un misterio, y cada instante -como ahora- es un regalo. Es por eso que a este momento se le llama presente. El presente es el tiempo más determinante. 

Carlyle escribió: “Dice Shakespeare que nosotros somos unas criaturas que miran antes y después de sí, siendo lo más sorprendente que no miremos un poco en torno nuestro y contemplemos qué es lo que está pasando ante nuestros propios ojos.” 

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, señaló Pablo Neruda en su poesía. Pero podemos seguir siendo felices. Simplemente, seamos generosos y disfrutemos siéndolo. Si estamos presentes, o mientras lo estemos, no tenemos ninguna necesidad de esperar. 

Prometamos vivir plenamente cada escurridizo instante y tratar e interactuar con todos los seres con esa doble mirada de admiración infantil y compasión sabia. Un proverbio irlandés dice: “Life is like a cup of Tea, it’s all in how you make it”, es decir, "La vida es como una taza de té, todo depende de cómo la hagas",... 

Releyendo Siddhartha, la novela alegórica de Hermann Hesse

Hay etapas de la vida en las que solamente cabe refugiarse en la introspección (posts). Entonces es el momento preciso de releer obras como Siddhartha. Es una novela alegórica escrita por Hermann Hesse en 1922 tras la primera guerra mundial. Ya no lo encontré el viejo libro de papel amarillento tantas veces subrayado, sino en PDF fácilmente en Internet.

Relata la vida de un hombre hindú llamado Siddhartha. La obra ha sido considerada por el autor como un «poema hindú» y también, como la expresión esencial de su forma de vida. Muy leída en Oriente como tal, y menos en el mundo occidental. 

La novela presenta un registro muy original en el que se unifican elementos líricos y épicos, incluyendo narración y meditación, elevación de la más alta espiritualidad, y, al mismo tiempo, descarnada sensualidad. El éxito manifiesto del libro llegó luego de una veintena de años de su publicación y pisando los ecos resonantes del Premio Nobel conferido a Hesse en 1946. 

Fueron sobre todo los jóvenes, los que hicieron de la figura de Siddhartha un compendio de las inquietudes de los adolescentes, del ansia del encuentro con lo esencial de sí mismo, del orgullo del individuo enfrentado al mundo y a la historia. 

Algunas de sus mejores citas: 
  • Escribir es bueno, pensar es mejor. La inteligencia es buena, la paciencia es mejor.
  • Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto. 
  • El mundo mismo, lo que existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral. 
  • Fuera del nirvana no existe nada más: únicamente palpita el vocablo nirvana. 
  • Nirvana no es tan sólo un término. Nirvana es un pensamiento. 
  • ¿No había acaso muerto de verdad, desapareciendo para renacer bajo una forma nueva? 
  • Quiero aprender de mí mismo, deseo ser mi discípulo, conocerme. 
  • Había vivido la vida del mundo y de los placeres, pero sin formar parte de esa existencia. 
  • Respiró profundamente y, por un momento, al sentir frío, se estremeció. Nadie estaba tan solo como él. 
  • Es un breve escaparse del dolor de ser yo, una breve narcosis contra el dolor y lo absurdo de la vida. 
  • ¡No tengo derecho a juzgar la vida de otro! Tan sólo para mí, únicamente para mí he de juzgar, elegir, rechazar. 
  • Encontramos consuelo, alcanzamos la narcosis, aprendemos artes para engañarnos. Pero lo esencial, el camino de los caminos, ese no lo hallaremos. 
  • Bello y gozoso era el caminar por este mundo, de manera tan infantil, tan despierta, tan abierta a lo cercano, tan confiada. 
  • Olía todo a hipocresía, todo aparentaba tener sentido y felicidad y belleza, mas, sin embargo, todo era ignorancia y putrefacción. 
  • Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia. 
  • El saber es comunicable, pero la sabiduría no. No se la puede hallar, pero se la puede vivir, nos sostiene, hace milagros: pero nunca se la puede explicar ni enseñar. 
  • Le habían capturado el mundo, el placer, las exigencias, la pereza y, por último, también, aquel vicio que por ser el más insensato, siempre había despreciado más: la codicia.
  • Es lo que los necios llaman magia y creen que es obra de demonios. Nada es obra de los malos espíritus, estos no existen. Cualquiera puede ejercer la magia si sabe pensar, esperar, ayunar.
  • Caminaba el buda con una sonrisa escondida, sosegada, tranquila, parecida a la de un niño sano; llevaba el hábito y hacía sus pasos igual que todos los monjes, según unas reglas exactas. 
  • Tantas personas, tantos miles de personas poseen la más dulce felicidad. ¿Y por qué yo no? Incluso son personas malas, bandidos y ladrones, y tienen hijos y los aman, y son amados por ellos. Únicamente yo no lo tengo.
  • Durante muchos años creyó solamente en el río, y en nada más. Había observado que la voz del río le hablaba; de ella aprendió, la voz lo fue educando e instruyendo, el río era su Dios. 
  • Puedo amar a una piedra, a un árbol o a su corteza. Son objetos que pueden amarse. Pero no a las palabras. Por ello, las doctrinas no me sirven, no tienen dureza, ni blandura, no poseen colores, ni cantos, ni olor, ni sabor, no encierran más que palabras. 
  • El mundo no es imperfecto ni se encuentra en vías de un lento perfeccionamiento. No, es ya perfecto en cada instante: cada pecado lleva en sí la gracia, en cada niño alienta ya el anciano, todo recién nacido contiene en sí la muerte, todo moribundo, la vida eterna 
  • La mayoría de los seres humanos, son como las hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan al suelo. Otros, por el contrario, casi son como estrellas: siguen un camino fijo, ningún viento les alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta. 
  • (...) Enseñó la doctrina del sufrimiento; Habló sobre el origen del dolor y sobre el camino para reducir ese dolor. Su oración era sencilla y serena. La vida era dolor, el mundo estaba lleno de sufrimiento, pero se había hallado la liberación del dolor: tal liberación estaba en manos del que seguía el camino del buda. 
  • Esto es lo que pensé y saqué en claro al escuchar tu doctrina. Y es al mismo tiempo la razón por la que seguiré mis peregrinaciones...; no para buscar otra doctrina que sea mejor, pues sé que no existe, sino para irme alejando de todas las doctrinas y de todos los maestros, y alcanzar yo solo mi objetivo o perecer. 
  • No obstante, el mundo mismo, lo que existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral. Jamás un hombre o un hecho es del todo samsara o del todo nirvana, nunca un ser es completamente santo o pecador. Nos parece que es así porque nos hacemos la ilusión de que el tiempo es algo real. Y el tiempo no es real.

El secreto del éxito de IKEA

Montando un mueble de IKEA
El secreto del éxito de IKEA es múltiple y complejo (precio respecto a calidad, globalización planetaria, publicidad eficiente, diseño ergonómico, simplicidad de embalajes planos,...), pero se basa en una razón psicológica elemental: IKEA nos convierte en arquitectos que interpretan planos, ingenieros de diseño y artesanos del montaje, cuando en realidad estamos jugando a un mecano infantil.

IKEA sabe hacernos felices al hacernos creer que somos capaces de realizar cosas que no sabíamos que estaban enteramente a nuestro alcance, en lo más básico de nuestras competencias. La felicidad consiste en proponernos retos que están a la altura de nuestras condiciones y en el camino de lograr dichos desafíos con un esfuerzo proporcional al placer de lo logrado.

IKEA nos pide un poco de fuerza para transportar, un mínimo de habilidad para ensamblar et voilà... ahí esta la felicidad al disfrutar de lo conseguido y recordarlo mientras usamos esos muebles que hemos contribuido a crear.
Muebles montandos de IKEA
Post tras una visita a IKEA en Barakaldo, y sorprendernos por la buena atención de un joven personal sin prisas, con buen humor y atento a la clientela incluso en un sábado como hoy.

Anécdotas infantiles

Todas las familias disponen de una memoria histórica de anécdotas que periódicamente se recuerdan, y que merecen ser compartidas. Nosotros educamos a nuestros hijos en el aprecio a tres culturas: Sus regalos navideños aparecían el 24 y 31 de diciembre, y el 6 de enero, si habían escrito sus cartas en euskera, inglés y castellano respectivamente. Nunca olvidaremos el día que nuestro hijo pequeño, Aitor, vino del colegio con la tristeza del fatal descubrimiento de quiénes son los Reyes Magos. Tras su decepción estuvo extrañamente cabizbajo durante la cena, y después de un buen rato pensativo nos preguntó: "Si vosotros, los padres, sois el Olentzero, Papá Noel, los Reyes Magos y el ratoncito Pérez, entonces... ¿también sois Dios?" Esta visión infantil de los padres como dioses es imposible que la mantengan durante la adolescencia.

En otra ocasión, observando a nuestra hija Leire un poco aburrida viendo ensimismada la televisión, me puse a jugar con ella y a voltearla como en un columpio, como frecuentemente hacíamos. Nos estábamos riendo a carcajadas, cuando de repente me pidió que parase para bajar del "caballito" (que era yo). Se plantó delante de mi cara, me miró fijamente y muy seria me dijo: "Aita, cuando yo sea mayor, ¿con quién jugarás tú?". Y luego concluyó condescendientemente: “No te preocupes, aita, yo siempre jugaré contigo cuando quieras”. Esta preocupación por los demás demuestra su inteligencia y que saben ponerse en el lugar del otro.

La infancia es esa fascinante etapa vital, inolvidable, que se caracteriza por tres maravillosas capacidades, que hay quienes saben mantener durante toda la vida: 1º Los niños siempre están alegres, sin motivo especial alguno. 2º Los niños están activos infatigablemente, y quizá ésa sea la clave de la primera cualidad. 3º Los niños constantemente están insatisfechos, sin renunciar a sus objetivos y aspirando a más (según obtienen el triciclo ya quieren la bici,..). Se ha dicho que “los viejos niños nunca mueren, simplemente se adulteran”, pero tal vez sea más exacta la apreciación de Simone de Beauvoir, quien creía que “un adulto no es sino un niño inflado por la edad. Quizá nos convendría importar tradiciones como las de Japón que celebra un Día de los Niños (5 de mayo), un Día de los Adultos para quienes cumplen 20 años (15 de Febrero) y un Día del Respeto a los Mayores (15 de septiembre).

Una propuesta final, para evitar que se confirme la cínica conjetura de que la educación es un proceso crecientemente complejo y costoso para que la autonomía de las personas se… retrase: El adelanto del voto a los 16 años, edad de efectos penales, y quizás más adelante hasta los 14 años. Reconocería los plenos derechos civiles de los niños, como ciudadanos de primera clase, y contribuiría a la mejora de su madurez, preguntándose más tempranamente sobre temas sociales. De su precocidad caben pocas dudas, y es de reconocimiento universal que los niños y los jóvenes de la actualidad están mejor preparados que nunca. Además, esta medida obligaría a los políticos a proponer planes como los niños exigen: a la altura de la desbocada imaginación infantil que desea la paz y la felicidad para todos nosotros.

Más entradas nuestras sobre el Olentzero.

Nosotros como protagonistas, de Adela Cortina

[Un texto que admiro de “La ética de la Sociedad Civil” de Adela Cortina. Aparece también traducido al euskera.]

Cubierto con unas mantas grises para protegerse del frío, oculto en el desván de la escuela, empieza a leer Bastián un extraño libro, robado en la tienda de un extraño librero. Su inquietante título, La historia interminable.

El relato es sobrecogedor. La Nada, una fuerza abismal y caótica, está devorando el Reino de Fantasía, el país de los cuentos infantiles, el mundo imaginario de las grandes gestas y las hazañas memorables. A fuerza de realismo y de pragmatismo, a fuerza de positivismo romo, están dejando de soñar los seres humanos y la Nada va engullendo, inexorable, el reino legendario de Fantasía.

Así nos va relatando Michael Ende esa fantástica historia que, precisamente por fantástica, no es sino una fiel descripción de nuestra ramplona realidad.

Por fortuna, todavía nos queda un remedio para evitar la catástrofe total. La Emperatriz Infantil, la Señora del Reino de la Ilusión, ha pedido a Atreyu, el niño guerrero, que viaje hasta los confines de su reino y le traiga a un humano, capaz todavía de seguir soñando, capaz de mantener con vida el país de los sueños. Y Atreyu, el valeroso guerrero, recorre los caminos del cielo en su dragón volador, buscando un ser humano que salve a su señora y a su reino de las garras implacables de la Nada.

La narración - prosigue Ende la historia - ha llegado a su clímax. Obligado a superar obstáculos sin cuento, Atreyu va a ser sometido a una prueba decisiva: ha de traspasar la Puerta del Espejo Mágico que le devolverá su propia imagen. Pero he aquí que, al intentar traspasarla, no es la imagen de Atreyu, sino la de Bastián la que queda reflejada en el cristal, porque él es el humano invitado a mantener con vida el Reino de Fantasía, él es el llamado a soñar para que no se desvanezca, engullido por la Nada, el país de la ilusión con su Señora de los Deseos, la de los Ojos Dorados.

Y en ese punto del cuento el metarrelato se funde con el relato, y cada lector se sabe retado a asumir el papel de Atreyu, a soñar cuantas quimeras ocurrírsele puedan, a convertirse en protagonista de una historia que, por quedar en manos de cada posible lector, se convierte en una historia interminable. El Reino de Fantasía no tiene confines: no tiene más límites que los que los propios hombres queramos ponerle. La historia de Fantasía no tiene un final: no tiene más término que el que queramos darle.

Como al mundo del sueño le ocurre al mundo moral, en realidad tan poco alejado de él: que no tiene más confines, más límites ni más vida que los que cada uno de nosotros, todos nosotros, queramos darle. No tiene por protagonistas héroes legendarios, ni tampoco exclusivamente políticos, famosos de los medios de comunicación, personajes célebres del mundo de la imagen, sino que son sus creadoras cuantas personas - varones y mujeres - se empeñen en la empresa, en el quehacer compartido, de construir en serio un mundo más humano. Un mundo al que no puedan resultarle ajenos, sino muy suyos, ni los requerimientos del sufrimiento, ni las exigencias de la justicia, ni la aspiración a la felicidad.

Si rehusamos ser los protagonistas de esta historia, podemos tener la certeza de que nadie la hará por nosotros, porque nadie puede hacerla. El viejo dicho de la sabiduría popular “nadie es insustituible” se hace una vez más falso, en el caso de la moral cívica: las personas de carne y hueso - los ciudadanos - somos insustituibles en la construcción de nuestro mundo moral, porque los agentes de moralización, los encargados de formular los juicios morales, de incorporarlos y trasmitirlos a través de la educación, no son los políticos ni los personajes del mundo de la imagen, ni los cantantes, ni el clero, ni los intelectuales, sino todas y cada una de las personas que formamos parte de una sociedad. Por eso puede decirse sin temor a errar que la moral de una sociedad civil - la moral cívica -, o la hacemos las “personas de la calle”, o no se hará, y se disolverá en la Nada como el Reino de la Fantasía.

Gu protagonista

Manta grisekin hotzetik babestuta, eskolako ganbaran izkutatuta, Bastian liburu saltzaile berezi bati erositako liburu berezi bat irakurtzen hasi da. Izenburu erakargarria dauka, Amaigabeko istorioa.

Kontakizuna hunkigarria da. Eza, infernuko indar suntsitzailea, Fantasiako Erresuma irensten ari da. Ume-ipuinen herria, egitada eta gertaera gogoangarrien balizko mundua arriskuan dago. Errealismo eta pragmatismoz, prositibismo hutsez jokatuta, gizakiak amets egiteari utzi dio, eta Eza Fantasiaren legendazko mundua suntsitzen ari da.

Horrela kontazen du Michael Endek istorio fantastikoa, fantastikoa delako, hain zuen, gure errealitatearen deskribapena baino ez dena.

Zorionez, oraindik sasoiz gaude hondamendiari aurre egiteko. Enperatriz Haurrak, Ilusioaren Erresumako Andereak Atreyu ume borrokalariari erresumaren ertzetaraino joateko eskatu dio, eta oraindik amets egiteko, ametsen munduari bizirik eusteko gai den gizaki bat ekartzeko. Eta Atreyu borrokalari ausartak zeruko bideak herensuge hegalariaren gainean ibilti ditu, bere anderea eta bere erresuma Ezaren atzaparretatik salbatuko dituen gizakiaren bila.

Narrazioa -jarraitzen du Endek- maila gorenera heldu da. Benetako traba gogorrak gainditzera behartuta, Atreyuk proba erabakigarriari aurre egin behar dio: Izpilu Magikoaren Atea igaro behar du, irudia itzul diezaion. Orduan, ordea, atea igarotzen saiatzean, Atreyuren irudiaren ordez Bastianena geratu da kristalean, bera delako Fantasiako Erresumari bizirik eutsi behar dion gizakia. Bastian aukeratu dute amets egiteko, Gurarien Anderea, Urrezko Begiduna eta haren ilusio mundua gal ez daitezen Ezak irentsita.

Eta une horretan metakontakizunak bat egiten du kontakizunarekin. Hortik aurrera irakurle bakoitzak Atreyuren zeregina betetzeko erronka hartzen du, ahal duen beste amets egin, istorio horretako protagonista bihurtu, irakurle bakoitzaren esku geratzen den istorioa delako istorio amaigabean sartu egingo da. Fantasiako Erresumak ez dauka mugarik, gizakiok jarri nahi dizkiogun ertzak baino ez ditu. Fantasiako istorioak ez dauka azkenik, ez dauka beste amaierarik guk emango dioguna baino.

Amets mundua eta moral mundua oso hurbil daude elkarrengandik, eta hark bezala, moral munduak ere ez dauka beste mugarik, beste bizitzarik gutariko bakoitzak eta guk denok emango dioguna baino. Moralaren protagonistak ez dira heroi ospetsuak, ez politikoak, ez komunikabideetako famosoak, ez irudi munduko pertsonaia ezagunak. Haren sortzaileak benetako mundu humanoagoa egiten parte hartzen duten pertsona, gizon eta emakume guztiak dira. Sufrimentuaren eskariak, justiziaren beharrak eta zorionerako helburua bere-bereak egingo dituzten gizakiek osatutako mundua egitea da helburua.

Historia horretako protagonista izateari uko egiten badiogu ziur egon beste inork ez duela egingo, beste inork egin ezin duelako. Herri jakintzako esaera "inor ez da ordezkaezina" gezurra da oraingoan, moral zibikoaren arloan: hezur-haragizko gizakiok -herritarrok- ordezkaezinak gara gure moral mundua eraikitzeko, moralizaziorako agenteak, moral epaiak egin, hezkuntzan sartu eta hedatzen dituztenak ez dira politikoak, ez irudi munduko pertsonaiak, ez kantariak, ez apaizak, ez intelektualak, gizartea osatzen dugun pertsona guzti-guztiok baizik. Horregatik, zalantza handirik gabe esan daiteke gizarte zibilaren morala -moral zibikoa- edo "jende arruntak" egiten dugu edo ez dela egingo, eta Ezaren lainoan galduko dela Fantasiako Erresuma bezala.

La mejor navidad es la de cada año, aunque sea 2020

Navidad 16-17
La navidad evoca y exhibe muchas sensaciones e ideas. Los sentimientos son de amor, de paz, de familia, de solidaridad,... El espíritu navideño reconstruye esa conspiración de amor que se va diluyendo según las fiestas concluyen. Habría que envasar toda esa constelación de felicidad para irla disfrutando en los momentos más aciagos del resto del año.

Se suscitan reflexiones positivas y optimistas, que se propagan por la sociedad, a fuer de su repetición. Pesa la transición de año, el cambio que podemos generar en nuestro interior y en nuestro entorno, de personas, de amistades, de conciudadanía,... Tradición y esperanza se fusionan en una mágica pócima que consagra que nuestros anhelos e ilusiones son factibles.

Regresemos a nuestra fe infantil, a esa natural alegría de vivir, a la certidumbre de que juntos somos invencibles, generosos y capaces. Se enciende el fuego de la hospitalidad en los hogares y sentimos que estamos conectados, acogidos y reunidos. 

Hasta la funesta soledad, agudizada por la pandemia, se resquebraja en navidad. El espejo sonriente de los demás, en las calles, en las tiendas, nos ofrecen una versión amable y humana del mundo.  Nos inundan las mejores recuerdos de antaño, de los seres queridos que tuvimos la suerte de conocer y amar. 

Entonces se produce la magia, acaso el milagro, de la gratitud. Tan reconfortante, tan placentera, tan estimulante porque nos transporta al compromiso de devolución, de corresponder con nuestra vida, a mejorar el mundo en lo que podamos, con un gesto, con una palabra o, simplemente, con una sonrisa.

¿Crisis? ¡Educación!

La radio en el coche sólo ofrece malas noticias y peores expectativas. Últimamente, toda la información gira en torno a la crisis, económica, de valores, de modelos, de regulación,... Se barajan siempre diversas soluciones, de naturaleza económica, inyectar más dinero, apoyar a los bancos, a las grandes empresas,...
Sorprende que nunca se cita la educación como llave de resolución, quizá porque su efecto no es inmediato, aunque sí duradero. Sin embargo, ante una crisis de la envergadura actual convendría actuar de forma inminente en el ámbito formativo. Reconvertir un gigantesco problema en una formidable oportunidad de preparación, de perfeccionamiento laboral y personal de tanta ciudadanía. La formación ocupacional de personas en paro debería abordar objetivos más ambiciosos que la mera reincorporación al mercado de trabajo, sin descuidar esto naturalmente.
La mejora significativa en educación ayudaría a reinterpretar la vida personal y familiar en clave de feliz austeridad, dotaría de nuevas oportunidades de empleo más cualificado y permitiría al conjunto de la sociedad una flexibilidad mayor para la evolución necesaria ante los cambios inexorables.
Junto a urgentes medidas coyunturales de ajuste, apostemos estratégicamente por la educación, desde los niveles de infantil hasta la formación continua, a lo largo de toda la vida, de personas empleadas y desocupadas, de quienes no han accedido nunca al trabajo o de quienes se han jubilado. La educación media de la ciudadanía es la mejor medida de la riqueza de una sociedad, y está directamente correlacionada con la renta per cápita material. Lo contante y sonante, y lo espiritual, todo eso que genera felicidad nace de la educación. ¡Exijamos más educación para todas las generaciones que aspiramos a vivir mejor!

La generación ansiosa: Infancia, móviles y salud mental

En 2024 el psicólogo social Jonathan Haidt (otros muchos posts nuestros), profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, publicó The Anxious Generation, traducido al castellano como La generación ansiosa (Deusto). El autor, conocido ya por La hipótesis de la felicidad y por La mente de los justos, y coautor junto a Greg Lukianoff de La transformación de la mente moderna, vuelve sobre un terreno que domina desde hace década y media: la psicología moral aplicada a los grandes desajustes de nuestro tiempo. Esta vez el objeto de estudio es más íntimo y más alarmante: el derrumbe de la salud mental de los adolescentes occidentales desde comienzos de la década de 2010. 

El libro sostiene que la generación nacida después de 1995 —la llamada generación Z— desarrolló su identidad en medio de una transformación tecnológica y cultural sin precedentes, marcada por el uso extendido de los smartphones y de redes sociales diseñadas para generar dependencia. Haidt describe dos tendencias simultáneas y, a su juicio, igualmente dañinas: la sobreprotección de los niños en el mundo físico —patios vigilados, juego libre casi extinguido, autonomía infantil reducida al mínimo— y, en paralelo, una desprotección casi total en el mundo virtual, donde bastaba con marcar una casilla para acceder, sin control real, a plataformas concebidas para adultos. El autor identifica cuatro daños fundamentales derivados de este entorno: la privación social, la falta de sueño, la fragmentación de la atención y un mecanismo de recompensa que libera dopamina sin llegar nunca a saciar, generando algo parecido a un síndrome de abstinencia. De ahí sus propuestas, tan citadas como discutidas: posponer el acceso al smartphone hasta la educación secundaria, retrasar las redes sociales hasta los dieciséis años, instaurar centros educativos libres de móviles y devolver a la infancia el juego no supervisado.

La solidez del libro reside en la acumulación: cientos de notas, gráficos y estudios que dibujan una correlación temporal muy marcada entre la difusión del smartphone —hacia 2012— y el aumento de la ansiedad, la depresión y las hospitalizaciones por autolesión entre adolescentes, especialmente chicas. Pero es precisamente esa acumulación la que ha desatado la controversia académica más intensa en torno a un ensayo de divulgación psicológica en años recientes. La psicóloga Candice Odgers, en una reseña muy comentada publicada en Nature, sostuvo que cientos de investigadores han buscado los grandes efectos que describe Haidt y solo han hallado asociaciones nulas, pequeñas o mixtas, en su mayoría de naturaleza correlativa, no causal. Otros especialistas, como Andrew Przybylski o Peter Etchells, coinciden en que los datos sobre tiempo de pantalla y bienestar distan de ser concluyentes. 

 Haidt ha respondido punto por punto, defendiendo que la variedad y convergencia de métodos —estudios longitudinales, cuasiexperimentales y de dosis-respuesta— apunta más allá de la simple coincidencia temporal. El debate sigue abierto, y probablemente lo estará durante años: la psicología social rara vez ofrece pruebas de causalidad tan limpias como exigiría el rigor experimental puro.

Más allá de quién tenga razón en el detalle metodológico, La generación ansiosa ha logrado algo poco frecuente en un ensayo académico: instalar en la conversación pública, en los claustros docentes y en los hogares, la pregunta de si hemos delegado la crianza de una generación entera en arquitecturas digitales diseñadas para capturar la atención antes que para cuidarla. No es la primera vez que una tecnología nueva —el cine, los cómics, la televisión, los videojuegos— provoca una alarma moral que después la investigación matiza o desmiente en parte; los críticos de Haidt no dejan de recordarlo. Pero tampoco es descartable que esta vez la escala del cambio —la sustitución casi total del juego presencial por la pantalla en apenas una década— merezca la seriedad con la que el propio Haidt, desde su cátedra de ética en Stern, ha decidido tratarla. 

@ani.pocino Este libro se tiene que leer sí o sí 📖🤯 Lo recomendó Bill Gates como uno de los mejores libros que había leído en el último año ¡es brutal! 🙌🏼 #emprendedor #motivacion #libros #redesociales #ansiedad #lageneracionansiosa #jonathanhaidt ♬ sonido original - Ani Pocino

¿Qué cinco cosas harías si mañana fueras alcalde?

EleccionesVascas.com a través de un e-mail directo de José A. del Moral nos propone un "meme": ¿Qué cinco cosas harías si mañana fueras alcalde de tu pueblo? En el correo, nos pide que tratemos de abstraernos lo máximo posible y pensar más bien en un pueblo típico de Euskadi, como Bilbao, Vitoria-Gasteiz o Donostia.

Pensando en las capitales, y también en mi Getxo, creo que estas serían mis prioridades:

1. Predicar la honestidad con el ejemplo las cualidades básicas de un responsable político en su gestión, para servir a sus conciudadanos y no para beneficiarse del poder. Para ello, comenzar con una declaración pública de bienes, revelando el sueldo total y renunciando a toda otra actividad lucrativa. Esa honradez se manifestaría también en un trato igualitario para todos, sin ventajas políticas ni sociales para nadie.
2. Abordar el tema de la vivienda de inmediato y con todas las posibilidades reales para toda la ciudadanía, bien en propiedad o bien en alquiler. Un objetivo primordial sería facilitar la emancipación de la juventud, facilitando alojamiento acorde con sus ingresos.
3. Facilitar el acceso a la educación a toda la ciudadanía, desde la escuela infantil hasta la educación de personas adultas, con todo tipo de opciones de enseñanza reglada o no, presencial o a distancia,… siempre en colaboración con las instituciones educativas y con criterios de acceso universal para que nadie renuncie a seguir cultivándose.
4. Favorecer la convivencia de vecinos y visitantes, mediante campañas de convencimiento social que haga compatibles a viandantes y vehículos, al ocio de personas jóvenes y mayores, cohabitando autóctonos y foráneos, y entendiendo que trabajo, fiesta y descanso son necesarios para todos.
5. Extender un manto de solidaridad que albergue a los más necesitados, comenzando por los vecinos más desvalidos (menores, mayores, inmigrantes,…), o víctimas de todo tipo de violencia. Esta protección debería alcanzar a algún otro municipio remoto, del Tercer Mundo, con cuyos habitantes se establecería un vínculo de Humanidad, que nos ilustrase –a unos y a otros- en cómo no hay felicidad que no sea compartida.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/meme.DOC

Dos políticas y un único enemigo

Mediante el humor y la participación superaremos la política de las pesadillas con la esperanza de un futuro en paz.

Primera apuesta política: La del pasado, la de la mentira, la del odio, la de la guerra, la de las grandes portadas, la de quienes se enriquecen con la política, la de los poderosos, la del pesimismo, la del miedo a ‘los otros’, la de los bloques, la de la división maniquea del mundo en buenos y malos, en ‘nosotros y ellos’. Esta opción política sale constantemente en televisión, nos alerta del ‘eje del mal’, de los peligros que se avecinan, Disfraz infantil de moda. Si la tortura nos 'protege' debe ser algo bueno...de lo que pasaría si ellos no nos ‘protegen’,… Todo para que nada cambie, para que siga la ‘economía de guerra’ que beneficia a unos pocos mientras mata a millones (de guerra y de pobreza). Esta falsa política quiere militarizar el mundo, declarar el ‘estado de excepción planetario’, que por la ‘seguridad’ renunciemos a los derechos, a pensar, a creer que es posible un mundo mejor, más justo, más solidario, más hermanado, donde nadie esté tan desesperado que decida convertirse en terrorista.

Segunda apuesta política: La del futuro, la de la verdad, la del afecto, la de la paz, la de quienes no se asoman a la alta política, la informal, la de la buena gente, la del optimismo, la de la ilusión, la del todos somos buenos, la de hemos de salvarnos todos y juntos. Esta opción apenas se escucha, aparece en algún documental de la 2, en algún blog aislado. Pero está amaneciendo con las algunas manifestaciones desde hace algunas décadas, como gesto por la paz, con el ‘no a la guerra’, con los humoristas de viñetas o de televisión, con la gente que no se deja engañar.

El único enemigo: La indiferencia, la ignorancia y la confusión de las grandes mayorías sociales. No existen civilizaciones enemigas, ni religiones enemigas, ni pueblos enemigos. Los palestinos, ni norcoreanos, ni los árabes, ni los norteamericanos, ni los republicanos son nuestros enemigos. Ni los soldados invasores reclutados entre las capas sociales más desfavorecidas de los países ricos. Sólo son repudiables quienes se enriquecen con la violencia, con la guerra, con la militarización del mundo, con la ‘seguridad’… de que seguirá habiendo ‘guerras de defensa’ mientras se siembra el odio entre propios y ajenos.

Hemos de superar la indiferencia, esa hermana gemela de la crueldad. Nada de lo humano debe sernos indiferente. El bienestar de los demás, en nuestro barrio o en el más remoto continente, es algo que nos afecta. Eso no se combate con la salvajada de la actual inversión armamentística, ni con más policía que impida acercarse a quienes huyen de la miseria, sino con solidaridad, con respeto intercultural, mediante presupuestos para la paz y para la educación, combatiendo la enfermedad y el hambre.

Sólo podemos permitirnos armas cargadas de futuro: el humor, la ironía, el voto, la poesía que exprese nuestra necesidad de dirigentes optimistas, que prometan y se comprometan con el progreso y la felicidad. Basta de la vieja guardia de politiqueros en blanco y negro, que pregonan miedos, para asustarnos mientras se llevan el dinero. Hablando claro, aquí y ahora: Los apocalípticos dirigentes del PP, que no sus muchos votantes que deberían informarse mejor, siguen con el señuelo de la conspiración mientras hipotecan por 40 años a los jóvenes del contrato basura (clásico timo, te distraen para robarte la cartera).

También quienes creyeron en la inhumana violencia ETA están siendo convencidos de su error más por los guionistas de los programas de parodia, que muestran ridículos encapuchados demostrando que el humorismo es el realismo llevado a sus últimas consecuencias. A ETA se le está convenciendo entre todos, mejor que vencerla con más policías y jueces lo que nunca es definitivo aunque algunos aspiren a seguir con estrategias fracasadas encarcelando a todos los nacionalistas y socialistas vascos.

Los que todavía creen en la razón de la fuerza, incluido el ‘gran cowboy’, quienes le patrocinan e incluso sus adversarios pseudo-islamistas, son –además de fanáticos- anacrónicos y absurdos. Desvelemos sus falsedades, riámonos de sus modernas cruzadas (que tampoco sirvieron de nada hace siglos) y del resto de cuentos chinos (antes los malos de la película). Ridiculicemos a estos sectores neoconservadores y ultramontanos que se han adueñado con patrañas y mucho dinero negro de algunos grandes partidos. Votemos alternativas más pacifistas, más contemporáneas, más esperanzadoras. Rompamos nuestro silencio, reclamemos un porvenir mejor para toda la humanidad. Sólo así el porvenir será nuestro.

Versión para imprimir: mikel.agirregabiria.net/2006/2politicas.doc