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Síndrome de Peter Pan (1/4 Wendy, Simon y Laura)

Síndrome de Peter Pan (1/4 Wendy,  Simon y Laura)
El término Síndrome de Peter Pan ha sido aceptado en la psicología popular desde la publicación de un libro en 1983 titulado The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up (El síndrome de Peter Pan: los hombres que nunca crecieron), escrito por el psicólogo Dan Kiley. Durante meses estuvo entre los más vendidos de Estados Unidos, fue traducido a 22 idiomas y totalizó ventas de millones de ejemplares. 

Como consecuencia del éxito, Dan Kiley, que ya se había convertido en un habitual de las tertulias de televisión, publicó, El dilema de Wendy (post siguiente), sobre las mujeres que indebidamente protegen a los hombres de su vida como si fueran sus madres.

Algunos ven este síndrome como un problema muy extenso en la sociedad moderna pos-industrialEl Síndrome de Peter Pan se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales. El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo. 

De forma más abarcadora, según Kiley, las características de un "Peter-Pan" incluyen algunos rasgos de irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, arrogancia, dependencia, negación del envejecimiento y la creencia de que está más allá de las leyes de la sociedad y de las normas por ella establecidas.
Todo esto sería una coraza defensiva para protegerse de su inseguridad, miedo a no ser queridos y aceptados. En ocasiones los que padecen este síndrome acaban siendo personajes solitarios. Con escasa capacidad de empatía o de apertura al mundo de los "grandes", al no abrirse sentimentalmente, son vistos como individuos fríos o no predispuestos a darse, lo que vuelve como un bumerán a través de la no recepción de entregas o muestras ajenas de cariño. 
Algunos profesionales avanzando tal vez audazmente en sus diagnósticos los han denominado esquizo - afectivos. También se dice que este padecimiento se da por no haber vivido una infancia normal, por haber trabajado desde edades demasiado tempranas o por otros motivos. 
Según el psicólogo clínico Antoni Bolinches en su libro “Peter Pan puede crecer” actualiza los contenidos del Síndrome de Peter PanDesde entonces ningún autor había hablado sobre esta cuestión hasta que Bolinches escribió en su libro en el año 2010. 
El autor define al hombre Peter Pan de la era tecnológica como aquel que tiene una necesidad afectiva, es egocéntrico, tiene poca resistencia a la frustración, dificultad de aceptar relaciones de igualdad con el sexo contrario y poca capacidad de autocrítica

Bolinches según la autoimagen y el autoconcepto estable cuatro variantes del hombre Peter Pan: el seductor (+ autoimagen, + autoconcepto), el narcisista (+ autoimagen, - autoconcepto), el intelectual (- autoimagen, + autoconcepto), y el servicial (- autoimagen, - autoconcepto). Atención a la eterna historia, según Bolinches: «Ninguna mujer quiere al servicial, todas quieren seguir siempre sufriendo por el seductor» .
Post siguiente (serie de 4 ó 5 entradas): El dilema o el Síndrome de Wendy. Síndrome de Peter Pan (1/4 Wendy,  Simon y Laura)
Otros síndromes: Síndrome de Peter PanSíndrome de WendySíndrome de SimónSíndrome de Laura, Síndrome de CenicientaSíndrome del ImpostorSíndrome de Laura Pausini (SLP)Síndrome de la AsimetríaSíndrome de Capgras o de familiaridad falsa o Ilusión de Sosias,...

Síndrome de Wendy (2/4 Peter Pan, Simon y Laura)

Síndrome de Wendy (2/4 Peter Pan, Simon y Laura)
El Síndrome de Wendy hace referencia a la historia de Peter Pan, donde Wendy representa aquella niña que cuida de los niños perdidos de nunca jamás, pero permanece a la sombra de Peter, quien es el real protagonista. De la misma forma, aquellos que sufren este síndrome manifiestan la constante necesidad de satisfacer a otro (usualmente los hijos o a la pareja) debido a su miedo al rechazo o abandono. 

Estas personas buscan a través de acciones, actitudes y conductas la aceptación y el apoyo del otro. El origen frecuentemente proviene de que la persona en su niñez se sintió excluida y desprotegida, por lo que en la edad adulta lo compensa con la protección hacia los demás.   Esta conducta o Síndrome de Wendy se debe al miedo al rechazo y al abandono y, por razones culturales, es más frecuente en las mujeres que en los hombres. 

Las características más comunes de quien padece este síndrome son: 
  • El individuo se siente imprescindible para los demás.
  • Entiende el amor como sacrificio.
  • Puede resignarse al sufrimiento o bien manifestarlo llorando.
  • Evita a toda costa que quienes la rodean se molesten.
  • Insiste en hacer las tareas y asumir las responsabilidades que no le corresponden.
  • Pide perdón por todo aquello que no ha hecho o que no ha sabido hacer
  • Termina por asumir el papel de padre o madre de su pareja.
  • Se auto-recimina por todo aquello que no ha podido o no ha sabido hacer.
  • Se deprime por falta de atención y depende de la aceptación social.
Síndrome de Wendy (2/4 Peter Pan, Simon y Laura)
Se manifiesta en Amas de casa, Padres que hacen los deberes y trabajos de su prole (generando o alimentando el Síndrome del Emperador en niños tiranos) para hacerles la vida fácil,... Intentan que su pareja o allegados sean felices continuamente.
Síndrome de Wendy
Post previo de esta serie de 4 ó 5 entradas: El Síndrome de Peter Pan. Otros síndromes: Síndrome de Peter PanSíndrome de WendySíndrome de SimónSíndrome de Laura, Síndrome de CenicientaSíndrome del ImpostorSíndrome de Laura Pausini (SLP)Síndrome de la AsimetríaSíndrome de Capgras o de familiaridad falsa o Ilusión de Sosias,...

Síndrome de Simón (3/4 Peter Pan, Wendy y Laura)

Síndrome de SIMON (3/4 Peter Pan, Wendy y Laura)
El Síndrome de Simón, una variante del Síndrome de Peter Pan – del cual ya hablamos- se refiere a hombres (menos frecuente en mujeres) de 25 a 40 años aproximadamente, solteros o separados que pasan por solteros; extremadamente individualistas, inmaduros sentimentalmente – ya que solo quieren divertirse y jugar como un donjuán- que salen y entran. En realidad, no busca una mujer, sino que se busca a sí mismo

Un Síndrome SIMON, a menudo en su infancia, ha sido un Síndrome Emperador (véase el post anterior sobre niños caprichosos y hasta autoritarios con sus padres). Está obsesionado con el éxito –quiere triunfar, alcanzar una cota profesional lo más alta posible y es capaz de sacrificarlo casi todo y a casi todos por esta subida de peldaños en su trabajo. Y, por último, es un gran narcisista que se mira continuamente en el espejo. A estas alturas, todas las lectoras ya se estarán diciendo ¡qué casualidad, creo que conozco a Simón yo también! ¿cómo puede ser? Los “SIMON” es un acrónimo con cinco patrones de conducta.
Soltero. Para muchos la soltería es algo que a medida que pasa el tiempo, se revaloriza con lo cual comienza a tomar un valor erróneo de libertad y se quiere mantener a toda costa, cuando realmente es más libre aquella persona que tiene la capacidad de comprometerse. Perder la soltería por un amor fuerte, sólido, atrayente, sugestivo, indica vida, fuerza y capacidad de arriesgarse. Pero un SIMON demuestra incluso con pánico al compromiso

Inmaduro. Los sentimientos son estados de ánimo positivos o negativos, de los cuales nace la afectividad. Uno de los principales sentimientos es el amor, con todo sus matices: amar, desear, querer, sentirse atraído, tener en la cabeza, necesitar, estar todo el día pensando en alguien,… Tener madurez sentimental significa ser capaz de dar y recibir amor, la posibilidad de descubrir a otra persona a la que darse por entero y elaborar un proyecto común. Para enamorarse hay que tener admiración y sentir una fuerte atracción por el otro, no entender tu vida sin esa persona como parte fundamental de tu proyecto vital. Sin embargo, en el Síndrome de Simón nos encontramos con una persona que puede tener una adecuada madurez profesional ya que ama su trabajo pero carece de madurez afectiva porque: no sabe expresar sentimientos, ni que el amor es un trabajo de labrárselo diariamente, desconoce que los sentimientos hay que tratarlos con delicadeza, porque si no se pueden volatilizar. El inmaduro no sabe dar ni recibir amor pero, especialmente, no sabe cómo mantenerlo. Y, debajo de todo ello, subyace el terror al compromiso con otra persona.

Materialista. La sociedad actual ha ido fabricando cada vez más hombres inmaduros –pero no mujeres–, viven centrados en sus trabajos, sus amigos, diversiones, algo de cultura y poco más. La mujer busca un amor, al contrario,verdadero, auténtico, pero se ha producido en los últimos años un aumento de la inmadurez sentimental en el hombre, divertida, juguetona, banal,… Busca el mejor coche, el mejor móvil,... y lo mismo en sus parejas temporales.

Obsesionado con el poder, el éxito. Su prioridad consiste en encontrar una posición económica adecuada. Y sacrificarlo todo por ello. Hay otro factor escondido tras esto, que es el culto al cuerpo. Es algo que provoca en muchos casos una cierta dismorfofobia. En este caso, sin embargo, el hecho de gozar de un cierto nivel económico hace que estos “defectos corporales”- reales o percibidos- pasen de forma habitual por intervenciones quirúrgicas, muchas de las cuales son innecesarias. 

Narcisista. El narciso es una planta exótica que crece en la cercanía de los lagos y se inclina como si se mirara en el espejo que el agua ofrece. Plotino habló del mito del narciso: cuidar tanto la fachada, la portada o la apariencia lleva a producir una idolatría de lo exterior El mito griego dice que Narciso era un joven tan bello que se ahogó intentando capturar su propio reflejo, y los dioses lo convirtieron en flor. Del mismo modo, los hombres que padecen el Síndrome de Simón tienen una autoestima tan grande que asfixian a cualquier persona de su entorno. Les encanta que los adulen, escucharse a sí mismos y ser el centro de atención. Necesitan dar siempre una buena impresión y por ello el culto al cuerpo es una de sus prioridades; para tener un mayor reconocimiento por parte de su entorno Tienen un gran complejo de superioridad que los hacen arrogantes con los demás. 
Síndrome de SIMON (3/4 Peter Pan, Wendy y Laura)
Si empieza a desencantarse de encontrar a un hombre que no sea un Simon, no tema; aún nos faltan un par de preguntas. ¿Un Simón nace o se hace? Las causas suelen ser debidas a que en su infancia nunca fueron corregidos por sus padre sino que, por el contrario, fueron mimados. Pero toda esta fachada lo que nos demuestra es un hombre , en el interior, indefenso ante los sentimientos que no comprende y que se busca a sí mismo sin llegar a encontrarse, porque le faltan herramientas.

¿Hay mujeres que puedan tener el Síndrome de Simón? En principio, no es frecuente. Eso sí, cada vez más parece ser que por cada Simón aparece una Síndrome de Laura (Liberada, Autonóma, Universitaria, que Racionaliza el Amor -POST SIGUIENTE-). Pero, visto todo lo anterior, ser una Laura no es tan divertido como ser un Simón, aunque emocionalmente mucho más sano.
Otros síndromes: Síndrome de Peter PanSíndrome de WendySíndrome de SimónSíndrome de Laura, Síndrome de CenicientaSíndrome del ImpostorSíndrome de Laura Pausini (SLP)Síndrome de la AsimetríaSíndrome de Capgras o de familiaridad falsa o Ilusión de Sosias,...

Síndrome de Laura (4/4 Peter Pan, Wendy y Simon )

El Síndrome de LAURA se corresponde en mujeres al Síndrome de SIMON en hombres, pero con características diferenciales. LAURA es un acrónimo que resume Liberada, Autónoma, Universitaria,  que Racionaliza el Amor

Valoran la Libertad y la Liberación, huyendo del compromiso, sin apego a un hombre para asegurarse la independiente. Buscan la Autonomía para que que nadie las controle, expresado autosuficiencia. Eligen vivir solas, para sólo ellas decidan sobre qué hacer o no, para que nadie les impide disfrutar de sus emociones. 

Con alta cualificación Universitaria y prestigio profesional, llegan a Racionalizar el Amoreligiendo la soltería y sin compromisos amorosos o de pareja. Algo que desvirtúa la componente emocional de toda relación humana significativa. El Amor es propio, amor a sí mismas, de manera que piensan en ellas y en nadie más. Prefieren que el mundo gire a su alrededor, eligiendo sus placeres y sin necesitar de un hombre en especial para obtener y disfrutar con sus emociones.

Síndrome de Laura, Simon, Wendy, Peter Pan,...
Puede el Síndrome de Laura parecer un espejo del Síndrome de Simón, porque son personalidades coetáneas. Pero ser una Laura no es divertido como ser un Simón, aunque es sicológicamente es mucho más sana esta personalidad. Las mujeres suelen ser más inteligentes y piensan más en lo que hacen. Las causas de dichos síndromes suelen ser debidas a que en su infancia nunca fueron corregidas por sus padres ("Síndrome de la Emperatriz"). Pero toda esta fachada demuestra que dentro de todo hay seres bastante indefensos en los Simón y en las Laura.

En ocasiones, ante un Simón su pareja puede adoptar un rol de Laura, y quizá esa simetría sentida del el otro lado le ayude a madurar. Y viceversa, ante una Laura conviene darle de su misma receta con un Simón.
   
Otros síndromes: Síndrome de Peter PanSíndrome de WendySíndrome de Simón, Síndrome de Laura, Síndrome de Cenicienta, Síndrome del Impostor, Síndrome de Laura Pausini (SLP), Síndrome de la Asimetría, Síndrome de Capgras o de familiaridad falsa o Ilusión de Sosias,...

Síndrome de Solomon Asch, un miedo que te hace infeliz


Imagen creada con Copilot de Bing

 El "Síndrome de Solomon" se define como el miedo patológico a ser diferente al grupo. Las personas que experimentan este síndrome tienden a opinar igual que los demás, incluso si creen que la opinión del grupo es incorrecta. El temor a destacar o a ser el centro de atención les lleva a adoptar comportamientos que evitan sobresalir. 

Este síndrome se basa en el experimento de conformidad realizado por el psicólogo Solomon Asch en el año 1951. En dicho experimento, se mostraban a un grupo de estudiantes cuatro líneas y se les pedía que indicaran cuál de las tres primeras líneas (A, B o C. era igual a la cuarta. A pesar de que la respuesta correcta era obvia (B), en cada grupo todos eran cómplices del investigador y tras acertar en las primeras pruebas, luego daban al unísono una respuesta claramente errónea (como la A). El único que no estaba compinchado se sumaba generalmente a quienes respondían incorrectamente, para no diferir de la clase. Cuando se les preguntaba en privado, admitían conocer la respuesta correcta, pero temían destacarse o equivocarse.

En resumen, el Síndrome de Solomon puede hacer que se pierda la identidad por el miedo a destacar sobre el resto. Es importante reconocerlo y buscar estrategias para no infravalorarse y expresar nuestras opiniones genuinas sin temor a ser diferentes. 

Superar el Síndrome de Solomon puede ser un proceso gradual, pero aquí hay algunas estrategias que pueden ayudar. 1º Autoconciencia: Reconoce que estás experimentando este síndrome. Aprende a identificar cuándo estás cediendo a la presión del grupo y evitando expresar tus propias opiniones. 2º Educación y comprensión: Investiga más sobre el síndrome y comprende que es común sentir miedo de destacar. Saber que no estás solo en esto puede ser reconfortante. 3º Confianza en ti mismo: Trabaja en fortalecer tu autoestima y confianza. Reconoce tus habilidades y méritos. Recuerda que tus opiniones son valiosas y merecen ser escuchadas. 4º Practica la asertividad: Aprende a expresar tus pensamientos y opiniones de manera respetuosa pero firme. No temas diferir del grupo si realmente crees en algo. 5º Busca apoyo: Habla con amigos cercanos o un terapeuta sobre tus sentimientos. A veces, compartir tus preocupaciones puede aliviar la carga emocional. 6º Desarrolla habilidades sociales: Practica interactuar con personas fuera de tu círculo habitual. Cuanto más te expongas a diferentes perspectivas, más cómodo te sentirás siendo tú mismo. 7º Celebra la diversidad: Aprende a apreciar las diferencias en opiniones y personalidades. No todos deben pensar igual, y eso es lo que hace que el mundo sea interesante.

Otros casos correlacionados son el Efecto Halo y el Efecto de Primacía.
Otros posts nuestros sobre diversos síndromes.

Síndrome de Munchhausen

¿No será quizá que vivir es una enfermedad imaginaria?

El síndrome de Münchhausen es el trastorno psicopatológico ficticio más conocido, definido como un deseo irrefrenable de recibir asistencia médica. El caso más famoso de la historia médica lo protagonizó el inglés William McIlroy (1906-1983), quien consiguió ser intervenido quirúrgicamente 400 veces. Estuvo internado en cien hospitales distintos, bajo 22 nombres falsos. El mayor periodo de tiempo que permaneció sin hospitalizar desde que desarrolló el síndrome fue de seis meses. Finalmente, en 1979, súbitamente creyó superada su enfermedad, afirmó taxativamente que ‘estaba harto de tanto hospital’ y se recluyó voluntariamente hasta el fin de sus días… en un asilo geriátrico.

Este extendido mal se caracteriza por aparentar una enfermedad física inexistente para deambular de hospital en hospital. El término que lo designa, síndrome de Münchhausen, fue acuñado por Asher tomando el nombre de Karl Friedrich Hieronymus, Barón de Münchhausen. Este personaje nació el 11 de mayo de 1720, en Bodenwerder, Alemania, y desde su cuna aristocrática hizo carrera militar como oficial de caballería en el ejército ruso. Combatió contra los turcos y alcanzó fama por sus historias de aventuras impregnadas de una gran fantasía. Tras fallecer en 1797, Rudolf Erich Raspe recopiló sus fábulas en la obra "Las aventuras del Barón de Münchhausen" en 1785, y Gottfried August Bürger escribió otra célebre versión en 1786.

La excéntrica "simulación de Münchhausen " es una desarreglo somatoforme cuyos síntomas físicos, gravedad y duración no puede ser explicada por ninguna enfermedad orgánica subyacente. En un grado sumo de hipocondría, estos enfermos psicosomáticos (más frecuentemente varones) inventan repetidamente padecimientos y suelen ir de médico en médico en busca de tratamiento y pruebas diagnósticas. Fingen preferentemente enfermedades de difícil pronóstico, como las de tipo Abdominal Agudo, de tipo Hemorrágico o de tipo Neurológico (cefaleas o pérdida de conciencia). Un elemento detector de estos pacientes imaginarios con un trastorno límite de personalidad, suele ser que explican su caso de forma dramática, pero son evasivos cuando relatan sus ingresos hospitalarios y muy reacios a que se revise su historial clínico.

Generalmente, estos crónicos dolientes son inteligentes y con recursos para emular enfermedades con sobrado acierto, además de disponer de un minucioso conocimiento sobre las prácticas clínicas. Así logran su objetivo de tratamientos continuados, análisis intensivos y hospitalización prolongada, e incluso de cirugía mayor. Su engaño es plenamente consciente, pero no sus motivaciones ni su necesidad de atención por parte de los demás.

Lo cierto es que esta patología es una enfermedad propia de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, cuando abundan los problemas emocionales . A falta de otro tipo de atención personal, sólo queda como último el recurso médico para algunas personas. Desde la anécdota común de la viuda anciana que vive sola y que diariamente acude a su médico de cabecera, excepto cuando se excusa porque no puede ir al estar enferma, hasta graves formas clínicas del síndrome de Münchhausen en edad pediátrica. En este caso puede ser por parte de los mismos preadolescentes, o por proximidad (por poderes) cuando los niños son víctimas de una enfermedad fabulada por sus progenitores (generalmente, la madre).

A todos nos conviene desmitificar las enfermedades. Cuando Goethe creía que “la salud es clásica; la enfermedad, romántica”, se refería más a las revoluciones culturales que a las enfermedades individuales. Es verdad que si no pudiesen contar, y presumir, de algunos achaques, habría muchos menos enfermos. También que, al igual que casi todos los médicos tienen sus enfermedades favoritas, también los pacientes mantenemos nuestros males predilectos. Pero no caigamos en el pesimismo de Heine cuando opinaba que ‘la vida es una enfermedad; el mundo todo, un hospital; y la muerte, nuestro médico’. Mejor pensemos que mucho remedio es peor que la enfermedad. Sumémonos al lema de Bulwer-Lytton: ‘Niégate a estar enfermo. Nunca digas a nadie que estás enfermo, nunca lo confieses. La enfermedad es una de las cosas que se debe rechazar por principio’.

El síndrome del usuario de vehículos eléctricos 

Antes de nada, hemos de confesar que somos adictos al vehículo eléctrico. Incluso formamos parte de una conocida asociación de usuarios convictos de la movilidad sostenible, que se autodenomina como AUVE. Son muchos años de uso constante de estos motores a batería, y bastan pocos días para caer en ese conjunto de síntomas que hemos de reconocer como "el síndrome del usuario de vehículos eléctricos".

Al principio, todo parecía anecdótico. Se había descrito previamente y difundido profusamente que pasarse a la movilidad eléctrica produciría una "ansiedad de autonomía". Pero eso fue lo de menos y la experiencia de conducción rápidamente difuminó ese miedo, porque bastaron unos pocos viajes largos para que esa preocupación desapareciera sin dejar rastro. 

Pero entonces, cuando nos sentíamos felices, vino lo peor,... Todo provino de que nos acostumbramos a esas ilusiones, irrealizables en la actualidad, de que era posible viajar sin ruidos, sin contaminar, sin vibraciones,... y en un mundo imaginario donde nadie ensucia la atmósfera, ni ensordece, ni arruina el futuro y el presente de sus vecinos y de su ciudad.

Ahí comenzaron nuestras pesadillas. Resulta inenarrable, pero estos fueron los primeros indicios de que algo estaba mal. Todo aquello que nos parecía normal, aceptable, cotidiano,... dejó de serlo. Veamos algunas señales de que algo grave nos había pasado, porque comenzamos a creer que vivíamos en una realidad distópica:
  • Nos vimos rodeados de ruidos, de motoristas que podían despertar a toda una ciudad o de conductores agresivos que bramaban chulescos con sus obsoletos cacharros, reliquias históricas por muy reciente que fuera su compra, pero que ni la policía los oía. 
  • Comenzamos a sentirnos ahogados cuando esas traqueteadas furgonetas esparcían humos negros de olor insufrible, pero que a nadie más molestaban.
  • Tampoco el resto de los mortales parecía sufrir con los traqueteos de los motores diésel de los autobuses, o cuando se quedaban hablando en su garaje subterráneo durante mucho tiempo en medio de la humareda de sus motores de combustión encendidos.
  • Aparecieron como si nunca hubieran existido esas horrendas manchones negros de grasa en todo tipo de aparcamientos y calzadas, así como esas bocanadas de aromáticos olores (VOC) derivados del petróleo refinado al repostar, tan consustanciales con la civilización (o apocalipsis) del consumo irrefrenable.
  • La desconexión fue creciente: Dejamos de acudir a las gasolineras para repostar, nos desinteresamos de aceites y aditivos, y olvidamos aquellas inolvidables visitas a talleres para las periódicas revisiones de mantenimiento,... Ya no frecuentábamos aquellos alegres lugares donde se socializa, mientras nosotros recargábamos aislados en la soledad del hogar, del trabajo o en lugares de paso.
  • Lo peor fue la pérdida de la belleza de la complejidad de los motores de combustión interna, con sus miles de piezas en movimiento, lanzando calor, humos irrespirables e ineficiencia por doquier,... Nos habían convencido esos simplones y pequeños motores irrompibles y sin rozamiento. No advertíamos que se infiltraban en los últimos rincones del universo, después de haberse adueñado de casi todo en ascensores, electrodomésticos, bicicletas y patinetes o transporte limpio como Metros o AVEs,... y comenzando a entrar en autobuses, camiones, barcos y aviones.
Las alucinaciones fueron creciendo. La siguiente fase fue la incapacidad de comprender todas aquellas maravillas que admiraban nuestros conciudadanos y que no lográbamos apreciar:
  • Llamaban libertad a los atascos inmensos de coches humeando en medio de un embotellamiento, que aprovechaban para bajar las ventanillas a fin de escuchar esos rugidos y respirar aire filtrado por tan complejos como engañosos sistemas de catalizadores e inyectores de urea.
  • Idolatraban esa aceleración que no acaba de llegar, esa potencia teórica que se alcanza finalmente cuando suben las revoluciones del cigüeñal,.. Esa lentitud que otros habíamos sustituido por la inmediatez y par motor máximo propios de cualquier motor eléctrico.
  • Consideraban el número de tubos de escape como una cualidad de un coche, de modo que cuanta más contaminación vertían a su alrededor mejor era el producto (a pesar de que quienes primero lo aspiraban eran su familia y ellos mismos). 
  • Incumplían sistemáticamente las normas de tráfico, especialmente las limitaciones de velocidad, alardeando de ello, algo por lo que habíamos perdido el gusto nosotros al habernos habituado a esas capas de software de seguridad y ayudas a la conducción automatizada. 
Continuará el relato, porque no cesan ni menguan las manifestaciones o la gravedad de nuestro reciente síndrome del usuario de vehículos eléctricos. Ayúdennos a superar esta grave afección y no caigan en la tentación de probar, ni una sola vez, estos peligrosos productos aparentemente inocuos, pero de pérfidas intenciones. Hay incluso quienes les atribuyen conspiratorios intereses de desequilibrar ese armónico entramado de geopolítica del petrodólar, y todo para animar a la subversión del autoconsumo sostenible.
El síndrome del usuario de vehículos eléctricos

Síndrome FOMO, Fear Of Missing Out, y otros miedos

Transtormo FOMO o nomofobia
El Síndrome FOMO (Fear of missing out) es una patología psicológica descrita como «una aprensión generalizada de que otros podrían estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente». Este tipo de ansiedad social​ se caracteriza por «un deseo de estar continuamente conectado con lo que otros están haciendo».  

Queremos vivir intensamente y sublimamos lo que hacen los otros o lo que creemos que hacen. El peligro de esta idealización, de ese miedo a perdernos algo, es vivir eternamente insatisfechos y alejarnos más de la felicidad.
JOMO versus FOMO
Para enfrentarse a ese Síndrome FOMO de enfocarse únicamente en el momento actual y en lo que verdaderamente importa, surge un nuevo concepto llamado JOMO, Joy Of Missing Out, el placer de perderse las cosas, en español, y que invita a vivir distintas experiencias sin pensar en la cantidad de likes que tendrá o siquiera en compartir algo relacionado al tema.

Una de las primeras personas en acuñar este término fue la escritora y oradora Christina Crook. En el año 2014 publicó su libro The Joy of Missing Out: Finding Balance in a Wired World (La alegría de perderse: encontrar el equilibrio en un mundo conectado). En su escrito, la autora plantea que estar siempre conectado puede traer efectos negativos y que en cambio, vivir con opciones alternativas puede traer recompensas y actitudes positivas en nuestro día a día.

Sobre JOMO indica: “Siempre les digo a las personas que deben superar esto de sentir que su vida es aburrida por una publicación de una persona. Hay que ir a un lugar porque realmente quiero ir, no porque está de moda en redes sociales, quiero comprar algo porque me encanta no porque lo usan todas en su Instagram. Lo importante es no verse envueltos en un mundo de mentira”.
FUD, Miedo al caos para engañarnos
Otra estrategia de manipulación relacionada es FUD: 'Fear, Uncertainty and Doubt'. La táctica F.U.D. (es decir “miedo, incertidumbre y duda”) es una estrategia comercial consistente en “diseminar información negativa, vaga o sesgada con el objeto de perjudicar a un competidor.” Es decir, desinformar y atemorizar de forma planificada y calculada. 

 Por extensión, la táctica FUD es utilizada por quien quiere presentar su opinión, sus planes y su punto de vista como los únicos sensatos y viables, frente a otras propuestas, a las que se califica de “excéntricas, irreales e insensatas”. La táctica F.U.D. aprovecha uno de los sesgos cognitivos más frecuentes: La inclinación a la negatividad, un mecanismo curioso a la vez mental y social, por el cual es muy común que el aspecto negativo de las cosas sea más atractivo que lo positivo. Basta sembrar dudas que parezcan razonables sobre las alternativas para atraer a la gente temerosa y desinformada al terreno del manipulador interesado (que abunda por doquier).

Cuando Gene Amdahi abandonó IBM en 1970 para montar Amdahl Corp y hacerles la competencia, los vendedores de IBM se dedicaron a infundir miedo, incertidumbre y duda (FUD) sobre los clientes que podían tener en mente consumir productos de Amdahi Corp. Se dice que esta es la primera vez que se define el término FUD, Fear, Uncertainty and Doubt.

El FUD institucional en los últimos años hacia Bitcoin y el mercado de las criptomonedas es un gran ejemplo: blanqueo de capitales, narcotraficantes, estafas, terroristas, tulipanes… poco menos que ‘el dinero de Lucifer’. No es de extrañar, pues muchas empresas se han visto amenazadas con la llegada de un sistema alternativo que les reta desde la descentralización, algo que no pueden controlar. Bancos, proveedores de pagos, gobiernos… son muchos los que han lanzado mensajes interesados en desprestigiar a una industria con la que, pese a todo, no han logrado acabar. Algunos de ellos han acabado incluso subiéndose posteriormente al carro que habían pisoteado. Ya se sabe, si no puedes con tu enemigo…

Así son los mercados: mientras con una mano se siembra incertidumbre y miedo, con la otra se compra y se acumula el activo que se difama para luego, una vez que se ha conseguido lo que se quiere, volver a hablar bien de él con la intención de que el precio suba. Así, mientras desde JP Morgan tachaban a Bitcoin de “fraude” y prohibían a sus trabajadores comerciar con él bajo amenaza de ser despedidos, ahora ofrecen a sus clientes productos basados en aquello que llamaron “fraude”. ¿Simplemente cambiaron de opinión o compraban mientras lo difamaban? Cualquier opción es posible.
FOMO, Fear of missing out, miedo de quedarse fuera
La industria de las criptomonedas vive casi de forma permanente entre el FOMO y el FUD. Aunque una pueda parecer positiva y la otra negativa, ambas logran desencadenar efectos devastadores. Y las dos, a su vez, pueden resultar incluso positivas si saben identificarse a tiempo.

Lo cierto es que es algo que se repite en cada ciclo, entre las fases de euforia y depresión: antes de llegar a los casi 20.000 dólares en 2017 la gente intentaba entrar al mercado a toda costa (FOMO). Pero una vez concluye la tendencia y el precio corrige fuerte el mensaje que cobra fuerza es que Bitcoin y el resto de las criptomonedas se van a ir a cero, que van a desaparecer y que solo las usan los delincuentes (FUD). Durante ese tiempo el precio llega a su punto más bajo y poco a poco vuelve a remontar. Nadie se fía aún, podría tratarse solo de un rebote, uno más, para seguir a la baja hasta su desaparición. Pero el precio comienza a subir y a dar signos de fortaleza. Desde los 3.000 dólares acaba volviendo a los 20.000, luego a los 40.000 y el precio toca los 60.000. Aparecen cifras que predicen precios desorbitados en distintas publicaciones, en canales de YouTube o en cuentas de Twitter mientras las noticias positivas rodean de nuevo al mercado. El FOMO, una vez más, ha vuelto a escena.
Un anuncio que activa el Síndrome FOMO, invitando a jugar la lotería.

Gaviota con el síndrome de parálisis en la Playa de Mil Palmeras

Gaviota con el síndrome de parálisis en la Playa de Mil Palmeras
Nuestra habitual mañana en la Playa de Mil Palmeras nos ha acercado hoy a una triste realidad: La paulatina desaparición de las gaviotas, quizás por envenenamiento afectadas por el síndrome de la parálisis.

Hacia el mediodía hemos visto una gaviota posarse en el agua, pero muy cerca de la orilla. Enseguida ha salido a la arena, caminando con dificultad. Tras un par de intentos infructuosos de volver a volar, se ha posado sin apenas moverse, como puede verse en las imágenes. Tampoco ha reaccionado a los intentos de darle algo de agua o comida. 

Desde distintas teléfonos y redes sociales, incluso de los socorristas de la playa, hemos contactado con distintas entidades y organizaciones, incluso con un veterinario de Pilar de la Horadada. Finalmente, muchas horas después parece que sigue allí, a la sombra, a la espera de que mañana pasen a recogerla desde eCentre de Recuperació de Fauna Silvestre de Santa Faz (Alicante).

Álbum con 25 imágenes de hoyPosts sobre gaviotascentenares de imágenes de gaviotas del Cantábrico y el Mediterráneo.

Crónica de Marcelo en el mundo real (II)

Gracias a la editorial Random House Mondadori, por mediación de Bloguzz, hemos podido disfrutar de este obra con algo de antelación respecto a su próxima fecha de lanzamiento: el viernes 4 de septiembre de 2009. Tras una lectura que se hace muy fácil (tres madrugadas de dos horas y media), sus trescientas páginas dejan un persistente sabor muy agradable. Hablan de amor, educación, aventura, fantasía,... con un lenguaje ameno y un relato variado. Las vivencias de Marcelo, su protagonista "especial" (en el espectro autista se acercaría a una "síndrome de Asperger"), nos revelan la complejidad de la vida, de cualquier adolescente, en cualquier familia, en cualquier sociedad.
El libro es una novela, pero contiene poesía en prosa. La bondad de alguien como Marcelo choca con la realidad de la vida, y el estruendo nos conmociona. Las características de Marcelo permiten a quienes leemos esta obra apreciar con mayor nitidez lo que acontece en el despertar de la juventud, cuando se avecina el encuentro con ese mundo real fuera del entorno familiar o del contexto escolar.
Marcelo descubre -lenta pero intensamente- qué es amar, se debate entre las viejas y las nuevas lealtades (que finalmente entrelaza), comprende que la imperfección existe en el mundo y aprende a navegar contra el oleaje de la procelosa realidad. Marcelo nos enseña mucho del ser humano: Nos enseña a perdonar, a olvidar, a proseguir, a reflexionar, a continuar, a avanzar,...
"Marcelo en el mundo real" es un perfecto regalo para niños y jóvenes, y para quienes han olvidado con la edad que la vida es bella, aún con sus cicatrices, sus penas, sus desdichas,... Libro recomendado para las navidades, para el cumpleaños de alguien joven, para alegrar las tristezas, para cantar a la vida y para hallar la belleza en nuestro alrededor.
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Algunos datos y curiosidades adicionales:
  • No se cita expresamente el "síndrome de Asperger" hasta la página 60 de la "edición anticipada", que cuenta con 300 páginas y otras dos finales con una nota del autor.
  • En la página 90 se advierte una grave errata, con un error físico que Marcelo jamás cometería. Al hablar de la tabla periódica, el protagonista dice: "Es una tabla de todos los elementos químicos ordenados por el número de átomos (protones, debería decir) que contienen".
  • La música citada en la página 231, la que quiso escuchar la madre de Jasmine en su agonía, Gymnopédies del compositor Erik Satie, fue el título de una de las libros que leímos y analizamos el verano pasado, obra de nuestro amigo bloger Fernando García Pañeda.
  • El dilema con intriga final, casi detectivesco, se resuelve de modo que no citaremos, pero sí indicaremos que habíamos imaginado un final más complejo y glorioso (que estaríamos dispuestos a compartir con quienes lean el libro y lo analicen en los comentarios).
  • [Avance del libro en un post anterior. Inclusión en nuestros goodreads.com (libros recomendados).]

¿Libros, DVDs, CDs, enciclopedias, diccionarios, a quién donarlos?

¿Libros, DVDs, CDs, enciclopedias, diccionarios, a quién donarlos?
Dentro de nuestra aventura hacia el spartanismo o la austeridad, síndrome anti-Diógenes, nos hemos embarcado en la tarea de eliminar cosas inútiles o que no hemos utilizado en décadas. Ello alcanza también a objetos como Libros, DVDs, CDs, enciclopedias, diccionarios,... (ver en este hilo de Facebook).

Nos ha sorprendido que nadie quiere ni retirar gratuitamente libros de texto, enciclopedias o diccionarios,... sin importar que estén en perfecto estado, sin apenas uso, o incluso aún con su envoltura sin abrir (CDs de música clásica o moderna,...).

Lo único que hemos conseguido es que venga alguien de la ONG Emaús Dendak de Getxo a validar si lo recogen gratuitamente o indicarnos cuánto nos va a costar no tirarlo todo a la basura. La única alternativa que podría pagar (algo así como ¡5 céntimos de euro por objeto que sea de su interés!) es algún Cash Converter como el de Bilbao, pero exige llevarlo hasta allí, que sea libro de literatura tapa dura en buenas condiciones,...  y esperar que validen algo (haremos una visita de prueba esta semana con algunos CDs,...).

La última opción es Wallapop, véase nuestro perfil abierto, pero me parece lenta, engorrosa e igual de casi gratuita para las posibles molestias que ocasione.

Por todo lo cual, si a alguien se le ocurren otras posibilidades o, simplemente, se compromete a acercarse a Getxo y llevarse un magnífico material gratis, que nos escriba un comentario y ya acordaremos la entrega.
Spartanismo o síndrome anti-Diógenes

Síndrome Estitxu

Un sentido homenaje a la cantante Estitxu, en reconocimiento a su meritoria vida y a su extensa obra.

Estitxu, Estibalitz Robles-Arangiz, fue una conocida cantautora vasca, muy representativa de su época (1944 – 1993). Hay una anécdota, recogida de buena fuente, que relataba cómo en la transición, tras la persecución franquista que sufrió Estitxu, se recurría a ella cuando los organizadores (barrios o municipios,..) no disponían de presupuesto alguno. Siempre lograban su participación generosa ofreciendo sólo buenas palabras, indicando que en próximas ocasiones contarían con ella cuando hubiese dinero para compensar su esfuerzo. Lo cierto es que cuando finalmente disponían de algún recurso, se olvidaban de llamarla argumentando: "Es que está muy vista de los años anteriores",...

Constituye un fenómeno social característico que podríamos llamar el "síndrome Estitxu": Aceptar y sufrir el estereotipo de persona voluntarista a la que se recurre en la necesidad, pero a la que realmente no se valora y aprecia como se merece... cuando se tiene la ocasión de demostrarlo.

La cultura popular debe distinguir y admirar la gran aportación de muchas ‘estitxus’, personas dedicadas y desinteresadas, que pueden ser magníficamente representadas por personajes reales como la gran artista que fue Estibalitz Robles-Arangiz.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2007/estitxu.DOC
Puede oírse su "Agur María" de 1970.

Síndrome del aro salvavidas

Síndrome del aro salvavidas
Leer "No-Cosas: Quiebras del mundo de hoy" de Byung-Chul Han cambia la perspectiva. Las cosas, las reales, cobran importancia. Esos objetos cotidianos, que componen nuestra realidad, de pronto se ven dotados de alma. Como esos llamativos aros salvavidas anaranjados que observan inmóviles el paso de las estaciones en nuestras piscinas.

De nombre rimbombante, salva-vidas, su trascendente misión es más improbable que el riesgo cierto de ser robadas o usadas en alguna gamberrada.  Pero ahí están, por normativa y seguridad. 

Su incierto destino es una buena metáfora: Representan a tantas y tantas personas a quienes habitualmente no recurrimos, pero que están ahí para ayudar decisivamente si fuera necesario. Personas como los abuelos o personas mayores, a quienes en algunos casos no se acude a menos de que sea imprescindible. 

¡Ah, pero si nos faltan en momentos críticos! Ahí sí entenderíamos hasta qué punto su existencia y proximidad eran esenciales en nuestras vidas. 

Volviendo a los flotadores salvavidas,... Ellos, si van por parejas, al menos se ven en equipo. Cada uno en su rincón, cubriendo una zona de auxilio,... Y sí, creo que me ha parecido ver que se cruzan miradas para sentirse acompañados en su trascendente soledad.

El síndrome de Sthendal

Lo más parecido al "síndrome de Sthendal" que he experimentado ha sido... esto, y no esto otro.

¿Una “sobredosis de belleza artística”? Sí, especialmente cuando viene rodeado de esto.

La inmejorable época era poco después de aquel año.

Y, sobre todo, cuando se está en esta edad...

... y se ha leído "Rojo y negro".