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De Vicepresidente a activista: Legado ambiental de Al Gore

Albert Arnold Gore Jr., conocido mundialmente como Al Gore, representa uno de los casos más singulares de reinvención política del siglo XXI. Nacido el 31 de marzo de 1948 en Washington D.C., este político estadounidense pasó de ser vicepresidente de Estados Unidos a convertirse en el principal activista climático del planeta, demostrando que el liderazgo ambiental puede ejercerse desde múltiples plataformas.

Trayectoria Política: Poder y Frustración. Gore creció en un ambiente político privilegiado como hijo del senador Albert Gore Sr. Tras graduarse en Harvard y servir brevemente en Vietnam, inició su carrera política en 1976 como representante demócrata por Tennessee. Su ascenso fue meteórico: senador en 1985 y vicepresidente junto a Bill Clinton de 1993 a 2001. Durante su mandato como vicepresidente, Gore ya mostraba un interés inusual por las cuestiones medioambientales, aunque la agenda política de la época relegaba estos temas a un segundo plano.

La elección presidencial de 2000 marcó un punto de inflexión dramático. Gore ganó el voto popular frente a George W. Bush por más de medio millón de votos, pero perdió en el Colegio Electoral tras una controvertida decisión de la Corte Suprema sobre el recuento en Florida. Esta derrota, considerada una de las más disputadas de la historia estadounidense, paradójicamente liberó a Gore para dedicarse por completo a su verdadera pasión: la lucha contra el cambio climático.

Una Verdad Incómoda: Ciencia para las MasasEn 2006, Gore lanzó el documental "Una verdad incómoda" (An Inconvenient Truth), que se convertiría en su obra más influyente. El filme, dirigido por Davis Guggenheim, presentaba una versión cinematográfica de la conferencia sobre calentamiento global que Gore había impartido durante años. Con gráficos impactantes, datos científicos accesibles y un tono urgente pero pedagógico, el documental logró lo que décadas de informes científicos no habían conseguido: hacer del cambio climático un tema de conversación cotidiana.

La película abordaba el deshielo glaciar, el aumento del nivel del mar, los eventos climáticos extremos y las proyecciones futuras con una claridad demoledora. Su famosa imagen subido a una plataforma elevadora para mostrar el aumento proyectado de temperaturas se convirtió en icónica. El documental recaudó casi 50 millones de dólares y ganó dos premios Óscar, demostrando que el cine documental podía ser tanto educativo como comercialmente exitoso.

En 2007, Gore compartió el Premio Nobel de la Paz con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) por sus esfuerzos para construir y diseminar conocimiento sobre el cambio climático antropogénico. Posteriormente, en 2017, presentó la secuela "Una verdad incómoda 2: Nuestro momento", que evaluaba los progresos y retrocesos en la lucha climática.

Legado y Controversias: Una Valoración Equilibrada. La contribución de Gore a la concienciación climática es innegable. Convirtió un problema científico complejo en un imperativo moral comprensible, inspirando a millones de personas y facilitando el camino para acuerdos como el de París. Su capacidad para comunicar ciencia de manera accesible sin trivializarla estableció un modelo para la divulgación ambiental.

Sin embargo, su legado también enfrenta críticas legítimas. Algunos científicos señalaron imprecisiones o exageraciones en sus presentaciones iniciales, aunque las tendencias generales que predijo se han confirmado dramáticamente. Sus inversiones en empresas de tecnología verde generaron acusaciones de conflicto de intereses, aunque otros argumentan que demostró coherencia al invertir en las soluciones que promovía.

Quizás la crítica más persistente sea la paradoja de su estilo de vida: residencias de alto consumo energético y viajes frecuentes en jet privado parecían contradictorios con su mensaje, aunque Gore respondió implementando compensaciones de carbono y energías renovables en sus propiedades.

Al Gore (otros posts) transformó una derrota política en una victoria para la conciencia planetaria. Su trabajo demostró que la comunicación efectiva puede ser tan importante como la investigación científica para impulsar el cambio. En la educación ambiental contemporánea, su modelo de divulgación accesible, emotiva y basada en evidencia sigue siendo referencial, recordándonos que el conocimiento sin comunicación permanece inerte. Al Gore logró traducir décadas de ciencia climática en un relato comprensible, urgente y éticamente ineludible. (Puestos a imaginar, sigue este TikTok)

@leaders.inevolution What If Al Gore won in 2000? #AlGore #History #Leadership #AlternateHistory #WhatIfStory ♬ som original - N_K - >_&lt ♪

La pedagogía del ejemplo, también con los móviles

Recogemos una TEDx Eindhoven, que acaba de salir publicada antes de ayer. En apenas 7' ofrece estrategias prácticas de bienestar digital, para las familias. La conferenciante Stephanie Reina es una norteamericana residente en Madrid.

"Criando hijos en un mundo de pantallas: Una Crítica al Espejo Digital", En el debate contemporáneo sobre la educación y la tecnología, solemos poner el foco en la vulnerabilidad del menor. Nos obsesionamos con el control parental, el tiempo de pantalla y las restricciones legales, asumiendo que el problema es una suerte de virus externo que infecta la voluntad de nuestros jóvenes. Sin embargo, como sugiere Stephanie Reina en su reciente intervención, la crisis de atención en la infancia no es solo un fenómeno generacional, sino un síntoma de un quiebre en el modelado ético y pedagógico dentro del hogar.

El Aprendizaje por Imitación: Más allá de la NormaDesde una perspectiva filosófica y psicológica, el aprendizaje no ocurre por la imposición de la norma, sino por la observación del ethos. Recordando la Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura (posts recientes), el ser humano no es un receptor pasivo de instrucciones, sino un intérprete de acciones. Si el entorno doméstico está mediado por una "presencia ausente" —donde el cuerpo del padre está físicamente allí, pero su atención habita en el éter digital—, el niño no solo aprende a usar una herramienta, sino que interioriza una forma de estar en el mundo. 

Stephanie Reina apunta a una verdad incómoda: el smartphone de los hijos es, a menudo, el reflejo del de sus padres. La ciencia respalda esta intuición. La correlación entre la dependencia materna al móvil y la de los adolescentes no es una mera coincidencia estadística; es el resultado de un espejo de comportamiento que se construye durante años de convivencia.

La Atención (otros posts) como Acto Político y EducativoEn una sociedad que compite ferozmente por nuestra atención (la denominada "economía de la atención"), el acto de dejar el teléfono a un lado no es solo una medida de higiene mental, es un acto de resistencia educativa. Educar hoy requiere una ética de la presencia.

Para recuperar este espacio, el postulado de Reina se aleja del moralismo abstracto y propone una "ascética" cotidiana a través de dos prácticas sencillas pero profundas: 1º La Localización de la Tecnología: Tratar el smartphone como un objeto fijo (el viejo "teléfono de pared") rompe la simbiosis entre el cuerpo y el dispositivo. Al no llevar el móvil encima, reclamamos nuestra autonomía motriz y atencional. 2º El Resguardo de la Mirada: No usar el dispositivo frente a otros es un reconocimiento de la alteridad. Cuando un padre mira su teléfono mientras su hijo le habla, el mensaje implícito es que el dispositivo ofrece un mundo más valioso que la realidad compartida.

Conclusión: La Herencia del HábitoA menudo olvidamos que la educación es un proceso de "larga duración". Así como heredamos de nuestros padres el hábito casi inconsciente de apagar las luces al salir de una habitación —no por una charla técnica sobre electricidad, sino por la repetición constante de un ejemplo—, nuestros hijos heredarán nuestra relación con el silencio, el aburrimiento y la conexión humana.

La verdadera revolución educativa en la era digital no vendrá de una ley gubernamental o de una nueva aplicación de control parental. Vendrá de la capacidad de los adultos para reivindicar su propia atención. Si queremos que nuestros hijos levanten la mirada de la pantalla, debemos ser nosotros los primeros en redescubrir la profundidad de la realidad que nos rodea. El secreto, al final, es tan antiguo como la propia filosofía: El ejemplo es la única enseñanza que deja huella.

Como bonus final, otro REDx con la misma ponente, que sí está subtitulado en español.

Nueva educación... sin esperar a nadie (Reducación 2, crisis educativa)

Esta entrada es la segunda parte de una serie de tres posts encadenados, que se publicarán a razón de uno por día (ayer, hoy y mañana), concluyendo en una nueva propuesta sobre educación. Incluye dos vídeos con fuertes críticas sobre el sistema educativo actual. Están centrados y se refieren específicamente a Estados Unidos y el Reino Unido. No porque su educación sea peor que otras de su entorno, sino porque su periodismo (incluido WikiLeaks) es mucho mejor que el que abunda por nuestros lares...

Abunda en la misma idea de esta trilogía de posts. Estábamos "esperando a Superman", cuando descubrimos que "nosotros somos quienes hemos estado esperando"... El primero, Waiting for “Superman, a Documentary about School Choice, es una dura reflexión sobre si estamos ayudando a que se cumplan los sueños escolares de nuestra infancia. La escuela está fallando, continúa. Con palabras muy contundentes, con conocimiento de causa, concluyen: "Algo está fallando en el sistema educativo". En un ranking educativo ubican a EE.UU. entre... España y Portugal, y el alumnado estadounidense sólo es el primero... en autoconfianza. Eso, y autocomplacencia, es lo que parece abundar entre quienes debieran liderar la búsqueda de una educación de calidad y de equidad. Finalmente, alguien lo describe demasiado gráficamente: "Nuestros niños y niñas están en un Titanic,... y van a naufragar".

Y no es un vídeo cualquiera. Su autor es Davis Guggenheim, director oscarizado y creador de tres de los cien mejores documentales de todos los tiempos, con obras como "Una verdad incómoda" An Inconvenient Truth, con la que Al Gore viajó por todo el planeta y le sirvió para ganar el Nobel de la Paz,... It Might Get Loud, y Waiting for 'Superman').
El segundo vídeo, We are the people we´ve been waiting for, con una bellísima melodía y una cuidada realización muestra cómo Bill Clinton prometía que la educación de la ciudadanía sería la mejor posible, y cómo Tony Blair al principio de sus mandatos aseguraba que sus tres prioridades eran: "Educación, educación y educación". Con una claridad que muchos agradeceríamos se dijese entre nosotros, porque ni a entusiasmar tanto se atreven nuestros políticos.
La música de fondo personaliza a la juventud actual, y advierte que habrán de enfrentarse a un mundo complejo y dificultoso como nunca lo hubo en el pasado. Predice que los problemas no van a desaparecer, sino que -de hecho- aumentarán. Por ello, nuestras generaciones más jóvenes habrán de ser más preparadas, más inteligentes y más capaces de adaptarse que nunca. Y el único camino es la educación. Termina diciendo: "Somos la juventud de hoy y hemos de asumir el protagonismo de nuestra propia educación. Sin esperar a nadie. Nosotros somos quienes hemos estado esperando". Maravilloso mensaje que ojalá adopte como lema nuestra juventud.

Esta entrada es la segunda parte de una serie de tres posts encadenados, que se publicarán a razón de uno por día, concluyendo en una nueva propuesta sobre reducación.

Efecto Dunning-Kruger que explica el cuñadismo, el negacionismo o... Twitter


En psicología social, el Efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo en virtud del cual los individuos incompetentes tienden a sobreestimar su habilidad, mientras que los individuos altamente competentes tienden a subestimar su habilidad en relación con la de otros. Está relacionado con el sesgo cognitivo de la superioridad ilusoria (sobre el que hemos escrito recientemente).

El Efecto Dunning-Kruger se debe a la incapacidad de los individuos incompetentes para reconocer su propia ineptitud, y a que los individuos muy competentes tienden a subestimar su competencia relativa. A consecuencia de este sesgo, los individuos competentes tienden a asignar tareas difíciles a individuos que no tienen habilidad suficiente para completarlas en la creencia de que dichas tareas son sencillas de realizar, mientras que los individuos incompetentes tienden a acometer tareas para las que no están preparados, y pueden no ser capaces de reconocer su fracaso. Los sujetos afectados por este sesgo tienen disminuida la capacidad metacognitiva para el autoconocimiento, con lo que tienen dificultades para evaluar objetivamente su habilidad o ineptitud.

El Efecto Dunning-Kruger fue descrito por los psicólogos sociales David Dunning y Justin Kruger en 1999 y les hizo merecedores, a ambos, del satírico Premio Ig Nobel de Psicología en 2000. En sus propias palabras, el sesgo resulta de una ilusión interna en personas incompetentes, y de una percepción externa errónea en personas competentes: "la mala calibración del incompetente se debe a un error sobre uno mismo, mientras que la mala calibración del altamente competente se debe a un error sobre los demás".

Fenómenos como el cuñadismo, los tertulistos o el negacionismo pueden ser fruto del Efecto Dunning-Kruger. En comportamiento humano, el negacionismo es exhibido por individuos que eligen negar la realidad para evadir una verdad incómoda. De acuerdo al autor Paul O'Shea, "es el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable. Es en esencia un acto irracional que retiene la validación de una experiencia o evidencia histórica". El autor Michael Specter define el negacionismo grupal cuando "todo un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable".

En ciencia, ha sido definido como el rechazo de conceptos básicos, aceptados y fuertemente apoyados por la evidencia que forman parte del consenso científico en tal área en favor de ideas que son radicales y controvertidas. Se ha propuesto que sus variadas formas tienen en común el rechazo a la arrolladora evidencia y la búsqueda de controversia en un intento de negar que exista un consenso. Un ejemplo usual es el creacionismo de la Tierra joven y su disputa con la evolución.

Se han acuñado los términos negacionismo del Holocausto, de la COVID-19 y del VIH/sida; y se ha llamado negacionistas del cambio climático a aquellos que se oponen al consenso científico que sostiene que el calentamiento global es real y se debe a las actividades humanas. Se ha criticado el uso de la palabra negacionismo como una técnica de propaganda para reprimir puntos de vistas minoritarios. Similarmente, en un ensayo que discute la importancia del escepticismo, Clive James objetó el uso de negacionista para describir a escépticos del cambio climático, afirmando que esto "recuerda al espectáculo de un fanático negando al Holocausto". Celia Farber se opone al término negacionista del vih, argumentando que es injustificado poner esta creencia en el mismo nivel moral que los crímenes nazis de lesa humanidad. Sin embargo, Robert Gallo et al. defienden esta comparación, sosteniendo que el negacionismo del VIH es similar al del Holocausto debido que es una forma de pseudociencia que "contradice un cúmulo inmenso de investigación".

Se han propuesto diversas motivaciones y causas para el negacionismo, incluyendo creencias religiosas y egoísmo, o un mecanismo psicológico de defensa contra ideas perturbadoras. Efecto Dunning-Kruger es la tendencia de los individuos incompetentes a sobreestimar su propia habilidad, y de los individuos altamente competentes a sobreestimar la habilidad de otros individuos. El resultado es que los incompetentes son incapaces de reconocer su ineptitud para desarrollar una tarea, y los competentes tienden a suponer que todos pueden acometerla con la facilidad con la que ellos pueden desarrollarla. Un buen ejemplo puede ser Twitter,...

Las abarcas desiertas: Poesía sobre la pobreza heredada

El 5 de enero de cada año es tiempo de conmoverse con  Las abarcas desiertas de  Miguel Hernández: ética de la pobreza, memoria y dignidad.  La poesía de nuestro admirado Miguel Hernández (de la cercana y pronto revisitada  Orihuela alicantina) ocupa un lugar singular en la tradición literaria española del siglo XX. En ella convergen la experiencia vital extrema, la conciencia ética y una voz poética que, sin renunciar a la belleza formal, se compromete con los desposeídos. Las abarcas desiertas , poema incluido en El hombre acecha (1939), constituye uno de los ejemplos más sobrios y conmovedores de esa poética de la dignidad herida.

A diferencia de otros textos más expresamente políticos del autor, Las abarcas desiertas adopta un tono íntimo y casi infantil para abordar un problema estructural: la desigualdad social y la repetición del sufrimiento de generación en generación . El poema evoca la imagen de un niño —el propio poeta en su memoria— que contempla unas abarcas (calzado humilde de campesino) vacías, símbolo de la ausencia, la carencia y la espera frustrada.

Desde una perspectiva ética, el poema plantea una pregunta incómoda: ¿qué significa crecer en un mundo donde la necesidad no es una excepción, sino la norma? Hernández no describe la pobreza como accidente individual, sino como condición social persistente . Las abarcas no están rotas por descuido; están “desiertas”, deshabitadas, porque quien debería calzarlas carece incluso de lo mínimo. El objeto cotidiano se transforma así en signo moral.

En este sentido, el poema puede leerse como una anticipación literaria de lo que hoy llamaríamos una ética de la vulnerabilidad . El niño no es solo un sujeto pasivo del dolor, sino un testigo temprano de la injusticia. La mirada infantil, lejos de suavizar el drama, lo intensifica: la carencia resulta más insoportable cuando afecta a quien aún no ha tenido tiempo de elegir ni de defenderse. Hernández logra, con un lenguaje llano y casi ascético, una potencia crítica comparable a la de los grandes discursos sociales, pero sin retórica ni abstracción.

Desde el ámbito educativo, Las abarcas desiertas ofrece una oportunidad privilegiada para reflexionar sobre el valor de la memoria. El poema no es únicamente recuerdo personal, sino memoria colectiva de un mundo rural empobrecido, frecuentemente ausente de los relatos oficiales del progreso. En una era dominada por indicadores económicos, innovación tecnológica y promesas de crecimiento ilimitado, la voz de Hernández introduce una pregunta fundamental: ¿quién queda fuera del relato del avance?

Esta cuestión conecta de forma directa con debates contemporáneos en ciencia y tecnología. El progreso técnico, si no va acompañado de justicia social, corre el riesgo de reproducir —con medios más sofisticados— desigualdades antiguas. Las abarcas desiertas pueden leerse hoy como metáfora de las brechas digitales, educativas o energéticas : tecnologías disponibles, pero no accesibles; recursos existentes, pero mal distribuidos. El poema nos recuerda que la ausencia no siempre es falta de medios, sino falta de voluntad colectiva.

En el plano estético, destaca la austeridad formal del texto. Hernández renuncia deliberadamente a la exuberancia metafórica para acercarse a una lengua casi oral, marcada por la repetición y el ritmo sencillo. Esta elección no es casual: el estilo refleja el contenido. La pobreza no se adorna; se muestra. La ética del poema se inscribe también en su forma, coherente con una poética de la verdad desnuda.

Por último, Las abarcas desiertas interpela al lector contemporáneo desde una ética de la responsabilidad. No se trata solo de conmoverse ante la miseria pasada, sino de reconocer las continuidades del presente. La educación humanista —especialmente en contextos científicos y tecnológicos— necesita de textos como este para recordar que todo conocimiento tiene consecuencias sociales. La poesía de Hernández no ofrece soluciones técnicas, pero sí algo previo y esencial: una conciencia despierta.

En un mundo cada vez más mediado por algoritmos, datos y automatismos, la voz de Miguel Hernández (ver otros posts) sigue siendo necesaria porque nos obliga a mirar lo que permanece vacío. Las abarcas desiertas no son solo un recuerdo de infancia: son una advertencia ética que atraviesa el tiempo .

Síndrome de Dorian Gray en Silicon Valley: Séneca o Biohacking

¿Por qué estamos obsesionados con vivir para siempre si no sabemos en qué ocupar un domingo por la tarde? Nos hemos convertido en los gerentes de nuestra propia biología. Si te levantas hoy y lo primero que haces no es mirar por la ventana, sino consultar una aplicación que te dice qué tal has dormido (porque tu propia sensación de descanso ya no tiene autoridad), bienvenido: eres parte del “Yo Cuantificado”.

Vivimos en la era de la optimización total. Desde los protocolos de longevidad de millonarios tecnológicos como Bryan Johnson (otros posts nuestros) —quien gasta dos millones de dólares al año para tener los órganos de un adolescente— hasta el uso casual de nootrópicos y medidores de glucosa en personas sanas. El cuerpo ha dejado de ser el templo del espíritu para convertirse en un hardware defectuoso que necesita parches constantes, updates y mantenimiento preventivo.

El cuerpo como máquina, la educación como software. Esta visión mecanicista no se queda en el gimnasio o en la farmacia; ha infectado nuestras escuelas y bibliotecas. En la educación moderna, cada vez se habla menos de "formación del carácter" o de "sabiduría" y más de "adquisición de competencias", “rendimiento cognitivo” y "eficiencia". Tratamos a los estudiantes como discos duros que hay que desfragmentar y llenar de datos útiles para el mercado.

Si un niño se distrae mirando una mosca, buscamos una etiqueta diagnóstica y una solución química para "reoptimizar" su atención. Hemos olvidado lo que el filósofo Byung-Chul Han (otros posts) llama "el aroma del tiempo": la capacidad de demorarse en las cosas, de aburrirse, de contemplar sin un fin productivo.

La literatura como resistencia a la eficiencia. Aquí es donde los libros —los buenos, los difíciles, los lentos— se vuelven revolucionarios. Leer En busca del tiempo perdido de Proust o enfrentarse a la densidad de Thomas Mann es, bajo la óptica moderna, una pérdida de tiempo imperdonable. No es eficiente. No te hace más rico. No baja tu cortisol de inmediato.

Sin embargo, la literatura nos recuerda una verdad incómoda que el biohacking intenta ocultar: somos finitos, somos falibles y vamos a morir. Los estoicos, como Séneca, no buscaban la inmortalidad física, sino la robustez moral. En su tratado Sobre la brevedad de la vida, Séneca nos advierte: "No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho". Pero su definición de "perder tiempo" no era dejar de trabajar para mirar las nubes; era precisamente lo contrario: gastar la vida en ocupaciones vanas, en la ansiedad por el futuro, en la obsesión por controlar lo incontrolable.

El miedo detrás del dato. ¿Qué hay detrás de esta obsesión por medir nuestros pasos, nuestras calorías, nuestras fases REM y nuestra variabilidad cardíaca? Miedo. Un pánico profundo al azar y a la decadencia.

Al tratar de convertirnos en máquinas biológicas perfectas, estamos extirpando lo que nos hace humanos: la vulnerabilidad, la pasión (que etimológicamente significa "sufrimiento" o "padecer") y el placer no utilitario. Comer ya no es un acto cultural y hedónico, es "ingesta de macros". Leer no es un diálogo con los muertos, es "procesamiento de información".

Conclusión: La rebelión de lo inútil. No estoy en contra de la ciencia ni de la medicina. Aspiro a la longevidad (centenares de posts). Vivir más y mejor es un triunfo de nuestra especie. Pero hay una línea delgada entre cuidar el vehículo y olvidar el viaje.

Quizás la verdadera salud hoy en día no se mida en un reloj inteligente. Quizás la salud mental resida en la capacidad de leer un poema sin buscarle la utilidad, en comer un trozo de pan sin pensar en el pico de glucosa, y en aceptar que nuestras arrugas y cicatrices no son errores del sistema, sino el mapa de que hemos estado aquí, de que hemos vivido, y de que, afortunadamente, no somos robots. Dejemos de optimizar un poco. Empecemos a vivir.

Elefantes en medio de la sala

Elefantes en medio de la sala
Una gran metáfora como es "el elefante en medio de la sala que nadie quiere ver ni mencionar" nos ofrece . Es una variante del TabúPolite fiction, un elefante en una cristalería, esqueletos en el armarioEl traje nuevo del emperadorcuyo origen se remonta al "Conde Lucanor" de Don Juan Manuel en 1335 aunque la historia fuese después realmente popularizada por el escritor Hans Christian Andersen en 1837. 

Bansky pintó un elefante del mismo color de la pared, como parte de su primera exposición en EEUU en 2006, aludiendo al problema de la pobreza global. Fue obligado a “despintarlo”. En inglés, elephant in the room («elefante en la habitación») es una expresión metafórica, una verdad incontrastable que es ignorada o quiere pasar inadvertida. También se aplica a un problema o riesgo obvio que nadie quiere aceptar y discutir.​

Se basa en la idea de que sería imposible pasar por alto la presencia de un elefante en una habitación. Las personas fingen que el elefante no está ahí, para no lidiar con el enorme problema que implica. Sin embargo, la propia presencia de una situación tan grande y obvia se vuelve incómoda para todos los involucrados, quienes, a pesar de ello, continúan evitando atender o hablar del problema.

Fue en 1814 cuando Ivan Andreevich Krylov, un poeta y escritor ruso, publicó una fábula titulada «El hombre inquisitivo». En ella se refería a un hombre que recorría un museo y notaba todo tipo de pequeños detalles pero, asombrosamente, no percibió un elefante. Aquel concepto no murió allí. Fiódor Dostoievski la retomó en su novela “Los endemoniados” cuando escribió: “Belinsky era como el hombre inquisitivo de Krylov, que no se dio cuenta del elefante en el museo.

Finalmente, fue Mark Twain quien perfiló mejor el concepto en El robo del elefante blanco” (leer en PDF), haciendo referencia a la ineptitud y falta de lógica que subyace a ese comportamiento. 
Más tarde,
The New York Times recogió la frase, que luego pasó a convertirse en una expresión popular que se utiliza para referirse a algo obvio que pasa desapercibido o de lo que nadie quiere hacerse cargo. La expresión indica una verdad evidente que es ignorada, aunque también puede tratarse de un problema que nadie quiere discutir o un riesgo que nadie está dispuesto a asumir.
Existen en nuestro entorno muchos elefantes que no queremos ver, de esos temáticas tan enormes que hay que reconocer, debatir y consensuar, tales como:
Post que estuvo en borrador desde el 4-11-2016.  Seguirá completándose.
Recuperado retrospectivamente cinco años después.

El arte de pensar en equilibrio, entre dudas y certezas

A propósito de las elecciones norteamericanas, donde los votantes de Trump parecen tan seguros mientras que los de Harris dudan, ha surgido este post. La historia del pensamiento humano ha estado marcada por una tensión constante entre la duda y la certeza. Estas dos fuerzas, aparentemente opuestas, son también las que impulsan el desarrollo de la inteligencia. La duda cuestiona y deconstruye, mientras que la certeza, al menos temporalmente, estabiliza y orienta. Pero, ¿cómo se entrelazan estos conceptos en el proceso de pensar? ¿Es posible alcanzar una inteligencia plena sin oscilar entre ambos?

La duda como motor del conocimiento

La duda ha sido una de las herramientas más poderosas de la humanidad para descubrir nuevas verdades. Descartes, el filósofo racionalista, afirmó: "Dudo, luego existo", en su famosa Meditación metafísica. Para él, el acto de dudar no solo probaba la existencia del yo pensante, sino que abría la puerta a una búsqueda de verdades más sólidas. Esta postura resalta que la duda, lejos de ser un obstáculo, es el primer paso hacia el conocimiento.

Sin embargo, la duda no es solo un método filosófico, sino una experiencia humana fundamental. Nos enfrenta con la incertidumbre del mundo y con nuestras propias limitaciones. La duda nos impulsa a cuestionar nuestras creencias, nuestras certezas y, en última instancia, nuestra comprensión del mundo. Tal como lo expresó Voltaire, el célebre filósofo de la Ilustración: "Quien es incapaz de dudar es incapaz de aprender".

En este sentido, la inteligencia no es simplemente una capacidad para acumular datos o resolver problemas, sino también la habilidad de mantener un equilibrio entre la duda y la certeza. Un individuo verdaderamente inteligente reconoce que muchas verdades son temporales, sujetas a revisión, y que el escepticismo razonable es una condición necesaria para el progreso del conocimiento.

Las certezas que construyen sentido

Por otro lado, las certezas son indispensables para navegar en la vida cotidiana. Sin ellas, estaríamos constantemente paralizados por la indecisión. Ciertamente, la duda puede estimular la curiosidad y la investigación, pero en algún momento necesitamos puntos de anclaje: certezas que nos permitan actuar y tomar decisiones. El filósofo Ludwig Wittgenstein, en su obra Sobre la certeza, nos recuerda que hay conocimientos que aceptamos sin cuestionar, sobre los cuales se construyen todas nuestras creencias y acciones. Estas certezas son como el suelo bajo nuestros pies, el punto de partida para toda reflexión posterior.

La certeza no es siempre sinónimo de rigidez. Muchas veces, las certezas que adoptamos son flexibles y pueden adaptarse a nueva información. Las teorías científicas, por ejemplo, son "verdades" aceptadas hasta que se encuentren nuevas evidencias que las cuestionen. El físico Albert Einstein revolucionó el mundo de la ciencia al demostrar que muchas de las "verdades" de la física newtoniana no se sostenían en contextos de velocidades cercanas a la luz o en campos gravitacionales intensos. Aun así, los principios de la mecánica clásica siguen siendo "ciertos" dentro de sus límites.

Esto nos lleva a una reflexión clave: nuestras certezas no tienen que ser absolutas para sernos útiles. Incluso las verdades parciales o contextuales nos ofrecen la estabilidad que necesitamos para avanzar.

La inteligencia: Entre la duda y la certeza

La inteligencia, en este marco, no es la posesión de un conjunto de respuestas correctas, sino la capacidad para moverse entre la duda y la certeza con agilidad. Un individuo inteligente sabe cuándo dudar y cuándo aferrarse a una convicción. Sabe que algunas preguntas no tienen respuestas definitivas, y aun así, sigue explorando.

El escritor y filósofo Albert Camus, en su obra El mito de Sísifo, plantea que la vida misma es un acto de balance entre la certeza y la duda. En su análisis del absurdo, Camus describe a Sísifo, el hombre condenado a empujar una roca montaña arriba solo para verla caer una y otra vez. Este mito es una metáfora de la vida humana: la inteligencia consiste en aceptar la falta de respuestas absolutas sin caer en la desesperación. Es en la búsqueda, no en la resolución definitiva, donde radica la verdadera riqueza del pensamiento.

Otro gran exponente de esta tensión fue el poeta y pensador alemán Johann Wolfgang von Goethe, quien expresó en Fausto: "Quien duda de todo se pierde, y quien no duda sobre nada es un insensato". Goethe nos invita a encontrar el equilibrio, a no ser presa de la duda paralizante ni de la certeza ciega. Solo entonces podemos alcanzar una inteligencia más plena, consciente tanto de los límites de nuestra comprensión como de su potencial.

La duda y la certeza en el conocimiento científico

El progreso científico es un claro ejemplo de cómo la duda y la certeza coexisten en el avance de la inteligencia humana. Cada descubrimiento se basa en el cuestionamiento de lo que se sabía hasta entonces. La ciencia es, en esencia, un proceso de poner a prueba nuestras certezas.

El biólogo Charles Darwin, al desarrollar su teoría de la evolución por selección natural, dudó de las explicaciones teológicas predominantes de su tiempo sobre el origen de las especies. Su capacidad para cuestionar estas ideas le permitió formular una de las teorías más influyentes en la historia de la ciencia. Sin embargo, también necesitaba certezas: datos empíricos, observaciones meticulosas, para construir su teoría.

Este ciclo de duda y certeza, retroalimentándose, es fundamental para el desarrollo del conocimiento. Incluso los científicos más brillantes reconocen que sus teorías están sujetas a revisión. Como dijo el físico Richard Feynman: "El conocimiento científico es una estructura de preguntas más que de respuestas".

Las sombras de la certeza: El peligro del dogmatismo

A pesar de la importancia de la certeza en nuestras vidas, también debemos ser conscientes de sus peligros. Cuando la certeza se convierte en dogmatismo, se cierra la puerta a nuevas ideas y a la posibilidad de cuestionar. Como advertía el filósofo Bertrand Russell: "Lo más dañino en la vida no es la ignorancia, sino las certezas absolutas". Las certezas inamovibles nos conducen al estancamiento del pensamiento y al rechazo de lo diferente, lo nuevo o lo incómodo.

El dogmatismo puede tomar muchas formas, desde las ideologías políticas hasta las creencias religiosas, pero en todas ellas se observa una característica común: la incapacidad para admitir la posibilidad de error. La inteligencia, por el contrario, está intrínsecamente relacionada con la apertura a la posibilidad de estar equivocado.

Conclusión: El equilibrio como forma de sabiduría

La vida humana es un viaje entre la duda y la certeza. Ninguna de las dos puede dominar completamente sin que algo se pierda en el proceso. La inteligencia reside en la habilidad de mantenernos en ese espacio intermedio, donde la duda nos permite explorar nuevas ideas y la certeza nos proporciona estabilidad para actuar.

Como bien lo resumió el poeta T. S. Eliot: "¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?". La sabiduría es más que conocimiento acumulado, es la capacidad de navegar con gracia entre lo que sabemos y lo que no sabemos, entre las certezas que nos guían y las dudas que nos impulsan a seguir buscando.

La duda puede ser un signo de inteligencia porque implica la disposición a cuestionar, reflexionar y buscar más información antes de llegar a una conclusión. Las personas que dudan no aceptan fácilmente lo que se les presenta como verdad; en lugar de eso, buscan entender, explorar diferentes perspectivas y examinar las evidencias. Esto fomenta un pensamiento crítico y evita caer en dogmatismos o suposiciones infundadas. 

Algunas citas que relacionan la duda con la inteligencia: 
  • “Duda de todo. Encuentra tu propia luz”. – Buda. 
  • La duda es el principio de la sabiduría”. – Aristóteles. 
  • “Quien nunca duda, nunca ha aprendido”. – Charles Darwin.
  • “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”. – Aristóteles.
  • "La duda es el segundo nombre de la inteligencia". –  J. L. Borges.
  • "La duda es una condición incómoda, pero la certeza es ridícula". – Voltaire.  
  • "Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; más si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas".  – Francis Bacon.
  • El problema del mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de confianza”. – Charles Bukowski.

Nunca me abandones, el clásico distópico que sigue resonando

Retomamos un libro de memoria, amor y ética en la literatura, Nunca me abandones de Kazuo IshiguroEn 2005, Kazuo Ishiguro publicó esta novela que con el tiempo se ha convertido en un referente de la literatura contemporánea. Nos enfrenta a una pregunta incómoda: ¿Qué nos hace verdaderamente humanos? Y quizás la respuesta, como sugiere Ishiguro, esté menos en el futuro de la biotecnología que en algo más simple y cercano: la manera en que recordamos, amamos y acompañamos a otros, incluso cuando sabemos que todo es finito.

A primera vista, se trata de una historia narrada con calma, casi íntima: Kathy H. recuerda su infancia en un internado inglés, sus amistades con Ruth y Tommy, los juegos, las clases y los primeros amores. Pero poco a poco, como capas que se descorren, aparece una verdad perturbadora: sus vidas están predestinadas para un fin que nunca eligieron.

La fuerza de esta obra no está solo en la revelación de su trasfondo distópico —la clonación y el destino de los estudiantes como donantes de órganos—, sino en la forma en que Ishiguro convierte una historia de ciencia ficción en una meditación sobre lo más humano: la amistad, el amor y el sentido de la memoria.

En la novela Nunca me abandones, los personajes saben que su tiempo es limitado, y sin embargo, luchan por encontrar sentido en los pequeños momentos: un paseo por el campo, una canción compartida, un gesto de ternura. Esa capacidad de lo cotidiano para volverse trascendente es una de las marcas de Ishiguro, también presente en su célebre Los restos del día

La obra invita a debatirse en el hogar, el aula o en los clubes de lectura. Algunas preguntas que pueden guiar la reflexión son: ¿Qué nos dice la novela sobre la relación entre ciencia y ética? ¿Cómo cambia nuestra percepción de los personajes al descubrir su destino? ¿Por qué, incluso en la certeza de la pérdida, seguimos buscando amor y compañía?

En 2010, la historia dio el salto al cine con la película dirigida por Mark Romanek, con guion de Alex Garland y protagonizada por Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield. Aunque la adaptación mantiene la esencia, muchos lectores coinciden en que nada iguala la voz contenida y nostálgica de la narradora en el libro.

Nunca me abandones (título original en inglés Never Let Me Go) es una novela distópica y melancólica de Kazuo Ishiguro, publicada en 2005. La historia la narra Kathy H., que recuerda su infancia y juventud en un internado inglés llamado Hailsham.

A medida que recupera recuerdos, se revelan las terribles realidades que rodean a ella y a sus amigos Ruth y Tommy: su vida fue diseñada para un propósito oscuro vinculado a la clonación y la donación de órganos. El libro explora temas como la memoria, la identidad, la amistad, el amor y la ética de la ciencia, todo contado con un tono sereno y elegíaco que intensifica su efecto emocional.

Kazuo Ishiguro (nacido en 1954) es un novelista británico de origen japonés, conocido por su prosa contenida y por tratar temas de memoria, identidad y pérdida. Entre sus obras más conocidas están The Remains of the Day, aparte de Never Let Me Go