Con los años he aprendido que la vida no se gana como una carrera, ni se mide con trofeos. Por eso quiero dejaros estas ideas sencillas, como pequeñas luces para el camino. No son órdenes ni lecciones, sino fórmulas de abuelo, acompañados de ejemplos para cuando dudéis.
1.
El triunfo en la vida no reside en sacar siempre buenas notas, sino en
aprender sin rendirse. Como cuando un problema se resiste y, aun así, volvéis a intentarlo.
2.
El triunfo en la vida no reside en llegar el primero, sino en
no abandonar el camino. Como cuando termináis un partido cansados, pero orgullosos de haberlo dado todo.
3.
El triunfo en la vida no reside en acertar siempre, sino en
saber decir “me equivoqué”. Como cuando pedís perdón y reparáis lo que se rompió.
4.
El triunfo en la vida no reside en tener muchas cosas, sino en
querer bien todo lo que importa. Como ese libro antiguo, ese juguete roto o esa amistad que cuidáis con cariño.
5.
El triunfo en la vida no reside en que os miren, sino en
portaros bien cuando nadie os observa. Como devolver algo que no es vuestro sin esperar aplausos.
6.
El triunfo en la vida no reside en hablar más, sino en
escuchar mejor. Como cuando atendéis de verdad a quien os cuenta algo importante, porque de todo el mundo se puede aprender algo.
7.
El triunfo en la vida no reside en evitar los días tristes, sino en
aprender de ellos. Como cuando un mal día no os quita las ganas de volver a empezar con más valor al siguiente.
8.
El triunfo en la vida no reside en no tener miedo, sino en
avanzar con valentía. Como cuando os atrevéis a probar algo nuevo por primera vez.
9.
El triunfo en la vida no reside en correr para llegar cuanto antes, sino en
disfrutar de cada paso. Como nuestros paseos tranquilos, donde lo importante no es alcanzar la meta, sino conversar.
10.
El triunfo en la vida no reside en controlarlo todo, sino en
confiar y ayudar. Como cuando echáis una mano en casa o en el colegio sin que nadie os lo pida.
Guardad estas palabras sólo si os sirven. Los mayores ya hemos vivido lo suficiente para saber que lo mejor que puede dejar un abuelo o una abuela no son consejos perfectos, sino
afecto,
ejemplo
y
tiempo compartido.
"Queridos nietos: El verdadero triunfo en la vida NO es sacar siempre 10, ganar todas las carreras, ni ser perfecto. https://t.co/r02X0QMxkD El triunfo es: 🔥 Seguir estudiando aunque cueste 🏃♂️ Darlo todo hasta el final, aunque no ganes ❤️ Pedir perdón y mejorar tras equivocarte… pic.twitter.com/VejASB1J8U
En una época dominada por el consumismo acelerado, donde las listas de deseos en aplicaciones y las campañas publicitarias nos bombardean con objetos brillantes y efímeros, hemos sintonizado con un artículo reciente en The New York Times (en su edición en español, lectura obligada) nos invita a una reflexión profunda y conmovedora. Bajo el título "600 lectores nos contaron sobre sus regalos más memorables. Estos son los trece mejores", el texto recopila testimonios reales de cientos de personas que compartieron no los regalos más caros o lujosos que recibieron, sino aquellos que han permanecido grabados en su memoria y en su corazón décadas después.
Lo fascinante de esta selección no radica en el valor monetario, sino en el valor humano. Los 13 regalos destacados tienen un denominador común: son expresiones auténticas de amor, atención, sacrificio y conexión. No se trata de gadgets tecnológicos o joyas ostentosas, sino de gestos que revelan la esencia de la familia, la amistad y los valores éticos que deberían guiar nuestra vida, especialmente en fechas tan significativas como la Navidad.
Entre las historias destacadas, encontramos un padre que, en tiempos de escasez económica, regaló a su hija un simple viaje en tren para ver las luces navideñas de la ciudad. No era un juguete caro, pero ese tiempo compartido, las conversaciones en el vagón y la maravilla compartida ante el espectáculo luminoso se convirtieron en un recuerdo imborrable. Otra lectora recuerda el regalo de su abuela: una caja con recetas familiares manuscritas, acompañadas de anécdotas personales. Ese obsequio no solo transmitió sabores y tradiciones culinarias, sino un legado de amor intergeneracional, reforzando el sentido de pertenencia y continuidad familiar.
Otros relatos enfatizan el poder de la atención personalizada. Un esposo que, sabiendo la pasión de su pareja por la lectura, dedicó meses a restaurar un libro antiguo deteriorado. O un amigo que organizó una sorpresa colectiva para ayudar a alguien en un momento difícil, recordándonos que la verdadera amistad se manifiesta en actos de solidaridad desinteresada. Hay también regalos que implicaron sacrificio: padres que renunciaron a sus propias necesidades para priorizar las de sus hijos, enseñando implícitamente lecciones de generosidad y humildad.
Estas narraciones nos confrontan con una verdad ética fundamental: el regalo perfecto no se mide en euros o dólares, sino en el impacto emocional y moral que deja en quien lo recibe. En un mundo donde el consumismo navideño genera estrés, deudas y desperdicio ambiental, estas historias proponen una alternativa virtuosa. Regalar tiempo —una tarde dedicada exclusivamente a un ser querido—, atención —escuchar de verdad, conocer los deseos profundos del otro— o experiencias compartidas fortalece los lazos familiares y de amistad de manera mucho más duradera que cualquier objeto material.
Desde una perspectiva ética, inspirada en pensadores como Aristóteles o en las tradiciones cristianas que subyacen a la Navidad, el dar debe ser un acto de virtud: generosidad sin expectativa de reciprocidad, prudencia al evitar el exceso y justicia al considerar las necesidades reales del otro. Estos regalos inolvidables encarnan precisamente eso: no buscan impresionar, sino conectar. Enseñan a los niños valores como la gratitud (al valorar lo intangible), la empatía (al ponerse en el lugar del otro) y la responsabilidad (al entender que el verdadero lujo reside en las relaciones humanas).
En este blog dedicado a la familia, la amistad y los valores éticos, estas historias nos recuerdan que la Navidad es una oportunidad para cultivar lo esencial. En lugar de agotarnos en centros comerciales, ¿por qué no invertir en crear recuerdos? Una carta escrita a mano expresando aprecio, una tradición familiar revivida, un acto de servicio desinteresado... Estos son los regalos que trascienden el tiempo y que, años después, evocan sonrisas y lágrimas de emoción.
Que esta Navidad nos inspire a ser más intencionales en nuestros dones. Al fin y al cabo, los regalos más memorables no ocupan espacio en un armario, sino en el alma. Y en un mundo cada vez más digital y efímero, eso es un tesoro incalculable.
¿Qué regalo inolvidable que exprese amistad y gratitud has recibido o dado tú? Comparte en los comentarios; quizá tu historia inspire a otros a redescubrir el verdadero espíritu navideño.
¿Sabías que el @NYTimeses preguntó a 600 lectores por sus regalos navideños más inolvidables? ¡Ninguno fue caro! Los 13 mejores: un viaje en tren con papá para ver luces, recetas de abuela con anécdotas, un libro restaurado con amor, sorpresas de amigos en momentos duros...… pic.twitter.com/0TQ9C90m03
La ingeniería del presente y del futuro: Luciano Azpiazu Canivell nos habla de redes eléctricas, talento y la transformación de Bilbao,... En un país donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de regulación, donde la transición energética se discute a menudo desde el desconocimiento, escuchar la voz de un ingeniero con más de cuatro décadas de experiencia aporta una rara claridad.
La conversación con Luciano Azpiazu Canivell —ingeniero industrial formado en la Escuela Técnica Superior de Bilbao, profesor y profesional durante 40 años en Iberdrola Redes— es también un retrato generacional de quienes han sostenido silenciosamente el progreso energético y urbano de España.
Su historia familiar ya evoca la movilidad empresarial de otras épocas: abuelo catalán del sector textil, padre vasco, raíces que conectan la industria textil con la ingeniería eléctrica. Y a partir de ahí, la trayectoria de un profesional que ha sido testigo directo de la evolución del sistema eléctrico español y de los cambios profundos de Bilbao.
La situación real de las redes eléctricas
Azpiazu introduce una distinción fundamental: no todas las redes eléctricas sufren los mismos problemas. Las de muy alta tensión, gestionadas por Red Eléctrica, soportan la avalancha de peticiones de conexión de grandes plantas fotovoltaicas, eólicas o sistemas de almacenamiento. Las de media y baja tensión, que alimentan hogares, comercios e instituciones, presentan una situación más heterogénea: saturación en los centros urbanos —por el aumento de la demanda, climatización y peatonalización— y sobrantes de capacidad en zonas despobladas.
Cuando se habla de vehículo eléctrico, la ingeniería se impone al entusiasmo. Azpiazu lo explica con claridad pedagógica: una comunidad de vecinos de 14 plantas puede funcionar con un único transformador, pero una sola carga rápida de un coche necesita otro transformador equivalente. Y aun así, no todos los vecinos tendrán coche eléctrico ni lo cargarán simultáneamente, lo que introduce factores de simultaneidad que suavizan el problema.
¿Será el coche eléctrico de baterías el dominante en el futuro? El ingeniero es escéptico. Prevén un camino intermedio:
Estamos —dice— en una transición dentro de la transición: la tecnología definitiva aún no está definida.
Un elogio a los profesionales frente a los “todólogos”
Uno de los pasajes más contundentes es la crítica a los opinadores sin rigor técnico. Los “todólogos” que, ante una crisis como un apagón, hablan de grid forming sin que aún exista en operación real, o reclaman duplicar redes sin asumir los años de trámites necesarios para construirlas. Azpiazu recuerda un caso ilustrativo: un presidente de una gran compañía eléctrica pedía suministro a su finca… pero él mismo bloqueaba los permisos para la línea que debía alimentarla.
Bilbao: la prueba de que la ingeniería transforma ciudades
Pocas ciudades simbolizan la transformación moderna como Bilbao. Y Azpiazu recuerda que el cambio no fue espontáneo ni mágico: detrás estaban la tenacidad de dos ingenieros —uno de Caminos y otro Industrial— que impulsaron la regeneración de Abandoibarra y facilitaron la llegada del Museo Guggenheim Bilbao. El metro, el tranvía y la limpieza de la ría completaron un proceso que convirtió una ciudad industrial oscura en un referente urbanístico europeo.
Las escuelas de ingeniería españolas mantienen buen número de alumnos, pero afrontan desafíos: nuevas profesiones sin atribuciones, cambios en los planes académicos, incorporación de formación humanística y ética para preparar un mundo con inteligencia artificial. Las mujeres representan ya casi el 30% de las nuevas promociones, gracias a mejores condiciones de conciliación y a una visión más amplia de la profesión.
Pero persiste un problema sistémico: la fuga de talento. Muchos ingenieros jóvenes encuentran mejores condiciones en Alemania, Suiza o Reino Unido, y España debe esforzarse por retener y atraer talento si quiere mantener su avance tecnológico.
En definitiva, la conversación con Luciano Azpiazu es un recordatorio de que la ingeniería es una disciplina silenciosa, rigurosa y profundamente humana. De ella depende que las luces sigan encendidas, que las ciudades funcionen y que la transición energética sea algo más que un eslogan.
El ingeniero o la ingeniera del siglo XXI no puede ser un mero técnico: tiene que ser el RENACENTISTA DIGITAL. Luciano Azpiazu (presidente de los ingenieros industriales de España) lo clava: «Las redes están colapsadas, la transición energética es un caos… y aún educamos… pic.twitter.com/AO8XSqkSzC
Los autores clásicos que aborrecimos en la educación secundaria, por qué merecen una segunda oportunidad en la etapa adulta. Cómo leer a Joyce (otros posts)y a Cervantes (otros posts)sin morir en el intento (y por qué ahora sí nos gustarán). Don Quijote y Ulises no eran aburridos: Sólo que entonces éramos demasiado jóvenes. La redención de las grandes obras tras la obligatoriedad de la secundaria. Quizá los odiamos a los 16 años… hoy los necesitamos a los 30, 50 o 70 años. Ahora sin exámenes ni resúmenes obligatorios: hoy daremos una guía para redimirlos.
Muchos, no todos, guardan cicatrices literarias de nuestra adolescencia. Para muchos, el Quijoterepresenta tardes interminables descifrando un castellano impenetrable, mientras que Ulises—si tuvieron la desgracia de encontrárselo en bachillerato— equivale a un trauma permanente. Pero ¿y si el problema nunca fueron ellos, sino el sistema que nos obligó a leerlos cuando aún no estábamos preparados?
El problema radica en la brecha cognitiva y experiencial. Un adolescente de 15 años carece del bagaje vital para apreciar la melancolía de Don Quijote contemplando su biblioteca en llamas, o la densidad del monólogo interior de Molly Bloom. La ironía cervantina requiere haber conocido el desengaño; la experimentación joyceana exige familiaridad previa con las convenciones narrativas que dinamita. Pedirles a los estudiantes que disfruten estas obras es como esperar que un novato aprecie el jazz avant-garde sin haber escuchado nunca música. Lo que no nos dijeron es que Leopold Bloom también es obscenamente divertido, tierno y sucio.
Además, la metodología es desastrosa. Los clásicos se diseccionan en busca de "temas" y "recursos literarios", convirtiendo la lectura en una autopsia. Se fragmenta el texto en capítulos obligatorios, se exigen resúmenes que demuestren que se ha leído (aunque no se haya comprendido), y se evalúa mediante exámenes que miden memorización, no sensibilidad. No es sorprendente que muchos estudiantes terminen odiando precisamente aquello que debería liberarlos.
La relectura adulta: Descubrir lo que siempre estuvo ahí. Volver al Quijote con treinta o cuarenta años es una revelación. Lo que en la adolescencia parecía un ladrillo polvoriento se transforma en una comedia sofisticada sobre la naturaleza de la ficción y la realidad. El humor de Cervantes —sutil, compasivo, profundamente humano— cobra sentido cuando uno ha vivido lo suficiente para reconocer sus propias quijotadas: esos momentos en que la imaginación choca contra el mundo real.
La madurez permite apreciar la ternura con que Cervantes trata a su protagonista enloquecido. Don Quijote no es simplemente un loco ridículo, sino un idealista conmovedor en un mundo pragmático y desencantado. Sus fracasos resuenan porque todos hemos sido derrotados por la realidad. Su dignidad, incluso en el ridículo, nos conmueve porque reconocemos en él nuestra propia vulnerabilidad.Alonso Quijanono es solo un loco; es un hombre que se niega a aceptar que el mundo es un lugar gris, burocrático y sin magia. Su lucha es la lucha contra el cinismo. Y Sancho Panzadeja de ser el tonto glotón para convertirse en la representación de la lealtad más pura. La relectura adulta revela que el Quijote es un libro sobre cómo mantener la dignidad cuando la realidad te dice que eres irrelevante. Eso es algo que un adolescente difícilmente puede captar, pero que un adulto siente en los huesos.
Con Joyce ocurre algo similar, aunque más extremo. Ulises es objetivamente difícil, pero la dificultad es parte de su placer. Leerlo como adulto, sin la presión de un examen inminente, permite saborear su virtuosismo lingüístico, su ambición enciclopédica, su humor escatológico y su celebración de lo ordinario. Leopold Bloom, caminando por Dublín durante un día cualquiera, se convierte en un héroe moderno precisamente por su normalidad. Pero esa revelación exige paciencia, curiosidad y cierta experiencia de vida. Joyce es, ante todo, divertido y profundamente humano.
Cómo leerlos ahora: estrategias para la segunda oportunidad:
Busca alternativas: Escuchar audiolibros como puerta de entrada o lee en grupo, para compartir dudas y descubrimientos enriquece la experiencia.
Elimina la obligación. Lee sin presión, sin calendario, sin necesidad de "terminarlo". Los clásicos no son montañas que conquistar, sino territorios que explorar.
Busca ediciones comentadas. Una buena introducción y notas al pie pueden iluminar referencias oscuras sin infantilizar al lector. Para el Quijote, la edición del Instituto Cervantes es accesible; para Joyce, las guías de lectura son prácticamente necesarias.
Acepta la dificultad. No entenderlo todo no es fracaso, es parte del proceso. Joyce escribió Ulises para mantener ocupados a los críticos durante siglos. No necesitas descifrar cada alusión para captar su belleza.
Lee en voz alta. Cervantes y Joyce escribieron con un oído exquisito para el ritmo y la sonoridad. Escuchar el texto añade una dimensión que la lectura silenciosa pierde.
Contextualiza sin academicismo. Comprender la España del siglo XVIIo laIrlanda colonialenriquece la lectura, pero no te conviertas en historiador. Una biografía breve de los autores suele bastar.
Los clásicos que odiaste en el instituto no eran los culpables. El momento era erróneo, el enfoque era equivocado, y tu yo adolescente simplemente no estaba listo. Ahora sí lo estás. Dale a Cervantes y a Joyce —y a todos esos libros que abandonaste con resentimiento— la segunda oportunidad que merecen. Puede que descubras que el problema nunca fue la literatura, sino cómo te enseñaron a no amarla.
El Quijote no era aburrido. Tú tenías 15 años. El sistema educativo te obligó a leer a Cervantes cuando tu mayor preocupación era quién te gustaba, y a Joyce cuando apenas habías leído 3 novelas. https://t.co/MUUBge8mz2 Luego te hicieron un examen sobre "recursos literarios" y… pic.twitter.com/ebZjFbjO9r
Ayer,
21 de octubre de 2025,
falleció en Bilbao
Roberto Martínez Celorrio,
presidente de
Nagusiak Bizkaia
y uno de los rostros más queridos y respetados del movimiento asociativo de personas mayores en Euskadi. Tenía 77 años y fue
la voz serena y firme de las personas mayores en Bizkaia.
Nacido en Santander en 1948, Roberto desarrolló su vida profesional en
Telefónica.
Tras su prejubilación, dedicó su tiempo libre al asociacionismo de personas mayores. Entró en la directiva de
Nagusiak Bizkaia
como vicepresidente y,
desde 2014 hasta 2021, ejerció como Presidente,
liderando procesos de modernización, apertura y diálogo con las instituciones.
Tuve el honor de conocerle siendo, a propuesta suya,
Secretario de Nagusiak Bizkaia desde 2019 hasta 2021. En el voluntariado se encuentran personas maravillosas, pero Robertoha sido el caso más referencial de ejemplo que he descubierto. Lo distinguían su lealtad, bonhomía, empatía y una capacidad suprema de sumar voluntades.
Roberto Martínez Celorrio defendió de forma sostenida la atención presencial para personas mayores frente a la
exclusión digital.
“La modernización no puede significar exclusión. Quien quiera hacer un trámite digital, que lo haga; pero quien prefiera hacerlo cara a cara, debe poder hacerlo también.”
Un modo eficaz y discreto de hacer asociacionismo y voluntariado. Quienes le conocimos destacamos su estilo pausado y empático, su enorme capacidad para escuchar y su voluntad por buscar consensos. No buscó la notoriedad: prefirió el trabajo diario que mejora la vida de sus socios y socias —excursiones, charlas, cursos y servicios— y la interlocución constructiva con las administraciones.
Si hay una novela esencial y una de nuestras favoritas, que tuvo varios intentos de convertirse en película pero sin lograrlo, es Otra vuelta de tuercade Henry James. Así que mejor escuchar (en un audiolibro como el incluido) o leerlo en un libro, que no verlo en el cine. Publicada en 1898, con el título original: The Turn of the Screw, es una novela corta de terror gótico, estructurada como un relato enmarcado que explora temas de aislamiento, inocencia y lo sobrenatural en una remota mansión inglesa.
Un narrador en una reunión cuenta la historia de una joven institutriz que acepta cuidar a dos huérfanos —Flora y Miles— en una aislada mansión de campo. Pronto la institutriz comienza a percibir apariciones: primero un hombre (Peter Quint) y luego una mujer (Miss Jessel). Convencida de que esos espectros han influido en los niños, la institutriz se empeña en protegerlos; pero su lucha plantea una ambigüedad persistente: ¿son reales las presencias o son proyecciones de la mente de la narradora? El relato mantiene la tensión entre lo sobrenatural y la psicología, dejando intencionadamente abiertas múltiples interpretaciones.
La historia se centra en la tensión psicológica de una joven institutriz y los niños a su cargo, con una narración ambigua que deja al lector cuestionando la realidad de los eventos. A continuación, un resumen detallado de la trama, incluyendo personajes principales y eventos clave, sin spoilers innecesarios.
Personajes Principales:
- La institutriz: Protagonista anónima y narradora en primera persona del manuscrito principal. Una joven de origen modesto, contratada para cuidar a los niños, se involucra profundamente en su bienestar. Su perspectiva subjetiva impulsa la historia, revelando sus observaciones, miedos y convicciones crecientes.
- Miles: El sobrino de unos 10 años del tutor de los niños. Encantador, inteligente y bien educado, regresa de un internado. Su comportamiento y la expulsión inexplicada del colegio añaden intriga.
- Flora: La hermana menor de Miles, de unos 8 años, vivaz e inocente en apariencia. Vive en la mansión y forma un vínculo cercano con la institutriz.
- El tío: El tutor rico de los niños, que vive en Londres. Atractivo y carismático, contrata a la institutriz pero exige aislamiento total de los asuntos de los niños, prohibiendo cualquier contacto con él.
- Mrs. Grose: La ama de llaves amable pero analfabeta de la mansión. Actúa como confidente de la institutriz y proporciona información clave sobre la historia del hogar.
- Peter Quint: El difunto valet anterior de la mansión, conocido por su relación cercana e inapropiada con la institutriz previa. Aparece como una figura espectral.
- Miss Jessel: La institutriz anterior, fallecida, que tuvo una asociación escandalosa con Quint y pasó mucho tiempo con los niños. También se manifiesta como presencia fantasmal.
- Douglas: Personaje del prólogo que comparte el manuscrito con el grupo. Conocía a la institutriz y la admiraba.
Henry James (1843–1916) fue un novelista y cuentista estadounidense que pasó buena parte de su vida en Europa y adoptó la ciudadanía británica al final de su vida. Es considerado un puente entre el realismo decimonónico y las técnicas modernistas: su obra explora con finura la conciencia, la percepción y las relaciones sociales entre americanos y europeos. Entre sus obras destacadas están The Portrait of a Lady, The Ambassadors y The Wings of the Dove.
The Turn of the Screw apareció primero por entregas en la revista Collier’s Weekly y luego se publicó en volumen junto a otra novela corta en The Two Magics. Se trata de una novela corta (novella) pensada como relato de fantasmas, escrita en la madurez creativa de James y enmarcada en una estructura de narración enmarcada (historia contada en una velada, con el relato principal remitido por la institutriz).
Temas principales:
- Ambigüedad narrativa: James trabaja la focalización de modo que el lector nunca llega a una evidencia indiscutible; la duda es el motor del relato.
- Inocencia y corrupción: la tensión entre la supuesta pureza infantil y las influencias externas (reales o imaginadas).
- Locura vs. lo sobrenatural: la obra ha generado dos grandes líneas críticas: la que la lee como cuento de fantasmas clásico y la que interpreta la historia como un descenso psicótico de la institutriz. Ambas lecturas han alimentado debates literarios y adaptaciones.
- Estructura y estilo: economía del relato corto, uso de la voz enmarcada y la precisión psicológica son rasgos jamesianos que aquí se concentran en un formato terrorífico y simbólico.
La novela sigue interesando y funciona como un excelente ejemplo para enseñar cómo la forma narrativa construye sentido: la voz, la focalización y la omisión son herramientas que generan significados múltiples. Además, su ambigüedad permite debates en aulas de literatura sobre metodología crítica: lectura histórica, psicoanalítica, feminista y de teoría de la narración, entre otras. Cita final seleccionada: “¿Acaso no valía la pena tender una mano a su espíritu para alcanzar su alma?”
Celebrating Henry James on his birthday! His novella 'The Turn of the Screw' (1898) led to a perfect film adaptation, THE INNOCENTS (1961), which achieves heights of chilling dread. Dir. Jack Clayton#BOTD#HenryJames (15 April 1843 – 28 February 1916) pic.twitter.com/1KaynFLEQv