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Neurociencia para educar: Acompañar, no controlar

Resumen: Se 
aborda cómo la neurociencia educativa sostiene que educar significa acompañar, no controlar, favoreciendo la autonomía, el pensamiento crítico y la resiliencia en lugar del obedecer mecánico. Esta visión, vinculada con teorías clásicas de parentalismo autoritativo descritas por Diana Baumrind, promueve un equilibrio entre límites claros y respeto emocional, respaldado por hallazgos que destacan la importancia del entorno afectivo y la seguridad emocional para el desarrollo cerebral óptimo. Según la evidencia científica, un enfoque de acompañamiento fortalece la motivación intrínseca y el bienestar del niño.

El Dilema de la Crianza: ¿Somos Carpinteros o Jardineros de la mente?  La tesis central, que resuena con la psicología del desarrollo contemporánea, divide a los progenitores en dos arquetipos fundamentales:  el Carpintero y el Jardinero En la era de la optimización constante, la educación de los hijos se ha convertido, para muchos, en un proyecto de ingeniería de alta precisión. Buscamos el mejor colegio, la actividad extraescolar más disruptiva y el método de disciplina más eficaz, como si estuviéramos ensamblando una pieza de tecnología delicada. Sin embargo, las recientes reflexiones del  Prof. Jiang , popularizadas en plataformas digitales, nos invitan a detenernos y cuestionar la raíz misma de nuestra labor:  ¿Estamos intentando fabricar un producto o cultivar un ser vivo?

Padres Carpinteros: El peso del diseño previo.  El modelo del "Carpintero" es, quizás, el más prevalente en las sociedades competitivas actuales. Este tipo de progenitor opera bajo una premisa clara: el niño es una materia prima que debe ser moldeada según un plano preexistente. El objetivo es la precisión. Si el "producto final" (el adulto) no se ajusta a las especificaciones deseadas —éxito académico, prestigio social, estabilidad emocional rígida—, el Carpintero siente que ha fracasado en su construcción. 

Desde una perspectiva científica, este modelo genera una presión constante tanto en el adulto como en el menor. Al centrarse en el resultado y no en el proceso, se corre el riesgo de asfixiar la plasticidad cerebral del niño. La neurociencia nos indica que el aprendizaje más robusto ocurre a través de la exploración y el error, elementos que el "Carpintero" suele tratar de eliminar para evitar defectos en su obra. El resultado suele ser una fragilidad subyacente: hijos que funcionan bien bajo instrucciones, pero que carecen de la resiliencia necesaria cuando el plano de la vida real deja de encajar.

Padres Jardineros: La creación de un ecosistema Frente a la rigidez de la madera tallada, el Prof. Jiang y teóricos de la talla de Alison Gopnik proponen la figura del Jardinero . Para este tipo de padre, la prioridad no es controlar la forma exacta que tomará la planta, sino garantizar que el suelo sea fértil , que haya suficiente luz y que el entorno esté protegido de tormentas devastadoras, pero expuesto al clima real.

El "Jardinero" no intenta que un rosal se convierta en un roble; su labor es que ese rosal sea la versión más sana y fuerte de sí mismo. En términos educativos, esto se traduce en proporcionar un entorno de seguridad afectiva (apego seguro) que permita al niño tomar riesgos. Aquí, la educación no es una serie de comandos, sino la gestión de un ecosistema donde el niño puede ejercer su autonomía.

Por qué la ciencia se inclina hacia el jardín La biología evolutiva nos ofrece una lección fascinante: la infancia humana es excepcionalmente larga en comparación con otras especies porque nuestro cerebro necesita tiempo para aprender de la imprevisibilidad . Si los padres eliminan toda incertidumbre (como hace el Carpintero), están privando al cerebro en desarrollo de la información necesaria para adaptarse a un mundo cambiante.

El modelo del Jardinero fomenta la auto-determinación. Al no tener un plano rígido que cumplir, el niño desarrolla una motivación intrínseca. No estudia para satisfacer el diseño del padre, sino para entender su propio entorno. Este enfoque reduce significativamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y promueve una salud mental más sólida a largo plazo, ya que el individuo aprende que su valor no depende de su parecido con un ideal, sino de su capacidad de crecimiento.

Un cambio de paradigma necesario Abrazar la filosofía del Prof. Jiang no significa caer en la permisividad o el abandono. Un jardín descuidado se llena de maleza. La crianza tipo "Jardinero" exige, paradójicamente, más atención y paciencia que la carpintería. Requiere observar, escuchar y ajustar el entorno constantemente, aceptando que, a veces, el clima no estará bajo nuestro control.

En última instancia, la pregunta que el Prof. Jiang lanza a la comunidad educativa es profunda: ¿Queremos hijos que sean estatuas perfectas pero inertes, o seres orgánicos capaces de florecer en cualquier terreno? La respuesta definirá no solo la felicidad de nuestras familias, sino la capacidad de la próxima generación para navegar un futuro que ningún plano actual puede predecir.

En uno de esos vídeos breves que condensan ideas complejas con sorprendente eficacia, el profesor Jiang plantea una distinción aparentemente sencilla: dos tipos de padres. La escena es minimalista, casi esquemática, pero su impacto es profundo porque conecta con décadas de investigación en psicología del desarrollo y educación: no todos los estilos parentales generan los mismos efectos en la autonomía, la motivación y el bienestar emocional de los hijos.

Aunque el vídeo no utiliza terminología académica explícita, lo que muestra se corresponde de manera clara con dos enfoques clásicos: el parentalismo controlador frente al parentalismo orientador o acompañante. Esta dicotomía no pretende juzgar intenciones —la mayoría de los padres desean lo mejor para sus hijos—, sino analizar cómo se ejerce la autoridad y qué consecuencias tiene a largo plazo.

El padre que controla: obediencia sin comprensiónEl primer tipo de padre que muestra el profesor Jiang es aquel que decide por el hijo, marca el camino y exige resultados. Su mensaje implícito es: “Yo sé lo que te conviene”. Este estilo parental se basa en normas rígidas, recompensas externas y castigos, con escaso espacio para el diálogo.

Desde el punto de vista psicológico, este modelo se aproxima al estilo autoritario, descrito por Diana Baumrind en los años sesenta. Sus efectos pueden ser positivos a corto plazo: niños obedientes, organizados, aparentemente exitosos en contextos muy estructurados. Sin embargo, la evidencia empírica es clara respecto a sus riesgos: menor autonomía, mayor ansiedad ante el error y una motivación predominantemente extrínseca.

El hijo aprende a cumplir, pero no necesariamente a comprender. Aprende a responder a la autoridad, pero no a autorregularse. Cuando la figura de control desaparece —en la adolescencia tardía o la vida adulta—, el sistema puede colapsar. “La obediencia no es sinónimo de madurez.

El padre que acompaña: autonomía con responsabilidadEl segundo tipo de padre representado en el vídeo adopta un enfoque radicalmente distinto. No empuja ni arrastra: camina al lado. Plantea preguntas, ofrece orientación y acepta que el hijo experimente, incluso que se equivoque.

Este estilo se corresponde con el parentalismo democrático o autoritativo (no confundir con autoritario), ampliamente respaldado por la investigación psicológica. Combina normas claras con afecto, límites con escucha, exigencia con respeto. Aquí, el mensaje implícito es: “Confío en tu capacidad para aprender”. El objetivo no es el resultado inmediato, sino el desarrollo de competencias internas: pensamiento crítico, toma de decisiones, resiliencia y motivación intrínseca.

Numerosos estudios muestran que los hijos educados bajo este modelo presentan mayor autoestima, mejor ajuste emocional y una relación más sana con el esfuerzo y el fracaso. “Educar no es dirigir cada paso, sino enseñar a caminar”.

Ciencia, no moda educativa. Uno de los grandes aciertos del vídeo del Prof. Jiang es su claridad conceptual. No se trata de una moda pedagógica ni de una dicotomía simplista entre “padres buenos” y “padres malos”. Se trata de modelos mentales sobre qué significa educar. La neurociencia educativa refuerza esta visión: el aprendizaje profundo requiere seguridad emocional, autonomía y sentido. El control excesivo activa circuitos de estrés; el acompañamiento favorece la exploración y la consolidación del aprendizaje.

Desde la teoría de la autodeterminación (Deci y Ryan), sabemos que los seres humanos necesitamos tres cosas para desarrollarnos plenamente: autonomía, competencia y relación. El segundo tipo de padre satisface estas tres necesidades; el primero, habitualmente, solo una: la competencia entendida como rendimiento. 

Un espejo incómodo, pero necesario. El éxito del vídeo en YouTube no se debe solo a su sencillez visual, sino a que actúa como un espejo. Muchos padres se reconocen —a veces con incomodidad— en el primer modelo. Y eso abre una oportunidad: repensar la educación como un proceso, no como un control de resultados.

Educar es caminar al lado, no delante. Educar es aceptar la incertidumbre. Es comprender que proteger no es evitar toda caída, sino estar disponible cuando ocurre. Como sugiere el profesor Jiang, la diferencia entre ambos tipos de padres no está en el amor, sino en la confianza.

@profjiangg 2 Type of parents #profjiang #professor #professorjiang #jaing #jiang ♬ Last Hope (Over Slowed + Reverb) - Steve Ralph

Hijos mediados: Entre la responsabilidad y la invisibilidad

Resumen: Este post analiza la psicología de los "hijos mediados", destacando su excepcional adaptabilidad y capacidad negociadora frente al riesgo de invisibilidad afectiva en el núcleo familiar. Apoyándose en el pensamiento aristotélico sobre la virtud y la dialéctica de Hegel, se propone transformar esta posición intermedia en un observatorio privilegiado de la complejidad humana. El reto educativo consiste en validar su identidad intrínseca para que este "sándwich existencial" se convierta en un motor de creatividad y equilibrio personal.

Carmen y yo somos hermanos medianos o  sándwich en nuestras respectivas familias, ni primogénitos ni benjamines. Y ahora tenemos un nieto en esa misma situación de intermedio entre tres hijos de nuestra hija. La psicología familiar ha estudiado durante décadas cómo el orden de nacimiento influye en la personalidad y el desarrollo de los hijos e hijas. Entre primogénitos que acaparan la novedad y benjamines que reciben las últimas dosis de permisividad parental, los hijos mediados ocupan un territorio peculiar: son quienes experimentan tanto la pérdida del trono como la llegada de nuevos aspirantes. Esta posición intermedia, lejos de ser neutra, moldea personalidades con características distintivas que conviene comprender. Veamos los p ros y contras de serlo.

El arte de la adaptabilidad Los hijos mediados desarrollan una capacidad excepcional para adaptarse a circunstancias cambiantes. Han experimentado la vida como benjamines brevemente, como hermanos mayores después, y finalmente como mediadores entre generaciones dentro de su propia fratría. Esta multiplicidad de roles les enseña flexibilidad cognitiva y emocional. Aprenden a leer el ambiente familiar, a negociar espacios y a encontrar su lugar sin tener garantizado ni el prestigio del pionero ni la protección del último.

Esta adaptabilidad se traduce frecuentemente en habilidades sociales superiores. Los mediados suelen ser excelentes negociadores, pacificadores naturales y personas con alta inteligencia emocional. Su posición les obliga a desarrollar estrategias relacionales sofisticadas: no pueden recurrir a la autoridad del mayor ni al encanto del pequeño, así que construyen su identidad desde la diplomacia y la creatividad.

La paradoja de la invisibilidad Sin embargo, esta misma posición intermedia conlleva riesgos significativos. El síndrome del hijo mediado, estudiado extensamente en psicología evolutiva, describe cómo estos niños pueden experimentar sentimientos de invisibilidad o falta de atención parental. Los padres, naturalmente sobrecargados, dedican energía considerable al primogénito por ser su primera experiencia y al benjamín por ser el último y más vulnerable. El mediado queda en una zona de menor intensidad afectiva, no por falta de amor, sino por economía emocional involuntaria.

Esta relativa invisibilidad puede generar inseguridad, necesidad de aprobación externa o tendencia a minimizar las propias necesidades. Algunos hijos mediados desarrollan una independencia prematura, no siempre saludable, al internalizar que deben resolver sus asuntos sin molestar demasiado. Otros buscan destacar mediante estrategias compensatorias: rebelión, logros académicos extraordinarios o construcción de identidades muy diferenciadas del resto de hermanos.

La construcción de una identidad propia El desafío principal del hijo mediado es construir una identidad que no esté definida por contraste u omisión. Los padres conscientes pueden transformar esta posición en ventaja cultivando intencionalmente el reconocimiento individual de cada hijo. Esto implica tiempo exclusivo, celebración de logros específicos y validación de emociones particulares. Los mediados necesitan escuchar que son valiosos no por su posición en el orden fraternal, sino por quiénes son intrínsecamente.

Para los propios hijos mediados, entender su posición puede ser liberador. Reconocer que ciertas dinámicas familiares responden a patrones estructurales, no a deficiencias personales, permite reescribir narrativas internas limitantes. La posición intermedia, lejos de ser una condena, puede ser el origen de una personalidad equilibrada, empática y con notable capacidad para tender puentes.

En síntesis:  Ser hijo mediado es vivir en el intermedio, ese espacio liminal que toda filosofía reconoce como lugar de transformación. Como en el pensamiento aristotélico sobre la virtud como término medio, o en la dialéctica hegeliana donde la síntesis emerge de la tensión, los hijos mediados encarnan la posibilidad de trascender dicotomías. Su desafío educativo y existencial consiste en convertir una posición aparentemente desventajosa en un observatorio privilegiado desde el cual comprender la complejidad humana. Con acompañamiento familiar consciente y autoconocimiento, esa posición intermedia puede ser no un vacío, sino un centro creativo desde donde construir una vida auténtica y plena.

Live is life: La doble vida del mayor éxito de OPUS

"Live Is Life", otra de nuestras canciones preferidas de los años '80, fue el himno fortuito que unió dos Europas y definió una era. En la historia de la música hay canciones que trascienden su propio marco sonoro para convertirse en símbolos de una época, en banderas involuntarias de sentimientos colectivos. "Live Is Life" del grupo austríaco OPUS es una de ellas. 

La historia de la canción comenzó de manera casi accidental. El 2 de septiembre de 1984, Opus celebraba su 11.º aniversario con un concierto en el estadio de Oberwart, Austria. Allí interpretaron por primera vez Live Is Life en directo —entre vítores y aplausos de una audiencia entusiasta— y, debido a una falla técnica en la grabación inicial, tuvieron que repetir la canción como bis, lo que capturó la energía del momento de manera auténtica y espontánea.

Más allá de su pegadiza melodía y su coro edificante, esta canción es un fascinante estudio de caso sobre cómo el arte puede adquirir significados imprevistos, navegando sobre las olas de la historia. No es solo un éxito pop; es un puente musical que conectó el Este y el Oeste en un momento crucial del siglo XX, un fenómeno cultural que merece ser diseccionado.

Autores: OPUS y el Genio de Ewald Pfleger. OPUS se formó en 1973 en Graz, Austria, consolidándose como una de las bandas de rock más importantes del país germanoparlante. Su figura central era (y sigue siendo) Ewald Pfleger (nacido en 1953, nuestro año), el vocalista, teclista y principal compositor. Pfleger, un músico de formación clásica (piano y violín), siempre buscó fusionar el rock con elementos sinfónicos y corales, creando un sonido grandilocuente y emotivo que se conocería como "rock andaluz" o "rock sinfónico".

Fue Pfleger quien, en 1984, compuso "Live Is Life" ("Leben ist Leben" en su versión original en alemán). La canción nació casi por accidente durante una sesión de improvisación en vivo en un concierto en el estadio de Graz. La línea de bajo hipnótica y la estructura de llamada-respuesta con el público se gestaron en ese momento de pura conexión. La letra, aparentemente simple y universal, habla de unidad, celebración y la fuerza creadora de la vida: "Cuando todos dan energía / Cuando todos dan lo mejor / Entonces la vida es vida". Pfleger concibió la canción como un himno a la vitalidad y la comunidad, sin sospechar el vuelco histórico que tomaría.

El álbum "Live Is Life" se publicó en 1985, y el sencillo homónimo se convirtió en un éxito instantáneo en gran parte de Europa. Su vídeo musical, filmado en ese mismo concierto en Graz con miles de fans coreando y moviendo pañuelos blancos, reforzó su poder de himno colectivo. Alcanzó el número 1 en países como Alemania, Suiza y Austria, y llegó al top 10 en varias listas europeas. Su versión en inglés, grabada poco después, globalizó su mensaje.

La Influencia Histórica: El Himno no Oficial de la Perestroika y la Caída del Telón de Acero. Aquí es donde la historia de "Live Is Life" da un giro extraordinario. A finales de los 80, mientras Occidente coreaba la canción en estadios, en los países del bloque soviético (especialmente en la Unión Soviética y Alemania Oriental) la canción comenzó a filtrarse de manera clandestina. Se convirtió en un fenómeno de culto.

Su letra, interpretada como un canto a la libertad, la unidad y el poder del pueblo, resonó profundamente con una juventud ávida de cambio. La canción fue adoptada de manera no oficial por los movimientos pro-democracia. Cuando en 1989 el Telón de Acero comenzó a resquebrajarse, "Live Is Life" sonó en manifestaciones y reuniones. Era una canción occidental, pero su mensaje era lo suficientemente universal y ambiguo como para eludir la censura directa, transformándose en un símbolo de esperanza y cambio pacífico.

Para millones de personas en el Este, OPUS no era solo una banda de rock; eran los portadores de un himno que sintetizaba sus aspiraciones. Este capítulo convierte a "Live Is Life" en mucho más que un éxito comercial: es un artefacto musical de la Guerra Fría tardía, un testimonio del poder de la cultura pop para penetrar fronteras políticas y alimentar el imaginario de una revolución pacífica.

Legado y Relevancia Actual: "Hoy, "Live Is Life" sigue siendo un must en los eventos deportivos (especialmente de fútbol), festivales y publicidad. Su riff de bajo es inmediatamente reconocible. Pero conocer su historia dual —su origen como himno de estadio y su adopción como banda sonora de un cambio histórico— enriquece profundamente su escucha.

La canción nos habla de la capacidad del arte para adquirir significados imprevistos por su autor. Es un recordatorio de que, en ocasiones, la cultura se adelanta a la política, creando marcos emocionales compartidos que pueden, incluso, ayudar a derribar muros.

Escuchar "Live Is Life" hoy es hacer un viaje en el tiempo. Es revivir la efervescencia de un concierto de los 80, pero también es conectar con un momento de vértigo histórico donde todo parecía posible. La genialidad involuntaria de Ewald Pfleger y OPUS fue crear una cápsula musical lo suficientemente abierta como para que medio mundo proyectara en ella sus sueños de libertad y unidad. En ese sentido, "Life Is Life" no solo habla de la vida; es un vibrante testimonio de cómo la vida, en su búsqueda de expresión y conexión, puede escribir la historia a través de una canción.

@gonzowav Live is life: OPUS y el nacimiento de un himno mundial #inspiration #animation #opus ♬ sonido original - GONZOWAV

El éxito explicado a los nietos (y recordado a todos)


Con los años he aprendido que la vida no se gana como una carrera, ni se mide con trofeos. Por eso quiero dejaros estas ideas sencillas, como pequeñas luces para el camino. No son órdenes ni lecciones, sino fórmulas de abuelo, acompañados de ejemplos para cuando dudéis.

1.  El triunfo en la vida no reside en sacar siempre buenas notas, sino en aprender sin rendirseComo cuando un problema se resiste y, aun así, volvéis a intentarlo.

2.  El triunfo en la vida no reside en llegar el primero, sino en no abandonar el caminoComo cuando termináis un partido cansados, pero orgullosos de haberlo dado todo.

3.  El triunfo en la vida no reside en acertar siempre, sino en saber decir “me equivoqué”Como cuando pedís perdón y reparáis lo que se rompió.

4.  El triunfo en la vida no reside en tener muchas cosas, sino en querer bien todo lo que importaComo ese libro antiguo, ese juguete roto o esa amistad que cuidáis con cariño.

5.  El triunfo en la vida no reside en que os miren, sino en portaros bien cuando nadie os observaComo devolver algo que no es vuestro sin esperar aplausos.

6.  El triunfo en la vida no reside en hablar más, sino en escuchar mejorComo cuando atendéis de verdad a quien os cuenta algo importante, porque de todo el mundo se puede aprender algo.

7.  El triunfo en la vida no reside en evitar los días tristes, sino en aprender de ellosComo cuando un mal día no os quita las ganas de volver a empezar con más valor al siguiente.

8.  El triunfo en la vida no reside en no tener miedo, sino en avanzar con valentíaComo cuando os atrevéis a probar algo nuevo por primera vez. 

9.  El triunfo en la vida no reside en correr para llegar cuanto antes, sino en disfrutar de cada pasoComo nuestros paseos tranquilos, donde lo importante no es alcanzar la meta, sino conversar.

10.  El triunfo en la vida no reside en controlarlo todo, sino en confiar y ayudarComo cuando echáis una mano en casa o en el colegio sin que nadie os lo pida.

Guardad estas palabras sólo si os sirven. Los mayores ya hemos vivido lo suficiente para saber que lo mejor que puede dejar un abuelo o una abuela no son consejos perfectos, sino afecto, ejemplo y tiempo compartido.

Qué hace que un regalo navideño sea inolvidable y eterno?

En una época dominada por el consumismo acelerado, donde las listas de deseos en aplicaciones y las campañas publicitarias nos bombardean con objetos brillantes y efímeros, hemos sintonizado con un artículo reciente en The New York Times (en su edición en español, lectura obligada) nos invita a una reflexión profunda y conmovedora. Bajo el título "600 lectores nos contaron sobre sus regalos más memorables. Estos son los trece mejores", el texto recopila testimonios reales de cientos de personas que compartieron no los regalos más caros o lujosos que recibieron, sino aquellos que han permanecido grabados en su memoria y en su corazón décadas después.

Lo fascinante de esta selección no radica en el valor monetario, sino en el valor humano. Los 13 regalos destacados tienen un denominador común: son expresiones auténticas de amor, atención, sacrificio y conexión. No se trata de gadgets tecnológicos o joyas ostentosas, sino de gestos que revelan la esencia de la familia, la amistad y los valores éticos que deberían guiar nuestra vida, especialmente en fechas tan significativas como la Navidad.

Entre las historias destacadas, encontramos un padre que, en tiempos de escasez económica, regaló a su hija un simple viaje en tren para ver las luces navideñas de la ciudad. No era un juguete caro, pero ese tiempo compartido, las conversaciones en el vagón y la maravilla compartida ante el espectáculo luminoso se convirtieron en un recuerdo imborrable. Otra lectora recuerda el regalo de su abuela: una caja con recetas familiares manuscritas, acompañadas de anécdotas personales. Ese obsequio no solo transmitió sabores y tradiciones culinarias, sino un legado de amor intergeneracional, reforzando el sentido de pertenencia y continuidad familiar.

Otros relatos enfatizan el poder de la atención personalizada. Un esposo que, sabiendo la pasión de su pareja por la lectura, dedicó meses a restaurar un libro antiguo deteriorado. O un amigo que organizó una sorpresa colectiva para ayudar a alguien en un momento difícil, recordándonos que la verdadera amistad se manifiesta en actos de solidaridad desinteresada. Hay también regalos que implicaron sacrificio: padres que renunciaron a sus propias necesidades para priorizar las de sus hijos, enseñando implícitamente lecciones de generosidad y humildad.

Estas narraciones nos confrontan con una verdad ética fundamental: el regalo perfecto no se mide en euros o dólares, sino en el impacto emocional y moral que deja en quien lo recibe. En un mundo donde el consumismo navideño genera estrés, deudas y desperdicio ambiental, estas historias proponen una alternativa virtuosa. Regalar tiempo —una tarde dedicada exclusivamente a un ser querido—, atención —escuchar de verdad, conocer los deseos profundos del otro— o experiencias compartidas fortalece los lazos familiares y de amistad de manera mucho más duradera que cualquier objeto material.

Desde una perspectiva ética, inspirada en pensadores como Aristóteles o en las tradiciones cristianas que subyacen a la Navidad, el dar debe ser un acto de virtud: generosidad sin expectativa de reciprocidad, prudencia al evitar el exceso y justicia al considerar las necesidades reales del otro. Estos regalos inolvidables encarnan precisamente eso: no buscan impresionar, sino conectar. Enseñan a los niños valores como la gratitud (al valorar lo intangible), la empatía (al ponerse en el lugar del otro) y la responsabilidad (al entender que el verdadero lujo reside en las relaciones humanas).

En este blog dedicado a la familia, la amistad y los valores éticos, estas historias nos recuerdan que la Navidad es una oportunidad para cultivar lo esencial. En lugar de agotarnos en centros comerciales, ¿por qué no invertir en crear recuerdos? Una carta escrita a mano expresando aprecio, una tradición familiar revivida, un acto de servicio desinteresado... Estos son los regalos que trascienden el tiempo y que, años después, evocan sonrisas y lágrimas de emoción.

Que esta Navidad nos inspire a ser más intencionales en nuestros dones. Al fin y al cabo, los regalos más memorables no ocupan espacio en un armario, sino en el alma. Y en un mundo cada vez más digital y efímero, eso es un tesoro incalculable.

¿Qué regalo inolvidable que exprese amistad y gratitud has recibido o dado tú? Comparte en los comentarios; quizá tu historia inspire a otros a redescubrir el verdadero espíritu navideño. 

Para acertar con regalos verdaderamente inolvidables, abandonando el materialismo navideño, abundamos en nuestra obstinada insistencia siempre de "regalar tiempo y atención", la mejor ofrenda (ver en muchos porfiados posts).

La tecnología del Siglo XXI necesita más filosofía y ética

La ingeniería del presente y del futuro: Luciano Azpiazu Canivell nos habla de redes eléctricas, talento y la transformación de Bilbao,... En un país donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de regulación, donde la transición energética se discute a menudo desde el desconocimiento, escuchar la voz de un ingeniero con más de cuatro décadas de experiencia aporta una rara claridad. 

La conversación con Luciano Azpiazu Canivell —ingeniero industrial formado en la Escuela Técnica Superior de Bilbao, profesor y profesional durante 40 años en Iberdrola Redes— es también un retrato generacional de quienes han sostenido silenciosamente el progreso energético y urbano de España. 

Su historia familiar ya evoca la movilidad empresarial de otras épocas: abuelo catalán del sector textil, padre vasco, raíces que conectan la industria textil con la ingeniería eléctrica. Y a partir de ahí, la trayectoria de un profesional que ha sido testigo directo de la evolución del sistema eléctrico español y de los cambios profundos de Bilbao.

La situación real de las redes eléctricas

Azpiazu introduce una distinción fundamental: no todas las redes eléctricas sufren los mismos problemas. Las de muy alta tensión, gestionadas por Red Eléctrica, soportan la avalancha de peticiones de conexión de grandes plantas fotovoltaicas, eólicas o sistemas de almacenamiento. Las de media y baja tensión, que alimentan hogares, comercios e instituciones, presentan una situación más heterogénea: saturación en los centros urbanos —por el aumento de la demanda, climatización y peatonalización— y sobrantes de capacidad en zonas despobladas.

La paradoja es evidente: si pudiéramos trasladar demanda de las ciudades a Castilla, sobraría red, pero la necesidad está donde está la población, el tráfico y la actividad económica.

Electrificación, vehículos y transición real

Cuando se habla de vehículo eléctrico, la ingeniería se impone al entusiasmo. Azpiazu lo explica con claridad pedagógica: una comunidad de vecinos de 14 plantas puede funcionar con un único transformador, pero una sola carga rápida de un coche necesita otro transformador equivalente. Y aun así, no todos los vecinos tendrán coche eléctrico ni lo cargarán simultáneamente, lo que introduce factores de simultaneidad que suavizan el problema.

 ¿Será el coche eléctrico de baterías el dominante en el futuro? El ingeniero es escéptico. Prevén un camino intermedio:

Motores de combustión con combustibles alternativos ya desarrollados por empresas como Petronor.
Hidrógeno o metano para vehículos pesados: autobuses, barcos, camiones. 
- E incluso menciona el absurdo práctico de la carga por inducción: para cargar sin cables habría que colocar una placa metálica de hasta 80 kg bajo la batería.

Estamos —dice— en una transición dentro de la transición: la tecnología definitiva aún no está definida. 


Un elogio a los profesionales frente a los “todólogos”

Uno de los pasajes más contundentes es la crítica a los opinadores sin rigor técnico. Los “todólogos” que, ante una crisis como un apagón, hablan de grid forming sin que aún exista en operación real, o reclaman duplicar redes sin asumir los años de trámites necesarios para construirlas. Azpiazu recuerda un caso ilustrativo: un presidente de una gran compañía eléctrica pedía suministro a su finca… pero él mismo bloqueaba los permisos para la línea que debía alimentarla.

Su propuesta es provocadora pero argumentada: en ciertos asuntos, el voto de un profesional debería pesar más que el de un aficionado. No todas las opiniones son equivalentes cuando se discute cirugía, redes eléctricas o ingeniería civil.

Bilbao: la prueba de que la ingeniería transforma ciudades

Pocas ciudades simbolizan la transformación moderna como Bilbao. Y Azpiazu recuerda que el cambio no fue espontáneo ni mágico: detrás estaban la tenacidad de dos ingenieros —uno de Caminos y otro Industrial— que impulsaron la regeneración de Abandoibarra y facilitaron la llegada del Museo Guggenheim Bilbao. El metro, el tranvía y la limpieza de la ría completaron un proceso que convirtió una ciudad industrial oscura en un referente urbanístico europeo.

Los ingenieros no solo construyen infraestructuras: anticipan el futuro antes de que los demás lo vean.

Ingeniería, talento y el reto educativo

Las escuelas de ingeniería españolas mantienen buen número de alumnos, pero afrontan desafíos: nuevas profesiones sin atribuciones, cambios en los planes académicos, incorporación de formación humanística y ética para preparar un mundo con inteligencia artificial. Las mujeres representan ya casi el 30% de las nuevas promociones, gracias a mejores condiciones de conciliación y a una visión más amplia de la profesión.

Pero persiste un problema sistémico: la fuga de talento. Muchos ingenieros jóvenes encuentran mejores condiciones en Alemania, Suiza o Reino Unido, y España debe esforzarse por retener y atraer talento si quiere mantener su avance tecnológico.

En definitiva, la conversación con Luciano Azpiazu es un recordatorio de que la ingeniería es una disciplina silenciosa, rigurosa y profundamente humana. De ella depende que las luces sigan encendidas, que las ciudades funcionen y que la transición energética sea algo más que un eslogan.