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Agnotología: Filosofía y educación ante la ignorancia fabricada

Hoy nos detendremos en la Agnotología, la ciencia que estudia cómo se fabrica la ignorancia. Porque no toda ignorancia es accidental: Muchas veces el desconocimiento es tiempos de posverdad. Existe un arte oscuro de mantener al público desinformado, fabricando dudas para que sepamos mucho menos de lo que podríamos conocer. Con casos que van del tabaco al cambio climático, veremos cómo se industrializa la ignorancia manufacturada y quiénes son sus cómplices en la era digital. Porque esa confusión provocada es un negocio enormemente rentable.

La ignorancia no siempre es inocente. Existe una creencia implícita, heredada del proyecto ilustrado, según la cual la ignorancia es simplemente la ausencia de conocimiento: un vacío que la educación, la ciencia y la información están llamadas a llenar. Bajo esta premisa, la difusión del saber equivale automáticamente a la reducción del desconocimiento. Sin embargo, hay una disciplina relativamente joven que ha venido a perturbar este optimismo epistemológico con una pregunta incómoda: ¿y si la ignorancia, en ciertos casos, no es un punto de partida sino un punto de llegada deliberadamente construido?

Esa disciplina se llama agnotología, término acuñado por el historiador de la ciencia Robert N. Proctor en la Universidad de Stanford, quien la definió como el estudio cultural de la ignorancia y la duda, con especial atención a su producción activa. La palabra procede del griego agnosis (desconocimiento) y logos (estudio), y designa un campo que, pese a su nombre técnico, describe fenómenos perfectamente reconocibles en nuestra vida cotidiana.

El caso fundacional: la industria del tabaco. El punto de origen de la agnotología no es filosófico sino escandalosamente mundano. Proctor, junto a la lingüista Londa Schiebinger, comenzó investigando cómo las tabacaleras norteamericanas respondieron durante décadas a la creciente evidencia científica sobre el vínculo entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón. La respuesta no fue negar frontalmente los datos, sino algo mucho más sofisticado: financiar investigaciones alternativas, promover «expertos» con opiniones discordantes, sembrar dudas sobre la metodología de los estudios adversos y sostener públicamente que «la ciencia aún no ha dicho su última palabra». El objetivo no era demostrar que el tabaco fuera inocuo, sino mantener el estado de incertidumbre el tiempo suficiente para preservar el mercado.

Esta estrategia —que los propios ejecutivos de la industria denominaron internamente manufacturing doubt, fabricación de dudas— se convirtió en el modelo canónico de lo que Proctor llamaría ignorancia manufacturada: no la ignorancia que resulta de no haber investigado aún, sino la que se produce activamente para bloquear, demorar o desacreditar el conocimiento existente.

Tres formas de ignorancia. La agnotología distingue, al menos, tres grandes categorías. La primera es la ignorancia nativa, aquella que simplemente aún no ha sido explorada por la ciencia. La segunda es la ignorancia perdida, conocimientos que existieron y se extraviaron por causas históricas, culturales o políticas. La tercera, y más inquietante, es la ignorancia estratégica, producida deliberadamente por actores con intereses en que determinadas verdades no circulen: corporaciones, gobiernos, lobbies, o incluso algoritmos de plataformas digitales optimizados para el engagement, que con frecuencia privilegian el contenido controvertido sobre el riguroso.

Un problema político y educativo. Lo que hace de la agnotología una herramienta conceptual de primer orden para el siglo XXI es su capacidad de desplazar la pregunta. En lugar de preguntar únicamente ¿qué sabemos?, nos invita a interrogar ¿quién se beneficia de que no sepamos? Esta inflexión epistemológica tiene consecuencias directas para la filosofía política: si la ignorancia puede ser un instrumento de dominación, entonces combatirla no es solo una tarea pedagógica sino una exigencia democrática.

El negacionismo climático, las campañas de desinformación sobre vacunas, o la confusión sistemáticamente alimentada en torno a ciertos debates electorales, responden todos a la misma gramática que Proctor detectó en los archivos de Philip Morris: no se trata de convencer de una mentira, sino de impedir que la verdad consolide su autoridad.

Enseñar a dudar bien. La respuesta educativa no puede ser ingenua. Frente a la duda manufacturada, la tentación es reivindicar sin matices la autoridad de los expertos. Pero la agnotología también nos advierte de que el escepticismo crítico —la duda legítima, socrática— es precisamente el antídoto que los fabricantes de ignorancia han aprendido a imitar y corromper. La tarea es, entonces, más exigente: enseñar a distinguir entre la duda que abre el conocimiento y la duda que lo clausura; entre el pensamiento crítico y su simulacro interesado.

En un ecosistema informativo saturado, saber lo que no sabemos, y por qué no lo sabemos, puede ser tan decisivo como el conocimiento mismo.

Magnifica Humanitas: Encíclica ante el desafío ético de la IA

Magnifica Humanitas: cuando la Iglesia mira a los ojos a la inteligencia artificial. El 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV presentó en el Aula del Sínodo del Vaticano su primera carta encíclica, Magnifica Humanitas. El documento, firmado por el Santo Padre, trata sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. No es un texto más en la larga tradición del Magisterio pontificio: es, en muchos sentidos, el intento más ambicioso de la Iglesia por articular una respuesta doctrinal de pleno rango a la revolución tecnológica que está reconfigurando la civilización contemporánea.

Una fecha que no es casual. El documento lleva la firma del Papa León XIV con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135.º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII. La elección es programática. Así como en 1891 la Iglesia respondió a la primera revolución industrial —la de la fábrica, el vapor y el capitalismo manchesteriano— con una defensa de la dignidad del trabajador, en 2026 León XIV responde a la revolución de los algoritmos con un marco ético que sitúa a la persona en el centro frente a cualquier lógica reduccionista. El nombre pontifical escogido por Robert Francis Prevost al ser elegido en mayo de 2025 ya anticipaba esta continuidad: la doctrina social como brújula, ayer y hoy. 

La herida nueva: la persona reducida a datos. El Pontífice alerta sobre el "riesgo de deshumanización" que conlleva la inteligencia artificial, y advierte que "se está cayendo en la cultura violenta". Asimismo, deplora las guerras, la carrera armamentista, las crecientes desigualdades y la concentración de poder en pocas manos, en un contexto en el que la fuerza del derecho internacional está siendo sustituida por el derecho del más fuerte.

En ese escenario, la IA no es un problema técnico aislado, sino el catalizador de una crisis más honda. La encíclica recurre a la doctrina social de la Iglesia para combatir lo que denomina "una visión antihumana" de la inteligencia artificial. Frente a los sistemas que deciden quién accede a un crédito, a un empleo o a una prestación sanitaria sin intervención humana real, la encíclica reclama que ningún algoritmo puede suplantar la conciencia moral ni la responsabilidad de las personas.

Los grandes ejes doctrinales. El documento constituye un llamamiento a custodiar "una magnífica humanidad habitada por Dios", promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, considera necesario desarmar la IA y superar la teoría de la "guerra justa", relanzando el diálogo y el multilateralismo.

En el texto, León XIII repasa principios centrales de la doctrina social de la Iglesia, como la justicia social y el destino universal de los bienes, afirmando que el derecho a la propiedad privada existe pero siempre subordinado a ese destino universal, y que "su función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica".

La encíclica propone asimismo una gobernanza internacional de la IA —retomando la idea de autoridad supranacional que ya esbozara Juan XXIII en Pacem in Terris— y presta especial atención a los colectivos más vulnerables: niños, personas mayores, migrantes y personas con discapacidad, cuyo acceso a derechos puede verse amplificado o cercenado por los sistemas automatizados.

Un gesto de humildad histórica. Junto a las advertencias proféticas, la encíclica incluye un pasaje que ha resonado con particular fuerza en la opinión pública. En un pasaje de Magnifica Humanitas, el Papa afirma "en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón", reconociendo que no fue hasta el siglo XIX cuando se produjo "una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud", especialmente con el pontificado de León XIII. La autocrítica histórica refuerza la credibilidad moral del documento cuando juzga las nuevas formas de sometimiento que los sistemas tecnológicos pueden generar.

Una encíclica para nuestro tiempo. Magnifica Humanitas llega en un momento en que los debates sobre la regulación de la inteligencia artificial —desde el Parlamento Europeo hasta los foros de Naciones Unidas— se libran sin referentes éticos sólidos que trasciendan los intereses corporativos o geopolíticos. La voz de la Iglesia, con toda la complejidad de su tradición y sus contradicciones, aporta al menos esto: que la tecnología no es neutral, que la dignidad humana no es negociable y que "magnificar la humanidad" no es un lema retórico, sino un imperativo moral urgente.

En el fondo, la encíclica nos plantea una pregunta que va más allá de cualquier credo particular: ¿qué clase de humanos queremos seguir siendo cuando las máquinas aprendan a pensar?

Paul Ricœur y la ética del reconocimiento mutuo

Hoy dedicamos un post a Paul Ricoeur, el filósofo que nos enseñó a leer la vida como un texto. Toda una referencia es su hermenéutica que nos interpretar el mundo para habitar en él. Su posición entre Freud y el Evangelio, entre Marx y la esperanza nos ofrece una identidad narrativa: somos lo que contamos de nosotros. Paul Ricoeur es el arte de pensar sin rendirse al cinismo. 

Hay pensadores que irrumpen en la filosofía como relámpagos y hay quienes la habitan como arquitectos pacientes. Paul Ricoeur (1913-2005) pertenece decididamente a la segunda categoría. Durante más de seis décadas construyó una de las obras filosóficas más vastas, rigurosas y humanamente generosas del siglo XX, un edificio intelectual en el que caben la fenomenología y el psicoanálisis, la teología y el marxismo, la lingüística y la ética, sin que ninguno de sus inquilinos expulse a los demás.

Nacido en Valence y educado bajo la severa luz del protestantismo francés —huérfano de madre a los dos años, de padre durante la Primera Guerra Mundial—, Ricoeur aprendió pronto que la existencia humana exige interpretación. No como lujo académico, sino como necesidad vital. Esa intuición fundacional recorre toda su obra: somos seres que necesitan entender lo que les ocurre, y para entenderlo lo narran.

La hermenéutica como filosofía de la condición humanaRicoeur tomó el concepto de hermenéutica —el arte de interpretar textos, heredado de Schleiermacher y Dilthey— y lo transformó en una filosofía de pleno derecho. Si Heidegger había ontologizado la comprensión y Gadamer había convertido la tradición en horizonte de sentido, Ricoeur fue más lejos: propuso que la interpretación no es solo un método sino el modo en que los seres humanos nos relacionamos con la realidad. El mundo no se nos da como dato bruto sino como texto que exige lectura.

Su Teoría de la interpretación (1976) y la monumental trilogía Tiempo y narración (1983-1985) desarrollan esta idea con una precisión casi matemática: el tiempo humano —a diferencia del tiempo físico— solo se vuelve inteligible cuando se configura narrativamente. Contamos historias porque de otro modo el tiempo nos aplastaría con su incoherencia. La novela, la historiografía y el mito no son entretenimientos opcionales; son las prótesis cognitivas con las que la humanidad hace habitable el paso de los años.

Identidad narrativa: somos el relato que construimosQuizá la contribución más influyente de Ricoeur a la filosofía contemporánea sea el concepto de identidad narrativa, desarrollado en Sí mismo como otro (1990). Frente a la ilusión de un yo sustancial e inmutable —el cogito cartesiano como roca—, Ricoeur propone que la identidad personal es dinámica, frágil y narrativa: somos lo que contamos de nosotros mismos y lo que los demás cuentan de nosotros. El idem —lo que permanece igual— y el ipse —lo que se mantiene fiel a sus promesas— se tensan en un equilibrio nunca resuelto del todo.

Esta distinción tiene consecuencias éticas y políticas de primer orden. Si la identidad es narrativa, puede reescribirse. Los individuos y las comunidades tienen la capacidad —y la responsabilidad— de narrar de otra manera su pasado para abrir un futuro diferente. La memoria no es un archivo sino una tarea.

Memoria, olvido y perdónSu obra tardía La memoria, la historia, el olvido (2000) confrontó el problema más urgente del final del siglo XX: ¿cómo recordar las atrocidades colectivas sin quedar atrapados en ellas? Ricoeur rechazó tanto la amnesia cómoda como la memoria paralizante. Propuso una «política justa de la memoria» que reconozca el sufrimiento sin convertirlo en identidad definitiva. El perdón —no la impunidad— aparece como horizonte ético: no borra el pasado, pero libera a los actores de su determinismo.

Una filosofía para tiempos rotosEn un presente marcado por la polarización identitaria, la desinformación y el colapso de los relatos compartidos, Ricoeur resulta más necesario que nunca. Su insistencia en que toda interpretación es parcial pero no por ello arbitraria, en que el conflicto de las interpretaciones es condición de la democracia y no su patología, en que comprender al otro exige un «rodeo» por sus textos y sus historias, ofrece una alternativa filosófica al cinismo y al dogmatismo que hoy compiten por el espacio público.

Leer a Ricoeur no resuelve los problemas. Pero enseña a plantearlos con mayor honestidad, mayor paciencia y mayor respeto por la complejidad irreductible de lo humano. En eso, precisamente, consiste la filosofía cuando está a la altura de su nombre.

Invierno demográfico: Causas y desafíos actuales

Del baby boom al invierno demográfico: sesenta años de silencio fértilEntre 1945 y 1965, el mundo occidental vivió uno de los fenómenos sociales más espectaculares de la historia contemporánea: el baby boom. Concluida la Segunda Guerra Mundial, millones de familias —aliviadas por la paz, estimuladas por el crecimiento económico y sostenidas por la emergente sociedad de bienestar— decidieron tener hijos en una proporción que hoy resulta casi inverosímil. En países como Estados Unidos, Francia, Australia o España, la tasa de fecundidad superó los tres hijos por mujer, y en algunos períodos rozó los cuatro. Las ciudades crecían, las escuelas se llenaban y el optimismo colectivo tenía un correlato biológico inequívoco.

Seis décadas después, el panorama es radicalmente opuesto. Europa, Japón, Corea del Sur y buena parte del hemisferio norte registran tasas de fecundidad muy por debajo del umbral de reemplazo generacional, fijado en 2,1 hijos por mujer. Alemania ronda el 1,5; España e Italia no alcanzan el 1,3; Corea del Sur ha llegado al histórico mínimo de 0,72. Este fenómeno, que los demógrafos denominan invierno demográfico, no es una metáfora poética: describe una realidad en la que las pirámides poblacionales se invierten, las sociedades envejecen de manera acelerada y los sistemas de pensiones y cuidados comienzan a crujir bajo una presión estructural sin precedentes.

Las causas son múltiples y se refuerzan mutuamente. La incorporación masiva de la mujer al mercado laboral —logro indiscutible de justicia social— transformó los tiempos y los proyectos de vida. La maternidad, antes socialmente obligada, se convirtió en una elección deliberada y, con frecuencia, diferida. La urbanización elevó el coste de la vivienda a niveles que hacen incompatible la crianza con la estabilidad económica en muchas ciudades. La precariedad laboral juvenil añade incertidumbre a ecuaciones ya complejas. El alargamiento de los estudios retarda la emancipación. Y, en un plano más sutil pero igualmente determinante, el cambio de valores posmodernos —la primacía de la autorrealización individual, la centralidad del proyecto personal— ha reconfigurado las motivaciones íntimas ante la decisión de tener o no tener descendencia. La religión, que durante siglos actuó como incentivo implícito de la natalidad, ha perdido su ascendiente sobre amplias capas de la población.

A estos factores se suma una paradoja perturbadora: cuanto más alto es el nivel educativo de una sociedad, menor suele ser su tasa de fecundidad. No porque la educación sea enemiga de la vida, sino porque desarrolla la capacidad crítica para calcular los costes —económicos, profesionales, emocionales— de la crianza en contextos de apoyo institucional insuficiente.

Las soluciones propuestas son igualmente diversas. Algunos gobiernos, como Hungría o Francia, han apostado por políticas natalistas directas: subsidios por hijo, deducciones fiscales progresivas, permisos parentales generosos. Los resultados son modestos y demoran años en manifestarse. Otros apuestan por una gestión más inteligente de la inmigración, que a corto plazo alivia la presión demográfica sin resolver el problema de fondo. Una tercera vía, quizás la más estructuralmente honesta, propone rediseñar los modelos de cuidado: escuelas infantiles universales, corresponsabilidad doméstica real entre géneros, y mercados de trabajo que no penalicen la maternidad ni la paternidad.

Ninguna medida aislada resulta suficiente. El invierno demográfico es, en última instancia, el síntoma de una contradicción no resuelta en las sociedades avanzadas: el deseo genuino de muchas personas de tener hijos choca con unas condiciones materiales y culturales que lo dificultan sistemáticamente. Resolver esa contradicción exige más que incentivos económicos: exige reimaginar colectivamente qué tipo de sociedad queremos construir y a qué coste estamos dispuestos a hacerlo. La demografía, al fin y al cabo, no es sólo estadística. Es la huella que una civilización deja sobre el tiempo.

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La paradoja que Einstein perdió y la física cuántica ganó

En 1935, Albert Einstein publicó junto a Boris Podolsky y Nathan Rosen un artículo que pretendía ser un golpe definitivo contra la mecánica cuántica. El texto se titulaba ¿Puede considerarse completa la descripción de la realidad física proporcionada por la mecánica cuántica? y su respuesta implícita era rotunda: no. Paradójicamente, el argumento que Einstein diseñó para hundir la teoría cuántica terminó convirtiéndose en uno de los pilares experimentales más fértiles de la física contemporánea. A ese argumento se le conoce hoy como la Paradoja EPR (Inicial de sus autores).

El problema de la completitud. Para comprender la paradoja es necesario situarse en el contexto intelectual de los años treinta. Einstein nunca negó que la mecánica cuántica funcionara: predecía con extraordinaria precisión los resultados de los experimentos. Su objeción era de naturaleza filosófica. Según él, una teoría física completa debe asignar a cada elemento de la realidad una representación precisa. La mecánica cuántica, sin embargo, describe partículas mediante funciones de probabilidad —las famosas funciones de onda— que solo colapsan a un estado definido en el momento de la medición. Para Einstein, esto era inaceptable: la Luna existe aunque nadie la mire.

El experimento mental. El argumento EPR se construyó sobre un experimento mental. Imagínense dos partículas que interactúan brevemente y luego se separan a grandes distancias. Según la mecánica cuántica, esas partículas permanecen en un estado de entrelazamiento cuántico: el resultado de medir una propiedad de la primera partícula determina instantáneamente el resultado de medir la propiedad correspondiente en la segunda, independientemente de la distancia que las separe. Einstein llamó a este fenómeno spukhafte Fernwirkung, acción fantasmal a distancia, y lo consideró absurdo. Si no existía ninguna señal transmitida entre ambas partículas, la única explicación posible era que sus propiedades ya estaban determinadas desde el principio por variables ocultas que la mecánica cuántica ignoraba.

La respuesta de la física: Bell y los experimentos. Durante décadas, la paradoja EPR fue un debate filosófico sin resolución experimental posible. En 1964, el físico irlandés John Stewart Bell formuló unas desigualdades matemáticas que permitían distinguir entre las predicciones de la mecánica cuántica estándar y cualquier teoría de variables ocultas locales. Era, en esencia, convertir la intuición filosófica de Einstein en una pregunta empírica. 

Los experimentos realizados a partir de los años setenta —y de manera definitiva los de Alain Aspect en 1982, y los experimentos de libre elección de los últimos años— han violado sistemáticamente las desigualdades de Bell, confirmando las predicciones cuánticas. En 2022, Aspect recibió el Premio Nobel de Física precisamente por esta línea de investigación.

Lo que la paradoja nos enseña. La paradoja EPR ilustra algo que la historia de la ciencia repite con frecuencia: los errores productivos de los grandes científicos son, a veces, más fecundos que sus aciertos. Einstein no consiguió refutar la mecánica cuántica, pero su resistencia obligó a la física a precisar sus fundamentos, a desarrollar herramientas matemáticas nuevas y a plantearse preguntas sobre la naturaleza de la realidad que aún no tienen respuesta definitiva. El entrelazamiento cuántico, ese fenómeno que Einstein rechazó como fantasmal, es hoy el recurso tecnológico sobre el que se construyen los ordenadores cuánticos, la criptografía cuántica y las redes de comunicación del futuro.

La paradoja de Einstein es, en el fondo, un recordatorio de que la realidad no está obligada a comportarse según nuestras intuiciones, por brillantes que sean quienes las formulen.

Idiocracia: Distopía que anticipó la actual cultura en crisis

Idiocracy (Idiocracia) es una película de ciencia ficción satírica que trasciende el mero entretenimiento para constituirse en una reflexión profunda sobre los mecanismos de degradación intelectual y cultural en las sociedades de consumo. Dirigida por Mike Judge en 2006, aunque distribuida de manera limitada inicialmente, la obra ha adquirido con el tiempo el estatus de cult film entre intelectuales, educadores y analistas de tendencias sociales. Puede verse en su integridad en el tuit final de este post.

La premisa narrativa es simple pero efectiva: un soldado estadounidense ordinario despierta del criocriogenización en el año 2505, encontrándose un mundo donde la inteligencia media ha descendido drásticamente. Las corporaciones controlan todos los aspectos de la vida pública, la educación se ha disuelto, y la población sobrevive mediante estímulos audiovisuales constantes y alimentos altamente procesados. Esta visión futura no pretende ser realista en sentido predictivo, sino operativa como reductio ad absurdum de tendencias contemporáneas ya visibles en el siglo XXI.

Lo que distingue Idiocracy de otras distopías es su precisión diagnóstica respecto a los mecanismos específicos de la degradación cognitiva colectiva. Judge identifica tres vectores principales: primero, la eliminación gradual de la educación crítica y reflexiva en favor del entretenimiento; segundo, la perpetuación intergeneracional de patrones de bajo capital cultural mediante selección natural inversa (la teoría que la película ilustra); y tercero, la colonización completa del espacio público por corporaciones que se lucran del mantenimiento de la ignorancia.

La película funciona como una sátira sociológica en la tradición de Jonathan Swift, aunque su medio sea audiovisual. No recurre al morbo ni a la caricatura absurda sin propósito: cada detalle —desde los nombres de las empresas hasta los contenidos televisivos ficticios— refleja una extrapolación lógica de dinámicas reales. En este sentido, posee valor educativo considerable para cursos de sociología de la comunicación, historia intelectual contemporánea, o seminarios sobre distopía literaria.

Mike Judge, creador de la película, es graduado en Física por la Universidad de California en San Diego, su trasfondo científico permea su obra a través de una observación casi antropológica de la conducta humana. Se convirtió en animador, cineasta y productor de televisión. Su trayectoria profesional incluye la creación de Beavis and Butt-Head (que, paradójicamente, criticaba la degradación de la cultura audiovisual mientras participaba en ella) y la serie Silicon Valley, una sátira sobre la cultura empresarial tecnológica. Judge posee un intelecto técnico agudo combinado con una sensibilidad sociológica penetrante, lo que le permite identificar contradicciones y patrones sistémicos donde otros ven sólo fenómenos aislados. 

Lo notable es que Idiocracy, pese a su pesimismo explícito, contiene una premisa humanista implícita: la inteligencia no es un rasgo heredado inmutable, sino un producto de prácticas culturales, acceso a educación, y estimulación intelectual. Su diagnóstico es sombrío, pero la responsabilidad no recae en deficiencias genéticas sino en elecciones institucionales y colectivas. Esto la diferencia radicalmente de determinismos biológicos o conspiracionistas.

Para educadores y profesionales de la comunicación, Idiocracy constituye un documento de valor heurístico: permite problematizar la relación entre consumo mediático, capital cultural, y capacidad cognitiva de manera que evita la condescendencia moralizante. El film respeta la inteligencia de su audiencia precisamente porque no pretende ofrecer soluciones, sino únicamente exponer con nitidez el problema.

En nuestro contexto actual, donde los algoritmos de recomendación personalizan el aislamiento cognitivo y donde la desinformación estructurada mina la capacidad colectiva de discernimiento, Idiocracy no ha perdido relevancia. Si acaso, se ha convertido en una profecía desasosegante cuya actualidad crece año tras año.

Los 72 Tropos más usuales en la literatura

Este es un post atípico por su extensión (que preferimos no fragmentar), que reúne una amplia colección de tropos o tropes. Si lees suficiente literatura contemporánea, inevitablemente empezarás a notar patrones. Arquetipos de personajes, situaciones y motivos aparecerán una y otra vez dentro de un género dado, ofreciendo a los lectores una idea de qué esperar cuando toman un libro del estante. Estos motivos recurrentes se denominan "tropos", y son algo así como un arma de doble filo para los escritores. Te guiaremos a través de todo lo que necesitas saber sobre los tropos literarios, con algunos de los más comunes en siete géneros populares de ficción.

¿Qué es un "tropo o trope" en la escritura? Un tropo es un recurso argumental, incidente o tipo de personaje recurrente que observamos una y otra vez en los medios narrativos. Estos motivos recurrentes pueden resultar cómodamente familiares, aunque pueden volverse tediosos cuando se usan en exceso de la misma manera. Un grupo de amigos que alquila una cabaña para una fiesta en el bosque es un ejemplo de un tropo común en el terror.

Los tropos literarios son polarizantes porque representan lo que los lectores más aman de un género determinado, pero también pueden significar una falta de originalidad. Los mejores tropos son aquellos que se subvierten de alguna manera o se examinan a través de una nueva lente.

¿Cuál es la diferencia entre un tropo y un cliché? Tanto los tropos como los clichés representan patrones recurrentes en la narrativa. Sin embargo, los clichés son tropos que se han utilizado demasiadas veces y se han vuelto excesivamente predecibles o simplistas. En este punto, el patrón reconocible ya no es efectivo; en el peor de los casos, puede incluso ser despectivo u ofensivo.

Por ejemplo, crear un personaje estereotipado que sea una rubia tonta o un deportista bruto es un cliché, porque representa una visión muy limitada y dañina de lo que las personas pueden ser.

¿Cuál es la diferencia entre un tropo y un arquetipo? Los tropos son situaciones o patrones que nacen de los arquetipos. Un arquetipo es una imagen o idea amplia que existe a través de culturas y generaciones, representando una experiencia humana universal. Por ejemplo, los héroes, los villanos y las figuras de mentor son todos arquetipos de personajes; este tipo de personajes existen en todas las narrativas, sin importar qué tan atrás en el tiempo o qué tan lejos en el globo terráqueo viajes. Asimismo, la búsqueda, el viaje del héroe y el viaje de la pobreza a la riqueza son ejemplos de arquetipos argumentales: puedes encontrar este tipo de historias en todas partes.

Estos arquetipos forman la base de los tropos y los clichés. Mientras que los arquetipos son manifestaciones reconocibles de nuestras esperanzas, necesidades y experiencias universales, los tropos y clichés son formas específicas en las que estos arquetipos han sido explorados.

La lista definitiva de tropos literarios por género:

Tropos de literatura fantástica. Estos son algunos de los tropos más comunes que verás en la literatura fantástica clásica y contemporánea.

El tropo del "elegido". Este tropo literario fue una vez muy efectivo, pero se ha vuelto tan extendido que tiende a levantar una bandera roja, o al menos una ceja, entre lectores y editores. Estas historias presentan protagonistas que son, por azar, elevados por encima de los demás de alguna manera. Además, esto suele ser una sorpresa para el protagonista. Podría ser el sujeto de una profecía controvertida, o descubrir un linaje secreto de seres sobrenaturales.

La razón por la que este tropo es menos apreciado hoy en día es probablemente porque puede ser un tanto perezoso. Si quieres poner a tu personaje principal en el centro de una guerra mágica generalizada, la forma más fácil de hacerlo es simplemente colocarle una placa de "Elegido" en la chaqueta y dar por terminado el asunto. Aún es posible usar este tropo de manera satisfactoria, pero requiere un poco más de imaginación y una caracterización exhaustiva para que resulte fresco y novedoso.

La búsqueda. La historia de búsqueda más famosa en la historia literaria es la del Rey Arturo y el Santo Grial. Desde entonces, este tropo argumental se ha abierto camino en una alta proporción de historias fantásticas. Los personajes principales necesitan algo que determinará el destino de sus familias, comunidad o mundo, por lo que emprenden una peligrosa y emocionante excursión para recuperarlo.

El romance sobrenatural. Hay una razón por la que las novelas de "romantasy" son algunas de las estrellas emergentes del mundo literario. Los lectores, particularmente aquellos de cierto, digamos, grupo demográfico, se derriten por el floreciente romance entre un humano y el "otro". Vampiros, hombres lobo, gárgolas, gorgonas, centauros, hadas, tritones, fantasmas, zombis, fantasmas zombis, estrellas caídas, demonios, ángeles y prácticamente cualquier otra criatura mágica vagamente humanoide que puedas imaginar son un objetivo válido.

4º El triángulo amoroso sobrenatural. Bien, pero ¿qué pasa si tu violeta que se marchita no tiene uno, sino dos seres sobrenaturales atractivos jadeando por su afecto? ¿Y si pertenecen a clanes rivales que han gobernado en secreto [inserte aquí una ubicación urbana sombría] durante siglos? Los tres se ven tan bien juntos en la portada que no puedes evitar desear que todos se llevaran bien.

5º El MacGuffin. Un "MacGuffin" es un término literario que se refiere a un recurso argumental tangible que pone en movimiento a los personajes principales. Podría ser una carta secreta, un amuleto, un libro sagrado, una llave, etc. Un MacGuffin es una forma útil de poner en marcha tu trama.

6º El arquetipo del mentor. Si bien las figuras de mentor son arquetípicas, más que estrictamente "tropotípicas", hay una encarnación particular del mentor que tiende a surgir con frecuencia en la literatura fantástica. Fue introducido por primera vez a través de Merlín, popularizado aún más por Gandalf el Gris, y firmemente arraigado en la conciencia colectiva por Albus Dumbledore.

Este personaje es uno de los tropos más populares en la escritura fantástica y crea expectativas definidas en el lector sobre el tipo de historia que está a punto de experimentar. Sin embargo, como el "elegido", a veces puede ser un síntoma de tomar el camino más fácil.

7º El gobernante reacio. Gestionar un reino es difícil, escritores. A pesar de la ropa de cama de lujo y el vino importado, los gobernantes a veces pueden experimentar el llamado de la vida sencilla y lo desconocido. Esto es especialmente cierto en el caso de los gobernantes jóvenes que han heredado su posición y que preferirían ir a acampar con sus amigos. Lo bueno de este tropo es que crea un gran potencial para generar conflicto y puede tomar muchas direcciones diferentes.

8º El héroe reticente. A menudo emparejado con el tropo del "elegido", este tropo literario presenta a un personaje —a menudo un protagonista, pero a veces un personaje secundario— que es arrojado a una posición de heroísmo a pesar de su mejor juicio. Puede comenzar como alguien cobarde o egoísta que no quiere ponerse en la línea de fuego, o que es incapaz de ver el mundo como algo más grande que él mismo. Más tarde, llegará a encarnar valores más nobles y se convertirá en un símbolo de esperanza.

9º La sociedad secreta. ¿Hay algo más emocionante que descubrir una organización elitista de siglos de antigüedad que quizás sacrifique vírgenes desprevenidas a cambio de un poder sombrío? O, tal vez, una organización elitista de siglos de antigüedad que protege a humanos desprevenidos de fuerzas más allá de su comprensión. Este es un tropo favorito de los fans que ofrece el potencial de explorar temas poderosos como la segregación, el clasismo y la identidad.

10º El mundo oculto. Las sociedades secretas son a menudo la "punta del iceberg" de un mundo secreto mucho más profundo y siniestro. Estas historias muestran a los personajes principales expuestos a una capa oculta debajo de la suya propia, llena de peligros hermosos y seductores. Este podría ser un mundo secundario literal, o podría ser un elemento de nuestro propio mundo que los personajes no podían ver antes.

11º Profecías inconvenientes. ¿No odias cuando tu destino está determinado antes de que siquiera nazcas? Y luego, para empeorar las cosas, la gente empieza a intentar matarte por lo que temen que puedas llegar a ser. Las profecías pueden ser una forma útil de poner en marcha una historia (eso es un "MacGuffin", ¿recuerdas?), y a menudo hacen que los personajes se conviertan en sus peores enemigos, provocando finalmente su propia perdición.

12º La Vieja Taberna. El escenario histórico medieval idealizado es un pilar de la fantasía clásica, y a menudo hay un pub donde la gente se reúne para beber, bailar, acuchillarse por la espalda, intercambiar objetos místicos y recoger chismes locales. Por esta razón, puede ser un escenario útil cuando necesitas que tus personajes adquieran nueva información. Sin embargo, ten cuidado de limitar tu ficción histórica fantástica a este motivo muy específico y muy saturado. Vale la pena explorar otras tradiciones culturales y ver qué pueden ofrecer al canon de la narrativa.

13º El mal supremo. Un tropo recurrente común en las historias fantásticas es esta idea de un poder maligno supremo y abarcador. Los héroes necesitan derrotar al mal supremo para asegurar la supervivencia de la raza humana. Esta figura podría ser una amenaza humana que ha alcanzado un poder astronómico, o podría ser algo antiguo y arcano.

Tropos de literatura de ciencia ficción

Adyacentes en el espectro de la ficción de género, aquí hay algunos de los tropos narrativos más populares que verás en la escritura de ciencia ficción.

14º La sociedad distópica. La ficción distópica es un gran negocio. Podemos agradecer a grandes como George Orwell y H. G. Wells por ello, pero cada año se publican más novelas que utilizan la especulación como un lente a través del cual explorar problemas sociales, políticos y culturales reales en el mundo actual. Las distopías representan el peor curso posible que puede tomar nuestro mundo si no aborda estos problemas. Puedes usar este tipo de escritura para comunicar poderosos mensajes sociales y temas.

15º La utopía cuestionable. En el extremo opuesto de los tropos del género de ciencia ficción, está el mundo donde todo es perfecto… ¿o no? La ficción utópica presenta un mundo en el que todos los problemas del mundo han desaparecido, excepto que al eliminarlos, el mundo a menudo ha creado algo mucho peor.

16º Nuevos superpoderes. Los superhéroes (y villanos) han sido un pilar del género de ciencia ficción desde las tiras cómicas de la década de 1930. Sin embargo, los héroes más perdurables y resonantes parecen ser aquellos que descubren sus poderes por casualidad, en lugar de venir al mundo ya equipados con ellos. Por ejemplo, ser mordido por un [inserte aquí un animal espeluznante] radiactivo, estar expuesto a rayos planetarios no identificados en el espacio, o llegar a una herencia inesperada a través de un cambio físico, como la pubertad o la menstruación.

17º El montaje de entrenamiento. Aunque sea horriblemente usado en exceso, la mayoría del público todavía tiene un cariño por el clásico montaje de entrenamiento. El héroe aprende a usar sus nuevos poderes, armas o habilidades. En los medios cinematográficos, esto es casi invariablemente acompañado por edificantes acordes de poder de los años ochenta.

18º El viaje en el tiempo. Aunque el viaje en el tiempo también puede existir en la literatura fantástica, se asocia en gran medida con la ciencia ficción. Este tropo muestra a los personajes centrales saltando hacia atrás o hacia adelante en el tiempo, causando inevitablemente problemas para sí mismos o para el mundo en general.

19º La política interestelar. En estas historias, la trama gira en torno a la comunicación conflictiva entre planetas o sistemas solares.

20º Universos alternativos. ¿Podría haber un universo paralelo en el que tomaste una decisión diferente o seguiste un camino distinto? ¿O uno en el que tu acosador de la secundaria fue devorado por tiburones que deambulan por la tierra? El único límite es tu imaginación.

21º Robots espeluznantes. Desde Rosie, la robot, hasta la amenaza más apremiante de la IA, la ciencia ficción está cargada de máquinas humanoides que pueden hacer cualquier cosa, desde tu lavandería hasta derrocar a líderes mundiales.

22º Ingeniería genética. ¿Qué pasaría si pudieras diseñar al bebé perfecto? ¿Al marido perfecto? ¿O mejorarte a ti mismo cuando necesitaras una renovación post-divorcio? ¿En qué momento los humanos de diseño dejan de ser humanos en absoluto? Haciéndose las grandes preguntas.

23º El apocalipsis inminente. "Si llega el apocalipsis, llámame". —Una época más simple en la que los adolescentes que salvaban el mundo todavía se comunicaban por busca. La ciencia ficción está plagada de catástrofes a nivel del fin del mundo, ya sea por fuerzas de otro mundo o por la codicia humana básica.

Tropos de literatura romántica 

A continuación, veamos uno de los géneros literarios más profundamente cargados de tropos: la historia de amor.

24º El encuentro adorable (meet-cute). El "meet-cute" es el tipo de historia que te encantaría contar a tus futuros nietos o invitados a la boda sobre cómo tú y tu pareja se cruzaron por primera vez. Por un golpe de destino casual, dos personas terminan entrando en la vida del otro y uniéndose por algo pequeño: mascotas descarriadas, arte renacentista, pan artesanal, etc.

25º El encuentro vergonzoso (meet-cringe). El tipo de historia que esperas que tus futuros nietos o invitados a la boda nunca lleguen a descubrir. Un personaje experimenta algo mortificante y el otro personaje lo presencia.

26º El amor a primera vista. Un pilar de los cuentos de hadas y los romances paranormales para jóvenes adultos, estas historias presentan a sus personajes principales descubriendo a "la pareja ideal" a los pocos momentos de conocerse. A veces, puede haber un destino sobrenatural involucrado. Otras veces, son solo hormonas.

27º De enemigos a amantes. Por más repetido que sea, los lectores nunca se cansan de gritar "¡BÉSENSE YA!" a las dos de la madrugada a personajes que creen que no se soportan. Estas historias muestran a protagonistas que comienzan enfrentados y se sienten cada vez más atraídos el uno por el otro a medida que pasa el tiempo.

28º De amigos a amantes. En el extremo opuesto, esta historia involucra a dos amigos cercanos de la infancia que crecen y aprenden a verse de una nueva manera. Estas relaciones a menudo funcionan bien porque ya han visto lo mejor y lo peor del otro.

29º De amantes a enemigos y de vuelta. Estas historias de "segunda oportunidad" muestran cómo una relación se desmorona debido a una traición que destroza el mundo. Y, sin embargo, no pueden parecer capaces de mantener sus mentes (o sus manos) alejadas el uno del otro.

30º Triángulos amorosos. Uno de los tropos románticos más antiguos de todos los tiempos (si no estás seguro, pregúntale a Eva, Adán y Lilith), estas historias siguen a un protagonista que se encuentra atrapado entre dos intereses amorosos opuestos. Cada interés amoroso tiene algo muy diferente que ofrecer y, a menudo, se utilizan como personajes en contraste entre sí. Uno podría ser peligroso y sensual, mientras que el otro es reconfortante y hogareño, etc. Si bien es poco probable que este tropo muera pronto, se ha hecho una y otra vez, así que querrás tratar de usarlo para aportar algo nuevo a tu historia.

31º Proximidad forzada. El tropo de "proximidad forzada" significa coaccionar a dos personajes en un espacio finito, como una mansión espeluznante, un ascensor o una cama. Sin ningún lugar donde esconderse, los sentimientos latentes comienzan a surgir. A menudo verás esto usado junto con el tropo de "enemigos a amantes".

32º Dinámicas desiguales. Hay algo catárticamente seductor en las parejas que salvan el abismo de estatus de alguna manera, ya sea una división en edad, clase o posición económica. Los "romances de milmillonarios" y muchos romances sobrenaturales entran en esta categoría.

33º El crush prohibido. El atractivo de lo prohibido es real. Este tropo sigue la atracción de un personaje hacia alguien que sabe que no debería desear: el ex de un amigo, el padre de un amigo, un compañero de trabajo, un profesor, etc. Estas historias pueden ser atractivas, pero sus mensajes deben manejarse con cuidado.

34º La relación fingida. Este popular tropo muestra a dos personajes fingiendo salir o casarse para satisfacer alguna necesidad externa apremiante. Quizás uno necesita una cita para la boda de su primo para que su tía bienintencionada deje de intentar concertarle una cita con el hijo de su contable. Quizás el otro necesita una relación socialmente aceptable para ocultar un amor más conflictivo. Estas relaciones de conveniencia comienzan como un acuerdo de negocios y se convierten en algo más profundo, ya sea amor real o una amistad rápida.

35º El amor de segunda oportunidad. Estas historias muestran a dos personas que perdieron su oportunidad y que intentan de nuevo alcanzar un final feliz. Podrían ser una pareja que rompió porque uno de ellos cometió un error estúpido, o podrían ser dos amigos de la universidad que nunca fueron lo suficientemente valientes para dar el siguiente paso. Los lectores disfrutan viéndolos aprender de su pasado y luchar por el amor verdadero.

Tropos de literatura de misterio

Como uno de los géneros literarios más estructurados, los misterios tienen una amplia gama de tropos de personajes y recursos argumentales instantáneamente reconocibles, reconfortantes e indulgentes. Aquí hay algunos favoritos rápidos.

36º El detective curtido. Famoso por Humphrey Bogart, a menudo imitado, este tropo de personaje tiene nervios de acero y un corazón de oro. Él (siempre es un hombre) usa zapatos brillantes, bebe demasiado, no confía en una cara bonita y tiene olfato para la verdad (y los problemas).

37º El detective aficionado. Un favorito del género de misterio acogedor, este personaje es una persona común que se ve inevitablemente atrapada en un caso. Puede ser cualquier cosa, desde una pastelera hasta un músico en apuros o un diseñador de moda, pero algo que tienen en común es que no son curtidos, duros o particularmente capaces. En cambio, tienen que aprender rápido a medida que las apuestas se vuelven cada vez más altas.

38º El restaurante abierto toda la noche. Al igual que la "vieja taberna" en la literatura de alta fantasía, el comedor cutre que siempre está abierto le da al detective y a su cliente, informante o sospechoso un lugar neutral para ponerse en contacto y desahogarse. El café es barato y no muy bueno, y puedes encontrarte con casi cualquier persona si te quedas ahí el tiempo suficiente.

39º El pequeño pueblo con secretos. ¿Crees que la ciudad de Nueva York tiene una alta tasa de criminalidad? Espera a que conozcas a los habitantes del dulce pueblo del medio oeste con la feria anual de la cosecha, o al pueblo de Yorkshire rebosante de encanto cottagecore. No comas nada que no hayas horneado tú mismo. No confíes en nadie.

40º La familia ensangrentada. ¿Pueden los instintos asesinos ser una enfermedad hereditaria? ¿Qué haces cuando el "negocio familiar" implica "ocuparse" de los "problemas" de otras personas? Justo cuando crees que has encontrado al asesino, te enteras de que las raíces del ennegrecido árbol genealógico se extienden más allá de lo que podrías haber imaginado.

41º El reloj en marcha. Introducir una restricción de tiempo es siempre una excelente manera de aumentar la tensión, y en ningún lugar esto es más cierto que en los misterios y thrillers. Esto podría ser una bomba que está a punto de estallar, información fundamental que está a punto de ser revelada o destruida, o la entrada o salida de un personaje esencial.

42º El narrador no fiable. Los narradores no fiables son personajes desde cuyo punto de vista se cuenta la historia que, intencional o involuntariamente, ocultan información al lector. Podrían estar escondiendo algo de su pasado, o podrían estar confundidos acerca de lo que realmente está sucediendo. Este es un recurso argumental útil para mantener a tus lectores adivinando.

43º El affaire oculto. En las novelas de misterio y suspense, casi siempre hay alguien enredándose con otra persona. Esto se utiliza a menudo como una "pista falsa", o un recurso que engaña intencionadamente al lector. ¿Crees que el sospechoso dueño de la ferretería sin coartada para el asesinato era el asesino? En realidad, pasó esa noche en la cama con la esposa de su vecino.

Tropos de literatura de acción y aventura 

Muy relacionados con los thrillers están las historias de aventura. Un favorito de lectores de todas las edades desde los días de La Isla del Tesoro y Las Minas del Rey Salomón, estos libros a menudo contienen múltiples tropos.

44º La búsqueda del tesoro. ¿Hay algo más emocionante que la búsqueda de un tesoro enterrado? O si no es un tesoro enterrado, un manuscrito raro invaluable, un objeto maldito o un mundo perdido. En otro uso clásico del MacGuffin, estas historias muestran a los personajes principales yendo en busca de riquezas que cambiarán sus vidas.

45º Acertijos y adivinanzas. A menudo vistos de la mano con la búsqueda del tesoro, este tropo brillantemente satisfactorio anima a los héroes a usar su ingenio. Si resuelven el acertijo, pueden continuar su viaje. Si fallan, pueden quedar atrapados para siempre en una tumba maldita o ser aplastados por escombros que caen.

46º Lugares exóticos. Si bien todo lugar es "insólito" para alguien, muchas historias de aventura provenientes de la cultura occidental a menudo involucran a personajes que viajan a tierras lejanas. Esto ayuda a los lectores a viajar desde su sillón a lugares que quizás nunca vean en la vida real, así como a transmitir una sensación de que los personajes están en un territorio desconocido e impredecible.

47º El agente doble. En un mundo donde todos tienen una agenda, tu mejor amigo puede convertirse en un traidor... o tu enemigo puede convertirse en un amigo.

48º El hombre común convertido en héroe. Todo lo que quería era ir a la tienda a comprar leche, y de repente se encuentra en el centro del espionaje internacional y de una maldición centenaria.

49º El monólogo del villano. Para ser completamente justos con ellos, lo entiendo. Solo quieres que alguien aprecie lo brillante que fuiste, y el héroe atado a una silla es la audiencia cautiva perfecta.

50º La batalla secreta de alto riesgo. Te sorprendería saber cuántas veces el destino del mundo se ha decidido justo bajo nuestras narices. Ya sea que tenga lugar en una aeronave sobre la tierra, en cavernas bajo el suelo o en algún mundo de ensueño paralelo oculto, estas historias ven batallas épicas ocurriendo justo fuera de la vista de la sociedad.

51º La escena de persecución obligatoria. No intentes esto en casa (a menos que sea con tus coches de juguete Hot Wheels).

52º La mejora de vestuario. Puedes darte cuenta de que las cosas se están poniendo serias cuando el héroe recibe un nuevo look, completo con útiles artilugios.

Tropos de literatura de terror

Ah, el género de terror. Consolador, predecible, y amamos cada momento.

53º Objetos malditos (también conocidos como MacGuffins espeluznantes). Te dará todo lo que siempre quisiste... a cambio de un precio. (La muerte. El precio es la muerte).

54º Monstruos. ¿Feroces, sedientos de sangre o terriblemente incomprendidos? ¿Quizás todo lo anterior? Desde que existe la narrativa, han existido cosas que acechan en la noche. Revisa viejos favoritos, subvierte viejos favoritos de maneras nuevas y frescas, o crea los tuyos propios. Vampiros, hombres lobo y zombis son solo algunos de los clásicos atemporales, pero vale la pena examinar el folclore regional y los mitos de otros mundos en busca de inspiración también.

55º Tratos en la encrucijada. Un tropo raro que nunca envejece, este motivo de terror folclórico muestra a alguien haciendo un trato con el diablo (u otro villano nefasto, a veces un demonio) a cambio de su alma inmortal. Tradicionalmente, esta historia se asocia con músicos que venden su alma a cambio de habilidad o fama, pero puedes usar este tropo de formas ilimitadas.

56º El conjuro de invocación en estado de embriaguez. Fiesta después de la fiesta en la biblioteca y todos están invitados. Oigan, miren este extraño libro que encontré.

57º Casas antiguas espeluznantes. O están abandonadas y sosteniéndose solo con pura furia, o son sospechosamente inmunes a los estragos del tiempo y todavía se ven como en 1712. Hay una alta probabilidad de que fueron construidas sobre los huesos de huérfanos.

58º Pantanos antiguos espeluznantes. Como "casas antiguas espeluznantes" pero trasladado a Luisiana.

59º La herencia con condiciones. En la economía actual, heredar la mansión, el negocio o la fortuna familiar podría parecer una bendición divina. Resulta que hay una razón por la que la tía abuela Edna se encerró y nunca habló con nadie (ver "casas antiguas espeluznantes", arriba).

60º Vehículos averiados. No hacer: a.) bajarse del coche bajo ninguna circunstancia, b.) rodear el coche para ver cuál es el problema, o c.) dejar a una persona sola en el coche mientras la otra va a pie al pueblo más cercano. En su lugar: quédate en el coche hasta el amanecer y di tus últimas voluntades.

61º La fiesta en el bosque. Sin padres, sin vecinos y sin inhibiciones. Algunas cosas parecen una buena idea en el momento hasta que la gente empieza a matarse entre sí. "Ayuda, me he caído y no puedo levantarme". "Si solo hubiera un hombre grande y fuerte cerca para salvarme... oh no, espera, estoy muerto".

62º Personajes estereotipados. El terror clásico, especialmente el terror visual (es decir, cine y cómics), a menudo está lleno de personajes estereotipados arquetípicos. Esto le da al lector una idea de qué esperar, ya que estos personajes encajan cómodamente en las normas narrativas. Sin embargo, los personajes estereotipados también pueden deslizarse hacia el estigma y el cliché. Como escritor, desafíate a ti mismo a subvertir estas normas o usarlas para sorprender a tu lector con algo que no esperaba.

63º Muerte por karma. ¿Fuiste un matón con ese niño nerd de la chaqueta con letras? Espero que hayas disfrutado de tu mejor momento en la secundaria, porque eso es todo lo que vas a obtener.

64º Vida por virginidad. Si una generación de películas de terror nos ha enseñado algo, es que las vírgenes tienen la mejor oportunidad de salir con vida.

Tropos de literatura juvenil (YA Young Adult)

Si bien la ficción para jóvenes adultos puede caer en cualquier género, hay ciertos tropos que vemos surgir una y otra vez en las historias para jóvenes en el umbral de la vida.

65º Padres realmente malos. La ficción YA, especialmente la ciencia ficción y la fantasía, parece tener una escasez de modelos adultos saludables. Los padres pueden ser abusivos, distantes o simplemente muy incompetentes. A menudo esto es necesario para avanzar en la trama para que los adolescentes puedan dar un paso adelante y tomar el centro del escenario. Sin embargo, hay excepciones a este tropo, como las fuertes relaciones madre-hija en Ciudad de Hueso de Cassandra Clare o El Diario de la Princesa de Meg Cabot.

66º Figuras de autoridad realmente malas en general. La ignorancia voluntaria frente al peligro inminente parece ser un pilar de muchos adultos en la ficción YA, incluidos maestros, niñeras y empleadores. Cuando las figuras de autoridad a cargo no asumen la responsabilidad, depende de la próxima generación arreglar las cosas.

67º Familia encontrada (ver arriba). Lo que esto a menudo significa es que los personajes principales de la ficción YA, incapaces de confiar en sus propias familias de sangre, construyen nuevas familias encontradas a su alrededor de aliados y amigos. El protagonista busca la lealtad familiar que había faltado en su propia vida y la encuentra en un improbable grupo variopinto de otras almas descarriadas.

68º Primer amor. ¿Hay algo más intrínseco a la experiencia adolescente que el primer amor? Ya sea un doloroso amor secreto no correspondido por su mejor amigo o un romance veraniego de primera juventud, los personajes YA entran en un nuevo estado de ser donde una avalancha de hormonas está pintando el mundo en colores vivos.

69º Primer todo. Puedes intentar poner un rango de edad a la ficción YA, pero la verdad es que el género no está definido en absoluto por la edad de sus personajes o lectores. La ficción YA trata sobre crecer y aprender a habitar el mundo de una manera completamente nueva. Esto significa primer amor, primer concierto, primera trasnochada, primer viaje por carretera, primer desamor, primera traición, primera vez usando una nueva habilidad o enfrentando un miedo particular.

70º El romance con una celebridad. Parece haber muchos romances con celebridades en la ficción YA. Ese galán, estrella de cine en ascenso, se ha inscrito en una escuela secundaria estadounidense típica como investigación para su próximo papel (el actor británico Tom Holland realmente hizo esto para prepararse para protagonizar como Spider-Man de Marvel). El heredero de un pequeño reino insular ha sido enviado a la escuela secundaria como castigo por algún escándalo de ebriedad de alto perfil. Pronto las chispas vuelan a través de la enorme brecha social.

71º Protagonistas marginados o forasteros. Es común que los protagonistas de la ficción YA sean niños que son "poco populares", desfavorecidos o fuera de las normas sociales. Estos personajes son efectivos para resonar con lectores que también se sienten como forasteros de alguna manera.

72º Autosacrificio. Los adolescentes de la ficción YA tienen una cosa a su favor: su nobleza sobrehumana. Constantemente se ponen en la línea de fuego por sus seres queridos o por el mundo en general.

73º El oscuro secreto familiar. Las lecturas para adolescentes a menudo siguen a un protagonista que descubre una impactante verdad oculta sobre su familia, ya sea un linaje mágico, un fondo fiduciario oculto de orígenes dudosos o fantasmas del pasado (figurativos o literales) que regresan para atormentarlos.

Cómo usar los tropos literarios de manera efectiva. ¿Te sientes inspirado? Los lectores esperan ver ciertos tropos y motivos recurrentes en sus géneros favoritos, pero necesitas ser creativo para crear una historia que sea significativa y memorable. Aquí tienes las claves a tener en cuenta.

I Subvierte las expectativasLos tropos literarios vienen con expectativas preconcebidas. Cuando comienza la historia, puedes usar estos tropos de género familiares para darle al lector una sensación de familiaridad y sumergirlo en tu mundo. Sin embargo, trata de pensar en formas de usar estos tropos para sorprender a tus lectores a medida que avanzan en la historia.

Por ejemplo, considera el tropo atemporal del terror de la casa embrujada vieja y espeluznante: una bestia siniestra y semiconsciente que infecta a todos los que entran en ella hasta que no queda nadie. Es una historia que todos hemos escuchado antes, o al menos hemos oído hablar de ella. Pero ¿y si la casa resulta ser una entidad protectora que trata de protegerse de algo mucho peor? ¿Y si tus héroes de repente descubren que la casa es lo que los mantiene a salvo? Ahora has tomado un tropo que de otro modo podría sentirse rancio y lo has puesto patas arriba.

Puedes hacer esto con tropos de personajes u otros puntos de la trama que vimos anteriormente. Observa qué sucede si cuentas una historia clásica con su tropo opuesto e invertido, o llevas un tropo muy querido en una dirección inesperada. Con muchos de estos tropos siendo tradicionalmente dominados por identidades mayoritarias —generalmente hombres caucásicos, cisgénero, de clase media a media-alta y mujeres heterosexuales suaves y pulidas— la subversión puede ser un gran enfoque para aportar más diversidad a tu escritura. Ayuda a considerar por qué tenemos ciertas asociaciones visuales con ciertos tipos de historias o personajes, y por qué estos estereotipos han existido durante tanto tiempo.

II Desarrolla personajes plenamente realizadosDebido a que los tropos literarios pueden ser un tanto bidimensionales, es esencial crear personajes que sean verosímiles, multifacéticos y humanos. Incluso si se encuentran en situaciones familiares y muy transitadas, tu historia será única porque las personas que la pueblan son únicas. Aportarán sus propias esperanzas, miedos, creencias, juicios y experiencias formativas a la historia, y estos elementos influirán en cómo actúan y reaccionan a lo largo de los eventos de la trama.

Esto significa tomarte tu tiempo con el desarrollo del personaje, explorando el trasfondo de tu protagonista y abordándolo desde un lugar de autenticidad. También presta atención a los otros personajes con los que tu protagonista interactúa. Evita los clichés fáciles y los personajes estereotipados, y recuerda que cada persona en el mundo de tu historia tiene sus propias esperanzas, miedos, creencias, juicios y experiencias formativas. (Aquí es también donde obtienes subtramas, que puedes usar para impresionar a tus amigos escritores).

Si tus personajes son lo suficientemente atractivos y efectivos, tus lectores no notarán que estás usando un tropo viejo y cansado; solo verán que has creado una historia emocionante y legible ambientada en los parámetros narrativos que conocen y aman.

III Usa tropos antiguos para explorar nuevas ideasLos tropos pueden tener una mala reputación en la literatura contemporánea, pero eso es solo porque muchos escritores los usan como una muleta en lugar de una plataforma de lanzamiento. Los tropos literarios son los bloques de construcción de la ficción de género clásica, por lo que usarlos como punto de partida para una historia o escena les muestra a los lectores que "hablas el idioma" de un género elegido. El truco está en girarlos ligeramente en un ángulo y aportar tu propio enfoque personal, para que tu escritura siga sintiéndose innovadora y viva.