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Perfect Days: Lección de felicidad y sabiduría cotidianas

Necesitamos fórmulas de felicidad, y hay películas que nos descubren que la rutina puede convertirse en una inmejorable filosofía de vida. Wim Wenders lo muestra en Tokio, con esta oda poética a lo cotidiano. Hirayama, es un humilde limpiador de baños que nos enseña a vivir, con la belleza del instante y el arte de existir. Un regreso triunfal de Wenders a la gran ficción.

Hay películas que no cuentan una historia, sino que son una manera de mirar. Perfect Days (2023), de Wim Wenders, pertenece a esa categoría infrecuente y valiosa: la del cine que no aspira a sorprender sino a desacelerar, a devolver al espectador la capacidad de reparar en lo que siempre estuvo ahí. 

El director: Wenders y su amor por Japón. Wim Wenders nació en 1945 en Düsseldorf y formó parte de aquella corriente cinematográfica conocida como el Nuevo Cine Alemán. En 1984 ganó una incontestable Palma de Oro con la mítica París, Texas y continuó cosechando éxitos con El cielo sobre Berlín, donde reivindicó su estilo de explorar la pérdida y la incomunicación desde un punto de vista elegíaco. 

Su relación con Japón es antigua y profunda: en 1985 había rodado Tokio-Ga, sobre la vida del director Yasujiro Ozu, el cineasta con el que, según sus propias palabras, más había aprendido en su vida. Perfect Days es, en cierta medida, el reencuentro definitivo con esa influencia: Wenders hizo esta película en Tokio, íntegramente hablada en japonés y con actores de ese mismo origen, afirmando que cada vez que regresa a Japón tiene la inequívoca sensación de estar en su casa.

El origen de la película es tan peculiar como su resultado. Wenders recibió una invitación a Tokio de Koji Yanai, hijo del magnate fundador del gigante textil Uniqlo, y lo que en principio debía ser un cortometraje o serie sobre los modernos retretes públicos de la ciudad —diseñados por arquitectos de renombre como Tadao Ando o Kengo Kuma— se transformó en algo mucho mayor. El director encontró en ese encargo humilde la semilla de una historia universal.

El guion: dos miradas, una voz. El guion es obra conjunta de Wenders y el productor japonés Takuma Takasaki. Takasaki, conocedor profundo de la sociedad tokiota y de sus códigos de silencio y cortesía, aportó la textura local y la verosimilitud del personaje; Wenders, la mirada contemplativa del viajero que ve lo que los nativos ya no saben ver. El resultado es una escritura que prescinde casi por completo del diálogo explícito: los personajes comunican con gestos, miradas y rutinas. El guion no explica; sugiere.

El reparto: Yakusho y la actuación del siglo. El protagonista absoluto es Kôji Yakusho, nacido en 1956 en la prefectura de Nagasaki, uno de los actores más populares y prolíficos del cine japonés contemporáneo, que comenzó su vida profesional como empleado de ayuntamiento antes de lanzarse a su carrera artística. Su Hirayama limpiador de baños públicos, lector empedernido, coleccionista de casetes, fotógrafo de árboles— es una proeza de contención: Wenders le había dado muy poca información sobre el personaje, lo que obligó al actor a construirlo desde adentro, con una economía expresiva que recuerda a los grandes del cine silente. Su actuación le valió el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes 2023. Le acompañan con solidez Tokio Emoto como Takashi, el joven colega irresponsable que funciona como contrapunto cómico y existencial; Arisa Nakano como Niko, la sobrina que irrumpe en la vida de Hirayama abriendo grietas en su pasado; y Yumi Asou como Keiko, la hermana con quien el protagonista mantiene una relación envuelta en silencios que lo dicen todo.  

La historia: el esplendor de lo ordinario. Hirayama lleva una existencia meticulosamente organizada: disfruta de pequeños placeres como escuchar música en casete, leer literatura clásica en librería de segunda mano, fotografiar árboles y observar el mundo con atención casi poética. No hay trama en el sentido convencional. La película sigue sus días con una fidelidad casi documental: el despertar al alba, la furgoneta recorriendo Tokio al son de Lou Reed o Patti Smith, la limpieza minuciosa de los retretes de diseño, el almuerzo bajo los árboles, la lectura nocturna. A medida que la historia avanza, encuentros inesperados van revelando capas ocultas de su historia personal, marcada por decisiones dolorosas y una renuncia voluntaria a una vida más convencional. Pero Wenders no resuelve ni juzga: deja que cada espectador llene el vacío con sus propias preguntas.

Un concepto japonés atraviesa silenciosamente toda la película: el komorebi, esa palabra sin equivalente en español que designa la luz que se filtra a través de los árboles, esos pequeños y bonitos espectáculos que damos por sentados o que ni siquiera vemos. Hirayama los fotografía con devoción casi religiosa. Wenders los filma con la misma.

Un film necesario. La fotografía de Franz Lustig, habitual colaborador de Wenders, emplea un formato de pantalla reducido que funciona adecuadamente, creando una intimidad que amplía paradójicamente el mundo interior del personaje. La banda sonora —Lou Reed, Patti Smith, Van Morrison, Nina Simone— no es decorado sino argumento: cada canción dialoga con el estado emocional de Hirayama con una precisión que la dramaturgia convencional jamás alcanzaría.

Que Perfect Days haya sido nominada como la primera película de un director no japonés para representar a Japón en los Óscar dice mucho sobre el talento de Wenders y demuestra su profundo respeto por la cultura nipona. Pero más allá de premios y reconocimientos, esta película importa porque hace algo que el cine hace muy pocas veces bien: convencer al espectador, durante dos horas, de que una vida sin ambición desmedida puede ser verdaderamente plena. Salir de la sala y mirar los árboles de otra manera es, quizá, la mejor crítica que cabe escribir sobre ella.

El maestro del realismo sucio: Lecciones de Raymond Carver

Vemos con tristeza que nunca escribimos antes sobre Raymond Carver: El maestro del arte de narrar lo que no se dice. Con su poética del silencio y el realismo sucio, es el mejor maestro del cuento breve y la vida precaria. Hay escritores que conquistan al lector con la abundancia —la frase larga, el párrafo suntuoso, el adjetivo rebuscado— y hay otros que lo hacen, paradójicamente, con la sustracción. Raymond Carver (Clatskanie, Oregón, 1938 – Port Angeles, Washington, 1988) pertenece de manera inequívoca a la segunda categoría. 

En apenas cincuenta años de vida —y con una obra que no superó en extensión a la de muchos novelistas de una sola entrega— este hijo de un obrero de aserradero y una camarera logró renovar el cuento corto anglosajón y convertirse en uno de los narradores más influyentes del siglo XX.

Su obra se caracteriza por relatos de corte minimalista, narrados con un estilo seco y sin concesiones metafóricas, en su mayoría ambientados en el noroeste de los Estados Unidos y protagonizados por personajes de clase trabajadora o media-baja. Fontaneros, camareras, vendedores de segunda, parejas al borde del naufragio: los personajes de Carver no son héroes ni intelectuales, sino hombres y mujeres atrapados en la rutina opresiva de una vida que no eligieron del todo. Es precisamente en esa cotidianidad sin glamour donde el autor instala su bisturí narrativo.

La influencia de Ernest Hemingway es reconocible —ambos comparten la llamada "teoría del iceberg", esa escritura en la que lo más importante queda sumergido bajo la superficie—, pero Carver la radicaliza hasta extremos que su predecesor nunca osó. El realismo sucio que él contribuyó a consolidar propone reducir al mínimo la subjetividad del narrador, no contar lo central, recurrir a diálogos directos y escasas descripciones. El resultado son relatos que inquietan sin explicarse, que concluyen sin cerrar, que dejan al lector con la extraña sensación de haber asomado a una ventana ajena.

La vida de Carver no fue ajena a esa precariedad que narró con tanta lucidez. A lo largo de su vida enfrentó dificultades personales incluyendo la pobreza, el alcoholismo y relaciones tumultuosas, experiencias que marcaron profundamente su obra y dieron lugar a personajes que, a pesar de estar atrapados en circunstancias difíciles, buscan la redención a través de sus interacciones con los demás. Superado el alcoholismo en 1977, Carver vivió lo que él mismo llamó su "segunda vida", un período de serenidad creativa junto a la poeta Tess Gallagher que produjo sus obras más maduras.

No puede entenderse la figura de Carver sin mencionar la controvertida relación con su editor en la revista Esquire, Gordon Lish. Años después de su muerte, gracias a la comparación de los cuentos publicados con los manuscritos originales, se supo que el novedoso estilo de Carver era producto en parte de la intensa intervención editorial de Gordon Lish. Donde Gardner recomendaba a Carver usar quince palabras en lugar de veinticinco, Lish le instaba a usar cinco en lugar de quince. Este descubrimiento generó un debate académico y crítico fascinante sobre la autoría literaria, los límites de la edición y la naturaleza misma del texto, debate que dista de estar cerrado y que sitúa la obra carveriana en un territorio conceptualmente rico.

Sus colecciones fundamentales —¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981) y Catedral (1983)— componen un tríptico que define una época y una sensibilidad. Carver fue maestro del cuento corto, ganando seis veces el Premio O. Henry, y su antología Catedral fue una de las obras más influyentes de la literatura de finales del siglo XX. En la época de su muerte era considerado el mejor cuentista de América, quizá el mejor del siglo junto a Chéjov, en palabras del escritor chileno Roberto Bolaño.

Desde el punto de vista pedagógico, Carver es un autor especialmente valioso en el aula porque desnuda el mecanismo narrativo con una transparencia inusual. Enseña que la literatura no necesita ornamento para ser profunda, que el diálogo puede portar más verdad que el monólogo interior más elaborado, y que la compasión hacia los personajes —incluso los más limitados— es una forma de ética literaria. El minimalismo que ayudó a popularizar sigue siendo una corriente literaria muy presente en la actualidad, y autores como Bret Easton Ellis, Chuck Palahniuk o Haruki Murakami han reconocido públicamente su deuda con este estilo.

El 2 de agosto de 1988, Carver falleció en Port Angeles a causa de un cáncer de pulmón, y ese mismo año fue honrado con su ingreso en la Academia Estadounidense de Artes y Letras. Murió a los cincuenta años, justo cuando su prosa comenzaba a abrirse levemente hacia una mayor luminosidad. Pero lo que dejó escrito basta: una lección duradera sobre lo que puede hacer la literatura cuando renuncia a todo lo superfluo y se queda, simplemente, con la verdad desnuda de las vidas ordinarias.

Siete años con un Tesla Model 3 LR AWD

Teslas en el Service Center de Tesla en L' Aliana Valencia
Cumplir años es rutina para un Tesla Model 3 LR AWD. El nuestro, de nombre Tresla, tiene ya 7 años. Fue de la primera remesa de Model 3 que llegaron a Europa en febrero de 2019. Lo habíamos reservado en 2017, pagado íntegramente en diciembre de 2018 y lo recogimos en Getafe (Madrid) el 28 de febrero de 2019.

Como todo esto ya lo hemos contado en numerosas ocasiones, este último años (sin ITV por año impar), la única reseña es la primer avería que tuvo en pleno verano de 2025 (posts dedicados). Significó grúa y reparación en apenas horas, una vez que llegó al Service Center (SC) de Valencia (foto superior al recogerlo). Como en años anteriores, no ha habido ningún otro mantenimiento. 

El odómetro marca 60.400 km, apenas 6.000 km  más que el año pasado (el primer año recorrimos 20.000 km, pero luego la pandemia,... y que cada vez estamos más septuagenarios Carmen y yo). La autonomía parece prácticamente la misma, según su autodiagnóstico del 93% (imagen) y comprobado fehacientemente por viajes reiterados en nuestros desplazamientos regulares entre el Cantábrico y el Mediterráneo. 

En nuestro coche han pasado 7 años con muchas actualizaciones, pocos cambios, sin que todavía podamos explotar aquí plenamente el AutoPilot FDS (Full Drive System), que parece que pronto llegará a Países Bajos,... Pero sí ha habido muchas mutaciones en el escenario de la movilidad eléctrica (ahora se ven Teslas por todas partes, especialmente taxis y VTC), y de todo ello quizá pronto publiquemos alguna entrevista con testigos clave de esta transición hacia la movilidad eléctrica (por el momento no podemos leer  escribir más).
Explorando el Modo Service del Tesla Model 3 (2018): Menús Ocultos

 Celebrando anteriores cumpleaños: Primer añocuarto año5 años, 6 años,...

Aritmética del afecto: Cómo calcular el valor de una relación

Siempre nos ha obsesionado (post previo) encontrar una Ecuación del Vínculo Humano para medir lo inconmensurable de a conexión interpersonal. Nos preguntamos si ¿podemos cuantificar el vínculo entre dos personas? ¿Existe una fórmula que capture esa conexión invisible pero tangible que llamamos relación humana?

Creemos un neologismo que lo exprese. Antes de construir la ecuación, necesitamos nombrar lo que medimos. El español carece de un término único que englobe esa suma de lealtad, cariño, confianza y compromiso mutuo,... Proponemos opciones como "SINECTÍA (uniendo junto con algo externo), CIMIENTUM, FIDELIA, CONEXIÓN, VÍNCULO, ENLACE, LEALTAD,..." (con mayúsculas para diferenciarlo del uso común), definidas como: la intensidad y calidad del vínculo relacional entre dos personas, resultante de la interacción de factores temporales, afectivos, genéticos y experienciales.

La Ecuación  o mapa de SINECTÍA, siempre mejorable, podría ser la siguiente:

Con precisión casi sociométrica, esta compleja fórmula contiene estos conceptos, para el cálculo de Sinectía (con valor de 0 a 10). Cada variable no como un frío dato matemático, sino como un concepto ético y antropológico. Esta versión de la fórmula extendida busca capturar la complejidad de las relaciones humanas en la era moderna. Sigue el detalle de cada componente:

1. El Núcleo de la Herencia (P {san})

Representa la base sobre la que se construye el vínculo, lo que viene "de serie".

  • P {san} (Parentesco / Procedencia): Es el grado biológico o institucional. En una escala, un hermano tendría un valor más alto que un primo, y este más que un conocido. Es la "densidad de la sangre" de la que se hable en este post.

  • ß (Coeficiente de Afinidad): Es un corrector. No todos los hermanos se llevan bien por el hecho de serlo. $\beta$ mide la disposición genética o de crianza a conectar. Si hay un rechazo natural, ß reduce el peso de la sangre en la ecuación final.

2. El Motor de la Relación (El numerador)

Es la parte activa, lo que "hacemos" con la otra persona.

  • C {pre} (Contacto Presencial): Es el valor más alto del intercambio humano. Incluye el lenguaje no verbal, el contacto físico (abrazos, apretones de manos) y la química biológica que solo ocurre cara a cara. Es la presencia que genera confianza instintiva.

  • C {vir} (Contacto Virtual): Representa la lealtad en la era digital. Mensajes de WhatsApp, llamadas, redes sociales. Es fundamental para mantener la continuidad cuando la geografía separa.

  • ω (Peso de la Virtualidad): Es un factor multiplicador (normalmente entre 0.1 y 0.8). Reconoce que, aunque el contacto virtual es valioso, rara vez tiene el mismo impacto emocional que una tarde de conversación compartiendo un café.

  • E {viv} (Experiencias Vividas / Hitos): Este es el acelerador. No todas las horas valen igual. Una experiencia intensa (un viaje, un proyecto compartido, una mudanza) genera más SINECTÍA que cien horas de rutina. Las experiencias crean el "idioma privado" de la relación.

3. El Freno: La Distancia Psicológica (D {psi})

Este factor aparece en el denominador porque divide y reduce el valor de la relación.

  • D {psi} (Distancia Psicológica): Representa los muros invisibles. El rencor, los secretos no contados, los malentendidos no resueltos o la divergencia de caminos vitales. Si esta distancia es grande, por mucho contacto presencial que haya, la SINECTÍA disminuye drásticamente.

4. El Factor de Blindaje (El multiplicador final)

Lo que convierte una relación conocida en una inquebrantable lealtad (varios posts).

  • V {com} (Valores Compartidos): La alineación en lo fundamental (ética, visión del mundo, familia, honestidad). Si los valores coinciden, el vínculo es estructuralmente sólido. Es lo que permite confiar en el otro incluso cuando no lo entendemos.

  • S {con} (Sufrimiento Conjunto): Este es el concepto más profundo. Define la lealtad que nace en las trincheras de la vida. El apoyo en un funeral, el sostén en una quiebra económica o la compañía en la enfermedad. El sufrimiento conjunto transmuta una amistad en algo que, efectivamente, es mucho más espeso que la sangre.

En esta ecuación, si el Sufrimiento Conjunto y los Valores son muy altos, pueden compensar una Presencialidad baja. Esto explica por qué dos amigos que no se ven en diez años pueden retomar su lealtad en un segundo como si el tiempo no hubiera pasado: su Sinectía estaba blindada por la base de sus valores y lo que superaron juntos. 

Reflexiones finales sobre la EcuaciónEsta fórmula, por supuesto, es un ejercicio intelectual. No podemos reducir la complejidad del afecto humano a números. Sin embargo, nos ayuda a visualizar verdades importantes:

La sangre es solo un multiplicador modesto, que puede ser eclipsado fácilmente por la atención, el tiempo de calidad o el conocimiento profundo. Un amigo que nos dedica atención plena, tiempo significativo y conocimiento íntimo puede generar una SINECTÍA de 300 puntos o más, superando ampliamente a un familiar con quien compartimos genes pero poco más.

Los conflictos son devastadores: Un único factor D (distancia emocional) puede dividir y destruir incluso los vínculos más prometedores. Una traición, una herida sin sanar, pueden reducir un ENLACE de 400 a menos de 40.

Las experiencias compartidas son el cemento: El factor X explica por qué compañeros de trinchera y resiliencia, supervivientes de catástrofes o equipos que superan crisis desarrollan vínculos tan potentes. Una experiencia intensa puede duplicar el valor del ENLACE. El Valor de lo Cultivado frente a lo HeredadoEsta ecuación matemática ilumina la verdad del artículo anterior: la lealtad no se hereda, se cultiva

Recomendación final: El Arte de Tejer VínculosLas relaciones humanas son, finalmente, inconmensurables. Pero este ejercicio nos recuerda que la SINECTÍA —ese lazo invisible que nos une a otros— no es producto del azar ni de la genética, sino de decisiones diarias: prestar atención genuina, invertir tiempo de calidad, cultivar conocimiento mutuo, compartir experiencias significativas y, sobre todo, sanar las distancias emocionales antes de que se conviertan en abismos.

Como escribimos anteriormente: la sangre te hace pariente, pero la lealtad te hace familia. Y ahora podemos añadir: las ecuaciones nos ayudan a comprender, pero solo el corazón puede calcular el verdadero valor de un vínculo humano.