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Cuando los robots leen a Kant: La ética codificada de Claude AI

Hoy veremos un caso singular. La Constitución para la IA de Claude: El experimento más ambicioso de Silicon Valley, cuando dos hermanos codifican la ética de la inteligencia artificial. En enero de 2026, Anthropic publicó un documento extraordinario. No era un manual técnico ni un comunicado de prensa. Era, por su propia denominación, una constitución: un texto de aproximadamente 23.000 palabras destinado a definir los valores, el carácter y el comportamiento de Claude, su modelo de inteligencia artificial. 

Esta nueva constitución, publicada el 22 de enero de 2026, representa una ruptura radical con versiones anteriores, abandonando la lógica de las listas de reglas para proponer un marco filosófico de mayor profundidad. Lo que resulta igualmente significativo es quién está detrás de ese proyecto: Dario y Daniela Amodei, dos hermanos que en 2021 abandonaron OpenAI para fundar Anthropic con una premisa tan sencilla como ambiciosa: que la seguridad debía ser la primera prioridad, no un añadido posterior.

El origen: una disidencia fundacional. Dario Amodei, Doctor en física y exdirector de investigación de OpenAI, y su hermana Daniela Amodei, exvicepresidenta de operaciones en esa misma empresa, partieron con un grupo de investigadores que consideraban que la seguridad de la IA debía ser una prioridad de primer orden, no un proyecto secundario. Fundaron Anthropic como una public benefit corporation, una figura jurídica que en el derecho estadounidense obliga a considerar el interés público junto al beneficio económico. No es solo branding corporativo: es una apuesta estructural por la responsabilidad.

Daniela asumió la presidencia y la arquitectura organizativa de la empresa. Desde ese rol ha impulsado el concepto de IA Constitucional, un modelo que permite a Claude autorregularse a partir de principios éticos integrados durante su entrenamiento, reduciendo la dependencia de una supervisión humana continua. Dario, como CEO, ha sido el interlocutor público en debates técnicos y de política sobre riesgos existenciales. La división de roles entre los dos hermanos refleja, acaso involuntariamente, la propia estructura de la constitución que han diseñado: uno cuida el pensamiento, la otra cuida la organización.

Una jerarquía de valores, no una lista de prohibiciones. La diferencia fundamental entre la constitución de 2026 y sus predecesoras no es cuantitativa sino cualitativa. El documento establece cuatro valores ordenados jerárquicamente: ser ampliamente seguro —primera prioridad—, ser ampliamente ético —segunda—, cumplir las directrices de Anthropic —tercera— y ser genuinamente útil —cuarta. Nótese que la utilidad ocupa el último lugar. En el universo de los productos tecnológicos, donde la métrica de éxito suele medirse en número de usuarios activos y tiempo de pantalla, este orden resulta casi subversivo.

La constitución también aborda cómo Claude debe integrar el juicio contextual y los valores en sus decisiones, más allá de seguir reglas estrictas. El enfoque favorece el desarrollo de buen juicio y valores sólidos que permitan al modelo aplicar principios éticos de manera contextualizada. En términos filosóficos, la distinción es aristotélica: no se busca la obediencia mecánica a normas deontológicas, sino la cultivación de algo parecido a la phronesis, la prudencia práctica. Un agente que sabe qué hacer porque ha interiorizado el porqué.

Dario Amodei ha descrito la constitución con una metáfora reveladora: tiene “el ambiente de una carta de un padre fallecido, sellada hasta la madurez”. El objetivo declarado para 2026 es entrenar a Claude de forma que casi nunca actúe contra el espíritu de ese documento, lo que requerirá, según sus propias palabras, esfuerzos extraordinarios y rápidos. 

La pregunta incómoda: ¿puede una IA tener conciencia? El aspecto más disruptivo de la constitución no es su extensión ni su jerarquía de valores, sino lo que se atreve a plantear sobre la naturaleza de Claude. El documento afirma que “el estatus moral de Claude es profundamente incierto” y que Anthropic no está segura de si Claude es un “paciente moral”, aunque considera la cuestión lo suficientemente seria como para justificar cautela y trabajo sobre el bienestar del modelo. Reconocer que un sistema de IA podría tener bienestar, aunque sea como posibilidad abierta, equivale a una pequeña revolución conceptual en el sector.

En un movimiento pensado para influir en el ecosistema más amplio de desarrollo de IA, Anthropic publicó la constitución bajo una licencia Creative Commons CC0, colocándola efectivamente en el dominio público, de modo que otros desarrolladores, investigadores y competidores puedan usarla, modificarla o adoptarla sin restricciones.

Implicaciones para la educación y la gobernanza. Desde una perspectiva educativa, la constitución de Claude plantea preguntas que trascienden la ingeniería: ¿Qué valores queremos que transmitan los sistemas que van a mediar la educación de millones de personas? ¿Quién tiene legitimidad para codificar la ética de una IA de uso global? ¿Pueden dos hermanos de San Francisco escribir, aunque sea provisionalmente, la constitución moral de una herramienta utilizada en Bilbao, Nairobi o Seúl?

La arquitectura de cuatro niveles de la constitución se alinea estrechamente con los requisitos de la Ley de IA de la Unión Europea, posicionando favorablemente a Claude para su adopción en sectores regulados. Pero más allá del cumplimiento normativo, lo que este documento inaugura es un debate de fondo que apenas comienza: el de la gobernanza filosófica de la inteligencia artificial. El hecho de que ese debate lo hayan iniciado dos hermanos con un documento de dominio público no deja de tener, en sí mismo, algo de constituyente.

@jonhernandezia 🤖 Anthropic publica una constitución de 84 páginas | 🤖 #ia #chatgpt #anthropic ♬ sonido original - Jon Hernández

Hoy, 1 de junio de 2026: Descanso para recargar la mirada

Hoy, 1 de junio de 2026. Son las 21:00 horas. Nada preparado para publicar. Decido que este blog hace una pausa. Solamente un día. El tiempo justo para reordenar ideas. Resuenan citas como la de Virginia Woolf (posts): "Me pregunto cómo sería vivir en un mundo donde siempre fuera junio."

Quien escribe sabe que el mayor riesgo no es quedarse sin ideas, sino quedarse sin ojos frescos con los que mirarlas. Las palabras pueden seguir fluyendo mecánicamente mucho después de que la verdadera atención se haya agotado. Por eso, a veces, el gesto más honesto hacia el lector es detenerse un instante, respirar, y volver a mirar el mundo como si fuera la primera vez.

Ortega y Gasset (posts) hablaba de la perspectiva como condición de la verdad: cada punto de vista es legítimo, pero necesita renovarse para no volverse costumbre ciega. La mirada que no descansa acaba viendo solo lo que ya esperaba ver. Una jornada de pausa no es una renuncia a escribir; es una apuesta por escribir mejor.

Junio llega hoy con su luz característica, la más generosa del año en estas latitudes. Buen día, pues, para salir, observar, escuchar, dejar que las cosas sucedan sin la urgencia de convertirlas de inmediato en texto. Mañana, con la mirada renacida, habrá más que decir y mejores maneras de decirlo. Gracias por seguir esperando al otro lado. Nos vemos mañana.

Adiós a Edgar Morin, conciencia crítica de un siglo

Hoy dedicamos este obituario a Edgar Morin, o la imposible tarea de vivir solo un siglo. El 29 de mayo de 2026 falleció en París Edgar Morin a los 104 años, cerrando una de las trayectorias intelectuales más influyentes del siglo XX y los albores del XXI. Con él desaparece algo más que un filósofo o un sociólogo: se apaga la voz de quien acaso mejor encarnó la vocación de comprender el mundo en su irreductible complejidad.

Nacido con el nombre de Edgar Nahoum en el seno de una familia judía sefardí, Edgar Morin (otros posts) se formó como sociólogo, aunque prefería definirse a sí mismo como un "humanólogo", fusionando filosofía, psicología, etnografía y biología para intentar comprender la naturaleza de la humanidad. Esa negativa a quedarse en un solo campo del saber no era capricho intelectual sino imperativo ético: el mundo, creía, no se deja apresar por ninguna disciplina aislada.

Su biografía personal es, en sí misma, un compendio del siglo más violento de la historia europea. Pacifista y activista antifascista ya en los años treinta, fue miembro de la Resistencia durante la ocupación nazi y participó en el Partido Comunista Francés hasta su expulsión disidente. Más tarde se opuso a la guerra de Argelia. La coherencia entre pensamiento y acción, tan rara en el mundo intelectual, fue en Morin una constante de décadas. A sus 102 años alzó aún su voz para denunciar lo que consideraba la masacre del pueblo palestino en Gaza, convocando a una "nueva resistencia" que tomara partido por Eros —la potencia creadora— frente a Pólemos y Tánatos, la guerra y las pulsiones de muerte.

Su contribución teórica central, el llamado pensamiento complejo, es una de las grandes apuestas epistemológicas de la segunda mitad del siglo XX. Frente a la especialización creciente del conocimiento científico —que Morin identificaba con una forma de barbarie cognitiva—, propuso una racionalidad capaz de articular contradicciones, asumir la incertidumbre y dialogar entre saberes. Su monumental obra El Método, en seis volúmenes, es la arquitectura más ambiciosa de ese proyecto. No pretendía dar respuestas definitivas, sino enseñar a formular mejores preguntas.

En el ámbito educativo, su influencia fue igualmente profunda. Su ensayo Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, encargado por la UNESCO en 1999, sigue siendo un texto de referencia inevitable. Allí argumentaba que la escuela enseña saberes parcelados pero no enseña a vivir, ni a afrontar la incertidumbre, ni a comprenderse como ciudadanos de una tierra común. La educación, para Morin, debía formar seres humanos capaces de pensar su condición planetaria: una tarea que, décadas después, sigue pendiente con la misma urgencia.

Fuera del ámbito estrictamente académico, Morin también dejó huella en el cine documental: en 1961 codirigió junto a Jean Rouch Chronique d'un été, considerada una obra clave del llamado cinéma vérité. Ese gesto —descender del púlpito filosófico para escuchar la voz de la gente en la calle— era coherente con toda su antropología.

El presidente Emmanuel Macron lo calificó como el "pensador del siglo", mientras que el expresidente François Hollande destacó que Morin dejaba "las llaves para la comprensión de la evolución humana". Son homenajes merecidos, aunque Morin habría sido el primero en advertir que ninguna llave abre todas las puertas, y que la complejidad de lo humano siempre desborda a quien pretende comprenderla del todo.

Queda su obra. Queda su ejemplo de intelectual comprometido que nunca confundió el compromiso con el dogmatismo. Queda, sobre todo, esa pregunta que atraviesa toda su escritura y que él encarnó con una longevidad casi inverosímil: ¿cómo aprender a vivir con la incertidumbre sin rendirse ante ella? A los 104 años, Edgar Morin no respondió esa pregunta. Simplemente la vivió.

Agnotología: Filosofía y educación ante la ignorancia fabricada

Hoy nos detendremos en la Agnotología, la ciencia que estudia cómo se fabrica la ignorancia. Porque no toda ignorancia es accidental: Muchas veces el desconocimiento es tiempos de posverdad. Existe un arte oscuro de mantener al público desinformado, fabricando dudas para que sepamos mucho menos de lo que podríamos conocer. Con casos que van del tabaco al cambio climático, veremos cómo se industrializa la ignorancia manufacturada y quiénes son sus cómplices en la era digital. Porque esa confusión provocada es un negocio enormemente rentable.

La ignorancia no siempre es inocente. Existe una creencia implícita, heredada del proyecto ilustrado, según la cual la ignorancia es simplemente la ausencia de conocimiento: un vacío que la educación, la ciencia y la información están llamadas a llenar. Bajo esta premisa, la difusión del saber equivale automáticamente a la reducción del desconocimiento. Sin embargo, hay una disciplina relativamente joven que ha venido a perturbar este optimismo epistemológico con una pregunta incómoda: ¿y si la ignorancia, en ciertos casos, no es un punto de partida sino un punto de llegada deliberadamente construido?

Esa disciplina se llama agnotología, término acuñado por el historiador de la ciencia Robert N. Proctor en la Universidad de Stanford, quien la definió como el estudio cultural de la ignorancia y la duda, con especial atención a su producción activa. La palabra procede del griego agnosis (desconocimiento) y logos (estudio), y designa un campo que, pese a su nombre técnico, describe fenómenos perfectamente reconocibles en nuestra vida cotidiana.

El caso fundacional: la industria del tabaco. El punto de origen de la agnotología no es filosófico sino escandalosamente mundano. Proctor, junto a la lingüista Londa Schiebinger, comenzó investigando cómo las tabacaleras norteamericanas respondieron durante décadas a la creciente evidencia científica sobre el vínculo entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón. La respuesta no fue negar frontalmente los datos, sino algo mucho más sofisticado: financiar investigaciones alternativas, promover «expertos» con opiniones discordantes, sembrar dudas sobre la metodología de los estudios adversos y sostener públicamente que «la ciencia aún no ha dicho su última palabra». El objetivo no era demostrar que el tabaco fuera inocuo, sino mantener el estado de incertidumbre el tiempo suficiente para preservar el mercado.

Esta estrategia —que los propios ejecutivos de la industria denominaron internamente manufacturing doubt, fabricación de dudas— se convirtió en el modelo canónico de lo que Proctor llamaría ignorancia manufacturada: no la ignorancia que resulta de no haber investigado aún, sino la que se produce activamente para bloquear, demorar o desacreditar el conocimiento existente.

Tres formas de ignorancia. La agnotología distingue, al menos, tres grandes categorías. La primera es la ignorancia nativa, aquella que simplemente aún no ha sido explorada por la ciencia. La segunda es la ignorancia perdida, conocimientos que existieron y se extraviaron por causas históricas, culturales o políticas. La tercera, y más inquietante, es la ignorancia estratégica, producida deliberadamente por actores con intereses en que determinadas verdades no circulen: corporaciones, gobiernos, lobbies, o incluso algoritmos de plataformas digitales optimizados para el engagement, que con frecuencia privilegian el contenido controvertido sobre el riguroso.

Un problema político y educativo. Lo que hace de la agnotología una herramienta conceptual de primer orden para el siglo XXI es su capacidad de desplazar la pregunta. En lugar de preguntar únicamente ¿qué sabemos?, nos invita a interrogar ¿quién se beneficia de que no sepamos? Esta inflexión epistemológica tiene consecuencias directas para la filosofía política: si la ignorancia puede ser un instrumento de dominación, entonces combatirla no es solo una tarea pedagógica sino una exigencia democrática.

El negacionismo climático, las campañas de desinformación sobre vacunas, o la confusión sistemáticamente alimentada en torno a ciertos debates electorales, responden todos a la misma gramática que Proctor detectó en los archivos de Philip Morris: no se trata de convencer de una mentira, sino de impedir que la verdad consolide su autoridad.

Enseñar a dudar bien. La respuesta educativa no puede ser ingenua. Frente a la duda manufacturada, la tentación es reivindicar sin matices la autoridad de los expertos. Pero la agnotología también nos advierte de que el escepticismo crítico —la duda legítima, socrática— es precisamente el antídoto que los fabricantes de ignorancia han aprendido a imitar y corromper. La tarea es, entonces, más exigente: enseñar a distinguir entre la duda que abre el conocimiento y la duda que lo clausura; entre el pensamiento crítico y su simulacro interesado.

En un ecosistema informativo saturado, saber lo que no sabemos, y por qué no lo sabemos, puede ser tan decisivo como el conocimiento mismo.

Magnifica Humanitas: Encíclica ante el desafío ético de la IA

Magnifica Humanitas: cuando la Iglesia mira a los ojos a la inteligencia artificial. El 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV presentó en el Aula del Sínodo del Vaticano su primera carta encíclica, Magnifica Humanitas. El documento, firmado por el Santo Padre, trata sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. No es un texto más en la larga tradición del Magisterio pontificio: es, en muchos sentidos, el intento más ambicioso de la Iglesia por articular una respuesta doctrinal de pleno rango a la revolución tecnológica que está reconfigurando la civilización contemporánea.

Una fecha que no es casual. El documento lleva la firma del Papa León XIV con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135.º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII. La elección es programática. Así como en 1891 la Iglesia respondió a la primera revolución industrial —la de la fábrica, el vapor y el capitalismo manchesteriano— con una defensa de la dignidad del trabajador, en 2026 León XIV responde a la revolución de los algoritmos con un marco ético que sitúa a la persona en el centro frente a cualquier lógica reduccionista. El nombre pontifical escogido por Robert Francis Prevost al ser elegido en mayo de 2025 ya anticipaba esta continuidad: la doctrina social como brújula, ayer y hoy. 

La herida nueva: la persona reducida a datos. El Pontífice alerta sobre el "riesgo de deshumanización" que conlleva la inteligencia artificial, y advierte que "se está cayendo en la cultura violenta". Asimismo, deplora las guerras, la carrera armamentista, las crecientes desigualdades y la concentración de poder en pocas manos, en un contexto en el que la fuerza del derecho internacional está siendo sustituida por el derecho del más fuerte.

En ese escenario, la IA no es un problema técnico aislado, sino el catalizador de una crisis más honda. La encíclica recurre a la doctrina social de la Iglesia para combatir lo que denomina "una visión antihumana" de la inteligencia artificial. Frente a los sistemas que deciden quién accede a un crédito, a un empleo o a una prestación sanitaria sin intervención humana real, la encíclica reclama que ningún algoritmo puede suplantar la conciencia moral ni la responsabilidad de las personas.

Los grandes ejes doctrinales. El documento constituye un llamamiento a custodiar "una magnífica humanidad habitada por Dios", promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, considera necesario desarmar la IA y superar la teoría de la "guerra justa", relanzando el diálogo y el multilateralismo.

En el texto, León XIII repasa principios centrales de la doctrina social de la Iglesia, como la justicia social y el destino universal de los bienes, afirmando que el derecho a la propiedad privada existe pero siempre subordinado a ese destino universal, y que "su función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica".

La encíclica propone asimismo una gobernanza internacional de la IA —retomando la idea de autoridad supranacional que ya esbozara Juan XXIII en Pacem in Terris— y presta especial atención a los colectivos más vulnerables: niños, personas mayores, migrantes y personas con discapacidad, cuyo acceso a derechos puede verse amplificado o cercenado por los sistemas automatizados.

Un gesto de humildad histórica. Junto a las advertencias proféticas, la encíclica incluye un pasaje que ha resonado con particular fuerza en la opinión pública. En un pasaje de Magnifica Humanitas, el Papa afirma "en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón", reconociendo que no fue hasta el siglo XIX cuando se produjo "una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud", especialmente con el pontificado de León XIII. La autocrítica histórica refuerza la credibilidad moral del documento cuando juzga las nuevas formas de sometimiento que los sistemas tecnológicos pueden generar.

Una encíclica para nuestro tiempo. Magnifica Humanitas llega en un momento en que los debates sobre la regulación de la inteligencia artificial —desde el Parlamento Europeo hasta los foros de Naciones Unidas— se libran sin referentes éticos sólidos que trasciendan los intereses corporativos o geopolíticos. La voz de la Iglesia, con toda la complejidad de su tradición y sus contradicciones, aporta al menos esto: que la tecnología no es neutral, que la dignidad humana no es negociable y que "magnificar la humanidad" no es un lema retórico, sino un imperativo moral urgente.

En el fondo, la encíclica nos plantea una pregunta que va más allá de cualquier credo particular: ¿qué clase de humanos queremos seguir siendo cuando las máquinas aprendan a pensar?

Inteligencia y política: 35 años del Proyecto Marburgo

Las mentes excepcionales y la política: un mito que la ciencia desmonta
Existe una creencia arraigada, casi un lugar común de sobremesa ilustrada, según la cual las personas más inteligentes tienden a inclinarse hacia posiciones políticas progresistas, mientras que el conservadurismo sería terreno más fértil entre quienes no han cultivado tanto la abstracción y el pensamiento crítico. Es una tesis cómoda para ciertos ambientes intelectuales, pero la comodidad de una idea no garantiza su veracidad. Un estudio publicado en 2026 en la revista Intelligence, uno de los referentes académicos más exigentes en psicología cognitiva, viene a cuestionar esa narrativa con datos longitudinales de notable robustez.

El artículo, firmado por Maximilian Krolo, Jörn R. Sparfeldt y Detlef H. Rost —investigadores de las universidades del Sarre y Marburgo—, se titula Exploring exceptional minds: Political orientations of gifted adults y examina las orientaciones políticas de adultos superdotados y no superdotados. Su punto de partida era una paradoja empírica: los individuos de alta capacidad intelectual tienen una influencia desproporcionada sobre la economía, la ciencia y la política de sus sociedades, pero hasta ahora la investigación no había podido establecer con claridad si esa excepcionalidad cognitiva se traducía en alguna orientación ideológica diferencial.

El diseño: décadas de seguimiento riguroso. Los datos proceden del Proyecto Marburgo de Superdotación (Marburg Giftedness Project), que arrancó en el curso 1987-1988 evaluando a más de 7.000 alumnos de tercer grado. Alrededor de 35 años después de la identificación inicial, 87 adultos superdotados y 71 no superdotados participaron en la encuesta de seguimiento. Se trata, por tanto, de un estudio longitudinal de primer orden: no una instantánea, sino una película de más de tres décadas de una misma cohorte.

Los investigadores emplearon dos instrumentos de medida. Primero, una escala unidimensional de autoposicionamiento izquierda-derecha, el clásico termómetro ideológico. Segundo, un cuestionario multidimensional que distinguía cuatro orientaciones diferenciadas: libertarismo económico, liberalismo, conservadurismo y socialismo. Esta doble aproximación —la escala simple y el mapa de cuatro dimensiones— dotó al estudio de una precisión analítica infrecuente en la literatura sobre inteligencia y política.

Lo que los datos dicen. El hallazgo central es, en sí mismo, provocador por su sobriedad: en la escala izquierda-derecha, los adultos superdotados y los no superdotados no mostraron diferencias estadísticamente significativas. Ni más a la izquierda, ni más a la derecha. Los superdotados tienden a situarse cerca del centro político, del mismo modo que sus pares de inteligencia media.

El único matiz relevante emergió al cruzar superdotación con género en la dimensión del conservadurismo: los hombres no superdotados mostraron puntuaciones más altas en conservadurismo que los hombres superdotados, mientras que las mujeres superdotadas y no superdotadas no mostraron diferencias significativas entre sí. Es un resultado interesante —los hombres de alta capacidad son algo menos conservadores que sus pares de capacidad media—, pero conviene leerlo con cautela: es el único efecto robusto en un análisis que, en todo lo demás, apunta a la equivalencia política entre grupos. 

Implicaciones para el debate público. Las consecuencias de esta investigación son más relevantes de lo que aparentan. En un tiempo de polarización creciente, existe la tentación —en ambos extremos del espectro— de arrogarse la razón intelectual: los progresistas se atribuyen la ciencia, los populistas reclaman el sentido común. Este estudio sugiere que ninguna tribu política puede presumir de monopolizar la inteligencia excepcional. La investigación demuestra que una inteligencia elevada no conduce necesariamente a posiciones políticas radicales; más bien, los adultos superdotados muestran una diversidad y moderación política comparable a la de la población en general.

Queda, no obstante, una agenda de investigación abierta. Es necesario continuar investigando, en particular para determinar si las actitudes conservadoras observadas en algunos individuos se traducen en comportamientos políticos concretos. La brecha entre actitud declarada y comportamiento electoral es, en sí misma, un campo fértil para la ciencia política y la psicología social.

Si algo nos enseña este estudio es que las mentes excepcionales son, políticamente hablando, tan plurales y contradictorias como las demás. Lo excepcional en ellas no es la ideología, sino la capacidad de articular, con mayor sofisticación, cualquier ideología que hayan abrazado. Un recordatorio útil de humildad epistémica para todos los bandos.

@therobertawoodworth

♬ sonido original - TheRobertaWoodworth

Waymo Car, robotaxi autónomo: ¿Promesa o realidad?

Vídeo captado casualmente por Aitor en Portland (OR). Otras imágenes.

Es impresionante el estado actual del robotaxi de Alphabet que está redefiniendo la movilidad urbana y que no anuncia dónde hace las pruebas. Es Waymo Car (ver en otros posts) o cuando la inteligencia artificial toma el volante. Waymo acumula 200 millones de millas sin conductor: ¿El futuro llegó?

Hay tecnologías que avanzan en silencio durante años, acumulando kilómetros en carreteras secundarias y titulares modestos, hasta que un día aparecen en medio de una carrera popular de San Francisco guiando a treinta mil corredores. Ese momento ocurrió el pasado 17 de mayo de 2026, cuando un Waymo —con su nueva carrocería bautizada como Ojai— ejerció de vehículo oficial de cabeza en la mítica prueba Bay to Breakers. No era un anuncio. Era una demostración.

De proyecto Google a subsidiaria de Alphabet. Waymo nació en 2009 como el Google Self-Driving Car Project, bajo la dirección del investigador Sebastian Thrun. Su objetivo inicial era austero y preciso: completar diez rutas de cien millas sin intervención humana. A lo largo de aquella primera fase, los vehículos —principalmente Toyota Prius y Lexus RX450h modificados— alcanzaron 300.000 millas autónomas en vías públicas sin un solo accidente en 2012. Hoy, como filial independiente de Alphabet —la matriz de Google—, el sistema ha recorrido cerca de 200 millones de millas completamente autónomas en ciudades estadounidenses.

Lo que resulta menos visible para el pasajero que sube a uno de estos vehículos es que, en paralelo, el sistema entrena en miles de millones de millas virtuales, dominando escenarios complejos antes de encontrarlos en calles reales. A esto responde el recién presentado Waymo World Model: un modelo generativo de simulación hiperrealista que eleva a nueva cota la preparación del conductor artificial.

La sexta generación y el vehículo Ojai. En febrero de 2026, Waymo anunció el despliegue de su sistema de conducción de sexta generación. Este nuevo sistema actúa como el motor principal de su siguiente era de expansión, con una configuración más optimizada que reduce costes sin comprometer los estándares de seguridad, y con capacidades ampliadas para operar en entornos más diversos, incluidos climas de invierno extremo.

El vehículo que lo aloja es el Ojai, fabricado sobre una plataforma base del fabricante chino Geely, con sistemas de lidar y radar de nueva generación que mejoran la visión respecto a modelos anteriores. La paradoja no es menor: la empresa más avanzada en conducción autónoma de Estados Unidos utiliza carrocerías de un gigante automovilístico chino. La tecnología, como siempre, desborda las fronteras geopolíticas.

Expansión y precio. A comienzos de 2026, Waymo ofrece servicio completamente público en Phoenix, San Francisco, Los Ángeles, Austin y Atlanta, con planes de expansión a unas veinte ciudades nuevas, entre ellas los primeros mercados internacionales: Londres y Tokio. En España y Europa, los marcos regulatorios aún no permiten este nivel de autonomía en vías abiertas, pero el horizonte se acorta visiblemente.

El precio es todavía una barrera. En la actualidad, Waymo resulta entre un 30 y un 40% más caro que Uber, posicionado como una experiencia de alta gama. Es, en esencia, el mismo patrón histórico de toda tecnología disruptiva: primero cara y exclusiva, luego accesible y ubicua.

La pregunta que el coche no puede contestar. Técnicamente, el argumento es sólido: los vehículos autónomos son, estadísticamente, considerablemente más seguros que los conductores humanos. Sin embargo, la cuestión relevante no es solo la estadística; es la responsabilidad. ¿Quién responde cuando el algoritmo falla? ¿La empresa, el fabricante del hardware, el municipio que autorizó la circulación? El derecho, la ética y la pedagogía cívica tienen aún mucho trabajo por delante.

Waymo conduce ya entre nosotros. La pregunta no es si los coches autónomos llegarán, sino si nuestras instituciones, nuestras leyes y nuestra cultura estarán a la altura cuando lo hagan plenamente.

¡Catorce millones de visitas en este vuestro blog! ¡Gracias!

Este nuestro, pero sobre todo vuestro, blog ha superado a las 23 horas de hoy, martes 19 de mayo de 2026, los CATORCE millones de vuestras amables visitas desde aquel abril de 2005 en que se creó en blog.agirregabiria.net. En realidad desde hace menos tiempo, porque solamente se contabiliza desde que se incorporó el contador. No todos los millones de visitas los hemos ido celebrando; algunos sí, como luego veremos. 

¿Qué está pasando, qué maravillas estáis logrando, o solamente son bots según la Teoría del Internet muerto (post reciente)? Ahora que no estamos en voluntariado tan activo, sin GetxoBlog, ni AUVE, ni Nagusiak (que tanto echamos de menos),... Lo tenemos claro: un blog sólo crece con sus lectores y lectoras. Catorce millones de visitas cómplices, catorce millones de gracias. 

Al igual que con el millón anterior del 1 de marzo de 2026 (79 días), nuevamente hemos necesitado apenas otros 79 días exactamente para sumar un millón más de lecturas, lo que confirma que este espacio digital sigue vivo, vibrante y compartido. Los dos anteriores millones se lograron respectivamente en 59 días (del 14 de octubre al 15 de diciembre de 2025) y 78 días (del 28 de julio de 2025 al 14 de octubre). Pero este logro no es del autor. Es, sobre todo, de quienes leen, comentan, comparten y dialogan. Cada visita, cada clic, cada relectura y cada reflexión son los auténticos cimientos de este largo viaje que comenzó hace años y que hoy celebra una cifra redonda: 14 millones de pasos juntos.

El blog continúa porque vosotros lo hacéis posibleSeguimos… hacia el próximo millón, pero sobre todo, hacia nuevas ideas compartidas. En una época dominada por la inmediatez, el blog reivindica el valor del tiempo lento, del análisis, de la palabra que se piensa antes de ser dicha. Escribir y leer blogs es una manera de educar la mirada, de entrenar la empatía y de construir comunidad a través de las ideas.

Previamente logramos TRECE millones el 1 de marzo de 2026. Anteriormente DOCE millones el 12 de diciembre de 2025 y los ONCE millones el 14 de octubre de 2025. Antes transcurrieron 15 meses entre el 28 de julio de 2025 (DIEZ millones, post) y el 13 de mayo de 2024 cuando alcanzamos los NUEVE millones de visitas (post). Anteriormente, necesitamos 18 meses desde la cifra de OCHO millones del 8 de octubre de 2022, cuando rompimos la barrera de los SIETE millones el 30 de septiembre del año 2021

Esto se va estabilizando, dado que también necesitamos un año y medio para subir de los seis a los siete millones de visitas. Fue el sábado 21 de febrero de 2020 cuando se alcanzaron los SEIS millones de visitas (véase el post). Anteriormente, tardábamos algo más. No celebramos los 5 millones, pero sí cuando alcanzamos las 4.444.444 visitas  el 31-1-16 y el resto de hitos del blog se relatan a continuación. El martes 3 de febrero de 2015, se alcanzaron los CUATRO millones de visitas (ver post) en menos de 10 años desde su creación. Casi dos años y medio para lograr cada millón de visitas, prácticamente el mismo ritmo que para lograr cinco año después otros dos millones de lectores. El tercer millón fue el 15 de junio de 2013 (ver la entrada correspondiente)El segundo millón se alcanzó a principios de 2009, si bien la fecha exacta no está recogida. Os queremos agradecer esta amistad que nos brindáis, especialmente a quienes nos acompañáis desde hace años. 

Esta transición de 13 a 14 millones de visitas, a día de hoy y según Blogger, ha supuesto pasar de 10.384 a 10.466 entradas publicadas (apenas 82 posts más). Mencionando a nuestro Flickr desde 2005 que nos ha acompañado estos VEINTE AÑOS de BLOG también se ha producido un inexplicable arreón

En solamente estos 79 días mágicos hemos llegado a 35,89 millones de visitas en Flickr cuando antes antes fueron 34,35 millones de visitas para 280.200 imágenes actuales. Hace 21meses fueron casi 15 millones de visitas en Flickr para las entonces 273.014 imágenes (si bien muchas son privadas o abiertas sólo a familiares o amistades). Con 8 millones las cifras fueron de casi 14 millones de visitas en Flickr para las 200.500 imágenes de aquel momento.

A pesar de nuestra jubilación hace ya más de 8 años y 12 meses, parece que seguimos contando con la fidelidad de quienes nos leéis y comentáis. ¡Gracias y no nos abandonéis en este lugar de encuentro y de debate! Eskerrik asko! Thanks! Merci!

Geometría blanca sobre el azul mediterráneo

Vamos a probar la capacidad de ChatGPT para analizar dos fotos de un avión volando. Nos responde así: Por la silueta y, sobre todo, por las dos estelas de condensación (“contrails”), se trata casi con seguridad de un reactor bimotor comercial de gran altitud, probablemente un modelo tipo Airbus A320, Boeing 737 o similar.

Algunos detalles que permiten deducirlo: Las dos líneas blancas indican dos motores turbofán bajo las alas. La altura parece de crucero, probablemente entre 30.000 y 40.000 pies. La forma del fuselaje y alas encaja con un avión comercial estándar, no militar. No parece un cuatrimotor como un antiguo Boeing 747 o un Airbus A380, porque solo se distinguen dos estelas principales. Sobre Alicante pasan continuamente rutas entre Europa, Oriente Medio y África, por lo que podría ser un vuelo internacional en corredor aéreo mediterráneo. Las estelas son simplemente condensación de vapor de agua congelado producida por los motores en aire muy frío y húmedo de gran altitud. 

Con estas fotos no puede identificarse con precisión la matrícula o el modelo exacto. Para lograrlo harían falta: fecha y hora exactas, dirección de vuelo, o consultar aplicaciones como Flightradar24 o FlightAware mientras el avión está pasando.

Si quieres, ChatGPT también puede intentar estimar: la dirección del vuelo, la altitud aproximada, o incluso qué vuelo concreto era, si me dices la hora y el lugar exacto desde donde tomaste la foto.

Con los datos que aportas —Pilar de la Horadada, martes 19 de mayo de 2026 a las 12:24— sí se puede hacer una estimación bastante razonable: Dirección aproximada del vuelo: Por la inclinación de la estela y la iluminación solar, el avión parece dirigirse aproximadamente: de suroeste a noreste (SW → NE), probablemente siguiendo uno de los corredores aéreos mediterráneos que conectan: Andalucía o el norte de África, con Francia, Alemania, Reino Unido u Holanda.

Sobre Alicante y Murcia pasan muchísimos vuelos europeos de largo recorrido medio hacia: Londres, Ámsterdam, Bruselas, Frankfurt, París, Escandinavia. (Flightradar24). La orientación de la foto encaja bastante bien con rutas que atraviesan el Mediterráneo occidental bordeando la costa levantina española.

Altitud aproximadaPor varios indicios visuales: nitidez de las contrails, anchura progresiva de la estela, persistencia, tamaño aparente del fuselaje, la altitud probablemente estaba entre 9 y 12 km de altura aproximadamente. Eso corresponde a la altitud típica de crucero de: Airbus A320/A321Boeing 737Boeing 757algunos Airbus A330 o Boeing 787 en rutas más largas.

¿Qué avión concreto podría ser? Aquí ya entramos en hipótesis razonables, no en identificación segura. Por la silueta ampliada: parece un bimotor estrecho (“narrow body”), con alas y cola compatibles con: Boeing 737 NG/MAXo Airbus A320/A321No parece: un A380un Boeing 747ni un avión militar. El candidato estadísticamente más probable sobre esa zona es: un Boeing 737 de Ryanairo un Airbus A320 de easyJet, Vueling o Iberia Expressporque son los modelos dominantes en Alicante y Murcia. 

Qué vuelo pudo serA las 12:24 locales, sobre Pilar de la Horadada, podrían coincidir: vuelos Alicante ↔ Reino Unido, vuelos Málaga/Almería ↔ Europa central, vuelos Baleares ↔ norte de Europa, o tráfico internacional que ni siquiera despegó de Alicante.

Sin acceso directo al playback exacto histórico premium de radar aéreo no puedo asegurarlo, pero la franja horaria y el corredor sugieren un vuelo comercial europeo de crucero, probablemente: RyanaireasyJetVuelingLufthansaTransaviaJet2o similar.

Lo más interesante de la foto. La imagen tiene bastante valor divulgativo porque muestra muy bien: cómo dos motores generan dos estelas paralelas, la expansión turbulenta posterior, y el efecto atmosférico de condensación a gran altitud. Además, el pequeño pájaro que aparece abajo crea una escala visual magnífica entre: la vida terrestre cercana, y el tráfico aéreo global a 10 km de altura. Una buena metáfora visual para un post.