¿Qué es la vida, en una palabra?
Edad Media y Renacimiento
Capacitismo: De la exclusión hacia la equidad
El término capacitismo —traducción del inglés ableism— no es simplemente una etiqueta para la discriminación. Es, en su esencia, un sistema de valores que evalúa la dignidad y el potencial de los seres humanos en función de su adecuación a unos estándares de normalidad física o cognitiva. En el ámbito de la ética y la sociología contemporánea, entender el capacitismo es fundamental para comprender cómo hemos construido nuestras ciudades, nuestras leyes y, fundamentalmente, nuestra mirada hacia el otro (pronto más posts sobre la otredad).
Del modelo de prescindencia a la autonomía. Históricamente, la percepción de la discapacidad en Occidente, y específicamente en España, ha transitado por tres grandes paradigmas. Durante siglos predominó el modelo de prescindencia, donde la persona con discapacidad era invisible o considerada una carga. Con el avance de la medicina en el siglo XX, España adoptó el modelo médico-rehabilitador. Bajo esta óptica, la discapacidad se percibía como una "enfermedad" que debía ser curada para que el individuo pudiera integrarse en la maquinaria productiva.
No fue hasta la llegada de la democracia y la influencia de movimientos internacionales que empezó a calar el modelo social. Este paradigma sostiene que la discapacidad no reside en el individuo, sino en la interacción entre una persona con una deficiencia y las barreras (arquitectónicas, comunicativas y mentales) que la sociedad le impone.
Luces y sombras con pasos legislativos de calado en la última década. Un hito fundamental ha sido la reciente reforma del Artículo 49 de la Constitución Española, eliminando el término "disminuidos" para sustituirlo por "personas con discapacidad". Este cambio no es solo semántico; es un reconocimiento de la plena titularidad de derechos y de la dignidad humana por encima de cualquier condición.
Sin embargo, los datos y la realidad cotidiana muestran que el capacitismo sigue arraigado en las estructuras:
- Empleo: La tasa de actividad de las personas con discapacidad sigue siendo significativamente menor que la del resto de la población, evidenciando un mercado laboral que aún penaliza la diversidad.
- Educación: Aunque se aboga por la inclusión, la falta de recursos en centros ordinarios y la pervivencia de la educación segregada siguen siendo focos de debate ético.
- Accesibilidad universal: A pesar de los plazos legales vencidos, el urbanismo y el entorno digital nuestra realidad aún presentan "muros" invisibles que limitan la autonomía personal.
El cine y la cultura como herramientas de cambio. Desde un punto de vista educativo, el cine ha jugado un papel ambivalente. Durante décadas, el séptimo arte alimentó el capacitismo mediante estereotipos: la persona con discapacidad como objeto de lástima, como villano amargado o como héroe "superador" cuya única meta es dejar de ser diferente.
Películas recientes como la reciente Sorda, o anteriores como Campeones o La consagración de la primavera han empezado a subvertir esta narrativa. Ya no se trata de contar historias sobre discapacidad, sino de permitir que la discapacidad sea una característica más de personajes complejos, con deseos, conflictos y voz propia. Esta transición en la pantalla es vital para reeducar la mirada de una sociedad que, a menudo, peca de un paternalismo paralizante.
Hacia una ética de la interdependencia. El capacitismo se combate reconociendo que la autonomía absoluta es un mito. Todos somos, en algún momento de nuestra vida, dependientes. La ética de la solidaridad nos invita a construir una sociedad donde la "capacidad" no sea el termómetro de la humanidad.
La educación es, en última instancia, la herramienta más poderosa. No se trata solo de adaptar rampas, sino de desmantelar la jerarquía mental que sitúa unas vidas por encima de otras basándose en su productividad o perfección física. El futuro de nuestra cohesión social depende de nuestra habilidad para ver en la diferencia no un límite, sino una manifestación más de la pluralidad humana.
¿Sabías que el #capacitismo es una de las barreras más invisibles de nuestra sociedad? 🚫https://t.co/A7rV5Lrv0o No se trata solo de la falta de rampas; se trata de la mirada que infravalora, de la condescendencia que anula y de un sistema diseñado exclusivamente para cuerpos y… pic.twitter.com/XViB645B5M
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) March 2, 2026
@elpais Álvaro Cervantes gana el Goya a mejor actor de reparto por Sorda. El intérprete ha dedicado el premio a sus padres, pareja, hermana Ángela Cervantes ( nominada por La furia) y principalmente a su compañera en el filme Miriam Garlo (también nominada). Cervantes aprovechó para hacer una reflexión sobre el mundo "que excluye a las personas con discapacidad": "La empatía no se basa de buenas intenciones, sino de revisar nuestros privilegios", señaló. #cineentiktok #goya2026 #capacitismo #empatia #sorda ♬ sonido original - El País
Releyendo a clásicos, como Cervantes o Joyce
Muchos, no todos, guardan cicatrices literarias de nuestra adolescencia. Para muchos, el Quijote representa tardes interminables descifrando un castellano impenetrable, mientras que Ulises —si tuvieron la desgracia de encontrárselo en bachillerato— equivale a un trauma permanente. Pero ¿y si el problema nunca fueron ellos, sino el sistema que nos obligó a leerlos cuando aún no estábamos preparados?
El fracaso pedagógico: cuando enseñar mata el placer. La educación secundaria comete un error fundamental al abordar los clásicos: los trata como deberes morales en lugar de experiencias estéticas. Se nos impone la lectura de obras maestras con el mismo espíritu con que se administra un medicamento amargo pero necesario. El resultado es predecible: generaciones enteras asocian a Cervantes con el aburrimiento y a Joyce con la incomprensión.
El problema radica en la brecha cognitiva y experiencial. Un adolescente de 15 años carece del bagaje vital para apreciar la melancolía de Don Quijote contemplando su biblioteca en llamas, o la densidad del monólogo interior de Molly Bloom. La ironía cervantina requiere haber conocido el desengaño; la experimentación joyceana exige familiaridad previa con las convenciones narrativas que dinamita. Pedirles a los estudiantes que disfruten estas obras es como esperar que un novato aprecie el jazz avant-garde sin haber escuchado nunca música. Lo que no nos dijeron es que Leopold Bloom también es obscenamente divertido, tierno y sucio.
Además, la metodología es desastrosa. Los clásicos se diseccionan en busca de "temas" y "recursos literarios", convirtiendo la lectura en una autopsia. Se fragmenta el texto en capítulos obligatorios, se exigen resúmenes que demuestren que se ha leído (aunque no se haya comprendido), y se evalúa mediante exámenes que miden memorización, no sensibilidad. No es sorprendente que muchos estudiantes terminen odiando precisamente aquello que debería liberarlos.
La relectura adulta: Descubrir lo que siempre estuvo ahí. Volver al Quijote con treinta o cuarenta años es una revelación. Lo que en la adolescencia parecía un ladrillo polvoriento se transforma en una comedia sofisticada sobre la naturaleza de la ficción y la realidad. El humor de Cervantes —sutil, compasivo, profundamente humano— cobra sentido cuando uno ha vivido lo suficiente para reconocer sus propias quijotadas: esos momentos en que la imaginación choca contra el mundo real.
La madurez permite apreciar la ternura con que Cervantes trata a su protagonista enloquecido. Don Quijote no es simplemente un loco ridículo, sino un idealista conmovedor en un mundo pragmático y desencantado. Sus fracasos resuenan porque todos hemos sido derrotados por la realidad. Su dignidad, incluso en el ridículo, nos conmueve porque reconocemos en él nuestra propia vulnerabilidad. Alonso Quijano no es solo un loco; es un hombre que se niega a aceptar que el mundo es un lugar gris, burocrático y sin magia. Su lucha es la lucha contra el cinismo. Y Sancho Panza deja de ser el tonto glotón para convertirse en la representación de la lealtad más pura. La relectura adulta revela que el Quijote es un libro sobre cómo mantener la dignidad cuando la realidad te dice que eres irrelevante. Eso es algo que un adolescente difícilmente puede captar, pero que un adulto siente en los huesos.
Con Joyce ocurre algo similar, aunque más extremo. Ulises es objetivamente difícil, pero la dificultad es parte de su placer. Leerlo como adulto, sin la presión de un examen inminente, permite saborear su virtuosismo lingüístico, su ambición enciclopédica, su humor escatológico y su celebración de lo ordinario. Leopold Bloom, caminando por Dublín durante un día cualquiera, se convierte en un héroe moderno precisamente por su normalidad. Pero esa revelación exige paciencia, curiosidad y cierta experiencia de vida. Joyce es, ante todo, divertido y profundamente humano.
Cómo leerlos ahora: estrategias para la segunda oportunidad:
Busca alternativas: Escuchar audiolibros como puerta de entrada o lee en grupo, para compartir dudas y descubrimientos enriquece la experiencia.
Elimina la obligación. Lee sin presión, sin calendario, sin necesidad de "terminarlo". Los clásicos no son montañas que conquistar, sino territorios que explorar.
Busca ediciones comentadas. Una buena introducción y notas al pie pueden iluminar referencias oscuras sin infantilizar al lector. Para el Quijote, la edición del Instituto Cervantes es accesible; para Joyce, las guías de lectura son prácticamente necesarias.
Acepta la dificultad. No entenderlo todo no es fracaso, es parte del proceso. Joyce escribió Ulises para mantener ocupados a los críticos durante siglos. No necesitas descifrar cada alusión para captar su belleza.
Lee en voz alta. Cervantes y Joyce escribieron con un oído exquisito para el ritmo y la sonoridad. Escuchar el texto añade una dimensión que la lectura silenciosa pierde.
Contextualiza sin academicismo. Comprender la España del siglo XVII o la Irlanda colonial enriquece la lectura, pero no te conviertas en historiador. Una biografía breve de los autores suele bastar.
Los clásicos que odiaste en el instituto no eran los culpables. El momento era erróneo, el enfoque era equivocado, y tu yo adolescente simplemente no estaba listo. Ahora sí lo estás. Dale a Cervantes y a Joyce —y a todos esos libros que abandonaste con resentimiento— la segunda oportunidad que merecen. Puede que descubras que el problema nunca fue la literatura, sino cómo te enseñaron a no amarla.
El Quijote no era aburrido. Tú tenías 15 años.
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) November 27, 2025
El sistema educativo te obligó a leer a Cervantes cuando tu mayor preocupación era quién te gustaba, y a Joyce cuando apenas habías leído 3 novelas. https://t.co/MUUBge8mz2
Luego te hicieron un examen sobre "recursos literarios" y… pic.twitter.com/ebZjFbjO9r
Somos cuerdos y recuerdos somos
Parafraseando a Octavio Paz, “No somos lo que decimos, sino lo que recordamos, porque lo hicimos, lo hacemos y lo seguiremos haciendo”. Decía Jorge Luis Borges que “somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes”. Y uno, con los años, se da cuenta de que tenía razón: la cordura se juega en esa delgada frontera entre lo que aún recordamos y lo que empezamos a olvidar.
Los mayores solemos ser sensatos, juiciosos, prudentes, sabios, serios, inteligentes, reflexivos, formales y cabales, incluso clarividentes. Porque sí, seguimos siendo cuerdos, aunque nos asalten las dudas al entrar en una habitación sin saber a qué fuimos, y somos sobre todo recuerdos, esos tesoros que guardamos como cartas viejas o canciones que se repiten solas en la cabeza.
A veces, como escribió Mario Benedetti, “el olvido está lleno de memoria”, y en esa paradoja encontramos consuelo: no recordarlo todo es también una forma de vivir más ligero. Con todo hoy y ahora queremos reivindicar el infinito valor de la memoria de lo vivido, insuperable fuente de inspiración y perseverancia.
Miguel de Cervantes nos advertía que “la memoria es tesoro y custodia de todas las cosas”. Sin embargo, como todo tesoro, a veces se esconde bajo capas de polvo y nos obliga a ejercitar paciencia y sentido del humor. No hay peor enemigo de la cordura que la solemnidad excesiva. Reírnos de nuestros olvidos es, en cierto modo, la forma más cuerda de vivirlos.
A cierta edad, uno descubre que el presente es más corto que antes, y el pasado más largo. Los recuerdos se multiplican y se vuelven compañeros de viaje: algunos dulces, otros ásperos, pero todos forman parte de lo que somos. Como dijo Miguel de Unamuno, “el hombre es hombre en cuanto es hijo del pasado”. La cordura consiste, entonces, en no aferrarse demasiado ni al ayer ni al mañana, sino en habitar con serenidad el ahora.
Porque al final, la vida se parece a una novela coral: cada recuerdo es un capítulo, cada olvido un salto de página, y la cordura el hilo que mantiene la trama unida. Somos cuerdos en la medida en que reconocemos nuestra fragilidad, y somos recuerdos porque sin ellos seríamos apenas instantes dispersos.
La moraleja es sencilla y honda: vivir con cordura no es no olvidar, sino aceptar que somos tiempo hecho memoria. Y vivir con recuerdos no es añoranza, sino cultivar la gratitud por lo vivido. Quien logra reírse de sus olvidos y agradecer sus recuerdos ha encontrado la verdadera sabiduría.
Releamos el discurso de Alyosha en el último capítulo de "Los hermanos Karamazov" de Fiódor Dostoyevski: "Debes saber que no hay nada más alto y más fuerte y más sano y bueno para la vida en el futuro que algunos buenos recuerdos, especialmente un recuerdo de la infancia, de hogar. La gente te habla mucho de tu educación, pero un buen recuerdo sagrado, preservado desde la infancia, es quizás la mejor educación. Si un hombre lleva consigo muchos recuerdos de este tipo a la vida, está a salvo hasta el final de sus días, y si a uno sólo le queda un buen recuerdo en el corazón, incluso eso puede ser en algún momento el medio de salvarnos".
La cordura y la memoria son dos nombres del mismo tiempo. “Lo que uno ama en la infancia se queda en el corazón para siempre.” señaló Jean-Jacques Rousseau. Para concluir: “La filosofía es, en el fondo, el arte de aprender a morir… y a recordar” según Michel de Montaigne. Anotadlo en vuestras agendas este doble mandato encadenado: Recordar con humor es vivir con filosofía. Entre risas y memoria, a seguir construyendo lo que luego serán recuerdos.
"Debes saber que no hay nada más alto y más fuerte y más sano y bueno para la vida en el futuro que algunos buenos recuerdos, especialmente un recuerdo de la infancia, de hogar. La gente te habla mucho de tu educación, pero un buen recuerdo sagrado, preservado desde la infancia,… pic.twitter.com/Q8Zgoonxqy
— literland (@literlandweb1) May 25, 2025
Adiós a Mario Vargas Llosa, eterno contador de historias
Su vida y obra han estado marcadas por una intensa actividad literaria, periodística y política (los tuits finales recogen algunas impresiones). También nos gusta recordar a Mario Benedetti (posts) cuando señaló: “A Vargas Llosa hay que leerlo, pero nunca escucharlo.”
Aquí presentamos un resumen de su vida y obra de Mario Vargas Llosa:
Nombre completo: Jorge Mario Pedro Vargas Llosa.
Nacimiento: 28 de marzo de 1936 en Arequipa, Perú.
Muerte: 13 de abril de 2025, Lima, Perú.
Infancia y juventud
Vargas Llosa pasó sus primeros años en Bolivia y luego en Piura y Lima, Perú. Estudió en colegios religiosos y militares, experiencias que luego marcarían muchas de sus novelas. Se formó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima), donde estudió Literatura y Derecho, y posteriormente obtuvo un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.
Carrera política
Aunque su carrera es predominantemente literaria, también incursionó en la política. En 1990 se presentó como candidato a la presidencia del Perú por el partido de derecha liberal Frente Democrático (FREDEMO), pero fue derrotado por Alberto Fujimori. Años más tarde, adoptó la nacionalidad española además de la peruana.
Obra literaria
Vargas Llosa es conocido por su estilo narrativo complejo, la experimentación formal y su crítica social y política. Su obra abarca novelas, ensayos, teatro y periodismo.
Etapas de su obra
- Primera etapa – Realismo crítico
- La ciudad y los perros (1963): Su primera gran novela, crítica a la educación militarizada. Ganó el Premio Biblioteca Breve y el Premio de la Crítica.
- La casa verde (1966): Estructura compleja, entrelaza varias historias, ambientadas en la selva y la costa norte del Perú.
- Conversación en La Catedral (1969): Considerada una de sus obras maestras, refleja la corrupción y el autoritarismo en el Perú.
- Segunda etapa – Diversificación temática y formal
- Pantaleón y las visitadoras (1973): Novela satírica basada en hechos reales.
- La tía Julia y el escribidor (1977): Obra semi-autobiográfica, mezcla lo personal con lo fantástico.
- La guerra del fin del mundo (1981): Ambientada en Brasil, es una de sus novelas más ambiciosas.
- Tercera etapa – Ficción histórica y política
- El pez en el agua (1993): Autobiografía donde narra su campaña presidencial.
- La fiesta del Chivo (2000): Retrato de la dictadura de Trujillo en República Dominicana.
- El sueño del celta (2010): Basada en la vida de Roger Casement, activista contra el colonialismo.
- Obras más recientes
- Cinco esquinas (2016): Mezcla política, prensa amarilla y escándalo en los años del fujimorismo.
- Tiempos recios (2019): Aborda la intervención estadounidense en Guatemala.
- Le dedico mi silencio (2023): Ambientada en el Perú, toca temas de identidad nacional y música criolla
Premios y reconocimientos: Premio Nobel de Literatura (2010): Por “su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986). Premio Cervantes (1994). Doctorados honoris causa por universidades de todo el mundo.
El adiós a Vargas Llosa pic.twitter.com/1eGcxCnUe8
— José Luis Sastre (@jl_sastre) April 14, 2025
Ciudadana del Perú te habla claro, clarito, clarinete, sobre Vargas Llosa
— Pedro Honrubia (@honrubiahurtado) April 14, 2025
Que cada cual llore a sus muertos. Y este en concreto no, no era de los nuestros, era un sujeto despreciable e infame 👇 pic.twitter.com/prYch6M4aP
Fechas de las mayores noticias de todos los tiempos
La mayor noticia de todos los tiempos es un concepto subjetivo y puede variar según la perspectiva y la época. Sin embargo, aquí hay algunas noticias históricas que tuvieron un impacto significativo en la humanidad:
- 20 de julio de 1969: Llegada del hombre a la Luna (1969).
Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en caminar sobre la superficie lunar durante la Misión Apollo 11. Este logro fue un hito en la exploración espacial y capturó la imaginación de millones de personas en todo el mundo.El 15 de enero de 2001 comenzó a funcionar Wikipedia.
— José Manuel Cuevas (@JoseManCuevas) January 15, 2025
Es la mayor obra de conocimiento colectivo que ha existido y para muchos de nosotros es casi obligado consultarla a diario.
Contamos su origen y desarrollo en 'Hoy en la historia' de @elOrdenMundial: https://t.co/sWBtMCSA2v
Grandest event in human history. China shocked the whole world with computer level precision on that large scale. Total power projection and announcement of China’s arrival. pic.twitter.com/kbEI7ZVh0T
— Siddharth's Echelon (@SiddharthKG7) July 26, 2024












