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Geronymonstre: Club de lectura que desafía los estereotipos

Hay fenómenos culturales que sorprenden no porque inventen algo completamente nuevo, sino porque consiguen colocar lo conocido en un escenario inesperado. Geronymonstre pertenece a esa categoría. Desde un barrio de Avignon, un grupo de jóvenes ha convertido la conversación sobre los grandes autores y pensadores en un espectáculo callejero difundido por las redes sociales. Marx, Zola, Flaubert, Molière, Rimbaud, George Sand o Simone de Beauvoir aparecen así entre chándales, zapatillas deportivas, humor, lenguaje coloquial y debates improvisados. 

La propuesta tiene algo deliberadamente contradictorio. Si imaginamos un club de lectura, probablemente pensamos en una biblioteca, una librería, un aula o una sala tranquila. Geronymonstre desplaza ese escenario a un aparcamiento situado junto a bloques de viviendas populares. Allí, la literatura deja de presentarse como un territorio reservado a quienes dominan determinados códigos culturales y se convierte en conversación, juego y enfrentamiento intelectual. Le Monde ha descrito el proyecto como una iniciativa de jóvenes de la periferia de Avignon que organizan auténticas «batallas literarias» entre grandes figuras del pensamiento. 

El fenómeno resulta especialmente interesante desde la educación, más aún tras la debacle de PISA 2025. Durante décadas hemos debatido cómo conseguir que los jóvenes lean. Con frecuencia, la respuesta institucional ha consistido en seleccionar obras, establecer lecturas obligatorias, elaborar cuestionarios y evaluar posteriormente su comprensión. Geronymonstre plantea una posibilidad diferente: quizá antes de pedir a un adolescente que lea un clásico haya que conseguir que perciba que la literatura también habla su lenguaje y puede formar parte de su mundo social.

No se trata, sin embargo, de simplificar los clásicos hasta hacerlos irreconocibles. Precisamente una de las virtudes del proyecto es mantener la ambición intelectual mientras cambia el registro comunicativo. La ironía, el argot, la escenificación y el humor funcionan como puertas de entrada hacia contenidos complejos. El resultado no es necesariamente una reducción de la cultura, sino una recontextualización.

Aquí aparece una cuestión educativa de fondo. ¿Quién determina qué aspecto debe tener una persona culta? Durante mucho tiempo existió una asociación bastante rígida entre cultura, apariencia, instituciones y determinados comportamientos. Geronymonstre desmonta esa asociación visual: jóvenes que podrían ser estereotipados socialmente como poco interesados en la cultura aparecen hablando de filosofía, literatura e historia de las ideas. El contraste es parte esencial de su mensaje.

También importa su dimensión digital. El proyecto comenzó en un entorno físico muy concreto, pero su difusión mediante Instagram, TikTok y otras plataformas ha multiplicado su alcance. La cuenta de Geronymonstre reúne cientos de miles de seguidores y ha llamado incluso la atención de instituciones culturales. 

Esto permite reconsiderar la relación entre libro y redes sociales. Con frecuencia se presentan como enemigos: el móvil distrae y el libro concentra; TikTok fragmenta y la lectura profundiza. La experiencia de Geronymonstre sugiere una relación menos sencilla. Una red social puede ser también un escaparate que despierte curiosidad por autores, obras y debates que después requieren una atención mucho más prolongada.

Naturalmente, conviene evitar la idealización. Un vídeo viral sobre Flaubert no equivale a leer Madame Bovary, del mismo modo que una batalla entre Marx y Adam Smith no sustituye el estudio de sus textos. La divulgación tiene límites y la cultura digital puede convertir cualquier obra compleja en una caricatura. El verdadero éxito educativo se produce cuando el espectáculo inicial conduce hacia la lectura, la argumentación y el pensamiento propio.

Por eso Geronymonstre merece atención más allá de su dimensión anecdótica. Su principal lección quizá no sea que los jóvenes franceses leen clásicos, sino que la cultura puede cambiar de escenario sin perder necesariamente su profundidad.

La literatura no necesita solemnidad para ser importante. Necesita lectores, conversación y preguntas. Si un aparcamiento de Avignon consigue que cientos de miles de personas vuelvan a hablar de Zola, Marx o Rimbaud, quizá la pregunta educativa no deba ser por qué esos jóvenes leen de una manera tan poco convencional, sino qué podríamos aprender de su manera de hacer que leer vuelva a parecer una aventura colectiva

Pierre Bourdieu habría reconocido de inmediato el mecanismo en juego: el capital cultural, ese patrimonio de referencias que distingue a quien "tiene derecho" a hablar de Flaubert de quien no. Geronymonstre no destruye ese capital, lo redistribuye: lo saca del salón burgués y lo devuelve a la calle sin perder rigor ni la palabra justa.

Un lector vasco reconocerá enseguida el parecido con la bertsolaritza, la improvisación oral en verso que Bernardo Atxaga situó siempre en el corazón vivo de la literatura vasca: dos voces, un tema impuesto, métrica exigente y el público como juez inmediato. La batalla de Aviñón y el bertso improvisado en una plaza vasca comparten una intuición muy anterior a internet: la literatura se conserva mejor cuando se dice en voz alta y se disputa, que cuando se archiva en vitrinas.

Para la educación, el fenómeno plantea una pregunta incómoda. Si un aparcamiento genera más entusiasmo lector que muchas aulas, quizá lo que falla no sea el contenido enseñado, sino el envoltorio institucional en que se presenta. La forma agonal —el debate, la disputatio medieval, el diálogo socrático— ha sido siempre uno de los motores más eficaces del pensamiento; Geronymonstre no ha inventado nada, ha recordado algo que la escuela olvida a veces: que las ideas se aprenden mejor cuando se defienden en voz alta, entre iguales, con algo en juego.

Queda por ver si el fenómeno sobrevivirá a su propia viralidad o se disolverá, como tantos otros, en el ciclo veloz de las redes. Pero mientras dure, recuerda una verdad incómoda para instituciones y minorías cultas por igual: la literatura no pertenece a nadie en particular, y menos aún a quienes creen poseer en exclusiva la llave de su vocabulario.

@anacabo17 ¿qué os parece esta iniciativa? #lectura #geronymonstre #francia #datoscuriosos #booktokenespañol ♬ sonido original - Ana Cabo

Colección de Coca-Cola de Emiliano Escudero Cano

Arqueología del consumo que visitamos tras ver el patrimonio de las motos clásica (post previo): La Colección de Coca-Cola de Emiliano Escudero Cano (FB oficial)En el cruce entre la microhistoria local y la historia económica global existen tesoros insospechados. En San Pedro del Pinatar (Murcia), la dedicación y el entusiasmo de Emiliano Escudero Cano han dado forma a una destacada colección de objetos vintage de Coca-Cola, un espacio que trasciende la afición personal para convertirse en un verdadero archivo sociocultural del siglo XX.

El objeto cotidiano como documento histórico. Analizar una colección de estas características desde una óptica educativa e historiográfica permite comprender cómo los objetos de uso diario reflejan las transformaciones geopolíticas, estéticas y sociales de cada época. Lejos de ser meros envases o soportes publicitarios, las botellas de vidrio moldeado, las latas de edición limitada, los rótulos esmaltados y los artículos promocionales reunidos por Escudero Cano documentan la evolución del diseño industrial y el auge de la comunicación gráfica contemporánea.


Cada pieza expuesta funciona como un documento primario para el análisis: 1) Evolución tipográfica y visual: Desde el trazo caligráfico Spencerian original hasta la estandarización del rojo corporativo como código visual universal. 2) Transformación de materiales: El paso de la ebanistería y la hojalata tradicional al plástico, el aluminio y los procesos de producción en masa de la posguerra. 3) Reflejo de usos y costumbres: Los objetos promocionales revelan cómo la marca penetró en las rutinas domésticas, los espacios de ocio y las festividades populares.


Lecciones de economía y mercadotecnia global. Desde el prisma de la historia económica, la marca de Atlanta constituye un caso de estudio fundamental para comprender el desarrollo del capitalismo global. La colección de Emiliano Escudero invita a reflexionar sobre cómo una fórmula de finales del siglo XIX logró articular una vasta red de franquicias embotelladoras, modelos de distribución ultralocalizados y una estrategia de branding pionera.


Observar esta muestra permite examinar tres vectores económicos clave: 1º La construcción del valor intangible: Cómo la publicidad logró vender no solo un producto refrescante, sino un ideal de modernidad, juventud y dinamismo social. 2º La estandarización industrial: La capacidad de mantener una identidad global inconfundible adaptando formatos y campañas a las particularidades de cada mercado. 3º La conservación del patrimonio industrial: El coleccionismo como herramienta clave para proteger la memoria material de la historia comercial y del trabajo.


Valor pedagógico y divulgación cultural. Para educadores y divulgadores, la iniciativa de Emiliano Escudero Cano ofrece una valiosa herramienta pedagógica. Permite aproximar la historia contemporánea y la sociología del consumo a un público amplio de forma intuitiva y rigurosa. Frente a la volatilidad de los estímulos digitales actuales, el contacto directo con la materialidad de la cultura popular nos plantea preguntas esenciales sobre cómo los medios de comunicación y las marcas moldean nuestras identidades colectivas.


"El coleccionista no atesora simples objetos; custodia la memoria intangible que habita en ellos y la devuelve a la comunidad como pedagogía viva." La encomiable labor realizada en San Pedro del Pinatar (Murcia) demuestra cómo el compromiso individual convierte una colección privada en un bien de interés cultural para el aprendizaje, la reflexión histórica y el disfrute intergeneracional.


Colección de Coca-Cola de Emiliano Escudero Cano
Álbum de imágenes
@agirregabiria

Colección de Coca-Cola de Emiliano Escudero Cano

♬ eredeti hang - Tibor Füredi HUNGARY 🇭🇺

Marcha Radetzky: compás que aplaude su propia contradicción

Repasaremos el álbum musical que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts). Cada 1 de enero, cuando el reloj del Musikverein vienés marca el final del Concierto de Año Nuevo, miles de espectadores en todo el mundo comienzan a batir palmas al compás de una pieza que dura apenas dos minutos y medio. Pocos de ellos —quizá ni siquiera los japoneses que la corean con más entusiasmo, como se ha señalado con cierta ironía— se detienen a pensar en lo que están celebrando. La Marcha Radetzky, compuesta por Johann Strauss padre en 1848 en honor al mariscal de campo austríaco conde Joseph Wenzel Radetzky, es mucho más que un bis festivo: es un artefacto sonoro donde se condensan las tensiones no resueltas de un imperio y, por extensión, de toda modernidad que celebra sin memoria.

El contexto de su composición resulta decisivo (otros posts). El 31 de agosto de 1848 se celebró una fiesta en el Wasserglacis de Viena, y Strauss padre recibió el encargo de contribuir con una composición, justo en el año revolucionario que sacudía Europa entera. Strauss se posicionó claramente del lado de los leales al emperador, en contraste con su propio hijo, que simpatizaba con los revolucionarios. Ese enfrentamiento doméstico —padre e hijo en bandos opuestos de la historia— anticipa ya el destino ambiguo de la pieza. Radetzky había derrotado al ejército sardo en la batalla de Custozza el 25 de julio de 1848, a la edad de 81 años, consolidando el poder austríaco en el norte de Italia y fortaleciendo a las fuerzas conservadoras frente a los levantamientos liberales surgidos tras la Revolución de Marzo.

Aquí reside la paradoja que interesa a cualquier lector atento a la relación entre estética y poder: la marcha alcanzó gran popularidad como expresión del nacionalismo austríaco, pero cuando Radetzky tomó parte después en la represión del movimiento revolucionario en el propio territorio austríaco, la pieza pasó a ser vista como símbolo reaccionario. Strauss padre, recordemos, no era ajeno a la polémica: sus propios compatriotas llegaron a llamarle traidor por su fidelidad a la Corona. Componer para el poder, incluso en clave puramente festiva, nunca ha sido un gesto neutral.

Esta ambivalencia encontró su traducción literaria más lúcida en Joseph Roth, cuyo título de 1932 tomó prestado el nombre de la pieza. La marcha Radetzky de Roth narra el declive y la caída del imperio austrohúngaro a través de la historia de la familia Trotta, y no es casual que exista un paralelismo entre las vicisitudes de esa familia y las que padeció la propia marcha, expresión primero del nacionalismo austríaco y después símbolo reaccionario. La música, convertida en metáfora narrativa, se transforma en el eco melancólico de un mundo que se sabe condenado incluso mientras baila.

Cabe además una reflexión sobre la memoria histórica selectiva del propio ritual navideño-vienés. El Concierto de Año Nuevo se celebró por primera vez el 31 de diciembre de 1939, por iniciativa del entonces ministro de Propaganda del régimen nazi, aunque la Radetzky no se sumó al programa hasta después de la guerra. Que una pieza nacida de la represión de 1848 se instalara en un concierto de origen tan comprometido añade una capa más de sedimento histórico bajo los aplausos.

Musicalmente, la marcha no es un artefacto tan original como su fama sugiere: Strauss ya había empleado el tema en su Jubel-Quadrille, y su ritmo guarda un notable parecido con el segundo tema del Allegro de la Sinfonía n.º 100 de Haydn. Aun así, su poder de convocatoria —ese aplauso colectivo, casi litúrgico, que Gustavo Dudamel u otros directores invitan a compartir— revela algo profundamente humano: la necesidad de ritual compartido, incluso cuando el ritual celebra, sin saberlo del todo, las cicatrices no cerradas de la propia historia.

ResumenStrauss padre, Radetzky y el vals contra la revolución de 1848. Cómo una marcha militar se volvió símbolo reaccionario en Viena. Joseph Roth y la melancolía del imperio en la Marcha Radetzky. El aplauso ritual del Concierto de Año Nuevo y su origen incómodo. Padre contra hijo: Strauss y las dos caras de 1848. La marcha que celebra una represión sin que el público lo sepa. El himno no oficial de Austria y su pasado contradictorio. 

BookCrossing o libros viajeros en el CC La Zenia

Nos ha sorprendido que en La Zenia también había un punto de BookCrossing (nuestras fotos). Este tema de cruce libre de libros (ver en muchos posts previos), es una práctica que convierte el mundo entero en una biblioteca sin paredes ni horarios. Nacida en Estados Unidos en 2001 de la mano de Ron Hornbaker, la idea es tan sencilla como radical: registrar un libro en la plataforma global bookcrossing.com, asignarle un código de identificación único —el BCID— y liberarlo en un lugar público para que otro lector lo encuentre, lo lea y lo devuelva a la circulación. Cada ejemplar se convierte así en un viajero con historia propia.

En España, el movimiento arraigó con notable entusiasmo durante la primera década del siglo XXI, cuando las comunidades virtuales comenzaban a vertebrar formas de sociabilidad inéditas. Ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao o Valencia acogieron puntos de liberación habituales: bancos de parques, vestíbulos de bibliotecas, cafeterías, salas de espera de hospitales. Los participantes, denominados bookcrossers, comparten en la plataforma sus avistamientos y sus lecturas, tejiendo una red de afinidades literarias que trasciende la geografía.

El fenómeno conecta con una tradición cultural profunda: la del libro prestado, anotado y comentado que circula entre amigos. Pero le añade una dimensión comunitaria y rastreable que lo resignifica. Cada libro liberado es un acto de confianza en el desconocido, una apuesta por la generosidad como norma social. En un tiempo dominado por el consumo individual y la pantalla, el BookCrossing propone una economía del don aplicada a la cultura escrita.

Las cifras globales de la plataforma superan los quince millones de libros registrados en más de cien países. En España, aunque el pico de actividad corresponde a los años 2005-2012, persisten comunidades activas y eventos periódicos organizados por bibliotecas públicas y asociaciones culturales, que han sabido integrar esta práctica como herramienta de animación lectora y cohesión social. El libro que alguien abandona no se pierde: empieza otro viaje.

The Quiet Girl: Poesía visual desde la Irlanda rural

Hemos visto en Prime una película entrañable, con un verano que cambia todo. Irlanda rural, 1981. Cáit es una niña de nueve años, callada y retraída, que vive diluida entre una familia numerosa presidida por la negligencia y la indiferencia. Su madre espera otro hijo; su padre, ausente en lo afectivo, tampoco sabe qué hacer con ella. Sin mucha ceremonia, la envían a pasar el verano con una pareja de parientes lejanos, Seán y Eibhlín Cinnsealach, en una granja tranquila del condado de Waterford. 

Lo que allí ocurre es, en apariencia, muy poco: Los días se suceden entre las faenas del campo, la recogida del agua, las comidas compartidas en silencio. Pero en ese espacio de sencillez y cuidado, Cáit descubrirá por primera vez lo que significa ser vista, querida y nombrada. La pareja guarda un secreto que la niña intuirá antes de conocerlo, y ese misterio actuará como fondo emocional de toda la trama. El final, sobrio y emocionalmente exacto, no cierra todas las heridas, pero ilumina con fuerza lo que el amor —cuando no viene de obligación sino de elección— es capaz de hacer en un alma pequeña y asustada.

El director y el guión: Un debut que deja huella. Colm Bairéad, cineasta dublinés formado en la tradición del audiovisual irlandés en gaélico, da con The Quiet Girl su salto definitivo al largometraje de ficción. Antes de este film había rodado documentales y telefilmes dentro del circuito de la cadena TG4, pero nada hacía prever la madurez con la que adaptaría Foster, la novela corta de Claire Keegan —escritora de Wicklow, considerada hoy una de las voces más precisas de la prosa angloirlandesa contemporánea—. El propio Bairéad firma también el guión, una decisión que dota al proyecto de coherencia interna: la misma sensibilidad que imagina las imágenes es la que elige cada palabra que se dice, y sobre todo cada silencio que las sustituye. 

La apuesta por rodar casi íntegramente en irlandés (gaélico) convierte la película, además, en un acto de reivindicación cultural de primer orden. The Quiet Girl se convirtió en la película en lengua irlandesa más taquillera de la historia y fue recibida en el Festival de Berlín, donde ganó el Premio del Jurado Ecuménico y el CICAE en la sección Generation, con entusiasmo generalizado. Su posterior nominación al Oscar a la Mejor Película Internacional en la 95.ª edición la situó en el mapa cinematográfico mundial. En el Festival de Valladolid (Seminci) arrasó con la Espiga de Plata, el Premio del Público y el Premio de la Crítica. 

El reparto: tres actuaciones para recordar. La película descansa sobre tres interpretaciones extraordinarias. Catherine Clinch, en su debut absoluto ante la cámara, encarna a Cáit con una economía expresiva que deja sin palabras: sus ojos comunican más que cualquier monólogo, y su presencia silenciosa construye un personaje de una hondura poco habitual en actores adultos. Carrie Crowley (conocida por la televisión irlandesa) da vida a Eibhlín con una calidez contenida y genuina, mientras que Andrew Bennett, en el papel del tío Seán, ofrece una de las actuaciones masculinas más delicadas del cine europeo reciente: sus gestos mínimos hablan de un amor que no sabe expresarse con palabras pero que actúa con constancia. La relación que construyen entre los tres actores —sin efectismos, sin melodrama— es el verdadero motor emocional del film. 

Valoración: la lección cinematográfica del año. The Quiet Girl es, ante todo, una película sobre la pedagogía del afecto. Muestra con precisión quirúrgica que un niño no crece con recursos materiales ni con palabras altisonantes, sino con presencia, consistencia y la certeza de que alguien, en algún lugar, lo está mirando con amor. En ese sentido, el film tiene una dimensión educativa que trasciende el puro goce estético. Bairéad filma con planos contemplativos y una fotografía que convierte los verdes del sur de Irlanda en metáfora de resurrección interior; la banda sonora de Rennicks es tan discreta como eficaz. Es, sin duda, un cine de ritmo lento que puede desconcertar a quien busque acción o giros argumentales, pero que recompensa con creces al espectador paciente. Una obra pequeña en escala y grande en todo lo demás.

Lo raro es una advertencia, según Schweblin en "El buen mal"

Hoy repasamos «El buen mal», de Samanta Schweblin, cuando las buenas intenciones nos borran. Hay libros que se leen deprisa y se digieren despacio. El buen mal (Penguin Random House / Seix Barral, 2025), el cuarto volumen de cuentos de la argentina Samanta Schweblin, pertenece con toda justicia a esa categoría. Son apenas 120 páginas —«tan delgado que un abejorro enfurecido pudiera traspasarlo», ha escrito algún reseñista— y sin embargo su peso específico sobre el lector se extiende durante días. Galardonado con el Premio Aena de Narrativa como el mejor libro de la literatura hispanoamericana de 2025, el título ya circula en inglés como Good and Evil and Other Stories, en la traducción de Megan McDowell para Knopf.

La autora es una voz que lidera un nuevo canon latinoamericano. Samanta Schweblin nació en Buenos Aires en 1978. Sus dos primeros libros de cuentos, antologados en Pájaros en la boca y otros cuentos, obtuvieron los premios Fondo Nacional de las Artes y Casa de las Américas 2008. Su primera novela, Distancia de rescate (2014), fue nominada al Premio Booker Internacional, obtuvo los premios Shirley Jackson y Tournament of Books, y fue llevada al cine por Claudia Llosa para Netflix. En 2018 publicó su segunda novela, Kentukis, nominada también al Premio Booker Internacional. Siete casas vacías (2015) obtuvo el Premio Narrativa Breve Ribera del Duero y el National Book Award en 2022. Traducida a cuarenta lenguas, Schweblin reside desde hace más de diez años en Berlín, desde donde escribe y enseña escritura creativa. Ha sido finalista del International Booker Prize en tres ocasiones: un récord que la sitúa en la primera línea de la narrativa mundial en español.

El libro: seis relatos en el filo de lo cotidiano. El epígrafe que abre el libro es de Silvina Ocampo: «Lo raro siempre es más cierto». Una declaración de principios que resume con exactitud el universo narrativo de Schweblin. El buen mal contiene seis cuentos que juegan con lo familiar y lo extraño, llevando a los personajes a situaciones cotidianas que, de repente, se vuelven inquietantes. En uno de los más celebrados, «Bienvenida a la comunidad», una mujer que ha intentado suicidarse sin éxito regresa a casa, esconde sus notas y retoma mecánicamente el ritmo de la vida doméstica, mientras su percepción del mundo adquiere una cualidad onírica e inquietante.

Los cuentos plantean hasta dónde las supuestas buenas intenciones pueden socavar nuestras vidas: la sobreprotección, la necesidad de perdón, la culpa, e incluso el amor y la empatía, pueden atentar contra la propia singularidad. El título mismo es un oxímoron que la autora no resuelve, sino que habita con maestría: el bien y el mal no son aquí fuerzas opuestas, sino facetas indistinguibles de los mismos vínculos humanos.

Las voces que lo celebran. La crítica internacional ha respondido con entusiasmo. Joyce Carol Oates describe los relatos como «poderosamente evocadores e inquietantes, como sueños febriles que flotan entre las reconfortantes familiaridades de la vida doméstica y los visionarios vuelos del inconsciente». Por su parte, Colum McCann señala que «los personajes se encuentran en un punto sin retorno, atrapados en el instante en que lo siniestro irrumpe en sus vidas. Algunos se transforman, otros se aíslan, otros se debaten entre la culpa y la ternura. Todos están impulsados por la incertidumbre».

Especialmente reveladora es la lectura de Ute Pappelbaum: «Los personajes hablan en primera persona, pero este "yo" no es un centro, sino un eco. Las barreras que separan lo deseado de lo indeseado, lo inofensivo de lo violento, son tan porosas que resultan inexistentes».

Por qué leerlo ahora. El buen mal está pensado y escrito para los amantes de las paradojas, para los que entienden la vida como un juego entre la realidad y el milagro. En un contexto cultural donde la narrativa de género —el thriller, el romance— domina las listas de ventas, Schweblin propone algo más exigente y más duradero: una literatura que no explica, no consuela y no cierra. Una literatura que, precisamente por eso, permanece. George Saunders la llama «una de las escritoras más fascinantes del mundo», y Enrique Vila-Matas afirma que leerla produce «un antes y un después». Pocas veces el consenso crítico resulta tan unánime —y tan merecido.

@silmar.ebooks En cada uno de los cuentos de El buen mal, Samanta Schweblin nos abduce a otra dimensión donde quedamos en contacto íntimo con sus personajes. Si querés leer este libro o estas buscando algún otro no dudes en consultarnos. #el buen mal #Samanta Schweblin #libro #ebook #epub #pdf #digital #librodigital #silmar ♬ sonido original - Silmar Ebooks

La tecnología del Siglo XXI necesita más filosofía y ética

La ingeniería del presente y del futuro: Luciano Azpiazu Canivell nos habla de redes eléctricas, talento y la transformación de Bilbao,... En un país donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de regulación, donde la transición energética se discute a menudo desde el desconocimiento, escuchar la voz de un ingeniero con más de cuatro décadas de experiencia aporta una rara claridad. 

La conversación con Luciano Azpiazu Canivell —ingeniero industrial formado en la Escuela Técnica Superior de Bilbao, profesor y profesional durante 40 años en Iberdrola Redes— es también un retrato generacional de quienes han sostenido silenciosamente el progreso energético y urbano de España. 

Su historia familiar ya evoca la movilidad empresarial de otras épocas: abuelo catalán del sector textil, padre vasco, raíces que conectan la industria textil con la ingeniería eléctrica. Y a partir de ahí, la trayectoria de un profesional que ha sido testigo directo de la evolución del sistema eléctrico español y de los cambios profundos de Bilbao.

La situación real de las redes eléctricas

Azpiazu introduce una distinción fundamental: no todas las redes eléctricas sufren los mismos problemas. Las de muy alta tensión, gestionadas por Red Eléctrica, soportan la avalancha de peticiones de conexión de grandes plantas fotovoltaicas, eólicas o sistemas de almacenamiento. Las de media y baja tensión, que alimentan hogares, comercios e instituciones, presentan una situación más heterogénea: saturación en los centros urbanos —por el aumento de la demanda, climatización y peatonalización— y sobrantes de capacidad en zonas despobladas.

La paradoja es evidente: si pudiéramos trasladar demanda de las ciudades a Castilla, sobraría red, pero la necesidad está donde está la población, el tráfico y la actividad económica.

Electrificación, vehículos y transición real

Cuando se habla de vehículo eléctrico, la ingeniería se impone al entusiasmo. Azpiazu lo explica con claridad pedagógica: una comunidad de vecinos de 14 plantas puede funcionar con un único transformador, pero una sola carga rápida de un coche necesita otro transformador equivalente. Y aun así, no todos los vecinos tendrán coche eléctrico ni lo cargarán simultáneamente, lo que introduce factores de simultaneidad que suavizan el problema.

 ¿Será el coche eléctrico de baterías el dominante en el futuro? El ingeniero es escéptico. Prevén un camino intermedio:

Motores de combustión con combustibles alternativos ya desarrollados por empresas como Petronor.
Hidrógeno o metano para vehículos pesados: autobuses, barcos, camiones. 
- E incluso menciona el absurdo práctico de la carga por inducción: para cargar sin cables habría que colocar una placa metálica de hasta 80 kg bajo la batería.

Estamos —dice— en una transición dentro de la transición: la tecnología definitiva aún no está definida. 


Un elogio a los profesionales frente a los “todólogos”

Uno de los pasajes más contundentes es la crítica a los opinadores sin rigor técnico. Los “todólogos” que, ante una crisis como un apagón, hablan de grid forming sin que aún exista en operación real, o reclaman duplicar redes sin asumir los años de trámites necesarios para construirlas. Azpiazu recuerda un caso ilustrativo: un presidente de una gran compañía eléctrica pedía suministro a su finca… pero él mismo bloqueaba los permisos para la línea que debía alimentarla.

Su propuesta es provocadora pero argumentada: en ciertos asuntos, el voto de un profesional debería pesar más que el de un aficionado. No todas las opiniones son equivalentes cuando se discute cirugía, redes eléctricas o ingeniería civil.

Bilbao: la prueba de que la ingeniería transforma ciudades

Pocas ciudades simbolizan la transformación moderna como Bilbao. Y Azpiazu recuerda que el cambio no fue espontáneo ni mágico: detrás estaban la tenacidad de dos ingenieros —uno de Caminos y otro Industrial— que impulsaron la regeneración de Abandoibarra y facilitaron la llegada del Museo Guggenheim Bilbao. El metro, el tranvía y la limpieza de la ría completaron un proceso que convirtió una ciudad industrial oscura en un referente urbanístico europeo.

Los ingenieros no solo construyen infraestructuras: anticipan el futuro antes de que los demás lo vean.

Ingeniería, talento y el reto educativo

Las escuelas de ingeniería españolas mantienen buen número de alumnos, pero afrontan desafíos: nuevas profesiones sin atribuciones, cambios en los planes académicos, incorporación de formación humanística y ética para preparar un mundo con inteligencia artificial. Las mujeres representan ya casi el 30% de las nuevas promociones, gracias a mejores condiciones de conciliación y a una visión más amplia de la profesión.

Pero persiste un problema sistémico: la fuga de talento. Muchos ingenieros jóvenes encuentran mejores condiciones en Alemania, Suiza o Reino Unido, y España debe esforzarse por retener y atraer talento si quiere mantener su avance tecnológico.

En definitiva, la conversación con Luciano Azpiazu es un recordatorio de que la ingeniería es una disciplina silenciosa, rigurosa y profundamente humana. De ella depende que las luces sigan encendidas, que las ciudades funcionen y que la transición energética sea algo más que un eslogan.

Neo, el robot que quiere entrar en casas, fábricas y aulas

La llegada de Neo, el humanoide doméstico desarrollado por la startup 1X Technologies, abre un debate que combina entusiasmo tecnológico, marketing ambicioso y responsabilidades éticas. Presentado en octubre de 2025 como un asistente capaz de hacerse cargo de tareas domésticas —desde entregar objetos hasta “aprender” rutinas del hogar— Neo ya está en fase de preventa y promete llegar al mercado en 2026. Pero la realidad técnica y las condiciones comerciales merecen un análisis sosegado. 

¿Quiénes lo promueven?  Detrás de Neo está 1X Technologies, con sede en Noruega y presencia en San Francisco, con liderazgos públicos como el CEO Bernt Børnich y un ecosistema inversor que incluye vínculos a capitales del mundo de la IA. La campaña de lanzamiento ha sido contundente: vídeo-keynotes, demostraciones mediáticas y una narrativa centrada en “recuperar tiempo” para las personas liberándolas de tareas rutinarias. Esa narrativa ha funcionado: la prensa tecnológica y generalista lo ha difundido masivamente, creando la expectativa pública de un robot doméstico “listo para el hogar”. 

La compañía, fundada originalmente como Halodi Robotics, ha pivotado estratégicamente hacia el desarrollo de robots humanoides diseñados específicamente para entornos humanos. Su filosofía se fundamenta en una premisa simple pero poderosa: si nuestro mundo está construido por y para humanos, los robots que mejor se integrarán serán aquellos que compartan nuestra forma.

Presencia mediática y críticas tempranas.  Medios internacionales han recogido tanto la fascinación como la cautela. Si bien Neo aparece elegante y humanoide en fotografías y clips, reportajes de contraste señalan que muchas de sus acciones aun dependen de teleoperación o “modo experto” —es decir, intervención humana remota para enseñar o tomar el control— y que su autonomía real todavía está en desarrollo. Además, el precio anunciado (alrededor de 20.000 USD y opciones de suscripción) coloca a Neo fuera del alcance de la mayoría, lo que reconfigura su impacto social a corto plazo. 

Neo se distingue por su diseño biomimético y su enfoque en la seguridad. A diferencia de otros humanoides que priorizan la velocidad o la fuerza bruta, Neo está concebido como un asistente seguro para espacios compartidos con humanos. Su estructura incluye actuadores de diseño propio que permiten movimientos fluidos y naturales, alejándose de la rigidez mecánica que caracteriza a generaciones anteriores de robots.

Con aproximadamente 1.65 metros de altura y un peso cercano a los 30 kilogramos, Neo presenta proporciones que facilitan su movilidad en espacios domésticos y laborales estándar. Sus manos, dotadas de múltiples grados de libertad, pueden manipular objetos cotidianos con una destreza sorprendente, desde abrir puertas hasta organizar estanterías.

Quizás lo más revolucionario sea su sistema de locomoción bípeda. Neo camina con una estabilidad notable, adaptándose a diferentes superficies y obstáculos de manera autónoma. Esta capacidad, resultado de años de investigación en dinámica y control, representa un salto cualitativo en robótica móvil.

En el ámbito laboral, 1X Technologies propone a Neo como solución para tareas repetitivas en almacenes, manufactura ligera y logística. La automatización de estas funciones no sólo promete eficiencia, sino también la liberación de trabajadores humanos para actividades que requieran creatividad, empatía y pensamiento crítico. El sector asistencial emerge como otro campo prometedor. Neo podría apoyar en tareas básicas de cuidado, desde recordatorios de medicación hasta asistencia en movilidad, especialmente relevante en sociedades con poblaciones envejecidas.

Riesgos y preguntas abiertas.  Neo plantea preguntas que la educación debe abordar: ¿quién entrena a los robots y con qué datos? ¿qué empleo y qué cuidado social sustituye o complementa un asistente robótico? ¿cómo evitar que la brecha digital aumente con dispositivos de alto coste? La transparencia del fabricante y la regulación (certificados de seguridad, auditorías de privacidad) serán determinantes. 

Conclusión.  Neo es, hoy, tanto una promesa como un laboratorio social. Más útil que aceptar o rechazar el dispositivo por impulso es diseñar políticas públicas, proyectos educativos y marcos éticos que permitan experimentar con prudencia: aprovechar su potencial pedagógico mientras se protege la privacidad, la equidad y el sentido humano del cuidado.

Neo representa más que un logro técnico; simboliza una transición hacia una era donde la robótica sale de las fábricas para integrarse en nuestro tejido social. Su desarrollo nos invita a reimaginar nuestras instituciones educativas, espacios laborales y hogares. El verdadero éxito de Neo no se medirá en capacidades técnicas, sino en su capacidad para mejorar genuinamente la calidad de vida humana mientras preservamos los valores que nos definen.

BookTok: ¿Leer vuelve a ser cool o banalización de la crítica?

Efecto BookTok: Cuando TikTok revolucionó la crítica literaria. Hemos pasado de los suplementos culturales a los vídeos de 60 segundos para recomendar obras. LGeneración Z reescribe las reglas del mercado editorial, creando lectores (y también best-sellers). El fenómeno BookTok se mueve entre el entusiasmo genuino por la democratización de la crítica y la dictadura del algoritmo. 

El nacimiento de un fenómeno culturalEn 2020, mientras el mundo se confinaba por la pandemia, algo inesperado ocurrió en TikTok: jóvenes de todo el planeta comenzaron a compartir sus recomendaciones literarias en vídeos de menos de un minuto. Lo que empezó como una tendencia espontánea se convirtió en BookTok, un movimiento que ha transformado radicalmente la industria editorial y la forma en que se consume y discute la literatura en el siglo XXI.

BookTok no es simplemente una etiqueta más en redes sociales. Con más de 200 mil millones de visualizaciones, representa un ecosistema completo donde millones de lectores, principalmente de la Generación Z y millennials jóvenes, comparten reseñas, recomendaciones y reacciones emocionales a sus lecturas. Y lo más sorprendente: están comprando libros en cantidades masivas. 

La democratización de la crítica literariaDurante décadas, la crítica literaria fue territorio exclusivo de suplementos culturales, revistas especializadas y académicos universitarios. Los guardianes del canon literario decidían qué obras merecían atención y cuáles quedaban en el olvido. BookTok ha dinamitado este modelo vertical.

En esta nueva crítica, no importan los títulos académicos ni la prosa refinada. Lo que cuenta es la autenticidad, la conexión emocional y la capacidad de transmitir pasión por la lectura en formato ultra-breve. Una adolescente llorando mientras sostiene "Una corte de rosas y espinas" de Sarah J. Maas puede tener más impacto en las ventas que una reseña de cinco páginas en un prestigioso periódico.

Esta horizontalidad tiene ventajas evidentes: voces diversas, criterios plurales y una accesibilidad sin precedentes. Jóvenes que nunca leyeron suplementos culturales ahora devoran recomendaciones literarias diariamente. BookTok ha conseguido algo que la educación formal llevaba décadas intentando: hacer que leer sea cool.

El poder transformador del algoritmoLos números son contundentes. Libros como It Ends with Us de Colleen Hoover, publicado en 2016, experimentaron un resurgimiento extraordinario gracias a BookTok, vendiendo millones de ejemplares adicionales años después de su lanzamiento. Clásicos olvidados vuelven a las listas de más vendidos. Autores desconocidos alcanzan fama internacional de la noche a la mañana.

Las editoriales, inicialmente escépticas, han tenido que adaptarse. Muchas crean ahora departamentos específicos de BookTok, envían ejemplares a creadores de contenido y diseñan portadas "instagrameables". Las librerías han creado secciones especiales con el distintivo "Popular en BookTok", reconociendo la influencia real de estas recomendaciones en el comportamiento del consumidor.

Las sombras de la revoluciónSin embargo, BookTok no está exento de controversias y limitaciones. Los críticos señalan varios problemas estructurales de este nuevo paradigma:

- La tiranía del formato: Reducir una obra literaria compleja a un vídeo de 60 segundos inevitablemente simplifica, cuando no banaliza, el discurso crítico. ¿Cómo analizar los matices de Proust (otros posts) o la complejidad de Virginia Woolf (otros posts) en ese tiempo? La respuesta suele ser: no se hace.

- Homogeneización de gustos: El algoritmo de TikTok tiende a crear cámaras de eco. BookTok favorece abrumadoramente géneros específicos: romance, fantasía young adult, ficción new adult. Obras experimentales, literatura clásica o ensayo tienen escasa presencia. Esto plantea interrogantes sobre la diversidad real que el movimiento promueve.

- La supremacía de lo emocional: BookTok privilegia la reacción visceral sobre el análisis reflexivo. Los vídeos más virales suelen mostrar lágrimas, risas o sorpresa, no argumentaciones elaboradas sobre técnica narrativa o contexto histórico. ¿Es esto crítica literaria o simple entretenimiento emocional?

- Mercantilización acelerada: La línea entre recomendación genuina y marketing se difumina constantemente. Muchos booktokers reciben libros gratuitos, invitaciones a eventos o compensaciones económicas. La transparencia no siempre es óptima.

Hacia una convivencia enriquecedoraLa pregunta no debería ser si BookTok es bueno o malo para la literatura, sino cómo puede coexistir con otras formas de crítica literaria. La crítica académica aporta profundidad, contexto histórico y rigor analítico. Los suplementos culturales ofrecen perspectiva profesional y espacio para la argumentación extensa. BookTok contribuye con entusiasmo contagioso, accesibilidad y capacidad de llegar a audiencias tradicionalmente alejadas de la lectura.

El nuevo gatekeeper es el algoritmo. El algoritmo de TikTok no premia la profundidad, la complejidad o la ambigüedad. Premia la performance de la emoción. Prefiere lo que es fácilmente empaquetable en 60 segundos. Esto crea un bucle de retroalimentación que favorece ciertos tipos de narrativa: tramas de alto impacto emocional, romances tórridos y finales devastadores.

El desafío educativo consiste en formar lectores que puedan transitar entre estos niveles: disfrutar de la emoción inmediata que ofrece un vídeo de BookTok, pero también desarrollar herramientas para un análisis más profundo y crítico. 

Conclusión: La lectura se transforma, no desapareceBookTok demuestra algo fundamental: el deseo humano de compartir historias y conectar a través de la literatura sigue vivo, simplemente ha encontrado nuevos canales. Mientras algunos deploran la supuesta degradación del discurso literario, millones de jóvenes están leyendo, comprando libros y formando comunidades lectoras vibrantes.

La nueva crítica no sustituye a la tradicional; la complementa, la desafía y, ocasionalmente, la supera en alcance e influencia. El futuro de la literatura probablemente no esté en elegir entre ambas, sino en construir puentes que permitan el diálogo enriquecedor entre generaciones y formatos.

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