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24º Salón del Cómic de Getxo: 40 puestos, 3 días y gratis

24º Salón del Cómic de Getxo: 40 puestos, 3 días y gratis

¿Puede un comic o un tebeo enseñar a leer mejor que un manual? Quienes hemos pasado media vida entre aulas y bibliotecas sabemos que sí, y que además lo hace sonriendo. Hoy, viernes 16 de octubre de 2026, arranca en Getxo la vigésima cuarta edición del Salón del Cómic de Getxo, que se prolonga hasta el domingo 18 con entrada gratuita.

Un detalle de calendario: la cita adelanta este año sus fechas habituales para no coincidir con la San Diego Comic-Con de Málaga. La zona comercial se reparte entre la plaza Estación de Las Arenas, la calle Ibaiondo y la plaza Santa Eugenia, con cuarenta (40) puestos de librerías, fanzines y editoriales, entre ellas Astiberri, Joker, Elkar y Harriet. El horario es de 11:00 a 14:30 y de 17:00 a 21:00 (el domingo, hasta las 20:00). Las charlas, los talleres y las firmas se concentran en Romo Kultur Etxea. 

Lo más literario del programa llega hoy mismo. A las 19:00 se entregan los premios del Salón a dos trayectorias: el autor gallego Miguelanxo Prado y el editor y divulgador Laureano Domínguez. Después, a las 19:15, Domínguez conversa sobre «El placer de editar tebeos» y, a las 20:00, Prado sobre «Trazos de tinta». Quien edita decide qué llega a las manos del lector, y quien dibuja decide cómo se lee. Dos oficios que merecen homenaje.

Para quienes educamos, hay una cita señalada. A las 11:00 de esta mañana, la charla «Las chicas leen y hacen cómics», con Higinia Garay y Josune Muñoz, estaba dirigida al alumnado de 6.º de Primaria (11-12 años). Leer y dibujar son las dos mitades de una misma alfabetización.

Entre los invitados figuran Teresa Valero, autora del thriller social Contrapaso, y Juan Díaz Canales, Premio Nacional del Cómic y creador, junto a Juanjo Guarnido, de Blacksad. Acuden también Lorenzo Montatore, Miguel Brieva y Clara y Olivia Cábez. Conversan este sábado sobre «La fuerza del cómic europeo», una prueba más de que la novela gráfica ya no necesita pedir permiso a la literatura.

"El cómic es un arte secuencial que exige la participación intelectual y activa del lector", cita de  Will Eisner. Otro dato que invita a pensar: la exposición «La IA deshumaniza: ¿a quién beneficia?», comisariada por el Colectivo de Autoras de Cómic, puede visitarse en la sala de muestras de Romo Kultur Etxea. Una pregunta incómoda y necesaria en un salón de dibujantes. 

Recomendamos acercarse aunque sea una hora, con niños o sin ellos. Y proponemos un reto sencillo: leer un cómic al mes. A dos (2) años, quince (15) títulos leídos y uno regalado a un joven lector. A cinco (5) años, un pequeño club de lectura de viñeta en casa o en el aula. A diez (10) años, haber contagiado la costumbre a alguien más. Para evaluarlo basta una libreta con título y fecha, revisada cada Navidad. ¿Empezamos esta semana?

24º Salón del Cómic de Getxo

Álbum de imágenes y vídeos.

@agirregabiria

24º Salón del Cómic de Getxo: 40 puestos, 3 días y gratis

♬ Pyrite Drive - Honeydew Heights

Getxoko Andres Isasi Musikalia Elkartea


En Getxo, la música no es solo un adorno cultural: es una forma de tejer comunidad. Desde 2004, cuando el departamento de viento de la Escuela de Música Andrés Isasi reunió a profesorado y alumnado con ganas de tocar juntos, hasta la constitución formal de la asociación el 15 de septiembre de 2015, Musikalia (Getxoko Andrés Isasi Musikalia Elkartea) ha recorrido un camino que ilustra bien cómo el folclore, la pedagogía y la creación musical pueden reforzarse mutuamente. 

Lo que empezó como tres conciertos anuales se ha convertido en un programa variado: colaboraciones con el grupo de folk Oskorri, el espectáculo bertso-trikitixa "BertsoTrikiBand", el homenaje a Nino Bravo junto a Serafín Zubiri, o las sesiones dedicadas al barbershop con The Hanfris Quartet. A ello se suman los conciertos pedagógicos sobre bandas sonoras de cine, pensados para acercar la música a las escuelas, y la presencia constante en citas como la Korrika, el recorrido bienal a favor del euskera. 

Ese recorrido —de aula a plaza, de partitura a fiesta popular— resume una idea que late en buena parte del pensamiento sobre la cultura vasca: la identidad no se hereda pasivamente, se construye y se interpreta, casi siempre en compañía. Una banda de pueblo, en ese sentido, funciona como laboratorio de convivencia: allí conviven el rigor técnico del conservatorio y la espontaneidad de la fiesta, el repertorio clásico y la canción tradicional, el euskera cotidiano y la partitura escrita. 

Asociaciones como Musikalia sostienen, con recursos modestos, una infraestructura cultural que rara vez ocupa titulares: el ensayo semanal, el concierto de Navidad, la actuación en la fiesta del barrio. Es ahí, en esa persistencia discreta, donde se juega buena parte del futuro del folclore y la educación musical en el País Vasco. 

Vale la pena seguirle la pista: asistir, en los próximos dos años, a un concierto pedagógico de Musikalia; comprobar en cinco si amplía su presencia en los centros escolares de Getxo; y observar en diez si este modelo de banda-asociación se replica en otros municipios vascos como forma de sostener el folclore y la educación musical de base. Un saludo especial a nuestro amigo Borja del Río que nos reconoció en un descanso. 

@agirregabiria

Getxoko Andres Isasi Musikalia Elkartea 1/6

♬ sonido original - Mikel Agirregabiria

El zoo como metáfora del desorden humano

Comprobamos que nunca habíamos destinado un post a Joël Dicker, un fenómeno literario suizo. Elegimos una obra en la que abandona el thriller y conquista todas las edades: La muy catastrófica visita al zoo. Una fábula coral repleta humor y pedagogía. Hay libros que llegan con una promesa inhabitual: la de poder ser leídos por cualquier persona, desde los siete hasta los ciento veinte años. 

Esa es la declaración de intenciones con la que Joël Dicker presenta La muy catastrófica visita al zoo (Alfaguara, 2025), su obra más reciente y, sin duda, la más sorprendente de su carrera. No porque sea inferior a sus thrillers anteriores, sino porque apunta en una dirección radicalmente distinta: la del humor coral, la mirada infantil y la crítica social disfrazada de aventura.

La trama: una catástrofe que nunca llega sola. Es víspera de Navidad. La clase de Joséphine acaba de regresar del zoológico, pero algo ha salido muy mal. Nadie sabe exactamente qué ha ocurrido, y los padres de la niña están decididos a averiguarlo. Mientras la investigación avanza, comprendemos poco a poco que una catástrofe nunca llega sola, que las apariencias engañan y que los acontecimientos pueden tomar un giro que nadie imagina. En el centro del misterio: una inundación, un bloqueo de tuberías con plastilina y un grupo de niños que venían de una escuela especial y se enfrentan al mundo —y a sus prejuicios— con una desarmante honestidad.

La novela se construye con los mecanismos que han hecho famoso a Dicker: los giros narrativos, los saltos temporales, los finales que reconfiguran lo anterior. Pero aquí esos recursos sirven una historia más luminosa, menos oscura que sus grandes thrillers, narrada con un ritmo ágil que recuerda, por momentos, a los clásicos de la literatura infantil europea. Una novela corta que se lee de un tirón y que contiene una magia que perdurará en la mente de cada uno de sus lectores. 

Más allá de la anécdota: educación, democracia y diversidad. Lo que distingue a esta obra de un simple relato de aventuras es su carga reflexiva. La novela está repleta de guiños sobre nuestra sociedad, sobre la democracia, la educación inclusiva y el rol de los padres y de los maestros. Los niños protagonistas, venidos de una escuela especial, son víctimas de burlas e incomprensión al integrarse en un centro ordinario. Dicker no moraliza; prefiere dejar que los hechos hablen solos, con esa técnica suya de revelar la crueldad cotidiana sin estridencias. El resultado es una obra que invita a pensar sobre la diferencia, la empatía y la fragilidad de los sistemas educativos cuando se enfrentan a la diversidad real.

El propio autor ha explicado el propósito que guió la escritura: quería un libro que pudiera ser compartido por lectores de toda condición y edad, sin distinciones, que sirviera de puente entre generaciones y que recuperara el placer sencillo y poderoso de leer juntos. 

Joël Dicker nació en Ginebra en 1985. En 2010 obtuvo el Premio de los Escritores Ginebrinos con su primera novela, Los últimos días de nuestros padres. Fue, sin embargo, La verdad sobre el caso Harry Quebert (2013) la que lo catapultó a la fama internacional: galardonada con el Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el Premio Lire, fue traducida a cuarenta y dos idiomas y se convirtió en un fenómeno literario global. Junto a El Libro de los Baltimore (2016) y El caso Alaska Sanders (2022), conforma la trilogía del personaje Marcus Goldman. A estas obras se suman La desaparición de Stephanie Mailer (2018) y El enigma de la habitación 622 (2020). Con veintidós millones de lectores en todo el mundo, Dicker es hoy uno de los narradores europeos más leídos del siglo XXI.

Lo que hace singular su trayectoria es precisamente esta capacidad de reinvención. El autor que durante años cultivó la tensión del thriller de largo aliento decide ahora descender a la escala de una excursión escolar para demostrar que la condición humana —su ridiculez, su ternura, su injusticia— cabe perfectamente en una historia breve, narrada por una niña, sobre una visita al zoo que acaba en inundación. Y que, incluso así, hay preguntas que siguen siendo grandes.

La muy catastrófica visita al zoo no es la obra más ambiciosa de Dicker, pero sí quizás la más generosa. Un libro que no pide nada al lector salvo que deje de correr durante unas horas. En tiempos de fragmentación y prisa, eso tiene más mérito del que parece.

@uncapituloconvic 📚 ¿Merece la pena el nuevo libro de Jöel Dicker? 🦒 Hoy os traigo la reseña de “La muy catastrófica visita al zoo” el nuevo thriller juvenil/infantil del autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert o Un animal salvaje. 👉🏻 Totalmente diferente a sus anteriores novelas de thriller, pero igualmente adictivo. Pero, ¿pagaría otra vez 20€ por él? #booktok #booktokespaña #joeldicker #lamuycatastroficavisitaalzoo #reseñalibro #reseñaliteraria #thrilleejuvenil #thriller #librosthriller #thrillerbook #joeldickerbooks #fyp #parati #creatorsearchinsights #Invertido ♬ Demise of a Nation - Secession Studios

Cuentos navideños que ninguna IA podría imaginar jamás

Para un blog que navega entre la tecnología y la lírica, hay que seguir creando cuentos y no basta con decir que la IA "no tiene sentimientos". Hay que explicar por qué su arquitectura probabilística choca contra la pared de la íntima experiencia humana. Con sempiterna nostalgia y bajo el árbol de Navidad, tirando de humanidad y generatividad, sin recurrir al prompt de turno, el reto es describir la fragilidad humana en una época de solidaridad.

Cierto que vivimos, y lo que se avecina es impensable, en la era de la "creatividad estadística". Hoy, cualquier modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM) puede redactar, en segundos, un cuento sobre un reno que pierde su nariz roja o un robot que descubre el significado de la generosidad. Son relatos impecables, con una estructura de tres actos perfecta y una moraleja reconfortante. Sin embargo, todos comparten un aroma común: el de la media aritmética. Son historias nacidas del promedio de todo lo que ya se ha escrito.

La trampa de la perfección algorítmica. La Inteligencia Artificial trabaja mediante la predicción del "siguiente token más probable". Si le pides un cuento navideño, acudirá a los patrones de Dickens, a la estética de Coca-Cola y a la estructura de las películas de sobremesa. El resultado será acogedor, pero carecerá de "astillas".

Lo que la IA no puede imaginar no es la magia, sino la belleza de lo que no encaja. El silicio no entiende la melancolía de un juguete roto que, precisamente por estar roto, se convierte en el favorito. No comprende que la Navidad no ocurre en el árbol perfecto de Instagram, sino en el espacio entre lo que esperábamos y lo que realmente sucedió.

El cuento que ninguna IA escribiría jamás. Imaginemos un relato titulado "La Caja de Luces Fundidas". En él, no hay rescates heroicos ni milagros deslumbrantes. Trata sobre un niño que, al ayudar a su abuela a decorar un árbol raquítico, descubre una caja de bombillas viejas que ya no encienden.

Una IA resolvería el conflicto haciendo que las luces brillen por arte de magia o que el niño aprenda una lección sobre el reciclaje. Pero el cuento humano "imposible" para la IA sería aquel donde las luces siguen fundidas, y el clímax consiste en la abuela describiendo el color de cada una de esas bombillas muertas basándose en los recuerdos de los inviernos de 1964 o 1982.

El valor pedagógico no está en la resolución (el "output"), sino en la transmisión de la pérdida y la persistencia de la memoria a través de lo inútil. La IA, diseñada para la optimización y la resolución de problemas, tiene dificultades intrínsecas para valorar lo que no sirve para nada, que es, a menudo, donde reside lo sagrado.

Ética y Educación: El derecho al "error" humano. Desde una perspectiva educativa, delegar nuestras historias a la IA conlleva un riesgo ético: la homogeneización del asombro. Si alimentamos a los niños solo con relatos generados por modelos que evitan el riesgo, la ambigüedad y el dolor real, estamos atrofiando su capacidad para procesar la complejidad de la vida.

La educación humanista debe defender el "cuento con errores". Ese relato que un padre inventa antes de dormir, donde se equivoca de nombre, donde la trama no tiene sentido lógico, pero donde hay un hilo de verdad biológica y una conexión emocional que ningún servidor en la nube puede procesar. La IA no puede imaginar este cuento porque no tiene cuerpo; no sabe lo que es el frío en los pies, el olor a mandarina o el miedo irracional a que el tiempo pase demasiado rápido.

Pero la Navidad, en su esencia más profunda y pedagógica, no es un promedio. Es una anomalía. Es el territorio de lo que los científicos cognitivos llaman qualia: la experiencia subjetiva e intransferible de lo vivido. La genuina Navidad es, en términos técnicos, un glitch (un error) en el sistema de la lógica productiva. Es el momento en que decidimos que el tiempo de estar con otros vale más que la eficiencia.

La Navidad es, entre muchas otras cosas, un laboratorio emocional. Un espacio donde se mezclan memoria, imaginación, tradición y deseo. Y, sin embargo, en plena era de la inteligencia artificial, surge una pregunta que parece inocente pero que abre un debate profundo: ¿puede una IA imaginar un cuento infantil navideño que no esté ya contenido, de algún modo, en sus datos?

La cuestión no es trivial. Los cuentos infantiles son artefactos culturales que condensan valores, miedos, aspiraciones y contradicciones de una sociedad. No son solo historias: son pedagogía emocional. Y la Navidad, con su mezcla de magia, nostalgia y ritual, es un terreno especialmente fértil para esa pedagogía.

La imaginación humana como territorio irreductible. Un cuento infantil navideño que la IA jamás podría imaginar no es necesariamente un cuento complejo, ni oscuro, ni filosófico. Podría ser, paradójicamente, algo muy sencillo: una historia nacida de una vivencia íntima, de un gesto irrepetible, de un recuerdo que no está en ninguna base de datos.

Imaginemos, por ejemplo, que una niña de siete años inventa un cuento sobre un calcetín que se siente solo porque todos los demás tienen dueño, y que en Nochebuena descubre que su misión no es guardar regalos, sino calentar los pies fríos de quienes llegan tarde a casa.

La Navidad como territorio de lo no cuantificable. La Navidad es un fenómeno cultural saturado de símbolos: luces, villancicos, rituales familiares, expectativas, tensiones, reconciliaciones. Una IA puede describirlos, clasificarlos, analizarlos. Pero no puede experimentar la mezcla contradictoria de emociones que provoca una mesa llena de gente que se quiere y se irrita a partes iguales.

El cuento imposible en este extraño tiempo de algoritmos y villancicos. Quizá el cuento infantil navideño que la IA jamás podría imaginar no sea un cuento concreto, sino un tipo de cuento: aquel que nace de una vivencia irrepetible.

El cuento que surge cuando un niño observa cómo su abuelo, que siempre fue serio, se emociona al colgar un adorno antiguo. O cuando una madre inventa una historia improvisada para consolar a su hija en una noche de tormenta. O cuando un adolescente decide escribir un cuento para un hermano pequeño que aún cree en la magia.

Esos cuentos no están en ninguna base de datos. No pueden inferirse estadísticamente. No pueden replicarse. Son cuentos que existen porque alguien estuvo allí. Porque alguien sintió algo. Porque alguien quiso contarlo. Y esa es, quizá, la lección más importante: la imaginación humana no es sustituible porque no es transferible.


Qué hace que un regalo navideño sea inolvidable y eterno?

En una época dominada por el consumismo acelerado, donde las listas de deseos en aplicaciones y las campañas publicitarias nos bombardean con objetos brillantes y efímeros, hemos sintonizado con un artículo reciente en The New York Times (en su edición en español, lectura obligada) nos invita a una reflexión profunda y conmovedora. Bajo el título "600 lectores nos contaron sobre sus regalos más memorables. Estos son los trece mejores", el texto recopila testimonios reales de cientos de personas que compartieron no los regalos más caros o lujosos que recibieron, sino aquellos que han permanecido grabados en su memoria y en su corazón décadas después.

Lo fascinante de esta selección no radica en el valor monetario, sino en el valor humano. Los 13 regalos destacados tienen un denominador común: son expresiones auténticas de amor, atención, sacrificio y conexión. No se trata de gadgets tecnológicos o joyas ostentosas, sino de gestos que revelan la esencia de la familia, la amistad y los valores éticos que deberían guiar nuestra vida, especialmente en fechas tan significativas como la Navidad.

Entre las historias destacadas, encontramos un padre que, en tiempos de escasez económica, regaló a su hija un simple viaje en tren para ver las luces navideñas de la ciudad. No era un juguete caro, pero ese tiempo compartido, las conversaciones en el vagón y la maravilla compartida ante el espectáculo luminoso se convirtieron en un recuerdo imborrable. Otra lectora recuerda el regalo de su abuela: una caja con recetas familiares manuscritas, acompañadas de anécdotas personales. Ese obsequio no solo transmitió sabores y tradiciones culinarias, sino un legado de amor intergeneracional, reforzando el sentido de pertenencia y continuidad familiar.

Otros relatos enfatizan el poder de la atención personalizada. Un esposo que, sabiendo la pasión de su pareja por la lectura, dedicó meses a restaurar un libro antiguo deteriorado. O un amigo que organizó una sorpresa colectiva para ayudar a alguien en un momento difícil, recordándonos que la verdadera amistad se manifiesta en actos de solidaridad desinteresada. Hay también regalos que implicaron sacrificio: padres que renunciaron a sus propias necesidades para priorizar las de sus hijos, enseñando implícitamente lecciones de generosidad y humildad.

Estas narraciones nos confrontan con una verdad ética fundamental: el regalo perfecto no se mide en euros o dólares, sino en el impacto emocional y moral que deja en quien lo recibe. En un mundo donde el consumismo navideño genera estrés, deudas y desperdicio ambiental, estas historias proponen una alternativa virtuosa. Regalar tiempo —una tarde dedicada exclusivamente a un ser querido—, atención —escuchar de verdad, conocer los deseos profundos del otro— o experiencias compartidas fortalece los lazos familiares y de amistad de manera mucho más duradera que cualquier objeto material.

Desde una perspectiva ética, inspirada en pensadores como Aristóteles o en las tradiciones cristianas que subyacen a la Navidad, el dar debe ser un acto de virtud: generosidad sin expectativa de reciprocidad, prudencia al evitar el exceso y justicia al considerar las necesidades reales del otro. Estos regalos inolvidables encarnan precisamente eso: no buscan impresionar, sino conectar. Enseñan a los niños valores como la gratitud (al valorar lo intangible), la empatía (al ponerse en el lugar del otro) y la responsabilidad (al entender que el verdadero lujo reside en las relaciones humanas).

En este blog dedicado a la familia, la amistad y los valores éticos, estas historias nos recuerdan que la Navidad es una oportunidad para cultivar lo esencial. En lugar de agotarnos en centros comerciales, ¿por qué no invertir en crear recuerdos? Una carta escrita a mano expresando aprecio, una tradición familiar revivida, un acto de servicio desinteresado... Estos son los regalos que trascienden el tiempo y que, años después, evocan sonrisas y lágrimas de emoción.

Que esta Navidad nos inspire a ser más intencionales en nuestros dones. Al fin y al cabo, los regalos más memorables no ocupan espacio en un armario, sino en el alma. Y en un mundo cada vez más digital y efímero, eso es un tesoro incalculable.

¿Qué regalo inolvidable que exprese amistad y gratitud has recibido o dado tú? Comparte en los comentarios; quizá tu historia inspire a otros a redescubrir el verdadero espíritu navideño. 

Para acertar con regalos verdaderamente inolvidables, abandonando el materialismo navideño, abundamos en nuestra obstinada insistencia siempre de "regalar tiempo y atención", la mejor ofrenda (ver en muchos porfiados posts).

La Gran Noria de Bizkaia en Getxo

La gran Noria de Bizkaia llega a Getxo como el nuevo plan en familia para estas Navidades. Con 24 metros de altura y 30 cabinas, será la única noria de estas dimensiones instalada en Bizkaia en estas fechas. Del 28 de noviembre al 6 de enero, su silueta iluminada transformará el Muelle de Evaristo Churruca en un punto imprescindible para vivir la magia navideña junto al mar.

La única Noria de Bizkaia estará en Getxo estas Navidades y funcionará en horario de 11:30 a 14:30 y de 17:00 a 21:00 h, con un precio de 5 € por viaje (gratuito para personas con discapacidad). ¡Además, los lunes no festivos la noria del muelle de Churruca contempla un 2x1! 

Un plan para disfrutar las Navidades en familia. La Noria será el corazón de la zona navideña, compartiendo ubicación y horario con el Parque Infantil de Navidad “Getxolandia”. Además, habrá también un mini tren infantil decorado con temática navideña y con recorrido fijo. Y para completar la experiencia, un puesto de gofres y crepes ofrecerá meriendas dulces para grandes y menores.

Fechas: 28/11/2025 - 06/01/2026. Horario: 28 de noviembre al 6 de enero. De 11:30 a 14:30 y de 17:00 a 21:00h. Lugar: Muelle de Evaristo Churruca, Las Arenas (Getxo). Álbum creciente de imágenes y lista de vídeos.

@agirregabiria

La gran noria de Getxo

♬ LUCIA RIVERA - ✨💖ANII.®️🇦🇷💖💫.⋆•

La neurociencia de por qué el arte nos hace vivir más lento

¿Recuerdas lo eternos que eran los veranos en tu infancia?  Esas tardes de agosto parecían no tener fin, repletas de descubrimientos, aburrimiento y aventuras. Sin embargo, hoy, las semanas se disuelven entre tus dedos como azucarillos en el café caliente. De repente es Navidad otra vez, y sientes ese vértigo existencial: alguien ha pulsado el botón de avance rápido en la película de tu vida.

No es simple nostalgia; es neurociencia pura. A medida que envejecemos, nuestro cerebro se vuelve terriblemente eficiente. Se convierte en una máquina de predicción que, para ahorrar energía, deja de "grabar" los detalles de lo cotidiano. Es lo que los psicólogos llaman Procesamiento Predictivo (Predictive Coding). Cuando la rutina se impone y los días son idénticos, la memoria deja de escribir nuevas entradas. El resultado es biológicamente cruel: aunque vivamos muchos años cronológicos, nuestra percepción subjetiva del tiempo se contrae. La vida se siente más corta cuanto más la alargamos.

Pero, ¿y si te dijera que existe una tecnología capaz de frenar esta aceleración? Olvida por un momento los suplementos de moda, las cámaras hiperbáricas o los regímenes espartanos. La herramienta más sofisticada para "hackear" tu percepción temporal y añadir densidad a tus años podría estar acumulando polvo en tu estantería.

Hablamos de la Longevidad Narrativa. Hoy vamos a explorar cómo el concepto de "esculpir el tiempo" del cineasta Andréi Tarkovsky o la prosa laberíntica de Thomas Mann no son meros pasatiempos intelectuales. Son gimnasios de neuroplasticidad. Enfrentarse a una obra de arte compleja obliga a tu cerebro a volver a "grabar", devolviéndote esa sensación de eternidad que creías perdida en la infancia.

El cerebro perezoso y la trampa de la fluidez. Vivimos en la era de la "fricción cero". Las aplicaciones están diseñadas para ser intuitivas; las series de streaming, para ser consumidas en maratón; y los best-sellers, para leerse sin esfuerzo. Esta fluidez es cómoda, pero es letal para nuestra percepción del tiempo.

Cuando consumimos contenido fácil, nuestro cerebro entra en piloto automático. No hay sorpresa, no hay esfuerzo cognitivo, y, por tanto, no hay memoria densa. Es como conducir por una autopista recta: llegas a tu destino sin recordar el trayecto. Aquí es donde la Alta Cultura actúa como un freno de emergencia saludable.

Literatura: El gimnasio de la densidad cognitiva. Leer a autores como Marcel Proust, Virginia Woolf o Thomas Mann (cuyo clásico La Montaña Mágica trata precisamente sobre la distorsión del tiempo) es un acto de resistencia neurológica.

Sus frases largas, subordinadas complejas y metáforas profundas obligan al cerebro a salir del modo predictivo. No puedes "escanear" a Dostoievski; tienes que decodificarlo. Este esfuerzo activa la Reserva Cognitiva, fortaleciendo las conexiones neuronales. Al obligar a tu mente a construir mundos complejos y empatizar con personajes difíciles, estás creando nuevos recuerdos de alta definición.

Al final de una hora de lectura profunda, sientes que ha pasado mucho tiempo. No por aburrimiento, sino por densidad de experiencia. Has vivido una vida ajena, y tu cerebro la ha registrado como propia.

Cine: La atención plena sin meditar. Si la literatura entrena la memoria, el cine de autor entrena la atención. En un mundo de TikToks de 15 segundos y cortes frenéticos que destrozan nuestra capacidad de concentración, el "Slow Cinema" es el antídoto.

El director ruso Andréi Tarkovsky definía el cine como "esculpir en el tiempo". Sus planos largos, donde "no pasa nada" frenético, nos obligan a observar la lluvia, el viento o el rostro de un actor durante minutos. Obras modernas como Perfect Days de Wim Wenders o el cine de Apichatpong Weerasethakul funcionan igual.

Al principio, el cerebro moderno se resiste; busca el siguiente estímulo de dopamina. Pero si aguantas, ocurre la magia: entras en un estado de presencia radical. Al re-calibrar tu atención, el tiempo subjetivo se expande. Una película de dos horas puede sentirse como un viaje de una semana, dejándote una sensación de plenitud que ningún scroll infinito puede igualar.

Hacia una longevidad fenomenológica. La ciencia de la longevidad suele obsesionarse con añadir años a la vida. Pero las humanidades nos enseñan algo más importante: cómo añadir vida a los años. De nada sirve llegar a los 100 años si tu percepción subjetiva es que han pasado en un suspiro. La cultura, el arte difícil, el cine lento y la lectura compleja son las herramientas que nos permiten vivir múltiples vidas dentro de una sola. Son la única máquina del tiempo que funciona de verdad.

Así que, la próxima vez que te sientas culpable por pasar una tarde entera leyendo un clásico o viendo una película antigua en blanco y negro, recuerda: no estás perdiendo el tiempo. Lo estás esculpiendo.

Reto del Fin de Semana: "Esculpir el Tiempo". Te propongo un experimento de neurociencia casera para poner esto a prueba: Este fin de semana, sustituye 2 horas de scrolling en redes sociales (que encogen tu tiempo) por una película de ritmo pausado o 50 páginas de esa novela densa que tienes pendiente.

Observa cómo cambia tu sensación del domingo por la tarde. ¿Se ha sentido el día más largo? ¿Más rico? Si aceptas el reto, comparte este post o tu experiencia con el hashtag #LongevidadNarrativa y desafía a un amigo a frenar el tiempo contigo.

@en99palabras La calificación es por la película, no porque se hayan muerto de cancer. En otras noticias: el domingo voy a subir un video donde en una parte salgo d3snud0 👀 no se puede ser artista sin hacer ese tipo de escenas. #cine #peliculas #recomendaciones #tarkovsky ♬ Creepy and simple horror background music(1070744) - howlingindicator

Semillas de papel: Canal YouTube que no puedes dejar de gozar


Un blog puede justificarse por múltiples razones. En nuestro caso, y en la actualidad, sirve para compartir lo que cada día aprendemos, reaprendemos, desaprendemos o simplemente disfrutamos y que creemos que puede ser de algún valor relativo para quienes nos leen. Es un modo simple de convivir e interaccionar con quienes se deleitan con nuestras mismas pasiones, como -por ejemplo hoy- la lectura.

La excelente y ecuánime selección de libros es la siguiente: El jugador – Fiódor Dostoievski, La muerte en Venecia – Thomas Mann, El sombrero de tres picos – Pedro Antonio de Alarcón, Canción de Navidad – Charles Dickens, El coronel no tiene quien le escriba – Gabriel García Márquez, La perla – John Steinbeck, El extranjero – Albert Camus (post previo), La llamada de lo salvaje – Jack London, Siddhartha – Hermann Hesse (posts) y El viejo y el mar – Ernest Hemingway.

Creo que me los he leído todos, algunos más de una vez, excepto El sombrero de tres picos. Ya he bajado su PDF para leerlo cuando pueda,...

La exquisita selección de libros transformadores: "La rebelión de Atlas" de Ayn Rand, "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl (posts previos), "Los secretos de la mente millonaria" de T. Harv Eker, "Padre rico, padre pobre" de Robert Kiyosaki y y Sharon Lechter, "Un paso por delante de Wall Street de Peter Lynch, "Vivir con abundancia" de Sergio Fernández, "El inversor inteligente" de Benjamin Graham, "El gran Gatsby" de F. Scott Fitzgerald, "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar (pronto post), "El banquero anarquista" de Fernando Pessoa, "La sociedad del cansancio" de Byung-Chul Han (posts previos), "Ética para Amador" de Fernando Savater, "Sobre la brevedad de la vida" de Séneca.

Semillas de papel, un recomendable canal YouTube sobre literatura.

En navidad repensar la emigración desde la ética y la economía

En estas fechas navideñas, conviene repensar la emigración desde la ética, la ciencia y la economía. En cierto sentido, Jesús de Nazaret fue un inmigrante durante parte de su vida, según los relatos de los evangelios. Se pueden interpretar como migración la huida a Egipto para escapar de la persecución del rey Herodes, o el desplazamientos dentro de Israel entre diferentes regiones como Galilea, Judea y Samaria. 

Desde una perspectiva histórica, aunque Jesucristo no emigró en el sentido moderno de cruzar fronteras con pasaporte (concepto que no se generalizó hasta después de la primera guerra mundial), sí experimentó situaciones de desplazamiento, refugio y vida como forastero. Este aspecto ha sido usado como símbolo de solidaridad con los inmigrantes en contextos modernos.

El libro "Open Borders: The Science and Ethics of Immigration" (2019), escrito por Bryan Caplan e ilustrado por Zach Weinersmith, es una obra que combina economía, ética y política para argumentar a favor de fronteras abiertas y la liberalización de las políticas migratorias. Su presentación en formato de novela gráfica lo hace accesible y atractivo para un público amplio.

Bryan Caplan plantea que las restricciones actuales a la inmigración son moralmente cuestionables y económicamente perjudiciales. Según él, permitir la libre movilidad de las personas entre países podría transformar la economía global y reducir drásticamente la pobreza. Por razones como las siguientes:

  • Aumento del PIB mundial: Los trabajadores serían más productivos si pudieran migrar a países con mejores oportunidades económicas.
  • Efectos en los países receptores: La inmigración contribuye a la economía al cubrir vacantes laborales, aumentar la diversidad de habilidades y estimular el crecimiento.
  • Impacto en los migrantes: La movilidad permite a los migrantes ganar mucho más dinero y mejorar su calidad de vida al trasladarse a países más desarrollados.

Caplan respalda estas afirmaciones con estudios económicos que sugieren que el PIB mundial podría duplicarse si se permitiera la libre migración. 

El autor desarma las objeciones habituales a la inmigración, como:

  • "Los inmigrantes quitan empleos a los locales": Argumenta que los inmigrantes complementan en lugar de sustituir el trabajo de los locales.
  • "Los inmigrantes agotan los recursos del estado de bienestar": Presenta datos que muestran que, en general, los inmigrantes aportan más en impuestos de lo que consumen en servicios.
  • "Los inmigrantes erosionan la cultura local": Asegura que la diversidad cultural es enriquecedora y que las culturas se adaptan y evolucionan con el tiempo.
  • "Debilita la seguridad nacional": Sostiene que los riesgos relacionados con inmigrantes, como el terrorismo, son mínimos en comparación con los beneficios.
Además aporta argumentos éticos, afirmando que las restricciones a la inmigración violan los derechos humanos básicos al impedir que las personas busquen mejores condiciones de vida. También aboga por la igualdad de derechos y oportunidades, destacando que el lugar de nacimiento no debería determinar las posibilidades de una persona.

Bryan Caplan no ignora las dificultades prácticas de implementar su visión, pero propone:

 I) Transiciones graduales: Comenzar con políticas que permitan más inmigración controlada y avanzar hacia la apertura total. 

II) Arreglos fiscales: Diseñar políticas para que los inmigrantes paguen impuestos proporcionales que financien los servicios públicos.

"Open Borders: The Science and Ethics of Immigration" es una llamada provocadora a reconsiderar las políticas de inmigración desde una perspectiva basada en datos, lógica y ética. Caplan presenta su caso de manera accesible, con ilustraciones humorísticas que hacen que el contenido sea comprensible incluso para quienes no tienen conocimientos previos de economía o política.

Imágenes navideñas mágicas creadas por Inteligencia Artificial

Usa cualquier generador de imágenes por Inteligencia Artificial, como ChatGPT, Copilot, Gemini Google o Grok, con un prompt similar a este: "Crea una imagen navideña, con un salón con árbol de luces y muchos regalos, que ponga "Zorionak eta Urte Berri on 2025!" arriba y debajo "From the Agirregabiria Family". Todo en una esfera de cristal con nieve. Añade un Olentzero, un viejo barbudo canoso, fumando una pipa, vestido de negro, con boina negra y un saco a la espalda,..."

Por supuesto podría ser mucho más realista con Midjourney, pero la gracia infantil es que se note lo relativamente burdos que son los resultados, por el momento, en estos días,... pero para el año que viene,... 
Pueden ver otros resultados en este Álbum.

Hygge, la felicidad en los pequeños detalles

En Dinamarca el secreto de la felicidad también se describe con una sola palabra, hygge, calificada por el New York Times como “el arte de no hacer nada”. Algunos definen este neologismo Hygge como la felicidad en las pequeñas cosas: “Hygge está relacionado con el ambiente y la experiencia, más que con las cosas. Estar con quienes amas, sentir la sensación de hogar, sentirse seguro, conversar sobre grandes o pequeñas cosas, estar en silencio o disfrutar de una taza de té a solas”. 

Lo llaman Hygge y es un concepto 100% danés: se dice que éste hace a los hogares más cálidos y a la gente más feliz. Si le preguntamos a un danés qué es hygge, responderá que "es sentarse frente a la chimenea en una noche fría, vestido con un grueso suéter de lana mientras bebes un vino caliente con azúcar y especias y acaricias a tu perro echado a tu lado".

Hygge, por tanto, puede disfrutarse en soledad, pero, sobre todo, en compañía y también está presente en la alimentación. La palabra se ha colado en las cocinas. Los guisos tradicionales, los tés, el vino caliente, las sopas y las cremas son sus platos típicos. 

Hygge también es comer galletas de canela hechas en casa, mirar la TV bajo un edredón, tomar el té en una taza de porcelana china a la reunión de la familia en navidad. Se pronuncia "hu-ga" y a menudo se le traduce como "lo acogedor". 

Pero tal como dicen los que saben, hygge es mucho más que eso: es una actitud total ante la vida y es lo que ha ayudado a Dinamarca a superar a Suiza e Islandia como el país más feliz del mundo. La idea del hygge cada vez tiene más adeptos fuera de Dinamarca..

El mejor regalo de cumpleaños, tras 71 años probando

Una foto de hace 5 años, con los nietos mayores y ya irreconocibles.
Gracias a quienes me habéis felicitado por este 71º cumpleaños,...

Hemos llegado a la conclusión de que el mejor regalo, de cumpleaños o en cualquier otra ocasión, es dedicar un rato a estar, verse o hablar con la persona hacia la que queremos transmitir el cariño y la consideración que sentimos por dicho ser humano. Cuanto más recíproco sea ese afecto, tanta más felicidad logra ese encuentro, físico cuando se pueda o virtual en tantas ocasiones. También cuanto menores o mayores sean en edad, porque el tiempo fluye más rápido para estas personas y su afecto es más sincero y total.

Por tanto, las felicitaciones de tu pareja, de nietos, hijos, parientes, amistades y colegas son claves. No importa tanto si el mensaje o el abrazo llegó a primera o última hora, o incluso después o antes. Lo que se valora es que recuerden la fecha o, que en cualquier momento, te hagan llegar su aprecio.

El contacto humano, el mensaje que por tantas vías acaba llegando, mejor en vídeo o con voz, ese es el regalo perfecto que necesitamos en esos hitos que marcan la trayectoria de nuestra vida. Todo ello sin menospreciar, en absoluto, otros excelentes regalos, materiales o más etéreos (como un recuerdo compartido, unas palabras acertadas,...).

El grado de personalización del regalo es el mejor indicador del conocimiento mutuo que existe, con total independencia del precio. Una taza grabada con un mensaje significativo, o una tarjeta especial. ¡Ah, y los libros, esos tesoros que son los mejores juguetes y que nos transportan a mundos distintos! (post). Regalar una novela, un ensayo o un libro de poesía puede ser un gesto muy apreciado. Como dijo Charles Dickens: “La Navidad (o el cumpleaños) es esa fiesta que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar”. 

Pero siempre lo óptimo es tiempo y atención: A veces, el mejor regalo es simplemente estar presente. Una llamada telefónica sentida, una visita o una tarde compartida pueden ser invaluables. Ya lo hemos dicho y escrito aquí desde hace décadas: Hay muchos tipos de regalos: los mejores vienen en forma de personas. El corazón es una riqueza que no se compra ni se vende, se regala.🎁🎂🎉
Regalo de Léa en abril de 2024
El mejor regalo material del día.