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Llamadas de ultramar

La globalización produce efectos indeseables, algunos de los cuales perturban nuestras ansiadas vacaciones.

Ha sucedido por tercera vez en menos de una semana. En el sacrosanto período de la siesta resuena estrepitosamente el teléfono fijo en todas las habitaciones de la casa, despertando a sus traspuestos habitantes de su soporífero letargo, tan necesario como merecido. Concretamente a mí me abducen desde mi más placentero sueño hasta el auricular donde escucho una voz de ultratumba que me pregunta si soy yo mismo, con mi nombre y dos apellidos correctos (pero mal pronunciados), y si mi teléfono es el que acaba de retumbar desbaratando toda la paz doméstica. Contesto que sí, y sin pausa ni respiro me ofrecen un cambio de empresa de telefonía, por tercera vez y tercera alternativa, cuando apenas han transcurrido unos días desde que me decidí por la actual Telefónica en esta residencia de veraneo.

Esta vez, descendido abruptamente del Nirvana, acierto a preguntar quién me llama (un tal Ariel no se qué), desde qué continente y si, entre todo lo que parece conocer de mí, sabe dónde demontres me encuentro. Apenas balbucea una respuesta, cuando le interrumpo y le informo que aquí y ahora (mar mediterráneo y cuatro de la tarde) respetan la siesta hasta… los vendedores ambulantes y los mosquitos perseverantes. Añado que comprendo que, en Chile, deben estar en una tristona mañana de invierno, pero que aquí la siesta estival es sagrada. Por último, les ruego a estas compañías (Jazztel, Tele2,…) que abandonen estas agresivas, inoportunas y, supongo, infructuosas campañas de captación de clientela porque nunca olvido a quien, sin necesidad, me desvela de una siesta veraniega.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2008/ultramar.DOC

Botellas de agua en las esquinas

Botellas de agua en las esquinas
Imagen con la duda de si no funciona o si ha sido dispuesta para evitar lo ya sucedido.

La estampa superior es muy habitual por el sur de España, o en el Mediterráneo. Botellas, o garrafones, de agua, transparente o teñida de amarillo, abundan por doquier especialmente situadas en las esquinas de las casas, en las puertas, junto a plantas o árboles, o ruedas de coches,... 
Botellas de agua en las esquinas
¿Para qué sirven? La creencia general, que todavía parece que la ciencia no ha validado, es que este obstáculo evita la micción de perros y gatos. Si el efecto es dudoso, aunque alguna validez debe obtener por su uso extensivo, las causas que con frecuencia se mencionan son totalmente inverosímiles: Que si los animales se ven y reconocen distorsionados,... 

El mito se amplía incluso con virtualidades como alejar moscas y mosquitos,... pero generalmente se usa para evitar los restos, líquidos o sólidos, de mascotas en manos de personas maleducadas. Lo cierto es que por su volumen les aleja del punto a proteger.
¿Qué opináis al respecto? ¿Conocéis a alguien que crea en este invento?


Como Bonus final, este tuit con la enésima leyenda urbana de quienes creen que el número 58 impreso en papel ahuyenta moscas. Suponemos que la eficacia es la misma, pero molesta menos al paso (aunque la inteligencia se resiente ante estas exhibiciones de incultura científica).

AlicanTerapia: Se reparan personas...

Ante uno de los últimos edificios a demoler por la Ley de Costas, junto al Mediterráneo se lee el repetido cartel de "Se reparan personas"... (¿O eran persianas lo que se arreglaba?) Otros "efectos de la Ley de Costas"...
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Sorolla en pequeño formato en el Museo Bellas Artes de Bilbao

Sorolla en pequeño formato en el Museo Bellas Artes de Bilbao 
Álbum con 200 imágenes.
 
Guiados por la excelente cicerone Eva, en grupos de 15 docentes jubilados de la Asociación 5 de Octubre hoy hemos visitado la exposición temporal Cazando impresiones de Joaquín Sorolla en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Joaquín Sorolla (Valencia, 1863-Cercedilla, Madrid, 1923) pintó cerca de dos mil óleos sobre cartón, tabla, papel o trozos de lienzo de muy pequeño tamaño-no exceden de los 20 x 30 cm-, que él denominaba "apuntes", "manchas" o "notas de color". Están siempre relacionados con el trabajo del artista en cada momento de su trayectoria, sin que puedan llegar a ser estrictamente considerados estudios preparatorios para posteriores composiciones. Son, pues, una especie de registro del modo de mirar de Sorolla y la mejor síntesis de sus intereses pictóricos.

Este tipo de apunte fue un formato a menudo utilizado a lo largo del siglo XIX por los grandes artistas, y Sorolla lo usó también durante toda su vida como un modo de ejercitar su destreza que constituye, además, un valioso testimonio sobre su producción más privada y libre. Tal y como atestiguan numerosas fotografías, Sorolla conservaba estas pequeñas obras en su taller y a menudo las regalaba a sus admiradores, las donaba para causas benéficas o las intercambiaba con otros pintores. Pero un buen número de ellas fueron también presentadas y vendidas en sus grandes exposiciones internacionales -sobre todo en las giras americanas de 1909 y 1911-, donde fueron apreciadas como expresión concentrada de su talento.
Sorolla en pequeño formato en el Museo Bellas Artes de Bilbao
"Hay que pintar deprisa, porque ¡cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse!". Así definía su ideario este pintor, que fue uno de los más importantes del arte español en el tránsito entre el siglo XIX y el XX, y el creador de una obra reconocible y de un estilo propio que concreta en paisajes y retratos un luminismo suntuoso y preciso que alcanza su máximo nivel en los temas de las costas del Mediterráneo y del Cantábrico.

Organizada con la colaboración del Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla de Madrid, Cazando impresiones. Sorolla en pequeño formato ha contado con el comisariado de María López Fernández, Blanca Pons-Sorolla y Consuelo Luca de Tena. Las dos primeras son, además, autoras de los ensayos y de la cronología incluidos en el catálogo editado con motivo de la exposición.
Clotilde, muchas veces dibujada por su esposo Joaquín Sorolla
La muestra se compone de 186 pinturas en pequeño formato sobre tabla o cartón u otros materiales, pertenecientes a la colección del Museo Sorolla. Los acompaña una pequeña vitrina en donde se muestran su paleta y otros utensilios del oficio que ejemplifican su vocación de pintor al aire libre. Tras su exitosa presentación en el Museo Sorolla de Madrid,

Cazando impresiones, Sorolla en pequeño formato, podrá visitarse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao en las salas 32 y 33 del edificio moderno desde el 20 de noviembre de 2019 hasta el 23 de febrero del año 2020.

Ruta Alicante - Teruel - Bizkaia, finales de 2021

Playa de Mil Palmeras al anochecer en otoño.
¡Qué fácil es ir de costa a costa, del Mediterráneo al Cantábrico!
Supercargador de Tesla en Valencia (que estamos sustituyendo por los de Torrent o Sagunto)
Esta vez, con primera parada en el PDR (Punto De Recarga) de Valencia, aunque ya preferimos los SuperChargers de Torrent o Sagunto.
Plaza del Torico, Teruel, en otoño 
Teruel y su ternasco en el 1900, punto perfecto para pernoctar en un viaje con dos etapas.
Supercargador de Tesla en Zaragoza (uno de nuestros habituales)
Segunda parada, apenas veinte minutos porque es la "larga", en el PDR de Zaragoza, uno de los SuperCargadores (exclusivos hasta ahora) de Tesla.
Crucero Sky Princess en Getxo (Bizkaia)
Llegada a Getxo, con los cruceros de nuevo tras la pandemia. Foto desde el Tesla.

Turismo por Alicante, Murcia y Almería

Comunidad de Murcia, en San Pedro del Pinatar
Además del habitual veraneo desde Pilar de la Horadada (Alicante), municipio adyacente a la Comunidad de Murcia, este largo verano de 2021 haremos una incursión de una semana por Almería. Son tres provincias sucesivas y costeras con el Mar Mediterráneo, pertenecientes a tres Comunidades Autónomas diferentes: País Valenciano, Murcia y Andalucía.

Las bases de salida serán Mazarrón en Murcia y Mojácar en Almería. En Almería desde el Parador de Mojácar estaremos también en Roquetas de Mar y haremos la ruta de PDR por las Cuevas del Almanzora.

Son zonas que conocemos bien, pero que no hemos visitado en los últimos treinta y cinco años (fotos) y hace siete coches. Los cambios serán muy llamativos, quizá ni reconozcamos nuestras residencias. Más aún en un segundo año COVID. Por el momento, por Alicante y Murcia vemos que el turismo de extranjeros es bastante menor que el de los años previos, pero quizá haya algo más de turismo nacional. 
Playa de Colón en San Javier (Murcia)
El turismo en la extensa zona del Mar Menor de Murcia, La Manga, San Javier,... está siendo penalizado por el problema de la calidad de su agua en el Mar Interior. Por todo ello, nos hemos sumado a la defensa de este litoral con la campaña Salvad el Mar Menor dándole Personalidad Jurídica.

Envidia de Italia

¡Quién nos lo iba a decir! Llegar a envidiar el modelo de Estado italiano, histórica y tradicionalmente de pésimo gobierno, aunque siempre bien administrado por su funcionariado. Escribe Curzio Maltese en “La Repubblica” del 12 de mayo, un artículo titulado “Emergencia democrática”, en el que denuncia que Berlusconi en un mitin electoral en Udine ha llegado a proponer la enésima lista de depuración, atacando con nombres y apellidos a magistrados y periodistas independientes.

Este escándalo político es muy lamentable, y tan extremo que ha llevado a muchos politólogos a calificar a la situación italiana como “democracia descompuesta” e incluso de “fascismo dulce”, pero al menos demuestra que perviven parcelas independientes del poder judicial y restos libres del cuarto poder mediático. Por otra parte, hasta este opulento gobernante autoritario supo mantenerse neutral en la “guerra de Irak”. Finalmente, en este país mediterráneo toda la oposición está aprendiendo a olvidar los disensos internos y discutir conjuntamente sobre lo que constituye una grave y verdadera emergencia democrática.

Mientras en la península ibérica crece el bushiano mensaje único y Montesquieu está missing, la creativa ciudadanía italiano siempre mantuvo en su inconsciente colectivo la sabiduría de los antiguos proverbios romanos: “Vicio no castigado crece desatado”, “La sangre no es agua” y “El mundo es bello porque es muy variado”. Recordemos la soberanía del electorado, el pacifismo y la pluralidad ideológica el próximo domingo 25 de mayo. ¡Ciudadanos, a las urnas!

Más que una persona

La playa es un lugar único, donde todavía se entremezclan todas las personas, sin distinción de clase, raza o religión. Vivimos en un mundo cada día más segregado, con barrios, escuelas e iglesias donde no se producen encuentros humanos imprevistos. Pero siempre nos quedará la playa. Representantes de tres continentes, venidos de muy lejos en tumbonas señoriales con lugareños arracimados bajo una sombrilla, ancianos y bebés, muchos descansando y unos pocos vendiendo alfombras de Bagdad que ya no vuelan. Todo tan exuberantemente humano que resulta insólito, pero nunca demasiado humano.

En medio de esta muchedumbre que diariamente se agolpa voluntariamente, resulta imposible entender y relacionar lo que cuentan los periódicos con lo que sucede alrededor. Por mucha escandalera que produzca el borrador del plan Ibarretxe, aquí los vascos hablan con los madrileños sin que parezca importarles nada el tema, ni a unos ni a otros. Los conceptos y las ideologías políticas, casi siempre ocultando turbios intereses económicos, quedan eclipsados ante la presencia masiva de esta humanidad espléndida en una playa. Aquí las entelequias de la unidad nacional (española) o la dignidad parlamentaria (vasca) se posicionan donde deben: muy detrás de las personas reales. Aquí no caben los voceros salvapatrias ni los falsos profetas que, con graves palabras vacías, sólo sirven para encrespar los ánimos y conducir a enfrentamientos que sólo son deseados por quienes esperan vivirlos de lejos.

En un día con dos noches (porque la siesta es obligatoria), bajo este sol común para todos, y viendo a unos críos mientras comen un bocadillo y balancean despreocupadamente las piernas desde las sillas en las que están sentados, aquí y ahora sólo cabe reflexionar sobre las personas. La magnificencia humana demuestra que, siendo iguales en derechos, somos muy diferentes. Sin duda, los mejores seres humanos son los más desvalidos: los niños y los mayores, los enfermos y los incapacitados, ellos son el mejor modelo de referencia humana por el testimonio que nos brindan con su alegría infantil, con su sabia experiencia y con su valentía vital, en definitiva, con esa voluntad de superar las dificultades de la existencia.

Pero hay un tipo de personas con un aura especial, que brillan con más colores que el resto de los mortales. Algunos nunca podremos pertenecer a este selecto grupo, de permanencia limitada a unos meses. Es fácil distinguir a estas personas en la playa: ellas valen por dos, o por tres, raramente por cuatro, pero a veces hasta por cinco o seis individuos. Su doble valor, como coraje y como valía, nos asegura el futuro a la humanidad, y ejercen la actividad más humana que conocemos. Demuestran que el hombre es mucho más que cerebro y corazón. Estas máximas maravillas del universo son las mujeres embarazadas, cuyo seno materno es la obra maestra de la creación. Este estado humano nunca será debidamente reconocido por nosotros, todos nacidos del vientre de una mujer, donde por primera vez escuchamos la lengua materna. ¿Cumplimos debidamente con el artículo 25 de los derechos humanos, que declara que la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencias especiales?

Cuando desde ese océano de líquido amniótico primigenio que es el Mediterráneo se observa el bullir de la playa, no se puede asimilar las cifras recientemente publicadas de embarazos indeseados y abortos. Desde el máximo respeto hacia todas las creencias, y desde la plena convicción de que son las mujeres las primeras o segundas víctimas, resulta muy doloroso comprobar cómo hemos fracasado como humanidad cuando todavía se dan las circunstancias para que una madre se crea obligada a matar a su criatura. ¡Cuánto tarea nos queda a los educadores!

Prefiero vecinos extranjeros

En las urbanizaciones de verano de la costa del mediterráneo, prefiero de largo que mis vecinos sean extranjeros lejanos.

Mis buenos amigos de Murcia, Valencia, Castilla-La Mancha y Madrid conocen mi opinión y la respetan, aunque no la comparten. En mi residencia de verano, disfruto cada año reencontrándome con ellos y con mis otros vecinos alemanes, noruegos, belgas,… Pero lamento que en el conjunto de la comunidad se estén yendo algunos extranjeros, siendo sustituidos mayoritariamente por los cercanos murcianos.

La razón de preferencia se basa en dos elementos esenciales: las visitas y el ruido generado. Una casita de verano ocupada por autóctonos significa el triple o cuádruple de personas que en el caso de que sean foráneos. En un simple apartamento recién adquirido, o simplemente alquilado, por murcianos cabe esperar la visita de toda la parentela de la región todos y cada uno de los días de veraneo. Los extranjeros, en cambio, aparecen poco en verano y siempre formando un grupo que ni crece, ni varía día a día en su composición.

La técnica de los nativos, debidamente analizada en mis largas estancias, se puede resumir bajo el nombre de “los invasores”. Con la autorización de los titulares del hogar, o sin ella, es previsible y predecible que en un piso de veraneo ocupado por mis queridos murcianos aparezcan poco antes del mediodía un gentío de remotos parientes o amistades de la infancia que, siempre sin avisar, se queden a comer y a cenar hasta la siguiente madrugada, amén de ocupar todas las áreas e instalaciones de la comunidad.

Estos visitantes, extrañamente planificados pues nunca coinciden dos muchedumbres pero no hay día donde falte una caterva de auto-invitados, acostumbran a acudir sin más obsequios que su pertinaz presencia, mucha hambre y mucha sed, pero con alegría a espuertas (será por lo barato que les sale su veraneo) y sin prisa por irse. Ya que no aportan nada para las varias comidas que piensan gorronear, tampoco traen toallas, sombrillas ni elementos de playa que, ya puestos, también corresponde ceder a sus sufridos y hospitalarias visitados.

Entre los pegadizos aprovechados, la peor especie son algunos familiares que, por hacer aprecio de las casas ajenas, se convierten en parásitos permanentes y regulares. Algunos de estos especimenes disfrutan de cualidades inverosímiles como poder establecerse de forma vitalicia en sofás (a ser posible en medio de la sala), o en tumbonas de jardines y terrazas (donde sólo molestan al conjunto del vecindario). Ya que supuestamente sólo se quedarán “unos días” (expresión que significa como mínimo una quincena), hacen un uso intensivo de todo lo comunitario, como piscinas, duchas, bancos,… dejándose notar por el conjunto de la colectividad que acaba aprendiéndose sus nombres e invocando con frecuencia el de sus antecesores.

En definitiva, en la misma casa-tipo de dos habitaciones donde sólo cabe una nuclear familia de extranjeros con el matrimonio y dos hijos, que hablan bajito, es posible “acomodar” a tres o cuatro familias autóctonas, compuestas por la siguiente relación de titulares e invitados: Tres, o cuatro, generaciones de abuelos, padres e hijos de todas las edades, con amigos y primos anexos, que disponiendo de un sofá libre en el trastero y bastante espacio en la piscina de la comunidad invitan a otros familiares y conocidos varios del pueblo a “visitarles cuando quieran” para que vean lo bien instalados (y espaciosos) que están en la “casa de la playa”.

Para compensar que son muchos ocupantes en un espacio pensado para muchos menos, la solución más frecuente es comunicarse… a gritos. Por si quedaba alguien en la zona que no se había enterado de que habían vuelto los inolvidables vividores que dieron la murga hace dos semanas… Estos gorrones profesionales han mejorado el dicho de que donde comen cuatro comen… cincuenta. Ahora, después de haber sobrevivido al último fin de semana con nuevo récord batido en el pleno de visitantes recalcitrantes, entiendo el porqué de que los pueblos del interior se queden vacíos… Luego dicen que extranjero es quien no tiene amigos. ¡Benditos vecinos extranjeros!
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Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/extranjeros.htm

Europa, Auschwitz, África

La reflexión por el sexagésimo aniversario de la liberación del “campo de exterminio” de Auschwitz debe movernos a la acción colectiva contra el racismo, la injusticia y el genocidio… actuales.

El “Primer Mundo”, especialmente Norteamérica y Europa, sigue explotando los recursos humanos y materiales del resto del Planeta. Los europeos en particular, quienes decimos no entender cómo pudo producirse en el centro de nuestro territorio una barbarie como el holocausto judío, mantenemos una alta dosis de hipocresía y ceguera sobre el agravio continental. Criticamos la doctrina Monroe, de “América para los americanos”, que otorga a Estados Unidos el control económico y social del subcontinente americano al sur del Río Grande, que los “espaldas mojadas” tratan de cruzar para salvarse. Mientras tanto, África nuestro propio continente al sur, vestigio de los colonialismos europeos, está más cercado que nunca por el mismo Mar Mediterráneo, que antaño uniera civilizaciones y que ahora ahoga a emigrantes por millares.

En nuestra trastienda continental y en pleno 2005, bajo una ley no escrita de “África para los europeos”, las hambrunas, las sequías, el SIDA y la desatención europea en ayuda sanitaria y educativa están condenando a todo un continente, el más cercano a nosotros. La esperanza de vida humana que se duplicó en Europa durante el siglo XX y sigue aumentando constantemente (100 años para nuestros bebés), en el vecino continente del sur descenderá de los 59 años actuales a sólo 45 años, por la pobreza crónica de una población infectada masivamente por el SIDA y que apenas recibe medicinas por presiones de las multinacionales farmacéuticas.

No nos engañemos: Hoy día, cuando incluso la Comisión Europea se plantea financiar “campos de retención” para inmigrantes en el Magreb gestionados por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), “Auschwitz se llama África”. Actuemos ya para que nuestros hijos y nietos no tengan que avergonzarse de nosotros.

Detener el tráfico peligroso

Tras un largo recorrido en coche se sugiere una fórmula que frenaría las altas velocidades en las autopistas.

Viniendo desde el Mediterráneo al Cantábrico, hemos observado algo habitual para cualquier viajero de largo recorrido. Un lujoso deportivo nos ha adelantado arriesgadamente a una velocidad superior a 180 km/h. A esa velocidad en medio de La Mancha muchos automovilistas hemos sido testigos de su temeridad. Al cabo de un rato, le hemos visto detenido en el arcén siendo multado (según las tarifas actuales con 200€ si le han medido hasta 186 km/h y sólo 140€ si iba a menos de 163 km/h). Pocos minutos después y apenas unos kilómetros más adelante, nos ha vuelto a pasar a todos a la misma imprudente velocidad.

Para algunos irresponsables pagar unos euros no es suficiente penalización (quizá lo sea la futura pérdida de puntos). Pero si junto a la multa se le impusiese una inmovilización temporal de dos o cuatro horas (con un control por GPS de obligada devolución en una delegación de tráfico), con un llamativo cono en el techo que indicase tal correctivo, seguro que muchos se lo pensarían mejor cuando tratan de ganar unos minutos en una carrera que pone en peligro sus (y nuestras) vidas. Sería una sanción ejemplarizante para recordar que la prisa conductora causa miles de muertos y heridos. Versión .DOC para imprimir



Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2006/crash.htm

Visión política de un vasco ingenuo

Un artículo recuperado de 2002 cuando finalmente parece que ha llegado el fin de la violencia. 

 Éstas son las confesiones de un fanático irredento. Por increíble que parezca, todo lo que vasco, circunstancialmente, como lo es la nacionalidad, y me considero un iluso, casi idiota en política. Idiota, más que en su acepción de “ilota” o esclavo que no disponía de la ciudadanía requerida para discutir sobre la cosa pública, en su raíz etimológica como carente de instrucción específica. Como siempre me ha apasionado más mi familia y mi profesión que la política, sólo pretendo exponer mi opinión de diletante lego en política. 

Mi modelo de ciudad y país es Lausanne y Suiza, que conocí apacibles y neutrales. La Confederación Helvética, a reserva de otros matices, es un país avanzado políticamente. Allí nadie sabe cómo se llama su presidente de turno, que suele ser un profesional jubilado que periódicamente se acerca al gobierno en tranvía para despachar temas de exigua relevancia en la vida de los suizos. 

Un país complejo, multicultural, multilingüe, con cantones y comunidades diferenciadas que conviven en un cohesionado paraíso social. En el centro de Europa, con su identidad propia en medio de tres poderosas culturas: alemana, francesa e italiana. Esta preferencia me resulta lógica, porque nacido a mediados de los años 50, el torbellino de la política ha envuelto a mi generación, más de lo que algunos hubiéramos deseado. No me he “metido” en política, ni he disfrutado (o padecido) cargos políticos más allá de algunas mínimas responsabilidades con las que mi modesta carrera de profesor me ha salpicado. Pero he vivido y trabajado en la Euskadi de finales del siglo XX y principios del XXI. 

He participado en decenas de manifestaciones en pro de la paz. Mucho antes, entonces y después del despiadado asesinato de Miguel Ángel Blanco, hace ahora cinco años. Mis hijos me facilitan la memoria. Cuando no habían nacido, mi mujer y yo allí estábamos; con mi hija muy pequeña que creía que por la Gran Vía de Bilbao se caminaba siempre por el centro de la calzada y en medio de la multitud; con mi hijo llevado a hombros; cuando ambos estaban fuera aprendiendo idiomas aquellos fatídicos 10 y 12 de julio de 1997, doble manifestación esperando y condenando. ¿Cuántas manifestaciones? ¿Cien? Sin contarlas, sin desesperar, con lluvia y con sol, con televisiones y sin ellas,… Con “Gesto por la Paz”, tras los atentados, en Bilbao, en Donostia, en Gasteiz, en Getxo,… 

Pido a los políticos que creen un marco social que nos permita vivir mejor. Yo no sé cómo -no soy político-, pero sí sé qué quiero en política, porque sí me siento ciudadano de pleno derecho, y también dispongo, como profesional, de una opinión formada acerca de la política educativa (que me reservo para otra oportunidad), que desearía fuese correspondida por mis colegas y por la sociedad, dado el impacto familiar y cívico que proyecta la educación. 

Como ciudadano de a pie pido a nuestra clase política un doble objetivo: alcanzar la paz y dar la palabra al Pueblo Vasco para que decida su futuro. Ambos objetivos se necesitan mutuamente, porque ninguno de ellos por sí solo, o parcialmente, sería válido. Sólo quiero la paz, para todos y especialmente para quienes más sufren la persecución y el miedo, y para quienes han sido víctimas, ellos o sus familias. Y quiero también que se desdramatice el dar la palabra al pueblo, porque creo en el pluralismo y sólo la democracia real nos brindará las condiciones para la paz. 

El terror se alimenta por doquier. ETA perversamente. Otros, sin desearlo, quizás también contribuyen a su pervivencia. Tal vez inocentemente, creo que apoyando y protegiendo a las víctimas, si actuásemos “como si ETA hubiese desaparecido ya”, seguramente estaría más cerca nuestro E-Eguna (el Día de Euskadi libre de la barbarie). Lo exige esta Euskadi dolida y expectante. Atormentada por tanta desolación y por las reacciones que suscita, pero esperanzada porque desea transitar hacia un futuro en libertad y sin lastres, conducido con plenas garantías democráticas por todos. 

La primera concordia será entre vascos. Los demás no podrán sino entenderlo y aceptarlo. Lo que, en plena libertad y sin ventajas, decida la mayoría: Un quórum cualificado, ¿dos tercios?, para que se sopese el posible cambio. O seguimos en el marco jurídico actual, que algunos consideran válido, o se pasa a un nuevo marco, por decisión conjunta y sin más traumas, si así lo desease una mayoría amplia. 

¿El ámbito de decisión? Creo que si todos vemos patentemente que la decisión de Navarra, por ejemplo, corresponde sólo a los navarros y no al conjunto de Euskal Herria, igualmente la decisión de lo que actualmente es la Comunidad Autónoma Vasca o Iparralde, corresponde a sus habitantes, y no al conjunto del Estado en cuestión. Lo contrario sería aborrecible para cualquier espíritu democrático. ¿Acaso todos los vascos deberíamos opinar y obligar a que los navarros sean vascos o no, incluso contra su voluntad? 

Si finalmente se conviniese, ¿qué cambiaría? No tanto como pensamos, ni para bien ni para mal. Las desquiciadas opiniones de tertulianos que tratan de condenarnos a pagar nuestras propias infraestructuras porque están construidas por todos los españoles, se caen por su propio peso, dado que el resto de infraestructuras del Estado también están sufragadas parcialmente por el esfuerzo vasco. Si tal cuenta se pudiese calcular, quizá no saliésemos malparados. Pero apartadas éstas y otras absurdas objeciones como decir que quedaríamos fuera de Europa (como si a España la hiciese europea Portugal y que recuerda aquella perspectiva inglesa de que “el continente quedaba aislado” por la tempestad en el Canal de la Mancha), la realidad sería que seguiríamos estando insertos geográfica, cultural e históricamente en Europa. 

En la nueva soberanía compartida que cabe hoy día en la Unión Europea, y que poco tiene que ver con los Estados absolutos del pasado, seguiríamos trabajando como siempre, compitiendo en el mercado globalizado, colaborando solidariamente con otros países y regiones más necesitados de Europa y del mundo, gestionando de cerca los temas propios y haciendo oír nuestra voz en los foros internacionales. 

Yo, en mi ingenuidad, seguiría cultivando tanto nuestra propia lengua y cultura vascas, como las que nos hermanan con españoles y franceses, a quienes conozco y aprecio de corazón, así como otras lenguas y culturas de este planeta en el que viajamos por el espacio, como una organizada tripulación que conviviría mejor “haciéndonos los suizos, y no los suecos”. Y en este mi segundo hogar mediterráneo donde paso las vacaciones podría izar la ikurriña, al igual que mi vecino enarbola su bandera noruega, con intención meramente informativa, señalando que “aquí viven unos vascos para ayudar en lo que se pueda”.
Versión original de Julio de 2002 en: http://mikel.agirregabiria.net/2002/vision.htm

Lo malo del verano

©Mikel AgirregabiriaNo en vano, antaño y hogaño, el vacacional alto del verano es el intervalo aventajado del año; mas queda un extraño reparo.

Tras el trabajo ya viene el descanso. Del chubasco norteño al soleado sur, del asfalto a la arena, del atlántico océano al mar mediterráneo. La marcha triunfal recreamos. ¡Ya llega el verano, ya se oyen los claros clarines! La escapada se anuncia con vivo reflejo; ¡ya viene, oro y hierro, el cortejo de los malandrines! Ya pasamos debajo los arcos vulgares del apagón inesperado, el móvil urbano sin cobertura y lo peor, un Internet depauperado.

Los soles rojos del verano asoman mansos si guardamos un cambiado horario. Al mediodía nos encerramos a la sombra del nido refrigerado. ¿Sesteamos o navegamos? Domicilio de invierno, hogar de verano: Queridos ambos con un raro desaguisado: ¡Aquí estamos incomunicados! ¡Añorado cable-módem con sus desbocados gigas triplicados, ahora achicado a un goteo caro de bitios avergonzados!

¡Altercado asegurado de teléfono precario, sin mantenimiento raudo, caudal falto, e-mails ralos e Internet escaso! ¿Para cuándo el necesario fin del oligopolio obligatorio? Ansiamos ser usuarios liberados, gasto facturado por mes sin compromiso forzado de todo un año, cuota sin escándalo o acceso inalámbrico.

“¡Agua para todos!”, exigen valencianos y murcianos. “¿Sólo Internet para unos cuantos? Tampoco”, concordamos vascos y foráneos. Hartos de ser tratados como esclavos, del abandono interesado y de tanto retraso tecnológico acumulado, enviamos este comunicado por correo ordinario.

Desde Pilar de la Horadada (Alicante)

Versión final en: http://mikel.agirregabiria.net/2005/verano.htm

Internet: Caro y malo


Tras unas vacaciones incomunicadas, se constatan las razones de un retraso crónico.

Prefiero no remitirles a ningún informe oficial sobre los usuarios de Internet (como eEspaña de la Fundación AUNA), lo que confirmaría mi testimonio, sino contarles mis peripecias para poder leer el correo electrónico durante unas vacaciones en el Levante mediterráneo.

Primero hay que contratar una línea telefónica, algo sólo posible con la inefable Telefónica, lo cual llega a ser factible con cierta premura, si bien pagando religiosamente todos los meses, aunque sea desde una residencia de verano, o a abonar las correspondientes conexiones y desconexiones, o a mantener todas tus líneas con tan añejo operador que nos ha perseguido durante toda nuestra existencia.

Seguidamente han de olvidarse las opciones de ADSL que requieren un mes, o varias semanas, para ser operativas, aparte de la pelotera segura para cursar su baja, con faxes que no se reciben, y meses adicionales cobrados. La tarifa plana, con velocidad teórica máxima de 56 Kbps se puede obtener con facilidad, pero su desconexión es igualmente tormentosa (¿por qué no admiten la baja telefónicamente, al igual que servicios tales como Plan País 30?).

Para unos miserables días sólo queda el denominado “acceso básico”, que aunque lo denominen gratuito se cobra a precio de llamada local o más. Los costes reales son poco menos de un euro por hora en horario nocturno (de 20:00 a 8:00) y de algo menos de dos euros cada hora diurna. Pero no lo intenten, porque tampoco funciona. Los operadores disponibles ofrecen ridículas velocidades, que en estas vacaciones y desde mi ubicación, no descarga ni un Mb en media hora, ni Terra (Telefónica), ni YA (Jazzfree), ni Wanadoo. Resulta más rápido escribir una postal. ¿Por qué en la costa atlántica del País Vasco en el Estado francés dispongo de ADSL2+, con hasta 20 Mbps efectivos (no 0,512 hipotéticas) por un precio de 30 euros mensuales?

¿Todavía alguien se pregunta las razones del estancamiento del Estado español, en penúltimo lugar de la Unión Europea (sólo delante de Grecia)? Que los internautas activos sólo sean el 17% de la población española, frente a cotas europeas del 50-60%, tiene una relación directa con el alto coste y la pésima calidad de conexión, en un mercado cautivo de tres operadores en ausencia absoluta de verdadera competencia.