Se conecta vía Bluetooth con nuestro móvil, o con el ordenador -incluye un microUSB específico para ello. Nos ha convencido, por las razones que se exponen seguidamente, y somos entusiastas que nunca más irán por el mundo sin una pulsera inteligente.
- Resultan eficaces por la (auto-) gamificación que inducen, siendo finalmente más generadoras de actividad física que un perro a quien sacar a pasear o un mero recordatorio pegado en el frigorífico.
- Hemos duplicado el tiempo de andar, pasando de pasear una media de 5.000 pasos diarios (lo habitual... en Estados Unidos, muy poco) a duplicar esa cifra casi todos los días, incluidos los del fin de semana.
- Sorprendentemente, en nuestro caso, no hemos establecido "competiciones" con amistades en la red, porque el reto es más con uno mismo.
- En todo caso, desde las tres últimas semanas y acompañado de una dieta hipocalórica (una que nos facilitó nuestro gran médico de cabecera, Alejandro, y que podéis ver en esta imagen) está logrando una consideble reducción de peso.
- Por su poco peso y discreta apariencia, no molesta llevarla en todo tiempo, incluso a la piscina, y esto lo dice alguien incapaz de llevar sobre la piel un reloj tradicional, alianza, cadena,... ni siquiera una tirita.
- Basta una carga semanal, incluso dura más pero conviene establecer una rutina, y avisa con antelación de baja batería en caso de olvidarnos.
- El único inconveniente que hemos apreciado ha sido una pequeña rotura en la sujeción de la pulsera Fitbit Force (ver foto), fruto de algún esfuerzo puntual. No es visible, pero abre un poco más de lo debido la separación entre la pantalla y la correa.