
El Hombre En Busca De Sentido, de Viktor Frankl

Anhelo de espiritualidad
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— Dr. Alberto Blázquez (@Dr_Blazquez) July 10, 2021
El secreto de la felicidad: agradecer más y quejarse menos
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— Restoring Your Faith in Humanity (@HumanityChad) October 26, 2024
Love doesn't mean rescuing someone else or waiting for someone to save you. It's saving yourself so you can be healthy and whole with someone else who's done the same thing.
— Tiny Buddha (@tinybuddha) October 18, 2024
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Emilio Duró, especialista en reaprender a vivir
En sus charlas este Socio-Fundador de ITER CONSULTORES mezcla lo divino con lo humano, bordea lo científico en repetidas ocasiones, pero lo innegable es que sabe transmitir alegría, entusiasmo y pasión por la vida. Vale la pena escucharle y verle en acción, sin tomar al pie de la letra algunas de sus afirmaciones concretas.Son licencias de su oratoria para dar verosimilitud ante determinados auditorios. Lo genuino de su mensaje es la receta general que propone en pro de la felicidad.
Semillas de papel: Canal YouTube que no puedes dejar de gozar
Your dopamine levels from reading a book
— Alex & Books 📚 (@AlexAndBooks_) March 9, 2025
vs.
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Late Bloomers: Descubriendo el Ikigai en la Madurez
En un mundo obsesionado con el éxito prematuro, donde los prodigios de Silicon Valley y las estrellas juveniles dominan los titulares, surge una narrativa contraria y profundamente humana: la de los late bloomers. Estos individuos, que florecen en etapas avanzadas de la vida, encarnan una resiliencia que desafía las expectativas culturales. Pero ¿qué ocurre cuando este florecimiento tardío se alinea con el concepto japonés de ikigai (muchos posts previos), esa intersección entre pasión, vocación, misión y profesión? En este post, exploraremos esta confluencia desde perspectivas científicas, tecnológicas, éticas y educativas, argumentando que los late bloomers no solo enriquecen su propia existencia, sino que aportan un valor inestimable a la sociedad.
Comencemos por desglosar los términos. Un late bloomer es alguien que alcanza su potencial máximo después de los 40 o 50 años, a menudo tras décadas de exploración, fracasos o roles secundarios. Pensemos en figuras como Julia Child, quien publicó su icónico libro de cocina a los 50 años, o en Harland Sanders, fundador de KFC, que inició su imperio a los 65.
Por otro lado, el ikigai —palabra que combina "iki" (vida) y "gai" (valor)— representa el "razón de ser". Según el autor Héctor García en su libro Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz, se trata de un diagrama de Venn donde convergen cuatro elementos: lo que amas, lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y lo que puedes monetizar. Para los late bloomers, encontrar este equilibrio no es un evento juvenil efímero, sino un proceso maduro, forjado en la experiencia.
Desde una lente científica, la neurociencia respalda esta posibilidad. La plasticidad neuronal, concepto popularizado por investigadores como Norman Doidge en The Brain That Changes Itself, demuestra que el cerebro no se rigidiza con la edad, sino que puede reorganizarse incluso en la vejez. Estudios del Instituto Max Planck de Alemania revelan que adultos mayores que aprenden nuevas habilidades —como un idioma o un instrumento— exhiben cambios en la materia gris similares a los de los jóvenes. Esto implica que los late bloomers no son anomalías, sino productos de una biología adaptable. En el contexto del ikigai, esta plasticidad permite redescubrir pasiones olvidadas.
La tecnología amplifica este potencial. En la era de las plataformas digitales como Coursera, Khan Academy,... el aprendizaje lifelong se democratiza. Un late bloomer puede, desde su hogar, adquirir competencias en campos emergentes como la biotecnología o la inteligencia artificial ética. Consideremos el caso de Vera Wang, quien a los 40 años dejó el periodismo para diseñar vestidos de novia. Aquí, la tecnología no solo facilita el descubrimiento del ikigai, sino que lo acelera.
Éticamente, valorar a los late bloomers cuestiona el edadismo rampante en sociedades occidentales. Filosóficamente, pensadores como Aristóteles en su Ética a Nicómaco hablaban de la eudaimonia —felicidad floreciente— como un logro vitalicio, no juvenil. Instituciones como la Universidad de Harvard promueven programas de "reinvención profesional" para adultos.
No obstante, el camino no es idílico. Los late bloomers enfrentan barreras psicológicas, como el síndrome del impostor. Aquí, la psicología positiva, con figuras como Martin Seligman, ofrece herramientas como el mindfulness. En conclusión, los late bloomers y su ikigai representan un paradigma esperanzador.
Si estás en la madurez y sientes un vacío, reflexiona: ¿Qué amas? ¿En qué eres experto tras décadas? El ikigai espera, no como un destino juvenil, sino como un legado maduro. En palabras de Viktor Frankl, "el sentido de la vida no se descubre, se crea".
Late Bloomers: Descubriendo el Ikigai en la Madurez — Nunca es tarde para florecer; es momento de redescubrir lo que da sentido a tus días. A los 50, 60 o más, la experiencia se convierte en brújula: habilidades pulidas, deseos sinceros y tiempo para elegir.… pic.twitter.com/nG8as0DjfM
— Mikel Agirregabiria (@agirregabiria) January 9, 2026
InTertulia 14ª sobre la felicidad en las diferentes generaciones
- ¿Solemos pensar sobre la felicidad?
- ¿Somos felices ahora ?
- ¿En qué etapa de la vida nos hemos sentido más felices según crecíamos en edad?
- La felicidad es una alegoría; la infelicidad, una historia. Haruki Murakami.
- La felicidad consiste en ser libres, es decir, no desear nada. Epicteto.
- La felicidad en gente inteligente es la cosa más rara que conozco. Ernest Hemingway.
- Hay una sola forma de felicidad en la vida: amar y ser amado. George Sand.
- La felicidad no puede ser obtenida queriendo ser feliz. Tiene que aparecer como consecuencia no buscada de perseguir una meta mayor que uno mismo. Viktor Frankl.







