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La cultura del Kintsugi como el arte de la resiliencia

El kintsugi (金継ぎ o reparación dorada), también conocido como kintsukuroi (金繕い o reparación en oro), es una técnica tradicional japonesa que consiste en recomponer objetos de cerámica rotos utilizando barniz mezclado con polvo de oro, plata o platino. En lugar de ocultar las grietas o rupturas, el kintsugi las resalta, convirtiendo la imperfección en una parte valiosa y hermosa de la historia del objeto. 

Esta filosofía kintsugi refleja la idea de que las cicatrices y los defectos no deben ocultarse, sino que pueden ser una parte esencial de la belleza y la historia de algo o alguien. Kintsugi está profundamente ligado a conceptos. Las personas rotas no se descartan, ni se desechan; se reparan y sus cicatrices al igual que los objetos reparados con Kintsugi las hacen más valiosas y bellas. 

El resultado es una pieza que no solo ha sido reparada, sino transformada en algo único y valioso gracias a las marcas de su rotura. Las grietas doradas resaltan con elegancia los detalles de la pieza, mostrando la belleza de las imperfecciones y el arte de la restauración.

El kintsugi  es una perfecta materialización artística de la virtud de la resiliencia (posts varios), que demuestra que la naturaleza y los seres humanos somos capaces de adaptarnos y recuperarnos de cualquier proceso traumático.

@batsaaziel #kintsugi #reparate #repararse #reparation #resiliencia #resilience ♬ Believe (Inspirational Background Music) - Fearless Motivation Instrumentals

Paradoja de Stockdale, resiliencia bélica para la vida cotidiana

Paradoja de Stockdale, resiliencia de guerra para la vida cotidiana
La paradoja de Stockdale es uno de esos conceptos que, a primera vista, requiere algunos saltos mentales lingüísticos para comprenderlo por completo. Esta interesante paradoja se presentó por primera vez en el libro "Bueno a excelente", "Good to Great" o "Empresas que sobresalen" de Jim Collins, un libro fundamental de autoayuda y liderazgo empresarial (véase este resumen en PDF, con ideas disruptivas como "Primero quién, y luego qué).
El autor Jim Collins encontró un ejemplo perfecto de este concepto paradójico en James Stockdale, ex candidato a vicepresidente en 1992, quien fuera el prisionero estadounidense de mayor rango de la guerra del Vietnam durante siete años y medio en el denominado "Hotel Hanoi"

Durante este horrible período, Stockdale fue torturado repetidamente y no tenía ninguna razón para creer que saldría vivo. Atrapado en las garras de la sombría realidad de su mundo infernal, encontró la manera de mantenerse con vida al abrazar la dureza de su situación con un equilibrio de saludable optimismo.

Durante su cautiverio, Stockdale observó qué clase de prisioneros eran los que más fallecían: Los optimistas que no paraban de repetir: “Tranquilos, saldremos de aquí, ánimo, en Navidad ya estaremos en casa.” Entonces llegaban las Navidades y la previsión no se cumplía. Pero entonces su previsión saltaba a otra fecha. Y así sucesivamente hasta que el prisionero se rendía.

James Stockdale hizo suyo el principio rector de Epicteto, la máxima con la que comienza su Enchiridion: «En el mundo hay cosas que están a nuestro alcance y otras que están más allá de nuestro poder». En tiempos turbulentos y en circunstancias tan dramáticas como las que se encontró Stockdale al conducir a los suyos, lo primero es aislar aquello que no está en nuestra mano, y no dedicarle ni un gramo de nuestras energías. Lo siguiente, les contaba a los aspirantes a Marine, era atenerse a las tres grandes enseñanzas del antiguo esclavo: «Tranquilidad, valentía y libertad».

La capacidad de reconocer su situación real y equilibrar el optimismo con el realismo proviene de la comprensión de la paradoja de Stockdale. Esta forma de pensar contradictoria fue la fuerza que guió a James Stockdale a través de esos años difíciles. Este pensamiento paradójico, ya sea que lo sepas conscientemente o no, ha sido una de las filosofías definitorias para los grandes líderes que superaron las dificultades y alcanzaron sus metas.

La dicotomía contradictoria inherente a la paradoja contiene una gran lección sobre cómo lograr el éxito y superar obstáculos difíciles. También corrige a los optimistas desenfrenados y esos vendedores ambulantes de positividad cuyos consejos impregna casi todos los libros de autoayuda o peroratas de gurú que existen.
Paradoja de Stockdale, resiliencia de guerra para la vida cotidiana
Vivimos en un mundo líquido, cambiante, o mundo VUCA (ver en este post reciente de 2020). Por eso cada vez es más difícil tomar decisiones. Gracias a la paradoja de Stockdale cuando vayamos a tomar decisiones, a marcarnos objetivos o a planificar nuestros próximos pasos, podemos mejorar nuestras decisiones.

Pensemos por un momento qué estará pensando/haciendo al respecto la mayoría, cómo actúa la masa, qué es lo que haría nuestra competencia, y a partir de ahí lo que sugiere la paradoja de Stockdale es actuar en sentido contrario. Pero cuidado, sin caer en el error de actuar llevando la contraria simplemente por oponernos a lo establecido o por querer diferenciarnos, sino porque realmente hemos visto que esto supone una ventaja que podemos aprovechar para mejorar y resultar más competitivos.

La paradoja de Stockdale aplicada a las empresas contribuiría a mirar el futuro sabiendo que al final vamos a tener éxito. Con planificación, metas, repensando el modelo de negocio, creando otro, reestructurando la empresa para prosperar en una nueva normalidad. Sin ‘bajar la guardia’ en los protocolos de bioseguridad, manteniendo una “economía de austeridad” en cuanto a gastos, estando atentos de los cambios del entorno para reaccionar ágilmente a las adversidades, y preparando la empresa ante la posibilidad de rebrotes, aunque sea remota dicha posibilidad.
Si bien nuestras circunstancias son claramente diferentes a las de Stockdale, su sabiduría nos recuerda que ser optimista sobre el futuro, pero al mismo tiempo ser realista sobre el presente, es la mentalidad que necesitamos las personas para tener éxito en los meses por venir. 

El descuido paternal de los '60 y ´70 forjó gran resiliencia adulta

Según este reciente artículo "El descuido benévolo que forjó la generación más resiliente del siglo XX", el hecho de crecer relativamente solos por alta ocupación de sus padres, generó accidentalmente en los años 60 y 70 que aquellas infancias derivasen en adultos emocionalmente robustos y resilientes de la historia moderna.

No fue por una crianza superior, sino por una especie de "negligencia benigna": los padres, ocupados con trabajos múltiples y sus propios problemas, dejaban a los niños solos gran parte del tiempo, obligándolos a autorregularse, resolver problemas y desarrollar "callos emocionales" que la comodidad actual hace casi imposible cultivar. 

El autor contrasta esto con la infancia moderna: hipervigilada, estructurada, con validación constante y protección extrema contra cualquier incomodidad. La ironía paradójica es que al intentar ser "mejores padres", hemos creado una generación con menos habilidades de regulación emocional y resiliencia ante adversidades.

Hay una imagen que muchos adultos mayores de cincuenta años reconocen de inmediato: niños que salen a la calle por la mañana y regresan cuando los faroles se encienden. Sin teléfonos, sin agenda, sin adulto a la vista. Una infancia que, vista desde hoy, parece casi irresponsable. Y sin embargo, la psicología del desarrollo empieza a plantear una pregunta incómoda: ¿fue precisamente esa falta de supervisión lo que produjo una de las generaciones emocionalmente más capaces de la historia reciente?

La tesis no es nostálgica ni trivial. Parte de una observación clínica y sociológica cada vez más documentada: los niños criados en los años sesenta y setenta en contextos occidentales desarrollaron, de forma no planificada, una serie de competencias emocionales y cognitivas que hoy se consideran difíciles de enseñar en entornos estructurados. Autorregulación emocional, tolerancia a la frustración, resolución autónoma de conflictos, capacidad de aburrirse sin desmoronarse. No lo aprendieron en talleres de inteligencia emocional. Lo aprendieron porque no había otra opción.

La adversidad mínima como laboratorio. La psicología del desarrollo lleva décadas estudiando el concepto de estrés tolerable: aquella dosis de dificultad que, lejos de traumatizar, activa mecanismos de adaptación. Cuando un niño se aburre y no hay adulto que lo entretenga, cuando pierde un juego y nadie gestiona su decepción, cuando debe negociar con otros niños sin árbitro adulto, está ejercitando circuitos emocionales que solo se consolidan a través del uso. La experiencia repetida de resolver pequeñas adversidades construye lo que algunos investigadores denominan capital emocional: una reserva interna de recursos que se activa ante las dificultades de la vida adulta.

Las generaciones de posguerra no aplicaban ninguna teoría pedagógica. Los padres, muchos de ellos ocupados en la reconstrucción económica y social, simplemente no tenían tiempo ni herramientas para una crianza intensiva. Lo que en apariencia era dejadez era, en términos funcionales, un espacio de autonomía que el cerebro infantil aprovechó para madurar.

El giro hacia la hiperparentalidad. A partir de los años ochenta y noventa, la cultura occidental fue adoptando progresivamente un modelo de crianza radicalmente distinto: más supervisión, más estructuración del tiempo libre, mayor intervención en los conflictos entre iguales. Las motivaciones son comprensibles —y en muchos aspectos legítimas—: mayor conciencia de los riesgos físicos, entornos urbanos más complejos, acceso a información sobre el desarrollo infantil. Sin embargo, la consecuencia no prevista ha sido privar a muchos niños de las condiciones en las que, precisamente, se desarrolla la resiliencia.

El psicólogo Jonathan Haidt, entre otros investigadores, ha documentado cómo el incremento de la ansiedad, la depresión y la intolerancia a la frustración en las generaciones más jóvenes coincide temporalmente con este viraje hacia una infancia cada vez más protegida y administrada. No se trata de una relación causal simple, pero sí de una correlación que merece atención.

Ni nostalgia ni regreso al pasado. Sería un error leer esta evidencia como una invitación a la negligencia o como una idealización acrítica del pasado. Los años sesenta y setenta presentaban déficits reales en protección infantil, sensibilidad emocional y atención a las necesidades individuales de los niños. La dirección no es volver atrás, sino integrar lo aprendido.

Lo que la psicología contemporánea sugiere es más matizado: que el bienestar infantil no se construye solo eliminando el malestar, sino también permitiendo que el niño lo experimente en dosis manejables y lo procese con creciente autonomía. Que estar presente como figura de apoyo no equivale a resolver cada dificultad antes de que el niño tenga ocasión de intentarlo. Que la incomodidad, cuando no es traumática, puede ser formativa.

La generación de los '60 y '70 no fue forjada por mejores padres. Fue forjada, en parte, por la ausencia calculada —aunque involuntaria— de su intervención. Es una lección que la pedagogía y la psicología familiar todavía están aprendiendo a traducir en recomendaciones prácticas para un mundo que ha cambiado, pero cuya biología infantil permanece, en lo esencial, igual que siempre.

Neurociencia para educar: Acompañar, no controlar

Resumen: Se 
aborda cómo la neurociencia educativa sostiene que educar significa acompañar, no controlar, favoreciendo la autonomía, el pensamiento crítico y la resiliencia en lugar del obedecer mecánico. Esta visión, vinculada con teorías clásicas de parentalismo autoritativo descritas por Diana Baumrind, promueve un equilibrio entre límites claros y respeto emocional, respaldado por hallazgos que destacan la importancia del entorno afectivo y la seguridad emocional para el desarrollo cerebral óptimo. Según la evidencia científica, un enfoque de acompañamiento fortalece la motivación intrínseca y el bienestar del niño.

El Dilema de la Crianza: ¿Somos Carpinteros o Jardineros de la mente?  La tesis central, que resuena con la psicología del desarrollo contemporánea, divide a los progenitores en dos arquetipos fundamentales:  el Carpintero y el Jardinero En la era de la optimización constante, la educación de los hijos se ha convertido, para muchos, en un proyecto de ingeniería de alta precisión. Buscamos el mejor colegio, la actividad extraescolar más disruptiva y el método de disciplina más eficaz, como si estuviéramos ensamblando una pieza de tecnología delicada. Sin embargo, las recientes reflexiones del  Prof. Jiang , popularizadas en plataformas digitales, nos invitan a detenernos y cuestionar la raíz misma de nuestra labor:  ¿Estamos intentando fabricar un producto o cultivar un ser vivo?

Padres Carpinteros: El peso del diseño previo.  El modelo del "Carpintero" es, quizás, el más prevalente en las sociedades competitivas actuales. Este tipo de progenitor opera bajo una premisa clara: el niño es una materia prima que debe ser moldeada según un plano preexistente. El objetivo es la precisión. Si el "producto final" (el adulto) no se ajusta a las especificaciones deseadas —éxito académico, prestigio social, estabilidad emocional rígida—, el Carpintero siente que ha fracasado en su construcción. 

Desde una perspectiva científica, este modelo genera una presión constante tanto en el adulto como en el menor. Al centrarse en el resultado y no en el proceso, se corre el riesgo de asfixiar la plasticidad cerebral del niño. La neurociencia nos indica que el aprendizaje más robusto ocurre a través de la exploración y el error, elementos que el "Carpintero" suele tratar de eliminar para evitar defectos en su obra. El resultado suele ser una fragilidad subyacente: hijos que funcionan bien bajo instrucciones, pero que carecen de la resiliencia necesaria cuando el plano de la vida real deja de encajar.

Padres Jardineros: La creación de un ecosistema Frente a la rigidez de la madera tallada, el Prof. Jiang y teóricos de la talla de Alison Gopnik proponen la figura del Jardinero . Para este tipo de padre, la prioridad no es controlar la forma exacta que tomará la planta, sino garantizar que el suelo sea fértil , que haya suficiente luz y que el entorno esté protegido de tormentas devastadoras, pero expuesto al clima real.

El "Jardinero" no intenta que un rosal se convierta en un roble; su labor es que ese rosal sea la versión más sana y fuerte de sí mismo. En términos educativos, esto se traduce en proporcionar un entorno de seguridad afectiva (apego seguro) que permita al niño tomar riesgos. Aquí, la educación no es una serie de comandos, sino la gestión de un ecosistema donde el niño puede ejercer su autonomía.

Por qué la ciencia se inclina hacia el jardín La biología evolutiva nos ofrece una lección fascinante: la infancia humana es excepcionalmente larga en comparación con otras especies porque nuestro cerebro necesita tiempo para aprender de la imprevisibilidad . Si los padres eliminan toda incertidumbre (como hace el Carpintero), están privando al cerebro en desarrollo de la información necesaria para adaptarse a un mundo cambiante.

El modelo del Jardinero fomenta la auto-determinación. Al no tener un plano rígido que cumplir, el niño desarrolla una motivación intrínseca. No estudia para satisfacer el diseño del padre, sino para entender su propio entorno. Este enfoque reduce significativamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y promueve una salud mental más sólida a largo plazo, ya que el individuo aprende que su valor no depende de su parecido con un ideal, sino de su capacidad de crecimiento.

Un cambio de paradigma necesario Abrazar la filosofía del Prof. Jiang no significa caer en la permisividad o el abandono. Un jardín descuidado se llena de maleza. La crianza tipo "Jardinero" exige, paradójicamente, más atención y paciencia que la carpintería. Requiere observar, escuchar y ajustar el entorno constantemente, aceptando que, a veces, el clima no estará bajo nuestro control.

En última instancia, la pregunta que el Prof. Jiang lanza a la comunidad educativa es profunda: ¿Queremos hijos que sean estatuas perfectas pero inertes, o seres orgánicos capaces de florecer en cualquier terreno? La respuesta definirá no solo la felicidad de nuestras familias, sino la capacidad de la próxima generación para navegar un futuro que ningún plano actual puede predecir.

En uno de esos vídeos breves que condensan ideas complejas con sorprendente eficacia, el profesor Jiang plantea una distinción aparentemente sencilla: dos tipos de padres. La escena es minimalista, casi esquemática, pero su impacto es profundo porque conecta con décadas de investigación en psicología del desarrollo y educación: no todos los estilos parentales generan los mismos efectos en la autonomía, la motivación y el bienestar emocional de los hijos.

Aunque el vídeo no utiliza terminología académica explícita, lo que muestra se corresponde de manera clara con dos enfoques clásicos: el parentalismo controlador frente al parentalismo orientador o acompañante. Esta dicotomía no pretende juzgar intenciones —la mayoría de los padres desean lo mejor para sus hijos—, sino analizar cómo se ejerce la autoridad y qué consecuencias tiene a largo plazo.

El padre que controla: obediencia sin comprensiónEl primer tipo de padre que muestra el profesor Jiang es aquel que decide por el hijo, marca el camino y exige resultados. Su mensaje implícito es: “Yo sé lo que te conviene”. Este estilo parental se basa en normas rígidas, recompensas externas y castigos, con escaso espacio para el diálogo.

Desde el punto de vista psicológico, este modelo se aproxima al estilo autoritario, descrito por Diana Baumrind en los años sesenta. Sus efectos pueden ser positivos a corto plazo: niños obedientes, organizados, aparentemente exitosos en contextos muy estructurados. Sin embargo, la evidencia empírica es clara respecto a sus riesgos: menor autonomía, mayor ansiedad ante el error y una motivación predominantemente extrínseca.

El hijo aprende a cumplir, pero no necesariamente a comprender. Aprende a responder a la autoridad, pero no a autorregularse. Cuando la figura de control desaparece —en la adolescencia tardía o la vida adulta—, el sistema puede colapsar. “La obediencia no es sinónimo de madurez.

El padre que acompaña: autonomía con responsabilidadEl segundo tipo de padre representado en el vídeo adopta un enfoque radicalmente distinto. No empuja ni arrastra: camina al lado. Plantea preguntas, ofrece orientación y acepta que el hijo experimente, incluso que se equivoque.

Este estilo se corresponde con el parentalismo democrático o autoritativo (no confundir con autoritario), ampliamente respaldado por la investigación psicológica. Combina normas claras con afecto, límites con escucha, exigencia con respeto. Aquí, el mensaje implícito es: “Confío en tu capacidad para aprender”. El objetivo no es el resultado inmediato, sino el desarrollo de competencias internas: pensamiento crítico, toma de decisiones, resiliencia y motivación intrínseca.

Numerosos estudios muestran que los hijos educados bajo este modelo presentan mayor autoestima, mejor ajuste emocional y una relación más sana con el esfuerzo y el fracaso. “Educar no es dirigir cada paso, sino enseñar a caminar”.

Ciencia, no moda educativa. Uno de los grandes aciertos del vídeo del Prof. Jiang es su claridad conceptual. No se trata de una moda pedagógica ni de una dicotomía simplista entre “padres buenos” y “padres malos”. Se trata de modelos mentales sobre qué significa educar. La neurociencia educativa refuerza esta visión: el aprendizaje profundo requiere seguridad emocional, autonomía y sentido. El control excesivo activa circuitos de estrés; el acompañamiento favorece la exploración y la consolidación del aprendizaje.

Desde la teoría de la autodeterminación (Deci y Ryan), sabemos que los seres humanos necesitamos tres cosas para desarrollarnos plenamente: autonomía, competencia y relación. El segundo tipo de padre satisface estas tres necesidades; el primero, habitualmente, solo una: la competencia entendida como rendimiento. 

Un espejo incómodo, pero necesario. El éxito del vídeo en YouTube no se debe solo a su sencillez visual, sino a que actúa como un espejo. Muchos padres se reconocen —a veces con incomodidad— en el primer modelo. Y eso abre una oportunidad: repensar la educación como un proceso, no como un control de resultados.

Educar es caminar al lado, no delante. Educar es aceptar la incertidumbre. Es comprender que proteger no es evitar toda caída, sino estar disponible cuando ocurre. Como sugiere el profesor Jiang, la diferencia entre ambos tipos de padres no está en el amor, sino en la confianza.

@profjiangg 2 Type of parents #profjiang #professor #professorjiang #jaing #jiang ♬ Last Hope (Over Slowed + Reverb) - Steve Ralph

Posglobalismo: Reconstruir la civilización al borde del colapso

Proseguimos recomendando libros e ideas, no tanto porque estemos completamente de acuerdo con sus propuestas, sino porque los consideramos referenciales para crearse un criterio propio con fuentes diversas. En Posglobalismo Cómo reconstruir la civilización desde el borde del abismo global, Rais Busom plantea que el globalismo (otros posts) está hoy en crisis porque concentra poder monetario y energético en muy pocas manos, lo que erosiona la prosperidad y la libertad. A lo largo de la obra, combina enfoques de filosofía, economía y física para:

Diagnosticar la crisis globalista: identifica la escasez energética, el control financiero y la manipulación social como pilares del “totalitarismo monetario” que ahoga mercados y sociedades.

Desvelar los mecanismos ocultos del poder: muestra cómo las élites usan la creación de dinero y la tecnología para expandir su influencia y reprimir la autodeterminación de los pueblos. 

Proponer un nuevo paradigma posglobalista: defiende la autodeterminación monetaria mediante criptomonedas, el desarrollo de una bioeconomía energética sostenible y la implantación de una democracia digital descentralizada basada en blockchain y principios termodinámicos.

Posglobalismo es, en suma, un llamado a repensar la arquitectura de nuestra civilización aprovechando las tecnologías emergentes para recuperar la libertad y la resiliencia social. 

Rais Busom es un pensador y autor español especializado en pensamiento crítico y transformación organizacional. A continuación, sus principales datos biográficos: Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona. (Audible.com, Amazon) y completó cursos de Administración de Empresas en ESADE y en Babson College, además de formaciones en Ingeniería de Software y Ciberinteligencia. (Audible.com, Aprende a pensar).

Profesor de Filosofía en Bachillerato y de Informática en Formación Profesional. Ha sido profesor universitario de Ciencia Política en el ICESB e investigador en proyectos de la CIRIT y otras instituciones internacionales. Desarrolla su actividad en el sector privado liderando proyectos de transformación digital y estrategia empresarial, aplicando herramientas de pensamiento crítico para impulsar cambios organizativos. 

Publicaciones destacadas:

Posglobalismo. Cómo reconstruir la civilización desde el borde del abismo global (2025)

Filosofía para directivos (2023) (La Vanguardia)

La espía que soñaba (2022) (La Vanguardia)

Aprende a pensar como un gurú. Las 10 fuerzas del pensamiento crítico (2022) (Aprende a pensar)

En conjunto, Rais Busom combina su formación filosófica con metodologías de gestión y tecnología para ofrecer enfoques innovadores en la mejora del pensamiento crítico y la resiliencia organizacional.

Michael Lennox Blake: Un modelo de resiliencia

Leed el tuit final del post, con la historia de estos dos amigos.

Hay muchas biografías de escritores y guionistas que son dignas de estudio. En próximos días publicaremos varias. Hoy comenzamos con Michael Blake, oscarizado guionista de "Bailando con lobos".

Michael Blake nació como Michael Lennox Webb en Fort Bragg, Carolina del Norte, y ahí conoció el ambiente militar, pues al ejército pertenecía su padre. El apellido Blake con el que firmaría sus escritos lo tomó de su madre. Él mismo trabajó en las fuerzas aéreas, aunque escribir le gustaba, y lo hizo en el periódico de la base donde estaba destinado. Estudió además en la Universidad de Nuevo México, aunque luego se matriculó en Berkeley en la Escuela de Cine de la Universidad de California. Allí hizo buenas migas con Jim Wilson, y con un entonces desconocido Kevin Costner

El primer  guión de Michael Blake llevado al cine fue Stacy's Knights (1983). Una cinta que pasó sin pena ni gloria, con Kevin Costner de protagonista. Blake no se desanimó, y siguió escribiendo guiones que nunca llegaban a ser producidos.

La suerte de Blake cambió cuando leyó el libro “Bury My Heart at Wounded Knee” de Dee Brown, que describía las penalidades sufridas por los nativos americanos a manos del hombre blanco. Tuvo la idea entonces de contar la historia de un soldado que sufre una transformación tras su contacto con los sioux. Cuando la compartió con su amigo Costner, no pudo recibir un consejo mejor: debía escribir una novela, y entonces quizá le tomarían en serio cara a una posible película. Dicho y hecho se puso a ello, aun a costa de empleos precarios e ir más que justo de dinero. 

El caso es que publicó el libro Bailando con lobos en 1988 y poco después sería el mismísimo Kevin Costner quien le diría que quería dirigir, producir y protagonizar la adaptación fílmica. La novela se vendió muy bien, la película supuso el renacimiento del que parecía un género muerto, el western, y al éxito de público acompañaron los premios, 7 Oscar, incluido el de mejor película, además del de mejor guión adaptado para Blake. 

Visto el buen resultado, Blake continuó su carrera como novelista, y publicó “Airman Mortensen” en 1991 e incluso una secuela de las aventuras del teniente Dunbar en "Bailando con lobos", “The Holy Road”, que no tendría la misma acogida. Delicado de salud –había tenido un linfoma y le habían hecho un doble bypass–, su corazón no resistió, y murió el 2 de mayo de 2015 a los 69 años. Le sobreviven su esposa y tres hijos, cuyos nombres de pila beben de las raíces indias de América.
Michael Lennox Blake, guinista, es un caso de resiliencia.

40 consejos para vivir muchos años, según Chat GPT

Pregunta: Dame 40 consejos para vivir muchos años, ordenados por su impacto en la longevidad de una persona

Respuesta de ChatGPT 3.5:

La longevidad de una persona está influenciada por una combinación de factores genéticos, estilo de vida y cuidado personal. A continuación, te presento 40 consejos para vivir muchos años, ordenados por su impacto en la longevidad, según la evidencia científica disponible hasta mi última actualización en septiembre de 2021. Ten en cuenta que la ciencia sigue avanzando, por lo que es importante consultar fuentes actualizadas y profesionales de la salud para obtener consejos específicos para tu situación individual.

1-10: Factores más impactantes en la longevidad:

  • No fumar: El tabaquismo reduce significativamente la esperanza de vida.
  • Mantener un peso saludable: La obesidad está relacionada con muchas enfermedades crónicas.
  • Dieta equilibrada: Consume frutas, verduras, granos enteros, proteínas magras y grasas saludables.
  • Ejercicio regular: Al menos 150 minutos de actividad aeróbica moderada por semana.
  • Controlar la presión arterial: La hipertensión aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
  • Mantener el azúcar en sangre bajo control: Especialmente importante para personas con diabetes.
  • Limitar el consumo de alcohol: En exceso, el alcohol puede causar problemas de salud graves.
  • Dormir lo suficiente: La falta de sueño puede afectar negativamente la salud a largo plazo.
  • Manejar el estrés: Prácticas como la meditación y el yoga pueden ayudar a reducir el estrés.
  • Mantener relaciones sociales fuertes: La conexión social está asociada con una mayor longevidad.

11-20: Mantener la mente y el cuerpo activos:

  • Estimular el cerebro: Lee, aprende nuevas habilidades, haz crucigramas, etc.
  • Mantener la vida sexual activa: La intimidad puede tener beneficios para la salud.
  • Evitar el aislamiento social: La soledad puede ser perjudicial para la salud mental y física.
  • Participar en actividades sociales: Ser parte de una comunidad puede proporcionar apoyo emocional.
  • Hacer chequeos médicos regulares: La detección temprana puede prevenir problemas graves.
  • Mantener una postura adecuada: Una postura correcta puede prevenir problemas de espalda y mejorar la respiración.
  • Evitar caídas: Practica el equilibrio y fortalece los músculos para prevenir caídas.
  • Mantener la higiene bucal: La salud oral está relacionada con la salud general del cuerpo.
  • Vacunarse: Las vacunas ayudan a prevenir enfermedades infecciosas.
  • Limitar el consumo de cafeína: En exceso, puede interferir con el sueño y aumentar la ansiedad.


21-30: Estilo de vida y enfoque mental:

  • Cultivar la gratitud: La actitud positiva puede tener un impacto en la salud.
  • Practicar la resiliencia: Aprender a enfrentar desafíos de manera positiva.
  • Cuidar de las relaciones familiares: Relaciones familiares saludables pueden proporcionar apoyo emocional.
  • Evitar el consumo excesivo de medicamentos: Sólo toma medicamentos recetados y de venta libre según las indicaciones.
  • Desarrollar pasatiempos creativos: Estimula la mente y proporciona alegría.
  • Evitar el exceso de trabajo: El agotamiento puede afectar negativamente la salud.
  • Fomentar la autoaceptación: La autoaceptación está vinculada a una mejor salud mental.
  • Practicar la empatía: Relacionarte bien con los demás puede aumentar tu bienestar emocional.
  • Mantener una actitud abierta: La mente abierta a nuevas experiencias puede fomentar la adaptabilidad.
  • Evitar la rumiación: No te obsesiones con problemas pasados; busca soluciones.

31-40: Entorno y hábitos diarios:

  1. Reducir la exposición a toxinas: Evita el contacto excesivo con productos químicos y contaminantes ambientales.
  2. Evitar el exceso de sol: Usa protector solar y evita la exposición excesiva al sol.
  3. Aprender a relajarte: Practica técnicas de relajación como la respiración profunda.
  4. Tener un propósito de vida: Tener metas y aspiraciones puede aumentar la longevidad.
  5. Fomentar relaciones positivas: Rodearte de personas que te apoyen y te hagan feliz.
  6. Vivir en un entorno seguro: La seguridad en el hogar y en el vecindario es crucial para evitar accidentes.
  7. Tener acceso a atención médica: La atención médica regular es esencial para mantener la salud.
  8. Fomentar un ambiente tranquilo: Encuentra momentos de paz y tranquilidad en tu día.
  9. Reducir el ruido: La exposición prolongada al ruido puede tener efectos negativos en la salud.
  10. Mantener una actitud positiva: La positividad puede fortalecer la resiliencia ante desafíos.

Recuerda que estos consejos son generales y pueden no aplicarse a todas las personas por igual. Consultar a un profesional de la salud es crucial para recibir orientación personalizada sobre cómo mejorar tu longevidad y calidad de vida.

Más posts sobre longevidadImágenes vía DALL.E. Tuit de bonus. 

El mejor legado: la pobreza

Desde el minuto 2:22.

Agradezco a mis padres por su mayor regalo, que fue la pobreza”, dijo Roberto Benigni cuando recogió su Óscar en 1999 por su actuación en "La vida es bella"

Hablaba en serio. No fue una broma. Lo explicó así: "Tengo dos hermanas, solo teníamos una cama y dormíamos todos en ella. Mis padres, mis hermanas y yo. Los mejores momentos de mi vida pertenecen a mi infancia. Mis padres me enseñaron mucho, aunque no sabían leer ni escribir.

En nuestra pobreza, éramos príncipes, aristócratas. Éramos los dueños del mundo y era hermoso. Es la pobreza la que te hace rico. Cuando perteneces al mundo, el mundo te pertenece".

Es un ejemplo maravilloso de resiliencia y de amor filial. Muchos otros posts sobre la resiliencia.
“Agradezco a mis padres por su mayor regalo, que fue la #pobreza”. Roberto #Benigni. En nuestra pobreza, éramos príncipes, aristócratas. Éramos los dueños del mundo y era hermoso. Es la pobreza la que te hace rico.