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Historia de LUBE: Todas sus motocicletas (1947 a 1967)

LUBE: Todos sus modelos de motocicleta ordenados por fecha de lanzamiento. La historia de LUBE ocupa un lugar singular en la industrialización motociclista española de la posguerra. Nacida en el entorno de Bilbao y vinculada estrechamente a Lutxana, en Barakaldo, la marca fue fundada por el ingeniero y antiguo piloto Luis Bejarano Murga. Entre 1947 y 1967 produjo una sucesión de motocicletas que permiten recorrer, casi como en un laboratorio histórico, la evolución de la moto española: desde las sencillas máquinas utilitarias de dos tiempos hasta las deportivas Renn capaces de superar los 120 km/h.

Conviene advertir que no existe una única nomenclatura histórica completamente uniforme. Catálogos, archivos de aficionados y fuentes museísticas utilizan en ocasiones denominaciones diferentes para versiones o evoluciones de un mismo modelo. Por ello, la siguiente cronología distingue las principales familias y variantes documentadas, indicando el año de aparición o el inicio aproximado de fabricación. 

1947 — LUBE A-99. La A-99 fue la primera gran motocicleta de producción de LUBE. Presentada en 1947, derivaba de los prototipos LBM desarrollados previamente por Bejarano y utilizaba un motor monocilíndrico de dos tiempos cercano a 100 cm³. Con unos 4,3 CV y cambio de tres velocidades, era una máquina concebida fundamentalmente para la movilidad cotidiana en una España con una red viaria todavía precaria. Su sencillez, robustez y precio contribuyeron a que fuese conocida popularmente como «la moto del pueblo». Se fabricaron alrededor de 2.000 unidades de esta primera serie. 

1950 — LUBE B-25 y D-25. La expansión de la gama llevó a LUBE hacia los 125 cm³. Aparecieron las variantes B-25 y D-25, con motores de dos tiempos de unos 123,6 cm³ y alrededor de 5,2 CV. La D-25 se mantuvo durante varios años y representa la consolidación de LUBE como fabricante nacional de motocicletas de cilindrada media. Algunas fuentes sitúan su fabricación entre 1950 y 1953/54.

1953 — LUBE 150. A comienzos de los años cincuenta apareció una LUBE de aproximadamente 150 cm³, destinada a quienes necesitaban mayores prestaciones que las proporcionadas por las 100 y 125. Su motor de dos tiempos desarrollaba alrededor de 6,7 CV y permitía alcanzar unos 80-85 km/h. Fue fabricada aproximadamente entre 1953 y 1957. 

1954 — LUBE 125 T. La 125 T, producida aproximadamente entre 1954 y 1958, continuó la filosofía utilitaria de la marca. Su motor de 123,6 cm³ proporcionaba unos 5,2 CV. Estas motocicletas participaron en las célebres pruebas de resistencia Bilbao-Málaga-Bilbao, utilizadas por LUBE como extraordinaria herramienta publicitaria y deportiva. 

1955 — LUBE 125 Sport. La versión 125 Sport introdujo una orientación más dinámica. La primera serie, fabricada aproximadamente entre 1955 y 1957, alcanzaba unos 90 km/h; una segunda evolución, entre 1957 y 1960, elevó sus prestaciones hasta aproximadamente 95 km/h. La aparición de estas variantes muestra cómo el mercado español comenzaba a demandar motocicletas que no fueran exclusivamente instrumentos de transporte. 

1955 — LUBE-NSU Max 250 y Super-Max. Uno de los episodios tecnológicos más interesantes fue el acuerdo alcanzado con la alemana NSU. Desde mediados de los cincuenta LUBE ensambló en España las NSU Max de 250 cm³, comercializadas como LUBE-NSU. La Max utilizaba un sofisticado monocilíndrico de cuatro tiempos de 247 cm³, con distribución OHC, muy diferente de los pequeños motores de dos tiempos habituales en la producción española. Existieron las versiones Max y Super-Max, esta última con mejoras en la suspensión trasera. La producción/ensamblaje se sitúa aproximadamente entre 1955 y 1958.

1956 — LUBE 75 S. La 75 S, con motor de 72,6 cm³ y unos 3,25 CV, amplió la oferta hacia las cilindradas pequeñas. Fabricada aproximadamente entre 1956 y 1961, representaba una opción económica para un público con menores necesidades de potencia. 

1956 — LUBE 99 y 99 S. Las nuevas 99 y 99 S actualizaron la pequeña cilindrada que había inaugurado la A-99. Las diferentes evoluciones ofrecían aproximadamente entre 4 y 5,5 CV. Estas variantes permanecieron en catálogo hasta alrededor de 1960. 

1956 — LUBE 125 P. La 125 P introdujo una característica muy reconocible: su configuración semicarenada. La tradición popular llegó a apodarla «la moto del cura», por la protección que ofrecía al conductor. Se fabricó aproximadamente entre 1956 y 1957. 

1958 — LUBE 125 E. La 125 E fue una de las últimas evoluciones de la familia utilitaria clásica. Con unos 6,8 CV, podía alcanzar alrededor de 85 km/h y permaneció en fabricación hasta 1960. El mismo periodo estuvo marcado por otra colaboración con NSU: LUBE llegó a ensamblar el ciclomotor NSU Quickly, aunque debe considerarse un producto NSU ensamblado por LUBE y no necesariamente un modelo genuinamente diseñado por la marca vasca. 

1960 — LUBE Renn I 125. Con la Renn comenzó una nueva etapa. Presentada alrededor de 1960 tras finalizar la colaboración tecnológica con NSU, la Renn 125 incorporaba un motor de dos tiempos de 125 cm³, cambio de cuatro velocidades y una concepción claramente deportiva. Con unos 10,2 CV y una velocidad máxima próxima a 110 km/h, suponía un salto enorme respecto a las LUBE utilitarias. Su característica rueda trasera carenada contribuía a su personalidad estética. (Wikipedia⁠)

1961 — LUBE Renn II 150. La Renn II, de unos 150 cm³, elevó la potencia hasta aproximadamente 11,5 CV y la velocidad máxima hasta unos 120 km/h. Su comportamiento inicial planteó problemas de estabilidad a alta velocidad, que posteriormente fueron abordados mediante modificaciones en la suspensión y el bastidor. 

1962 — LUBE Renn 125 TR. La Renn 125 TR fue la transformación radicalmente deportiva de la familia. Con una potencia que algunas fuentes sitúan en torno a 19 CV y una velocidad máxima próxima a 130 km/h, se convirtió en una de las LUBE más apreciadas por pilotos y aficionados. Las Renn tuvieron además una importante presencia deportiva y fueron utilizadas por organismos oficiales, incluida la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, circunstancia que contribuyó a su popularidad. (Terranea Seguros⁠)

1962-1965 — LUBE Yack 150. La Yack 150 constituye una de las propuestas más singulares de la marca. Concebida para un uso de campo, utilizaba un motor de unos 148 cm³ y alrededor de 19 CV. Su producción se sitúa aproximadamente entre 1962 y 1965. Fue una anticipación, todavía rudimentaria, del creciente interés por las motocicletas capaces de abandonar el asfalto. 

1964 — LUBE Le Mans 125. La Le Mans 125 trasladó la filosofía de las Renn a una motocicleta de aspecto deportivo y líneas particularmente modernas para su época. Con unos 18 CV, podía alcanzar aproximadamente 130 km/h. Su estética ligera y futurista constituye hoy uno de los rasgos más atractivos del patrimonio motociclista de LUBE. (Fricandó motarra⁠)

1964 — LUBE Izaro 150. La Izaro 150 fue una alternativa más orientada al turismo. Su motor de dos tiempos de unos 148 cm³ entregaba aproximadamente 14 CV y permitía alcanzar unos 125 km/h. El nombre Izaro, evocador de la isla vizcaína, encaja además con una etapa en la que LUBE intentaba diversificar su catálogo frente a la creciente competencia. 

1964-1965 — LUBE Cóndor 150. La Cóndor 150, deportiva y de prestaciones particularmente elevadas para su cilindrada, cerró prácticamente la evolución de las LUBE convencionales. Las fuentes consultadas sitúan su potencia alrededor de 20 CV y su velocidad máxima en torno a 140 km/h, cifras extraordinarias para una motocicleta española de dos tiempos de mediados de los años sesenta. 

Una cronología resumida1947: A-99. 1950: B-25 / D-25. 1953: 1501954: 125 T. 1955: 125 Sport / LUBE-NSU Max y Super-Max 2501956: 75 S / 99 / 99 S / 125 P. 1958: 125 E1960: Renn I 1251961: Renn II 150. 1962: Renn 125 TR / Yack 150. 1964: Le Mans 125 / Izaro 1501964-1965: Cóndor 150.

Esta relación debe entenderse como una cronología de familias y variantes principales, no como un inventario administrativo de cada modificación de chasis, motor, carburación o acabado. Las fuentes históricas presentan algunas discrepancias de fechas, especialmente alrededor de las primeras 125 y de las denominaciones Renn. 

El final de LUBE. La trayectoria de LUBE terminó en 1967, cuando la crisis del sector motociclista español, la pérdida de ventas, las dificultades financieras y la falta de renovación suficiente del producto hicieron inviable la continuidad de la empresa. Su desaparición no resta importancia a su legado. Durante dos décadas, LUBE contribuyó a crear una auténtica industria motociclista vasca y española, generó empleo industrial en Barakaldo y acompañó la transformación social de la posguerra.

Vista con perspectiva histórica, la evolución resulta especialmente reveladora: de la A-99 de 1947 a la Cóndor de mediados de los sesenta hay menos de veinte años, pero media una revolución tecnológica. Se pasó de unos 70 km/h y motores sencillos de tres velocidades a motocicletas de 140 km/h, cuatro velocidades y una marcada vocación deportiva. Por eso LUBE no es únicamente una marca desaparecida. Es también una pieza del patrimonio industrial vasco y un capítulo fundamental de la historia de la movilidad española.

@agirregabiria

Colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano

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El legado póstumo de Bolaño y su novela total, 2666

Cuando Roberto Bolaño murió en 2003, dejó tras de sí un manuscrito descomunal que sus editores decidieron publicar como una sola obra, en contra de su voluntad expresa de dividirla en cinco libros independientes para asegurar el sustento económico de sus hijos. Esa tensión entre la voluntad del autor y la decisión editorial ya anticipa algo esencial de 2666: es una novela que se resiste a la unidad, que se fragmenta y se recompone constantemente, y que exige del lector una entrega casi física ante sus más de mil páginas.

La estructura de la novela, dividida en cinco partes que pueden leerse de manera relativamente autónoma, ha generado desde su publicación un debate crítico persistente sobre su naturaleza: ¿es una novela total, heredera del ambicioso proyecto de Los detectives salvajes, o es más bien un archipiélago de relatos unidos por una gravedad común? La parte de los críticos, la parte de Amalfitano, la parte de Fate, la parte de los crímenes y la parte de Archimboldi funcionan como satélites que orbitan alrededor de un centro oscuro: la ciudad ficticia de Santa Teresa, trasunto evidente de Ciudad Juárez, y los feminicidios que allí se suceden con una impunidad sistemática.

La parte de los crímenes es, sin duda, el corazón moral y estético del libro, y también su zona más discutida. Bolaño narra allí, con una prosa deliberadamente forense y repetitiva, el hallazgo de decenas de cadáveres de mujeres asesinadas, en un catálogo que roza lo insoportable precisamente por su sequedad administrativa. Esta estrategia narrativa ha sido leída como un gesto ético radical: al negarse a la truculencia o al sentimentalismo, Bolaño obliga al lector a confrontar la banalización de la violencia y la complicidad institucional que la perpetúa, sin ofrecerle el consuelo narrativo de una resolución.

El resto de la novela funciona como una vasta constelación de digresiones, historias secundarias y personajes que aparecen y desaparecen sin que sus tramas se cierren del todo. Esta arquitectura errática no es un defecto, sino el método bolañesco por excelencia: la literatura entendida como un mal infinito, como escribió el propio autor, que se extiende y contamina todo lo que toca. El escritor alemán Benno von Archimboldi, cuya identidad y paradero atraviesan la novela como un enigma que nunca termina de resolverse del todo, encarna la idea de que la literatura puede ser, simultáneamente, refugio y abismo, vocación y maldición.

2666 puede leerse también como una reflexión sobre el mal en el siglo XX y sus prolongaciones contemporáneas, un mal que no se agota en el nazismo evocado a través de Archimboldi ni en los crímenes de Santa Teresa, sino que parece infiltrarse en las estructuras mismas del lenguaje y de la razón académica, representada con ironía corrosiva en la parte de los críticos. La erudición, la crítica literaria, el mundo universitario, aparecen aquí sometidos a una mirada escéptica que no excluye la ternura hacia sus personajes, siempre a medio camino entre la comedia y la desolación.

Casi dos décadas después de su publicación póstuma, 2666 se ha consolidado como una de las novelas centrales de la literatura hispanoamericana del siglo XXI, un texto que desafía las categorías de género y que sigue generando lecturas divergentes. Su ambición totalizadora, su negativa a ofrecer consuelo y su fe obstinada en la literatura como forma de conocimiento la convierten en una obra que no se cierra nunca del todo, como si el propio libro hubiera heredado la estructura inconclusa de la búsqueda que narra. 

Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953 – Barcelona, 2003) creció entre Chile y México, país donde llegó en 1968 y donde se vinculó a los círculos literarios de vanguardia, fundando junto a Mario Santiago Papasquiaro el movimiento infrarrealista, una reacción irreverente contra el stablishment poético mexicano de la época. Regresó brevemente a Chile en 1973, donde fue detenido tras el golpe de Pinochet, episodio que marcaría buena parte de su imaginario posterior sobre la violencia y el exilio.

Se instaló definitivamente en España en 1977, primero en Francia y luego en Cataluña, donde combinó trabajos precarios —vendimiador, vigilante nocturno, lavaplatos— con una escritura poética que durante años no le proporcionó reconocimiento ni sustento. Solo a partir de los años noventa, ya instalado en la narrativa, comenzó a construir la obra que lo consagraría: La literatura nazi en América (1996), Estrella distante (1996) y, sobre todo, Los detectives salvajes (1998), que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos y lo situó como una de las voces mayores de la literatura en español.

Diagnosticado de una grave enfermedad hepática, Bolaño escribió sus últimos años contra el tiempo, dejando inconclusa a su muerte la novela 2666, publicada póstumamente en 2004. Su obra, marcada por el exilio, la amistad literaria, la violencia política y una fe inquebrantable en la literatura como forma de resistencia, lo ha convertido en una referencia ineludible de las letras hispanoamericanas contemporáneas.

Resumen2666: la novela como abismo total de Bolaño. La parte de los crímenes: ética y violencia en 2666. Archimboldi, el enigma que sostiene toda la novela. Cinco libros, una sola herida abierta. La erudición bajo sospecha en el universo de Bolaño. Por qué 2666 sigue desafiando las categorías del género.

@andresmurillorico #literatura #booktokenespañol #lecturas #RobertoBolaño ♬ Epic Music(863502) - Draganov89

73 años tratando de vivir, aprender, compartir y amar

Family Agirregabiria: Carmen, Leire, Mikel y Aitor TOP ¿1989?
Foto de hace 37 años, ya con hijos y mirando al futuro
Gracias a quienes habéis recordado este 73º cumpleaños,...

Cumplir 73 años invita, más que a celebrar, a pensar. No en el sentido solemne de quien se siente obligado a justificar su trayectoria, sino en el de quien reconoce que la vida, vista con la distancia que da el tiempo, se parece más a un cuaderno de campo que a una autobiografía ordenada. Hoy, al mirar atrás, descubro que mis pasos —a veces firmes, a veces vacilantes— han estado guiados por una convicción persistente: la educación, la ciencia, la filosofía y la sociología no son disciplinas aisladas, sino formas complementarias de comprender y mejorar el mundo.

He vivido estos 26.663 días entre dos Viernes Santo (el de 1953 y de 2026) como un aspirante a aprendiz constante. La docencia me enseñó que el aula es un laboratorio de humanidad, un espacio donde las ideas se ensayan, se discuten y, con suerte, se transforman. Cada estudiante que he encontrado ha sido una pregunta nueva, una invitación a revisar mis certezas. Quizá por eso nunca he sentido la tentación de convertirme en un profesor que dicta verdades; siempre me he sentido más cómodo como acompañante intelectual, como quien abre puertas y señala caminos sin imponer destinos.

La escritura, por su parte, ha sido mi modo de ordenar el pensamiento. No escribo para dejar un legado, sino para comprender mejor aquello que me inquieta: la aceleración tecnológica, los cambios culturales, las tensiones entre tradición y modernidad, la fragilidad de los vínculos humanos. A veces me pregunto si mis textos han logrado acompañar a otros en sus propias búsquedas. Me basta con saber que, al menos, han sido honestos con mis dudas y mis esperanzas.

A los 73 años, descubro que la sociología me ha enseñado a mirar lo colectivo sin perder de vista lo singular. La filosofía, a preguntar sin prisa. La literatura, a escuchar los matices de la experiencia humana. Y la educación, a confiar en que cada generación trae consigo una forma inédita de interpretar el mundo. Esa confianza es, quizá, mi mayor celebración: seguir creyendo que el futuro merece ser pensado con rigor, pero también con ternura.

No puedo negar que el paso del tiempo deja su huella. Sin embargo, lejos de sentirlo como un límite, lo vivo como una ampliación del horizonte. La edad me ha regalado una perspectiva que no tenía a los treinta ni a los cincuenta: la capacidad de aceptar la complejidad sin necesidad de resolverla del todo. Hoy sé que la vida intelectual no consiste en acumular respuestas, sino en cultivar preguntas que nos mantengan despiertos.

Este cumpleaños no es un cierre, sino un umbral. Me gustaría seguir escribiendo, enseñando, conversando, aprendiendo. Me gustaría seguir participando en debates que incomoden y en proyectos que ilusionen. Me gustaría, sobre todo, seguir siendo parte de una comunidad que cree en el valor del pensamiento crítico y en la fuerza transformadora de la educación.

Si algo he aprendido en estas siete décadas largas es que la vida se sostiene en los vínculos: los que construimos con quienes nos rodean, los que tejemos con las ideas y los que mantenemos con nosotros mismos. Hoy celebro esos vínculos. Celebro el privilegio de haber vivido rodeado de personas curiosas, generosas y exigentes, especialmente Carmen (53 años juntos), nuestros hijos, nietos, sobrinas, ahijadas y ahijados. Celebro la oportunidad de seguir aportando, aunque sea modestamente, a un mundo que necesita más reflexión y menos estridencia.

Julen jugando con su primer periódico... en papel TOP
A mis 73 años y por todas ellas y ellos, sigo creyendo que pensar es un acto de esperanza. Y hoy, más que nunca, quiero seguir practicándolo. Aún hay tiempo para libros sin leer, ideas sin madurar, lectores sin encontrarQuiero seguir escribiendo. Quiero seguir aprendiendo. Quiero seguir creyendo —con Spinoza (posts), con Arendt (posts), con todos los pensadores que han acompañado estas páginas— que el conocimiento es el camino más corto hacia la solidaridad, y que la ignorancia es siempre el origen del miedo.
 

Live is life: La doble vida del mayor éxito de OPUS

"Live Is Life", otra de nuestras canciones preferidas de los años '80, fue el himno fortuito que unió dos Europas y definió una era. En la historia de la música hay canciones que trascienden su propio marco sonoro para convertirse en símbolos de una época, en banderas involuntarias de sentimientos colectivos. "Live Is Life" del grupo austríaco OPUS es una de ellas. 

La historia de la canción comenzó de manera casi accidental. El 2 de septiembre de 1984, Opus celebraba su 11.º aniversario con un concierto en el estadio de Oberwart, Austria. Allí interpretaron por primera vez Live Is Life en directo —entre vítores y aplausos de una audiencia entusiasta— y, debido a una falla técnica en la grabación inicial, tuvieron que repetir la canción como bis, lo que capturó la energía del momento de manera auténtica y espontánea.

Más allá de su pegadiza melodía y su coro edificante, esta canción es un fascinante estudio de caso sobre cómo el arte puede adquirir significados imprevistos, navegando sobre las olas de la historia. No es solo un éxito pop; es un puente musical que conectó el Este y el Oeste en un momento crucial del siglo XX, un fenómeno cultural que merece ser diseccionado.

Autores: OPUS y el Genio de Ewald Pfleger. OPUS se formó en 1973 en Graz, Austria, consolidándose como una de las bandas de rock más importantes del país germanoparlante. Su figura central era (y sigue siendo) Ewald Pfleger (nacido en 1953, nuestro año), el vocalista, teclista y principal compositor. Pfleger, un músico de formación clásica (piano y violín), siempre buscó fusionar el rock con elementos sinfónicos y corales, creando un sonido grandilocuente y emotivo que se conocería como "rock andaluz" o "rock sinfónico".

Fue Pfleger quien, en 1984, compuso "Live Is Life" ("Leben ist Leben" en su versión original en alemán). La canción nació casi por accidente durante una sesión de improvisación en vivo en un concierto en el estadio de Graz. La línea de bajo hipnótica y la estructura de llamada-respuesta con el público se gestaron en ese momento de pura conexión. La letra, aparentemente simple y universal, habla de unidad, celebración y la fuerza creadora de la vida: "Cuando todos dan energía / Cuando todos dan lo mejor / Entonces la vida es vida". Pfleger concibió la canción como un himno a la vitalidad y la comunidad, sin sospechar el vuelco histórico que tomaría.

El álbum "Live Is Life" se publicó en 1985, y el sencillo homónimo se convirtió en un éxito instantáneo en gran parte de Europa. Su vídeo musical, filmado en ese mismo concierto en Graz con miles de fans coreando y moviendo pañuelos blancos, reforzó su poder de himno colectivo. Alcanzó el número 1 en países como Alemania, Suiza y Austria, y llegó al top 10 en varias listas europeas. Su versión en inglés, grabada poco después, globalizó su mensaje.

La Influencia Histórica: El Himno no Oficial de la Perestroika y la Caída del Telón de Acero. Aquí es donde la historia de "Live Is Life" da un giro extraordinario. A finales de los 80, mientras Occidente coreaba la canción en estadios, en los países del bloque soviético (especialmente en la Unión Soviética y Alemania Oriental) la canción comenzó a filtrarse de manera clandestina. Se convirtió en un fenómeno de culto.

Su letra, interpretada como un canto a la libertad, la unidad y el poder del pueblo, resonó profundamente con una juventud ávida de cambio. La canción fue adoptada de manera no oficial por los movimientos pro-democracia. Cuando en 1989 el Telón de Acero comenzó a resquebrajarse, "Live Is Life" sonó en manifestaciones y reuniones. Era una canción occidental, pero su mensaje era lo suficientemente universal y ambiguo como para eludir la censura directa, transformándose en un símbolo de esperanza y cambio pacífico.

Para millones de personas en el Este, OPUS no era solo una banda de rock; eran los portadores de un himno que sintetizaba sus aspiraciones. Este capítulo convierte a "Live Is Life" en mucho más que un éxito comercial: es un artefacto musical de la Guerra Fría tardía, un testimonio del poder de la cultura pop para penetrar fronteras políticas y alimentar el imaginario de una revolución pacífica.

Legado y Relevancia Actual: "Hoy, "Live Is Life" sigue siendo un must en los eventos deportivos (especialmente de fútbol), festivales y publicidad. Su riff de bajo es inmediatamente reconocible. Pero conocer su historia dual —su origen como himno de estadio y su adopción como banda sonora de un cambio histórico— enriquece profundamente su escucha.

La canción nos habla de la capacidad del arte para adquirir significados imprevistos por su autor. Es un recordatorio de que, en ocasiones, la cultura se adelanta a la política, creando marcos emocionales compartidos que pueden, incluso, ayudar a derribar muros.

Escuchar "Live Is Life" hoy es hacer un viaje en el tiempo. Es revivir la efervescencia de un concierto de los 80, pero también es conectar con un momento de vértigo histórico donde todo parecía posible. La genialidad involuntaria de Ewald Pfleger y OPUS fue crear una cápsula musical lo suficientemente abierta como para que medio mundo proyectara en ella sus sueños de libertad y unidad. En ese sentido, "Life Is Life" no solo habla de la vida; es un vibrante testimonio de cómo la vida, en su búsqueda de expresión y conexión, puede escribir la historia a través de una canción.

@gonzowav Live is life: OPUS y el nacimiento de un himno mundial #inspiration #animation #opus ♬ sonido original - GONZOWAV

Sexus, Nexus, Plexus: Viaje a la libertad de Henry Miller

La llamada "Trilogía Rosada o La crucifixión rosa" de Henry Miller, compuesta por Sexus (1949), Plexus (1953) y Nexus (1960), no es simplemente una serie de novelas; es un monumental y a menudo escandaloso examen autobiográfico de la vida, el arte, la sexualidad y la búsqueda de la identidad en la América de principios del siglo XX. Escritas en sus años de exilio en París, estas obras son una continuación del espíritu transgresor que definió al autor en sus anteriores Trópicos, pero con un enfoque más centrado en su desarrollo como artista y su relación con la segunda esposa, June Edith Smith (Mara en la ficción).

Miller concibió la trilogía como una exploración exhaustiva de su vida en la veintena, justo antes de su decisivo viaje a París. El eje central es su lucha por liberarse de la vida burguesa y el trabajo de oficina, y su despertar a la vida sexual y artística bajo la influencia de Mara, una figura compleja y casi mítica que lo inspira y lo atormenta. 

1. Sexus (1949): Se centra en el despertar sexual de Miller (aquí llamado Walter "Wally" Gorton) y su tormentosa relación con Mara. La novela es un torrente de memoria, fantasía y reflexión, entrelazado con descripciones explícitas de encuentros sexuales que, en su momento, provocaron cargos de obscenidad.

El libro traza la vida de Miller en Brooklyn, su matrimonio fallido con su primera esposa (Maude) y el comienzo de su obsesión destructiva y creativa con Mara. La libertad sexual es presentada no como un fin en sí mismo, sino como un vehículo para la liberación espiritual y artística. Miller se rebela contra las convenciones sociales, buscando una autenticidad brutal. 

"Debes hacer de la vida una aventura. Y el primer paso es negarse a servir como esclavo de cosas que no necesitas, de un trabajo que no te gusta, de una existencia que te vacía." 

2. Plexus (1953)El enfoque se desplaza hacia la lucha por sobrevivir económicamente mientras intenta definirse como escritor. El título hace referencia a un "entrelazamiento" o "red" (como el plexo solar), y la novela teje las experiencias de Miller con una serie de trabajos absurdos y humillantes (como su famoso empleo en la Oficina Telegráfica Cosmocrática, o The Cosmodemonic Telegraph Company) y su esfuerzo por encontrar tiempo y espacio para escribir.

La relación con Mara continúa, pero la narrativa se enriquece con largas divagaciones sobre el arte, la filosofía, la literatura, y la naturaleza de la existencia. Plexus es quizás el más reflexivo de los tres libros, profundizando en la mente de Miller y su proceso creativo. Es una defensa apasionada de la vida bohemia.

"El mundo tiene que ser constantemente destruido y reconstruido en el crisol de tu propia mente. Tienes que recrearlo si quieres comprenderlo, si quieres amarlo."

3. Nexus (1960)Concluye la trilogía narrando la inminente partida de Miller hacia Europa y la culminación de su relación con Mara. El título alude al "vínculo" o "conexión" final, el momento en que se cortan los lazos que lo atan a su vida anterior.

La novela profundiza en la naturaleza ilusoria y parasitaria de Mara, cuya infidelidad y manipulación se vuelven insostenibles. Al final, el viaje a Europa no es solo una huida de Mara o de América, sino un acto de fe en sí mismo como escritor, una aceptación de su destino. El arte se convierte en el vínculo supremo, reemplazando la obsesión amorosa. Nexus es el adiós a su pasado y el nacimiento del Miller que el mundo llegaría a conocer en París.

"El único viaje es el interior. La esencia de la vida es moverse, y el movimiento crea lo que deseas."

La "Trilogía Rosada" es un texto fundamental para entender la literatura de la liberación personal. Sus temas centrales son:

- La Búsqueda de la Vocación Artística: La lucha por rechazar la conformidad de la vida convencional y abrazar el destino de ser un artista, un tema que resuena con muchos.
- La Sexualidad como Honestidad: Miller utiliza el sexo no solo para el choque o el placer, sino como una metáfora de la verdad desnuda y la conexión auténtica.
- La Figura de la Mujer Mítica: Mara es una musa destructiva, un catalizador para el arte de Miller, y su retrato es un ejemplo temprano de la mujer fatal moderna.
- El American Dream vs. El Exilio: La trilogía es una crítica mordaz al materialismo y la represión moral de América, lo que impulsa a Miller a buscar la libertad en Europa.

A pesar de la controversia inicial, la trilogía es celebrada hoy por su fuerza estilística, su honestidad brutal y su valor como testimonio de la vida bohemia en una era de cambio.

48º aniversario de boda de Carmen y Mikel

Hoy, 26 de agosto de 2025, 
Carmen y yo cumplimos las bodas de feldespato (
este mineral se elige para resaltar la resiliencia). Son 48 años desde que nos casamos, y más de 52 años juntos. Nos conocimos en otro verano, a mediados de agosto de 1973. Ella tenía entonces 18 años y yo, 20. Nos casamos este mismo día de 1977. Suman exactamente 17.532 días de amor y felicidad

Dicen que el mejor regalo que unos padres pueden hacer a sus hijos, aparte de la educación, es seguir unidos después de muchos años. Suponemos que también es el mejor don que unos abuelos pueden legar a sus nietos. Esto lo hemos cumplido como padres y abuelos. 

Hace años solíamos comer una paella todos juntos. Hoy estamos en continentes distintos respecto a nuestros familiares más cercanos, hijos y nietos, pero pronto -pasado el verano- nos reuniremos todos
48º aniversario de boda de Carmen y Mikel
Entradas de nuestro aniversario en anteriores  años 20092010201120122013,201420152016201720202022, 2023, 2024,... Casi coincidmos Carmen (1955) y yo (1953), apenas separados por dos meses, con la pareja formada por y Jill (1951) y Joe (1942) Biden.