La Regata del Gallo (ver en otros posts desde 2012): tradición, espectáculo y vela en el corazón del Abra.
Cada mes de diciembre, coincidiendo con el inicio del invierno y las fiestas navideñas, las aguas vizcaínas del Abra se convierten en el escenario de una de las citas más singulares y esperadas de la vela en el mar Cantábrico: la
Regata del Gallo, organizada por el
Real Club Marítimo del Abra–Real Sporting Club.
Celebrada por primera vez en 1984, esta prueba se ha consolidado durante más de cuatro décadas como un referente deportivo y social, capaz de unir tradición, competición y una estampa visual única.
La edición celebrada hoy sábado 20 de diciembre de 2025 volvió a cumplir con las expectativas. Desde las 12:00 horas, cerca de un centenar de embarcaciones y alrededor de 500 regatistas protagonizaron una de las imágenes más icónicas del deporte vizcaíno: la salida bajo el
Puente Bizkaia, más conocido como
Puente Colgante, declarado
Patrimonio de la Humanidad en 2006.
El paso simultáneo de decenas de veleros bajo esta obra de ingeniería histórica ofreció un espectáculo que, un año más, fue seguido y fotografiado por centenares de aficionados y paseantes situados en ambas orillas de la ría.
La flota, compuesta por barcos de las clases
Regata, Crucero y los monotipos J80,
partió desde la
dársena de la Benedicta, en Sestao.
Tras una salida tan impresionante como simbólica, las embarcaciones enfilaron el rumbo hacia el Abra. Las condiciones meteorológicas acompañaron de forma moderada: viento del sur de unos 6 nudos, con rachas que alcanzaron los 10, aunque con una sensible bajada de intensidad una vez superada la entrada al Abra. El recorrido, de aproximadamente 7 millas, fue diseñado por el Comité de Regatas y concluyó con un triángulo en el Abra interior, decisivo para establecer las clasificaciones finales.
En el plano deportivo, la Regata del Gallo volvió a demostrar su alto nivel competitivo. En la clase Regata se impuso el
Thelonious, patroneado por Jon Garai, seguido del
Jaleo y el
Txupinazo.
En Crucero I, el triunfo fue para el
Andarax Bi de Santiago Portularrume, por delante del
Turi y el
Cyclone,
mientras que en Crucero II volvió a ganar el
Kohen de Juan Carlos Estefanía, escoltado por el
Txepin y el
Que Fais.
En la división J80, el vencedor fue el
Mandovi dalecandELA, de José Azqueta, acompañado en el podio por el
Surne y el
Team Group,
en una clase especialmente numerosa y disputada.
Más allá de los resultados, la Regata del Gallo destaca por su carácter participativo y festivo. La prueba cuenta con el respaldo institucional del Departamento de Transportes, Movilidad y Turismo de la Diputación Foral de Bizkaia, así como de los
ayuntamientos de Getxo y
Portugalete,
y la colaboración de entidades como El Correo y el Puente Bizkaia. Además, desde horas antes de la salida principal, el entorno del puente acogió una exhibición de vela ligera protagonizada por los jóvenes regatistas de la
Escuela de Vela José Luis de Ugarte,
reforzando el carácter pedagógico y generacional del evento.
¡Espectáculo inolvidable en el Abra! 🌊⛵ La #Regata del #Gallo 2025 ha sido pura magia: casi 100 veleros cruzando al unísono bajo el icónico Puente Colgante (Patrimonio de la Humanidad), con velas desplegadas y miles de espectadores aplaudiendo desde las orillas de Getxo y… pic.twitter.com/IBMI3VLCBD
Quien haya visitado las fiestas de Lekeitio o cualquier txoko del País Vasco probablemente conozca o haya tarareado sus versos: "Aeroplano bi pasa-ta, bat itsasora jausi" (Dos aeroplanos han pasado, uno ha caído al mar). Es una de esas canciones que parecen haber existido siempre, parte del folclore inmemorial. Sin embargo, esta melodía no es una leyenda anónima; es la crónica musical de un suceso muy real, documentado y extraordinario que convirtió un pequeño puerto pesquero en el escenario de un incidente diplomático en plena Primera Guerra Mundial.
En las brumosas costas del Cantábrico, donde el mar se funde con el cielo vasco, un episodio singular irrumpió en la neutralidad española durante la Gran Guerra. El 2 de julio de 1917, en plena efervescencia del conflicto mundial, un hidroavión francés descendió bruscamente sobre las olas, a unas cuatro millas náuticas de Lekeitio (Bizkaia). No era un combate heroico ni un bombardeo audaz, sino un drama mecánico que unió, por unas horas, la tecnología bélica con la solidaridad pescadora. Este suceso, narrado en crónicas locales como las de El Correo y El Pueblo Vasco, revela no sólo la fragilidad de la aviación incipiente, sino también las tensiones diplomáticas en un país que, bajo el gobierno de Eduardo Dato, se esforzaba por mantener su neutralidad ante las potencias en guerra.
Para entender este interludio, debemos retroceder al contexto de la Primera Guerra Mundial. En 1917, el frente occidental se estancaba en trincheras sangrientas, mientras el Atlántico se convertía en un tablero letal para la guerra submarina alemana. Francia, aliada de los Ententes, impulsaba su aviación naval como escudo contra los U-Boote que acechaban los convoyes mercantes. La Aéronautique Maritime, fundada en 1912, contaba ya con más de 200 aparatos y bases en puertos como Brest y Cherburgo. Los hidroaviones, pioneros en patrullas antisubmarinas, eran esenciales: despegaban de aguas protegidas, vigilaban horizontes amplios y lanzaban bombas rudimentarias sobre sumergibles enemigos. Según historiadores como aquellos de Naval Encyclopedia, Francia produjo miles de estas máquinas entre 1914 y 1918, transformando la guerra en tres dimensiones.
El protagonista de nuestra historia era un Donnet-Denhaut DD, un biplano de patrulla marítima diseñado por los ingenieros Jérôme Donnet y Louis Denhaut en 1915. Este modelo, apodado "flying boat" por su fuselaje flotante, representaba el pináculo de la innovación aeronáutica gala. Con una envergadura de 16,28 metros, longitud de 10,80 metros y propulsado por un motor Lorraine-Dijon de 160 caballos, alcanzaba velocidades de 130 km/h y una autonomía de unos 500 kilómetros. Armado modestamente con dos bombas de 52 kg y ametralladoras Lewis, el DD se destinaba a misiones de reconnaissance y caza de submarinos. Producido en serie desde 1916, más de 400 unidades sirvieron en la Escadre de Chasse francesa, hundiendo o ahuyentando decenas de U-Boote. El nuestro, marcado con "445 D.D." y las tricolores en la cola, despegaba probablemente de Biarritz o Bayona, en una ruta rutinaria de vigilancia costera.
Aquel 2 de julio, el sol del estío teñía el horizonte cuando dos hidroaviones franceses surcaban el cielo desde Bayona hacia el cabo Matxitxako. Eran las cinco de la tarde. A las seis, viraron rumbo de regreso, pero a las seis y media, el DD 445 comenzó a toser: un fallo en el motor, quizá un sobrecalentamiento o avería en el carburador —defectos comunes en estos aparatos expuestos a la salitre marina—. El piloto, un teniente de la Armada francesa cuya identidad se perdió en las crónicas (posiblemente un oficial de la base de Saint-Trojan), no tuvo opción: amerizó bruscamente a unas seis millas de Lekeitio. Su mecánico, compañero anónimo en esta odisea, lo secundó en la maniobra. El compañero aéreo orbitó dos o tres veces, evaluando el drama, antes de huir hacia Francia. Para alertar a la base, soltaron dos palomas mensajeras —un anacronismo poético en la era de la radio incipiente— y, más tarde, arrojaron las bombas al mar para aligerar la carga.
La costa vizcaína, ajena al fragor bélico pero sensible a sus ecos, respondió con prontitud. El farero Francisco de Etxebarria avistó la humareda de socorro y encendió la baliza. Pescadores locales, curtidos en tormentas atlánticas, zarparon en sus traineras. La Miren Begoña, capitaneada por Severiano de Mendiola —un patrón legendario en las sagas marineras de Lekeitio—, llegó primera. Con pericia marinera, amarraron el aparato con chicotes resistentes y lo remolcaron hacia el puerto. Dieciséis lanchas se unieron en procesión improvisada, como una flota de guardianes del mar. A las ocho y media de la tarde, el hidroavión "pescado" —así lo bautizaron los diarios— atracaba en el muelle, ante una multitud eufórica que obstruyó las calles. El teniente y su mecánico, ilesos pero exhaustos, declararon ante el comandante naval español antes de reposar en la fonda local.
El epílogo se tiñó de intriga diplomática. Al día siguiente, 3 de julio, el puerto bullía: curiosos de Bilbao, Gernika y más allá llegaban en automóviles y bicicletas, convirtiendo Lekeitio en un improvisado museo aéreo. Dos lanchas pesqueras armadas francesas —posiblemente de la armada auxiliar— aparecieron para remolcar el DD mar adentro, pero la Armada española, celosa de la soberanía, lo impidió. El 4 de julio, el piloto regresó de madrugada con un vicecónsul galo, negociando en susurros. Finalmente, el 5 de julio, un buque de guerra francés obtuvo permiso oficial y zarpó con el tesoro recuperado: aparato y tripulación intactos rumbo a casa.
Este incidente, aparentemente menor, agitó las aguas políticas españolas. Periódicos como El Nervión y El Pueblo Vasco denunciaron la intrusión aérea francesa como violación del espacio neutral, temiendo un precedente para alemanes o británicos. Gregorio Balparda, en un artículo mordaz, criticó al gabinete Dato por su "minimización e inacción", advirtiendo de escaladas si el cielo vasco se convertía en ruta bélica. España, exportadora de wolframio y tungsteno a ambos bandos, navegaba en frágil equilibrio; este "pescado" aéreo recordaba que la neutralidad era un hilo tenso.
Hoy, un siglo después, el DD 445 evoca la audacia de la aviación naciente: máquinas de madera y lona que desafiaron océanos y guerras. En Lekeitio, donde cuatro hidroaviones han amerizado en un siglo:
- Otro hidroavión francés rescatado en 1917 por el "Nueva Magdalena" y llevado a Pasaia. Este evento pudo originar otros versos de la canción sobre el reparto de la recompensa ("dieciocho duros partilla") y una cena de celebración en el Hotel Beitia
El Palacio Arriluce Hotel es un hotel de 5 estrellas situado en Getxo, cerca de Bilbao, que combina la elegancia histórica con el lujo contemporáneo. Ubicado en un palacete familiar de principios del siglo XX, ofrece vistas impresionantes al Mar Cantábrico y al puerto.
Alojamiento: Dispone de 49 habitaciones y suites, cada una con diseño único, que reflejan la fusión de arte, luz y color.
Gastronomía: El restaurante, liderado por el chef vasco Beñat Ormaetxea, ofrece una interpretación moderna de la cocina tradicional local, complementada con una selecta bodega.
Instalaciones y Servicios:
Spa y centro de bienestar con diversos tratamientos y gimnasio exclusivo.
Piscina de temporada al aire libre con vistas panorámicas.
Ubicación: Situado en Getxo, a pocos minutos a pie de la Playa de Ereaga y a aproximadamente 8 km del Aeropuerto de Bilbao. Booking
Reconocimientos: Miembro de "The Leading Hotels of the World" LHW, lo que garantiza estándares de calidad y servicio de primer nivel.
Opiniones de Huéspedes: Los huéspedes destacan la profesionalidad del personal, la calidad de las habitaciones y la excelencia del desayuno. Tripadvisor
Nuestro #RollsRoyce 20/25 de 1934 viajó a #Getxo para participar en un rodaje en el majestuoso entorno del Palacio Arriluce Hotel. En este escenario de época, contamos con la guapísima @OfficialNievesA a bordo, desplegando todo su estilo en este reportaje tan especial. pic.twitter.com/aviIqXf7O7
— Torre Loizaga. Classic Car Museum & Venue (@torreloizaga) September 4, 2024
#Teruel, siempre perfecta pasar pasar una tarde y una noche en esta gran pequeña ciudad,… Nosotros lo hacemos desde hace años, y varias veces cada año,… Está a medio camino entre el Cantábrico y el Mediterráneo. pic.twitter.com/BuCi8YqmXy
Lo que más nos ha gustado de estos cuatro días: El Centro Botín Center, continente y contenido, personal muy atento y pequeñas pero excelentes tienda (vídeo siguiente) y cafetería-restaurante. Muy reseñable una de las exposiciones permanentes como es Retratos: Esencia y Expresión, en una sala de su primera planta. Una exquisita selección de obras maestras del siglo XX provenientes de la colección de arte de Jaime Botín que incluye trabajos de Henri Matisse, Francis Bacon, Juan Gris, Joaquín Sorolla, Daniel Vázquez Díaz, Isidre Nonell, José Gutiérrez Solana y Pancho Cossío. Inigualable y divertida la performance musical obra del artista Martin Creed en los ascensores de acceso a las plantas y a la azotea (gratuitas y que son de obligada degustación).
Sin salir de la capital, que se recorre a pie en días soleados como han sido estos de finales del invierno, es impresionante todo lo visitable en Santander, con el Palacio de la Magdalena en primer lugar (con el legado de Vital Ansar, que pronto expondremos con la extensión que merece). Nos hemos acercado también a la Catedral de Santander, los Raqueros, las cuatro playas,...
Lo que menos nos ha gustado de Santander, que es una ciudad señorial, cargada de historia, con gentes muy amables, intergeneracionales y multiculturales ha sido: Un ruidoso y contaminante tráfico en varias de sus arterias principales, a velocidades altísimas y sin respetar el presunto límite (muy alto) de 40 km/h. Hay que reconocer que los conductores respetaban los pasos de cebra, pero si no actúan pronto las autoridades competentes convertirán a este enclave turístico en un "pueblo carretera" (como lo fue, hace medio siglo, nuestra querida Ubidea).
Quizá sea por la hipersensibilidad al ruido y al humo propia de quienes sufrimos el síndrome de los usuarios de vehículos eléctricos puros, pero es estruendo de los acelerones y malos olores resultó espantoso. Así como la claudicación hacia el tráfico rodado. En el mismo centro de la ciudad había semáforos de 78" para los coches y sólo 18" para cruzar (vídeo). Y otros que no anunciaban la espera, pero eran de casi 5 minutos para luego conceder apenas unos segundos de cruce a pie. Un auténtico contraejemplo de la prioridad que deben tener los peatones, con aceras estrechas junto a 6 u 8 carriles de vehículos (parecía que estuviéramos en un borde de una autopista). A corregir con urgencia, para sacar tráfico del centro. Y saben hacerlo, porque en la península de la Magdalena sí lo han conseguido (aunque también había demasiados vehículos particulares en el recinto).
Situado en el punto más alto de la Península de La Magdalena, este edificio -diseñado por Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho- tiene gran valor histórico por tratarse de la residencia de verano de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante diecisiete años, así como por ser la sede principal de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo desde 1933. El Palacio de La Magdalena es, sin duda, uno de los referentes turísticos de la ciudad.
De reciente apertura, el 23 de junio de 2017, el Centro Botín es un espacio dedicado al arte y al desarrollo creativo. Diseñado por Renzo Piano, ganador del premio Pritzker de arquitectura en 1998, está dividido en dos zonas: la Oeste dedicada al arte y la Este a las actividades culturales y de formación. Cuenta con dos grandes salas de exposiciones, un auditorio con capacidad para 300 personas, aulas de formación, área de trabajo, una tienda y una cafetería-restaurante dirigida por Carlos Crespo y el chef Alex Ortiz. Su ubicación privilegiada te permitirá disfrutar de las mejores vistas a la bahía.
Situado frente a la bahía de Santander, el Palacio de Festivales acoge desde 1991 gran variedad de espectáculos de relevancia nacional e internacional. El edificio de estética vanguardista, fue diseñado por el arquitecto Sáenz de Oiza y alberga tres salas: Argenta, en honor músico cántabro, la sala Pereda y la sala griega que recuerda a un teatro clásico.
El escritor cántabro donó a Santander todo su legado bibliográfico y el edificio en el que lo guardaba con la condición de que siempre se mantuviera agrupado. Este espacio donde abundan los elementos clásicos y barrocos y que fue declarado Monumento Artístico Nacional en 1982, guarda un total de 45.000 volúmenes de gran importancia y de alto valor histórico y patrimonial, como los manuscritos de Quevedo, Lope de Vega y del propio Menéndez Pelayo.
La Casa–Museo de Menéndez Pelayo fue construida en 1876 y habitada desde entonces por la familia de don Marcelino. Años después de la muerte del erudito en 1912, se abrió al público conservando algunos muebles y enseres en el mismo lugar. Junto con la Biblioteca de Menéndez Pelayo, fue declarada conjunto histórico-artístico.
Actualmente se encuentra cerrada.
MAS
(Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander)
Desde su fundación en 1908, ha evolucionado constantemente hasta convertirse en lo que es hoy: un lugar de encuentro e intercambio de ideas. Un museo que promueve el conocimiento de arte moderno, contemporáneo y actual. La colección artística del MAS cubre un amplio abanico cronológico que abarca desde obras del siglo XVI hasta las más actuales.
En sus más de 3.000 m² de exposición, el museo muestra la vida marina y la relación del hombre y la mar a lo largo de la historia. Su colección comenzó a reunirse en el s. XVIII para, más adelante, aumentar gracias a la colaboración de importantes colectivos. El tamaño de la colección y su diversidad permiten dividir la exposición marina en cuatro secciones: ‘La vida en la mar’ (Naturaleza-Biología Marina), ‘Pescadores y pesquerías’ (Etnografía Pesquera), ‘El Cantábrico y la mar en la historia’ (Historia marítima) y ‘Vanguardia tecnológica frente a la mar’ (Tecnología marítima).
Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC)
Ubicado en el Mercado del Este, en pleno centro de la ciudad, el MUPAC ofrece 2000 m2 de espacio expositivo, en donde podrás descubrir más de 1.200 piezas que abarcan desde el período del Paleolítico Superior hasta la Edad Media, muchas de las cuales proceden de yacimientos arqueológicos tan importantes como Altamira o Puente Viesgo.
Centro de Interpretación ‘Historia de la ciudad de Santander’
Situado en la Catedral de Santander, este centro busca acercar al público general el patrimonio histórico de la ciudad de una forma original y emocionante.
En el subsuelo de la plaza Velarde, más conocida como plaza Porticada, se encuentran los restos de las antiguas murallas que, en el s. XIII, separaban el entorno del mar y servían como muro protector de la villa.
Las instalaciones, situadas bajo el suelo de la plaza del Príncipe, te hará revivir uno de los períodos más negros de nuestra historia y que pocos conocen: la experiencia de los habitantes de Santander bajo los ataques aéreos que sufrieron durante la Guerra Civil.
Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS)
Este centro lo encontrarás en la calle Magallanes y tiene como objetivo la recuperación histórica a través del patrimonio fotográfico que restaura y difunde en su sala de exposiciones abierta al público. Aunque tiene su origen en el antiguo Archivo Histórico Fotográfico Municipal, en los últimos años su patrimonio ha crecido gracias a las donaciones de particulares.
Esta sala de exposiciones es la sede principal de la Fundación Botín, ubicada en la casa familiar donde vivió Don Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor de las Cuevas Prehistóricas de Altamira. En su interior encontrarás un salón de actos, una sala de seminarios, una biblioteca y un ático en donde suelen realizarse talleres.
Situado en la calle Tantín, este centro cuenta con un teatro, una sala de exposiciones y el CASYC UP, una planta dedicada a sala de proyecciones, mediateca y un espacio multidisplinar en donde se desarrollan proyectos y se presentan al público. El CASYC se caracteriza por su intensa actividad cultural, seguro que durante tu estancia podrás disfrutar de alguno de los conciertos, charlas o exposiciones que ofrecen.
Muy cerca del CASYC, se encuentra este edificio, centro habitual para celebrar exposiciones, conferencias y presentaciones de libros. Frente al Paraninfo hay un edificio con un mural en el que se representa a catorce escritores cántabros con influencia en la región.
Centro Cultural Doctor Madrazo
Situado en la calle Casimiro Sainz, este mercado de abastos es ahora un centro cultural con biblioteca, acceso a Internet y en donde suelen celebrarse exposiciones y conferencias.
Este edificio se construyó en 1900 y se utilizó como almacén de tabaco. Durante la Guerra Civil, se convirtió en cárcel para presos republicanos y, al terminar, volvió a convertirse en almacén hasta 1986. Posteriormente, fue reformado y se convirtió en lo que es ahora: una gran Biblioteca que, además, ofrece multitud de exposiciones con el objetivo de acercar la cultura a los ciudadanos.
Frente al Palacio de Riva Herrera, se encuentra este museo en donde tendrás la oportunidad de conocer la historia del abastecimiento de agua al municipio desde 1874 hasta la actualidad. También tendrás la oportunidad de seguir el ciclo natural del agua, desde que se capta en las montañas del interior de la región hasta que es devuelta al mar Cantábrico.
Museo del Deporte
Situado en el interior del Palacio de los Deportes, el museo hace un recorrido por la historia del deporte en Cantabria y expone los trofeos, equipaciones y objetos donados por los grandes deportistas de la región.
Situado en el extremo Oeste del edificio de la Escuela Técnica Superior de Náutica, lo reconocerás por su cúpula metálica. El Planetario no es un observatorio astronómico sino un proyector especializado que muestra de forma precisa el movimiento aparente del Sol, la Luna, los planetas y sus satélites y de las estrellas sobre una pantalla con forma de bóveda simulando la forma en que se vería en cualquier lugar y a cualquier hora de observación en la Tierra.
Más información en su web. *CERRADO TEMPORALMENTE*
Centro de Arte Faro Cabo Mayor
Si te gustan los museos diferentes, en el interior del Faro de Cabo Mayor encontrarás este que ofrece una exposición permanente del artista Eduardo Sanz y una muestra de objetos con el faro como protagonista. Sin duda, se trata de uno de los museos más singulares de nuestra región.
Palacio de Riva-Herrera. Centro de Demostraciones Smart Santander
Situado en la c/General Dávila, frente al Museo del Agua, este edificio fue declarado Bien de Interés Cultural. Se trata de una torre medieval que fue remodelada en el s. XVI por Fernando de la Riva-Herrera (Proveedor General de las Armadas del Mar Océano) y a la cual anexó un palacio más acorde con su condición. Actualmente es sede de la Fundación Santander Creativa, uno de los pilares fundamentales de la cultura en Santander, además de albergar el centro de Demostraciones de Riva-Herrera.
Para concertar cita previa, entra en la siguiente web.
Palacete del Embarcadero
Este edificio, obra del arquitecto Javier González de Riancho, está situado en el Paseo Marítimo, junto a Los Reginas. El Palacete se impulsó en 1920 como estación de pasajeros, desde 1985 sirve como sala de exposiciones y conferencias. En obras en la actualidad.
Centro de Interpretación del Litoral
Ubicado en la antigua batería de defensa de San Pedro del Mar en La Maruca, esta fortificación de 1660, se edificó para proteger Santander de los ataques de los piratas y se mantuvo activa hasta después de la Guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias (1702-1713). Antes en ruinas, fue reconstruida convirtiéndose en el actual Centro de Interpretación del Litoral. Acoge la exposición permanente Patrimonio Litoral de Cantabria.
Más información en su web. Actualmente se encuentra cerrado.
Museo de los Bomberos
Situado en el Parque Municipal de Bomberos de Santander, esta sala de exposiciones ofrece la visión de quienes arriesgaron su vida para sofocar el incendio que arrasó Santander en 1941.
Ubicado en un pequeño edificio de 1912, hasta hace poco era un mercado tradicional. Hoy, tras una completa rehabilitación, es un centro cultural, sede de la asociación Espacio Imagen que organiza cursos, charlas y exposiciones.
Cementerio de Ciriego
Ideado por el arquitecto Casimiro Pérez de la Riva en 1881 e inaugurado en 1893, en él encontrarás una planta de cruz en su parte central, gracias a la cual convierte el espacio en un entramado de calles y entrecalles. Es uno de los cementerios más bonitos de España, y en él podrás observar el trabajo de los arquitectos y marmolistas más importantes de la región.
Por tratarse de un lugar lleno de historia y de gran belleza, suelen realizarse visitas guiadas.
Uno de los tesoros de la arquitectura industrial de nuestra ciudad. Las naves de Gamazo reciben este nombre gracias a Germán Gamazo, ministro de Fomento con Sagasta y disponen de una superficie de casi 1000 metros cuadrados entre las dos.
Fueron construidas en en el siglo XX, la más antigua es del año 1908 y la otra de menor tamaño data del año 1950. Desde julio de 2021 son sede santanderina de la colección ENAIRE de Arte Contemporáneo.
Tiene lugar de 9:00 a 14:00 en la plaza de la Esperanza. Los martes, viernes y sábados se venden productos agropecuarios. Los lunes, miércoles y jueves ofrecen productos de confección y calzado.
Además, los domingos por la mañana la plaza se llena de puestos en donde podrás encontrar una amplia variedad de productos de diversa índole.
Centro Cívico Tabacalera
Alberga el jardín vertical interior más grande de Europa visible en todas las plantas del edificio, además de contar con una terraza con vistas increíbles a la bahía de Santander.
Las salas del centro tienen diferentes usos: trabajo social, ludoteca, talleres, formación y experimentación artística, etc.
Refugio Antiaéreo de la Catedral
Un nuevo espacio turístico en un enclave tan relevante como la catedral.
Se han recuperado 70 metros de este refugio antiaéreo de la Guerra Civil. Fue descubierto durante las obras de las dependencias capitulares, que han descubierto otros importantes hallazgos culturales como los muros de piedra del castillo de San Felipe, la capilla de San Pedro y restos del siglo X.
Museo Machichaco
Este Museo contribuye a difundir la memoria de la histórica catástrofe portuaria y urbana que vivió Santander el 3 de noviembre de 1893, a causa de la explosión del barco Cabo Machichaco.
En el Museo podemos encontrar obras gráficas e ilustrativas, como es la caja mágica o el diorama de la explosión, junto con documentación original, fotografías y réplicas a escala. El Museo Machichaco será un museo vivo, los fondos se irán ampliando y renovando.
Lugar: Estación Marítima de Santander. Horario: de martes a domingo 8 a 20.30