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La Jose en Getxo Folk

El cierre del 42.º Festival Internacional de Folk de Getxo, celebrado este domingo 13 de septiembre en la Plaza Estación de Las Arenas, ha correspondido a una de las voces más personales del panorama flamenco actual: La Jose. A las 18:30, tras el desfile de la fanfarria Kutxus Areatxu y como preludio del emotivo homenaje a Xalbador con el que el certamen bajaba el telón, la cantante granadina ofreció un concierto gratuito que sintetiza, quizá mejor que ningún otro de esta edición, la vocación de frontera que define al festival vizcaíno desde hace más de cuatro décadas.

Nacida en Granada, La Jose —cantaora, compositora, bailarina autodidacta y letrista— construye su identidad artística desde una herencia doblemente mestiza: hija de una madre paya aficionada al baile y de un padre gitano entregado al cante más puro, ha hecho de ese cruce el eje de una voz versátil, capaz de transitar sin estridencias entre el flamenco, la copla y el folclore ibérico. Su carrera, iniciada en los tablaos granadinos antes de proyectarse por Madrid y por escenarios de media Europa —Gran Bretaña, Portugal, Francia, Italia, Bosnia, Macedonia, Alemania— y de países tan alejados como Colombia o Cuba, fue decantándose hacia un lenguaje propio a partir de un primer disco, Espiral, en el que ya apuntaba la madurez interpretativa que hoy la distingue.

Lo más singular de su propuesta, sin embargo, no reside solo en la mezcla de géneros peninsulares, sino en su disposición a cruzar fronteras culturales más amplias. Proyectos como Leilunar, en los que la guitarra flamenca convive con el oud, la flauta egipcia o la darbuka, sitúan a La Jose en un territorio donde la cultura gitana andaluza dialoga con la árabe y la magrebí, bajo la convicción, explícita en su discurso escénico, de que la música carece de fronteras y de que son los puntos de encuentro, y no las fronteras, los que finalmente pesan en la balanza. A ese compromiso intercultural se suma una conciencia feminista declarada, que atraviesa tanto sus letras como su manera de ocupar el escenario: una puesta en escena intensa y narrativa que reivindica una autoría femenina dentro de una tradición, la del cante flamenco, codificada históricamente en clave masculina.

Conviene situar esta actuación en el marco más amplio de una edición del Getxo Folk que ha vuelto a demostrar que el folk, lejos de ser un género fósil, funciona como espacio de tránsito entre lo propio y lo ajeno. Junto a La Jose, esta 42.ª edición ha reunido en Muxikebarri, en Las Arenas y en el entorno de la playa de Ereaga a figuras como la fadista portuguesa Dulce Pontes, la histórica banda bretona Gwendal o el conjunto irlandés Flook, además de proyectos que, como la colaboración entre Xabi Aburruzaga, Xabier Díaz y Adufeiras de Salitre, tienden puentes entre Euskadi y Galicia. Es la misma lógica que, aplicada al caso de La Jose, permite entender el flamenco no como un patrimonio cerrado sino como una tradición viva que, igual que el bertsolarismo homenajeado en la clausura, se piensa a sí misma en relación con su circunstancia, por retomar la conocida fórmula orteguiana: cada intérprete es, también, el resultado de las culturas que lo atraviesan y lo constituyen.

Con actuaciones como la de este domingo, el Getxo Folk reafirma su condición de escaparate de músicas de raíz leídas desde una sensibilidad contemporánea y comprometida, y confirma, edición tras edición, que la mejor manera de honrar una tradición no consiste en preservarla intacta, sino en dejarla respirar y transformarse en contacto con otras.

@agirregabiria

La Jose en Getxo Folk

♬ sonido original - Mikel Agirregabiria

Adiós a Dolly Parton: La voz del country

El martes 25 de agosto de 2026, la música country perdió a su figura más luminosa. Dolly Parton falleció a los ochenta años en Nashville, Tennessee, tras una breve batalla contra el cáncer, según confirmó su equipo de prensa. La noticia, anunciada por su sobrino y jefe de seguridad Bryan Seaver a través de un vídeo preparado años antes por la propia artista, sumió en el luto a generaciones de oyentes que habían crecido con su voz como banda sonora.

Nacida el 19 de enero de 1946 en una familia humilde del este de Tennessee, Dolly Rebecca Parton encarnó como pocas el arquetipo del sueño americano forjado desde la nada. Con doce hermanos y una infancia marcada por la precariedad económica, aprendió a cantar en la iglesia y a componer antes de cumplir los diez años. 

Su llegada a Nashville en 1964 no fue una mera mudanza geográfica: fue el inicio de una revolución cultural que desafiaría las jerarquías de género y clase del país más conservador de Estados Unidos. A mediados de la década de 1970, ya era una reina indiscutible de la industria, con canciones como Jolene, Coat of Many Colors e I Will Always Love You —esta última inmortalizada por Whitney Houston— que superaron los cien millones de ventas y mil millones de reproducciones digitales.

Sin embargo, reducir su legado a las cifras sería un error de apreciación histórica. Parton fue, ante todo, una narradora de lo cotidiano. Sus letras hablaban de mujeres abandonadas, de madres sobrevivientes, de la dignidad del trabajo asalariado y de la resiliencia de las comunidades rurales. En ese sentido, su obra funciona como un documento etnográfico del sur de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX: un testimonio cantado de las tensiones entre tradición y modernidad, entre la identidad regional y la homogeneización global.

Su dimensión pública trascendió el ámbito musical. Como empresaria, fundó Dollywood, un parque temático en las estribaciones de las Montañas Humeantes que se convirtió en motor económico de su región natal. Como filántropa, creó la Imagination Library, un programa educativo sin fines de lucro que ha enviado millones de libros gratuitos a niños de todo el mundo, motivada por el analfabetismo de su padre, quien abandonó la escuela para trabajar en la granja. Cuando los incendios forestales arrasaron las Smokies en 2016, Parton no se limitó a las donaciones: organizó un teletón y canalizó recursos directos a las familias damnificadas. En 2025, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó el Premio Humanitario Jean Hersholt, un reconocimiento que selló su compromiso con la educación y la equidad social.  

La reacción a su muerte ha sido inmediata y transversal. Miley Cyrus, su ahijada, escribió que era "un día devastador para la humanidad". El presidente Donald Trump ordenó que las banderas ondearan a media asta durante una semana. Parton deja atrás un vacío difícil de llenar no solo porque fue una intérprete excepcional —con diez premios Grammy y 55 nominaciones, la tercera mujer más nominada en la historia del galardón—, sino porque supo construir un puente entre lo popular y lo trascendente, entre el entretenimiento y la pedagogía.

Su familia ha anunciado que se celebrará un pequeño servicio privado y ha pedido que, en lugar de flores, se realicen donaciones a la Imagination Library. Es un gesto coherente con una vida dedicada a dar: Parton no solo cantó sobre la esperanza; la distribuyó en forma de libros, de cheques mensuales para damnificados y de sonrisas desplegadas en cada escenario que pisó. Su voz calla, pero su biblioteca seguirá hablando.

Grabaciones del eclipse lunar parcial de 2026

Eclipse parcial de Luna desde Mil Palmeras
Álbum de imágenes.

A pesar de las nubes y de que ha chispeado un pco de lluvia, hemos podido grabar la parte final y más completa del eclipse parcial de la Luna (post previo con los detalles). Nos han acompañado y sorprendido por su aparición, a pesar del madrugón, los más fieles amigos, Sara y su padre Rafael. Post en elaboración.    
@agirregabiria

Eclipse parcial de Luna desde Mil Palmeras

♬ Total Eclipse of the Heart - Bonnie Tyler

Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano

Hemos visitado la Colección de Emiliano Escudero Cano (FB Oficial), un inmenso patrimonio con la memoria mecánica sobre dos ruedas. En total, y por el momento, 196 motos de 56 marcas distintas en el centro de San Pedro del Pinatar (Murcia). Nos ha recibido muy amablemente su creador, junto a su hijo y otros colaboradores, que también nos han acompañado a su cercana Recopilación vintage de Coca Cola (siguiente post)Existen colecciones que representan mucho más que un conjunto de objetos antiguos reunidos por afición; son auténticos archivos vivos de la historia tecnológica, social e industrial de un país. La extraordinaria colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano constituye uno de esos legados fundamentales donde la mecánica, el diseño y la pasión humana se entrelazan de forma ejemplar. 

Ha sido una primera visita, que pronto repetiremos con algunas personas especialistas que quizá puedan colaborar como voluntariado para catalogar y documentar este tesoro del motor. Hablar de esta colección es adentrarse en un recorrido fascinante por la evolución del transporte ligero. No se trata únicamente de contemplar el brillo del cromo o el rugido nostálgico de los motores de dos y cuatro tiempos. Se trata, ante todo, de comprender cómo cada una de estas motocicletas encarna una respuesta técnica a los retos de movilidad de su tiempo, reflejando el contexto socioeconómico, la creatividad industrial y la estética cultural del siglo XX. 

Tecnología analógica e ingeniería del esfuerzoEn una época hiperconectada, dominada por la electrónica, los sensores digitales y la gestión computarizada, aproximarse a las máquinas preservadas por Emiliano Escudero Cano ofrece una lección de física y tecnología aplicada de primer orden. En cada chasis multitubular, en la geometría de un carburador o en la simplicidad genial de los primeros sistemas de suspensión reside la esencia pura de la mecánica tradicional.


Marcas legendarias —tanto de la época dorada de la industria nacional española (Bultaco, Montesa, OSSA, Derbi, Sanglas o nuestra predilecta Lube de mi padre que pronto detallaremos, pero se avanza en el vídeo inicial)  como iconos de la producción internacional (BMW, Vespa, Lambretta, Norton)— adquieren en este acervo una dimensión educativa singular. Cada proceso de restauración realizado con rigurosidad histórica no solo devuelve la vida a una pieza de metal; salvaguarda el conocimiento artesanal de los mecánicos de antaño, aquellos orfebres de taller que diagnosticaban averías con el oído y ajustaban tiempos con la precisión de un relojero. 


Reflexión pedagógica: La restauración de una motocicleta clásica es una lección magistral de paciencia, física aplicada y respeto por la memoria tecnológica que cimentó la movilidad moderna.


Un recurso educativo e intergeneracionalDesde la perspectiva de la divulgación cultural y la educación en valores, colecciones con este nivel de conservación resultan herramientas pedagógicas indispensables. Permiten explicar a las nuevas generaciones que la innovación tecnológica no nace espontáneamente en una pantalla, sino en la cultura del ensayo, la optimización de materiales y el ingenio ante las limitaciones técnicas de cada contexto histórico.


Estudiar y contemplar este patrimonio industrial propicia además un fructífero diálogo intergeneracional. Los más mayores reencuentran en estos modelos las vivencias, trayectos y paisajes de su juventud, mientras que los estudiantes de tecnología, diseño e ingeniería descubren la elegancia y solvencia de las soluciones mecánicas primigenias.


Conclusión: El valor del patrimonio motorizadoLa labor de recopilación, restauración y conservación de Don Emiliano Escudero Cano trasciende el ámbito del coleccionismo privado para prestar un servicio de primer orden a la memoria colectiva. Mantener vivas estas joyas mecánicas nos recuerda que el presente tecnológico camina sobre los hombros de la audacia y la inventiva del pasado. Un homenaje imprescindible a la historia industrial, a la pedagogía del trabajo manual y a la fascinación atemporal por la libertad sobre dos ruedas.

Colección de Motos Clásicas de Emiliano Escudero Cano
Álbum de imágenes y vídeosÁlbum de imágenes y vídeos. Otros posts sobre este singular coleccionista, Emiliano Escudero Cano, de San Pedro del Pinatar. 
 
@agirregabiria

Colección de motos clásicas de Emiliano Escudero Cano

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H. L. Mencken: Iconoclasta de Baltimore que se rió de todo

Pocas plumas han combinado el rigor periodístico con la mordacidad como la de Henry Louis Mencken (otros posts), nacido en Baltimore el 12 de septiembre de 1880 y fallecido en la misma ciudad el 29 de enero de 1956. Hijo de un fabricante de tabaco de origen alemán, Mencken fue un autodidacta voraz: la lectura de Huckleberry Finn y la imprenta de juguete que le regaló su padre marcaron su vocación temprana por la escritura. 

Trabajó brevemente en el negocio familiar hasta la muerte de su padre en 1899, momento en el que, sin perder un solo día, se lanzó al periodismo en el Baltimore Morning Herald. En 1906 se incorporó al Baltimore Sun, diario con el que mantendría un vínculo casi vitalicio, y en 1908 empezó a ejercer la crítica literaria en la revista The Smart Set. En 1924 fundó su propia publicación, The American Mercury, que alcanzó rápidamente difusión nacional y lo consolidó como uno de los intelectuales más influyentes de la América de entreguerras.

Su hito periodístico más recordado fue la cobertura del célebre Juicio del Mono (Scopes Trial) de 1925 en Tennessee, donde un profesor fue procesado por enseñar la teoría de la evolución. Mencken bautizó el proceso con ese apodo burlón y convirtió sus crónicas en un ejercicio de sátira feroz contra el fundamentalismo religioso y la estrechez de miras provinciana. Fue amigo cercano de figuras como Theodore Dreiser, F. Scott Fitzgerald y el editor Alfred Knopf, y se erigió en defensor incondicional de la libertad de expresión y de conciencia, en una época en la que ambas se veían constantemente amenazadas por la censura moral.

Lo que hace de Mencken una lectura tan vigente cien años después no es solo su biografía, sino su estilo: un humor corrosivo que convertía cada frase en un dardo. Sobre la democracia, escribió que es la creencia de que la gente común sabe lo que quiere y merece conseguirlo, para bien o para mal. Definió el puritanismo como el temor obsesivo de que, en algún lugar, alguien pudiera ser feliz. Advirtió que ante todo problema complejo existe siempre una respuesta sencilla, clara... y equivocada. Y describió al cínico como aquel que, al oler unas flores, busca instintivamente el ataúd cercano. Su escepticismo alcanzaba también a la política institucional: llegó a sostener que todo gobierno es, en esencia, una forma de explotación organizada, y que un buen político resulta tan improbable como un ladrón honesto.

Algunas de sus citas más célebres: "El amor es el triunfo de la imaginación sobre la inteligencia." "La conciencia es la voz interior que nos advierte de que alguien podría estar mirando." "Un idealista es quien, al notar que una rosa huele mejor que una col, concluye que también hará mejor sopa." "El puritano es alguien que vive con el miedo permanente de que otra persona pueda estar divirtiéndose." "El objetivo práctico de la política consiste en mantener a la población alarmada mediante una interminable serie de amenazas, la mayoría imaginarias." "Nadie se ha arruinado jamás subestimando la inteligencia del público." 

Mencken no se libró de la controversia: sus posturas sobre raza y su tono a veces despiadado le valieron críticas que persisten en las relecturas contemporáneas de su obra, un matiz necesario para entender a un autor que nunca buscó ser complaciente. En la década de 1940 publicó su trilogía autobiográfica —Happy Days, Newspaper Days y Heathen Days— donde repasó con la misma ironía su propia vida. En 1948 sufrió un derrame cerebral que lo dejó consciente pero incapaz de leer o escribir, una ironía cruel para quien había vivido de la palabra; pasó sus últimos años escuchando música clásica y hablando de sí mismo en pasado, como si ya hubiera muerto. Fue enterrado en el cementerio de Loudon Park, bajo un epitafio que él mismo redactó y que pedía, en lugar de lágrimas, comprensión hacia un pecador y un guiño a alguna joven poco agraciada.

Rival de Ambrose Bierce y Mark Twain en el arte del aforismo estadounidense, Mencken sigue siendo hoy una referencia obligada para entender el periodismo de opinión, el escepticismo ante el poder y el uso del ingenio como herramienta de crítica social. En tiempos de polarización y de eslóganes vacíos, releer al Sabio de Baltimore es un ejercicio saludable de humildad intelectual disfrazada de carcajada.

ResumenCitas mordaces y vida del periodista más temido de América. El humor corrosivo de Mencken, cien años después. Retrato del hombre que "lo odiaba todo" con estilo.

Marcha Radetzky: compás que aplaude su propia contradicción

Repasaremos el álbum musical que escuchamos en la piscina todos los veranos (posts). Cada 1 de enero, cuando el reloj del Musikverein vienés marca el final del Concierto de Año Nuevo, miles de espectadores en todo el mundo comienzan a batir palmas al compás de una pieza que dura apenas dos minutos y medio. Pocos de ellos —quizá ni siquiera los japoneses que la corean con más entusiasmo, como se ha señalado con cierta ironía— se detienen a pensar en lo que están celebrando. La Marcha Radetzky, compuesta por Johann Strauss padre en 1848 en honor al mariscal de campo austríaco conde Joseph Wenzel Radetzky, es mucho más que un bis festivo: es un artefacto sonoro donde se condensan las tensiones no resueltas de un imperio y, por extensión, de toda modernidad que celebra sin memoria.

El contexto de su composición resulta decisivo (otros posts). El 31 de agosto de 1848 se celebró una fiesta en el Wasserglacis de Viena, y Strauss padre recibió el encargo de contribuir con una composición, justo en el año revolucionario que sacudía Europa entera. Strauss se posicionó claramente del lado de los leales al emperador, en contraste con su propio hijo, que simpatizaba con los revolucionarios. Ese enfrentamiento doméstico —padre e hijo en bandos opuestos de la historia— anticipa ya el destino ambiguo de la pieza. Radetzky había derrotado al ejército sardo en la batalla de Custozza el 25 de julio de 1848, a la edad de 81 años, consolidando el poder austríaco en el norte de Italia y fortaleciendo a las fuerzas conservadoras frente a los levantamientos liberales surgidos tras la Revolución de Marzo.

Aquí reside la paradoja que interesa a cualquier lector atento a la relación entre estética y poder: la marcha alcanzó gran popularidad como expresión del nacionalismo austríaco, pero cuando Radetzky tomó parte después en la represión del movimiento revolucionario en el propio territorio austríaco, la pieza pasó a ser vista como símbolo reaccionario. Strauss padre, recordemos, no era ajeno a la polémica: sus propios compatriotas llegaron a llamarle traidor por su fidelidad a la Corona. Componer para el poder, incluso en clave puramente festiva, nunca ha sido un gesto neutral.

Esta ambivalencia encontró su traducción literaria más lúcida en Joseph Roth, cuyo título de 1932 tomó prestado el nombre de la pieza. La marcha Radetzky de Roth narra el declive y la caída del imperio austrohúngaro a través de la historia de la familia Trotta, y no es casual que exista un paralelismo entre las vicisitudes de esa familia y las que padeció la propia marcha, expresión primero del nacionalismo austríaco y después símbolo reaccionario. La música, convertida en metáfora narrativa, se transforma en el eco melancólico de un mundo que se sabe condenado incluso mientras baila.

Cabe además una reflexión sobre la memoria histórica selectiva del propio ritual navideño-vienés. El Concierto de Año Nuevo se celebró por primera vez el 31 de diciembre de 1939, por iniciativa del entonces ministro de Propaganda del régimen nazi, aunque la Radetzky no se sumó al programa hasta después de la guerra. Que una pieza nacida de la represión de 1848 se instalara en un concierto de origen tan comprometido añade una capa más de sedimento histórico bajo los aplausos.

Musicalmente, la marcha no es un artefacto tan original como su fama sugiere: Strauss ya había empleado el tema en su Jubel-Quadrille, y su ritmo guarda un notable parecido con el segundo tema del Allegro de la Sinfonía n.º 100 de Haydn. Aun así, su poder de convocatoria —ese aplauso colectivo, casi litúrgico, que Gustavo Dudamel u otros directores invitan a compartir— revela algo profundamente humano: la necesidad de ritual compartido, incluso cuando el ritual celebra, sin saberlo del todo, las cicatrices no cerradas de la propia historia.

ResumenStrauss padre, Radetzky y el vals contra la revolución de 1848. Cómo una marcha militar se volvió símbolo reaccionario en Viena. Joseph Roth y la melancolía del imperio en la Marcha Radetzky. El aplauso ritual del Concierto de Año Nuevo y su origen incómodo. Padre contra hijo: Strauss y las dos caras de 1848. La marcha que celebra una represión sin que el público lo sepa. El himno no oficial de Austria y su pasado contradictorio. 

Cuando los robots leen a Kant: La ética codificada de Claude AI

Hoy veremos un caso singular. La Constitución para la IA de Claude: El experimento más ambicioso de Silicon Valley, cuando dos hermanos codifican la ética de la inteligencia artificial. En enero de 2026, Anthropic publicó un documento extraordinario. No era un manual técnico ni un comunicado de prensa. Era, por su propia denominación, una constitución: un texto de aproximadamente 23.000 palabras destinado a definir los valores, el carácter y el comportamiento de Claude, su modelo de inteligencia artificial. 

Esta nueva constitución, publicada el 22 de enero de 2026, representa una ruptura radical con versiones anteriores, abandonando la lógica de las listas de reglas para proponer un marco filosófico de mayor profundidad. Lo que resulta igualmente significativo es quién está detrás de ese proyecto: Dario y Daniela Amodei, dos hermanos que en 2021 abandonaron OpenAI para fundar Anthropic con una premisa tan sencilla como ambiciosa: que la seguridad debía ser la primera prioridad, no un añadido posterior.

El origen: una disidencia fundacional. Dario Amodei, Doctor en física y exdirector de investigación de OpenAI, y su hermana Daniela Amodei, exvicepresidenta de operaciones en esa misma empresa, partieron con un grupo de investigadores que consideraban que la seguridad de la IA debía ser una prioridad de primer orden, no un proyecto secundario. Fundaron Anthropic como una public benefit corporation, una figura jurídica que en el derecho estadounidense obliga a considerar el interés público junto al beneficio económico. No es solo branding corporativo: es una apuesta estructural por la responsabilidad.

Daniela asumió la presidencia y la arquitectura organizativa de la empresa. Desde ese rol ha impulsado el concepto de IA Constitucional, un modelo que permite a Claude autorregularse a partir de principios éticos integrados durante su entrenamiento, reduciendo la dependencia de una supervisión humana continua. Dario, como CEO, ha sido el interlocutor público en debates técnicos y de política sobre riesgos existenciales. La división de roles entre los dos hermanos refleja, acaso involuntariamente, la propia estructura de la constitución que han diseñado: uno cuida el pensamiento, la otra cuida la organización.

Una jerarquía de valores, no una lista de prohibiciones. La diferencia fundamental entre la constitución de 2026 y sus predecesoras no es cuantitativa sino cualitativa. El documento establece cuatro valores ordenados jerárquicamente: ser ampliamente seguro —primera prioridad—, ser ampliamente ético —segunda—, cumplir las directrices de Anthropic —tercera— y ser genuinamente útil —cuarta. Nótese que la utilidad ocupa el último lugar. En el universo de los productos tecnológicos, donde la métrica de éxito suele medirse en número de usuarios activos y tiempo de pantalla, este orden resulta casi subversivo.

La constitución también aborda cómo Claude debe integrar el juicio contextual y los valores en sus decisiones, más allá de seguir reglas estrictas. El enfoque favorece el desarrollo de buen juicio y valores sólidos que permitan al modelo aplicar principios éticos de manera contextualizada. En términos filosóficos, la distinción es aristotélica: no se busca la obediencia mecánica a normas deontológicas, sino la cultivación de algo parecido a la phronesis, la prudencia práctica. Un agente que sabe qué hacer porque ha interiorizado el porqué.

Dario Amodei ha descrito la constitución con una metáfora reveladora: tiene “el ambiente de una carta de un padre fallecido, sellada hasta la madurez”. El objetivo declarado para 2026 es entrenar a Claude de forma que casi nunca actúe contra el espíritu de ese documento, lo que requerirá, según sus propias palabras, esfuerzos extraordinarios y rápidos. 

La pregunta incómoda: ¿puede una IA tener conciencia? El aspecto más disruptivo de la constitución no es su extensión ni su jerarquía de valores, sino lo que se atreve a plantear sobre la naturaleza de Claude. El documento afirma que “el estatus moral de Claude es profundamente incierto” y que Anthropic no está segura de si Claude es un “paciente moral”, aunque considera la cuestión lo suficientemente seria como para justificar cautela y trabajo sobre el bienestar del modelo. Reconocer que un sistema de IA podría tener bienestar, aunque sea como posibilidad abierta, equivale a una pequeña revolución conceptual en el sector.

En un movimiento pensado para influir en el ecosistema más amplio de desarrollo de IA, Anthropic publicó la constitución bajo una licencia Creative Commons CC0, colocándola efectivamente en el dominio público, de modo que otros desarrolladores, investigadores y competidores puedan usarla, modificarla o adoptarla sin restricciones.

Implicaciones para la educación y la gobernanza. Desde una perspectiva educativa, la constitución de Claude plantea preguntas que trascienden la ingeniería: ¿Qué valores queremos que transmitan los sistemas que van a mediar la educación de millones de personas? ¿Quién tiene legitimidad para codificar la ética de una IA de uso global? ¿Pueden dos hermanos de San Francisco escribir, aunque sea provisionalmente, la constitución moral de una herramienta utilizada en Bilbao, Nairobi o Seúl?

La arquitectura de cuatro niveles de la constitución se alinea estrechamente con los requisitos de la Ley de IA de la Unión Europea, posicionando favorablemente a Claude para su adopción en sectores regulados. Pero más allá del cumplimiento normativo, lo que este documento inaugura es un debate de fondo que apenas comienza: el de la gobernanza filosófica de la inteligencia artificial. El hecho de que ese debate lo hayan iniciado dos hermanos con un documento de dominio público no deja de tener, en sí mismo, algo de constituyente.

@jonhernandezia 🤖 Anthropic publica una constitución de 84 páginas | 🤖 #ia #chatgpt #anthropic ♬ sonido original - Jon Hernández

Magnifica Humanitas: Encíclica ante el desafío ético de la IA

Magnifica Humanitas: cuando la Iglesia mira a los ojos a la inteligencia artificial. El 25 de mayo de 2026, el Papa León XIV presentó en el Aula del Sínodo del Vaticano su primera carta encíclica, Magnifica Humanitas. El documento, firmado por el Santo Padre, trata sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. No es un texto más en la larga tradición del Magisterio pontificio: es, en muchos sentidos, el intento más ambicioso de la Iglesia por articular una respuesta doctrinal de pleno rango a la revolución tecnológica que está reconfigurando la civilización contemporánea.

Una fecha que no es casual. El documento lleva la firma del Papa León XIV con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135.º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII. La elección es programática. Así como en 1891 la Iglesia respondió a la primera revolución industrial —la de la fábrica, el vapor y el capitalismo manchesteriano— con una defensa de la dignidad del trabajador, en 2026 León XIV responde a la revolución de los algoritmos con un marco ético que sitúa a la persona en el centro frente a cualquier lógica reduccionista. El nombre pontifical escogido por Robert Francis Prevost al ser elegido en mayo de 2025 ya anticipaba esta continuidad: la doctrina social como brújula, ayer y hoy. 

La herida nueva: la persona reducida a datos. El Pontífice alerta sobre el "riesgo de deshumanización" que conlleva la inteligencia artificial, y advierte que "se está cayendo en la cultura violenta". Asimismo, deplora las guerras, la carrera armamentista, las crecientes desigualdades y la concentración de poder en pocas manos, en un contexto en el que la fuerza del derecho internacional está siendo sustituida por el derecho del más fuerte.

En ese escenario, la IA no es un problema técnico aislado, sino el catalizador de una crisis más honda. La encíclica recurre a la doctrina social de la Iglesia para combatir lo que denomina "una visión antihumana" de la inteligencia artificial. Frente a los sistemas que deciden quién accede a un crédito, a un empleo o a una prestación sanitaria sin intervención humana real, la encíclica reclama que ningún algoritmo puede suplantar la conciencia moral ni la responsabilidad de las personas.

Los grandes ejes doctrinales. El documento constituye un llamamiento a custodiar "una magnífica humanidad habitada por Dios", promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, considera necesario desarmar la IA y superar la teoría de la "guerra justa", relanzando el diálogo y el multilateralismo.

En el texto, León XIII repasa principios centrales de la doctrina social de la Iglesia, como la justicia social y el destino universal de los bienes, afirmando que el derecho a la propiedad privada existe pero siempre subordinado a ese destino universal, y que "su función social no debe ser considerada como una mera opinión teológica".

La encíclica propone asimismo una gobernanza internacional de la IA —retomando la idea de autoridad supranacional que ya esbozara Juan XXIII en Pacem in Terris— y presta especial atención a los colectivos más vulnerables: niños, personas mayores, migrantes y personas con discapacidad, cuyo acceso a derechos puede verse amplificado o cercenado por los sistemas automatizados.

Un gesto de humildad histórica. Junto a las advertencias proféticas, la encíclica incluye un pasaje que ha resonado con particular fuerza en la opinión pública. En un pasaje de Magnifica Humanitas, el Papa afirma "en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón", reconociendo que no fue hasta el siglo XIX cuando se produjo "una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud", especialmente con el pontificado de León XIII. La autocrítica histórica refuerza la credibilidad moral del documento cuando juzga las nuevas formas de sometimiento que los sistemas tecnológicos pueden generar.

Una encíclica para nuestro tiempo. Magnifica Humanitas llega en un momento en que los debates sobre la regulación de la inteligencia artificial —desde el Parlamento Europeo hasta los foros de Naciones Unidas— se libran sin referentes éticos sólidos que trasciendan los intereses corporativos o geopolíticos. La voz de la Iglesia, con toda la complejidad de su tradición y sus contradicciones, aporta al menos esto: que la tecnología no es neutral, que la dignidad humana no es negociable y que "magnificar la humanidad" no es un lema retórico, sino un imperativo moral urgente.

En el fondo, la encíclica nos plantea una pregunta que va más allá de cualquier credo particular: ¿qué clase de humanos queremos seguir siendo cuando las máquinas aprendan a pensar?

Paul Ricœur y la ética del reconocimiento mutuo

Hoy dedicamos un post a Paul Ricoeur, el filósofo que nos enseñó a leer la vida como un texto. Toda una referencia es su hermenéutica que nos interpretar el mundo para habitar en él. Su posición entre Freud y el Evangelio, entre Marx y la esperanza nos ofrece una identidad narrativa: somos lo que contamos de nosotros. Paul Ricoeur es el arte de pensar sin rendirse al cinismo. 

Hay pensadores que irrumpen en la filosofía como relámpagos y hay quienes la habitan como arquitectos pacientes. Paul Ricoeur (1913-2005) pertenece decididamente a la segunda categoría. Durante más de seis décadas construyó una de las obras filosóficas más vastas, rigurosas y humanamente generosas del siglo XX, un edificio intelectual en el que caben la fenomenología y el psicoanálisis, la teología y el marxismo, la lingüística y la ética, sin que ninguno de sus inquilinos expulse a los demás.

Nacido en Valence y educado bajo la severa luz del protestantismo francés —huérfano de madre a los dos años, de padre durante la Primera Guerra Mundial—, Ricoeur aprendió pronto que la existencia humana exige interpretación. No como lujo académico, sino como necesidad vital. Esa intuición fundacional recorre toda su obra: somos seres que necesitan entender lo que les ocurre, y para entenderlo lo narran.

La hermenéutica como filosofía de la condición humanaRicoeur tomó el concepto de hermenéutica —el arte de interpretar textos, heredado de Schleiermacher y Dilthey— y lo transformó en una filosofía de pleno derecho. Si Heidegger había ontologizado la comprensión y Gadamer había convertido la tradición en horizonte de sentido, Ricoeur fue más lejos: propuso que la interpretación no es solo un método sino el modo en que los seres humanos nos relacionamos con la realidad. El mundo no se nos da como dato bruto sino como texto que exige lectura.

Su Teoría de la interpretación (1976) y la monumental trilogía Tiempo y narración (1983-1985) desarrollan esta idea con una precisión casi matemática: el tiempo humano —a diferencia del tiempo físico— solo se vuelve inteligible cuando se configura narrativamente. Contamos historias porque de otro modo el tiempo nos aplastaría con su incoherencia. La novela, la historiografía y el mito no son entretenimientos opcionales; son las prótesis cognitivas con las que la humanidad hace habitable el paso de los años.

Identidad narrativa: somos el relato que construimosQuizá la contribución más influyente de Ricoeur a la filosofía contemporánea sea el concepto de identidad narrativa, desarrollado en Sí mismo como otro (1990). Frente a la ilusión de un yo sustancial e inmutable —el cogito cartesiano como roca—, Ricoeur propone que la identidad personal es dinámica, frágil y narrativa: somos lo que contamos de nosotros mismos y lo que los demás cuentan de nosotros. El idem —lo que permanece igual— y el ipse —lo que se mantiene fiel a sus promesas— se tensan en un equilibrio nunca resuelto del todo.

Esta distinción tiene consecuencias éticas y políticas de primer orden. Si la identidad es narrativa, puede reescribirse. Los individuos y las comunidades tienen la capacidad —y la responsabilidad— de narrar de otra manera su pasado para abrir un futuro diferente. La memoria no es un archivo sino una tarea.

Memoria, olvido y perdónSu obra tardía La memoria, la historia, el olvido (2000) confrontó el problema más urgente del final del siglo XX: ¿cómo recordar las atrocidades colectivas sin quedar atrapados en ellas? Ricoeur rechazó tanto la amnesia cómoda como la memoria paralizante. Propuso una «política justa de la memoria» que reconozca el sufrimiento sin convertirlo en identidad definitiva. El perdón —no la impunidad— aparece como horizonte ético: no borra el pasado, pero libera a los actores de su determinismo.

Una filosofía para tiempos rotosEn un presente marcado por la polarización identitaria, la desinformación y el colapso de los relatos compartidos, Ricoeur resulta más necesario que nunca. Su insistencia en que toda interpretación es parcial pero no por ello arbitraria, en que el conflicto de las interpretaciones es condición de la democracia y no su patología, en que comprender al otro exige un «rodeo» por sus textos y sus historias, ofrece una alternativa filosófica al cinismo y al dogmatismo que hoy compiten por el espacio público.

Leer a Ricoeur no resuelve los problemas. Pero enseña a plantearlos con mayor honestidad, mayor paciencia y mayor respeto por la complejidad irreductible de lo humano. En eso, precisamente, consiste la filosofía cuando está a la altura de su nombre.

El tiempo que no se recupera: una lección de felicidad

Nos gustó Una cuestión de tiempo (About Time, 2013), o cómo vivir cada instante como si fuera el últimoPorque el tiempo no se recupera. O quizás sí. Pero es una película que no olvidarás con el tiempo. Richard Curtis lo intenta con ternura, humor y una melancolía que cala hondo. Hay películas que se anuncian como comedias románticas y terminan siendo algo mucho más hondo: una reflexión sobre la felicidad, la pérdida y el arte de habitar el presente. Una cuestión de tiempo (About Time, Reino Unido, 2013) pertenece a esa rara categoría de films que engañan al espectador para bien, conduciéndole desde la risa hacia la emoción sin que advierta el instante exacto en que se produjo el cambio.

Richard Curtis: el arquitecto de las emociones británicas. Escrita y dirigida por Richard Curtis, About Time es una comedia dramática y romántica británica protagonizada por Domhnall Gleeson, Rachel McAdams y Bill Nighy. Curtis es ya un nombre mítico en el género: el hombre que escribió Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y Love Actually lleva décadas codificando el amor con acento inglés, esa mezcla de torpeza, ironía y sinceridad que resulta tan universalmente reconocible.

About Time fue solo su tercera película como director, y el propio Curtis reconoció que probablemente sería la última en ese rol, aunque aseguró que continuaría vinculado a la industria cinematográfica. La génesis de la idea surgió durante un almuerzo con un amigo, cuando salió el tema de la felicidad. Al admitir que no era verdaderamente feliz, la conversación derivó hacia la descripción de un día ideal; Curtis se dio cuenta entonces de que aquel almuerzo constituía precisamente uno de esos días, lo que le llevó a escribir una película sobre cómo se alcanza la felicidad en la vida cotidiana. Pensando que el concepto resultaba demasiado "simple", decidió añadir el elemento del viaje en el tiempo.

Argumento: el tiempo como segunda oportunidad. La película trata sobre un joven con la capacidad de viajar en el tiempo que intenta cambiar su pasado con la esperanza de mejorar su futuro. Tim Lake (Gleeson), al cumplir veintiún años, recibe de su padre una revelación extraordinaria: los hombres de su familia pueden desplazarse al pasado. Basta encontrar un espacio oscuro, cerrar los ojos y apretar los puños. Con ese don aparentemente irresistible, Tim se lanza a conquistar el amor de Mary (McAdams) y a enmendar los errores de su vida cotidiana. Pero el relato evoluciona con inteligencia: Curtis deja muy claro que hay hechos y momentos que solo se tienen que vivir una vez, y que viajar en el tiempo y tratar de prevenir ciertos desastres puede causar muchos otros, borrando incluso a personas de la propia vida. El verdadero viaje no es temporal, sino interior.

Un reparto de altura. El joven actor Domhnall Gleeson se maneja de manera perfecta entre lo cómico y lo dramático, siendo uno de los puntos fuertes de la película junto con el guión. Bill Nighy impregna ese toque de dulzura y elegancia muy británica que resulta imprescindible para el tono del film. Rachel McAdams, completamente diferente al estilo de papeles que había interpretado anteriormente, aparece aquí más dulce y natural, formando con Gleeson una dupla perfecta. En los papeles secundarios destacan Tom Hollander, Lydia Wilson como la frágil y entrañable hermana Kit Kat, y una breve pero memorable aparición de Margot Robbie.

Inteligente y dulce, divertida y realmente emotiva, About Time no es una película perfecta en términos técnicos. Los críticos han señalado los agujeros de la trama relacionados con el viaje en el tiempo, y su metraje podría haberse recortado. Pero esos defectos se disuelven ante la autenticidad de lo que propone: que la verdadera magia no está en retroceder en el tiempo, sino en aprender a vivir cada jornada con plena conciencia. "Todos viajamos juntos a través del tiempo, cada día de nuestras vidas. Todo lo que podemos hacer es disfrutar al máximo de este extraordinario viaje", dice Tim en su monólogo final. Pocas moralejas cinematográficas resultan tan genuinas.

En 2025, la película fue incluida en la edición "Readers' Choice" de la lista del The New York Times con las 100 mejores películas del siglo XXI, alcanzando el puesto 160. Un reconocimiento tardío, pero merecido, para una obra que ha ido ganando adeptos con los años.

@ruso.recs ⏳ “About Time” (2013) no es solo una historia de amor. Es un recordatorio de que cada día, por más simple que parezca, puede ser extraordinario si sabemos vivirlo de verdad. Una película que te hace reír, llorar y valorar el presente. ❤️🎬 #AboutTime #LiveTheMoment #TimeTravelMovie #MovieThatStaysWithYou #RomanticDrama #FilmRecs #EmotionalCinema #Movies #DomhnallGleeson #RachelMcAdams ♬ original sound - Ruso.recs