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PISA 2025: 5 causas capitales del desastre y 6 posibles soluciones

Debate sobre #PISA2015 en el programa La Noche En Jake
Imagen de 2016, explicando en ETB los resultados de PISA 2015 en prime time. Contexto del artículo: Hace más de 8 años que me jubilé con 65 años. Desde entonces me he centrado en otros temas, pero siempre he sido un educador. Comencé con 22 años, en 1975, como Profesor Titular de Didáctica de las Matemáticas y Ciencias Experimentales en la UPV-EHU. En 1985 pasé al Gobierno Vasco como responsable de Tecnología y Educación, y luego muchos años como responsable de Innovación Educativa. He escrito y divulgado mucho sobre PISA (posts aquí recogidos). En este primer artículo, he preferido apuntar medidas generales, a escala universal. Seguirá una entrada sobre el caso de la Comunidad Autónoma de Euskadi, con soluciones que siguen siendo oportunas, muchas de ellas como lo eran tras PISA 2015 (leer aquí). Tampoco en este texto he apuntado razones permanentes y obvias que diferencian en resultados de comprensión lectora a alumnado de la misma edad que estudia en comunidades bilingües respecto a monolingües, y más si es con idiomas tan distantes lingüísticamente.

Los resultados de PISA 2025, publicados el 8 de septiembre de 2026, nos han dejado anonadados. Era esperable el declive. porque confirma lo que ya se insinuaba en PISA 2018 y PISA 2022 (PISA 2021 no pudo realizarse por la pandemia), pero no en esa grado de pérdida de nuestras generaciones de infancia y juventud. Cae peligrosamente el rendimiento de los adolescentes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias ha seguido deteriorándose en buena parte del mundo rico. No se trata de un tropiezo puntual ni, según la propia OCDE, de un artefacto del instrumento. Es un cambio de época educativa, visible a la vez en el promedio de la OCDE, en España y, con particular intensidad, en el País Vasco.

PISA no mide “cultura general” ni fidelidad al currículo nacional. Mide la capacidad de aplicar conocimientos a problemas nuevos. Por eso su caída no es un dato administrativo: es un indicador de la capacidad cognitiva colectiva con la que una generación entra en la vida adulta, en un momento en que la inteligencia artificial y la complejidad informativa exigen precisamente lo contrario: atención sostenida, lectura de textos largos, razonamiento y perseverancia.

La pregunta útil no es quién tiene la culpa. Es qué ha cambiado en los estudiantes, en las familias, en el profesorado, en las aulas, en los sistemas y en la sociedad, y qué se puede corregir con evidencia, no con eslóganes. Repasamos, a continuación y con una extensión inhabitual, las principales causas de la bajada de resultados y algunas fórmulas clave para recuperar el aprendizaje requerido para un futuro incierto.

Hay momentos en los que una estadística deja de ser simplemente una estadística. Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, constituyen uno de esos momentos. Más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías han participado en esta evaluación internacional y el diagnóstico es inequívoco: el deterioro del rendimiento no afecta únicamente a un país o a un determinado modelo educativo. La OCDE registra una caída generalizada y sitúa el rendimiento medio de sus países miembros en mínimos históricos en matemáticas, lectura y ciencias.

Por tanto, sería un error interpretar el resultado exclusivamente como un «fracaso un agente o una comunidad», del mismo modo que sería tranquilizador atribuirlo únicamente a la pandemia, a los teléfonos móviles, a una determinada ley educativa o a la supuesta falta de esfuerzo de los adolescentes. El problema es más profundo, multifactorial y estrepitoso por fallo sistémico de todos los intervinientes. Estamos ante una disrupción cultural, tecnológica y educativa de gran alcance. Y precisamente por eso las soluciones tampoco pueden reducirse a apuntar hacia algo en concreto y menos aún a cambiar alguna ley cada pocos años.

Premisa crucial: la caída es internacional. La primera conclusión obliga a abandonar cualquier explicación exclusivamente nacional. Entre 2015 y 2025, la puntuación media de la OCDE cayó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura. En ciencias, donde PISA 2025 situó su principal foco de evaluación, también se produjo un descenso, aunque considerablemente menor.

La magnitud es extraordinaria porque PISA no está describiendo solamente una oscilación coyuntural. La tendencia descendente venía manifestándose desde antes de la pandemia en numerosos sistemas. La COVID-19 agravó probablemente un problema que ya existía, pero no lo creó desde cero. Esta distinción es fundamental. Si pensamos que todo se debe a los confinamientos, nuestra respuesta será recuperar simplemente las clases perdidas. Si entendemos que existe una transformación estructural del aprendizaje, necesitaremos rediseñar parte del sistema.

1. Primera causa: la pandemia, pero no como explicación total. La pandemia provocó interrupciones escolares, aislamiento social, pérdida de rutinas, dificultades familiares y una aceleración improvisada de la educación digital. Su impacto sobre determinados grupos fue especialmente intenso. Pero la propia evidencia de PISA 2022 ya advertía de que no existe una relación sencilla entre duración del cierre escolar y caída del rendimiento. Algunos sistemas con cierres relativamente prolongados tuvieron resultados mejores que otros con interrupciones menores. 

La pandemia debe entenderse, por tanto, como un acelerador. Aceleró tendencias anteriores: desigualdad, problemas de salud mental, pérdida de hábitos de lectura, dependencia tecnológica, dificultades de concentración, absentismo y debilitamiento de determinados vínculos entre escuela y familia. La cuestión no es volver a 2019. Es aprender a educar en una sociedad que ya no es la de 2019.

2. Segunda causa: la revolución de la atenciónProbablemente estamos ante uno de los cambios menos comprendidos de nuestro tiempo. Durante siglos, aprender significaba fundamentalmente concentrarse durante períodos prolongados. Ahora vivimos rodeados de estímulos diseñados para interrumpir la concentración. Móviles, redes sociales, vídeos breves, videojuegos, notificaciones y plataformas digitales compiten permanentemente por la atención de los adolescentes.

No es una cuestión moral. Es una cuestión cognitiva. La atención sostenida es un recurso limitado. Y la escuela tiene que competir con industrias cuyo modelo económico consiste precisamente en maximizar el tiempo de permanencia del usuario. PISA ofrece señales relevantes. En 2022, alrededor del 30% de los estudiantes de los países de la OCDE declaraba distraerse por dispositivos digitales durante las clases. Además, la utilización moderada de dispositivos para aprender podía asociarse positivamente con el rendimiento, mientras que el uso excesivo o recreativo presentaba relaciones negativas. La conclusión no debería ser «tecnología sí» o «tecnología no». Debe ser: tecnología dentro cuando mejora el aprendizaje; tecnología fuera cuando destruye la atención.

3. Tercera causa: hemos debilitado la lectura profundaLa caída en comprensión lectora merece una consideración especial. Leer no significa únicamente descodificar palabras. Significa construir significado, inferir, relacionar ideas, distinguir hechos y opiniones, interpretar argumentos, reconocer matices y mantener información en la memoria de trabajo. La lectura profunda necesita tiempo. Y necesita una cierta tolerancia al aburrimiento. Una generación acostumbrada al desplazamiento permanente de contenidos puede encontrar especialmente difícil enfrentarse a un texto largo, complejo y sin recompensas inmediatas.

España ofrece aquí una señal preocupante: en PISA 2025 obtiene 451 puntos en lectura, frente a 474 en 2022. Es su peor resultado histórico en esta competencia.  La respuesta debería ser inequívoca: hay que volver a enseñar a leer mucho, despacio y críticamente. No solamente en Lengua. También en Ciencias, Matemáticas, Historia, Filosofía y Tecnología. Un alumno que no comprende un problema escrito difícilmente podrá resolverlo matemáticamente, aunque conozca las operaciones.

4. Cuarta causa: menor esfuerzo cognitivoExiste otro fenómeno que conviene abordar sin prejuicios generacionales. Aprender cuesta. La memoria, la práctica deliberada, la resolución de problemas, la escritura y la lectura exigente requieren esfuerzo. La educación contemporánea ha incorporado con razón metodologías activas, aprendizaje por proyectos, colaboración, creatividad y competencias. El problema aparece cuando estos enfoques se interpretan como sustitutos de los conocimientos básicos, y no como instrumentos para utilizarlos. 

No existe pensamiento crítico sin conocimientos. No existe creatividad sólida sin dominio de un campo. No existe competencia científica sin fluidez matemática. No existe inteligencia artificial bien utilizada sin criterio intelectual. La educación debe recuperar un equilibrio entre conocimiento y competencia, contenidos y aplicación, memoria y comprensión.

5. Quinta causa: la inteligencia artificial cambia las reglasPISA 2025 incorpora explícitamente el nuevo contexto de la inteligencia artificial. El problema no es que los estudiantes utilicen ChatGPT, Gemini, Claude u otros sistemas. El verdadero problema sería que la IA sustituyera precisamente las operaciones cognitivas que la escuela pretende desarrollar. Si una máquina resume, redacta, calcula, traduce y resuelve problemas, la educación debe plantear una pregunta nueva: ¿Qué necesitamos seguir aprendiendo los humanos cuando las máquinas pueden ejecutar buena parte de las tareas intelectuales rutinarias? La respuesta no puede ser «nada».

Debe ser exactamente la contraria: necesitamos más comprensión, más capacidad para formular preguntas, más razonamiento, más verificación, más cultura científica, más pensamiento crítico y más capacidad para distinguir una respuesta plausible de una respuesta verdadera. La IA debería convertirse en tutor, simulador, interlocutor y herramienta de investigación, no en sustituto del esfuerzo intelectual.

España: el problema es especialmente serio. España llega a PISA 2025 con resultados históricamente bajos. La puntuación nacional se sitúa en 457 puntos en matemáticas, 451 en lectura y 477 en ciencias. Respecto a 2022, las pérdidas son aproximadamente de 16 puntos en matemáticas, 23 en lectura y 8 en ciencias. El dato resulta particularmente preocupante porque España ya había experimentado retrocesos en las ediciones anteriores. 

En PISA 2022, la OCDE constataba que los resultados españoles habían descendido respecto a 2015 en las tres competencias. No parece razonable atribuir todo el deterioro a una única reforma educativa. Tampoco sería científico afirmar que la LOMLOE es por sí sola responsable del descenso. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 han pasado por una combinación de circunstancias: pandemia, transformación digital, cambios curriculares, nuevas pautas familiares, mayor diversidad social y lingüística, modificaciones en las prácticas docentes y cambios culturales profundos. La respuesta debería ser, por tanto, igualmente sistémica. 

Euskadi: una alarma especialmente insufrible. El caso vasco merece un análisis específico porque Euskadi había construido durante décadas una reputación de sistema educativo relativamente sólido y equitativo. Los resultados de PISA 2025 obligan a revisar esa percepción. Euskadi obtiene 460 puntos en matemáticas, 419 en lectura y 459 en ciencias, frente a 482, 466 y 480 respectivamente en PISA 2022. La caída es particularmente dramática en comprensión lectora:47 puntos menos.

En lectura, Euskadi queda en la parte inferior de las comunidades autónomas. No es un pequeño retroceso estadístico. Es una señal estructural. Y precisamente por eso sería un error responder mediante una explicación simplista —por ejemplo, atribuirlo exclusivamente al modelo lingüístico, a la inmigración, a la metodología competencial o al uso de pantallas—. Cada una de esas hipótesis puede ser investigada. Ninguna debería convertirse automáticamente en una conclusión causal. 

El propio organismo vasco de evaluación, ISEI-IVEI, señala que PISA 2025 incorpora además nuevas dimensiones relacionadas con el aprendizaje en el mundo digital y la lengua extranjera, mientras ciencias constituye la competencia principal de la edición. Euskadi necesita ahora investigación educativa propia, no solamente interpretación política de las tablas.

El factor socioeconómico sigue siendo determinante. PISA demuestra reiteradamente que el contexto familiar importa. En España, el estatus socioeconómico y cultural continúa siendo un predictor relevante del rendimiento. En PISA 2022 explicaba aproximadamente el 14% de la variabilidad del rendimiento matemático, frente al 15% en el conjunto de la OCDE. Pero hay una conclusión igualmente importante: la escuela sí puede compensar parcialmente las desigualdades de origen.

El objetivo no debería ser conseguir que todos los alumnos obtengan exactamente el mismo resultado. Eso sería imposible y tampoco deseable. El objetivo es que el origen familiar determine lo menos posible el destino educativo. Para ello hacen falta refuerzos tempranos, orientación, tutorías, becas, apoyo lingüístico, educación infantil de calidad y una atención mucho más individualizada.

Pasemos a las fórmulas urgentes que puedan corregir esta aterradora deriva.

1. Primera fórmula: recuperar la lecturaLa medida más barata y probablemente una de las más poderosas sería establecer un innovador Plan Vasco y Español de Lectura Profunda. Entre 30 y 45 minutos diarios de lectura sostenida y cumplimiento estricto. Libros completos. Textos científicos. Ensayos adaptados. Literatura clásica. Prensa de calidad, si se encuentra. Y después, conversación y escritura. No se trataría de convertir la lectura en una asignatura más, sino en una infraestructura intelectual transversal. Un estudiante que lee bien aprende mejor prácticamente todo. 

2. Segunda fórmula: volver a enseñar explícitamente los fundamentosNecesitamos recuperar una idea aparentemente antigua y profundamente moderna: lo básico debe dominarse. Ortografía, vocabulario, sintaxis, cálculo, álgebra, proporcionalidad, estadística, razonamiento científico, comprensión de gráficos, escritura argumentativa. Después vendrán los proyectos interdisciplinarios, la creatividad, la programación, la robótica y la inteligencia artificial. Pero no antes. Un sistema educativo innovador no es aquel que utiliza más aplicaciones. Es aquel que consigue que sus estudiantes aprendan más y mejor. 

3. Tercera fórmula: una política inteligente de pantallas. Ni tecnofobia ni tecnolatría. Un buen colegio del siglo XXI debería poder utilizar tablets, ordenadores, simuladores, laboratorios virtuales e inteligencia artificial y, simultáneamente, establecer períodos protegidos sin dispositivos. La evidencia disponible sugiere precisamente esa moderación: un uso educativo limitado puede resultar beneficioso, mientras que la distracción digital se relaciona negativamente con el rendimiento. La pregunta correcta no es «¿hay tecnología en el aula?». Es: «¿Qué aporta esta tecnología que el estudiante no podría aprender mejor de otra manera?» 

4. Cuarta fórmula: dignificar y reconocer al profesorado. Ninguna reforma educativa funcionará sin profesores preparados, motivados y con tiempo para enseñar. Hay que reducir tareas burocráticas, mejorar la formación permanente, reforzar la carrera profesional y atraer talento hacia la docencia. Y hay que proporcionar al profesorado herramientas eficaces para gestionar aulas heterogéneas. PISA 2022 ya mostraba la importancia del apoyo docente: los estudiantes que percibían mayor disponibilidad de ayuda del profesor presentaban mejores resultados matemáticos. La innovación educativa no debería consistir en pedir al profesor que haga cada año diez cosas nuevas. Debería consistir en ayudarle a hacer mejor las cosas esenciales.

5. Quinta fórmula: intervenir antesUna caída detectada a los 15 años puede haberse iniciado a los 7, a los 9 o incluso antes. Por ello necesitamos sistemas de alerta temprana. Si un niño presenta dificultades persistentes de comprensión lectora en tercero de Primaria, no deberíamos esperar hasta Secundaria. La regla debería ser sencilla: detectar pronto, intervenir pronto y evaluar si la intervención funciona. Esto exige evaluaciones diagnósticas rigurosas, pero no convertir la escuela en una sucesión interminable de exámenes. Evaluar no es examinar continuamente. Evaluar es obtener información útil para tomar mejores decisiones. 

6. Sexta fórmula: menos teorías, más evidenciasEspaña necesita superar el ciclo perverso de las reformas educativas. Cada cambio político modifica currículos, terminología, prioridades y estructuras. El profesorado vuelve a empezar. 

Una política educativa madura debería establecer objetivos para diez o quince años. Por ejemplo: elevar sustancialmente la comprensión lectora; reducir el porcentaje de alumnado por debajo del nivel básico; aumentar el alumnado excelente; mejorar matemáticas y ciencias; reducir las brechas socioeconómicas; mejorar la formación docente; disminuir la distracción digital; integrar la IA con criterios pedagógicos. Y medir anualmente el progreso. No esperar tres años hasta PISA. 

Una propuesta específica para Euskadi. Euskadi debería responder al resultado con un nuevo Pacto Escolar por el Aprendizaje, construido sobre evidencia y no sobre trincheras políticas. Debería incluir al menos: 1. Un plan extraordinario de comprensión lectora. 2. Refuerzo intensivo de matemáticas y ciencias. 3. Evaluación externa e independiente de las metodologías utilizadas. 4. Investigación rigurosa sobre el impacto de los modelos lingüísticos. 5. Programas específicos para alumnado inmigrante recién incorporado. 6. Formación avanzada del profesorado en IA y alfabetización digital. 7. Regulación efectiva de móviles durante la jornada escolar. 8. Reducción de burocracia docente. 9. Tutorías individualizadas para alumnado vulnerable. 10. Publicación transparente y pormenorizada de indicadores de progreso.

Y una undécima medida sine quo non: recuperar la ambición. Euskadi no debería conformarse con estar cerca de la media estatal o europea. Por esfuerzo histórico, por inversión mantenida y por imperativo de supervivencia debería aspirar de nuevo a situarse entre los sistemas europeos de mayor rendimiento y equidad.

La OCDE también necesita aprender de PISA. A modo de recopilación final, es preciso comprender que el problema no es exclusivamente vasco, ni español, ni de toda la OCDE. Si numerosos sistemas educativos avanzados están retrocediendo simultáneamente, la propia OCDE debería promover una investigación internacional sobre las causas. Necesitamos saber cuánto corresponde a: pandemia; digitalización; móviles; redes sociales; inteligencia artificial; hábitos familiares; lectura; salud mental; absentismo; disciplina; motivación; cambios curriculares; composición demográfica; condiciones docentes,... Y, sobre todo, necesitamos estudios longitudinales que permitan distinguir correlación de causalidad. PISA es extraordinariamente valioso, pero es una fotografía periódica. Para comprender la película necesitamos más datos y mucha más investigación. 

Tampoco debemos convertir PISA en una competición de rankings. PISA no mide toda la educación. No mide directamente la calidad humana de una escuela, la creatividad completa de una persona, su ciudadanía, su felicidad, su ética o su capacidad para construir relaciones. Por eso sería absurdo reducir la educación a una tabla de posiciones. Pero también sería absurdo despreciar PISA cuando los resultados son malos. Las dos posiciones extremas son intelectualmente cómodas y científicamente pobres. PISA es un termómetro. No es la enfermedad. Pero cuando el termómetro marca fiebre, conviene investigar. Y en 2025 la fiebre es alta. 

Una apelación a la verdadera innovación educativa. Quizá la lección más profunda de PISA 2025 sea paradójica. Para preparar el futuro no necesitamos necesariamente una escuela más tecnológica. Necesitamos una escuela más inteligente en el uso de la tecnología. Una escuela que enseñe a leer cuando todos consumen fragmentos. A calcular cuando existen calculadoras. A escribir cuando existe la IA generativa. A memorizar aquello que conviene tener disponible mentalmente. A investigar cuando existe Google, Quora, ChatGPT,... A contrastar cuando existen millones de respuestas. A conversar cuando proliferan las pantallas. Y a pensar cuando las máquinas empiezan a hacerlo extraordinariamente bien. La innovación educativa no consiste en introducir cada novedad. Consiste en conservar lo que funciona (siempre ha sido mucho más difícil de discernir que lo que hay que sumar) y cambiar aquello que ha dejado de funcionar. 

Una década para recuperar el aprendizaje. El resultado de PISA 2025 debería provocar preocupación, pero no pesimismo. Los sistemas educativos pueden y deben cambiar. Existen países y territorios que han demostrado que es posible combinar equidad y excelencia. PISA identifica sistemas capaces de mantener buenos niveles de competencia básica junto con una distribución relativamente equitativa del rendimiento. La cuestión no es descubrir una fórmula mágica. No existe. La fórmula real es mucho menos espectacular y mucho más exigente: buenos profesores, buenos directores, familias implicadas, alumnos que estudian, currículos coherentes, evaluación rigurosa, lectura abundante, matemáticas sólidas, ciencia, disciplina razonable, tecnología bien utilizada y políticas educativas estables.

Y, por encima de todo, una sociedad adulta y consciente que vuelva a transmitir a sus jóvenes una idea esencial: aprender merece la pena. PISA 2025 no debería ser recordado dentro de diez años como el momento del desastre educativo. Debería convertirse en el momento en que decidimos cambiar de rumbo. No para volver al pasado. Sino para construir una escuela capaz de preparar a nuestros hijos y nietos para un mundo que será simultáneamente más tecnológico, más complejo y más humano. Porque la verdadera pregunta que plantea PISA no es qué posición ocupa España o Euskadi en una clasificación. La cuestión más trascendente es: ¿Qué estamos haciendo hoy para que las próximas generaciones puedan comprender mejor el mundo que nosotros? Y esa respuesta todavía está en nuestras manos.

@enjakeETB #PISA2015

Imagen de PISA 2015. Posts previos nuestros sobre PISA

El mundo de ayer, obra de Stefan Zweig, ante el nazismo

Hace poco leíamos leíamos en El Correo a una librera de Getxo que apuntaba este libro como el más leído en nuestro municipio. Y nunca le habíamos dedicado un post, aunque sí varios a su autor Zweig. El mundo de ayer (leer parte en PDF) es la memoria de una Europa que el odio destruyó. 

El autor, Stefan Zweig, ciudadano del mundo sin patria, nació en Viena el 28 de noviembre de 1881, en el seno de una familia judía acomodada de la alta burguesía austro-húngara. Formado en la Viena imperial —ese crisol cultural irrepetible donde convivían Mahler, Freud, Schnitzler y Klimt—, estudió Filosofía y Letras en Viena y Berlín, y pronto se convirtió en uno de los escritores en lengua alemana más leídos del mundo. Traductor, biógrafo, dramaturgo y narrador, Zweig cultivó una prosa de precisión quirúrgica y extraordinaria sensibilidad psicológica.

En 1934, acosado por el ascenso del nazismo y el antisemitismo, abandonó Austria y emprendió un exilio que lo llevó a Londres, Nueva York y finalmente a Petrópolis, en Brasil. Allí, en la madrugada del 22 de febrero de 1942, Stefan Zweig y su segunda esposa, Charlotte Altmann, pusieron fin a sus vidas mediante una sobredosis de barbitúricos. Había terminado de escribir El mundo de ayer apenas unas semanas antes de su muerte. El libro se publicó póstumamente en 1942. 

La obra: autobiografía de un siglo en llamasEl mundo de ayer. Memorias de un europeo (Die Welt von Gestern. Erinnerungen eines Europäers) no es exactamente una autobiografía convencional. Zweig apenas habla de su vida privada; en cambio, convierte su propia trayectoria en el hilo conductor de un retrato exhaustivo y elegíaco de la civilización europea entre 1880 y 1940. El libro es, simultáneamente, un memorial, una denuncia y un testamento espiritual.

La obra se articula en grandes capítulos que van desde la juventud dorada en Viena —la ciudad de la cultura, la tolerancia y el refinamiento— hasta la irrupción de la Primera Guerra Mundial, la efímera ilusión de la República de Weimar, el terror nazi y la Segunda Guerra Mundial. Zweig describe la Belle Époque con una nostalgia que no es meramente sentimental, sino política y filosófica: aquella Europa de fronteras abiertas, de pasaportes innecesarios y de intercambio cultural sin trabas representaba para él la promesa más alta de la modernidad.

El naufragio de esa promesa ocupa el centro dramático del relato. Con una lucidez estremecedora, Zweig narra cómo el nazismo, la propaganda, el miedo y el resentimiento fueron desmontando, pieza a pieza, el edificio de la convivencia ilustrada que él había conocido. El antisemitismo, la quema de libros, la persecución de los intelectuales, el exilio de la inteligencia europea: todo ello desfila ante el lector con una verosimilitud que ningún manual de historia puede igualar.

Zweig también dedica páginas memorables a sus encuentros con figuras como Rodin, Rilke, Romain Rolland, Gorki, Freud, Joyce, Hofmannsthal y Herzl —cuya visión sionista comprendió tarde, como él mismo reconoce—. Estos retratos funcionan como pequeños lienzos de época, pero revelan también la fe de Zweig en la cultura como antídoto frente a la barbarie, una fe que los hechos acabarían desmintiendo. 

Voces del libro: citas para la memoria"Nunca había sido la Tierra más bella, nunca había sido la libertad más grande, nunca había sido la riqueza más abundante, nunca había sido la fe en el progreso más ardiente." "El judío europeo era, de todos los europeos, el más europeo; había asimilado mejor que ningún otro pueblo la cultura occidental." "Antes de la Primera Guerra Mundial, el mundo pertenecía a todos. Cada uno podía ir adonde quisiera y quedarse cuanto tiempo le pareciese. No existían permisos, no existían visados." "Quizás la mayor tragedia de mi generación es que hayamos vivido en tres mundos distintos sin poder adaptarnos a ninguno de ellos." "He visto cómo las grandes ideologías colectivas destruyen al individuo, al que solo le queda la opción de someterse o ser destruido."

Vigencia: un espejo para el presenteLeer El mundo de ayer en el siglo XXI no es un ejercicio de nostalgia histórica. Es una advertencia. Zweig describe con precisión los mecanismos mediante los cuales una sociedad cultivada puede deslizarse hacia la intolerancia, el autoritarismo y la violencia. La rapidez del derrumbe —apenas una década separa la República de Weimar del Tercer Reich— interpela directamente a cualquier lector que viva en una democracia y crea que los avances civilizatorios son irreversibles. 

La escritura de Zweig es al mismo tiempo elegante y urgente, íntima y universal. Su mirada sobre Europa —una mirada que amó ese continente con la intensidad de quien lo perdió todo— convierte este libro en una de las grandes obras de la literatura del siglo XX y en una lectura imprescindible para quien quiera entender cómo el odio organizado puede arrasar en pocos años lo que tardó generaciones en construirse. 

Aprender haciendo: Robot Academy y STEAM en Bilbao

Robot Academy y STEAM en Bilbao
Álbum de imágenes.

Robot Academy Bilbao: Sembrando curiosidad tecnológica desde la infancia. En el paisaje educativo de Bilbao, donde la tradición industrial convive con la innovación urbana, Robot Academy propone un enfoque práctico y lúdico para introducir a niñas y niños en la robótica educativa, la programación y la electrónica. Su presencia en la ciudad —con actividades pensadas por edades y niveles— responde a una necesidad evidente: convertir el interés por la tecnología en competencias reales y transferibles que preparen a las nuevas generaciones para un futuro profesional y cívico cada vez más ligado a lo digital. 

Dirigida por dos grandes profesionales (y amigos nuestros), Juan de la Herrán y Josu Garro, Robot Academy desarrolla su actividad en espacios vinculados a Alltek (Alameda Recalde, 47, Bilbao) y mantiene canales de contacto prácticos como el teléfono/WhatsApp, lo que facilita a las familias informarse y matricularse rápidamente. Su localización en Bilbao posiciona la escuela como un recurso accesible para la ciudad y su área metropolitana, fortaleciendo la red local de iniciativas STEAM

La oferta formativa de Robot Academy se articula en ciclos que abarcan desde la iniciación hasta niveles superiores, combinando montaje de kits, programación por bloques y —para niveles avanzados— conceptos de electrónica y machine learning adaptados a la edad de los alumnos. El modelo pedagógico apuesta por el “aprender haciendo”: los estudiantes diseñan, prueban y mejoran prototipos, lo que favorece el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la creatividad. 

Para las familias bilbaínas, la logística también cuenta: el centro ofrece horarios extraescolares y actividades semanales que facilitan la conciliación con la vida escolar y laboral. Además de los cursos regulares, se organizan clubes y talleres intensivos —por ejemplo en vacaciones— pensados para profundizar proyectos concretos (concursos, retos STEAM, impresoras 3D y competiciones de diseño de robots). Esta estructura modular permite que el aprendizaje sea continuado y acumulativo, desde los primeros años de primaria hasta la adolescencia.

Es importante enmarcar la labor de Robot Academy dentro de un contexto más amplio: Bilbao está reforzando en los últimos años su apuesta por la educación tecnológica (proyectos de formación juvenil y centros especializados), y la aparición de iniciativas como Robot Academy contribuye a crear un ecosistema donde las oportunidades formativas se multiplican y se diversifican. Ese entorno permite además que los aprendizajes de aula conecten con programas municipales, eventos y otros actores educativos.

¿Por qué elegir una academia de robótica como complemento educativo? Porque más allá de la destreza técnica, la robótica educativa cultiva competencias transversales —trabajo en equipo, comunicación de ideas, tolerancia a la frustración y diseño iterativo— que las empresas, las universidades y las instituciones culturales valoran cada vez más. En suma: enseñar a programar un robot es, también, enseñar a preguntar mejor y a imaginar soluciones en un mundo complejo.

@agirregabiria

Robot Academy Bilbao 1/2

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Lucha contra el azúcar: Adicción aceptada socialmente

Hay una cierta vanidad en proclamar que uno no fuma, no bebe alcohol y se mantiene alejado de toda sustancia psicoactiva. Es casi una declaración de virtud, una tarjeta de presentación moral ante el médico o ante la conciencia propia. Y sin embargo, en ese inventario honorable de abstinencias, existe una grieta por la que se cuela, silenciosa y sonriente, la única adicción contra la que lucho sin rubor: el azúcar

Sí, admito mi lucha contra el azúcar refinado. Por supuesto, no compramos azúcar, ni en sobrecitos, pero esta semana me he comido mi último pastel rusoLo confieso sin dramatismo pero con plena conciencia de lo que esa palabra implica. Adicción. No capricho, no preferencia, no debilidad pasajera. La neurociencia lleva décadas documentando que el azúcar activa los mismos circuitos de recompensa dopaminérgica que el alcohol o la nicotina. Estudios realizados en la Universidad de Princeton mostraron que ratas sometidas a dietas ricas en sacarosa exhibían comportamientos de dependencia inequívocos: tolerancia creciente, síndrome de abstinencia, búsqueda compulsiva. El cerebro humano no es tan diferente.

Cuando se ingiere azúcar oculta en tantas formas, el núcleo accumbens —esa región subcortical que los neurocientíficos han bautizado informalmente como el “centro del placer”— libera dopamina en cantidades que el organismo aprende rápidamente a desear de nuevo. El ciclo es antiguo y eficaz: placer, habituación, necesidad, búsqueda. La misma arquitectura que sostiene las grandes dependencias sostiene también la del postre inevitable, el café azucarado de media mañana, el chocolate que aparece al final del día como una recompensa negociada consigo mismo.

Lo paradójico es que el azúcar aún goza de una legitimidad social que otras sustancias adictivas nunca alcanzarán. Está en los cumpleaños, en las celebraciones, en los consuelos. Nadie levanta una ceja cuando alguien pide un segundo trozo de tarta; nadie ofrece un folleto de ayuda cuando el café lleva dos sobres en lugar de uno. La adicción al azúcar está, literalmente, caramelizada por la cultura. Es el vicio que hornea la abuela, que publicitan los grandes estudios de cine, que los gobiernos gravan tibiamente mientras los lobbies de la industria alimentaria financian décadas de investigación confusa.

Las consecuencias, en cambio, no son nada dulces. La relación entre el consumo excesivo de azúcares libres y la obesidad, la diabetes de tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y ciertos procesos inflamatorios crónicos está suficientemente establecida en la literatura médica contemporánea. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres no superen el diez por ciento de la ingesta calórica diaria —y aspira a reducir esa cifra al 5%. La mayoría de los ciudadanos occidentales dobla o triplica ese umbral sin saberlo, porque el azúcar se oculta bajo decenas de nombres en el etiquetado industrial: jarabe de maíz de alta fructosa, maltodextrina, dextrosa, sucrosa, néctar de agave.

Reconocer una adicción es, según los modelos cognitivo-conductuales, el primer paso necesario hacia cualquier forma de gestión consciente. No hablo de abolición —el puritanismo dietético tiene sus propias patologías—, sino de lucidez. De saber exactamente qué se desea y por qué se lo desea, y de construir con esa información una relación más deliberada con lo que se lleva a la boca.

Así que sí: nunca fumé, no bebo nada de alcohol, jamás he consumido drogas. Pero cada tarde, cuando aparece ese impulso suave e irresistible hacia algo dulce, reconozco sin demasiada angustia que tengo, como todo el mundo, al menos un vicio todavía no plenamente erradicado.

Forma parte de los «3 venenos blancos» más comúnmente señalados en nutrición: el azúcar refinado, la sal (que nunca usamos ni añadimos) y la harina (generalmente de trigo). A menudo se incluyen la leche de vaca (que sí bebmos, sin abusar) y el arroz blanco como parte de una lista extendida de "5 venenos blancos". Los nutricionistas precisan que no son "veneno" en sí mismos, sino que el peligro radica en su consumo excesivo y habitual dentro de dietas ultraprocesadas.

@natucoach El azúcar es más peligroso de lo que parece. 🍬🚨 Puede causar adicción y enfermedades graves, pero lo seguimos tomando como si no pasara nada. Es momento de descubrir la verdad y entender cómo afecta realmente a tu salud. No dejes que te engañe. 🔍 Si te gustó el video, guárdalo y compártelo con tus amigos para que también se enteren. 🔄🙌 #Salud #Azúcar #Nutrición #VidaSaludable #Bienestar #CuidaTuCuerpo #CuidadoPersonal #HábitosSaludables ♬ sonido original - Naturópata Chris Díaz

Otredad y convivencia: El nuevo nosotros en sociedades plurales

Hace tiempo queríamos escribir de la otredad (varios posts ya), de pensar al otro, de entender cuál es el espejo inevitable de nuestra propia identidad. La otredad —o alteridad designa aquella condición esencial mediante la cual reconocemos la existencia del otro como diferente de nosotros mismos. Lejos de constituir un mero concepto abstracto, la otredad opera como fundamento del reconocimiento mutuo en nuestra vida social, ética y políticaComprender su naturaleza significa interrogarse sobre cómo nos relacionamos con quienes no somos nosotros, cómo definimos los límites de nuestra identidad y qué implicaciones morales emergen de estos encuentros. 

La tradición filosófica occidental ha abordado la otredad desde múltiples ángulos. Hegel introduce en su dialéctica del amo y el esclavo la idea de que la conciencia de sí requiere necesariamente del reconocimiento por parte de otra conciencia. No hay yo sin tú; la identidad se construye relacionalmente, en el espejo que nos devuelve la mirada ajena.

Emmanuel Levinas radicaliza esta perspectiva al situar al Otro como instancia que precede y fundamenta la ética misma. El rostro del otro —vulnerable, expuesto— nos interpela antes de cualquier decisión racional, exigiéndonos una responsabilidad que no hemos elegido pero que nos constituye como sujetos morales. En esta lectura, la otredad no es una categoría secundaria sino el acontecimiento primordial de la existencia ética.

Jean-Paul Sartre, por su parte, explora la experiencia fenomenológica del otro como aquella mirada que nos objetiva, que nos convierte en cosa observada. "El infierno son los otros", escribe, capturando la tensión inherente a toda relación donde la libertad de cada conciencia amenaza la del otro. 

Dimensiones sociológicas y políticasMás allá de la filosofía pura, la otredad adquiere densidad particular en el análisis sociológico de las dinámicas de inclusión y exclusión. Toda comunidad define sus fronteras estableciendo quiénes pertenecen al "nosotros" y quiénes quedan relegados al territorio de lo ajeno. Esta operación, aparentemente neutra, encierra mecanismos de poder que determinan jerarquías, privilegios y subordinaciones.

Los estudios poscoloniales han revelado cómo la construcción del "otro" ha servido históricamente para justificar dominaciones imperiales. Edward Said documenta en su análisis del orientalismo cómo Occidente construyó una imagen exótica y subalterna de Oriente, proyectando sobre él características que permitían legitimar su intervención civilizatoria. La otredad, así entendida, no es un dato natural sino una producción cultural atravesada por relaciones de fuerza.

El dilema contemporáneo del reconocimientoLas sociedades plurales actuales enfrentan el desafío de gestionar la otredad sin caer en dos extremos igualmente problemáticos: la asimilación forzosa —que niega la diferencia exigiendo homogeneidad— o el relativismo absoluto —que imposibilita cualquier diálogo genuino entre perspectivas distintas.

El filósofo canadiense Charles Taylor propone una "política del reconocimiento" donde la identidad individual y colectiva requiere del reconocimiento auténtico por parte de los demás. No basta la tolerancia pasiva; se necesita valoración activa de la diferencia como constitutiva de una comunidad plural.

Sin embargo, este reconocimiento no implica aceptación acrítica de toda diferencia. Implica más bien la construcción de espacios comunes donde identidades diversas puedan coexistir sin renunciar a principios éticos compartidos. La tensión entre universalismo y particularismo permanece como problema filosófico y político irresuelto.

Hacia una ética de la hospitalidadLa otredad nos confronta con una pregunta esencial: ¿cómo habitamos un mundo compartido con quienes son radicalmente diferentes? Jacques Derrida introduce el concepto de "hospitalidad incondicional", una apertura al otro que precede cualquier cálculo o condición. Esta hospitalidad, imposible e imprescindible a la vez, señala el horizonte utópico de una convivencia que reconozca la alteridad sin pretender domesticarla.

En definitiva, pensar la otredad significa reconocer que nuestra humanidad se juega precisamente en cómo nos relacionamos con la diferencia que nos interpela, nos desafía y, en última instancia, nos constituye.

@candeliousfang ¿Qué es la otredad? 🧐💡 y tú, ¿qué opinas sobre ella? 👇👇#antropologia #parati #knowledge #sabiasque ♬ sonido original - candeliousfang