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A mis nietos les diré

A mis nietos les diré: “Cuando seáis grandes, sabréis mejor toda la Historia, pero conviene que os la vaya contando el aitite (abuelo) para que nunca la olvidéis”. Les relataré cómo se acabó todo. Les trataré de enseñar a mis nietos cuán malvada era la violencia, cuánto dolor produjo entre nosotros y cuándo logramos extirparla de nuestras vidas. Yo les explicaré cómo nació ETA, cuando su abuelo estudiaba en el colegio, y cómo se produjeron las dos primeras muertes, matando y muriendo. Yo les describiré lo maravilloso que será vivir sin amenazas, sin chantajes, sin escoltas, sin miedos, sin excusas para abrazar la paz. Les recordaré cómo traté que mis hijos no llegasen a saber que en Euskadi no había paz, cómo debieron enterarse desgraciadamente y cómo luchamos varias generaciones juntas por la pacificación y por el diálogo desde “Gesto por la Paz” y desde Elkarri. Les enseñaré fotos de algunas de las muchas manifestaciones a las que acudimos, los viejos recortes de los artículos que escribimos razonando por la paz, llorando las guerras en tierras lejanas y en nuestra patria. Les enseñaré las viejas postales de navidad, rezando siempre porque el año nuevo fuese el de la Paz.

Mis nietos sabrán de primera mano por qué los seres humanos sólo pueden crecer plenamente en paz, en convivencia, en libertad, en democracia. Mis nietos aprenderán que sus abuelos padecieron una dictadura y que sus padres conocieron la violencia terrorista. Mis nietos serán hombres y mujeres de paz, que nunca se verán obligados a empuñar un arma, como sus bisabuelos. Mis nietos debatirán con palabras y argumentos, compartidos para convencer. Mis nietos sabrán escuchar y atender los razonamientos y los sentimientos de sus adversarios políticos, que nunca serán sus enemigos. Mis nietos odiarán las guerras, y amarán la paz. Mis nietos nunca tendrán que contar a sus hijos por qué todavía hay personas que se creen con la atribución de matar a sus semejantes.

A mis nietos les confesaré que siendo importante que sepan quiénes fueron sus abuelos, es mucho más importante saber quiénes serán sus propios nietos. Ellos podrán contarles a sus descendientes aquella poesía de León Felipe: ¡Qué lástima, que yo no tenga una casa! ¡Una casa solariega y blasonada, una casa en que, guardara, a más de otras cosas raras, un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada y el retrato de un mi abuelo que ganara una batalla! Porque lo mejor será que mis futuros nietos, que espero que nazcan pronto aunque no veo a mis hijos muy decididos, creerán que todo esto que tanto nos atormenta hoy, que tanto sangra hoy, son “cosas del aitite”, “batallitas del abuelito”, porque nacerán en una Euskadi en paz, en una Euskadi tolerante que arropará a todas sus víctimas y que, en una convivencia vasca normalizada, reconciliará el pasado con el futuro.

Actualización a 26-11-20, cuando ya les he dicho a mis nietos,... 

Teléfono de hilo para hablar con los nietos en confinamiento

Teléfono de hilo para hablar con los nietos en confinamiento
Hoy ha sido un día feliz. Nos hemos visto nietos y abuelos, aquellos desde la calle en su primer día de salida desde el 12 de marzo y nosotros desde el balcón. Primer día salida niños
Como juego hemos preparado un teléfono de hilo para hablar con los nietos en confinamiento. Dos vasos de papel, un poco de hilo (sedal o pita de pescar) y cinco minutos han bastado. Lo más difícil calcular la distancia hasta el banco y alternar entre boca y oído para comunicarse en orden. Y señalar claramente cuál es el terminal de los nietos (txikitxus) y el de los abuelos (aitxitxe y amama).
Teléfono de hilo para hablar con los nietos en confinamiento
Para concluir, el 43º Aplauso Sanitario de hoy, domingo, en Getxo. Por primera vez con niños en las calles, entre las 9 y las 21 horas. 
Hoy ha habido menos aplausos, porque se ha convocado una protesta de silencio por la falta de medios de protección para el personal sanitarioEn este enlace su van acumulando las grabaciones de horas de aplausos.

Historias del tatarabuelo Ezequiel contadas a sus tataranietos

Historias del tatarabuelo contadas a sus tataranietos
Desde que nació nuestro primer nieto en 2010, su existencia desata en sus abuelos un cúmulo de recuerdos de nuestros antepasados que son sus ancestros. A medida que han venido al mundo otros nietos, ya son tres, las anécdotas tan verídicas como recreadas, se van acumulando. 

Estos días de vacaciones estivales con los tres nietos es un momento impagable para que al aitxitxe (abuelo) me pidan, una y otra vez, que les cuente -exactamente como siempre, palabra a palabra-, cómo era su tatarabuelo Ezequiel Aguirregabiria Usabiaga.

El gigantesco tatarabuelo Ezequiel ocupaba siempre dos banquetas para sentarse, su chaqueta o kaiku vasco era enorme,... También era célebre cuando compró kilos y kilos de carne de ballena que llegó al Mercado de la Rivera y, tras probarla solamente él, hizo que la tirasen a la basura sin que nadie más pudiera catarla,...

La historia que más les gusta era la de cómo su tatarabuelo Ezequiel nos llevaba a todos sus nietos varones y mayores (Jesús Jaime, Juan Mari, José Miguel -yo, Mikel-, Juan Andrés, Francisco Javier, Iñigo,... de paseo todos los domingos. El inmejorable programa de aquellas mañanas de principios de los años '60  siempre era el mismo:
Al concluir la hora, ¿o eran treinta minutos?, el aitite Ezequiel, mi abuelo y el tatarabuelo de mis nietos, bebía el último trago de su cerveza, se ponía despaciosamente la boina), se la ajustaba y... levantaba el dedo índice, bajándolo de golpe al tiempo que nos convocaba:
- ¡¡¡ Todoooos,... aquííííííí  !!!

Esto les hace mucha gracia a mis nietos, porque ya entienden que yo no he heredado el poder de convocatoria de mi aitite Ezequiel cuando les llamo y les pido que se reúnan conmigo para recogernos en casa.
Como ya nos sabíamos el protocolo, estábamos atentos para acudir sin perder un segundo a su vera, devolver triciclos y bicicletas y de la mano volver de la mano con él a nuestra casa común, la del aitite, en la calle Cruz, número 6, cuarto piso. Por cierto, un piso célebre porque en él había nacido en 1904 el primer Lehendakari José Antonio Agirre Lekube.

Libros de verano para nuestros nietos (en francés)

Libros de verano para nuestros nietos (en francés)
"Seuls".
Libros de verano para nuestros nietos (en francés) 
 Al final, entre lecturas diversas a los diez años parece que triunfan comics rebeldes. como Seuls y Adèle (parece que ya no importa que la protagonista sea una chica, incluso para un lector chico).  Ambos dos captados de algunos de todos los episodios comprados en Kindle a través de Amazon.  Unos seis euros por capítulo, de los más de diez que cuentan por el momento cada colección. Todo el estilo de "El diario de Greg", lecturas obligadas previas a estas, y sobre el que me sorprende no haber escrito anteriormente (aunque sí lo he fotografiado en varias ocasiones). 
Libros de verano para nuestros nietos (en francés)
Adèle
Libros de verano para nuestros nietos (en francés)
Otras recomendaciones de lecturas en este post reciente.
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La hipótesis de la abuela

María Martinón Torres, paleoantropóloga y directora del CENIEH, explica la Eusocialidad.

La hipótesis de la abuela es una teoría, crecientemente verificada (ver tuit final), que intenta explicar por qué los humanos y muy pocas especies animales (la beluga, el narval, la orca o el chimpancé) tienen una larga vida después de dejar de reproducirse, especialmente las hembras. Supone que las abuelas ayudan a la supervivencia de sus nietos y otros parientes, aumentando así la probabilidad de que sus genes se transmitan a las siguientes generaciones. 

Esta teoría fue propuesta por el biólogo norteamericano George C. Williams en 1957. La hipótesis de la abuela se basa en el principio de la selección natural, que dice que los rasgos que favorecen la adaptación y la reproducción de una especie se mantienen y se heredan, mientras que los que no lo hacen se pierden. La menopausia, que es el cese de la ovulación y la capacidad reproductiva en las hembras, parece ir en contra de este principio, ya que reduce el número de descendientes que una hembra puede tener. 

Sin embargo, la hipótesis de la abuela sugiere que la menopausia tiene una ventaja evolutiva indirecta, ya que permite a las hembras dedicarse al cuidado de sus hijos, nietos y otros familiares, que comparten parte de su material genético. De esta forma, las abuelas aumentan la supervivencia y el éxito reproductivo de sus descendientes, lo que compensa el hecho de no tener más hijos propios. 

Las abuelas humanas y las abuelas orcas contribuyen a la alimentación, la protección, la educación y la transmisión de conocimientos de sus nietos, lo que mejora su bienestar y su supervivencia. Todo ello ha impulsado el aumento de la longevidad y la inteligencia de los humanos y las orcas a lo largo de la evolución. Esta teoría reúne suficiente evidencia empírica y matemática que la respalda.

Así, los humanos pudieron aprovechar su vida post-reproductiva para transmitir su sabiduría, su experiencia y sus valores a las generaciones futuras, contribuyendo al progreso de la humanidad con el cuidado de los descendientes y la cooperación social.
Fuente de la imagen, donde se aprecia la longevidad con períodos de cría y de ayuda.

Hay otros seres vivos que tienen una vida post-reproductiva prolongada, es decir, que viven mucho tiempo después de dejar de reproducirse, como son: 
  • El pino longevo, un árbol que puede vivir más de 5.000 años (como el Prometeo) y que no muestra signos de envejecimiento celular. 
  • El molusco Ming, una almeja que se encontró con 507 años de edad y que podría haber vivido más si no hubiera sido extraída del agua. 
  • La orca, un cetáceo que puede vivir hasta 90 años y que deja de reproducirse alrededor de los 40 años. 
  • El chimpancé, un primate que comparte el 98% de su ADN con los humanos y que también experimenta la menopausia. 
Estos animales tienen diferentes mecanismos para mantenerse jóvenes y saludables a nivel celular, como la presencia de células madre, la baja tasa de mutación o la protección de los telómeros. Hay especies, como el elefante asiático y posiblemente también los africanos, de las que sabemos que las abuelas mejoran la supervivencia de los nietos, aunque en este caso las abuelas se siguen reproduciendo. 

La menopausia es, desde una perspectiva evolutiva y en apariencia, una anomalía. De hecho, es un fenómeno muy poco frecuente en el mundo animal. En casi todas las especies las hembras se mantienen fértiles a lo largo de toda su vida. Nuestra especie forma parte de un pequeño grupo de mamíferos en los que la capacidad reproductiva se deteriora de forma acelerada con relación al declive orgánico general.

Para concluir, con un poco de tristeza tras valorar la aportación de las abuelas humanas: ¿No hay una teoría del abuelo?

Abuelos explotados

Una dramática historia real, que no es tan infrecuente como creíamos.

Al reencontrar parecidas situaciones, hemos recordado un caso que nos impresionó hace dos décadas. Cuando les conocimos, ellos ya eran unos abuelos jubilados. Él había sido un relojero con negocio propio, y le había ido razonablemente bien. Tanto que pudo comprar una casa a cada uno de sus hijos e hijas en una gran capital. También contaba con una casita de verano, al lado de la nuestra.

Cada veraneo comenzaba igual. Primero venía el matrimonio de octogenarios, para limpiar la casa y llenar la despensa. Dos días después, con precisión insuperable, la vivienda se abarrotaba de hijos y nietos. Al amanecer, ya se podía ver a la abuela limpiando el porche, y su jornada laboral de ama de casa se prolongaba hasta el anochecer. Diariamente los dos abuelos hacían las compras, pero nadie de sus cinco hijos e hijas, ni nueras ni yernos, ni nietos o nietas, salía a su encuentro para descargarles de alguna de las bolsas, que en varios viajes transportaban a casa.

Preparando comidas, meriendas y cenas los ancianos, jamás iban a la playa, pero sí toda aquella tropa de descendientes que los explotaba sin piedad. A lo sumo, el abuelo bajaba a la orilla para cuidar a sus nietos más pequeños. También sacar la basura era función exclusiva suya. Era un escándalo de abuso familiar para quienes conocíamos la situación, pero no se lo parecía así a aquellos desalmados hijos y nietos que lo veían como algo que los abuelos hacían por obligación y con gusto.

Un año ya no vimos a los ancianos. Nos comunicaron que habían muerto en el otoño, con apenas unos días de diferencia entre ambos fallecimientos. Nos apenó sobremanera no poder hablar con aquellos bondadosos patriarcas que habían dedicado más de sesenta años a tan ingratos descendientes. Entonces, aquella panda de inútiles perezosos pareció que podía organizarse. Dejaron de venir tan sincronizadamente; compraron otras viviendas próximas y cada pareja se ocupó de su prole. Se había acabado el chollo de los abuelos: simplemente los habían exprimido hasta la muerte.

Siempre nos ha quedado el recuerdo amable de aquellos maravillosos abuelos, que siempre estuvieron unidos y felices en medio de tan fatigoso trabajo doméstico. No volvimos a tratar con sus desconsiderados herederos, aunque les seguimos viendo. Pronto varios de ellos se divorciaron, y tampoco se hablaban entre ellos. Había desaparecido lo que ellos nunca apreciaron y lo que jamás serán: Una pareja que se ama, y que al tener hijos propios reconoce aún más a sus progenitores y que se ocupan de ellos en su ancianidad.
Versión .DOC para imprimir
Mikel Agirregabiria Agirre. Educador
blog.agirregabiria.net

Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/explotados.htm

26 de julio: Día de los Abuelos

eL 26 de julio se celebra la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, abuelos de Jesús. Debería ser, por tanto el día de los abuelos, aunque no se haya institucionalizado en exceso.

Existe un especial entendimiento y complicidad entre abuelos y nietos. Cada día se necesitan más unos a otros, los nietos a los abuelos y los abuelos a los nietos.

En homenaje a los dos únicos abuelos (los paternos) que conocí: Ezequiel Agirregabiria y Leonor Etxebarria.

El aitxitxe se hace viejito

El aitxitxe se hace viejito
Hoy he cumplido años: sesenta y todo lo más que se puede (sin llegar a los 70),... La vida va demasiado rápida, ni tiempo de escribir, ni de responder a las felicitaciones por nuestro 69º cumpleaños. Los nietos son los primero, la familia es lo más importante. De momento, una imagen y mucho agradecimiento. Con un poco más de calma, en unos días recogeremos cómo se está acelerando lo que sucede a nuestro alrededor.

Nuestra nieta más pequeña, una actriz con gran futuro por su capacidad de observación, se disfraza como si fuera el aitxitxe (aitite, abuelo). Es capaz de remedar nuestros andares con los pies hacia afuera, sin que nadie se lo haya pedido, simplemente por su ingente capacidad de imitación. 

Los hijos, y aún más los nietos, nos demuestran la diversidad y singularidad de cada ser humano. Tres nietos, hermanos entre sí, criados en el mismo ambiente y desde su nacimiento muestran personalidades tan diferentes. El mayor, tan maduro y en su avanzado mundo de lectura y fantasía, activo jugador de equipo y exigente balonmanista, un futuro escritor en ciernes; el mediano, empático, generoso y despierto el mundo de las emociones, con una inteligencia social y matemática desmedidas, con liderazgo y comunicación; y la pequeña, infatigable y juguetona, atenta a lo que sucede a su alrededor, una promesa de la gimnasia o de cualquier deporte, del arte o de la música. 

Cada vez nos gusta más lo simple, lo íntimo. Cuando la vida es bella, no queda tiempo para el blog. Ni aunque se cumplan 69 años. Incluso este post está escrito tarde, pero ubicado en fecha. Seguiremos los relatos, muy pronto.

Una triste realidad que sucede en demasía

Una triste realidad que sucede en demasía
Una narración anónima que nos ha impactado. Ojalá no retrate ningún caso real

Al final de la tarde fría, recibo una visita inesperada de mis dos hijos. Uno es médico, el otro ingeniero. Ambos exitosos en sus profesiones. Hace menos de una semana sufrí la muerte de mi amada esposa. Todavía me siento abatido por la pérdida que cambió el rumbo y el sentido de la vida para mí.

Sentados en la mesa de la sala de una casa sencilla y simple, donde vivo ahora solo, empezamos a hablar. El tema es sobre mi futuro. Un frío me recorre la espalda. Pronto ellos tratan de convencerme de que lo mejor para mí sería vivir en una residencia para ancianos.

Reacciono,... Argumento que la sombra de la soledad no me asusta y la vejez, mucho menos. Pero mis hijos insisten "preocupados". Lamentan, mientras tanto, que las dependencias de sus amplios apartamentos junto al mar estén ocupadas y por lo tanto yo no pueda estar ni con uno, ni con otro,... Así dicen ellos. Además, ellos y mis nueras viven muy atareados. Así que no podrían verme. Tampoco mis nietos, dado que estudian casi todo el día,...

En mi favor, argumento ya sin mucha convicción que, en ese caso, ellos bien podrían ayudarme a pagar una cuidadora. Frente a mí, el médico y el ingeniero dicen que serían necesarias, en realidad, "tres cuidadoras en tres turnos y todas con papeles". Lo que sería, en tiempos de crisis, una pequeña fortuna al final de cada mes. 

Me niego aceptar la propuesta de vivir en un refugio. Entonces viene otra puñalada: Me piden que venda mi casa. El dinero servirá para pagar los gastos del hogar adonde iré por un buen tiempo, para que nadie se preocupe. Ni ellos, ni yo. "Es la mejor solución para todos",...

Me rindo a los argumentos, sin fuerzas para enfrentar tanta ingratitud y desafecto. Cierro mis labios y no hablo del sacrificio que he hice durante toda mi vida para financiar los estudios de ambos. No digo que dejé de viajar con la familia, de frecuentar restaurantes, de ir a un teatro o cambiar de coche para que nada les faltara a ellos. No valdría la pena alegar tales hechos a esa altura de la conversación. 

De ahí, sin decir una sola palabra, decido juntar mis pertenencias. En poco tiempo, veo toda una vida resumida en dos maletas. Con ellas, me embarco hacia otra realidad, mucho más dura. Un hogar para ancianos, lejos de los hijos y los nietos.

Una triste realidad que sucede en demasía
Hoy, en los brazos de la soledad, reconozco que pude enseñar valores morales a mis hijos. Parece que no transmití a ninguno de ambos una virtud llamada gratitud. La culpa fue nuestra por cuanto siempre le estamos dando lo que quieren o piden, cuando debemos enseñarle que deben "ganárselo". ¿Cómo? Trabajando con esfuerzo, ayudando a limpiar la casa, cocinar, lavar platos,... Para cuando lleguen a adultos sepan que las cosas se consiguen con esfuerzo y sean responsables y agradecidos. Quizá así quieran a sus progenitores por haberle enseñado a ser buenos hijos.

La juventud actual te busca cuando quiere algo, cuando te necesita, pero cómo es lógico existen sus excepciones. La gratitud hay que forjarla, no viene incluida en el corazón de los humanos. 

Pido disculpas por manifestar lo que pienso, pero deben saber que cuando lleguen a ser "viejos" querrán ser bien tratados por sus hijos y nietos. Eso no se consigue con dinero, sino con la bondad sembrada en sus corazones. Habrá padres y madres que están a tiempo de forjar esos sentimientos. Si no, Dios tenga misericordia de las nuevas generaciones. 

Un relato anónimo que circula en Facebook. Algo que quizá sucede en demasía, ,...

Nietos, ya tenemos nietos

La etiqueta "nietos", que creamos en febrero de 2010, ya es numéricamente exacta.
La foto que ilustra esta entrada es de julio de 2012.

El vídeo representa, con humor, la generación que está naciendo,...

Cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos

Cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos
Poema, que algunos atribuyen a Gabriel García Márquez, aunque todo parece apuntar a que pertenece a un autor desconocido, que expresa a la perfección toda esa nostalgia y esa melancolía de ver el paso de los niños a adultos, de observar cómo se van haciendo grandes ante la atenta mirada de unos padres que solo quieren lo mejor para ellos. Cómo hay una etapa en la que los padres quedan huérfanos de sus hijos, pero con un mensaje claro: hay que disfrutar cada instante de los hijos, hay que vivir cada etapa de su desarrollo porque todas pueden ser maravillosas. Y apunta algo más: la segunda oportunidad que dan los nietos. Un poema lleno de sentimiento, nostalgia y emoción. Aquí dejamos el texto completo:

Hay un período / cuando los padres / quedamos huérfanos / de nuestros hijos.

Es que los niños crecen independientemente de nosotros, / como árboles murmurantes / y pájaros imprudentes.

Crecen / sin pedir permiso a la vida. / Crecen / con una estridencia alegre / y, a veces, / con alardeada arrogancia. / Pero / no crecen todos los días, / crecen de repente.

Un día se sientan cerca de ti / y con una naturalidad increíble / te dicen cualquier cosa / que te indica que / esa criatura de pañales, / ¡ya creció!

¿Cuándo creció / que no lo percibiste?

¿Dónde quedaron / las fiestas infantiles, / el juego en la arena, / los cumpleaños con payasos?

El niño crece / en un ritual de / obediencia orgánica / y desobediencia civil.

Ahora estás allí, / en la puerta / de la discoteca / esperando no sólo que no crezca, / sino que aparezca.

Allí están / muchos padres al volante / esperando que salgan.

Y allí están / nuestros hijos, / entre hamburguesas y gaseosas.

Con el uniforme / de su generación / y sus incómodas / y pesadas mochilas / en los hombros.

Allá estamos nosotros, / con los cabellos canos.

Y esos son / nuestros hijos, / los que amamos / a pesar / de los golpes de los vientos, / de las escasas cosechas de paz, / de las malas noticias / y la dictadura de las horas.

Ellos crecieron amaestrados, / observando y aprendiendo / con nuestros errores / y nuestros aciertos.

Principalmente / con los errores / que esperamos no se repitan.

Hay un periodo / en que los padres / vamos quedando / huérfanos de los hijos.

Ya no los buscaremos más / en las puertas de las discotecas / y del cine.

Pasó el tiempo del piano, / el fútbol, / el ballet, / la natación.

Salieron del asiento de atrás / y pasaron / al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más / junto a su cama, / al anochecer, / para oír su alma respirando / conversaciones y confidencias / entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes,  cubrecamas de aquellas piezas / con calcomanías, / afiches, agendas coloridas y discos ensordecedores.

Pero crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto.

Al principio fueron al campo, la playa, navidades, pascuas, piscinas y amigos.

Sí, había peleas en el auto por la ventana, los pedidos de la música de moda.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, no podían dejar a sus amigos y primeros enamorados.

Quedamos los padres exiliados de los hijos.

Teníamos la soledad que siempre deseamos, y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, oramos mucho (en ese momento se nos había olvidado) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad / conquisten el mundo del modo menos complejo posible.

Nieto y abuelo, Julen y su aitxitxe

El secreto es esperar. / En cualquier momento nos darán nietos.

El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida en los propios hijos.

Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.

Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto. / Así es.

Los seres humanos sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres; sólo aprendemos
a ser padres después de ser abuelos.

En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir después de que la vida se nos va pasando.

Los hijos, como los buques

Vida y familia antes de la muerte


¡Qué raro es el ser humano!  Se pelea con los vivos y regala flores a los muertos. Se pasa años sin hablar a un vivo y, cuando muere le hace un homenaje. No tiene tiempo para visitar a un vivo, pero se queda un día entero en un velatorio. No llama, no abraza, no besa, no se porta bien con un vivo, pero se lamenta ante un muerto. Hasta parece que lo mas valioso es la muerte y no la vida. ¿Es raro el ser humano?
  Vida antes de la muerte
Debe ser una melancolía propia del estío,... de un pasado que idealizamos y de un presente que nos inquieta,... Pero el mejor modo de predecir el futuro es construyéndolo,... con solidaridad intergeneracional. Se suma a este sentido algunas lecturas en Twitter o Facebook como la siguiente, que seguro es verídica en muchos casos con pequeñas variaciones circunstanciales. Constata aquello de "A más años, más desengaños".

"Tengo 82 años, 4 hijos, 11 nietos, 2 bisnietos y una habitación de 12 m². Ya no tengo mi casa ni mis cosas queridas, pero sí quien me arregla la habitación, me hace la comida y la cama, me toma la tensión y me pesa. Ya no tengo las risas de mis nietos, el verlos crecer, abrazarse y pelearse; algunos vienen a verme cada 15 días; otros, cada tres o cuatro meses; otros, nunca...

Ya no hago croquetas, ni huevos rellenos, ni rulos de carne picada, ni punto, ni crochet. Aún tengo pasatiempo para hacer sudoku que entretienen algo. No sé cuánto me quedará, pero debo acostumbrarme a esta soledad; voy a terapia ocupacional y ayudo en lo que puedo a quienes están peor que yo, aunque no quiero intimar demasiado. Desaparecen con frecuencia.

Dicen que la vida se alarga cada vez más. ¿Para qué? Cuando estoy sola, puedo mirar las fotos de mi familia y algunos recuerdos de casa que me he traído. Y eso es todo.

Espero que las próximas generaciones vean que la familia se forma para tener un mañana (con los hijos) y devolver a nuestros padres el tiempo que nos regalaron al criarnos. "Cuidad de quien ya cuidó de nosotros, es la mayor de las honras."

Atentamente: Tu Madre, Tu Abuela, o Quizás Tú o Yo, en un futuro"...