Mostrando las entradas para la consulta siesta ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta siesta ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

Llamadas de ultramar

La globalización produce efectos indeseables, algunos de los cuales perturban nuestras ansiadas vacaciones.

Ha sucedido por tercera vez en menos de una semana. En el sacrosanto período de la siesta resuena estrepitosamente el teléfono fijo en todas las habitaciones de la casa, despertando a sus traspuestos habitantes de su soporífero letargo, tan necesario como merecido. Concretamente a mí me abducen desde mi más placentero sueño hasta el auricular donde escucho una voz de ultratumba que me pregunta si soy yo mismo, con mi nombre y dos apellidos correctos (pero mal pronunciados), y si mi teléfono es el que acaba de retumbar desbaratando toda la paz doméstica. Contesto que sí, y sin pausa ni respiro me ofrecen un cambio de empresa de telefonía, por tercera vez y tercera alternativa, cuando apenas han transcurrido unos días desde que me decidí por la actual Telefónica en esta residencia de veraneo.

Esta vez, descendido abruptamente del Nirvana, acierto a preguntar quién me llama (un tal Ariel no se qué), desde qué continente y si, entre todo lo que parece conocer de mí, sabe dónde demontres me encuentro. Apenas balbucea una respuesta, cuando le interrumpo y le informo que aquí y ahora (mar mediterráneo y cuatro de la tarde) respetan la siesta hasta… los vendedores ambulantes y los mosquitos perseverantes. Añado que comprendo que, en Chile, deben estar en una tristona mañana de invierno, pero que aquí la siesta estival es sagrada. Por último, les ruego a estas compañías (Jazztel, Tele2,…) que abandonen estas agresivas, inoportunas y, supongo, infructuosas campañas de captación de clientela porque nunca olvido a quien, sin necesidad, me desvela de una siesta veraniega.

Versión para imprimir en: mikel.agirregabiria.net/2008/ultramar.DOC

Sillas vacías

Se sorprendió María al observar la extraña estampa del rincón donde todas las tardes las comadres se reunían para tejer y charlar. Pensó que algo raro debía haber sucedido, mientras subía la cuesta desde la estación del tren que, como todos los viernes, le había traído de la capital donde servía. 

Siempre se sentaban allí, en el mismo orden, prefiriendo el sol o la sombra. Su madre, su tía y otras cuatro vecinas,... Tras haber criado a su prole, que se había alejado de aquel pueblo de Extremadura, era el modo en el que pasaban el rato desde la siesta hasta el atardecer mientras el sol caía.

¿Por qué no había nadie? De pronto lo comprendió y aceleró el paso hacia su casa. ¡Que no sea mamá, ni la tía,...! Era obvio,... incluso antes de haber oído el toque de difuntos del campanario que anunciaba el fallecimiento de una mujer.  

Autoría: Mikel Agirregabiria.

Tuvo continuaciones de Alberto Ereña, Purificación Mínguez y Garbiñe AreitioEs un post publicado inicialmente el 21-10-20 en el blog conjunto, Despertar a la escritura.

La ingravidez de la piscina (Capítulo 2º)

Capítulo 2: La urbanización circundante 
La ingravidez de la piscina
Un niño sentado ante un portal, descansando en una noche de juegos.
Capítulo anterior: La piscina comunitaria.

Toda urbanización está regida por unas normas explícitas, conocidas y aburridas, y por otras paradójicas leyes nunca escritas pero que todo el mundo conoce y reconoce. La primera es que el número potencial de ocupantes de cada una de las viviendas es inversamente proporcional al número de habitaciones, aunque sorprenda a primera vista. Repetimos: A menos habitaciones, más ocupantes.

En un pequeño apartamento de una habitación suelen "acomodarse" entre 8 y 10 personas, normalmente inquilinos y de distinta edad, usando el sofá del salón y algunas colchonetas. Al lado, en una planta baja de dos dormitorios, pasan las vacaciones de 5 a 7 personas con ayuda de alguna tumbona. En el extremo, el pico de esquina que dicen por aquí, un dúplex de tres dormitorios raramente acoge a más de 2 ó 4 propietarios. Es obvio, que la capacidad de adaptación de los seres humanos es más elástica que la simple matemática.

En cualquier urbanización que se precie de vida comunitaria, los roles sociales están siempre repartidos: los vecinos ruidosos, los que se quejan, los que nunca vienen o quienes nunca se van, los limpios y los otros,... Aparte está la distribución por edades mayores, jóvenes, familiones o parejas y singles. También la presunta nacionalidad marca un elemento diferenciador, si bien hay quien solamente distingue entre que hablen cristiano o no. En el siguiente capítulo, repasaremos los sempiternos personajes de toda urbanización que se precie.

El ritual de la urbanización tiene su ceremonia máxima en la Junta de Propietarios, si bien la comunidad se reparte entre quienes siempre acuden, quienes delegan y los ausentes (con alto porcentaje de morosos entre estos últimos). La biblia de la urbanización se despliega en carteles ante la puerta de la piscina, pero -como cualquier libro sagrado- no son muchos los propietarios que leen las normas escritas (y, prácticamente, ningún inquilino, cuñado o invitado). 

El horario de cada urbanización es el principal parámetro característico de su población. La hora del despertar colectivo, la hora de cerrar puertas tras las sobremesas para la imprescindible siesta, ese atardecer plagado precedido de olores a imposibles barbacoas, su hora de recoger a las criaturas (enviadas al exterior a la voz de "no molestéis por aquí", sabiendo lo que ello supone para el resto del vecindario),...

Siguiente Capítulo 3º: Personajes de la urbanización.

Alicante en junio... de 2021

Hemos llegado antes que los socorristas
Por primera vez hemos llegado antes del 40 de mayo, o 10 de junio, incluso antes de que los socorristas de la playa de Mil Palmeras comiencen su trabajo. Aquí y ahora se cumple el deseo que expresó Jonathan Swift entre otras muchas citas¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!” Foto inicial de la instalación de su puesto de vigilancia.

Primer descubrimiento, que ya sospechábamos, pero que nunca pudimos verificar: Lo mejor de Julio es Junio, como lo mejor de Agosto es Septiembre. Quizá porque lo mejor del verano es la primavera final o el otoño inicial. Elegir los meses es un privilegio de los jubilados,... o de los teletrabajadores de verdad, al 100%.  

Desde esta fecha, la de quitarse el sayo, el agua tanto del mar como de la piscina superan los 22º grados y el baño prolongado es perfectamente factible. Como todos los años, las actividades y propuestas son tantas, que ni hemos encendido la televisión aún, no sabemos ni siquiera si funciona. Pero lo excepcional es que tampoco hemos arrancado los aparatos de aire acondicionado, ni de día ni de noche. Los ventiladores, sí. 
Naturaleza muy cercana
Será por el mes de llegada, quizá acentuado por la falta de residentes y visitantes de turismo, pero la naturaleza se ha aproximado a nuestros hogares más que nunca. Gorriones que se acercan hasta el plato, ardillas que ya no se esconden y gaviotas que casi chocan con nuestras cabezas sobre la playa.

Lo mejor de la #AlicanTerapia es que las horas y los días pasan sin que nos demos cuenta, ya es el mediodía, ya es la noche, ya es el amanecer del día siguiente,... Cada una de las actividades rutinarias son igualmente placenteras: El despacioso desayuno, el baño en el mar y en la piscina, la comida a ser posible con amistades, la sobremesa para el recuerdo, la siesta sin prisa, el paseo vespertino, la cena en compañía, el anochecer de cielos sorprendentes,... 

Prohibido fumar, por la pandemia pero ojalá siga así para siempre
Centros comerciales como La Zenia Boulevard donde, al fin, se prohíbe fumar. Por supuesto, ni la normativa ni el civismo ha llegado a tanto, pero la pandemia puede que nos vaya acostumbrando.
Símbolo de una época
El signo de la COVID-19 en una etapa se vacunación,... Ya podemos comer y cenar en restaurantes y las mascarillas se cuelgan de donde se puede, como de los sujeta-manteles. Y esas cenas con sol declinante son una maravilla.

Cuento eterno para nietos

Inspirado en "Dos años de vacaciones" de Julio Verne, un relato basado en una historia con 730 (365*2) días o episodios nos ha servido para describir el mundo a nuestros hijos y, ahora nietos.

Es el cuento que sirve lo mismo para que los más pequeños se duerman en una siesta o acepten que la noche ha llegado. En la narración, siempre adaptada según quienes sean los protagonistas, se va desgranando cómo un grupo escolar de niños y niñas pasa dos años en una isla y deben resolver con su iniciativa y creatividad infantil los problemas que van surgiendo.

Cada día, o cada episodio, se destina a una pequeña aventura, un descubrimiento o una lección según la edad de los oyentes. Por ejemplo, hay días en los que el "capitán" o "capitana" deben usar botellas con mensajes, recoger agua de lluvia, diseñar artilugios de pescar, poner relojes de sol, construir una cabaña y acabar haciendo una escuela, cazar tortugas, avisar con reflejos a aviones,...

Esta fórmula de cuento permite reconstruir un sociograma de la clase o de las amistades de cada niño, dado que el verdadero autor es el destinatario y conductor del relato y de sus actores dado que explicita a quién encomienda ser vigía, o responsable de la cocina, pesca,... 
La película, basada en la obra, no debe ser vista hasta que la imaginación haya concluido su labor de crear un inconsciente personal de quien escucha y recrea la historia.

El texto original en PDF. Más sobre "Dos años de vacaciones".
Otros posts sobre cuentos.

La esencia del verano

Camino hacia el veraneo de 2012
El veraneo ha comenzado con el ajetreo de contar con toda la familia reunida. Tres generaciones dan para mucha actividad compartida. Pero en verano todo es posible,... durante horas. Nadar en el mar, durante horas. Descansar en las tumbonas, durante horas. Jugar en la piscina, durante horas. Hablar en las sobremesas, durante horas. Disfrutar de la siesta, durante horas. Vaguear y mirar las estrellas, durante horas. Contar cuentos al nieto, durante horas.

No mirar el reloj, ni siquiera el calendario,... , durante días. Prolongar los pequeños placeres cotidianos, durante horas,... Ésa es la clave del descanso estival, olvidarse de que el tiempo es escaso y estirar las horas de sol,...

Muchas más entradas sobre el verano.
Una foto con el iPhone del Audi en el viaje de ida, en una parada de las que recomienda su computadora de viaje (no es una avería este año ;-). Pronto subiremos más fotos,...

Sobrevivir a las vacaciones

Fin del Veraneo
Afortunadamente el fin del veraneo se acerca y pronto podremos recuperarnos con nuestra actividad habitual y en nuestro lugar de residencia de invierno. Porque nadie negará que esto del verano es agotador, especialmente en los últimos días cuando queremos exprimir las 24 horas disponibles. Madrugamos para ver la salida del sol, luego baño en la playa, seguido de piscina, aperitivo de amistades, comida, sobremesa familiar, siesta (gracias a ella no hay más funerarias por aquí), paseo, cena, tercera sobremesa general, trasnochar apurando la velada,...

Al igual que la juventud actual necesita cinco días laborables para recuperarse del "finde", el resto de la humanidad sólo puede resistir un mes de veraneo para no perecer en el intento. Llegados a cierta edad incluso nos preguntamos si es saludable jubilarse, porque al ritmo del veraneo muchos dudamos que pudiéramos sobrevivir más meses en este formato. Felizmente el gobierno previene esta circunstancia y ya está alargando la fecha de retiro, velando por nuestros doloridos cuerpos tras el extenuante período vacacional. Aguantemos unos días más y a trabajar el resto del año que es más descansado,...

Judiones de El Barco de Ávila



De acuerdo con la tradicional receta, nuestro gran chef particular Carlos Herrera nos ha preparado judiones de El Barco de Ávila. Plato exquisito y contundente a la vez, ha sido la elección perfecta para un día nublado. Con unos aperitivos previos, y unas torrijas finales de Gloria, tras la comida y la sobremesa la siesta tardía ha sido de obligado cumplimiento.

La variante de Carlos Herrera incluye algunas castañas pilongas (que erróneamente se dice que son las que no se come, provenientes del castaño de Indias). En realidad la castaña pilongas es la que se seca al humo y se guarda durante todo el año, adquiriendo con el proceso de secado un sabor dulzón que se aprovecha en repostería.

Judiones de El Barco de Ávila

Fotos adicionales
al vídeo en HD de los judiones del Barco de Ávila, que incluyen imágenes de los esenciales "sacramentos".

Adivinanza: ¿Qué iba mal?

Tras la siesta, aún algo dormidos, Sergio y Ainhoa se presentan en casa... Algo no iba bien, y no eran los chupetes... Si lo descubrís, indicadlo en los comentarios...

¿Por qué es mejor el verano?

Aunque podrían ser muchas más, enunciamos quince razones por las que preferimos veranear a trabajar,…

Tras la súbita transición entre la pausa veraniega y la rutina laboral conviene elaborar una lista de motivos concretos por los que somos dichosos en vacaciones, incluso más que un fin de semana de descanso en período no estival.

Lo primero es por todo aquello de lo que nos desprendemos. Despojarnos y quedarnos SIN:

1. Reloj, despertador, horario, agenda,...
2. Teléfono, ni llamadas o e-mails de trabajo.
3. Zapatos (descalzos o en chanclas se vive mejor).
4. Necesidad de coche, atascos, metro, transportes públicos,…
5. Prisas, urgencias, asuntos pendientes, problemas irresolubles,…

Y sobre todo, lo esencial que cambia nuestro entorno y percepción,… es vivir CON:

1. Luz, más horas de sol y más claridad durante todo el día.
2. Una meteorología favorable, de agradable temperatura diurna y nocturna.
3. La siesta, y un mayor número de horas (semi)dormidas, en tumbona a poder ser.
4. La piscina, el mar, el contacto con el agua, la arena, el césped,...
5. Sentirnos al aire libre, en el porche, el jardín, el campo, la naturaleza,...
6. El mero espectáculo de la gente despreocupada, sonriente y feliz.
7. Los viajes y las comidas y las sobremesas con los familiares y las amistades.
8. Momentos para reflexionar, sosegarnos, serenarnos, analizar con mayor perspectiva,…
9. Ocasiones de cuidar y agasajar a los seres queridos que no podemos ver todos los días.
10. Más tiempo compartido y disfrutado con las personas más amadas.
Versión .DOC para imprimir

Versión final en: mikel.agirregabiria.net/2006/verano2.htm

Vuelvo a oír voces


Agosto es un suspiro que nos recuerda los años felices.

Siempre creí escuchar voces jugando de niño con mi "fuerte" de indios y vaqueros. Incluso mi hijo pequeño heredó esta cualidad. Cuando tenía diez años se quedó un día sin ir al colegio por enfermedad. Un poco avergonzado, rebuscó en el fondo del armario y rescató su juguete preferido: una isla del tesoro con piratas de plástico. Pronto los recogió nuevamente: "Ya no me contestan…", explicó.

Ahora, gracias a algunos munícipes de Pilar de la Horadada, toda la familia vuelve a oír voces. De día, en la siesta y de madrugada. Veraneamos en este bella localidad desde que nació por segregación de Orihuela hace 18 años y simultáneamente con nuestro hijo menor. Nos encanta su clima, sus playas y sus gentes de todo el mundo, incluso a pesar del trato que nos dispensa la alcaldía en las zonas turísticas.

Recientemente el ayuntamiento nos ha recordado que las aceras de nuestra urbanización son públicas. Las construimos y las pagamos nosotros, como las calzadas, las reparamos y las barremos desde la comunidad de vecinos, no conocemos ningún sistema humano ni mecánico de limpieza municipal y cada agosto nos manifestamos ante el Ayuntamiento recordando que Mil Palmeras también existe. El único "servicio prestado" ha sido permitir teléfonos públicos pegados a las casas, con "voces intempestivas" y sin privacidad ni para residentes ni para hablantes, eludiendo elegir ubicaciones céntricas pero alejadas de cualquier vivienda.

Es un lamentable secreto a voces cómo interpretan algunos el "ser… vicio público". Su interés meramente recaudatorio en las áreas de segunda residencia o residencia de extranjeros, denota un abuso flagrante hacia quienes ni pueden responder electoralmente, ni desean perder sus vacaciones en protestas inútiles... El técnico que lo autorizó señala que no fue él, sino otro que está fuera… El concejal de turno o no ha llegado o ya ha salido. Sí ha recibido el mensaje y les llamará… pero nunca está entre las voces que oímos.

Huido del ruido

No espere encontrar silencio en sus vacaciones.

Nunca la historia de la humanidad fue tan ensordecedora como en nuestra era. Nuestras ciudades se llenan cotidianamente de estruendo, pero al fin llegan las vacaciones y es posible la evasión. Un consejo: Si uno de sus particulares tormentos de la urbe es el ruido, no recale en las costas del Este y Sur de España. Allí, el alboroto es tan típico que sorprende a propios y extraños por la profesionalidad con la que se ejerce… durante todo el verano.

Está programado que amanezca entre explosiones de cohetes festivos, campanadas por doquier y ese simpático vendedor ambulante que, casi de madrugada, se ofrece a tapizar su sofá. Inmediatamente toma el relevo el panadero a bocinazos, seguido por las grúas de construcción y la algarabía del tráfico, donde en la mayoría de los coches esa juventud, la mejor formada de todos los tiempos, ha dispuesto los altavoces hacia fuera para cultivar el gusto popular por la rumba y la pachanga. La mañana playera se desarrolla entre motos acuáticas y avionetas publicitarias, y la sagrada hora de la siesta está dedicada en las viviendas vecinas a esas obras menores, pero altamente ruidosas, normalmente sinfonías de martillo, taladro y sierra. Al atardecer, comienza la discoteca remota a amenizar el entorno comarcal con su hilo musical, que más parece una soga de decibelios que dura sólo hasta el alba siguiente.

Sin duda, el delito del ruido es difícil de perseguir, porque cómo detener y multar a esos graciosos motoristas del escape libre que cada noche, durante varias horas continuadas, se pasean por todas las urbanizaciones haciéndose oír con varios minutos y kilómetros de antelación su aproximación y alejamiento por las calles más céntricas con una puntualidad digna de mejor causa. Quisiera saber dónde veraneaba Fray Luis de León cuando escribió aquello de: "¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida senda…!".

Como novios

Las peripecias de un padre que creyó poder olvidarse de los hijos.

Tras ejercer todo un año, en realidad casi una vida, en las fatigosas funciones de padre, educador, colega, amigo, vasco y pacifista, todo ello con gran dedicación aunque escaso éxito, decides tomarte unos días de vacaciones con la "parienta". Descansar es cambiar de rutina, así que te alejas mil kilómetros, te rodeas de vecinos noruegos, y cambias algunos parámetros vitales: ralentizas Internet desde el cable-módem al módem de 56 Kb, retrasas el horario general en tres horas, duermes diariamente el doble siesta incluida, elevas el termostato de temperatura exterior en 10 grados y adoptas preferentemente la posición horizontal. Por cierto, dado que se puede estar 20 horas diarias tumbado o flotando y que el Imperio Romano descubrió el modo de comer reclinado, ¿cómo es posible que el Imperio Microsoft no haya inventado un modo cómodo de navegar por la red en posición tendida?

Tras pegarte una paliza de viaje, acondicionamiento y aprovisionamiento en tu destino vacacional, llega el día en el que puedes embadurnarte de bronceador y antimosquitos para abrazar a tu "cosa más querida": la tumbona. Con el tributo de haber comprado una exitosa serie de libros policíacos a tu mujer para que se entretenga sin encomendarte fastidiosos trabajos domésticos, al fin crees que ha llegado tu momento de sosiego anual. Con tu música seleccionada durante un interminable curso, te recuestas y mirando al cielo azul te pones… a pensar, si te lo permiten la somnolencia ascendente y el infalible ruido de múltiples charangas externas.

Por un instante, parece que todo está en relativo orden. La familia está bien de salud, la ruina económica no es inminente y, con estos calzones inmensos, hasta las gorduras conyugales parecen despistarse. Tu media naranja está a tu lado, extrañamente silenciosa abstraída en sus lecturas, y crees que ésta puede ser la semana feliz, ésa que encadenarías para vivirla repetidamente como una cinta continua. Los hijos, esos seres queridos que desde que nacieron no han dejado de darte alegrías y preocupaciones, parecen que están perfectamente en sus lejanos destinos, según hemos constatado reiteradas veces por teléfono, SMS y e-mail.

¡Como novios!, nos dicen que estamos otros progenitores con confesada envidia. Porque hoy día parece que el mundo está al revés. Los novios quieren vivir como casados y los casados, tras criar hijos, anhelan la vida de novios. Incluso el mes de julio está organizado para enviar los hijos al extranjero, mediante oportunas becas o afanosos ahorros, y con un poco de suerte un matrimonio puede veranear unos días sin la prole.

Las madres, ya se sabe, son gallinas cluecas que no pueden olvidar a sus hijos. Pero los padres vamos de gallitos, y decimos que la perfección familiar reside en hijos lejanos y esposas mimosas. Y entonces, desparramado en esta tumbona que debiera ser el monumento mundial a la reflexión, comprendes que añoras a tus hijos, que quisieras tenerlos a tu lado para abrazarles y seguir regañándoles, aconsejándoles y, sobre todo, escuchándoles y reviviendo la existencia a través de sus ojos. Creo que, sin reconocerlo jamás, animaré a Carmen a que llame otra vez a nuestros hijos. Sólo para que se tranquilice ella, que quede claro.

Horario arbitrario

El pasado domingo 26 de octubre concluyó el horario de verano válido durante 7 meses y debimos retrasar los relojes una hora. Los más remisos dejamos la tarea para el domingo último del próximo mes de marzo, con lo que nos ahorramos dos ajustes a cambio de 5 meses sin la hora oficial. También es una forma íntima de protesta contra la normativa vigente por la que sufrimos un retrasado y ridículo horario, sin que la ciudadanía parezca conocer siquiera sus múltiples efectos negativos. Maticemos que nuestra protesta no es por el cambio de hora en verano, sino por la falsa hora que utilizamos siempre, no ajustada a nuestra posición geográfica.

1º Aceptable “sistema de cambio horario de verano”, a pesar de esos extraños días con 25 o 23 horas que desreglan el reloj corporal, por sus innegables ventajas económicas y por su implantación casi universal en el planeta. El considerable ahorro energético en la Unión Europea, de estimación variable según las fuentes, demuestra que el aprovechamiento solar se optimiza globalmente, si bien se discute si el ahorro es industrial beneficiando a las grandes empresas y el coste generado doméstico pagado por cada hogar, o por cada contribuyente que trabaja con sol pero debe retirarse a casa antes para pagar allí la luz eléctrica. En todo caso, con una visión macroeconómica, consideramos válidos este cambio horario de verano e invierno, que fue insinuado por primera vez en el siglo XVIII, a fin de aprovechar la iluminación natural y consumir menos velas. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue cuando los países en conflicto recurrieron por primera vez al Horario denominado originalmente “horario de guerra”. En España se estableció el horario de verano por primera vez en 1918, con el objetivo de ahorrar carbón, y durante años se aplicó intermitentemente la medida, hasta que se abandonó esta práctica entre 1950 y 1973. La crisis del embargo petrolero de la OPEP en 1974, aconsejó recurrir al adelanto veraniego en Europa. Desde entonces muchos países de todo el mundo, atrasan y adelantan el horario oficial anualmente. La normativa europea otorga carácter indefinido a esta práctica por lo que el debate que se suscitó en épocas pasados ha decrecido. Pero subsiste otra polémica…

2º Rechazable “horario oficial GMT+1 (y GMT+2 de verano)”, propio de la Europa central cuando en nuestro caso debiera ser GMT (y GMT+1 en verano) porque nuestros meridianos son los del Reino Unido e Irlanda. El horario oficial, basado en el tiempo solar, fue introducido en 1912, por acuerdo internacional para evitar complicaciones en los medios de transportes cuando cada nación empleaba su propia hora solar. Se dividió la Tierra en 24 husos horarios, partiendo del meridiano que pasa por Greenwich. Este Tiempo del Meridiano de Greenwich (GMT), que en astronomía se denomina Tiempo Universal Coordinada (UTC) o hora universal Z o zulú, fija con más o menos 11 horas el horario de cualquier zona mundial. En toda la Europa “central”, desde España a Polonia, Suecia y Noruega, el horario oficial es GMT+1 (y GMT+2 en verano), mientras que Islandia, Irlanda, Reino Unido, Portugal, o el archipiélago adoptan el horario GMT sincronizado con Greenwich.

He aquí el absurdo: España, Francia y el Benelux están en el uso horario del Irlanda, Reino Unido y de Portugal, pero copiaron la hora de Alemania, Suecia, Noruega, Polonia,… con algunas ventajas y muchos inconvenientes. La Unión Europea cuenta actualmente con 3 usos horarios, desde GMT de Portugal hasta GMT+2 de Finlandia y Grecia (a las que en 2004 se sumarán los países bálticos y en 2007 Rumania y Bulgaria). Incluso la incorporación sin fecha de Turquía o la de Islandia (en la doble hipótesis de su inclusión en la UE y de la adopción de un horario natural) ensancharía a 5 los husos solares europeos desde GMT+3 hasta GMT-1. La hora europea continental única pierde sentido, y debería adoptarse con naturalidad las auténticas zonas horarias al igual que EE.UU., e incluso como Australia, Brasil o México.

Siendo la incorrecta “homologación continental de hora” algo más disculpable en el caso de Francia o el Benelux, por proximidad a la Europa central (aunque existen numerosos grupos organizados para restablecer el horario solar), España copió pésimamente una vez más a Francia, olvidándose de su posición en el mapa y en lugar de seguir la hora GMT (la británica, con quien comparte Longitud) prefirió el horario que rige no ya sólo en Alemania,.., sino incluso en Polonia, Suecia y Noruega. Esta fijación de compartir la “hora” centroeuropea, provoca como resultado divergir en “horario”: Cuando un día de equinoccio amanece en el Noreste de Noruega todavía faltan 3 horas para que amanezca en Cádiz, y además esto se agudiza por la diferencia de latitud en el invierno o en el verano.

Así las “peculiares y caóticas costumbres hispanas de trabajo-reposo”, se basan en un horario pésimamente escogido por “homologarse” con la Europa central, agudizando el “Spain is diferent”. A las 5:00 pm ha oscurecido en Polonia tras la jornada laboral, mientras simultáneamente los andaluces se levantan de la siesta para disfrutar el ocio del sol en una interminable tarde. Cierto que se puede viajar de punta a punta de la Europa continental sin cambiar el reloj, pero hay que “cambiar de mentalidad” por no hacerlo.

Muchos reivindicamos aquel natural horario agrario, que rezaba el Ángelus en el campo sin necesidad de reloj, que sitúe realmente el mediodía a las 12:00 am, y no que el sol esté en su cenit a las… 3 de la tarde, como ridículamente sucede en verano en España, atribuyendo muchos turistas y oriundos esta idiosincrasia a las esencias carpetovetónicas cuando su origen más prosaico radica en una hora oficial mal establecida. Quizás 2004, fuese el momento de reajustar a GMT los horarios del Benelux, Francia y España como Portugal o Reino Unido (Canarias GMT-1), respetando el huso horario que les corresponde por su posición en el mapamundi.

Sociedad deportista

Regresados ya a la consuetudinaria rutina laboral, el cuerpo tarda en desacostumbrarse de las actividades veraniegas, tan incomparables, tan placenteras. Se exhuman esos recuerdos de hace una semana apenas, pero que parecen sepultados en una lejanía que tardará un año en retornar. Sobre todo, los deportes estivales que practicamos incluso los sedentarios. Esos entrenamientos diarios de floting (flotamiento, no confundir con la natación), durante horas mientras practicas el charlataning (parloteo) con los recurrentes amigos de la playa. Luego, viene el ejercicio más energético: el cambianing (cambiarse de ropa, bañador, alpargatas,…) antes de acudir al gimnasio del mandibuling (movimiento de mandíbulas), seguida de la sobremesing (ya no traduzco, porque su inglés le permitirá comprender) y la imperativa siesta. Luego, el tumboning, el shopping en mercadillos, más la segunda tanda de mandibuling y sobremesing. Todo esto sin referirnos a los deportes más clásicos, de práctica generalizada por la ciudadanía –preferentemente masculina-, como la meritoria y diaria práctica del zapping, con períodos como julio dedicado al agotador ciclismo, o al fútbol durante toda la historia de la humanidad desde el paleolítico. Las mujeres también frecuentan otras variantes deportivas como el cotilleoning, aunque esta cultivada erudición va extendiéndose también a los varones.

En una sociedad tan atlética como la nuestra, creyente y practicante de la doctrina deportiva, resulta un insulto y una provocación que los periódicos, radios y televisiones dediquen tanto espacio a temas nimios y colaterales, como sociedad, economía, educación, cultura,… sin centrarse en lo fundamental: los deportes patrios de choque, incluidos el toreo y la política (¡perdón, no quería decir esta palabrota!).

Más que una persona

La playa es un lugar único, donde todavía se entremezclan todas las personas, sin distinción de clase, raza o religión. Vivimos en un mundo cada día más segregado, con barrios, escuelas e iglesias donde no se producen encuentros humanos imprevistos. Pero siempre nos quedará la playa. Representantes de tres continentes, venidos de muy lejos en tumbonas señoriales con lugareños arracimados bajo una sombrilla, ancianos y bebés, muchos descansando y unos pocos vendiendo alfombras de Bagdad que ya no vuelan. Todo tan exuberantemente humano que resulta insólito, pero nunca demasiado humano.

En medio de esta muchedumbre que diariamente se agolpa voluntariamente, resulta imposible entender y relacionar lo que cuentan los periódicos con lo que sucede alrededor. Por mucha escandalera que produzca el borrador del plan Ibarretxe, aquí los vascos hablan con los madrileños sin que parezca importarles nada el tema, ni a unos ni a otros. Los conceptos y las ideologías políticas, casi siempre ocultando turbios intereses económicos, quedan eclipsados ante la presencia masiva de esta humanidad espléndida en una playa. Aquí las entelequias de la unidad nacional (española) o la dignidad parlamentaria (vasca) se posicionan donde deben: muy detrás de las personas reales. Aquí no caben los voceros salvapatrias ni los falsos profetas que, con graves palabras vacías, sólo sirven para encrespar los ánimos y conducir a enfrentamientos que sólo son deseados por quienes esperan vivirlos de lejos.

En un día con dos noches (porque la siesta es obligatoria), bajo este sol común para todos, y viendo a unos críos mientras comen un bocadillo y balancean despreocupadamente las piernas desde las sillas en las que están sentados, aquí y ahora sólo cabe reflexionar sobre las personas. La magnificencia humana demuestra que, siendo iguales en derechos, somos muy diferentes. Sin duda, los mejores seres humanos son los más desvalidos: los niños y los mayores, los enfermos y los incapacitados, ellos son el mejor modelo de referencia humana por el testimonio que nos brindan con su alegría infantil, con su sabia experiencia y con su valentía vital, en definitiva, con esa voluntad de superar las dificultades de la existencia.

Pero hay un tipo de personas con un aura especial, que brillan con más colores que el resto de los mortales. Algunos nunca podremos pertenecer a este selecto grupo, de permanencia limitada a unos meses. Es fácil distinguir a estas personas en la playa: ellas valen por dos, o por tres, raramente por cuatro, pero a veces hasta por cinco o seis individuos. Su doble valor, como coraje y como valía, nos asegura el futuro a la humanidad, y ejercen la actividad más humana que conocemos. Demuestran que el hombre es mucho más que cerebro y corazón. Estas máximas maravillas del universo son las mujeres embarazadas, cuyo seno materno es la obra maestra de la creación. Este estado humano nunca será debidamente reconocido por nosotros, todos nacidos del vientre de una mujer, donde por primera vez escuchamos la lengua materna. ¿Cumplimos debidamente con el artículo 25 de los derechos humanos, que declara que la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencias especiales?

Cuando desde ese océano de líquido amniótico primigenio que es el Mediterráneo se observa el bullir de la playa, no se puede asimilar las cifras recientemente publicadas de embarazos indeseados y abortos. Desde el máximo respeto hacia todas las creencias, y desde la plena convicción de que son las mujeres las primeras o segundas víctimas, resulta muy doloroso comprobar cómo hemos fracasado como humanidad cuando todavía se dan las circunstancias para que una madre se crea obligada a matar a su criatura. ¡Cuánto tarea nos queda a los educadores!

Galicia en el país de las maravillas

Durante mucho tiempo se creyó que los libros de Alicia eran relatos especialmente destinados a la niñez. Hasta que, a mediados del siglo XX, fueron leídos más atentamente y se advirtió la complejidad, la carga de angustia de ese universo onírico, antecedente del surrealismo y del absurdo. No eran meras obras infantiles, porque revelan mucha agresividad, una amenaza permanente y situaciones de gran arbitrariedad. Una creación literaria tan exuberante puede ser interpretada de múltiples formas: Los niños disfrutan de la vertiente más lúdica y fantasiosa de la aventura y el riesgo; los jóvenes se identifican con algunas facetas de Alicia relacionadas con la identidad y el crecimiento; y los adultos advierten otras sutilezas aplicables a la educación, e incluso a la política.

Versión 1ª: Lewis Carroll, un diácono y profesor de matemáticas, aquella tarde estival del 4 de julio de 1862 les contó a las chicas Liddell (Lorina, Edith y, desde luego, Alicia) la historia de la niña que cae en la conejera. Un pozo muy profundo (‘‘¿nunca terminaremos de caer?’’), al final del cual emerge el territorio de los prodigios, donde el primer ser vivo que se le aparece es un conejo parlanchín perpetuamente preocupado por no llegar tarde. En tanto que Alicia, melindrosa y remilgada, mediante bebidas, hongos o pasteles, se achica, se agranda o se le estira muchísimo el cuello (hasta ser confundida con una víbora), van surgiendo otros personajes sorprendentes. Hasta que, en el preciso momento en que un mazo de cartas cae sobre la protagonista y después de que la Reina ordena que le cortaran la cabeza, llega el despertar salvador, el final de la siesta bajo los árboles. Alicia ha vuelto a la normalidad.

Versión 2ª: José María Aznar, un inspector de hacienda y presidente español, aquella mañana del 19 de noviembre de 2002 no contó nada a la ciudadanía de lo que iba a pasar después de que el ‘‘Prestige’’ se hundiera definitivamente a 270 kilómetros de las Islas Cíes. Una fosa muy profunda (‘‘¿nunca terminará de fluir el fuel?’’), al final de la cual surge el país de las meigas donde el primer ente vivo que aparece es la plataforma impertinente ‘‘Nunca Máis’’. En tanto que Galicia, sufrida y nostálgica, mediante chapapote, protestas y despertares, se achica, se agranda o se estira muchísimo (hasta ser confundida con otros ‘‘nacionalismos’’), van desapareciendo otros personajes como Humpty-Fraga-Dumpty, el huevo zancudo en equilibrio imposible,... La Reina Naturaleza herida en su seno por el errante petrolero, amenaza a su capricho toda la costa atlántica y no se ve el final de esta pesadilla. En unos días, miles de personas han perdido su trabajo, su dinero, su futuro. ¿Cuándo volverá Galicia, y todo el Cantábrico, a la normalidad?

La siguiente obra será ‘‘Galicia a través del espejo… de las elecciones’’. Esperamos impacientes su entrega.

¡Vuelven los de la ESO!

El verano es ese caluroso periodo en el que alumnos y profesores descansan unos de otros, mientras padres e hijos se sobrellevan mutuamente a jornada completa. Aquellos matrimonios con hijos en los que ambos cónyuges son docentes constituyen los parias de la sociedad: nunca disponen de vacaciones plenas. A medida que los hijos crecen en años, la amenaza del “descanso” estival en familia alcanza dimensiones pavorosas, llegando a todo su apogeo con la adolescencia de los retoños. Ésas son nuestras penosas circunstancias actuales.

Cuando los nenes eran pequeños, el veraneo era una rutina fatigosa pero llevadera, fichando las ocho horas reglamentarias en la playa, tras cargar todos los bártulos como porteadores sherpas y recorrer bajo un sol de justicia los sólo varios kilómetros que te separaban de la mayor aglomeración humana que imaginar se pueda. Esos arenales donde los niños aprenden lo grande y poblado que está el mundo, con toda la diversa humanidad que se puede hacinar en tan poco espacio. Al nene le comprabas un completo juego de obrero de la construcción con pala, cubo y rastrillo, a la nena otro con figuritas y gafas de sol, y tras excavar varias toneladas de arena y transportar hectolitros de agua salada, podías confiar en que necesitaran simultáneamente una siesta. Incluso te quedaban fuerzas al anochecer para repasar, por aquello de que “los críos vayan adelantados”, algunos de esos piadosos cuadernos de vacaciones, con el que las editoriales cubrían su estación negra. Según los niños ganaban en autonomía locomotora y digestiva, se llegaba a poder viajar sin baca king size y tras el regreso, en sólo once meses te recuperabas plenamente para afrontar el siguiente verano.

Pero llega el fatídico día en el que tus obedientes y enmadrados hijos son abducidos hacia un extraño estado denominado adolescencia, mientras sus padres deambulan hacia otra estación llamada desesperación. La pubertad comienza cuando se encierran en su cuarto con un portazo para escuchar música y salen transformados en miembros de una tribu en la que rigen unas vestimentas estrambóticas y unas normas grotescas. Estos especímenes púberes comparten características comunes de la juventud de todos los tiempos, aunque han desarrollado mutaciones propias.

Con pantalones hipercantinflados, pendientes de filibustero y pelambreras paleolíticas, en definitiva pura moda lumpen, se permiten llamarte antiguo por tu forma de vestir. Ocultan a sus padres ante sus amigos, como si éstos no tuvieran sus propios padres y hubiesen surgido como berzas o por generación espontánea. Esta generación PlayStation son la prole Nescafé, que reclaman el éxito instantáneo. Primero exigen el premio, y luego ya se lo merecerán. Se creen todos que son hijos únicos, incluso en familias numerosas: demandan toda la atención sólo para cada uno de ellos.

Esta estirpe la forman aquellos niños del llavín en el cuello, que cuando volvían del colegio abrían la puerta de casa, donde sus padres no habían llegado todavía. No saben qué fue la Guerra Fría, ni recuerdan cuando la Unión Soviética se desintegró, y solamente han conocido una Alemania, un único Papa,… Creen que el sida y ETA han existido toda la vida, como el CD, el Walkman, el ordenador y casi el teléfono móvil.

Tratados como principitos en casa y en Primaria, se transforman en déspotas domésticos y demonios escolares en Secundaria. Frecuentemente desmotivados para todo lo que sea el deber, se oponen sistemáticamente a recibir órdenes e incluso ­en casos minoritarios­ adoptan actitudes violentas.

Los padres nos plegamos a su dictadura consumista, en la que les embarcamos por ser demasiado complacientes y por ofrecerles todo lo que creímos no haber tenido. Y luego con fatalismo nos asombramos por la adopción fervorosa que hacen de marcas y modas. Perplejos, atribulados y desorientados, los padres, a veces, quisiéramos presentar la dimisión. Hemos pecado de exceso de permisividad y empleado exclusivamente estímulos positivos (demasiados premios). A la hora de exigir hemos sido cada vez menos exigentes: Sólo, y a veces ni eso, se les requiere el aprobado en los estudios.

Los profesores luchamos a brazo partido. El resultado es esperable si consideramos que la ESO reúne turbas de adolescentes asilvestrados e insoportables, a menudo incluso para ellos mismos por la insatisfacción con la que viven su transformación, por otro lado completamente necesaria para alcanzar su madurez. Los tutores, como los padres, debemos brindarles un apoyo incondicional y, desde la afectividad no exenta de autoridad, evitar que cometan errores irreversibles como elegir caminos de droga o violencia, o frustrar sus mejores opciones de futuro personal y profesional.

La sociedad, en su conjunto, y las instituciones, los medios de comunicación, los hábitos sociales no ayudan demasiado. Una ciudadanía “adolescéntrica”, que elige a prescriptores adolescentes como modelos de pensamiento y actuación, que idolatra a cantantes o deportistas de éxito temprano con mínimo esfuerzo, y que parece proclamar no ya que el modelo ideal es la juventud, sino que erige a la irresponsabilidad como pauta de actuación. Prima la cultura “teenager”, el País de Nunca Jamás donde todos seamos “Peter Pan” para divertirnos y ser felices.

Los adolescentes se enrocan y eligen convertirse en adultos cada vez más lentamente. La adolescencia se extiende, adelantándose y prorrogándose, incluso se transmuta: ya no es una estación de paso, sino un destino terminal. Parecemos una sociedad de “adultescentes”, y la mejor prueba son esos parques acuáticos o temáticos, donde los padres barrigones se convierten en “gamberros” con una felicidad vergonzosa para los pocos lúcidos.

¿Y cómo hemos llegado hasta aquí? Reconozcámoslo: Si los jóvenes y adolescentes han tomado el poder, es porque los adultos se lo hemos cedido, más que porque ellos lo desearan poseer. Del pater familias, se pasó a una equilibrada división de la autoridad entre padre y madre, que consultaba y escuchaba la opinión de los hijos. El autoritarismo de las aulas y los “educastradores” fueron completamente repudiados, por la insufrible experiencia vivida en el pasado. Pero el péndulo no quedó ahí.

Fuimos olvidando la “educación” y pasamos a la “seducción”. Teníamos que convencerles, cuando todavía apenas podían discernir, y creímos que nuestro error era no motivarles, cuando se trataba de enseñarles a asumir sus responsabilidades. Incluso los padres y madres tratamos de ganarnos el cariño de los hijos, aspirando a convertirnos en sus amigos o colegas más que el embrollo de ser sus padres. De la equilibrada igualdad entre padre y madre, y entre hijo e hija, pasamos al erróneo igualitarismo de padres e hijos. Perdimos la autoridad que nos correspondía, y no llegamos a ser la referencia que ellos necesitaban, aunque no la pidieran expresamente. Toleramos sus caprichos, y por negociar y evitar el conflicto, cedimos a sus demandas primarias que condujeron a la “cultura de la litrona”, llegando a un momento donde el peligro de drogas y el riesgo de suicidios es mayor que nunca.

El sistema social y el subsistema educativo se organizan democráticamente por estamentos. Pero ni la relación paterno-filial, ni docente-discente deben ser “democráticas”, porque las funciones de padres y profesores no son equiparables a las de hijos y alumnos. La ausencia de autoridad paternal y docente no libera al adolescente, por el contrario le sume en una tiranía más despiadada. Ellos consideran, mayoritariamente, que sus padres y profesores son poco severos, y ­en el fondo­ aprecian y respetan más a los más exigentes. A menudo ­con su comportamiento inaceptable­ sólo están demandando el cariño y la atención que los adultos dejamos de prestarles. Los jóvenes, realmente, esperan que nosotros, los adultos, les guiemos, y en caso extremo repudian más la indiferencia y el “laissez faire” que el rigor.

El diálogo se complementa con la disciplina, la libertad con la autoridad, y las madres y los padres, que estamos cada día más comprometidos con la educación de nuestros hijos e hijas, debemos prescribir y sancionar, positiva y negativamente. Nuestros hijos nos escuchan más de lo que creemos, y nos quieren tanto como nosotros a ellos.

¡Ah, pero el verano siempre es adolescente! Y es legítimo añorar la juventud, y recordar la sentencia de Horacio, válida para cualquier edad, Carpe Diem! (¡Vive intensamente cada instante!). Y como decían en el “Club de los Poetas Muertos”: “Examínate de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado tu capacidad de amar y dar vida”.

Versión original: mikel.agirregabiria.net/2002/elpais8.htm

Versión en PDF: mikel.agirregabiria.net/2002/vuelveeso.pdf